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TEMA 6 DESARROLLO COGNITIVO COMPLETO
Tipo: Apuntes
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Se puede concebir lo posible además de lo real, y lo posible es el todo dentro del cual se encuentra lo real.
Los niños pequeños, durante el período de las operaciones concretas, sólo pueden pensar sobre cosas con las que tienen una experiencia directa. Cuando deben razonar a partir de hipótesis que contradicen su experiencia tienen muchas dificultades porque no pueden poner a prueba la veracidad o falsedad de proposiciones abstractas. Al contrario, a partir de la adolescencia se empiezan a concebir alternativas posibles que no se dan de forma concreta en la realidad y se pueden ir poniendo a prueba de manera ordenada para decidir si son verdaderas o falsas.
Esta capacidad para plantear hipótesis, ponerlas a prueba e interpretar resultados convierte el razonamiento del adolescente en un razonamiento hipotético-deductivo. Este tipo de pensamiento es similar al que se emplea en la ciencia (pensamiento científico).
Todas estas nuevas habilidades del pensamiento formal encuentran su base en la capacidad para concebir «lo posible». El adolescente empieza a concebir «lo que podría ser» además de lo que «es». Lo real se transforma en una opción más entre las posibles, es decir, lo real se trata como un subconjunto de lo posible. El pensamiento adolescente ya no parte de lo real y lo concreto, sino de lo posible y hasta de lo ideal. Esta es, quizá, la transformación más importante del pensamiento formal puesto que posibilita el pensamiento abstracto, el planteamiento de hipótesis y el razonamiento hipotético-deductivo.
Para manejar mentalmente lo posible es necesario utilizar un instrumento lógico que permita combinar todos los elementos y organizarlos. Este instrumento es la combinatoria y tiene la gran ventaja de disponer de forma sistemática todas las variables para obtener todos los casos posibles. Así pues, en la solución de un problema es necesario establecer todas las posibles soluciones para después reflexionar acerca de cuál es la más probable o ponerlas todas a prueba para determinar cuál es la verdadera. La capacidad de generar todas las combinaciones posibles de elementos implica otra capacidad mental: poder disociar factores. Es decir, el establecimiento de combinaciones requiere que se aíslen unos elementos de otros para determinar cuál es su papel en el resultado final.
El razonamiento sobre lo posible implica que sea, principalmente, verbal porque el vehículo que utilizamos para referirnos a cosas hipotéticas es el lenguaje. En este sentido, pues, los adolescentes empiezan a utilizar una lógica proposicional, es decir, una lógica verbal que permite afirmar la verdad o falsedad de los enunciados sin pensar en su correspondencia con la realidad. El pensamiento formal parte de enunciados verbales en los que se utilizan las conectivas lógicas cuya verdad o falsedad depende de su tabla de verdad. Por ejemplo, si nos plantean la proposición «la ficha que tengo en la mano es verde y no es verde» podemos afirmar que es falsa sin necesidad de ver materialmente la ficha. Al contrario, si planteamos esta misma proposición a un niño que se encuentre en el período de las operaciones concretas, para poder contestar diría algo como «enséñame la ficha, a ver cómo es».
La formulación de Piaget sobre el período formal recibió en su día numerosas críticas. Estas críticas se dirigieron principalmente a cuatro aspectos:
Como ya mencionamos, Piaget planteó que el pensamiento formal era universal. Esto significa que todos los sujetos, llegada la edad aproximada de adquisición, lograrán razonar utilizando las operaciones formales. No obstante, algunos estudios posteriores mostraron que, en muchos casos, la utilización del pensamiento formal es muy escasa y no surgen de forma espontánea. También se establece una relación con el nivel socioeconómico, como también depende de la educación formal de cada uno y la cultura.
Por ejemplo, Dulit (1972) realizó un estudio en el que planteó dos de las tareas de pensamiento formal utilizadas por Piaget a personas de 14, 16, 17, 20 y 25 años y a un subgrupo de adolescentes de 16 y 17 años que asistían a un colegio de muy buen rendimiento. Los resultados mostraron que muy pocos individuos emplearon operaciones formales para resolver las tareas. A los 14 años, ni siquiera el 20 % las resolvieron correctamente, mientras que sólo el 33 % de los adultos lograron dar respuestas adecuadas. Al contrario, el grupo de 16 y 17 años que asistía a un colegio de alto rendimiento alcanzó niveles de resolución mucho mayores que el resto de la muestra. Estos resultados, pusieron de manifiesto que las operaciones formales no son universales, que la edad de adquisición es más tardía y que la educación formal es un elemento decisivo en su adquisición.
Así pues, el desarrollo pleno del pensamiento formal depende, en gran medida, de la educación formal. No es que a través de la educación se «enseñe» directamente a pensar de manera formal, sino que el tipo de actividades que se suelen realizar en los últimos años de la escolarización requieren el uso de habilidades formales. En muchos casos el pensamiento formal no surge de forma espontánea porque necesita cierto entrenamiento. Además, de manera sistemática se ha encontrado que las personas de niveles sociales más elevados resuelven mejor las tareas de pensamiento formal. En definitiva, parece que la cultura y el nivel socioeconómico influyen de forma relevante en la utilización de las operaciones formales.
Douglas y Wong (1977) presentaron tareas que requerían pensamiento formal a adolescentes de 13 y 15 años de dos nacionalidades —chinos y estadounidenses. Los resultados mostraron que el grupo de adolescentes estadounidenses de 15 años obtuvo el mejor rendimiento, mientras que el grupo de adolescentes chinos de 13
Por último, algunos autores han llegado a la conclusión de que existe un pensamiento postformal. Es decir, que hay formas de pensamiento más sofisticadas que las operaciones formales descritas por Piaget y que, por tanto, el pensamiento formal no constituye el último estadio en el desarrollo cognitivo. Por ejemplo, el pensamiento relativista (no hay absolutos o extremos si no que todo depende de las condiciones) y el pensamiento dialéctico (tesis, antítesis y síntesis) implican otras operaciones mentales que no se dan en las operaciones formales y que resultan más complejas.
Todas estas críticas sobre el pensamiento formal forzaron a Piaget a modificar algunos aspectos de su teoría que reformuló en 1970. Sobre la edad de adquisición, afirmó que todos los sujetos normales alcanzan las operaciones formales, tal vez no en las edades que había propuesto, pero sí en todos los casos entre los 15 y los 20 años.
Sobre la universalidad del pensamiento formal, admitió que este tipo de pensamiento se adquiere siempre que el medio social y la experiencia proporcionen las herramientas cognitivas y la incitación intelectual necesaria. Por último, sobre la influencia de la familiaridad y el contenido reconoció que las operaciones formales se pueden alcanzar en terrenos diferentes en función de las aptitudes y la especialización profesional, de forma que su utilización no será siempre la misma. Este último punto, que reconoce la existencia de desfases, entra en especial contradicción con la visión piagetiana de los estadios del desarrollo concebidos como entidades globales de pensamiento que se aplican a todos los problemas por igual.
En este apartado vamos a describir ciertos cambios que aparecen en la forma de pensar del adolescente, pero que tienen una relación directa o pueden explicar algunas sensaciones y emociones que también surgen en este período del desarrollo. Como hemos mencionado, durante la adolescencia se producen numerosos cambios que afectan a todas las facetas de la vida. Por una parte, se desencadenan una serie de cambios físicos que condicionan y modifican las relaciones con los iguales, a la vez que repercuten en la imagen que construyen de sí mismos. Por otra, aparecen nuevas operaciones lógicas y formas de pensamiento que inciden en la concepción del mundo, de los otros y de uno mismo.
NUEVAS FORMAS DE PENSAR
De estas nuevas formas de pensar, quizá una de las que más repercusiones «prácticas» tiene sea la capacidad de pensamiento abstracto. Gracias a esta nueva habilidad, el adolescente ya puede despegarse de la realidad y pensar en lo posible, en lo que podría ser o en cómo podrían ser las cosas. Esta capacidad para tomar lo real como una posibilidad más entre las concebibles constituye la base intelectual de un rasgo típico del adolescente: el idealismo. Así, el adolescente se vuelve idealista porque ya puede concebir cómo podrían ser las cosas (lo posible) o cómo le gustaría que fuesen y puede, además, comparar su visión ideal con la real.
Todo esto lleva a la rebeldía adolescente donde, por ejemplo, los conflictos propios de esta etapa que se dan entre los adolescentes y sus padres, tienen mucho que ver con la capacidad del adolescente para imaginar cómo le gustaría que fuesen sus padres, su relación con ellos, etc. También suelen surgir conflictos a la hora de comparar el yo real con el yo ideal, o el mundo real con el mundo ideal.
Del mismo modo, en esta época comienzan a adoptarse posiciones políticas o sociales que muchas veces son precisamente calificadas de «idealistas» por los adultos. La base para adquirir estas posiciones políticas o sociales se encuentra también en esa capacidad para concebir otro mundo posible. La comparación entre la realidad y la posibilidad de una realidad diferente hace que el adolescente idealice e incluso se rebele contra lo establecido.
Por otra parte, el adolescente experimenta durante unos años unos sentimientos extraños: se suele sentir incomprendido por los adultos, solo, pero con la sensación de que podría «comerse el mundo» y muy observado y juzgado por los demás. Muchas de estas sensaciones tienen que ver con un rasgo propio del pensamiento adolescente denominado egocentrismo. Como ya hemos visto, el niño pequeño también fue descrito por Piaget como egocéntrico, pero esta nueva forma de egocentrismo que aparece en la adolescencia no debe confundirse con la del niño preescolar. Si recordamos, el niño pequeño es egocéntrico porque se centra en su propio punto de vista y no puede despegarse de él para adoptar otra visión. El adolescente es egocéntrico porque se considera mucho más esencial y central en la vida social de lo que realmente es. Al contrario que el niño pequeño, el adolescente es capaz de entender y adoptar otros puntos de vista distintos al suyo, pero no consigue diferenciar entre lo único y lo universal.
Este egocentrismo, definido como la falta de diferenciación entre lo universal y lo único y la consideración de uno mismo como central en la vida pública, tiene varias consecuencias. En primer lugar, el adolescente tiene la sensación de ser permanentemente observado y juzgado por los demás. En segundo lugar, se considera un ser excepcional, único, irrepetible y con un destino especial. Por último, se siente incomprendido.
“Tú no puedes entender… tú no sabes lo que es…”
LAS CONSECUENCIAS DEL EGOCENTRISMO ADOLESCENTE
El adolescente siente que es el centro de atención y cree que existe una audiencia imaginaria ante la cual hay que actuar. Muchos pasan gran parte de su tiempo anticipando las reacciones —reales o imaginadas— de esa audiencia. Así, por una parte, los adolescentes están muy preocupados por lo que los demás piensan y, por otra, se sienten continuamente observados creyendo que su apariencia es lo que más interesa a los demás. El interés por los juicios de los otros muestra que son capaces de separar su pensamiento del ajeno, pero creer que son el centro de atención supone atribuir a los demás una preocupación que es en realidad sólo propia.
El egocentrismo adolescente también se manifiesta a través de la llamada fábula personal. Este constructo se refiere a la idea o la sensación de que son seres únicos, excepcionales e irrepetibles. Como ya hemos mencionado, para algunos autores esto ocurre porque no diferencian entre lo que es nuevo para ellos y lo que es nuevo para la humanidad. La sensación de ser único provoca también que el adolescente se considere socialmente mucho más importante y central de lo que realmente es. Así, un adolescente que viva una experiencia nueva la tomará como algo excepcional y único que nadie más ha vivido y que nadie más puede comprender —algo seguramente falso. Ese sentimiento lo pueden extrapolar a todos los ámbitos y llegar a considerarse ellos mismos únicos.
La sensación de ser único y de vivir experiencias que nadie más conoce explica esa sensación de soledad e incomprensión propia de la adolescencia. Unos años más tarde, la mayor parte de los adultos se dan cuenta de que las experiencias vitales suelen ser parecidas y se pueden compartir. Además, esta sensación de sentirse único e irrepetible también explica, en parte, que el adolescente se perciba como mucho más relevante de lo que es y, de ahí, que se sienta permanentemente observado y juzgado por los demás. Esta supuesta relevancia
Esta identidad no ha habido ni exploración ni se han adoptado compromisos. Todavía no se ha planteado la tarea.
Hay una exploración, una búsqueda, pero la persona no se compromete con ello. Primera búsqueda sin tomar decisiones
Hay una toma de decisiones y compromiso con las alternativas que mejor se ajustan a las necesidades. Por ejemplo, una persona que busca estudiar psicología y se compromete con ello.
No hay una búsqueda activa por parte del sujeto, y se suelen adoptar compromisos “de otros”. Como por ejemplo en los matrimonios concertados, donde la persona no ha buscado en ningún momento tener una pareja, pero está comprometido a casarte con esa persona. O cuando estudias medicina porque tu padre también lo estudio, y aunque no lo hayas elegido te gusta.