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Francisco Fernández Buey, Jorge Riechmann Ni Tribunos: ideas y materiales para un programa ecosocialista. Madrid: Siglo XXI de España. 1996. 2. HACIA UNA ECONOMÍA SUSTENTABLE «E importa mucho la conservación de los montes, ya que no hay lugar bueno sin ellos y también porque debemos con- servarlos a los venideros, como los pasados conservaron a los presentes». Toribio PÉREZ BUSTAMANTE en 1656. «En el pasado la producción se consideró un beneficio en sí misma. Pero la producción también acarrea costes que sólo recientemente se han hecho visibles. La producción necesó- riamente merma nuestras reservas finitas de materias primas y energía, mientras que satura la capacidad igualmente finita de los ecosistemas con los desperdicios que resultan de sus procesos. El crecimiento ha sido la medida de la sabud nacio- nal y social empleada tradicionalmente por los economistas. Pero el crecimiento industrial continuado en áreas que ya están altamente industrializadas es un valor sólo a corto plazo: la producción presente sigue creciendo en perjuicio de la producción futura, y en perjuicio de un medio am- biente frágil y cada vez más amenazado. La realidad de que nuestro sistema es finito y de que ningún gasto de cnergía es gratis nos pone frente a una decisión moral en cada mo- mento del proceso económico». Nicholas GEORGESCU-ROECGEN; Kennerh BOULDING:. y Eerman E. DALY en 1972. «La economía es una ciencia moral que, en principio, fuére-. conocida como tal por nuestros predecesores hace cién y: hace doscientos años, pero ello a menudo se olvida hoy»: Gunnar MYRDAJ, en 1972; .. éricema de esas aguas se habían desarrollado a :. por ejemplo, bacterias quimiolitótrofas que se alimentan de Bacia ma economía sustentable 251 CONSIDERACIONES PREVIAS La presente crisis ecológica global nos amenaza sobre todo a no- sotros mismos. También a millones de seres vivos pertenecientes a cientos de miles de especies animales y vegetales, es cierto: pero sobre todo a nosotros mismos. Por más catástrofes que causemos la vida continuará en este planeta (al menos en sus formas más sencillas: bacterias, hongos, algas...) y la evolución mo se detendrá !, pero en cambio la continuidad de la civilización hu- mana no está asegurada. Aunque sólo sea por egoísmo tenemos que aprender a pisar con menos fuerza sobre la tierra, refrenando nuestra inmensa capacidad de destrucción. Por ejemplo: en la Península Ibérica, el impacto humano sobre el medio ambiente —medido, por ejemplo, en términos de flujos de energía— se ha multiplicado aproximadamente por 10.000 en los últimos diez milenios. En efecto, hace 10000 años, antes de la “revolución neolítica”, cada uno de los aprozimadamente 500 000 cazadores-recolectores que habitaban la Península aprovechaba la energía equivalente a unos 30 kg. de carbón al año (no incluimos en la cuenta la energía proporcionada por los alimentos, que equi- vale a unos 100 varios diarios). Hoy, cuando la población se ha ¡multiplicado por cien y aproximadamente 50 millones de huma- nos poblamos el mismo territorio, cada uno de los hispanoportu- gueses industrializados utilizamos en promedio el equivalente a tres toneladas de carbón por persona y año; es decir, el equiva- lente a 300 toneladas de carbón por km y año?, «Los sistemas socioeconómicos humanos han crecido demasiado ¿n relación con la biosfera que los contiene, alterando incluso los Ena primavera de 1996 llegaba a las páginas de la prensa un coriflicto ent biental con mucha miga. Cuando la Junta de Andalucía pianseó iniciar la descon- tatninación del río Tinto —que vierte toneladas de metales pesados a la bahía de Huclva—, se alzaron voces de microbiólogos advirtiendo que en la contaminaci vorganismos de mucho interés: jerro y azufre en lu- at de perecer envenenadas, hongos a los que les sientan bien el cromo o el mescu- y. (véase Pablo Erancescurti, «La rica vida del río Tinto», País, 135-5-1996). Los microbiólogos pedían protección para esa biodiversidad “extremófila”, adap- tada a condiciones que resultarían letales para cualquier animal superior. > Jesús Alonso Millán, Una tierra abierta, Materiales para nna historia ecolón ce de España, Madrid, Compañía Literaria, 1995, p. 31 232 Ádeas para un programa ecosocialista grandes ciclos biogeoquímicos de ésta, degradando o destru- yendo muchos ecosistemas y causando gran mortandad animal y vegetal. La mayor responsabilidad concierne al capitalismo indus- trial de los países del Norte. Tenemos que hacer sitio (en términos ecológicos) para los hoy excluidos::los pobres del Sur, las genera- ciones futuras, las demás especies vivas con las que compartimos cl planeta. No es posible la:expansión material indefinida en un sistema finito coro la biosfera que habitamos. Ello hace necesario em- prender una reducción sistemática del impacto ambiental de las actividades humanas. Convendrá lograrlo preferentemente mejo- rando la eficiencia ambiental de nuestras economías (es decir, re» duciendo sistemáticamente el impacto ambiental por unidad de producto), pero también habrá que estar dispuestos a disminuir el volumen global de actividad cuando no quede otra opción. Pro- ducir de forma ecológicamente eficiente quiere decir minimizar el flujo de energía y materiales que recorre nuestros sistemas pro- . ductivos, maximizando el bienestar que obtenemos de él. Hemos de aprender a hacer más con menos; y sobre todo desenganchar- nos de la adicción al «cuanto más mejor» y aprender a decir «es suficiente». Es mucho lo que nos jugamos en la transición aura cultura de la aurolimitación, de la sobriedad, de la austeridad au todeterminada, La economía ecológica propone restablecer el predominio de la economía sobre. la crematística, si empleamos ambas nociones en sentido aristotélico (Política, 12562-1258b). La primera sé ocupa de valores de uso, la segunda de valores de cambio; la pri? mera se orienta a la satisfacción de las necesidades humanas, la se- gunda ala acumulación ilimitada de dinero. Todo acto económico posee siempre, simultáneamente, una dimensión ecológica y una dimensión sociocultural: estas últimas no deben ser anuladas en beneficio éxclusivo de la unidimensionalidad crematística. LA IDEA DE SUSTENTABILIDAD La noción de sustentabilidad es básica para el ecologismo, y quizá se trate de su contribución más importante para la reconstrucción del pensamiento crítico y de una teoría cconómica a la altura de Hacia una economía sustentable 233 los problemas de nuestro tiempo: en particular, los problemas planteados por una crisis ecológica global que hoy pone en entre- dicho el mismo ser o no ser de las sociedades humanas. En efecto, hoy no estaríamos hablando tantísimo de desarrollo sostezible si nuestro desarrollo lo fuese. «Se canta lo que se pierde», decía el poeta: porque nuestro actual modelo de desarrollo es insostenible (no es perdurable en el tiempo, ni generalizable al conjunto de los habitantes del planeta), tenemos que preocuparnos —y nrucho— por la sustentabilidad. En esencia, el contenido de este noción es el siguiente: los sis- temas sociocconómicos han de ser indefinidamente reproducibles sin deterioro de los ecosistemas sobre los que se apoyan. Dicho de otra manera: las actividades humanas no deben sobrecargar las funciones ambientales (enseguida explicaremos cuáles son estas funciones), ni detériorar la calidad ambiental de nuestro mundo. Ello implica fundamentalmente dos requisitos (y con ello expresa- mos la noción de sustentabilidad de una tercera forma): e Respetar los límites. Lo que tomamos de la biosfera (en cuanto fuente de materias primas y energía, o sea, materi, nergía de baja entropía) y lo que devolvemos a ella (en cuanto sumidero de residuos y calor, es decir, materia-energía de alta entropía) ha de estar dentro de los límites de absorción y regeneración de los ecosistemas. * Pensar en el mañana. Deberíamos dejar a la generación si- guiente ún mundo que sea al menos tan habitable y haga posibles tantas opciones vitales como el que nosotros hemos recibido de la generación anterior ?, Nótese que acerca de la sustentabilidad estamos hablando en lenguaje normativo: cada una de las tres aproximaciones coricep- 2 Me parece preferible hablar de cla generación siguiente» en lugar de «las ge- sseraciones futuras»: seguramente la mayoría de nosotros seutimos que nos ligan vínculos morales más fuertes con la generación de los hijos (y la de los nieros) que con la humanidad de dentro de diez mil años. Por owro lado, no necesitamos considerar más que la relación entro dos gencraciones consecutivas para dar una definición fuerte de sustentabilidad, análoga a las definiciones matemáticas por recurrencia 0 por iteración. Cuidemos nosotros de legar un mundo habitable a la generación posterior, que a su vez ésta cuidará de transmitirlo en buen estado a la siguiente, ebcótera. 236 Ideas para un programar ecosocialista FUNCIONES AMBIENTALES (Funciones del medio ambiente para la economía) 3. Fuente esencial de la vida y ia biodiversidad, nébitat de las especies vivas, proveedor de "servicios ambientales” globa- les (regulación del clima, creación de suelo fértil, regulación cel ciclo hidrológico y de los ciclos biogeoquímicos, biode- gradación de los contaminantes, stc.). La capacidad de ta biosfera para proveer estos servicios ambientales globales depende de la participación de plantas, animales y microor- ganismos (o sea de la conservación de la biodiversidad). u. Fuente de recursos naturales (materia-energía de daja entro- pa): 1, Recursos perpetuos (luz solar, viento, mareas...) K.2. Recursos renovables (madera, pescado...) 3. Recursos no renovables pero reciclables (metales... 14. Recursos no renovables que se agotan irreversible- mente (combustibles fósiles...) 11. Surnidero de calor y residuos (materia-energía de alta entro- pia). Pór otro lado, en el caso "del peculiar animal que somos los bono sapiens/homo faber, la tecnología desempeña un papel esen- cial como mediadora en el metabolismo entre humanidad y natu- raleza: ello exige que le demos consideración aparte, lo que hare- mos en un punto 1v. ¿Qué implicaciones tienen estas tres funciones ambientales, estos cuatro tipos de recursos naturales y la variable tecnológica para el concepto de sustentabilidad? 1. Si intentamos precisar la noción de sustentabilidad para la biosfera considerada vomo fuente esencial de la vida, el principio que aparece como obvio y al mismo tiempo irrenunciable es el que podríamos llamar principio de irreversibilidad cero: reducir a cero las intervenciones acunulativas (por ejemplo, la emisión per- sistente de tóxicos que no son biodegradados y se acumulan en las cadenas tróficas) y los daños irreversibles (por ejemplo, la extin- ción de especies animales y vegetales). Vale la pena observar que aplicar este principio exigiría el final de la industria nuclear y de Hacia una economía sustentable 237 muchos procesos productivos corrientes en la industria química (pues se generan desechos radiactivos y tóxicos ineliminables), 11. Únicamente de los recursos naturales inagotables, petpe- tuos a escala humana, no se deriva ningún principio de sustentabi- lidad limitativo por razones obvias: se trata de los únicos recursos que, en principio, pueden explotarse ilimitadamente, Pero ello no implica que todas Es formas de hacerlo sean sustentables en cual- quier escala: por ejemplo, los generadores cólicos —imprescindi- bles én cualquier estrategia energética sostenible para el final de siglo— consumen energía y materiales valiosos en su fabricación, ocupan espacio en su instalación, y ocasionalmente matan aves en su utilización, El mensaje ecológico esencial de mesura, de auste- ridad, de autolimitación, se aprecia en su verdadera profundidad cuando se advierte que ni siquiera los recursos naturales inagota- bles pueden explotarse ilimitadamente. Ahondar en esta cuestión nos sitúa directamente ante las consecuencias económicas de la termodinámica y en especial de la ley de la entropía, que explora- mos en el capítulo anterior”. 112. . En el caso delos recursos naturales autorrenovables, ase- guraría la sustentabilidad el principio de la recolección sostenible: las tasas de recolección deben ser iguales a las tasas de regeneración de estos recursos. La, idea es aprovechar los excedentes sin deterio- rar los sistemas que producen los excedentes (recoger la leña sin ta- lar los árboles, consumir los huevos sin marar la gallina). Ello se refiere especialmente a recursos como el suelo, el agua de los acuí- 7 Introducciónes breves a esta cuestión esencial ofrecen Christian Schíitze, «La incompatibilidad entre economía y ecología», Debats, núm. 35-36, Valencia, 1991, pp. 42-45, y yo raismo en el capítulo anterior de este libro (que se b: un artículo publicado previamente: «Por qué el fruto no vuelve a la flor y el reci clado perfecto es imposible: ecología, econaraía y termodinámica», Noticias Obreras, múm. 1140, Madrid, 1995, pp. 19-26). También, de manera mucho más digresiva: Jeremy Rifkin y Ted Howard, Entropía: hacia el mundo invernadero, Barcelona, Urano, 1990. La obra de referencia para estas cuestiones, aunque de lectura macho más difícil que las que acabo de mencionar, sigue siendo el clásico de Nicholas Georgescu-Roegen en 1970: La ley de la entropía y el proceso econó» iriico, Madrid, Puadación Argentaris/Visor, 1996. Una exposición sintética del mismo autor es «Energía y mitos económicos» en Información Comercial Espa- Hola, núm. 501, Madrid, 1975; también «¿Qué puede enseñar a los economistas la termodinámica y la biología?», en la compilación de Aguilera Klink y Alcántara, De la economía ambiental a la economía ecológica, Barcciona, Icaria, 1994. 253 Ideas para wm programa ecosocialistá feros subterráneos, las especies silvestres y domesticadas, los bos* ques, las praderas, las tierras cultivadas y los ecosistemas marinos y de agua dulce que constituyen la fuente de la pesca?. Son pertinen- tes las observaciones de Herman E. Daly al respecto: Las capacidades de regeneración. y asimilación deben ser consideradas tá: pital natural. El no mantenimiento de estas capacidades debe ser conside rado como consumo de capital, y por tanto como no sostenible. El capi- tal, tanto el narural como el que es ubra del hombre, puede mantenerse á niveles. diferentes. Nuestra interición no es mantener intacto el capital a cualquier nivel, sino al óptimo. En el caso de los recursos renovables (bancos de pesca sujetos a captura, ganado, árboles, etc.), se sabe desdé hace mucho tiempo que existe un tamaño de stock que permite obtener un rendimiento máximo por período de tiempo? 113 y 114. Debido a que el reciclado nunca és perfecto y a menudo entraña un gasto considerable de recursos naturales nó renovables (energía procedente de combustibles fósiles, por ejem- plo), debido a que también aquí entra en juego el principio de en- tropía, podemos subsumir ambos tipos de recursos no renovables bajo un único principio de sustentabilidad. Se trata del principio de vaciado sostenible: es sostenible la explotación de recursos na- turales no renovables cuando su tasa de vaciado sea igual a la tasa de creación de sustitutos renovables. Aquí la idea en juego es aprovechar la sustituibilidad parcial enure diferentes tipos de re- cursos para mantener constarte un fondo o acervo que no dismi- nuya las opciones económicas de la generación siguiente. Así como la sobreexplotación convierte los recursos renovables en no renovables, una política juiciosa de sustituciones puede en cierto sentido convertir los recursos no renovables en renovables. Escu- chemos, de nuevo, el comentario de Daly: * Ésta s la idea de.1uo sostenible de especies y ecosistemas expresada desde hace tiempo; por ejemplo, en la Estracegía Mundial para la Conservación de la Naturaleza de 1980 se dice que «deberiamos utilizar las especies y los ceosisto- mas en niveles y formas que les permitan seguir ausorrenovándose con. carácter prácticamente indefinido. Los principales grupos de especies y ecosistemas im- plicados son las pesquerías, otra vida silvestre que es objeto de comercio, los bos- ques y las tierras de pastoreo» (Robert Allen, Cómo salvar el mundo, Madrid, FeRMA, 1980, p. 17). ? Ef, T, Daly, «Criterios operativos para el desarrollo-sostemible», art. cit., p.39. Hacia una economía sustentable 239 El uso cuasi-sostenible de los recursos no renovables exige que tada jn- yersión en la explotación de un recurso no renovable lleve aparejada una inversión compensatoria en un sustituto renovable (por cjemplo, la ex- tracción de petróleo comportaría la plantación de árboles para la obren- ción de alcohol a partir de madera). La idea es dividir los ingresos netos procedentes de recursos no renovables en un componente de renta que puede ser consumido regularmente cada año y un componente de capital que debe invertirse en un sustituto renovable. TL En el campo de los desechos y residuos, el principio de sustentabilidad es el que podríamos llamar principio de la emisión sostenible: las tasas de emisión de residuos deben ser iguales a las capacidades naturales de asimilación de los ecosistemas adonde se émiten esos residuos (lo cual implica enzisión cero de residuos no biodegradables), 1v. Un principio de selección sostenible de tecnologías rezaría tomo sigue: han de favorecerse las tecnologías que aumenten la productividad de los recursos (al volumen de valor extraído por unidad de recurso) frente a tecnologías que incrementen la canti- dad extraída de recursos. Es decir, eficiencia frente a crecimiento. Podemos ceder de nuevo la palabra a Daly: Esto significa, por ejemplo, bombillas más eficientes de preferencia a más centrales eléctricas, así como un diseño de productos y procesos suscep- úible de facilitar el reciclaje de materiales tanto en el seno de la propia economía como vía ciclos naturales de Jos ecosistemas (biodegradabili- dad). La mejora de la eficiencia en el consumo final de los recursos es de- seable, con independencia de que los recursos scan renovables o no reno- vables*!, E Los cuatro primeros principios que acabamos de deducir (de irreversibilidad cero, de recolección sostenible, de vaciado soste- nible y de emisión sostenible) son efectivamente operativos, por cuanto que en ellos intervienen magnitudes efectivamente mensu- rables (tasas de regeneración y recolección de recursos renovables, tasas de vaciado de recursos no renovables, etc.): ello permite tra- ducir los principios en objetivos de políticas públicas”. 1 Ibid, p.40, 1 1bid. . $2 Para la discusión más detallada de esta cuestión, véase Jacobs, La economía verde, ob. cit., capítulos 5 4.9, 242 1deas para sn programa ecosocialista tar algunos aspectos de la noción de sustentabilidad es calcular el espacio ambiental per cápita que correspondería a los distintos in- dividuos y colectivos humanos bajo el supuesto de acceso iguali- tario a los recursos. Por supuesto, el acceso a los recursos naturales en el mundo actual es cxircmadamente desigual: se ha calculado, por ejemplo, que un ciudadano estadounidense consume o des- truye quinientas veces más recursos naturales que un hindú. Como este supuesto igualitario no se verifica hoy, ni tampoco se resperan en general las condiciones de sustentabilidad, el cálculo del espacio ambiental nos proporcionará al mismo tiempo objeti- vos para guiar nuestras acciones y una medida de la distancia que nos separa de tales objetivos. Estos cálculos se han intentado en el marco de un ambicioso estudio en varias fases que la red europea de Amigos de la Tierra (con la ayuda técnica del Instituto Wuppertal) emprendió en 1994, Con el nombre de Sustaimable Europe Project, este estudio propo- nía el cálculo del espacio ambiental para Europa en su conjunto y también para los distintos países considerados individualmente ”*. Ello permitiría también calcular las reducciones en el consumo de recursos naturales que los distintos países tendrían que abordar para alcanzar la sustentabilidad con equidad internacional en un horizonte temporal determinado: en nuestro estudio, concreta mente, en un lapso de 15 años, vale decir hacia el año 2040. Se es- tima que cl espacio ambiental global para la población del 2010 equivale aproximadamente a la mitad del consumo mundial de re- cursos en 1990. Las categorías de recursos naturales considerados en el estudio son las cinco siguientes: energía, agua, fecursos no renovables, madera y tierra fértil. El recuadro siguiente sintetiza algunos de los resultados parciales del estudio. + Puede solicitarse información sobre el estudio, sus supuestos y la metodo- logía aplicada a Joachim El. Spangenberg en el Instituto Wupportal (tel. 49/202/2492128), a Patricia Jiménez en Friends of the Earth Europe (tel. 32/255/78252), a Amigos de la Tierza en España (c/ San Bernardo 24, 28015 Ma- drid, tel. 5230750 y 5233186), o tambión a Friends of the Bardi Netherlánds (P. O. Box 19199, 1000 GD Amsterdam, tel. 31/20/6256547). Se han publicado ya resultados parciales y se preparan publicaciones más completas. Hacia na economía sustentable 243 REDUCCIONES EN El, CONSUMO DF RECURSOS NATURALES NECESARIAS PARA ACERCARSE A LA SUSTENTABILIDAD EN EL AÑO 2010 A. REDUCCIONES PARA HOLANDA Reducción de las emisiones de CO,: €0% en 2010, 85% en 2030 (respecto a los niveles de 1995) Reducción en el consumo de agua: 40% Reducción en el consumo de aluminio: 80% Reducción en el consumo de madera: 60% B, REDUCCIONES PASA EL CONJUNTO DE LA COMUNIDAD EUROPEA Reducción en el consumo de cemento: 85% Seducción en el consumo de cobre: 80% Seducción en el consumo de plomo: 83% Reducción en el consumo de cloro: 86% Reducción en el consumo de abonos nivogenados: 81% Reducción-en el consumo de abonos potásicos: 92% Recordemos igualmente que se estima que para contener en lí- mites tolerables el cambio climático debido al “efecto inverna- dero” serán necesarias reducciones del 60 al 30% de las emisiones gascosas que lo causan, en relación con los niveles actuales, Esto afecta a casi todos los sectores económicos: industria, agricultura, transporte, generación de electricidad, sector residencial (y se ha- lla rambién relacionado con los procesos de desforestación). ¿Hemos de pensar que reducciones semejantes se traducirán en considerables mermas de bienestar y de opciones vitales? No necesariamente, Es factible, de hecho, modificar nuestras pautas —acrualmente insostenibles— de producción y consumo para re- ducir drásticamente nuestro impacto ambiental garantizando, al mismo tiempo, la satisfacción igualitaria de las necesidades básicas _ y de muchos deseos de las personas. La clave para ello se halla en la mejora de la eficiencia ambien- tal de nuestra tecnosfera (el “mundo” de objetos e instalaciones construidas por el hombre dentro del cual —y gracias al cual— vivimos, trabajamos, producimos y consumimos), que hoy es en general espectacularmente derrochadora e ineficiente. Podemos “hacer más con menos” (a veces se habla en este sentido de una re- 24 Lileas para un programa ecosocialista les antocentradas, etc.), entonces el impacto ambiental global del transporte volverá a reducirse drásticamente hasta una pequeña fracción del actual sistema insostenible. +2, POR EJEMPLO: EL ESTUDIO HOLANDÉS The Netheriands Travelling Clean Este trabajo, publicado por la Agencia Holandesa para la Energía y el Medio Ambiente en marzo de 1989, desarrollaba políticas para mnantener los niveles actuales de accesibilidad en Holanda, pero res duciendo las emisiones de CO, en un 70%, ta contaminación tóxica generada por el tráfico en un 75%, las emisiones causantes de lluvia ácida en un 80% y el ruido a la mitad, En el nuevo escenaño la dis- tancia recorrida por los automóviles privados cala del 83% del total al 27%, el transporte pública crecía del 9 al 49%, y caminar y des- plazarse en bicicleta subla del 8 al 24%. .. Es importante advertir que una transformación semejante del sistema de transportes (que hemos dividido en dos fases a efectos de análisis) no supone merma ninguna en la calidad de vida, y más bien puede suponer una ganancia en calidad de vida: la accesibili- dad se conserva, mientras que los largos desplazamientos cotidia- nos para ir y volver al trabajo, retardados por los atascos, no constituyen un factor de bienestar para nadie. Me parece importante precisar aquí que no estoy abogando por una salida de la sociedad industrial, un «éxodo fuera de Babi- lonia» (si empleamos el expresivo y profético lenguaje de un Ru- dolf Bahro). Además de inviable, este “éxodo” me parece indesea- ble. La primera pregunta a la que tendrían que responder quienes defienden esta perspectiva es: ¿qué hacemos con los miles de mi- llones de personas que sobran si hemos de retornar a una sociedad de eadorescrecolectores O a una agricultura de baja productivi- ad? 0, Nada de regresión a una sociedad preindustrial, por tanto. ¿Y qué hay de la anunciada transición a una sociedad posiadustrial «de la información»? Sin pre- tender en absoluto minimizar la importancia de los mucroprocesadores y la tele- mática (que la tienen, y mucha), hay que decir que una sociedad que se informa- tiza no por ello deja de ser industrial, por razones fácilmente comprensibles: no ¿Hacía una economía sustentable 247 ¿Pero sí que estoy convencido de la viabilidad de otra sociedad industrial, una sociedad industrial ecologizada, reconciliada con la ñaturaleza. Toda la perspectiva ecosocialista que propugnamos en “este libro gira en torno a semejante posibilidad. PASOS HACIA UNA ECONOMÍA SUSTENTABLE Se aprecia, pof consiguiente, que avanzar hacia una economía sus- telitable exige poner en marcha una meditada y ambiciosa trans- formación de las insostenibles sociedades industriales en las que vivimos hoy. Un programa de reconstrucción ecológica de la socie- ¿dad industrial en el Norte del planeta (y construcción de una so- ciedad industrial ecologizada en el Sur), o —si se quiere expresar lo:mismo de otra manera— de.ecologización estructural de la eco- nomía y de la sociedad discurriría según las líneas siguientes: + Las energías fósiles (carbón, petróleo, gas natural) están agotándose al mismo tiempo que desequilibran el clima del pla- feta, y tenemos inexorablemente que plantearnos el cambio de base energética de nuestra civilización industrial, La única econo- mía reproducible a largo plazo será la basada en las energías reno- vables (es decir: en último término, en el aprovechamiento diver- sificado del flujo inagotable de energía solar). Por eso necesitamos una “estrategia solar” para la salida de los combustibles fósiles y la energía nuclear, y la construcción de un sistema energético basado en las energías renovables (solar térmica y solar fotovoltaica, eó- comemos bits, no nos abrigamos con datos, y los ¡lujos de información no van a suprimir los desplazamientos físicos. De hecho, las teorizaciones sobre un su- puesto declive de la producción industrial en beneficio de las actividades de trata- mieato de la información parecen contaminadas por nuestro insultante ernocen- teismo occidental, que tan conspicuamento se olvida de pensar en el mundo como un todo: según datos de la OIT, en los países de la Ort el empleo industrial ha menguado (y ha crecido el cajón de sastre que es el sector servicios), pero en el comento del mundo el empleo industrial aumentó el 72% entre 1970 y 1995 (de- bido en buena parte a la rápida induscrialización de Asia), ¿Acaso si la produc ción industrial es made in Taiwan diremos que el corazón no la siente porque Jos ajos no la vieron, y las redes comerciales son largas? Una nueva esrrucruración de la producción mundial se consolida como realidad nada “virtual” sino muy tangible, pero eso no significa que el mundo abandone la era industrial, i 248 Ldeas para un programa ecosocialisa: lica, hidráulica, biomasa, etc) Los depósitos aún existentes de energías tósiles sólo hemos de considerarlos como una “red de ses guridad” mientras dure esa transición. EMERGÍA PARA UN MUNDO SOSTEMIBLE: A. LA ESTRATEGIA DEFENDUS A mediados de los años ochenta, un grupo multinacional de investi- gadores -—un brasileño, un sueco, un hindú y un norteamericario—s elaboró un estudio, Energy for a Sustainable Worid (Nueva Delhi, Wi- tey, 1988), que ha marcado un hito en. el campo dela energía y el desarrollo, Bautizaron la estrategia que própugnaban con las siglas DI dus: Developmenttooused, End-use-oriented, Service-directed. Sus propuestas podrían resumirse de la siguiente forma: reequilibrio Norte-Sur, satisfacción de les necesidades básicas de todos, «revo- lución de la eficiencia» y descentralización de los sistemas energét- cas. Goldemberg, Johansson, Reddy y Willlams observaban que la genie precisa ciertos servicios energóticos para cubrir sus necesida- des,.y no una ofería sobreabundante de energía comercial: por ello proponían sustituir ios «modelos de oterta» por modelos de gestión de la demanda. No podía abordarse la cuestión del suministro de energía sin tematizar al mismo tiempo los modelos de vida y de con- sumo en el Norte y en el Sur. Es posible una reducción drástica de la intensidad energética de las economías industriales. Los shocks de! petróleo en 1973-1974 y 1978-1979 hacían notar-— han roto la proporcionalidad: entre íncre- mento del pta e incremento del consumo de energía. En efecto, entre 1973 y 1985 el consumo de energía final por habitante bajó en los paí- ses de la oc0e el 6%, mientras que el pia por habitante crecía el 219%, Goldemberg, Johansson, Ready y Williams indican que «resulta invariablemente más económico ahorrar un kilowatio que producir un kilowatio. Asimismo, la generación de energía tan cerca del punto de consumo como sea posible minimiza los costes de transmisión y dis- tribución». Analizan detalladamente las mejoras potenciales en sea lores como el transporte, los edificios, la cocina, el alumbrado y la in- dustria, Cocinar, por ejemplo, a menudo supone una parte muy importante de la demanda energética en los países del Sur y se basa en un uso insostenible de la leña. Los autores resaltan la trá- gica ironía de que un campesino pobre de Tanzania consuma, al co- cinar con leña, treinta veces más energía que un japonés que cocina Hatía wma economía sustentable 249 'Són gas. Si las cocinas y los combustibles ineficientes se sustituyen por cocinas y combustibles más avanzados (como el gas en bom- boha), la eficiencia energética se incrementa drásticamente: se ab- tiene: “más con menos”, mejores servicios energéticos con menor gasto de energía. Basándose en táles premisas, nuestros autoras calculan un es- cenario energético para un mundo sustentable, En el año 2020 el 'onisumo total sólo sería el 10% más elevado que en 1988. Los par- ses industrializados del Norte consumirian la mitad de energía que en 1980 (3,2 kilowatios por persona y año en lugar de 8,3). En los páíses del Sur serconsumirían 1,3 kilowatios por persona y año (frente auno en 1980), pero el enfoque centrado en la eficiencia y el úso final de la energía permitiría alcanzar un nivel de vida similar al de Europa Occidental en los años setenta. B. EL ESTUDIO FOSSIL FREE ENERGY SCENARÍO DEL INSTITUTO DE MEDICO AMBIENTE DE ESTOCOLMO En 19983, él Instituto de Medio Ambiente de Estocolmo hizo público Un importante estudio (encargado por Greenpeace) que contenta un plan para la trensición a un sistema energético basado totalmente en las, fuentes renovables de energía. El marco temporal era de poco más de un siglo (se tomaban como base datos del año 1988 y se slargába la transición hasta el año 2100) y el espacial se extendía a todos los países de la Comunidad Europea. Este estucio muestra cómo prescindir totalmente de la energía nuclear hacia el año 2010 (momento en que el 28% del consumo de enesgía primaria estaría basado en fuentes renovabies), y cómo limitar tas emisiones de CO, a una tercera parte -de las actuales hacia ei año 2030 (en este mo- mento, las energías renovables proveerían aproximadamente el 60% 'del consumo de energía primaria). Al cabo de la transición, en el año 2100, el uso de combustibles fósiles y las emisiones de CO, serían nulas, y todo el sistema energético se basaría en las energías reno- vables (sobre todo la solar y la eólica, gue proporcionarían las tres cuartas partes del total). C. LA ENERGIA EÓLICA EN NAVARRA Y ahora, pasemos dé lo global y de las propuestas ecologistas a lo local y a los proyectos de instituciones políticas y grupos industriales con visión de futuro. En nuestro país, Navarra no se incluye entre tas zonas que tradicionalmente se consideraban más favorecidas en cuanto a la fuerza de sus vientos, Pero en cuanto se decidió investi- 250 Táleas pura un programe ecosocialista gar el asunto, apareció la sorpresa: los estudios emprendidos por el goberno de Navarra y la empresa Energía Hidroeléctrica de Navarra a partir de 1989 descunrieron un “yacimiento eólico” muy importante, más de 500 megawatios (esto es, casi la tercera parte del potencial eólico estimado para las zonas tradicionalmente “eólicas” de España, a saber: Canarias, Galicia, Cataluña y el Estrecho de Gibraltar). Con estos datos, se ha elaborado y puesto en marcha un plan de instalación de 100 mw eólicos en cinco años (1995-2000) distribui- dos en 6 u 8 parques eólicos, el primero de ellos instalado en la Sie- rea del Perdón, cerca de Pamplona. La inversión necesaria es de 16000 millones de pesetas la electricidad generada cada año val- drá unos 3 200 millones, con lo que los plazos de amortización son braves—, y tendrá como resultado la creación de al menos 300 puestos de trabajo estables (el 80% de tos aerogeneradores será de producción: local), más el efecto multiplicador corresoondiente sobre el tejido social e industrial local, más la ampliación previsible (la energía eólica es un secior de futuro que se halla en plena expan- sión). Con el cumplimiento de este plan ---que, recordémoslo, sólo aspira a aprovechar la quinta parte del potencial eólico navarro— el viento saminisirará el 10,5% de la esectricidad utilizada en aquella región, y las energías renovables en su conjunto proporcionarán ja mitad de la electricidad. La infraestimación sistemática de las posibilidades de las enor- gías renovables se debe a que en la mayoría de los casos no se han dado ni los primeros pasos pára estimar de forma realista su poten- cial de abastecimiento. * Nuestro sistema productivo no puede seguir tratando irres- ponsablemente el medio ambiente como un depósito inagotable de materias primas y como un vertedero de interminable capacidad para nuestros desechos y contaminaciones: ninguno de los dos supuestos responde a la realidad. Necesitamos “cerrar los ciclos”, es decir, estructurar el sistema productivo según líneas de prodmc- ción limpia que; a) minimicen el consumo de recursos naturales, especialmente los no renovables; b) minimicen la expulsión de contaminantes; c) se “encadenen” de tal modo que los residuos de un proceso productivo sean materia prima para algún otro pro- ceso (ahondaremos en estas ideas en Al capítulo 6 de esta segunda parte). Hoy es posible producir lo suficiente como para cubrir las necesidades básicas y lograr un nivel razonable de bienestar para todos con un impacto mínimo sobre el medio ambiente. Hacia una economía sstentable APROVECHAMIENTO DE LOS RESIDUOS ORGÁNICOS «Además. del reciclado y la reutilización de vidrio, metal y pape:, sé darán también los pasos necesarios para reutilizar las materias orgá- nicas. Algunas ciudades japonesas, chinas y surcoreanas son ejem- plares en este sentido. En estos paises, los desperdicios humanos orgánicos se emplean sistemáticamente para abonar huertos situa- dos alrededor de la ciudad, donde se cultivan frutas y verduras todo el año (en invierno dentro de invernaderos o bajo cubiertas plásti- cas). El mejor ejemplo parece ofrecerio Sanghal. después de ha- berse ampliado modestamente jos límites de la ciudad, para posibili- far el reciciado de tas aguas residuales, la ciudad produce hoy en día un excedente de verduras exportabie. Otras ciudades probablemente preterirán emplear las aguas fe- cales humanas, procesadas, para terillizar plantas de acuicultura, Un flujo permanente de nuirientes desde los desechos humanos hasta los estanques puede proporcionar alimento a poblaciones de algas que crecerán vigorosamente y a su vez serán consumidas por los peces. En Calcuta, un sistema de acuicultura nutrido por aguas residuales proporciona actualmente 20 000 kilos diarios de pescado fresco que se vende en la ciudad. En una sociedad con escasez de proteínas, tal procedimiento, a imagen y semejanza del reciclado de nutrientes. en la naluraleza, puede eliminar un grave problema de ba- surás-y ai mismo tiempo crear vallosos recursos alimenticios. Cuando dentro de cuarenta años se haya aprovechado todo el potencial de reciclado, los desechos orgánicos de los jardines se transtormarán en abono en lugar de tirarlos a la basura. El compos- taje, demasiado caído en el olvido actualmente, no sólo disminuye la cantidad de desperdicios, sino que proporciona grandes cantidades de humus. para el jardín y. de este modo permite reducir el empleo de abonos químicos. Reduciendo sistemáticamente la cantidad de desperdicios y reutilizando los materiales restantes, tas necesidades vitales de un número creciente de seres humanos podrán satista- Corse sin destruir los fundamentos de la vitalidad de la Tierra». Lester R. Brown, Christopher Plavin y Sandra Postel, «Es- bozo de una sociedad ecotógicamente compatible», llentras Tanto, núm. 49, Barcelona, 1992, p. 53. * Tiene carácter instrumental para lograr los dos objetivos am- teriores (transición hacia las energías renovables y producción limpia) la necesaria revolución de la eficiencia a la que ya antes 254 Ideas para xn programa ecosocialista de la productividad, manteniéndose el bienestar y el nivel de vida en los palses ricos, y cón crecimiento económico constante en las re- giones pobres. Una eficiencia energética semejante permitiría pro- veer la energía para todo el mundo desde fuentes renovables de base solar: radiación solar directa, viento, Ridroelectricidad o bio- masa. [...] Estudios del Departamento de Energía de EE UU estiman que en el plazo de 40 años el país podría obtener entre el 57% y el 70% de la energía total -que emplea actualmente del sol, viento agua, geotermia y biomasa. Puesto que al menos la mitad de ia energía que eí país usa actualmente podría ahorrarse con una estra- tegía de mayor eficiencia, eso quiere decir que es posible un futuro basado en la energía totalmente renovabiez. Donella H. Meadows, Dennis L. Meadows y Jorgen Ran- ders, Más allá de los fímites del crecimiento, ob. olt., pp. 108-109 €. APROVECHAMIENTO DE LA MADERA «Si se elevara la eficiencia de las industrias madereras de EE UU, primer consumidor de madera del muado, hasta alcanzar poco me- nos que el nivel japonés, por ejemplo, se reducirían sus necesidades de esta materia prima en aproximadamente una cuarta parte. En conjunto, tos métodos viabies. de reducir desperdicios, el aumento de ¡a eficiencia de fabricación y el reciclado de más papel podrían reducir el consumo estadounidense de madera a la imitad; y si se lle- vara a cabo un esfuerzo serio para poner a punto nuevas técnicas de ahorro de madera, tal consumo podría reducirse aún más». Sandra Postel, «Capacidad de carga: los mínimos de. la: Tierra», ob. cil, p. 42. + Tres sectores tienen una importancia central para la recons- trucción ecológica de la sociedad industrial: agricultura, trans- porte e industria química, Necesitamos impulsar la transición desde los actuales sistemas de agricultura industrial hacia una agri- cultura sustentable, mucho menos intensiva en energías no reno- vables y agroquímicos, que asegure la producción de alimentos, respete la biodiversidad y cree nuevas relaciones entre el campo y la ciudad. Hacia una economía sustentable 255 LA TRIPLE INSOSTENIB:LIDAD DE NUESTROS SISTEMAS AGROPECUARIOS IMDUSTRIALES + Cuando consumimos productos agrícolas o catre, la mayoría de la energía bloquímica que ingerimos no procede del sal, sino del petróleo. «En México, según la información facititada por la Funda- ción Xochicalli, hay que utilizar 19 000 kilocalorías para poner 2 200 kilocalorías sobre la mesa. Desde otro punto de vista, el total de energía consumida en transportar alimentos a México es casi iguel a la energía lotal requerida por el sector primario para la producción de alimentos. El hecho de que tales situaciones hayan sido conside- radas positivas constituye, indudablemente, una aberración concep- tual» (Manfred Max Neef citado por Alexander King y Bertrand Suh- nielder en La primera revolución giobalInforme dei Consejo al Club de Roma). Mientras que la agricultura intensiva tradicional china le- gaba a alcanzar rendimientos de 50 a í y la tracicional agricultura cerealista castellana de 20 a 1, la agricultura industrial española ac- tual sólo alcanza en promedio 0'8 a 1: es decir, su balance energé- tico es negativo (Jesús Alonso Millán en Una tierra abierta. Materia: les para una historia ecológica de España). + Cuando comemos came de animales criados con productos agrícolas que podríamos consumir directamente (éste no es el caso de los rumiantes criados extensivamente an pastizales), perdemos en- tre el 70 y el 95% de la energía bloguímica de las plantas. El 40% de los cereales del mundo y más de la tercera parte de las capturas pesqueras se emplea para alimentar la cabaña ganadera de los pal- ses del Norte. «La producción de carne está detrás de una parte im- portante de las tensiones ambientales producidas por el actual sis- tema agrícola mundial, desde la erosión del suelo al bombeado excesivo de aguas subterráneas. En el caso extrema del ganado va» cuno norteamericano, la producción de un kilo de bistec requiere 5 kilos de grano y el equivalente energético de 9 litros de gasolina, y eso sin tener en cuenta la consiguiente erosión del suelo, el con- sumo de agua, la difusión de pesticidas y fertilizantes, el agota- friiento de las aguas subterráneas y las emisiones de metano, un gas de.efecto invernadero» (Alan T. During, «¿Cuánto es suficiente?», en La situación en el mundo 1991). * La dieta corriente en los países del Norte, además de poco sa- ludable, no es generalizable al conjunto del planeta. En 1990, para alimentar a los más de 5300 millones de habilantes del planeta, se contó con una cosecha de 1780 millones de toneiadas de cereales. Supuesta una distribución igualitaria, con esta cantidad hubiesen po- dido alimentarse suficientemente 5 900 millones de personas; pero 256 Ldleas para un programa vcosorialista con el nivel de consumo per cépita de Europa occidental (especial- mente el consumo de came), sólo 2900 millones. En el mundo real sin distribución igualitaria (y con pérdidas de cerca del 40% entre la cosecha y el consumo). aproximadamente la quinta parte de la huma- nidad padece desnutrición y hambre. La reforma de los sistemas de transporte dará priotidad abso- luta al transporte sobre raíles y en bicicleta frente a automóviles y aviones, Es preciso también “desquimizar” selectivamente nues- tras sociedades industriales y avanzar hacia una química “blanda” que opere sólo con sustancias no tóxicas y fácilmente biodegrada- bles. + Una economía sustentable será en buena medida una ecomo- mía antocentrada, productora más para la demanda interna y los mercados locales que para el mercado mundial. Se buscarán los máximos grados de autosuficiencia posible (sobre todo en lo que atañe a la satisfacción de las necesidades básicas) sin pretender la imposible autarquía. La estrátegia de autonomía económica local exige una desconexión parcial de los mercados mundiales. + De manera general, resulta imposible regular el metabo- lismo global entre humanidad y naturaleza sin gobernar el pro- ceso de cambio técnico. Necesitamos introducir, en múltiples niveles, mecanismos de selectividad tecnológica atendiendo a cxi- rerios ecológicos y sociales. El programa cuyas líneas maestras he esbozado con brevedad (y muchos de cuyos aspectos desarrollaré en capítulos posteriores de este libro) es realista y puede a continuación seguir concretándose en una multitud de propuestás y programas sectoriales, sólidos y bien argumentados, que ya existen o están actualmente en curso de elaboración. Lo que resulta completamente irrealista —utópico en el sentido peyorativo de la palabra-—- es seguir apostando ciega- mente por un sistema económico que se autodestruye, y que mu- cho antes de que ese proceso se consume quizá se haya llevado ya por delante a muchos de nosotros y haya devastado irreversible- mente nuestro hogar, nuestro ofkos: la insustituible biosfera den- to de la cual vivimos. Hacia na economía sustentable 257 DESARROLLO SOSTENIBLE: LA LUCHA POR LA INTERPRETACIÓN Hasta.aquí he venido hablando de sustentabilidad en lugar de desarrollo sostenible, y con ello he aplazado una polémica. En efecto, el concepto de desarrollo sostemible —gue ya aparecía en la declaración de Coyococ sobre medio ambiente y desarrollo a principios de los setenta, y que fue acuñado definitivamente en el informe Nuestro futuro comián de la Comisión Mundial para el Medio Ambiente y el Desarrollo de la onu B— es en la actualidad un concepto omnipresente, pero al mismo tiempo objeto de una intensa polémica, Hay que decir que ésta pone en entredicho más bien el desarrollo que la sustentabilidad. El Banco Mundial clama por la sostenibilidad del desarrollo, el Quinto Programa Comunitario de Medio Ambiente de la Unión Europea se titula «Hacia un desarrollo sostenible», la ONU creó una Comisión de Desarrollo Sostenible tras la conferencia de Río de Janeiro —sobre desarrollo sostenible— en 1992, el go- bierno español organizó en 1994 una Comisión Nacional para el Desarrollo Sostenible, las comunidades autónomas de nuestro país se proponen desarrollarse sosteniblemente, el Programa de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (PNUMA) y organis- mos internacionales como la UICN piden desarrollo sostenible, a Josep Borrell o a Isabel Tocino no se le cae de la boca la palabreja, importantes multinacionales se agrupan en un Consejo Empresa- rial por un Desarrollo Sostenible... Cuando le salen semejantes abogados al desarrollo sostenible, no es sorprendente que el mo- vimiento ecologista se pregunte si no será mejor promocionar Otras ideas menos ocupadas por el poder, Nunca se repetirá lo suficiente que no es posible el crecimiento material indefinido dentro de una biosfera finita, y que global- mente hemos sobrepasado ya los límites al crecimiento? A escala mundial lo que necesitamos es desarrollo sín crecimiento (cuanti- tativo), y en última instancia ésta cs la única definición breve de 1% Se traca del llamado "informe Brundtland” según el apellido de la primera ministra noruega que presidió la comisión. CCMMAD, Niestro futuro común, Mar drid, Alianza, 1988. % Donella H. Meadows, Dennis L, Mcadows y Jorgen Randers, Más allá de los límitas del crecimiento, Madrid, El País/ Aguilas, 1992, 266 Ideas para un programa ecosocialista por la interpretación: democracia participativa, radical, sustantiva, económica, etc. Perciben —erco que adecuadamente— que resulta- ría difícil árticular con coherencia un discurso político emancipador sia el concepto de democracia. Pues bien: la importancia de la no- ción de sustentabilidad es parecida, y por las mismas razones soy partidario más bien de dar la baralla por la interpretación que de abandonar el concepto a sus presuntos ocupantes. CONSIDERACIONES FINALES SOBRE CRECIMIENTO Y DESARROLLO Nada físico puede crecer indefinidamente, y en particular es im- posible el crecimiento material indefinido dentro de una biosfera finita. Más de un biólogo ha señalado que el crecimiento por el crecimiento, el crecimiento como fin en sí mismo, es la ley del tu- mor canceroso. Los economistas convencionales, pese a su retó- rica ocasional, no se preocupan suficientemente por optimizar: tienden pertinazmente a maxbnizar todo la maximizable, En par- ticulax, la importantísima cuestión del tamaño óptimo del sistema socioeconómico en relación con la biosfera que lo contiene cac fuera de su atención, De nuevo resulta pertinente la acotación de Daly, a quien tanto hemos fatigado en este ensayo: El crecimiento es incremento cuantitativo de la escala física; el desarrollo, la mejora cualitativa o el despliegue de potencialidades. Una economía puede crecer sin desarrollarse, o desarrollarse sin crecer, o ambas cosas, O ninguna, Puesto que la economía haxaana es un subsistema del ecosis- tema global finito que no crece, aunque se desarrolle, está claro que el crecimiento de la economía no puede ser sostenible en un período largo de tiempo. El término crecimiento sostenible debe rechazarse como na mal apaño. El término desarrollo sostenible es mucho más adecuado. El desarrollo cualitativo de sistemas que no crecen ha sido observado du- rante largos períodos de tiempo”. 2 Y eso que los fenómenos de rendimientos decrecientes y de economías de escala les son famibares a los economistas. En principio, se diría que para cada fe- nómeno económico debería existir un tamaño óptimo: por encima se tendrían zendimientos decrecientes, por debajo estarían las economías de escala. ' Daly, «Criterios operativos para el desarrollo sostenibles, art. cit, Batia esa economía sstentable 261 Una forma muy gráfica de ver la diferencia entre crecimiento y desarrollo es preguntarnos cómo los medimos, Nadic pondrá en duda que el índice que mide el crecimiento económico es el PNB (o el PIB), pero pocos sostendrán hoy en serio que estas maguitudes de la Contabilidad Nacional resultan adecuadas para medir el des- arrollo, Diversas propuestas de reforma de la Contabilidad Na- cional han sugerido nuevos índices para la medida del desarrollo (cuestión que nos ocupará en el capítulo 5 de esta segunda parte). Uno de los más interesantes es el ingreso bicksiano (bautizado se- gún el nombre del economista John Hicks) propuesto por Daly”. Este índice se calcularía sustrayendo del Producto Nacional Neto los Gastos Defensivos y la Depreciación del Capital Natural: 1H= PNN— GD - DON donde a'su vez el Producto Nacional Neto resulta de sustraer la depreciación del capital humano al PMB. Así, este ingreso hick- siano que calculamos restando al PNB la depreciación del capital humano y del capital natural y los gastos en que incurrimos para prevenir y reparar los daños producidos por la actividad econó- mica es una medida del ingreso “sustentable”: lo que podemos consumir sin empobrecernos. Un muy plausible índice para el desarrollo que siempre arrojará valores menores que el índice que mide el crecimiento (pues no es posible producir sin “extérnalida- des”, sin depreciación del capital sin cierto impacto sobre los eco- sistemas). De poco (o nada) servirán las reformas para “e ologizar” la producción, y muy particularmente las mejoras en eficiencia, si no se frena el crecimiento material de nuestras sociedades sobredcsa- rrolladas, Como la historia de los dos decenios pasados prueba elocuentemente, de nada sirve mejorar la eficiencia energética o el ahorro de materiales un 1 ó un 2% anual si el objetivo económico sigue siendo crecer un 3% ó un 4% anual: en tales condiciones el impacto devastador sobre la biosfera seguirá aumentando. Por ejemplo, no servirá de nada reducir a la mitad las emisiones conta- minantes de cada automóvil individual si al mismo tiempo se du- plica la distancia total recorrida por el parque automovilístico: 2% HE. Daly y ]. B. Cobb, Para el bien comun, ob. cit, pp. 71-73. ¿ 262 Ideas para ¡um programa ecosocialista esto es precisamente lo que ocurrió en EE UU entre 1965 y 19903, y el ejemplo parece paradigmático. La mejora de la eficiencia, en sí misma y sin intervenir en los otras elementos del problema, puede de hecho contribuir a agra- var la situación a medio plazo. Por ejemplo, mejorar la eficiencia con que los automóviles emplean el combustible —en ausencia de otros cambios, por ejemplo de los impuestos que gravan los com- bustibles y de la oferta de transporte público-=— abarara el trans- porte automovilístico, y ello puede aumentar el consumo energé- tico global de este sector. Le que no puede crecer más (y tiene que decrecer) es el im- pacto ambiental global de las actividades humanas, la escala física de la economía humana, la circulación de materias primas y tner- gía a través de nuestro sistema productivo, la insostenible rapidez con que estamos transformando la materia-encrgía de baja entro- pía en materia-energía de alta entropía. No se trata de «conciliar desarrollo y medio ambiente», como reza la fórmula mágica a la que se aferran hoy los productivistas (si fueran más honrados ex- plicitarían que lo que desean conciliar es el crecimiento econó- mico y la contención del daño ambiental). Lo que se trata de con- ciliar es la sustentabilidad ecológica con la satisfacción igualitaria de las necesidades y deseos de las personas, empezando por las necesidades básicas de los más pobres. Nuestro objetivo tiene que ser detener selectivamente el creci- miento material en nuestras sociedades sobredesarrolladas: lo cual está muy lejos de cquivaler a detener el desarrollo humano, no implica ni siquiera que no crezcan magnitudes contables como el PIB o el PNB, y desde luego no implica tampoco que no deba darse crecimiento material en el Sur expoliado y empobrecido. 2 Lester R. Brown y otros, La salvación del ploneta, Barcciona, Apóstrofe, 1992, p, 113, 3. PLANES Y MERCADOS EN UNA SOCIEDAD ECOSOCIALISTA «AlK donde haya una economía libre los hombres son escla- os, y no hay más posibilidad de hacer al hombre libre que haciendo a la economía esclava». Fernando DE LOS RÍOS, 1929. «La tesis defendida aquí es que la idea de un mercado que se regula a sí mismo era una idea puramente utópica. Una ins- titución como ésta no podría existir de forma duradera sin aniquilar la sustancia humana y la naturaleza de la sociedad, sin destruir al hombre y sin transformar su ccosistema en un desierto». Karl POLANYL 1944, «El mercado como guía de la eficacia cconómica y de la efectividad es una cosa. El mercado como nico mecanismo de distribución de los recursos de una economía, tal y como lo ven los fanáticos del reaganismo y del thatcherismo [...), es otra muy diferente, Produce desigualdad tan natural mente como los combustibles fósiles producen contamina ción del aire». Eric HOBSBAWM, 1991, SOBRE 1.A DEFINICIÓN DE SOCIALISMO A mi modo de ver, la nota fundamental en el concepto de socia- lismo es aspiración a la igualdad social*: no en el sentido de desa- Y Puede consultarse al respecto: Francisco Fernández Buey, «Ideas para un enfoque socialista ecológicamente fundamentado», Mientras Tanto, núm. 50, Barcelona, 1992. Joaquim Sempore, «Algunas propuestas alternativas», Mientras Tanto, núm. 50, Barcelona, 1992. Raymond Williams, «Hacia muchos socialis- mosw, Mientras Tanto, núen. 54, Bareclona, 1993. Robin Blackburn (comp.), Des-