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1ció1 io: Los Adelfos, 1, 2, 145-7. o a Po ón E símil de Moro-es una paráfrasis libre de La e ad ópoli la, fandada alrededor del año "a para ana ciudad: Megalópolis, en Arcadia, funda 370 a. C. [ 104 ] Libro Segundo RAFAEL. La isla es más ancha en el centro, donde mi- de aproximadamente doscientas millas, y en ningún tra- mo es mucho más angosta, excepto en sus extremos, los que gradualmente se estrechan y se curvan como si se los hubiera trazado con compás, hasta casi formar un circulo de quinientas millas de circunferencia. Pueden entonces imaginarla como una luna creciente, con sus puntas sepa- radas por una extensión de once millas, por donde fluye el mar, para esparcirse luego en un lago enorme, aunque en realidad parece más un vasto estanque, estando como está, completamente protegido del viento por la tierra que lo rodea; así, el agua nunca es peligrosa. El interior de la isla funciona casi en su totalidad como un puerto don- de los barcos pueden navegar en cualquier dirección, al- go muy beneficioso para todos. La boca de la bahía tiene una alarmante cantidad de rocas y bajíos. Una de estas rocas no representa ningún peligro para la navegación porque se eleva muy alto fue- ra del agua, casi en el medio de la laguna. Tiene una torre construida sobre ella y está siempre defendida por una guarnición, Pero las otras rocas son mortales porque no se ven. Sólo los utopianos saben dónde están los canales se- guros; sin un piloto utopiano es casi imposible que un [ 105 ] barco extranjero pueda entrar al puerto. Sería inclusive arriesgado hasta para los habitantes locales si no fuera por ciertas señales colocadas en la costa; cambiándolas de lu- gar se podría echar a pique una flota enemiga, por nume- rosa que fuera. Por supuesto, hay gran cantidad de bahías del otro lado de la isla, pero están tan bien protegidas por fortificaciones, naturales o artificiales, que un puñado de hombres podría fácilmente evitar que se lleve a cabo una gran invasión por tierra a través de cualquiera de ellas. Dicen, sin embargo, y uno en realidad lo puede ver por sí mismo, que Utopía originariamente fue una penín- sula y no una isla. Fue conquistada por alguien llamado Utopos, a quien se le debe el nombre actual; antes se la co- nocía como Abraxa.* Fue también responsable por la transformación de la tierra de un conjunto de salvajes ig- norantes en lo que es actualmente, quizá la nación más ci- vilizada del mundo. En el momento del desembarco y to- ma de control del país, lo primero que hizo fue abrir un canal de quince millas a lo largo del istmo que conectaba a Utopía con el continente para que el mar la rodeara por completo. Temiendo causar resentimiento entre los nativos del lugar si este trabajo era realizado sólo por ellos, puso a trabajar a la par a todo su ejército. Con esta colosal mano de obra el canal fue abierto con increíble rapidez, para sor- presa y terror de los habitantes del continente, quienes en un principio se habían burlado del proyecto. Hay cincuenta y cuatro grandes y espléndidas ciuda- des en la isla, todas con el mismo idioma, la misma legis- lación, costumbres e instituciones. Todas están construl- das sobre un mismo plano y en la medida en que lo “ permite su ubicación son todas casi idénticas. La distan- cla mínima entre dos ciudades es de veinticuatro millas y la máxima no mayor a una caminata de un día. Cada año se reúnen en Ámaurota” tres de los más [106] viejos y experimentados ciudadanos de cada ciudad para discutir los asuntos generales de la isla. Amaurota es con- siderada la capital por su posición central, a la que se pue- de acceder desde cualquier punto del país. La distribución de tierras se hizo de manera tal que el territorio de cada ciudad se expande por lo menos veinte millas a la redon- da y aún mucho más en una única dirección, lo que ocu- tre cuando la distancia entre dos ciudades alcanza su má- ximo. Ninguna de ellas tiene el miás mínimo deseo de ensanchar sus confines ya que no toman a la tierra como propiedad sino como suelo cultivable. . Tienen distribuidas casas dotadas con equipo agríco- la en todo su territorio y a regulares intervalos; los habi- tantes de la ciudad van a vivir allí por turnos. Cada una tiene lugar por lo menos para cuarenta adultos, más dos esclavos que pertenecen a la casa. Cada casa es adminis- trada por un matrimonio mayor de suma confianza, bajo la supervisión de un filarca,* el que tiene a su cargo trein- ta de estas viviendas. Cada año vuelven a la ciudad veinte personas de ca- da casa habiendo permanecido dos años en el campo, y son reemplazadas por otras veinte. Los nuevos enviados aprenden el oficio agrícola de aquellos que llevan un año en el lugar y conocen mejor el trabajo. Doce meses des- pués los entrenados son los instructores. Esté sistema re- duce el riesgo de la escasez de viveres, lo cual podría ocu- trir si toda la población agrícola fuera inexperta por igual. El período habitual de trabajo en el campo es de dos años para que nadie se vea obligado a vivir un tipo de vi- da duro por demasiado tiempo. Pero aquellos que disfr- tan de la vida en el campo, y de hecho muchos lo hacen, pueden obtener un permiso especial para quedarse por más tiempo. Los trabajadores de la tierra son responsables [107] todas las zonas de la ciudad. Hay también otro m0 o muy grande, pero deliciosamente tranqui o y 2 fico. Brota de la colina sobre la cual está construida ota y corre hacia abajo atravesándola por el medio E E sl nirse con el Anhidro. Como la fuente principa ñ el río S taba fuera del área de la ciudad, la trasladaron e del circuito de su muralla; así impiden que en aso a vasión el enemigo la envenene, la corte O O 0! de allí el agua fluye hasta los distritos bajos de a : dad por un sistema de canales de barro cocido. uan o este sistema no es viable utilizan grandes cisternas para ger el agua de lluvia, la cual sirve igual de bien. sus lados hay también un foso que no tiene a pero . “muy ancho y profundo y está obstruido por una alar : da de arbustos espinosos. En el cuarto lado el so hace as veces de foso. Las calles han sido muy bien diseña na función del tráfico y para estar protegidas del viento. o edificios son elegantes, en forma de torn a A ue de toda la calle. Las fa dos frente a frente alo largo 4 : de las casas están separadas por una calle de veinte pies de ancho. En el fondo de las mismas hay sn jardin tan argo i imitado por los fondos de las otr: como la misma calle y limi : calles. Cada casa tiene una puerta de calle y una puerta trasera que da al jardín. En ambos casos son puertas va vén de doble hoja que se abren apenas se las toca y se cie fran automáticamente ás de uno. Así, cualquiera pue- de entrar o salir, ya que a Las casas son asignadas por sorteo y se cambian cada di ez años. a Son en extremo aficionados a estos jardines, donde i res. siembran frutas, incluso uvas, tanto como pasto A dores. Los mantienen en perfectas condiciones; nunca he Yi [1101 alguno que se les pueda igualar en belleza y fertilidad. Los pobladores de Amaurota son entusiastas jardineros, no sé- lo porque lo disfrutan sino porque también hay compe- tencias intercalles para elegir al mejor y más cuidado de los jardines. Sería por cierto dificil encontrar algún aspecto de la ciudad más calculado para dar placer y beneficios a la comunidad, lo cual me hace pensar que la jardinería debe haber sido uno de los especiales intereses del fundador. Me refiero a Utopos, de quien seudice diseñó el trazado de toda la ciudad desde el principio, pero dejó a la posteridad la tarea de embellecerla y darle 163 toques finales, sabien- do-que esto demandaría más tiempo que la vida de un hombre. De acuerdo con sus anales, los que cubren un pe- tíodo de mil setecientos sesenta años? desde la conquista de la isla y han sido siempre escritos con el mayor de los cuidados, las casas originales eran simples chozas o caba- ñas construidas rápidamente con las primeras maderas que tuvieron a mano. Las paredes estaban recubiertas con ba- rro y los techos en punta se cubrían con paja. Pero hoy en día cada casa es una imponente estructura de tres pisos. Las paredes son de pedernal u otra piedra dura, sino tam- bién de ladrillos revocados con' mezcla. Los techos en pen- diente son ahora horizontales; están cubiertos con una es- pecie de concreto muy económico y superior al plomo por su resistencia a las inclemencias del tiempo y por ser incombustible. En las ventanas colocan vidrios? -su uso es muy frecuente entre ellos- para impedir las corrientes de aire, o también utilizan unos lienzos muy finos impregna- dos en ámbar o aceite claro, lo que los hace más transpa- rentes y. resistentes al paso del viento. Hablemos ahora de su sistema de gobie; Ca- da uno de estos grupos sE anualmente a un funciona- rio denominado en realidad éste es el antiguo [1113 nombre utopiano para el actual filarca. Por cad ifo- grantes, y las familias a las que representa, hay u (ro% o protofilarca*. Cada ciudad tiene doscientos sifograntes quienes son responsables de elegir al alcalde. Lo hacen por vota- ción secreta después de jurar solemnemente que votarán por aquel que consideren más capacitado. Tiene que ser uno de los cuatro candidatos nominados por la del electorado ya qu , Pero por demás car- lo general ho son removidos de sus cargos. Los gos municipales son anuales. . Cada tres días, o más a menudo de ser necesario, los con el alcalde para tratar ez los conflictos entre particulares, aunque rara vez se presentan. Siempre se invita a dos sifograntes, un par di- ferente en cada Oportunidad, para participar de las sesio- nes, pero hay-una regla: hinguna cuestión que afecte a la «ciudadanía en general podrá ser resuelta hasta que no se haya debatido el tema durante tres días. Es un delito ca- dido sitio que no sea en el ] . Esto tendrí, de evitar que el alcalde y los traniboros mac pc sobre los intereses del pueblo y reformar la Constitución Por la misma razón, cualquier problema importante es lle- vado a la asamblea de los sifograntes. Éstos lo tratan con todas sus familias, lo conversan entre sí y finalmente in- forman sus puntos de vista al consejo. En algunas ocasio- nes el asunto se eleva al Senado. Hay también otra norma en el consejo: ninguna [112] bs cuestión puede someterse a debate el mismo día en que es propuesta. $e pospone hasta que se lleva a cabo la pró en lugar de considerar qué es lo mejor para la comunidad. Este tipo de personas son capaces de sacrificar a la ciuda- danía para su propio prestigio sólo parque, por absurdo que parezca, tienen vergitenza de recoriócer que su primer idea pudo haber sido equivocada, cuando en realidad, Gu) leamos cómo son sus condiciones de trabajo. Hay un trabajo que todos hacen, sin tomar en cuenta su sexo; es la agricultura. Es parte de la educación de cada niño. Aprenden los principios de la agricultura en la escuela pe- ro regularmente son llevados al campo cerca de la ciudad. Allí no sólo observan cómo se trabaja, sino que ellos mis- mos realizan algunas tareas como parte de su entrena- miento. Además de la agricultura, que, como dije, es parte del trabajo de todos, Puede enseñársele a procesar la lana o el lino, a ser un he- trero, un albañil o un carpintero, Éstos son los únicos ofi- cios que tienen una gran demanda. No hay sastres ni mo- distas; todos en la isla usan el mismo tipo de ropa' con pequeñas variantes de acuerdo con su sexo y estado civil, y la moda nunca cambia. Su vestimenta es agradable, per- mite el libre movimiento de los miembros, es adecuada por igual para el calor o el frío y lo mejor es que es hecha en casa. De manera tal que todos aprenden alguno de los oficios que nombré, y cuando digo todos, me refiero a hombres y mujeres por igual, sólo que al sexo débil se le asignan los trabajos más livianos, como la hilandería y el tejido, mientras que los hombres realizan los más pesados. 113] más todos los sacerdotes y los miembros de las así llama- das órdenes religiosas: ¿cuál es el trabajo que hacen? Agre- guen a éstos los ricos, en especial los hacendados, cono- cidos popularmente como nobles y señores. Incluyan a sus servidores domésticos -me refiero a esas bandas de ru- fianes armados que mencioné anteriormente—. Para fina- lizar completemos la lista con todos los mendigos saluda- bles y vigorosos que se hacen los enfermos para excusarse por ser vagos. Una vez que los hayan contado a todos es- tarán sorprendidos de ver cuán poca gente produce lo que consume la raza humana. Ahora consideremos cuántas de estas personas se de- dican a oficios esenciales: no son muchas. Donde todo se mide por el dinero es inevitable que existan docenas de profesiones Y oficios innecesarios meramente destinados a proporcionar bienes suntuarios o diversión. Porque aun: que la mano de obra existente fuera distribuida entre los pocos oficios realmente necesarios para hacer la vida lo suficientemente confortable, habría sobreproducción y En cambio, si toda esa chusma abocada a oficios sin importancia y todos los demasiado vagos como para trabajar, cada uno de los cuales consu- me el doble de lo producido por el trabajo de un obrero, fueran puestos en su totalidad a hacer algo útil, pronto ve- rían qué pocas horas de trabajo diario son suficientes pa- ra proporcionar todas las necesidades y comodidades de la vida; a las que podríamos agregar todas las formas rea- les y naturales del placer. Pero en Utopía, los hechos hablan por si solos. Allí, de todos los hombres y mujeres capaces que viven en una ciudad o en los campos circundantes, quinientos como mucho son eximidos del trabajo común. Esto incluye a los sifograntes, quienes, aunque legalmente exentos, tra- [116] lo. Incluye tam- bién a aquellos GD que puedan concentrarse én sus > rivilegio es otorgado sólo por recomendación e > QUO y ratificado por los sifograntes con un yoto secreto; si el estudiante no logra resultados satisfac- torios, es enviado de nuevo a la clase trabajadora. Por otro lado, sucede con frecuencia que un trabajador manual es- tudie con gran dedicación en su tiempo libre y logre muy buenos resultados; que r. lo tanto exceptuado de racticar su oficio y es - e esta clase de los intelectuales provienen los a antigua denominación para un alcalde era arzanes, aunque hoy día es llamado ademos.> Dado que prácticamente ningún otro miembro de la comunidad es- tá desempleado o empleado en tareas improductivas, po- drán imaginar qué cantidad y calidad de trabajo realizan en pocas horas. El problema laboral no es tampoco tan importante debido al hecho de que ellos abordan las ta- reas esenciales con más economía de esfuerzos que noso- tros. Por ejemplo, la razón por la cual el trabajo de la construcción demanda tanta mano de obra, es que la gen- te construye casas que luego son abandonadas a-su suerte por los herederos. Por lo tanto la próxima generación tie- ne que comenzar a construirlas nuevamente, lo cual im- plica un costo sensiblemente mayor al de mantenerlas en buenas condiciones. De hecho, lo que ocurre con fre- cuencia es lo siguiente: Á construye una casa muy cara la que luego no puede satisfacer el gusto quisquilloso de B. B entonces la rechaza con. suficiente vehemencia como para que la casa esté pronto en ruinas; construye enton- ces para sí mismo una costosa casa en cualquier otra par- te. Pero en Utopía, donde todo est bajo. control del Ese) [1171 (tado; las casas son rara vez edificadas en lugares nuevos y los arreglos se realizan cada vez que es necesario, cuando no antes. Obtienen el máximo de durabilidad con el mí- nimo esfuerzo, lo cual significa que los constructores en algunas oportunidades no tienen nada que hacer, ocasio- nes en las que son enviados a sus casas para cortar made- ra y cuadrar piedras, de manera tal que si deben construir lo hagan lo más rápido posible. Consideremos ahora cuánto trabajó ahorran en la > Sa: ropa de trabajo consiste en trajes de cuero olga nm una duración de aproximadamente siete años. Cuando salen cubren este vestuario rústico con una especie de capa, siempre del mismo color, el color natu- ral de la lana. Así, su consumo de tejidos de lana es 10 só- lo el más bajo del mundo sino que también lo es el costo de producción de este material. El lino es todavía más fá- cil de producir y por lo tanto es usado con mayor fre- cuencia, pero mientras el lino esté blanco y la lana esté limpia no les preocupa cuán fina o gruesa sea la trama de la tela, De donde resulta que, mientras en otros países no encontramos a nadie que se sienta satisfecho con menos de cinco o seis trajes y otra tanta cantidad de camisas de seda —los más acicalados necesitan más de diez de cada uno-, el utopiano está contento con una sola prenda que le dura por lo general dos años. ¿Para qué querría tener más? No le daría ni más calor ni mejor apariencia. Como todos se ocupan de un oficio útil y éste a su vez se ve reducido a lo mínimo indispensable, tienen tan- tas reservas de todo que de tanto en tanto pueden liberar una gran fuerza de trabajo para arreglar caminos en malas condiciones, y, a menudo, si hay algún requerimiento de este tipo, las autoridades anuncian un día de trabajo más corto. Nunca fuerzan a la gente a trabajar más de lo nece- sario, ya que el objerivo principal de su economía es otor- [118] podrá así cultivar su mente, lo cual es considerado Será conveniente que les explique a continuación có- mo es su organización social, cómo se comportan unos con otros, cómo se distribuyen los bienes y demás. Bien, la que es virtual- mente un sinónimo Cuando una niña crece y contrae matrimonio, se une a la 'casa de su marido, pe- ro los jóvenes de cada generación permanecen en la suya bajo el que se haya vuelto senil, en cuyo caso queda a cargo el que le sigue en edad. Cada ciudad consta de seis mil casas, sin contar las del campo. Con el objeto de conservar una cantidad de habitantes estable, hay una ley que determina que ningu- na casa tendrá menos de diez ni más de dieciséis adultos, ya que no pueden establecer un número fijo de niños. Es- ta ley se cumple mediante la remoción de los adultos su- pernumetarios, los que son enviados a casas con menos cantidad de gente. Si la ciudad en su conjunto comienza a poblarse en exceso, la población excedente es transferi- da a una ciudad que esté comparativamente menos pobla- da. Si toda la isla llega a tener un problema de sobrepo- blación, recomiendan a un cierto número de gente de cada ciudad que inicie una colonia en el punto más cer- cano del continente, donde hay grandes áreas que no han sido cultivadas por los habitantes locales. Estas colonias son gobernadas por los utopianos, pero los nativos pue- den, si quieren, unirseles. Cuando esto ocurre, nativos y colonos pronto se combinan para formar una comunidad integrada con un solo estilo de vida para beneficio de am- bas partes. Bajo la conducción de los utopianos, la tierra [119] ¿Es que alguien puede animarse a Cormparar esta equitativa organización en Utopía co; la así deno, ad ganiz, Ut 1 1 denomkj; ¿| pi nada J El justicia de otros países?, en los cuales que me maldigan si É d 2 1 q 1 ig 1 es que veo el más mín; rastro de justicia_o equida: q ás ¡Mo ra; d dad. Justa ¿Qué clase de Justicia es la que recompensa a los aristó- d IFE cratas, orfe 3 jan, o e res O prestamistas usureros, quienes no trab, . an un trabajo aba- ES 5 . ue no ; pléndida vida de lujos? q es esencial, con una es- Los trabaj a o os cocheros, los carpinteros y los o pesinos, q ¿nes sunca paran de trabajar como caba- A a Jan imprescindibles que si se inte- a Levaían 2 ! pais a un estancamiento en un año pasa co nos lenen tan poco para comer y llevan a a de que casi estarían mejor si fueran en os de tro, Al menos no trabajarían tantas com dano sería mucho peor, la disfrutarían más adn iedo por su futuro. Tal como están las co- do (stán no sól o sometidos a una faena mal recom- idea de una vejez sumida nda e ce a jíca de uns miseria. Si su ¡ari o a postenerlos un día, a ¿Hay alguna ta eran. o A g en un sistem: 1 o p A los así llamados nobles a y lo, los cuales son totalmente Aló vos 'o simplements , e artífices de bi : ienes de lujo o d e entre- tenimiento, pero no tiene tales consideraciones para con pesa pe oneros, trabajadores, cocheros o car- E ñ ñ sociedad no podría existir? El O ega cuando están viejos, enfer- O aleta e menesterosos. Habiéndose aprove- sociedad olvida peri Sueño as la ad eño 1 su servicio y les paga por todo el AO poe : rea- [136 ] ! | lizado dejándolos morir en la miseria. Más aún, las ma- gras raciones del pobre se despilfarran diariamente en ma- nos de los ricos, nO sólo a través de la deshonestidad pri- vadaysino también por medio de la legislación pública. Como si no fuera ya lo suficientemente injusto que el hombre que más contribuye al bienestar de la sociedad obtenga a cambio lo mínimo, lo empeoran todavía más haciendo los arreglos necesarios para que la injusticia sea legalmente presentada como justicia. s Es por esto que, cuando considero cualquier sistema social que prevalece hoy en el mundo modezno, no pue- do, y Dios me guarde, verlo más que como una conspira- ción de los ricos para hacer prevalecer sus propios intere- ses, con el pretexto de estar en realidad organizando a la las, prime- sociedad. Inventan todo tipo de ardides y arguci mantener a salvo sus ganancias mal habidas y des- pués para explotar al pobre al comprar su trabajo al me- ble. Una vez que los ricos han decidido nor precio posi maquinaciones sean. oficialmente aceptadas por el conjunto de la comunidad -lo que incluye tanto a los pobres como a los ricos— adquieren fuerza de ley. Enton- da por su insacia- ces, una minoría inescrupúulosa:es leva bilidad. a monopolizar lo que podría haber sido suficien- te para satisfacer las necesidades de la población en su conjunto. Y aun asi, icuánto más felices serían hasta esta clase de personas en Utopia! Allá, con la abolición simul- tánea del dinero y de la pasión por el dinero, ¡cuántos otros problemas sociales han sido solucionados, cuántos delitos erradicados! Porque obviamente el fin del dinero implica el fin de todos esos tipos de delincuencia que los diarios castigos son incapaces de detener: fraudes, robos, raterías, riñas pendencieras, motines; disputas, rebeliones, homicidios, traiciones y envenenamientos. En el momen- to en que el dinero deja de existir, desaparecen el miedo ro para [187] y la tensión, la ansiedad y el exceso de trabajo, las noches en vela. Porque hasta la misma pobreza, el gran problema que siempre pareció necesitar del dinero para su solución, pronto se acabaría si dejara de existir el dinero. Intentaré echar más luz sobre este punto. Piensen en uno de esos años de malas cosechas, cuando miles de per- sonas morían de hambre. Apuesto a que si ustedes hubie- ran inspeccionado los graneros de cada hombre rico al fi- nal de ese improductivo período hubieran encontrado suficiente trigo como para salvar todas las vidas perdidas por desnutrición y enfermedad, así como para evitar el su- frimiento y los efectos dañinos provocados por el rigor del clima y del suelo. Sería tan sencillo alimentar a todos si no fuera por el bendito fastidio del dinero. Ahí tienen un invento brillante destinado a hacer de la comida algo disponible con más facilidad. En realidad es lo único que la convierte en inhallable. Estoy seguro de que hasta los ricos tienen clara con- ciencia de todo esto y se dan cuenta de que sería mucho mejor tener lo necesario antes que montones de cosas que no se necesitan; ser evacuado del área de peligro antes que atrincherarse detrás de una barricada de enormes riquezas. Y no tengo dudas de que el propio interés de cada cual o la autoridad de nuestro O Jade quien fue más que sabio para saber qué era lo mejor para nosotros y más que amable para evitar á El criterio de pros- o es lo que uno tiene sino lo que otros no tienen. La soberbia se resistiría a poner los pies en el paraíso si supiera que no hay clases sociales sin pri- vilegios a las cuales poder mandar y contemplar con per- versa satisfacción, nadie cuya miseria pueda servir como [188 ] A d AAA . a ñ contraste para su propia felicidad o cuya pobreza ella pue- da hacer más dura de soportar al ostentar su propia rique- ia, cual diabólica serp a a Lao morales, o debiéramos decir ql o el pecho de ñ 1co, 1OS impide tomar él e AAA o stindonos A - a uds, Está tan arraigada en la natur: na qu o es fácil extirparla. se haya org a cho Jegra que al menos un pal ee Mo desa lar un sistema al que e pÍanO do e o el mundo. El modo de vida e o sólo a más feliz para una comun: E ión una que dentro de lo me nu : durará para a os simi ares. No hay por lo si solo ha disenso Interno, algo E o 0 1 ejor organizad: nás só y m5 fica administración SS á idiosos puedan 1 cuán envidio: in e á tambalear, ontimúen, no importa o am entr . los reyes vecinos, Jamás podr a gienta sentirse lo destruir, el poder de Utopía. o, siem exit oportunidades en pre fueron repelidos Y vencidos. provee no sólo vilizada sino que mano conjeturar, do la: Ae e políticos y tanto peligro de : do destruir x r es Mientras su unidad y magni Mientras Rafael nos contaba todo esto, permaneci Y y €. pensando en varias objeciones. Las leyes y costumbres de ese país me parecieron en muchos Casos absolutamente Yl- igl o 1 ¡hi sus religiones Í Más allá de sus tácticas ntares ba la o taba el gran absurdo sobre € e, Esto pa tedad y su conjunto: el comunismo so sociedad en c traería aparejado 189]