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Tema 16 historia universal, Apuntes de Historia antigua

Tema 16 de la asignatura Historia Universal de la Carrera Historia del Arte. Sacado del libro ''Breve historia de Occidente''.

Tipo: Apuntes

2018/2019

Subido el 14/01/2019

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Historia Universal
Tema 16: Plenitud expansión medievales, mediados siglo XI - fines siglo XIII:
presiones sobre calificativos globalizadores.
A) La expansión de Europa: economía, sociedad y política en la Alta Edad Media, 1000 -
1300.
16.1. Introducción.
Entre los años 1000 y 1300, el equilibrio de poder entre Europa occidental, Bizancio y el
mundo islámico cambió de forma radical. En el año 1000 Europa permanecía fracturada
políticamente y se veía amenazada por los ataques militares de los vikingos, los húngaros y
los musulmanes. Aunque los pueblos crecían, nadie podía competir contra el tamaño o
refinamiento del Bizancio o del mundo islámico y por otro lado, además de la dependencia de
los comerciantes bizantinos e islámicos.
Sin embargo, en el año 1300 Europa ya era la potencia dominante militar, económica y
políticamente de las tres civilizaciones occidentales. Hungría, Polonia y Bohemia se había
integrado en el mundo europeo católico ya que los europeos, adoptaron la combinación de
conquista y conversión. Posteriormente llegaron hasta Prusia, Lituania, Livonia y los
Balcanes. Habían conquistado la península Ibérica a los musulmanes y Constantinopla a los
bizantinos y sus flotas controlaban el mar Mediterráneo e incluso tenían avanzadillas en el
Mar Negro y en el Caspio abriendo así también rutas comerciales hacia Asia.
A esta expansión del comercio europeo, tanto local como de larga distancia, la acompañó una
urbanización considerable. La economía también creció, incluso con mayor velocidad, lo que
produjo un incremento de la riqueza per cápita y la mejora de los niveles de vida (aunque no
llegaran a todo el mundo). Con esto, se produjo una mayor estratificación social e impulsó
notablemente nuevas transformaciones religiosas, culturales e intelectuales.
No todo este crecimiento resultó sostenible. En 1300, los niveles de vida de muchos europeos
empezaron a descender cuando la región se acercó a los límites demográficos de sus recursos
naturales y la hambruna, la guerra y la peste redujeron la población europea al menos un
tercio, y transformaron de forma fundamental el orden económico, político y social de la Alta
Edad Media. Sin embargo, a pesar de estos contratiempos, el predominio que Europa
occidental había establecido sobre Bizancio y el mundo islámico durante esta era perduraría,
y proporcionaría así los cimientos sobre los que se construirían los imperios del mundo
europeo de la era moderna.
16.2. La primera revolución agrícola.
La economía de Europa occidental en la Edad Media se basaba en la agricultura, pero los
cambios entre los años 700 y 1300 fueron arrolladores y sus consecuencias, profundas:
incremento de la productividad y del comercio que llevó a una especialización de la
producción.
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Historia Universal

Tema 16: Plenitud expansión medievales, mediados siglo XI - fines siglo XIII:

presiones sobre calificativos globalizadores.

A) La expansión de Europa: economía, sociedad y política en la Alta Edad Media, 1000 -

16.1. Introducción.

Entre los años 1000 y 1300, el equilibrio de poder entre Europa occidental, Bizancio y el mundo islámico cambió de forma radical. En el año 1000 Europa permanecía fracturada políticamente y se veía amenazada por los ataques militares de los vikingos, los húngaros y los musulmanes. Aunque los pueblos crecían, nadie podía competir contra el tamaño o refinamiento del Bizancio o del mundo islámico y por otro lado, además de la dependencia de los comerciantes bizantinos e islámicos.

Sin embargo, en el año 1300 Europa ya era la potencia dominante militar, económica y políticamente de las tres civilizaciones occidentales. Hungría, Polonia y Bohemia se había integrado en el mundo europeo católico ya que los europeos, adoptaron la combinación de conquista y conversión. Posteriormente llegaron hasta Prusia, Lituania, Livonia y los Balcanes. Habían conquistado la península Ibérica a los musulmanes y Constantinopla a los bizantinos y sus flotas controlaban el mar Mediterráneo e incluso tenían avanzadillas en el Mar Negro y en el Caspio abriendo así también rutas comerciales hacia Asia.

A esta expansión del comercio europeo, tanto local como de larga distancia, la acompañó una urbanización considerable. La economía también creció, incluso con mayor velocidad, lo que produjo un incremento de la riqueza per cápita y la mejora de los niveles de vida (aunque no llegaran a todo el mundo). Con esto, se produjo una mayor estratificación social e impulsó notablemente nuevas transformaciones religiosas, culturales e intelectuales.

No todo este crecimiento resultó sostenible. En 1300, los niveles de vida de muchos europeos empezaron a descender cuando la región se acercó a los límites demográficos de sus recursos naturales y la hambruna, la guerra y la peste redujeron la población europea al menos un tercio, y transformaron de forma fundamental el orden económico, político y social de la Alta Edad Media. Sin embargo, a pesar de estos contratiempos, el predominio que Europa occidental había establecido sobre Bizancio y el mundo islámico durante esta era perduraría, y proporcionaría así los cimientos sobre los que se construirían los imperios del mundo europeo de la era moderna.

16.2. La primera revolución agrícola.

La economía de Europa occidental en la Edad Media se basaba en la agricultura, pero los cambios entre los años 700 y 1300 fueron arrolladores y sus consecuencias, profundas: incremento de la productividad y del comercio que llevó a una especialización de la producción.

  • Avances tecnológicos: El nuevo arado, el hierro, las carretillas y los molinos, tanto de agua, de viento o de grano, posibilitaron el aumento de productividad en la agricultura. Estos cambios no se habían producido hasta el siglo XI debido, posiblemente, al cambio climático y la mayor seguridad física. Tras la demanda creciente de productos alimenticios estaban los dos factores económicos fundamentales que impulsaron la economía altomedieval: un rápido aumento demográfico y un mercado cada vez más eficaz.

  • Señorío, servidumbre y productividad agrícola: En Inglaterra, el uso creciente del arado pesado con ruedas coincidió con un cambio fundamental en los patrones de asentamiento de los campesinos. Durante la Alta Edad Media, la mayoría de las familias campesinas libres vivía en parcelas individuales de tierra. Sin embargo, desde el siglo IX muchas de esas parcelas empezaron a fusionarse en campos comunes mayores dando paso al ‘’señorío’’. Los campos comunes eran en potencia más productivos a la par que económicos. A pesar de estas ventajas para el campesinado, los que sacaron provecho fueron los señores ya que las podían controlar y explotar más fácilmente. Les permitía reclamar una parte mayor de la producción agrícola de sus campesinos y, en muchos señoríos, los campos comunes se dividían en estrechas franjas asignadas a los campesinos: por cada una se tenía que pagar arrendamiento al señor y sus beneficios. Sin embargo, además de estas rentas, la mayoría de los señores reclamaba de un tercio a la mitad como posesión propia para su uso privado. Para cultivar esta tierra que retenían para sí, los señores imponían o aumentaban servicios de labranza a los campesinos, lo que reducía a siervos a muchos de ellos. Éstos siervos no podían abandonar su tierra o a su señor sin permiso y trabajaban de forma regular y sin sueldo pagando, además, multas humillantes.

  • Nuevos sistemas de rotación de cultivos: Desde la perspectiva de la productividad agraria, la mayor ventaja del sistema señorial era el hecho de que posibilitaba la adopción de nuevos sistemas más eficaces de rotación de cultivos. Si sembraban el mismo cultivo en la misma tierra un año tras otro, acabarían agotando el suelo. La solución tradicional era dividir la tierra, plantando la mitad en otoño para cosechar en primavera y dejando la otra mitad en barbecho. Sin embargo, en los suelos húmedos y fértiles del norte de Europa, los agricultores descubrieron que un sistema de rotación de cultivos de tres campos podía producir un incremento sostenible en la producción. Con este sistema, se proporcionaba cierta seguridad contra la pérdida por desastres naturales y la aparición de nuevos alimentos como la avena o las legumbres. Además posibilitó sostener más animales y más sanos, lo que aumentaba el rendimiento y suponía una fuente adicional de proteínas en la dieta humana.

  • La servidumbre y los límites del señorío: El sistema de señoríos se limitó a Inglaterra, el norte de Francia y Alemania occidental. Además, incluso en estas zonas empezó a venirse abajo a finales del siglo XII, cuando los señores comenzaron a conmutar los servicios de labranza por pagos en efectivo, a liberar a sus siervos y a vivir de las rentas. Las razones del declive de la servidumbre empiezan cuando la economía se fue volviendo más monetaria. Además, en las circunstancias inflacionistas del siglo XIII, los señores que no podían aumentar las rentas que pagaban sus campesinos, sufrían marcados descensos en sus ingresos reales llevando así a varias crisis económicas.

  • Las poblaciones: Existían en relación con el campo que las rodeaba; proporcionaban mercados y artículos mientras se alimentaban de los excedentes y se extendían por la inmigración constante de campesinos libres y siervos huidos en busca de una vida mejor. Una vez que las ciudades comenzaron a florecer, muchas de ellas se especializaron en ciertas iniciativas. Las industrias urbanas más importantes fueron las dedicadas a la fabricación y acabado de lana. La mayor parte de la fabricación urbana la realizaban artesanos particulares en talleres pequeños de su propiedad, cuya producción la regulaban asociaciones profesionales conocidas como gremios. En general, sólo a los maestros artesanos se les permitía ser miembros plenos con voto de un gremio. Como resultado, los gremios solían fomentar los intereses de sus miembros más ricos intentando conservar los monopolios y limitar la competencia. También controlaban los precios y salarios, prohibían el trabajo fuera de horas y formulaban regulaciones que regían los métodos de producción y la calidad de los materiales. También desempeñaban funciones sociales. Los comerciantes también fundaron gremios, y en algunas ciudades llegaron a ser tan poderosos que la pertenencia a uno de ellos se convirtió en un prerrequisito para tomar parte en el gobierno municipal; pretendían mantener el monopolio del mercado local para sus miembros, restringían la competencia y obligaban a cumplir unos precios uniformes. Las sociedades vivían en un estado antihigiénico y con muchas enfermedades.

16.4. Bizancio, el islam y las cruzadas.

Cuando el poder del califato abasí declinó durante los siglos IX y X, el Imperio bizantino se expandió ya que a mediados del siglo IX, la posición de Bizancio todavía era precaria. Hacía poco que una flota musulmana había tomado Sicilia y Creta; la inmigración eslava pagana en los Balcanes estaba disminuyendo el control bizantino en esa región; la presión musulmana sobre las fronteras orientales del imperio continuaba íntegro; y un nuevo enemigo había surgido en los saqueadores y comerciantes vikingos que se habían establecido junto a los sistemas fluviales rusos que vertían al mar Negro y al Caspio. Las conexiones comerciales más importantes de los rus eran con los abasíes, pero también conocían el camino hasta Constantinopla: en el año 860, una flota rus navegó por el mar Negro y la saqueó estando en manos de los bizantinos.

16.4.1. El resurgimiento bizantino.

Sin embargo, en 1025 la posición de Bizancio ya se había transformado: los misioneros convirtieron a los eslavos de los Balcanes al cristianismo ortodoxo siguiéndole de inmediato la conquista militar. En ese mismo año, cuando el emperador Basilio II murió, los bizantinos habían anexionado a su imperio Grecia, Bulgaria y la actual Serbia. Asimismo, habían forjado una alianza militar y comercial con el reino rus occidental establecido en torno a Kiev.

En el 911 los rus tomaron parte en el ataque de la flota bizantina a la Creta musulmana, luego establecieron un tratado comercial, y años más tarde los bizantinos recurrieron al príncipe de Kiev, para pedirle tropas que necesitaba para ganar una guerra civil contra su rival imperial: un miembro de la nobleza cada vez más poderosa de las fronteras orientales del imperio.

A cambio de su ayuda, Basilio le entregó la mano de su hermana y Vladimir y su pueblo aceptaron bautismo para entrar en la Iglesia ortodoxa.

Entre los años 930 y 970, los bizantinos también lanzaron una serie de victoriosas campañas a lo largo de sus fronteras oriental y suroriental con los abasíes y reconquistaron territorios, cuya religión seguía siendo la cristiana ortodoxa. Sin embargo, los armenios y sirios poseían sus tradiciones cristianas características que estaban en pugna con la Iglesia de Constantinopla y la incorporación de estos herejes, amenazaba los cimientos de ésta.

Sin embargo, lo más importante fue que las conquistas orientales aumentaron mucho el dominio de las familias nobles locales que las dirigieron y crearon por primera vez un centro de poder dentro del imperio que se encontraba fuera de la capital. Las tensiones y rivalidades entre estas familias nobles orientales y las autoridades imperiales agitaron la política durante el siglo X. Tras un fallido golpe de estado encabezado por el jefe de una de las familias, el emperador Basilio II suprimió a las principales, además de redirigir el poderío militar bizantino a Occidente hacia Bulgaria, que conquistó con la ayuda de una fuerza naval veneciana. Después de la muerte de Basilio, el trono imperial pasó a una serie de parientes ancianos e incompetentes. En el vacío de poder resultante, las familias nobles militares llegaron a dominar cada vez más el campo, mientras que en la corte disminuían los ingresos a la vez que aumentaban los gastos. Para pagar las facturas, rebajaron la moneda de oro bizantina, con lo que socavaron el comercio. E En 1081, cuando las familias potentadas orientales triunfaron y colocaron a Alejo Comneno en el trono, el Imperio Bizantino ya estaba debilitado como potencia mediterránea.

16.4.2. La invasión de los turcos.

A finales del siglo XI Bizancio arrastró nuevas amenazas procedentes de varios frentes. El creciente poder del Egipto fatimí estaba comenzando a reducir los ingresos bizantinos, pero lo más desastroso era que había emergido una nueva potencia musulmana en Asia, los turcos selyúcidas, que empezaban a trasladarse a Asia Menor, el verdadero núcleo central del Imperio bizantino. Cuando los turcos tomaron Armenia, el emperador intentó expulsarlos; pero las familias nobles orientales le negaron su apoyo, y en la decisiva batalla de Manzikert el ejército imperial fue aniquilado. Ahora los turcos tenían libre el camino para hacerse con toda Anatolia.

En el mismo año, otro grupo turco conquistó Jerusalén y devolvió la Ciudad Santa al control suní. Antes de que hubieran transcurrido cinco años, casi toda Siria y Asia Menor se hallaban en manos turcas. Casi al mismo tiempo, estalló una rebelión organizada por los eslavos de los Balcanes, lo que mermó más la hacienda del Imperio bizancio. Sin embargo, en la década de 1090 Alejo Comneno había recuperado esta hacienda y restaurado el control bizantino sobre los Balcanes, y planeaba una campaña contra los trucos. Para reclutar una fuerza de caballería pesada, envió una petición al papa Urbano II, pero éste antes de un año había puesto en movimiento un vasto ejército cruzado con el objetivo de recuperar la Ciudad Santa de Jerusalén para la cristiandad.

Sospecharon que esta exigencia era una traición, y se convirtió en certeza cuando los suministros que esperaban de Constantinopla durante el viaje no se materializaron. Desde el punto de vista de Alejo, el ejército constituía una amenaza, pero los cruzados consideraban que cumplían una misión de Dios. No entendían la disposición del emperador bizantino a esteblecer alianzas con algunos gobernantes musulmanes contra otros gobernantes musulmanes, y llegaron a la conclusión de que los bizantinos pretendían socavar el esfuerzo de la cruzada apoyando a los musulmanes contra ellos. Dichas sospechas incrementaron la creencia de que el imperio bizantino era un obstáculo para la recuperación de Jerusalén para la cristiandad.

En contra de todos los pronósticos, la primera cruzada fue un triunfo. En 1098 los cruzados tomaron Antioquía y la mayor parte de Siria. A finales de 1099 conquistaron Jerusalén, debiendo su victoria sobre todo al hecho de que los rivales musulmanes se hallaban divididos por rencillas internas. También resultó crucial el apoyo naval de Génova y Pisa (que esperaban que una victoria les permitiera controlar el comercio de especias indias que pasaba por el mar Rojo para llegar hasta Alejandría). En este sentido, la primera cruzada contribuyó a un mayor declive del comercio bizantino y al cambio en el equilibrio de poder entre Bizancio y Occidente.

16.4.4. Las cruzadas posteriores.

La primera cruzada no tuvo ningún gran impacto en el equilibrio de poder entre el islam y Occidente. El reino de los cruzados nunca llegó a ser más que una estrecha franja de colonias poco pobladas a lo largo del litoral de Siria y Palestina y tampoco intervinieron en las rutas de caravanas que pasaban por sus territorios. Sin embargo, para los musulmanes, la pérdida de Jerusalén constituyó mucho más una afrenta religiosa que económica, y fue por ello que planearon una recuperación.

En el año 1144 la mayoría de los principados cruzados en Siria ya se había reconquistado y cuando los guerreros cristianos llegaron a Oriente en la segunda cruzada para recuperar lo perdido, estaban demasiado divididos entre sí para obtener alguna victoria. No mucho después, Siria y Egipto se unieron bajo el gran dirigente musulmán Saladino, quien por fin reconquistó Jerusalén en el 1187. En respuesta se lanzó la tercera cruzada, encabezada por el emperador alemán Federico Barbarroja, el rey francés Felipe Augusto y el rey inglés Ricardo Corazón de León. Esta campaña también fracasó. Los heroicos esfuerzos de Ricardo Corazón de León permitieron al reino latino sobrevivir durante un siglo más, pero no pudo recuperar Jerusalén.

Cuando Inocencio II se convirtió en papa, su principal ambición era reconquistar Jerusalén. Convocó la cuarta cruzada para ese fin, pero resultó un desastre: la guerra civil en Alemania, combinada con la guerra entre Inglaterra y Francia redujo el número de caballeros, y los venecianos retiraron su apoyo desviándose a Constantinopla y saqueándola (lo que supuso la destrucción efectiva del Imperio Bizantino)

En 1261 los genoveses ayudaron a un nuevo aspirante imperial, Miguel VIII a recuperar el trono bizantino, y con él, el control sobre Constantinopla. Pero el Imperio estaba ahora reducido a poco más que la propia ciudad, con lo que dejaba tanto Asia Menor como los Balcanes abiertos a la conquista de los turcos otomanos.

Pese al desastre de la cuarta cruzada, los esfuerzos occidentales por recuperar Jerusalén continuaron a lo largo del siglo XIII. Sin embargo, hasta 1229, cuando el emperador romano occidental Federico II negoció un tratado con el sultán de Egipto que devolvió Jerusalén al control cristiano por un período de diez años, ningún dirigente occidental había intentado lograr este objetivo de forma directa. En su lugar, las cruzadas que se dirigieron especialmente a EGipto (1217 - 1219, 1248 - 1254) y en 1270 a Túnez.

16.4.5. Las consecuencias de las cruzadas.

Para Bizancio la repercusión del movimiento cruzado fue desastrosa en contraste con el mundo musulmán, que el impacto de éstas fue mucho más modesto. El comercio entre islam y Occidente continuó igual y los que sacaron más ganancias fueron Venecia y Génova.

Tal vez cabría considerarlas un capítulo de una historia en general victoriosa de expansionismo occidental durante la Alta Edad Media que acabó en fracaso. Los europeos occidentales no pudieron mantener las colonias que establecieron, y a la larga se vieron obligados a abandonarlas. El comercio con el mundo islámico y más allá con la India y el Lejano Oriente produjo enorme prosperidad a las repúblicas marítimas italianas, peor estos vínculos comerciales habían existido previamente. Las cruzadas sí que disminuyeron el intercambio económico y cultural entre Europa occidental y el mundo islámico.

Es visible en el movimiento cruzado de este siglo un impulso de los mercaderes occidentales, respaldados por una fuerza militar, para controlar el comercio de especias, sedas y oro. Este impulso continuaría y, a partir del siglo XVI, acabaría llevando a la creación de imperios mercantiles y coloniales europeos a escala mundial.

16.5. Movilidad y desigualdad sociales en la Europa altomedieval.

En las ciudades habían surgido nuevas élites comerciales y profesionales siendo así los miembros más prósperos los comerciantes y los banqueros. Los nobles seguían luchando, pero también ahora los urbanos, caballeros, campesinos, las milicias ciudadanas y las levas rurales.

La gente rural se trasladaba a las ciudades y de éstas volvía al campo con regularidad. Habían surgido escuelas de todo tipo y sus productos constituían una nueva y creciente clase profesional. La riqueza en aumento hizo más compleja la sociedad, que también se volvió más fluida: podías ser muy rico y al día siguiente, estar en la miseria. Se podía ascender y descender muy fácil y rápidamente en la escala social.

  • En el norte de Europa, solían consistir en un alcalde y un consejo elegido entre los ciudadanos principales.
  • Como en Roma, los gobernantes poderosos como el papa se resistieron a todos los esfuerzos de establecer gobiernos urbanos independientes

En el siglo XII, muchas ciudades del norte de Italia confiaron sus gobiernos a cósnules elegidos entre los magnates. No obstante, era normal que la comuna (asociación informal de ciudadanos) asumiera una amplia variedad de funciones gubernamentales.

Cuando aumentó la estratificación social durante el siglo XIII, muchas ciudades se encontraron divididas entre una clase dirigente de magnates y un partido popular que se sentía excluido de las estructuras de poder que controlaban el gobierno y los gremios. Estas tensiones las fomentaron los magnates que pretendían movilizar a los populares contra sus enemigos de otras facciones. Contra esto, había varias soluciones:

  • Acudir a alguien ajeno (podestá) que gobernaba como un dictador durante un mandato estrictamente limitado.
  • Hacerse una ciudad más oligárquica. Poco a poco las ciudades fueron haciéndose más oligárquicas:
  • La duración de los mandatos se prolongaba.
  • Los derechos jurisdiccionales de los gobiernos urbanos se extendían y las tradiciones de sucesión dinástica estaban iniciando lo que conduciría a los principados urbanos de finales de la Edad Media.

16.7. El feudalismo y el surgimiento de las monarquías nacionales.

En teoría, Europa continuó siendo un continente formado por reinos incluso durante los siglos X y XI, cuando el poder monárquico en Francia e Italia se hallaba en su punto más bajo. En el año 1000 el verdadero poder político y militar había pasado a las manos de hombres de rango inferior - duques, condes, castellanos y caballeros. Desde sus castillos construían ‘’feudos’’ : territorios independientes en los que ejercían no sólo los derechos de propiedad como terratenientes sobre los campesinos, sino también los derechos públicos de acuñar moneda, juzgar casos legales, realizar levas, librar la guerra, recaudar impuestos e imponer peajes. De este modo, en el año 1000 Francia ya se había convertido en un reino compuesto por principados territoriales independientes, gobernados por condes o duques, que a su vez estaban divididos en señoríos menores regidos por castellanos y caballeros..

  • El problema del feudalismo.

A este sistema político altamente descentralizado, en el que los poderes públicos de amonedación, justicia, tributación y defensa se conferían a señores particulares, se hace referencia de manera convencional como feudalismo.

No obstante, si definimos el feudalismo como un sistema político en el que los poderes públicos los ejercen señores privados, existe un acuerdo general en cuanto a que tomó forma por primera vez y plenamente en la Francia de los siglos X y Xi, después de que el Imperio carolingio se desintegrara.

El lenguaje y las costumbres feudales se extendieron desde allí a otras zonas de Europa, pero cambiaban a medida que se adaptaban a las circunstancias sociales, económicas y políticas particulares. Finalmente, en los siglos XII y XIII, el feudalismo se desarrolló como una ideología que justificaba un orden jerárquico legal y político que subordinaba los caballares a los condes, y éstos a los reyes. El feudalismo dio origen a poderosas monarquías feudales y ayudó a establecer los cimientos para el surgimiento de los estados - nación europeos.

En su plano más simple, un feudo era un tipo de contrato en el que alguien concedía algo de valor a una persona a cambio de un servicio. Cuando hombre aceptaba la tierra de otro a cambio de promesas de servicio, solía darse por sentado cierto grado de subordinación del receptor hacia el donante. Podía convertirse de este modo en vasallo del otorgador del don, quien, así, se convertía en su señor. Sin embargo, en otros lugares existían feudos sin vasallaje y vasallaje sin homenaje.

En un mundo en que la autoridad del gobierno central se había derrumbado, estas relaciones esencialmente personales de servicio a cambio de posesiones de tierra se convirtieron en un elemento importante en la ordenación de las relaciones sociales y políticas entre condes, castellanos y señores. La relaciones feudales tampoco eran necesariamente jerárquicas y no había pirámides feudales hasta que en los siglos XII y XIII, cuando los reyes poderosos empezaron a insistir en que debía estructurarse de esa manera ordenada en la que los monarcas ocupaban el vértice de una pirámide política y social.

16.7.1. La conquista normanda de Inglaterra.

En Inglaterra, el feudalismo surgió por primera vez como sistema ordenado y jerárquico de tenencia de la tierra y servicio militar de las circunstancias peculiares que resultaron de la conquista normanda de 1066. En este año el duque Guillermo de Normandía, descendiente de los vikingos que se habían asentado en este extremo noroccidental de Francia durante el siglo X, reclamó la corona inglesa y cruzó el canal para conquistar lo que pretendía. Por fortuna para él, el recién instalado rey inglés Harold acababa de rechazar un ataque vikingo en el norte y, de este modo, no pudo ofrecer una resistencia plena. En la batalla de Hastings, Harold y sus tropas lucharon con valentía, pero no fueron capaces de rechazar la acometida de los soldados normandos más vigorosos. Cuando declinaba el día, Harold cayó herido y los normandos tomaron el campo y, con él, el reino de Inglaterra convirtiéndose así Guillermo en el Rey Conquistador.

Recompensó a sus seguidores normandos con extensas concesiones de tierras inglesas y además, como conquistador del reino, podía entregar la tierra a cambio de servicios feudales. En Inglaterra, a partir de esta conquista, fue un sistema mucho más centralizado, porque Guillermo podía recurrir a la autoridad administrativa del estado inglés para hacer valer su derecho a ser el señor feudal del país entero.

Enrique no apoyaba esto, y en las Constituciones de Clarendon (1164), intentó obligar a los obispos de Inglaterra a aceptar su reclamación de que, según la costumbre antigua, los clérigos declarados culpables en los tribunales eclesiásticos de delitos graves debían perder primero su condición sacerdotal y pasar luego al tribunal real para recibir sentencia como legos. Thomas Becket se opuso a este procedi- miento, declaró que suponía un «doble peligro»: castigar a alguien dos veces por el mismo delito.

Finalmente, Becket fue asesinado por cuatro caballeros de Enrique y a éste se le obligó a aparecer como penitente, descalzo y vestido sólo con una camisa, ante la tumba de Becket para pedir perdón al santo por sus actos.

El rey se vió obligado a ceder en algunas de sus reclamaciones, incluido el derecho a sentenciar a los clérigos implicados en delitos en tribunales y a restringir las apelaciones de los demandantes ingleses al tribunal papal. Pero mantuvo el derecho a nombrar clérigos para los altos cargos de la Iglesia y a que dichas elecciones se realizaran en su presencia. Como resultado, los candidatos del rey eran confirmados casi siempre para los cargos nombrados. Su hijo, Ricardo I Corazón de León , gobernó el imperio de su padre durante diez años, y fue cada vez más eficiente debido a la labor de administradores y funciones capaces. El sistema legal continuó desarrollándose y el país recaudó dos enormes sumas para Ricardo mediante los impuestos: una para pagar su cruzada a Tierra Santa, y la otra para pagar su rescate cuando, a su regreso, fue capturado por un enemigo.

En 1199, mientras sitiaba un castillo pequeño, un ballestero lo mató. Su sucesor, su hermano Juan era un dirigente militar menos capaz y perdió en seguida casi todas las tierras angevinas en Francia. A finales de 1204, el rey Felipe ya había expulsado a Juan de Normandía, Anjou, Britania y Maine, dejando sólo en manos inglesas Aquitania.

Juan dedicó el resto de su reinado a conseguir el dinero necesario para recuperar los territorios franceses perdidos, para lo que tensó al límite sus derechos feudales al forzar ingentes multas sobre la nobleza e imponer tributos sobre el campo. Cuando en 1214 la expedición militar a Francia arrostró otra derrota, los exasperados potentados de Inglaterra se rebelaron. En 1215 obligaron a Juan a renunciar a sus prácticas fiscales abusivas en un gran estatuto de libertades conocido para la posteridad como ‘’ La Carta Magna ’’. Como Juan había recurrido tanto a sus poderes feudales, la mayor parte de las disposiciones de la Carta Magna trataba de ello, pero también establecía algunos principios generales importantes:

  • La corona no debía recaudar los impuestos sin el consentimiento otorgado por la nobleza.
  • Ningún hombre libre podía ser castigado.

En el siglo siguiente a su promulgación, prosiguió el rápido avance del gobierno centralizado. En el reinado del hijo de Juan, Enrique III , la nobleza peleó con el rey por el control gubernamental. A lo largo de su reinado, los administradores continuaron perfeccionando instituciones legales y administrativas, incluido un sistema de tribunales centrales y locales. La última y más famosa innovación fue el parlamento. Surgió de forma gradual como una rama de gobierno separada en las décadas previa y posterior a 1300, debido sobre todo a los deseos del hijo de Enrique III, Eduardo I.

El parlamento se convirtió en un freno contra el absolutismo real pero también sirvió, por ejemplo, para recolectar dinero con el fin de financiar las guerras de Eduardo I. Los utilizó también para pedir consejo sobre asuntos anunciantes, para ver causas judiciales que implicaban a grandes hombres y para revisar la administración local, escuchar las quejas del campo y promulgar nuevas leyes en respuesta a esas quejas. Los parlamentos eran, de este modo, instituciones tan políticas como financieras y judiciales.

  • La monarquía feudal en Francia.

Las monarquías administrativas se desarrollaron más despacio en Francia que en Inglaterra. Como reyes de Francia, los primeros capetos gobernaban directamente una pequeña zona alrededor de París, conocida como Île-de-France; fuera de su territorio de origen, sólo podían reclamar ser los señores feudales de los condes y duques independientes que gobernaban al resto del territorio. Como legado del Imperio carolingio, había sobrevivido la idea de Francia, pero en los restantes aspectos tuvieron que reinventar su reino.

En muchos sentidos, los capetos fueron afortunados:

  • Consiguieron procrear hijos.
  • Resultaron longevos. Como resultado, evitaron las disputas sucesorias y los destructivos gobiernos minoritarios. Reinaban sobre un territorio agrícola notablemente fértil y adquirieron un prestigio considerable como protectores de los papas que huían de los emperadores alemanes y como Mecenas de la Universidad de París, que se convirtió en el principal centro europeo del saber. Más allá de todo esto, dosificaron cuidadosamente sus fuerzas, mientras sus enemigos más poderosos iban más allá de sus posibilidades.

El poder monárquico inició su ascenso con Luis VI el Gordo , quien consolidó el control sobre la Île-de-France al someter a sus turbulentos ‘’barones ladrones’’. Una vez conseguido su cometido, prosperaron la agricultura y el comercio, y la vida intelectual de París comenzó a florecer. Aunque su hijo Luis VII quedó ensombrecido por su rival, el rey Enrique II de Inglaterra, logró aumentar los recursos y el prestigio de la monarquía francesa; incitando rebeliones de Ricardo I Corazón de León contra su padre, Enrique II, también mantuvo al Imperio angevino en un estado constante de discordia.

Fue Felipe II (hijo de Luis VII), quien por fin cambió el curso de los acontecimientos en contra de los angevinos y quien marca el comienzo de la monarquía administrativa en Francia. Comprendió que no podía ganar contra Enrique II o su hijo Ricardo I, pero el hermano de Ricardo I, Juan, sí. Para facilitar su sucesión al trono, Juan aceptó rendir homenaje a Felipe por todas sus tierras de Francia. Luego, el sagaz Felipe sacó provecho de su posición feudal para disminuir el poder de Juan sobre esos territorios haciendo que Juan se pusiera en contra. Para acabar con esto, Felipe ordenó que se le confiscaran todas las tierras de Juan en Francia para la corona francesa, y siguió de inmediato una guerra de conquista. En 1204 la parte más rica de los territorios angevinos en Francia ya estaba en manos de Felipe.

A pesar de sus similitudes, los dos países se habían desarrollado de manera muy diferente durante la Alta Edad Media. Inglaterra era un país mucho más pequeño que Francia, pero estaba más unificado; no había lenguas ni lealtades regionales que amenazaran la unidad del reino. Los nobles ingleses podían rebelarse contra sus reyes, pero no encontraban apoyo en los resentimientos regionales contra la capital. En contraste, el separatismo regional continuaba constituyendo en Francia una fuerza considerable: en el sur seguía considerándose una tierra separada, pero incluso a los normandos les irritaba ser gobernados desde París.

Los dos países también estaban gobernados de maneras completamente diferentes. En Inglaterra, los reyes normandos y los angevinos construyeron su administración sobre una sólida base de instituciones locales y pudieron recurrir a sus habitantes, sobre todo a los caballeros, para que se ocuparan de buena parte del gobierno local sin sueldo, lo que llevaba a que las medidas gubernamentales fueran populares. Como resultado, Inglaterra se convirtió de forma gradual en una monarquía limitada por el requisito de que su pueblo debía consentir las medidas que se adoptaran.

En contraste, los reyes franceses gobernaban un país mucho mayor y rico, que les proporcionaba ingresos suficientes para pagar una administración burocrática asalariada que obedecían las órdenes del rey sin cuestionarlas. Su papel estribaba en controlar el separatismo regional y como consecuencia, los capetos carecían de un mecanismo institucional eficaz para movilizar la opinión pública en su favor. La debilidad de los primeros reyes capetos también les había impedido requerir a su nobleza que pagara impuestos a la corona.

  • Alemania.

En la Alta Edad Media, Alemania siguió un modelo muy diferente. En el año 1050 aparentaba ser la monarquía más fuerte de Europa occidental aunque el país estaba dividido en numerosos ducados casi autónomos. Los emperadores alemanes habían construido una monarquía poderosa basada en cimientos carolingios: una estrecha alianza con la Iglesia, una tradición de soberanía sagrada y conquistas provechosas en las tierras eslavas del este. Para gobernar sus amplios territorios, los emperadores recurrían mucho a la colaboración con la Iglesia. Los principales administradores reales eran arzobispos y obispos a los que los emperadores nombraban igual que lo habían hecho los Carolingios, incluso el papa era con frecuencia un nombramiento imperial.

Pero en 1059 falleció el emperador Enrique III , que dejó como heredero a su hijo Enrique IV. A partir de ese momento, la fortaleza de la monarquía comenzó a resquebrajarse. Enrique III había instalado a un nuevo grupo de clérigos reformistas en la corte papal. Los conflictos entre los regentes del rey niño Enrique IV y los reformistas no tardaron en llegar a la vez que surgían las disputas entre los regentes y la nobleza de Sajonia. Cuando Enrique IV empezó a gobernar, los conflictos aumentaron hasta que derivó en una guerra civil en el 1073.

No obstante, justo cuando terminó la guerra sajona, estalló un nuevo conflicto con los reformistas papales de Roma. El recién elegido papa Gregorio VII creía que para reformar la vida espiritual de la Iglesia, era necesario en primer lugar librarla del control laico, incluido el emperador. Enrique se negó a aceptar los intentos papales de prohibirle elegir y comenzó a conspirar para separarlo del papado. Por su parte, Gregorio se alió con la nobleza sajona, con lo que se reavivó la guerra civil de la que Alemania todavía no se había recuperado. Esta vez la guerra se volvió contra Enrique, y los nobles disidentes, apoyado por el papa, empezaron a conspirar para deponerlo.

En los rigores invernales del año 1077, Enrique IV se apresuró a cruzar los Alpes para humillarse ante el papa Gregorio en el castillo de Canossa. Estos acontecimientos impidieron la deposición de Enrique, pero no resolvieron la guerra. La lucha entre el papa y el emperador continuaría hasta el 1122, cuando el hijo del segundo, Enrique V , acabó alcanzando un compromiso con el papado. Sin embargo, para entonces la nobleza alemana había logrado una independencia de la corona mucho más práctica de la que gozaban antes, también más tarde estaría más militarizada y era más peligrosa.

En 1125, cuando Enrique V murió sin descendencia, obtuvo mayor autoridad al lograr elegir un nuevo gobernante prescindiendo de la sucesión hereditaria. El derecho del papa a coronar a todo nuevo emperador romano hacía que también tuviera interés en el proceso de selección. Por motivos obvios, el papado temía un monarca alemán poderoso. Aunque los papas valoraban a los emperadores alemanes como contrapeso de los normandos en el sur de Italia, los temían en igual medida. Si los emperadores alemanes conseguían gobernar el norte y centro de ITalia de forma directa, el papado se arriesgaba a convertirse en una marioneta. Este miedo propulsó el siglo siguiente de conflictos entre el papado y el imperio.

Federico I realizó un intento crucial para detener los acontecimientos contrarios a la monarquía. Este emperador llamado Barbarroja, reafirmó la dignidad independiente del imperio, llamando a su reino el ‘’Sacro Imperio Romano’’. Sin embargo, al mismo tiempo intentó gobernar en colaboración con los príncipes alemanes, apoyó sus esfuerzos para poner freno a sus propios nobles territoriales y confió en que los príncipes respaldarían sus intentos de reafirmar el poder imperial. Consiguió que funcionara, pero a costa de una prolongada guerra en Italia y un conflicto destructivo del papado. Las ciudades del norte de Italia formaron una coalición urbana, la Liga Lombarda, para hacer frente a la pretensión de Federico de gobernar en Italia. Entretanto, los príncipes de Alemania no dejaron de reunir fuerza, en especial colonizando las fértiles tierras agrícolas situadas al este del Elba.

No obstante, al final Federico alcanzó un compromiso con la Liga Lombarda y el papado que garantizaba la independencia política las ciudades, a cambio de grandes pagos en dinero al emperador. Su dieta imperial de Maguncia en 1184 fue uno de los más espléndidos acontecimientos del siglo XII. Consiguió la aprobación de los príncipes para que le sucediera su hijo Enrique como rey y emperador, y concertó su matrimonio con la hermana del rey normando de Sicilia. Por último, en 1189 partió en la tercera cruzada donde murió.

La cuidadosa planificación de Barbarroja dio frutos en el reinado de su hijo Enrique VI , que le sucedió en el trono sin dificultad.

  • Iberia.

La península Ibérica estaba más regionalizada que Alemania. Sin embargo, en contraste con ésta, surgiría de la Edad Media con la monarquía más poderosa de Europa.

La clave de la fortaleza de las monarquías radica en la reconquista de la Península. Durante la Alta Edad Media, Iberia contenía cuatro reinos cristianos principales:

  • El Estado montañoso septentrional de Navarra.
  • Portugal en el oeste.
  • El reino combinado de Aragón y Cataluña en el sureste.
  • Castilla en el centro.

A lo largo del siglo XII, los ejércitos cristianos avanzaron de forma constante hasta culminar en el año 1212 con la importante victoria alcanzada por un ejército combinado de aragonés y castellano sobre los musulmanes en las Navas de Tolosa. Así, el único territorio que tenían controlado los musulmanes era el pequeño estado de Granada. Castilla se convirtió en el mayor reino con diferencia de la zona, pero estaba equilibrado en riqueza por el reino de Aragón y Cataluña, más urbano y orientado al comercio. Las guerras entre estos dos rivales los debilitaron durante la Baja Edad MEdia, pero cuando el matrimonio de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla juntó a estos dos antiguos enemigos, nació una monarquía española unida.

En 1492 los reyes católicos tomaron Granada, el último resto de territorio musulmán en España. Unos meses después, Cristóbal Colón fue el encargado por la reina para que navegara hasta la India. Fracasó, pero como encontró el continente americano, convirtió en España del Siglo XVI en el reino más poderoso de Europa.

B) La Alta Edad Media: desarrollo religioso e intelectual, 1000 - 1300.

En la vida religiosa, el período fue testigo del surgimiento del papado como fuerza organizativa dominante en la cristiandad occidental y se desarrollaron nuevas órdenes religiosas y monásticas. Sin embargo, estos nuevos modelos de piedad cristiana resaltaban las distinciones religiosas y sociales entre los cristianos y sus vecinos no cristianos. El resultado fue un aumento marcado de la persecución de los grupos minoritarios y la creación de lo que algunos historiadores han denominado una ‘’sociedad persecutoria’’.

Asimismo, hubo un notable renacimiento de la vida cultural e intelectual donde se destaca la aparición de las universidades.

16.9. La reforma de la Iglesia.

Los efectos combinados del derrumbe carolingio, los ataques vikingos, musulmanes y húngaros, más el poder creciente de las familias nobles, fueron desastrosos para la vida religiosa de los siglos IX y X en Europa.

Muchas iglesias parroquiales habían sido abandonadas o destruidas, mientras que las que habían sobrevivido se consideraban propiedad particular de alguna familia poderosa, cuya responsabilidad de protegerlas había pasado a ser una licencia para oprimirlas. Hasta los obispados habían caído en manos de las familias nobles, que nombraban a parientes para ocuparlos o los vendían como si fueran parte de la hacienda propia. Los monasterios sufrieron un proceso similar de privatización: algunos se convirtieron en lugares donde arrumbar a los hijos menores de la aristocracia, quienes podían vivir en ellos sin tomar los votos. Otros monasterios se habían confiado a las tropas de caballeros e incluso algunos eran regidos por abades laicos.

Al no haber una monarquía efectiva, los obispos se hallaban indefensos ante un poder local afianzado. La mayoría de los papas del siglo X fueron incompetentes o corruptos de familias romanas poderosas que pretendían controlar el papado con miras a gobernar Roma.

16.9.1. La reforma monástica, 900 - 1050.

Los primeros indicios de reforma surgieron de los monasterios europeos del siglo X, comenzando con el de Cluny en Borgoña que tenía dos importantes innovaciones constitucionales:

  • Con miras a mantenerlo libre del dominio de las familias nobles o del obispo de la localidad, Cluny se colocó directamente bajo la protección del papado.
  • Emprendió la reforma o fundación de un gran número de monasterios ‘’hermanos’’. Cluny estableció una red de casas cluniacenses por Europa, subordinadas a la matriz.

A los ojos cluniacenses, su éxito dependía de su libertad absoluta ante la interferencia externa en su vida religiosa. Por tanto, cuando Cluny reformaba un monasterio, insistía en dos cosas:

  • Los votos benedictinos fueran estrictamente obligatorios para todos los monjes.
  • La selección de nuevos abades y priores se llevara a cabo por libre elección.

La influencia cluniacense fue más fuerte en Francia e Italia, donde la práctica ausencia de una monarquía efectiva hizo imposible las reformas monásticas patrocinadas por la realeza. En contraste, Alemania e Inglaterra dichas reformas surgieron en los siglos X y XI como responsabilidad esencial de un rey cristiano. Siguiendo el ejemplo cluniacense, estos reyes insistieron en la observancia estricta de la pobreza, castidad y obediencia. Sin embargo, a diferencia de Cluny, eran los mismos reyes quienes garantizaban la libertad de los monasterios así como también eran ellos quienes nombraban a los abades y obispos.

Como resultado, el monacato se convirtió en el modelo espiritual dominante para el cristianismo latino de los siglos X y XI. A partir del X, dichos monasterios atrajeron cada más la atención de laicos devotos y con ello, las peregrinaciones que se realizaban a santuarios locales, pero también las rutas de larga distancia a lugar como Santiago de Compostela. La peregrinación fue una de las vías más importantes por las que los nuevos modelos de piedad cristiana desarrollados en los monasterios iniciaron su propagación al laicado.