




















Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity
Prepara tus exámenes con los documentos que comparten otros estudiantes como tú en Docsity
Encuentra los documentos específicos para los exámenes de tu universidad
Estudia con lecciones y exámenes resueltos basados en los programas académicos de las mejores universidades
Responde a preguntas de exámenes reales y pon a prueba tu preparación
Consigue puntos base para descargar
Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium
Comunidad
Pide ayuda a la comunidad y resuelve tus dudas de estudio
Ebooks gratuitos
Descarga nuestras guías gratuitas sobre técnicas de estudio, métodos para controlar la ansiedad y consejos para la tesis preparadas por los tutores de Docsity
Asignatura: Comportamientos y actores politicos, Profesor: , Carrera: Derecho + Ciencias Políticas, Universidad: UC3M
Tipo: Resúmenes
1 / 28
Esta página no es visible en la vista previa
¡No te pierdas las partes importantes!





















El estudio del comportamiento político de las masas ha sido y es un campo muy relevante de la CCPP. La visión clásica considera dos tipos de individuos: los demócratas participantes (piden más participación), y los demócratas realistas (no les importa). El texto pretende conectar las visiones empírica y normativa que generalmente se dan sobre el tema de forma aislada.
En primer lugar el autor intenta responder a qué conductas podemos considerar “participación política”. Esta clasificación dependerá de nuestra propia concepción sobre lo que es una democracia, por lo que la respuesta no es única. Las diferentes clasificaciones sobre lo que es participar son:
Verba y Nie Cualquier conducta destinada a influir en la selección del Gobierno o en las decisiones del mismo. Es la visión tradicional en el estudio empírico de la participación. Desde este punto de vista, la participación es un mecanismo de representación, una forma de expresar las preferencias e intereses a los representantes. Es por esto que el concepto clave aquí es el de responsiveness , que nos lleva a la concepción de la democracia como responsive democracy. Evidentemente, dentro de este modelo el concepto básico de participación es el de las elecciones competitivas. Sin embargo, Verba y Nie amplían esta concepción, al referirse a “cualquier conducta”, pero siempre tienen en mente conductas indirectas que influyan en los outcomes del sistema, es decir, los ciudadanos no determinan las políticas por sí mismos.
Es el concepto al que se refiere Sartori, quien considera que etimológicamente, la participación se refiere al acto de tomar parte en el proceso de toma de decisiones. Esta es la concepción compartida por los defensores del modelo participativo de democracia. De acuerdo con Gould, la participación se caracteriza por una involucración directa e inmediata de los ciudadanos en el proceso de toma de decisiones. En este modelo, por tanto, la autoridad no es delegada, sino ejercida directamente. La idea por tanto no es la de participar como forma de influenciar la toma de decisiones, sino como forma de ser parte de esa toma de decisiones. Para los defensores de esta visión de la democracia, la clave está en proveer nuevos ámbitos participativos fuera del sistema tradicional representativo (Pateman).
Se relaciona con el modelo de democracia deliberativa, que desafía la idea de que las preferencias son fijas y exógenas al proceso democrático. Este modelo, por tanto, se preocupa acerca de la forma en la que surgen las preferencias de los ciudadanos: a través de la deliberación. Los defensores de este modelo discuten acerca de si podemos considerar deliberación solo a conductas en grupo o también a conductas individuales (diálogo mental); así como sobre si la deliberación es solo el proceso de formación de preferencias o también la forma de tomar decisiones sobre esas preferencias.
En conclusión:
Consecuencias de la participación política
Podemos estudiar estos tres modelos desde el punto de vista del “mejor resultado”, que indica que el mejor modelo de participación será el que produzca los mejores resultados o consecuencias. Sin embargo, los tres modelos de democracia difieren en las consecuencias que desean. Así, el modelo responsivo busca la igual protección de los intereses a nivel individual. Por otro lado, el modelo participativo persigue el desarrollo personal. Por último, el modelo deliberativo se interesa por la legitimidad del propio sistema democrático.
Los defensores del modelo responsivo generalmente consideran que las elecciones son un mecanismo de expresión de preferencias muy débil, pues las opciones partidistas tienen visiones demasiado amplias con las que no se puede coincidir por completo y porque los obstáculos institucionales pueden dificultar que el voto ajustado a las preferencias por completo valga para algo. Es por esto que otros mecanismos de participación (p.e. contactar a un político) pueden darle al ciudadano una posición más fuerte para defender sus intereses, al ser una forma más clara y directa de expresar preferencias. Verba estudia este enfoque resultativo fijándose en dos elementos: qué preferencias y necesidades se transmiten al sistema político (voz); y si estas voces que expresan preferencias y necesidades son representativos del público en general. Cuanto menos representativas sean estas voces, más se distorsionará la igual protección de intereses y peor será el resultado. Este modelo tiene tres características importantes:
*Lukes (1974) termed the ‘third face of power’: the fact that a group of individuals might posses a common interest for some government policy or social outcome even if that is not reflected in their manifest preferences.
Los demócratas participativos se caracterizan por sostener que este tipo de participación alberga cualidades sociales y personales que son deseables en ciudadanos democráticos, por lo que la realización del desarrollo personal es el criterio resultativo principal
indudable que esta influencia no es solo unidireccional; esto es, no solo los recursos e incentivos influyen en la participación, sino que esta puede influir en los recursos e incentivos.
Conclusión: hacia una agenda integrada sobre los estudios de participación política.
El texto trata de analizar por qué los niveles de apoyo a la democracia varían en función del país, un elemento importante a la hora de analizar la estabilidad de los sistemas políticos. En los estudios sobre esta cuestión, hay dos notas que predominan: primero, que el apoyo a la democracia está hoy muy extendido por todo el mundo y en todas las culturas, y segundo que el rendimiento político o económico del sistema en concreto no afecta al apoyo a la democracia (relación con el apoyo difuso y específico, concepto acuñado por Easton). Sin embargo el texto trata de defender que en realidad el apoyo a la democracia depende y mucho del rendimiento del sistema, en particular de la efectividad de los gobiernos, entendida como calidad en la formulación de políticas públicas y en su implementación.
Efectividad y apoyo difuso
Resulta claro que el concepto de democracia no tiene por qué ir necesariamente unido al de “buen gobierno”, es decir, la calidad del mismo puede variar. De acuerdo con esto, y siguiendo el concepto eastoniano de apoyo específico, este aumentará cuando los ciudadanos perciban que las decisiones que toman sus gobernantes se adecúan a sus necesidades y/o preferencias. Existe evidencia empírica en este sentido, que relaciona satisfacción con la forma de funcionar de la democracia con el rendimiento político, y similares. Sin embargo, el texto trata de analizar si esto también es cierto para la legitimidad democrática (si aumenta cuanto mayor sea la calidad del gobierno). Desde un punto de vista teórico, deberíamos pensar que no, pues la legitimidad de la democracia depende de lo que Easton llamaba “apoyo difuso”, que es el apoyo a lo que algo “es” o “representa”, y en principio no se ve afectado por el rendimiento o los resultados que tienen que ver con ese algo. Sin embargo, Easton también apunta que la evaluación del rendimiento durante un periodo de tiempo largo puede acabar afectando al apoyo difuso, pues de lo contrario este sería un fenómeno no racional. Este punto de vista ha sido también defendido por autores como Lipset, Linz o Dahl. En todo caso, pese a que esta idea de que la efectividad del sistema puede afectar a su legitimidad ha estado presente, hay pocos estudios que analicen la cuestión empíricamente y solo se refieren a democracias. Sin embargo, la proposición debería ser válida para todo tipo de regímenes.
Hipótesis y datos 1
H 1 : En democracia, mayor efectividad causa mayor apoyo a la democracia.
H 2 : En no-democracias, mayor efectividad causa menor apoyo a la democracia.
Análisis
El autor analiza en primer lugar la correlación entre efectividad y apoyo explícito a la democracia, que es positiva en las democracias, lo que en principio apoya la h1 (ej. Noruega, Suecia, Finlandia). Sin embargo, es cierto que no resulta muy útil porque el apoyo explícito a la democracia es muy alto en general. Es por eso que compara la efectividad con otras dos
1 La parte de operacionalización de variables no la he incluido porque no le veo el sentido.
variables que sirven para medir la legitimidad democrática de un modo no tan directo, como son la evaluación del rendimiento democrático (DPE) y la preferencia por una democracia o una autocracia (DAP). En el caso de estas dos variables la correlación es mucho más fuerte, lo que parece apoyar plenamente la hipótesis del autor.
Implicaciones
El texto plantea que, al verse afectado el apoyo a la democracia por la efectividad del gobierno, y siendo este factor uno de los más importantes en este sentido, como demuestran los datos, es importante que reconsideremos la noción de que el apoyo difuso a un sistema político es independiente del rendimiento (entendido como calidad de la formulación e implementación de políticas públicas). La segunda implicación se refiere a las autocracias, que no han podido ser analizadas a fondo por falta de datos. Sin embargo, en los países técnicamente democráticos pero que tienen peores resultados en libertades cívico-políticas, la correlación entre efectividad y legitimidad democrática es negativa, lo que nos lleva a considerar que las autocracias pueden de hecho llevar a cabo medidas para aumentar su estabilidad, como por ejemplo aumentar la transparencia en la formulación de políticas, etc. Evidentemente, esto resulta muy importante dado que un mayor apoyo a las autocracias genera inevitablemente un mayor rechazo a la democracia.
La participación política es uno de los temas centrales en el estudio actual de la democracia representativa. Huntigton y Nelson señalaron que el término de participación es realmente un cajón de sastre que incluye muy diversas formas de acción que constituyen fenómenos diferenciados, y para los que es necesario buscar diferentes explicaciones.
El texto trata de analizar las acciones participativas en 13 países, buscando si existen patrones comunes, si hay formas de participar más comunes que otras, si hay países más participativos y si hay formas de participación que estén relacionadas entre sí.
Definiendo la participación política
Verba y Nie la definen como las actividades de ciudadanos privados que están más o menos directamente dirigidas a influenciar la selección del Gobierno o las acciones que llevan a cabo. Si bien esta definición fue importante en su momento, en tanto que amplió el concepto de participación, que hasta entonces había sido básicamente la electoral, a día de hoy es demasiado restringido. Por ello los autores usan un concepto de participación que no está restringido a la influencia de personal gubernamental, pues los ciudadanos pueden tratar de influir en política sin relacionarse con esta esfera, por ejemplo al tratar de influir a grandes actores corporativos privados (p.e. boicot de productos). Este concepto es el usado por Brady, que define la participación política como cualquier acción de un ciudadano corriente dirigida a influenciar los resultados políticos. Esta definición conlleva la asunción de un modelo representativo de democracia, por lo que dejaremos de lado las referencias a los modelos participativos de democracia, en los que son los ciudadanos los que directamente toman las decisiones, dado que la participación que aquí se considera es siempre indirecta.
Mapeando la participación política
Si observamos los datos de participación en los países escogidos, vemos que estos varían enormemente. En todos los países, votar en las elecciones es de lejos el modo más común de participar, mientras que participar en protestas ilegales es el más raro. En general, los actos más comunes a parte de votar son las donaciones, la firma de peticiones y el boicot de consumo. Sin embargo, reflejan grandes diferencias entre países, al ser muy frecuentes en los países
partidos. Sin embargo, se cumple el mismo patrón de participación alta de todos los tipos entre los ciudadanos activos políticamente.
Un estudio de Jennings y Niemi de 1968 dio evidencias empíricas que mostraban una gran variabilidad entre las preferencias políticas de padres e hijos, lo que desafiaba el hasta entonces vigente “modelo de transmisión directa”. Sin embargo, es cierto que las evidencias más concretas sí que mostraban que el modelo de transmisión directa funcionaba bien para elementos concretos, y cuando un determinado patrón era muy importante para los padres ( salience ). Asimismo, otros factores importantes eran la homogeneidad ideológica de los padres, climas generales de opinión política, etc. Estas especificaciones aumentaron el apoyo a la teoría del aprendizaje social. El trabajo que nos ocupa tiene como fin reexaminar estos estudios y actualizarlos.
La primera cuestión pasa por dilucidar si estos estudios mencionados son específicos para una serie de generaciones, pues casi todos iban de 1965-1979, y si los patrones reflejados por ellos varían para otros grupos de población. La segunda trata de analizar bajo qué circunstancias se ve reforzada la influencia de los padres. La tercera analiza otras posibles fuentes de similitud entre padres e hijos para ver si el modelo de transmisión sigue siendo válido o no. Finalmente, la cuarta tiene que ver con la pervivencia de esta transmisión a lo largo de la vida de los hijos2.
Correspondencia intergeneracional padre-hijo
En el caso de la generación de 1965 es posible que la transmisión se viese influida por ser una época muy convulsa políticamente, mientras que la generación de 1985-90 creció en una época mucho más calmada, lo que debería hacer que esta fuese más similar a sus padres que la anterior. Sin embargo, es posible también que la ruptura del modelo tradicional de familias causase una disminución del éxito en la transmisión.
Analizando los datos, vemos que los atributos más susceptibles de ser transmitidos son básicamente los mismos para ambas generaciones (partidismo y actitudes con un fuerte componente afectivo o moral, incluida religión). Por otro lado, vemos que la correspondencia entre padres e hijos es más fuerte para la segunda generación, aunque el único campo en el que esta mayor correspondencia es significativa es el de business v. labor. Asimismo, los datos refuerzan la teoría de que el contexto afecta fuertemente a la correlación, como queda patente en el caso de los asuntos raciales, que eran centrales en la primera generación pero no tanto en la segunda, en la que la similitud es mucho mayor. En cuanto a la pervivencia de la transmisión, vemos que esta disminuye notablemente con el paso del tiempo para las dos generaciones, lo que concuerda bien con las teorías que apuntan a la gran variabilidad ideológica en el comienzo de la vida adulta. En general, podemos decir que el éxito en la transmisión no varía significativamente entre las dos generaciones: en general, hubo más éxito al transmitir orientaciones partidistas, así como el nivel de religiosidad y otros asuntos con fuerte componente moral y afectivo. Estos resultados parecen reflejar que si bien los asuntos que se transmiten de padres a hijos varían entre generaciones, la intensidad se mantiene constante.
Circunstancias familiares que mejoran la concordancia padre-hijo
Tanto la teoría como las investigaciones previas señalan que las circunstancias familiares serán determinantes en el éxito de la transmisión. En esta sección se analiza esta
2 Luego hay un apartado metodológico que no he resumido.
cuestión en base a dos ideas: la primera, que el éxito será mayor en familias muy politizadas, y la segunda que la consistencia en la transmisión de ideas a los hijos aumentará el éxito.
Respecto a la primera proposición, en la primera generación vemos que se cumple pero de forma limitada, solo para la identificación partidista, el voto, la confianza política y la religiosidad. En la segunda, sin embargo, parece ser un factor más relevante. De nuevo en el caso de la identificación partidista y el voto demuestra ser relevante, incluso extremadamente relevante, pero en general demuestra una influencia bastante fuerte, en todo caso mucho mayor que para la primera generación. Sin embargo, los efectos más relevantes se dan en relación con la segunda proposición, puesto que en las familias en las que las actitudes de los padres son inestables, la transmisión es muy poco eficaz o nula, y en las familias con actitudes estables la transmisión es muy eficaz, incluso en aspectos concretos. Además, la estabilidad afecta a elementos a los que no lo hace la politización familiar, como por ejemplo los temas raciales o de tolerancia.
Podemos decir, viendo estos datos, que la politización familiar influye más en los asunto “tradicionales” políticamente, mientras que en asuntos más concretos y periféricos es mucho más relevante la estabilidad. Además, si analizamos la concordancia ideológica entre los padres, vemos que esta tiende a favorecer la transmisión, en algunos casos de forma muy grande. Todos estos datos parecen concordar con las expectativas basadas en la teoría del aprendizaje social. En conclusión, está claro que la politización familiar y la consistencia son complementarios, ambos elevando la concordancia entre padres e hijos.
Transmisión padre-hijo: una evaluación multi-variable
Hemos visto que los datos parecen reforzar la teoría del aprendizaje social, pero debemos tener en cuenta que estos pueden estar sesgados en tanto que las opiniones familiares pueden a su vez verse influidas por otros factores, como el nivel socio-económico, que sean los verdaderos culpables de la herencia de actitudes. Para tratar de analizar esta cuestión, los autores emplean otras variables que permitan estudiar correctamente la cuestión.
Como demuestra Campbell, los jóvenes pueden verse influidos en sus ideas políticos por ideas prevalentes entre sus amigos tanto como por las de sus padres, por lo que es necesario tener en cuenta el ambiente de socialización para no dar una importancia excesiva al rol de los padres. Observando los resultados, vemos que el análisis multivariable no afecta a aquellos elementos en los que los niveles de transmisión son muy altos (p.e. voto) ni a los que son muy bajos ( bussiness v. labor). Sin embargo, en asuntos como las actitudes raciales, las opiniones sobre el rezo en las escuelas y el conocimiento político, la influencia de los padres se ve disminuida en un tercio al introducir más variables, aunque sigue siendo significativa. En general, podemos decir que la transmisión padre-hijo se preserva incluso si tenemos en cuenta factores ambientales, pero también queda claro que no podemos analizar la cuestión sin estos, pues su importancia no es para nada descartable.
Las consecuencias a largo plazo de la transmisión familiar
A priori, cabe pensar que cuanto mayor sea el parecido padre-hijo en un primer momento, mayor lo será a lo largo del tiempo. De hecho, si no hubiese diferencias en la pervivencia de actitudes, quedaría en entredicho cualquier argumento acerca de la importancia de la socialización política en el ámbito familiar. Observando los datos, vemos que los niños que no adoptan las ideas de sus padres en la infancia, tienden a revisar mucho sus puntos de vista
D. La participación se refiere a la política en un sentido amplio
Además, existe el debate acerca de si debemos considerar participación política a actividades que no tengan que ver con la política en sí, sino más bien con la “sociedad civil” en general. Podemos decir en general que la participación política es un concepto abstracto que cubre las actividades voluntarias de los ciudadanos generalmente relacionadas con el gobierno, la política o el Estado, pudiendo adicionalmente referirse a actividades dirigidas a problemas comunitarios o a la vida colectiva o a la reforma social. En general, viendo la literatura es fácil llegar a la conclusión de que la participación puede ser casi cualquier cosa.
Una definición operacional de la participación política
La clave en este sentido está en la pregunta de ¿cómo reconocer un modo de participación al verlo? Una definición operacional debe dar criterios objetivos de identificación que no sean ambiguos, y que sean eficientes (según Hempel). Para construirla, analizaremos 4 preguntas a realizarnos para identificar si un fenómeno es o no participación política:
4.1.¿Se dirige a la esfera de Gobierno/Estado/política? (se aplica solo si la respuesta a la pregunta 4 es negativa, p.e. en el caso de actuaciones que pretendan introducir en la agenda política un problema que había sido invisible anteriormente)
4.1. (^) ¿Se dirige a solucionar un problema colectivo/comunitario? (se aplica solo si la respuesta a la pregunta 4.1 es negativa)
Una vez aplicadas estas reglas, llegamos a las actividades no políticas. Sin embargo, esto no implica que hayamos acabado, puesto que ya hemos visto que hay actividades no políticas que son realizadas con propósitos políticos, por lo que resulta imprescindible analizar cómo incluir los aspectos teleológicos de las acciones en nuestra definición. Es por ello que pasamos a la introducción de una séptima pregunta:
4.1.1.1 ¿Se realiza la actividad para expresar fines o intenciones políticas? (solo debemos aplicarla en caso de que la respuesta a la pregunta 4.1.1. sea “no”
Por otro lado, existe la posibilidad de que se realicen acciones políticas con una finalidad no política (p.e. ir a una manifestación para encontrar pareja), por lo que podemos aplicar una pregunta más, que nos permite excluir estas conductas:
Implicaciones y aplicaciones
Este conjunto de preguntas ofrece criterios objetivos para determinar si podemos considerar un fenómeno x como participación. Además, nos permiten elaborar una tipología, que se presenta en la tabla 13:
Conclusiones:
Como vemos, se ha desarrollado un mapa conceptual que plantea 4 tipos analíticamente claros de participación política, así como varios sub-tipos. Los 4 tipos de participación cubren todos los modos posibles de participación de forma sistemática y eficiente: primero se desarrolla una definición minimalista y luego se añaden variables adicionales basadas en características imprescindibles.
Para analizar el por qué la gente participa en política, podemos empezar por preguntarnos por qué la gente no lo hace. Inmediatamente se nos ocurren tres explicaciones: no pueden (recursos, tiempo, habilidades), no quieren (compromiso psicológico) o nadie se lo ha pedido (aislamiento de las redes de reclutamiento). El trabajo se centra en el papel de los recursos, tratando de ir más allá del modelo SES (explicaciones basadas en componentes del status socioeconómico: educación, ingresos y ocupación). Este modelo ciertamente funciona muy bien para predicciones de la participación política, pero falla al explicar claramente el mecanismo que une los status sociales y la actividad (a las teorías de elección racional les pasa lo contrario, explican bien y predicen mal).
El estudio de la participación ciudadana
El estudio se centra en actividades voluntarias de carácter no solo político, sino también en iglesias y otras organizaciones. Además, el concepto de participación es amplio, incluyendo no solo votar sino actividades como contactar políticos, ir a protestas, e introducirse formal o informalmente en asuntos locales.
Definiendo y midiendo recursos políticos
La distribución de los recursos políticos
3 Los conceptos operacionales corresponden a la Figura 1, que se presenta primero y que resume el proceso de operacionalización de la nuestra definición
Desarrollando las habilidades cívicas: un modelo de aprendizaje 4
Participación política y recursos
Si observamos los resultados generales, podemos ver que los recursos son muy importantes. En cuanto a las habilidades cívicas, todas (incluyendo las adquiridas de forma temprana, como educación y participación en el gobierno escolar; y las adquiridas a lo largo de la vida, aunque no sea en instituciones políticas) están positivamente relacionadas con la actividad política. También es de gran importancia el nivel de ingresos familiar. Sin embargo, si incluimos el interés político en la ecuación, vemos que la correlación entre participar en organizaciones no-políticas y en política deja de ser relevante, lo que nos demuestra que no se trata de que una implique a la otra, sino que la participación en organizaciones no-políticas da una serie de habilidades que ayudan a participar en política. En todo caso, incluso considerando el interés, sigue habiendo una clara relación entre habilidades cívicas e ingresos familiares y participación política.
Actos políticos específicos y recursos
Ya hemos visto que el modelo de recursos explica bien la actividad política en general, pero presumiblemente habrá diferencias en las actividades concretas y en el modo en el que los recursos las afectan.
4 Todo metodología
otro recursos no relacionados con el nivel socio-económico podemos entender mejor las diferencias en la participación entre grupos no socioeconómicos (p.e. raza o género).
En los últimos años, muchos estudiosos de nuevas democracias señalan la importancia de una sociedad civil fuerte para el desarrollo de la democracia, la falta de la cual ha sido especialmente lamentada en los países post-comunistas de Europa del Este. Para estos países, siempre se ha tomado como modelo en este sentido tanto Europa occidental como EEUU, pero hay datos que parecen indicarnos que el capital social en América está disminuyendo mucho.
Cuando Tocqueville visitó EEUU en 1830, el aspecto que más le impresionó de la nueva democracia fue la gran propensión de los americanos a asociarse, un elemento que él siempre consideró clave para conseguir que la democracia funcionase ( Democracy in America ). En la actualidad, numerosas investigaciones parecen apuntar en esta misma dirección: estudios sobre educación, crimen, drogas, pobreza, desempleo y salud han descubierto que los buenos resultados son más frecuentes en comunidades cohesionadas. Por otro lado, una corriente de la sociología económica ha prestado atención al papel en la economía de las redes de contactos o sociales (capitalismo de redes del este de Asia, p.e.). En otro sentido, hay estudios que demuestran que cuanto más activa es una sociedad civil, más eficaz es el gobierno (estudio de Putnam sobre Italia). Es cierto que los factores por los cuales el que una sociedad civil sea más activa produce estos beneficios son muchos y muy complejos, por lo que es necesario un estudio más en profundidad de la cuestión. Sin embargo, la cantidad de evidencias en esta línea son chocantes, y han llevado a los autores a crear una franja común para entender este fenómeno: el capital social (características de la organización social, como redes, normas o confianza social que facilitan la coordinación y cooperación para el beneficio mutuo).
Las redes de compromiso cívico ayudan a crear normas de reciprocidad generalizada y fomentan la creación de una confianza social. Estas redes facilitan la coordinación y la comunicación, amplían las reputaciones y así ayudan a resolver problemas de acción colectiva. Cuando la negociación económico-política está imbuida en redes de interacción social, el espacio para el oportunismo es menor. A la vez, estas redes recogen éxitos pasados de colaboración, lo que puede ayudar a crear redes colaborativas en un futuro. Finalmente, las redes de interacción también aumentan el sentido del “yo” del individuo, desarrollándolo en un “nosotros”, que aumenta el interés por los beneficios colectivos.
¿Qué ha pasado con el compromiso cívico?
En primer lugar, Putnam señala el aumento de la abstención en las elecciones desde la década de 1960, que es constante. Sin embargo, este muy conocido dato no está solo. Desde 1973, el número de americanos que asisten a reuniones públicas sobre asuntos municipales o escolares ha descendido más de un tercio. Datos similares se dan para la participación en mítines, la afiliación a un partido, etc. Es decir, el compromiso general con la política está cayendo sistemáticamente en EEUU desde los 60. Asimismo, el porcentaje de americanos que desconfía de la política y el Gobierno (“Washington”) ha aumentado a más del doble. Es cierto que estos fenómenos pueden tener una explicación estrictamente política (p.e. desencanto por escándalos como Watergate o Vietnam), pero para Putnam esto es insuficiente al examinar las tendencias en la sociedad civil más generalmente.
EEUU es una sociedad muy vinculada a la Iglesia, siendo las asociaciones religiosas el tipo de afiliación más común entre los americanos de largo. En este sentido, los datos muestran un descenso desde 1960 de en torno a un sexto tanto en asistencia regular a la iglesia como en participación en grupos religiosos. En cuanto a la afiliación sindical, esta ha sido desde siempre una de las principales formas de organización en EEUU. Pues bien, desde hace 4 décadas ha
bajado de un 32,5% (1953) a un 15,8% (1992). La solidaridad sindical es un recuerdo del pasado, por tanto. Las asociaciones de padres y alumnos han sido una importante forma de asociación en EEUU durante el s. XX, porque el involucramiento de los padres en la educación es una forma especialmente productiva de capital social. El número de americanos que participan en ellas ha bajado de 12 a 7 millones desde 1964.
En cuanto a otras organizaciones cívicas/fraternidades, los descensos son similares. Por ejemplo, la afiliación a organizaciones de mujeres ha descendido de forma regular desde mediados de los 60, quedando ahora en un 40% menos aprox. Similares descensos son observables en otras organizaciones como los Boy Scouts (26% menos) y la Cruz Roja (61% menos). Además, no podemos decir que lo que haya ocurrido sea que la gente ahora milita en otro tipo de organizaciones voluntarias, pues la afiliación general a las mismas ha bajado un 5% desde 1974, es decir, no se ha compensado. Las fraternidades, por su lado, han visto un descenso profundo durante los 80 y 90 (p.e. los Masones, un 39% menos de miembros).
Sin embargo, el descenso en el capital social que más llama la atención de Putnam es el hecho de que a día de hoy juegan a los bolos más americanos que nunca, pero el número de ligas organizadas se ha hundido. Desde 1980, el número de jugadores de bolos aumentó un 10%, mientras que el número de ligas se redujo en un 40%. Cabe apuntar que no es un dato estúpido, en tanto que 80 millones de americanos juegan regularmente a los bolos (un tercio más de los que votaron en las elecciones de 1994).
Contra-tendencias
Existe el contra argumento de que estas formas tradicionales de participación han sido sustituidas por otras. Por ejemplo podemos ver el nacimiento de organizaciones ecologistas (como el Sierra Club) o feministas (como la Organización Nacional de Mujeres) que crecieron durante los 80 y a día de hoy son muy importantes, de hecho son temidas como lobbystas en Washington. Sin embargo, para el autor son diferentes a las llamadas asociaciones secundarias (las de antes), en tanto que el tipo de compromiso que une a sus miembros con estas nuevas organizaciones se reduce habitualmente a un pago mensual. Casi nadie va a sus reuniones y casi nadie conoce a gente en ellas; es decir, sus vínculos son con ideas comunes, pero no entre ellos. En este tipo de asociaciones “terciarias”, no es posible ver que se cumpla la predicción de que el asociacionismo aumenta la confianza social.
Otro contra-argumento es el crecimiento de las ONGs, pero de nuevo si bien casi todas las asociaciones secundarias son ONGs, no todas las ONGs son asociaciones secundarias, sino más bien terciarias (esto nos lleva a la anterior réplica).
El tercer contra-argumento quizás sea el más fuerte, que es el aumento de los grupos de apoyo (p.e. Alcohólicos Anónimos). Wuthnow señala que el 40% de los americanos declaran estar en algún grupo de apoyo, y un 5% en grupos de auto-ayuda. Estos grupos sin duda son relevantes para el capital social, pero no desempeñan el rol habitual de una asociación cívica, en tanto que en muchas ocasiones se limitan a dar ocasión al individuo para centrarse en sí mismo en presencia de otros. Además, las obligaciones que implican estos grupos son escasas (ven si tienes tiempo, vete si no te sientes a gusto, etc). Es decir, es importante entender que estos grupos no sustituyen ni pueden hacerlo a las familias, barrios o comunidades.
Estos contra-argumentos pueden ser descartados a la luz de la siguiente evidencia: para todos los niveles educativos, la pertenencia a asociaciones descendió de modo estable y similar desde 1967 a 1993 (entre el 25 y el 30%). Esto es curioso, además, si tenemos en cuenta que a
¿Qué podemos hacer?
La autora señala que las diferencias en la participación no-electoral no pueden ser explicadas según el modelo clásico de recursos de Brady et al porque deberían tenerse en cuenta las circunstancias específicas de cada país, ya que la gente recurre a este tipo de participación en momentos específicos. Es por ello que trata de analizar cómo influye el contexto en la participación no-electoral (PNE) en las viejas y nuevas democracias.
Contexto Político Nacional y PNE
La mayor parte de la literatura comparativa sobre la participación se ha centrado en la electoral. Además, cuando se ha enfocado la PNE se ha hecho desde un ángulo esencialmente no institucional, es decir, no se ha estudiado la influencia de las instituciones en la participación. Para 1hacerlo en este artículo, la autora examina la influencia de las estructuras de oportunidad política5 (abiertas o cerradas) en la NPE. Básicamente sostiene la idea de que una EOP abierta caracterizada por una descentralización del poder tendrá un impacto enorme en el activismo ciudadano.
EOP y PNE
Las instituciones estatales descentralizadas suelen ser vistas como más abiertas a la PNE porque tienen más jugadores con poder de veto, lo que caracteriza los sistemas de dispersión de poder de gobernanza, lo que indica que los ciudadanos tienen a) más opciones y acceso a puntos para influir en política y b) más posibilidades de tener éxito si eligen participar. Es decir, hay más canales para participar, por tanto más actores. Como hay más actores, el poder está más repartido y todos los actores son menos poderosos, por lo que la posibilidad de influir en ellos será mayor.
Si bien la literatura tiende a afirmar que los sistemas descentralizados llevan al consenso y a la inclusividad, la autora defiende que no será así porque cada actor tiene una agenda propia que tratará de sacar adelante del modo más beneficioso para sus intereses. Por tanto, la consecuencia principal de estos sistemas será el conflicto/competición entre actores políticos. Es esta competición la que da incentivos a los ciudadanos para participar en PNE. Según Kriesi, hay 3 dimensiones de la descentralización que atraen a los individuos hacia la PNE: territorial, separación de poderes horizontal a nivel nacional y separación de poderes dentro de estas instituciones. De acuerdo con esto, la autora plantea estas hipótesis:
5 Características formales o informales del Estado y la política que crean incentivos individuales para aumentar la actividad política más allá de las elecciones. Cuanto más abiertas sean las oportunidades, a priori más participación.
Estas hipótesis contienen, sin embargo, una contradicción, porque la tercera hipótesis propone un mecanismo causal basado en la cooperación y la inclusividad, en vez de en la competición, como se argumenta para las dos primeras. Es por esta razón que acaba descartando la hipótesis 3.
EOP y redes de movilización
Si los actores movilizantes perciben que la EOP es más abierta, tendrán más motivación para movilizar a los ciudadanos a participar en PNE. Esto concuerda con la teoría general sobre la materia, que defiende que la EOP abierta aumenta la PNE a través de agentes movilizadores, los ciudadanos individuales no deciden por su cuenta participar, sino que los grupos y redes sociales juegan un papel fundamental, al ser grupos con conocimiento político e incentivos.
La movilización es un proceso complejo que incluye numerosas estrategias, desde dar razones para el activismo a una petición explícita a la participación. El estudio se centrará en la movilización a través de las redes sociales ( no internet social networks). En general, cuanto más se involucre una persona en redes sociales más información política obtendrá y más peticiones para participar, por lo que es más posible que lo haga. Del mismo modo, es más fácil para los agentes movilizadores reclutar a esa persona en tanto que son más accesibles. Esto permite completar las hipótesis anteriores
Datos y metodología
Usa un concepto de participación como cualquier acción de ciudadanos ordinarios dirigida a influir algún resultado político, en particular, la distribución de bienes y normas sociales. Considera NPE a cosas como firmar peticiones, manifestarse, ir a un mitin, contactar a un político, hacer una donación y aparecer en la prensa expresando una opinión. La descentralización territorial se refiere aquí a la separación de poderes vertical; no emplea los conceptos de Estado unitario/federal sino un índice del Banco Mundial para medirla. Para medir la movilización, el análisis usa los indicadores de afiliación a algún grupo social/político y el nivel de discusión política.
Resultados
Los datos refuerzan las dos hipótesis de la autora y rechazan la del número de partidos. En general, vemos que el efecto de las redes sociales sobre la PNE es mucho más fuerte en países que muestran más apertura en la dimensión horizontal y vertical. Estos resultados concuerdan con la afirmación de que los actores políticos tienden a hacer más uso de los vínculos sociales formales o informales cuando movilizan a ciudadanos en panoramas descentralizados.
Sin embargo, cabe destacar que la diferencia entre pertenecer a un país con una EOP abierta o cerrada solo es significativa para ciudadanos que están más involucrados en redes