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La Colonización Europea de África: El Período de Berlín (1884-1885) y su Impacto en Asia -, Apuntes de Historia

La conferencia de berlín de 1884-1885, donde europa decide el reparto de áfrica y comienza la segunda fase de colonización asiática. Se detalla cómo gran bretaña, francia, rusia, holanda y japón se expanden por asia y cómo japón logra liberarse de la acción colonial. Además, se explica cómo las rivalidades internacionales se resuelven con guerras o acuerdos de reparto. Se incluyen detalles sobre la administración japonesa, la presión occidental y el comercio triangular.

Tipo: Apuntes

2016/2017

Subido el 21/09/2017

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HISTORIA DE LOS PAISES AFROASIATICOS (UCM)
HISTORIA DE LOS PAÍSES AFROASIÁTICOS
JULIA, MORENO GARCÍA CURS 09-10
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HISTORIA DE LOS PAISES AFROASIATICOS (UCM)

HISTORIA DE LOS PAÍSES AFROASIÁTICOS

JULIA, MORENO GARCÍA CURS 09-

Apuntes

Historia de los Países Afroasiáticos[#?]

Curso 2009/2010[#?]

DRA. JULIA MORENO GARCÍA[#?] FACULTAD DE GEOGRAFÍA E HISTORIA[#?]

[#?]

LA EXPANSIÓN COLONIAL EUROPEA: FASES Y CAUSAS.

CARACTERES GENERALES DEL COLONIALISMO

La expansión colonial europea, que se inició desde el siglo XV, creará un tipo peculiar de colonialismo a lo largo de los siglos modernos. Para Europa, ello es un gran acontecimiento y estaba destinado a buscar una ruta alternativa para el comercio, liberando a Europa de su encerramiento y poniendo a Occidente en contacto con otros pueblos. Consolidado el colonialismo europeo en los siglos XVI-XVII, en el siglo XVIII, las posesiones europeas en Ultramar están definidas, pero se caracterizan por su establecimiento irregular por el resto del mundo. Desde finales del siglo XVIII a inicios del XIX, el colonialismo europeo sufre transformaciones que se manifiestan en la desaparición de los imperios coloniales en América y el aumento del expansionismo en África y Asia. Este cambio es consecuencia del triunfo independentista en América en el primer caso, mientras que en el segundo se debe a la evolución de la economía europea, llevando al replanteamiento del reparto colonial dependiendo de las necesidades de las nuevas potencias europeas, Francia y Gran Bretaña, principalmente. Durante el colonialismo se da un sistema internacional continental, acumulación de capital por el comercio y todo ello supone un cambio importante.

Durante el último tercio del siglo XIX el imperialismo llega a su plenitud y se da un total control político y económico del resto del mundo por las grandes potencias, que se reparten literalmente el planeta. Sólo Japón queda al margen para luego acabar construyendo su propio imperio.

La expansión colonial se produce en tres fases:

Primera fase (mediados del siglo XV a finales del siglo XVIII): inicio de la expansión colonial sobre la base de una economía de tipo mercantil (colonialismo mercantilista). Ahora Europa controla principalmente América, destacando la firma del Tratado de Tordesillas , firmado en 1494 entre España y Portugal, por el cual ambos países se repartían el Nuevo Mundo. Hasta finales del siglo XVII hubo pocos cambios destacables. Sólo la disgregación de los imperios americanos supuso un punto de inflexión, sobre todo con la independencia de las Trece Colonias y de los territorios americanos del Imperio español a inicios del siglo XIX. En 1823, los territorios dependientes de Europa recibirían un gran espaldarazo en sus teorías secesionistas con la doctrina Monroe (“América para los americanos”).

Segunda fase (inicios del siglo XIX-1880): mayor proyección de la economía en el colonialismo por la revolución industrial y la evolución al capitalismo, es un colonialismo industrial que contrasta

Causas sociales y científicas, por la misión colonizadora y civilizadora que se imponen el individuo y la sociedad europeas sobre los pueblos que se consideran “inferiores”, y que se manifiestan a través de variados aspectos y actividades que lo consideran una obligación; también la apetencia de encontrar empleos y puestos de trabajo ventajosos por parte de los individuos de las metrópolis que desean establecerse en las nuevas tierras. Igualmente obedecen a estímulos científicos, con la curiosidad intelectual y el interés geográfico, con la realización de empresas para todo tipo de descubrimientos y exploraciones geográficas, como es el caso de las patrocinadas en el siglo XIX para África por la Real Sociedad Geográfica de Londres.

Causas ideológicas y morales, por el hecho de que cada país europeo, con conciencia de los valores históricos que representa, expresa su voluntad de extenderlos entre otros pueblos sobre la base de su superior misión civilizadora respecto a las otras sociedades consideradas “inferiores” y a las que hay que civilizar según el modelo europeo; e incluso por su peculiar interpretación del darwinismo, en la época contemporánea, se defiende la idea de la superioridad del hombre y la civilización occidentales sobre las restantes, postura que al ser exaltada por sus defensores, alcanza niveles de idealismo y misticismo deformadores de la realidad. Manifestación en este sentido es Rudyard Kipling, cuando expresa que esta acción civilizadora es la pesada carga que tiene el hombre blanco.

Los progresos, avances y transformaciones de todo tipo, en especial en los órdenes técnico, económico y social, además de en lo político y cultural, que se registran en las sociedades europeas occidentales, y muy principalmente a partir de finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX, constituyen las nuevas realidades y condiciones indispensables para la expansión europea y la consolidación del colonialismo. Todo ello constituye los factores principales de tal expansión europea, que son:

Factores técnicos: con los progresos y avances materiales en todos los órdenes que facilitan y contribuyen de manera decisiva a la realización e intensificación de la expansión colonial. A ello se unen las novedades en la navegación marítima, la fabricación de buques, el uso del vapor, navíos más rápidos y grandes, modernización de puertos, etc. y todo ello lleva a una indiscutible superioridad técnica, unido a los problemas de navegación práctica que ahora son resueltos. La mejora de armas de fuego, sobre todo de artillería naval también juega un papel importante.

Factores económicos y financieros: la colonización económica con la exportación comercial, empezó por los intercambios comerciales entre Europa y las colonias y entre los nuevos países de Ultramar, con nuevas técnicas agrícolas.

Factores demográfico-sociales: actúan por el crecimiento de la población europea y su emigración a Ultramar. Desde finales del siglo XVIII se da un aumento demográfico en Europa y ello provoca un auge de la emigración hacia las nuevas colonias y países (Irlanda a EEUU, los británicos a Australia y Nueva Zelanda).

Factores de política internacional: por las imposiciones de las nuevas Relaciones Internacionales, unido a la presión de los nacionalismos, rivalidades internacionales, prestigio nacional e intentos de acuerdo de repartos internacionales (en algunos casos, los territorios coloniales son fruto de las tensiones entre países europeos). De hecho, hasta 1918 las últimas decisiones coloniales se toman en Europa.

Los territorios coloniales integrados en los imperios europeos quedaron pronto sometidos a los sistemas administrativos impuestos por las metrópolis. En los siglos modernos fue el control militar, tras la conquista, y el sistema de compañías a continuación, unas compañías mercantiles y paraestatales, con su propia organización, que establecía factorías y ejercía la soberanía sobre las colonias; las compañías tenían sus propias bases y ejércitos y sus funcionarios administraban las colonias, como en la India lo hacía hasta mediados del siglo XIX la Compañía de Indias Orientales. Desde el siglo XIX todo debate de política colonial oponía la asimilación a la asociación. En líneas generales se ha planteado una oposición clásica, en parte algo artificial, entre un grupo de

metrópolis (Francia, Bélgica, España y Portugal), que eran partidarias de una administración directa, la asimilación y la centralización, esto es, son partidarias de reducir las diferencias existentes entre la metrópoli y las colonias con el fin de lograr una fusión completa, llevaba implícito igualar a colonizado y colonizador, afirmando la superioridad de la civilización occidental y negando la personalidad propia del colonizado; Gran Bretaña, Holanda y Alemania se caracterizan por el tipo de una administración indirecta, a través de la asociación, con el fomento de las instituciones indígenas y la autonomía interna, reconociendo la originalidad de la colonia y busca establecer lazos entre las diferentes comunidades, respetaba al colonizado y afirmaba la coexistencia.

En cualquier caso, según el modelo de la administración política durante la época contemporánea, los territorios dependientes se pueden clasificar dentro de varias categorías, con diferentes instituciones de gobierno, siendo las principales:

Colonias: no tienen un gobierno indígena propio y dependen directamente de la administración metropolitana a través de sus funcionarios e instituciones, y que son principalmente resultado del derecho de conquista y ocupación.

Protectorados: en ellos, teóricamente, subsiste y actúa un gobierno indígena, que en principio, es respetado por el poder metropolitano que, a su vez, crea e impone una administración paralela y dominante en la práctica, que da protección al país y lo representa en el exterior, y es resultado de un pacto, evidentemente desigual, entre ambas entidades.

Territorios metropolitanos de ultramar: éstos, jurídica y administrativamente son equiparados administrativamente a la metrópoli y se les considera integrados y formando parte de ella a todos los efectos, como una prolongación suya, constituyendo los departamentos o provincias de ultramar, con numerosa población de colonos metropolitanos. Tal es el caso de las provincias francesas de Guadalupe o Martinica, o las antiguas colonias portuguesas.

Mandatos: fueron creados por la Sociedad de Naciones en 1919 para administrar los territorios hasta entonces dependientes de los Estados vencidos en la Primera Guerra Mundial (Alemania y Turquía) y que introducen la nueva noción de tutela internacional ejercida por un país colonizador en representación de la Sociedad de Naciones sobre un país colonizado y de cuya administración debe dar regularmente cuenta al organismo internacional. Hay tres tipos de mandatos, A, B y C. Los mandatos A son los del Imperio turco en Oriente Próximo, se los reparten entre Gran Bretaña (Palestina, Transjordania e Irak) y Francia (Siria y Líbano). Los mandatos B se dan en África, con territorios alemanes: Togo y Camerún (para Francia) y el África Oriental Alemana, esto es, Tanganica, Ruanda y Burundi, quedándose Gran Bretaña con Tanganica y Bélgica con Ruanda y Burundi. Los mandatos C: son los de África del Suroeste Alemán (Namibia) y las islas alemanas del Pacífico; Namibia fue para Gran Bretaña pero Londres se la cedió a África del Sur que se la pretendía anexionar, mientras las islas del Pacífico también estarían bajo mandato británico mas Londres volvió a ceder su mandato a Australia y Nueva Zelanda, así como los intereses y territorios alemanes en China, se quedan para Japón. Son una transición hacia la descolonización, sobre todo en los mandatos A.

Por otra parte, la función económica de las colonias ha variado también de acuerdo con la evolución de la coyuntura económica de las metrópolis. Al sistema dominante del colonialismo mercantilista durante los siglos modernos, en los que destacó el llamado “comercio triangular” (se exportaban productos a África, ahí los europeos compraban esclavos, los cuales eran vendidos en América, un comercio que resultaba “rentable”), siguió en la época contemporánea, con el incremento de las actividades y la explotación de las colonias, su diversificación según su papel económico en dos principales categorías:

Colonias de poblamiento: con abundante y en general mayoritaria población de origen europeo que, tras emigrar, tiende a establecerse de forma permanente dando nacimiento a núcleos sociales de tipo occidental, y que se impone sobre la escasa o minoritaria población indígena que ofrece una densidad

Los primeros imperios entre el siglo XVI e inicios del XIX son los de España y Portugal, que tienen su mayor extensión sobre América y una pequeña parte de Asia. Sin embargo, en torno a 1800, tanto España como Portugal eran países en decadencia como potencias coloniales. Durante el siglo XIX, España sólo conservó pequeñas colonias dispersas en el Caribe (Cuba y Puerto Rico), África (Ifni, Sáhara Occidental y Guinea Ecuatorial) y Asia oriental (Filipinas), mientras Portugal quedó con sus posesiones en Asia (Macao y Gao) y África (Angola, Mozambique y Guinea Bissau). Holanda, por su parte, conservó especialmente su imperio asiático (Indonesia) y algún territorio americano (Guayana).

Los grandes imperios de Gran Bretaña y Francia, iniciados en los siglos modernos se mantuvieron y engrandecieron en el siglo XIX, conservándose hasta el siglo XX y llegando a ser los más extensos y ricos con posesiones por todos los continentes. El Imperio británico tenía posesiones por todo el mundo: en América, controlaba Bahamas, Canadá, Jamaica y Barbados; en Asia, poseía la India, Ceilán, Malasia, Singapur, Hong Kong, Birmania, Irak, Palestina y Transjordania; en Oceanía, Australia y Nueva Zelanda; en África, desde El Cabo hasta El Cairo, además de Gambia, Costa de Oro, Nigeria y Sierra Leona. Francia se extiende por América (Guadalupe y Martinica), Oceanía (Fidji y Bikini), Asia (Indochina) y buena parte del África subsahariana.

Los nuevos imperios formados en el siglo XIX por las nuevas potencias europeas con afanes expansivos principalmente por África: Bélgica, Alemania e Italia. Bélgica controla el Congo (que es más bien una finca particular de su rey, Leopoldo II); Alemania posee Camerún, Togo, África Oriental Alemana y África del Suroeste Alemán; Italia intenta ocupar Etiopía y logra conquistar Libia.

Además, el tradicional Imperio ruso , de carácter continental, extendido por Asia central hasta el Pacífico; y los más recientes y últimos imperios surgidos de la expansión de Estados Unidos por el área americana, y de Japón por Asia oriental.

En esta época también hay en la segunda mitad del siglo XIX una corriente anticolonialista afirmando que no se está cristianizando sino cometiendo abusos, Europa está perdiendo población, se dice que la inversión se tendría que invertir en metrópolis y que las rivalidades coloniales podían desembocar guerras. El anticolonialismo será, principalmente, marxista, se discute en el plano de la II Internacional.

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LA COLONIZACIÓN DE ASIA

El comienzo de la presencia y establecimiento de los colonizadores europeos en las costas asiáticas se va registrando a lo largo de los siglos modernos, desde los últimos años del siglo XV hasta el XVIII, intensificándose la acción colonial a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, y en especial durante el siglo XIX con la penetración y expansión hacia el interior de los territorios a conquistar. La acción europea revistió unas especiales características en Asia: los primeros en llegar a las costas asiáticas de la India fueron los portugueses en los mismos comienzos del siglo XVI, a los que pronto siguieron holandeses, ingleses y franceses; desde el siglo XVII Inglaterra fue ocupando la India, que en el siglo XIX vinculó más estrechamente con el Imperio británico, así como otros territorios del Sur y Suroeste asiáticos.

Mientras, Francia se extendía por algunas costas del sur y por Indochina, y Holanda lo había hecho por Indonesia, a costa de Portugal. Las principales potencias occidentales intentaron apoderarse de Japón, algo que se frustró en 1868, y desplegaron una acción común para el reparto económico de China, que desde las guerras del opio (1839-1860) sufrió un continuo despojo en 1895. Fue durante los siglos XIX y XX cuando Asia, tanto por el factor externo de la acción colonial europea como por el interno del dinamismo de sus propias sociedades, cambió su aspecto de forma intensa y con un gran ritmo, iniciándose entonces el proceso que va a transformar a los pueblos asiáticos y a darles un nuevo

carácter y talante a sus sociedades, aunque manteniéndose firmemente enraizados en sus inamovibles bases tradicionales.

En el proceso de colonización de Asia hay tres fases:

La primera fase se extiende durante los siglos modernos, desde los primeros años del siglo XVI hasta finales del siglo XVIII, en la que se inicia el asentamiento de los europeos en las costas de Asia con la finalidad de abrir el continente asiático al comercio occidental, y cuya acción se realizó a partir del triple factor de la superioridad militar, marítima y económica de las potencias europeas, que establecen las primeras factorías y puestos costeros; en el siglo XVIII, cinco países europeos tienen posesiones en Asia, aunque sin haber llegado todavía a crear grandes imperios territoriales: Portugal (en un principio controlaba asentamientos en India y Ceilán, e Indonesia, además de controlar las rutas marítimas y comerciales en Asia), España (Filipinas), Holanda (expulsa a Portugal de Indonesia y Ceilán en el siglo XVII), Francia (controla algunas tierras de la India, además de Indochina) y Gran Bretaña (en la India controla Madrás, Bombay y Calcuta). Durante el siglo XVIII, la rivalidad franco- británica se resuelve a favor de Londres, a través de las Compañía de las Indias Orientales y su centro en Bengala da lugar a su control del comercio.

Desde comienzos del siglo XIX hasta 1880-1890 se extiende la segunda fase en la que se registran importantes cambios en Asia, con una intensificación de la acción colonial europea hacia el interior del continente: Inglaterra se adueña de la India y su entorno; Rusia se extiende por Asia central; Holanda actúa en Indonesia y Francia en Indochina, mientras que varias de estas potencias, aliadas, logran por la fuerza abrir los puertos de China y Japón con la imposición de los “tratados desiguales”, aunque Japón pronto se libera de la acción colonial por su Revolución Meiji en 1868.

El período comprendido entre 1880-1890 y la Segunda Guerra Mundial corresponde a la tercera y última fase de la colonización occidental de Asia que se caracteriza por el incremento de la acción colonial de las potencias ya con posesiones en Asia y por la acción de nuevas potencias coloniales como Rusia, EEUU y Japón, y por registrarse una serie de rivalidades internacionales que se resuelven con guerras o acuerdos de reparto; algún ejemplo lo demuestran los roces entre Francia y Gran Bretaña en el Sureste asiático e Indochina, pues Londres controla Birmania y se produce un choque por Siam, que al final es reconocido Estado independiente; también entre Gran Bretaña y Rusia, en la zona de Asia central, por Afganistán y Tíbet, solucionado en 1907 por acuerdo mediante el cual la meseta del Pasmir es zona neutral; EEUU actúa como potencia con el “documento Hay” y la guerra contra España en 1898; también, la expedición continental de Japón contra Corea choca con Rusia. Estas rivalidades llevan al despojo y práctico reparto de China por la política de concesiones de zonas de influencia y territorios en el país asiático, aunque la monarquía china sigue en pie. Con anterioridad a la Segunda Guerra Mundial, la dependencia colonial, económica y política de Asia con respecto a Europa se había completado; y al mismo tiempo en esta fase se organizan y desarrollan los movimientos nacionalistas entre los pueblos y países asiáticos que comienzan a desplegar su acción contra la presencia colonial occidental; en la India surge el Partido del Congreso; en Indochina, el Partido Nacionalista y el Partido Comunista (futuro Vietminh) y China, con el Kuomingtan y el Partido Comunista Chino. Este “orden colonial europeo” fue alterado por la irrupción de Japón durante el conflicto mundial, que hizo cambiar la situación.

La colonización de la India

Fue a lo largo del siglo XVII cuando Inglaterra se orientó por el Índico hacia Asia, con el fin de tomar parte en el rico comercio de las especias, rivalizando con portugueses y holandeses. Durante este siglo se establecieron en determinados puertos de la India: Madrás (1639), Bombay (1661) y Calcuta (1696). La colonización inglesa de la India, a partir de estos tres establecimientos costeros, se divide en dos fases: la primera, entre 1750 y 1857; la segunda, entre 1858 y 1935.

En las fronteras orientales en la India, en 1815, Birmania quería crear un imperio en el sureste asiático. Antes, en 1782, los birmanos habían conquistado Arakan , limitando con Bengala. Birmanos y británicos chocaron y los primeros conquistaron Assam en 1817 y en 1824 se prepararon para tomar Bengala. En 1826 los ingleses conquistan Rangún, la capital birmana, y mediante el Tratado de Yandabo , Gran Bretaña se asegura el control de los territorios disputados ( Assam , Asakan , Tenasserim y la región de Manipur ). Gran Bretaña quería crear conquistas territoriales para aislar a la India, los birmanos se rebelaron a mediados del siglo XIX atacando a los comerciantes indios de Pegu ; Londres reaccionó ocupando esa región y la Baja Birmania pasaba a manos británicos, mientras la Alta Birmania seguirá siendo independiente.

A mediados del siglo XIX toda India había sido colonizada por Gran Bretaña y además, por la Compañía de Indias Orientales, mas en 1857-58 se produce la rebelión de los cipayos (soldados indios al servicio de la Compañía). En 1850, la sociedad india vivía en plena tensión por la penetración occidental, prohibiendo sacrificios humanos, quema de viudas, se difunde la educación occidental y todo ello provoca una reacción en la India, pues se cree que Occidente arremete cultural y económicamente contra el país asiático. La tensión acumulada provoca la rebelión de los cipayos, sobre todo debido a que se corrió el rumor de que la grasa de la vaca (animal sagrado para los hindúes) y del cerdo (para los musulmanes) se usaba para engrasar las armas; en mayo de 1857 estalla la rebelión en la zona norte de la India, los rebeldes toman Delhi y se acaba la sublevación en junio del 58 con la conquista británica del bastión de Gwailor. Este motín tuvo motivos religiosos y fue el último movimiento de protesta de los sectores tradicionales de la India ante la llegada occidental, tanto por la pérdida costumbres como por el fin de su hegemonía política en manos británicas. La rebelión de cipayos nunca puso en peligro la soberanía británica sobre la India, pues Londres controló con facilidad la rebelión; sin embargo, esta sublevación hizo sentir a los británicos que su política en la India no estaba siendo tan bien asimilada como ellos pensaban, por lo que llevaron a cabo profundas reformas que consolidarían su poder en el subcontinente indio.

La segunda fase (1858-1935) de la colonización británica fue el período de su apogeo en la India, que se inicia con una nueva administración colonial. En 1858 Gran Bretaña promulga el Acta de Gobierno de la India , en el que se suprime la administración vigente hasta entonces, incluida la Compañía de Indias Orientales y se impone una administración directa de Londres sobre la India a través de un virrey, cuya sede está en Calcuta, y de la Secretaría para la India con sede en Londres; además, la reina Victoria fue coronada en 1877 emperatriz de la India. También se crea el Servicio Civil de la India , en el que podía haber británicos e indios. Se dan en esta fase reformas económicas (con inversiones en infraestructuras, mejoras de riego, etc.), educativas (se implanta el sistema británico) y los hijos de las élites pueden ser llevados a Gran Bretaña a estudiar en sus universidades. También hay reformas sociales que favorecían a las élites, se generalizaron los “tea-parties” , mayor relación con la clase alta y los militares. La India se convierte ya en una colonia plenamente británica.

Gran Bretaña, posteriormente, se anexionaría, ante Francia, la Alta Birmania entre 1885 y 1886, lo que colocaba a toda Birmania bajo soberanía británica; cuando se conoció en 1885 que Francia había prometido ayuda al Gobierno birmano, lo que coincidió con provocaciones de Rangún contra compañías británicas, Londres pone condiciones a Birmania y ante la negativa de su ejecutivo a ceder, Gran Bretaña ocupa Birmania. Ante Rusia, los británicos intentan ocupar Afganistán y tratan de ocupar el Tíbet, por lo que en 1907 se fija el Tratado Anglo Ruso, por el que ambos se reparten zonas de influencia: el norte de Persia para Rusia y el sur de ese país para Gran Bretaña; igual pasará en el Tíbet.

Por su parte, económicamente, India es un gran productor de materias primas y un amplio mercado de consumo, aumentando su explotación. Bajo dominio británico se inició en India un cambio: las fuerzas ortodoxas hindúes cambiaron de actitud y se abrieron a Occidente, Gran Bretaña impuso como base exclusiva la lengua y la cultura británicas, sobre todo superior, algo que sirviera para trabajar en la administración colonial o para irse a Occidente. La influencia occidental en la India ya era palpable, incluso se renovó el hinduismo, que fue sometido a una interpretación occidental.

Es en esta época cuando nace el nacionalismo indio, que desde la segunda mitad del siglo XIX insistió en las singularidades religiosas y culturales de la India, al tiempo que se pedía autonomía política y económica. También nacen muchas asociaciones que luchan contra el tradicionalismo. En sectores intelectuales surgen deseos de reformas sociales y son la primera oposición a la soberanía británica, sobre todo en Bengala y el Punjab. Nace en 1885 el Congreso Nacional Indio , con el apoyo de los liberales británicos y cuyos delegados se reunían en ciudades hindis (hindúes) y con la elección de un presidente cada año, eran de clase media urbana y que habían estudiado en Inglaterra. El Congreso Nacional Indio no tendrá una ideología antibritánica, sino que incluso veían a Londres como la guía política y moral que dio principios a la India. Este partido aspiraba a la consolidación de Inglaterra e India cambiando sólo las condiciones “injustas y perjudiciales” para la colonial, aludiendo a una mayor participación de los indios en la administración, algo que no se dio realmente hasta la Primera Guerra Mundial. El nacionalismo indio es elitista y tras la Primera Guerra Mundial todo cambiará.

Mientras, la instrucción pública era fundamental, como demuestra el 90% de analfabetismo. Los británicos se centraron en la enseñanza superior. Habrá planes de educación general aunque la petición del Congreso Nacional Indio para que la educación primaria fuese obligatoria, no fue escuchada porque se afirmó era muy caro llevar ese proyecto a cabo.

En el terreno económico, los esfuerzos británicos por dotar a la India de una economía moderna fueron ingentes pero la industrialización se pintaba como una utopía, aunque los campesinos seguían viviendo en condiciones de miseria. Sin embargo, la manufactura india se había hundido, los campesinos tenían que soportar fuerte presión fiscal porque la agricultura seguía siendo la principal actividad de la India y además, el fuerte crecimiento de la población no se correspondía con la productividad necesaria, por lo que para paliar las insuficiencias se crearon las Sociedades de Crédito Cooperativas en 1904. Los británicos tampoco querían crear una industria potente en la India porque podría perjudicar sus intereses, por lo que sólo se industrializó el té. Tata quiso crear su propia industria pesada pero en un principio le fue denegado el capital necesario, no pudiendo salir a la luz hasta inicios del siglo XX. La industria algodonera británica empezó a desarrollarse a mediados del siglo XIX, por lo que a la industria india se le denegó protección a sus productos; cuando a finales del siglo XIX, Londres decida proteger su industria, los indios pedirán la misma política, algo que no fue admitido hasta 1936.

[#?]

El reparto de China

A inicios del siglo XIX las relaciones entre Oriente y Occidente estaban en un bajo nivel. China y Japón tenían unas relaciones limitadas con el resto del mundo. Los gobiernos asiáticos restringieron las actividades de comerciantes y misioneros occidentales. Fue desde mediados del siglo XIX cuando se planteó la colonización de los dos grandes países de esta región, China y Japón, con unas características especiales: fue más tardía, tenía una clara finalidad económica, se hizo conjuntamente por las potencias occidentales, y fue muy limitada y episódica en el caso japonés.

CHINA

Era el imperio más evolucionado de los Estados monárquicos de Asia oriental, a lo que se une el mantenimiento de las estructuras tradicionales y de Estado confuciano. En el siglo XVI, los europeos había iniciado una comunicación limitada (caso de Portugal), manteniéndose a lo largo de los siglos modernos pero China tendrá unas comunicaciones restringidas (sólo había acceso al interior a través del puerto de Cantón) y los comerciantes europeos no podían comerciar libremente con China sino que tenían que aceptar las condiciones de la Co-Hong , compañía de comerciante china

y Cantón) y lo que es más significativo, se acaba con los Co-Hong; los occidentales pueden así comerciar directamente con China.

Otro pacto es el Tratado de Humen (1843), que asegura a Gran Bretaña el tratamiento de país más favorecido (Gran Bretaña tendrá automáticamente los mismos privilegios que el Gobierno chino conceda a otro país sin necesidad de firmar un nuevo tratado con Londres), la jurisdicción consular (los británicos no pueden ser juzgados bajo la legislación china) y la extraterritorialidad (zonas de soberanía británica); en 1844 esto mismo se aplicaría a Francia y Estados Unidos por el Tratado de Wampoa y Wanghia, respectivamente.

La política de puertas abiertas, la extraterritorialidad y la apertura china al comercio interior suponen las consecuencias más importantes. China había mostrado claramente su debilidad y ello animó a los opositores a la dinastía Manchú, resquebrajándose la alianza entre la clase superior china y esta dinastía, además de darse una mayor descentralización, los entes locales tienen mayor autonomía, lo que debilitaba la burocracia imperial. La crisis del Imperio chino animó a las sociedades secretas, entre las que destacaba la Sociedad del Cielo y la Tierra , ramificada a lo largo del sur del país. Lo único que hacía falta era un dirigente carismático que uniese a todos los elementos opositores, algo que lograría Hung-Hsiu-Chuan, aspirante fracasado a funcionario que había pasado largo tiempo en Cantón. A continuación se fue al interior, y fue atrayéndose a estos grupos aglutinando más de 30. personas de diversos sectores sociales. En 1850 estalla en Kwangsi un levantamiento en 1850 que se extendió con rapidez, por lo que al año siguiente creó su propio Estado, el Estado tai-ping o tien-kuo (“reino celeste de la paz universal”); Hung fue nombrado “rey celeste” y cinco “reyes” auxiliares. Este Estado era teocrático, en el que se mezclaban el cristianismo, el taoísmo y el budismo, estaba organizado en familias que creaban sus propios ejércitos; se abolió la propiedad privada, la tierra se distribuyó pero para usufructo (no en propiedad); los impuestos eran bajos, hombres y mujeres eran iguales respecto a asuntos importantes (podían incluso entrar en el ejército), libre elección de cónyuge, prohibida la deformación de los pies y el opio, el tabaco y el alcohol. Su carácter era demasiado revolucionario y la abolición de la propiedad privada le valió la oposición de pequeños y medianos propietarios; los extranjeros apoyaron a la dinastía Manchú antes que al nacionalismo tai-ping, porque además las élites no cumplían sus propias leyes y entre sus propios dirigentes hubo divisiones. Desde los años 1850-53, los tai-ping crearon su propio Estado que ocupaba el sur del Yangtsé. En 1856, el movimiento tai-ping está acechado por múltiples problemas y en 1864, un ejército chino dirigido por oficiales franceses y británicos entra en Nanking y la ciudad cae.

A partir de entonces estalla la segunda guerra del opio porque la Policía china asaltó un carguero británico y detuvo a su tripulación por llevar opio. En 1857, un contingente francés ataca Cantón y también se dirige contra los tai-ping a la vez. El conflicto acaba con el Tratado de Tient-Sin (1858), por el cual China permitió que se acrediten enviados en Pekín, abrir el comercio a 10 nuevos puertos, permitir que los misioneros católicos y protestantes lleven a cabo su labor, otorga a los comerciantes libertad de establecimiento, y se ratifican el estatus de naciones más favorecidas a Francia y Gran Bretaña, a las que se les paga unas indemnizaciones de guerra. Rusia y EEUU lograrán poco tiempo después algo similar. Pero los chinos intentaron obstaculizar el cumplimiento del tratado, por lo que Occidente volvió a atacar China enviando en 1860 un cuerpo expedicionario conocido por la brutal destrucción que llevó a cabo por donde pasó, incluido el Palacio Imperial de Verano, que fue literalmente borrado del mapa. China firmó un nuevo tratado, la Paz de Pekín , que además de ratificar Tient-Sin, abrió este puerto a Occidente y China cedía a Gran Bretaña la Península de Kowloon y debe pagar una nueva multa de guerra. Desde ese momento, el tráfico de opio se convierte en legal y se revisan las tarifas aduaneras, con una libre circulación de productos textiles extranjeros y permiso para navegar por los ríos de China para los británicos.

A partir de los 60 surge en China una mentalidad de que Occidente está literalmente rompiendo el país asiático, que se encuentra en peligro, por lo que algunos chinos creen necesario reforzar su

Estado. Por el contrario, en la Corte Imperial se plantea una política de asimilación y conciliación con Occidente y se crea una Oficina de Asuntos Exteriores, mientras a los gobernadores generales se les dan poderes para solucionar posibles problemas derivados del comercio exterior con Occidente. Se intentan suprimir las diferencias entre la clase superior china y los Manchú, la sociedad agraria se estabiliza mediante un cultivo de tierras vírgenes, intensificación de la agricultura mediante un buen control del espacio, también se abren nuevas minas, es el momento de autoafirmación de China, cuyos gobernantes intentan llevarse bien con Occidente y sacar ventaja de ello, para lo cual intentan afianzar militarmente el país asiático con técnicas occidentales, se planea la construcción de buques de guerra, armas de fuego, etc. pero la industrialización militar fue precipitada y no había suficiente preparación ni materias primas y ni mucho menos, presupuesto. Hay empresas civiles en China, unas públicas (navegación, telégrafos), otras mixtas y otras libres o privadas; todas ellas dependían de la tecnología extranjera y se aplicó una política monopolística estatal que opuso resistencia a la empresa privada.

China, pese a todo, seguía ligada a la tradición y resultó un fracaso sus intentos de progreso industrial. La pausa bélica china se interrumpe en 1870 cuando unos misioneros franceses y el cónsul de ese país son asesinados en Tient-Sin; se dan escaramuzas entre chinos y británicos en Yunnan, pues Londres quiere abrir una vía comercial que comunicase China con Birmania. Occidente se platea a partir de entonces ocupar China y repartírsela económicamente, manteniendo su unidad política.

En el sureste, Japón ataca Formosa y las islas de Riou Kiou ; en 1874, China firma con los japoneses el Tratado Especial de Pekín , por el cual Riou Kiou pasa a ser de soberanía nipona y Formosa es devuelto a China a cambio de una indemnización. En 1850, Gran Bretaña, como hemos dicho, penetra en Yunnan y en 1876 firma el Tratado de Yentai, que amplía lo predispuesto en el Tratado de Pekín y Tient-Sin, dándole vía libre para invadir Yunnan y Tíbet para controlar el comercio desde Bengala hasta China, por el interior y el exterior. Rusia penetra por Mongolia exterior; entre 1882 y 1885 se produce la guerra franco-china, que acaba con la firma del Segundo Tratado de Tient-Sin , que reconoce la soberanía francesa sobre Vietnam y la apertura al comercio en la frontera chino-vietnamita. Todos estos tratados son los denominados “desiguales” porque son impuestos y la economía china empieza a hundirse por la gran cantidad de deudas a las que tenía que hacer frente y por la escasez de ingresos.

China abastece de materias primas baratas a Occidente, que establece bancos en el país asiático. Además, la navegación está en manos británicas y las fábricas que se construyen están en manos occidentales, sobre todo de fabricación naval, artículos ligeros, etc., con mano de obra barata china, materias primas y materiales, compraban barato y vendían caro, Occidente frenó el capitalismo chino.

A partir de 1885 (2ª fase) la intención occidental sigue siendo la de repartirse China económica y territorialmente, manteniendo el Imperio aunque sea simbólicamente. Francia, Gran Bretaña, Rusia y Japón son los que principalmente muestran interés por ello entran a saco en China: Japón, tras ocupar Riou-Kiou, ataca el continente, estallando la guerra chino-japonesa (1894-95), que acaba en el Tratado de Shimonoseki (1895), que reconoce la independencia de Corea, cedía a Japón la Península de Liao-Tung , Formosa y las islas Pescadores , además de abrir cuatro nuevos puertos, en los que después del Tratado Adicional de 1896 Japón podía instalar industrias propias, añadiendo indemnizaciones de guerra. Sin embargo, la cesión de Liao-Tung a Japón chocaba con los intereses rusos, que quería anexionarse el nordeste de China; al final, Rusia, Francia y Alemania intervinieron, obligando a Japón a devolver esa península a China, que a cambio debía indemnizar a Tokio. Macao pasó en 1887 a manos portuguesas, Tsington fue para Alemania en 1897, Port Arthur y Darien a Rusia en 1898 (también obtuvo el derecho para construir el tren transmanchuriano). En 1898 se cede Weihaiwai a Gran Bretaña y de ese año, en arriendo, la zona de Kwangtchou a Francia.

Occidente quería situarse en el reparto de China y es entonces cuando se hace notar la presencia de Estados Unidos, que si bien en el 99 no se puede ocupar de China, en septiembre de ese mismo

en 1904 la guerra ruso-japonesa , que culminó con la victoria nipona. Ahora, la región de Manchuria se divide entre Rusia y Japón.

China intenta desesperadamente aplicar reformas: el sistema de exámenes es abolido en 1905, se suprime la ley que prohibía matrimonios entre manchúes y chinos y se reorganiza el Ejército chino con técnicas japonesas. En noviembre de 1908 la emperatriz Tsu-Si falleció y el Gobierno chino intentó recuperar el control del Ejército: en el sur de China, las élites ya no tenían una clara sintonía con los Manchú, y ahora los elementos revolucionarios se volvieron a unir en sociedades secretas.

Un miembro de una sociedad secreta era Sun Yat Sen, nacido en los alrededores de Cantón en el seno de una familia campesina; pasó algunos años de su vida en Hawai, estudió Medicina en Hong Kong y en 1894 fundó la Sociedad para el Resurgimiento de China, que en 1895 intentó un levantamiento que resultó fallido. Sun Yat Sen se dio cuenta que el reformismo sólo podía darse quitando a la dinastía Manchú del poder, aunque todavía defendía la posibilidad de una monarquía constitucional. A la Sociedad para el Resurgimiento de China se unieron otras sociedades secretas y se fundó entonces la Liga Revolucionaria China (Kuomingtan), que eligió a Sun como su dirigente principal, difundiendo sus ideas a través de un “diario del pueblo” en Tokio (Sun pasó mucho tiempo fuera de China). El programa de acción se orientaba a la eliminación manchú, al establecimiento de una república para China y la igualdad; además, el Kuomingtan forja los “tres principios del pueblo”: nacionalismo, constitución republicana y socialismo, representado por una reforma agraria. Sun cree necesario acabar con la presencia occidental y la dinastía Manchú para hacer posible el progreso de China. Para ello necesita el apoyo de la burguesía. En 1911, el Gobierno chino detuvo las obras de la construcción del ferrocarril entre Pekín y Hangou, pidiendo un nuevo crédito a las potencias occidentales. Se produce ese mismo año entonces el levantamiento de Wu Jan , y las tropas rebeldes acabaron ocupando Nanking, donde proclamaron un Gobierno provisional. Al mismo tiempo, en Shangai los rebeldes negociaban con la Corte Imperial, representada por Yuan Che Kai, el encargado de reprimir el levantamiento. En diciembre de 1911 los rebeldes proclamaban a Sun Yat Sen presidente provisional de la República de China. Finalmente, el conflicto cesó en febrero de 1912 cuando el Gobierno manchú publicó un edicto de abdicación del emperador, en el que además se proclamó la República de China, aunque la dirección del nuevo Estado pasó a manos de Yuan Che Kai, que tenía el control del Ejército. Sun Yat Sen se retiró en nombre de la unidad nacional y Yuan fue proclamado el 14 de febrero como nuevo presidente de la República de China. Así pues, la revolución del 11 fue un proceso inconcluso, estuvo dirigido contra los manchúes, puso de manifiesto los conflictos sociales y dentro del propio Gobierno y preparó el terreno para Mao.

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La apertura de Japón al exterior

En 1853 los norteamericanos llegaron a Japón, un país hasta entonces cerrado, aunque la evolución del país nipón se debió a un proceso interno, sólo acelerado por esa llegada occidental.

En Japón se han notado cuatro características: en primer lugar, una situación insular que favorece su aislamiento y le ha dejado a salvo de influencias extranjeras, pues no entró en los asuntos comerciales hasta finales del siglo XVIII, y ello le permitió mantenerse alejado de contactos con el exterior, lo que va unido a la autosuficiencia frente a Occidente. En segundo lugar, influencia de una economía agraria intensiva: la estructura agraria está basada en la propiedad de la tierra, distribuida en feudos, y la producción de arroz es la más importante, aunque en Japón sí hay intensificación de la producción y una revolución industrial acelerada. En tercer lugar, la influencia de una monarquía centralizada en torno al emperador, cuya especificidad reside en el hecho de ser una misma dinastía la que ha estado en el trono del crisantemo durante siglos, algo insólito en la historia de las monarquías; además, el emperador mantuvo el mandato divino (era descendiente de la diosa del sol Amaterasu ), hasta 1945, cuando Hiro-Hito renunció a su carácter divino; esta dinastía representó la unidad, la continuidad y la

legitimación de los poderes feudales. La cuarta influencia es la existencia en Japón de un feudalismo descentralizado durante los siglos XI al XVI, dividido en múltiples feudos en medio de innumerables guerras que provocan el debilitamiento de la institución imperial (pierde poder efectivo, aunque no teórico, para legitimar poderes feudales), dignificación de los guerreros (que son los dirigentes de la sociedad) y la multiplicidad de pequeñas unidades territoriales o feudos, que persistirán hasta inicios de la Revolución Meiji, ofreciendo un amplio campo de experiencias políticas distintas al poder central. Las guerras civiles mantenidas entre feudos hasta el siglo XVI concluyen cuando Tokugawa Ieyasu vence en 1600 en la batalla de Sekigahara.

Se inaugura entonces la época de la gran paz , de dos siglos y medio durante los cuales el clan de los Tokugawa regirá los destinos de Japón. Se instaura entonces la Baku-Han , sistema político que representa las relaciones entre el poder central representado por el bakufu y los señores feudales, los daimios o han. Esta forma de gobierno representaba la maduración del shogun como autoridad nacional o efectiva, mientras los “daimios” eran los gobernadores regionales y el mikado o emperador es, a nivel teórico, el poder principal. Así pues, tenemos tres poderes en Japón: el emperador (poder teórico), el “shogun” (valido del “mikado”) y los “daimios” (gobernadores regionales). Los Tokugawa establecen una administración centralizada pero a la vez compartida: además del “shogun”, a la cabeza del Estado japonés está el Gran Consejo o Consejo de los Roju , que ostentaba funciones políticas, administrativas y judiciales, estaba asesorado por los bugyo (que podían llegar a actuar como ministros o gobernadores, según el caso); en casos excepcionales, el Consejo de los Roju se hallaba subordinado a la autoridad de un tairo, dictador similar a los que había en el Imperio romano, que concentraba todo el poder de forma temporal y sus decisiones eran incluso irrevocables para el “shogun”.

Social y políticamente, Japón tenía un emperador o “mikado”, con su nobleza cortesana , que vive en Kyoto junto a él, desde 1600 hasta mediados del siglo XIX. El emperador no se inmiscuye en asuntos de gobierno, los cuales quedan en manos del “shogun”, que posee por sí solo el 15% de las tierras del país, cubriendo los tributos que de ellas proceden 2/3 de presupuesto nacional, y esas tierras comprendían Kyoto, Osaka, Nagasaki y Edo (capital de los Tokugawa y del Shogunato) y los principales centros económicos y minas de oro y plata del país; además, el “shogun” era un cargo hereditario que estaba en manos del clan principal de los Tokugawa. El resto de tierras estaba repartida entre los vasallos del “shogun”, los “daimios”, pero entre estos hay tres clases:

“Daimios” emparentados con el “shogun”, encabezados por las tres casas (Nagoya, Wakayama y Mito). Son importantes porque de ellas tres podía salir el sucesor del “shogun” si la rama principal de los Tokugawa se extinguía.

Los “daimios” Fudai , aliados y vasallos de los Tokugawa antes de 1600, destacan las casas de Ii, Abe y Mizuno. De entre los Fudai salía el “tairo”.

Los “daimios” Tozama, que sólo se habían sometido a los Tokugawa por la fuerza, aceptando su gobierno en Japón a regañadientes. Destacan los “daimios” de Satsuma y Chosu, ambos en la periferia sur de Japón, por lo que eran bastante autónomos.

Todos estos señores feudales tenían sus propios ejércitos, los samurais, clase militar en la que también estaban en “shogun” y los “daimios”, pero éstos ejercían la jerarquía; estos samurais ocupaban un alto lugar en la escala social japonesa, se les reconoce el privilegio exclusivo de portar armas y llevar un apellido, y en teoría, tenían la obligación de matar en el acto a los que le faltasen al respeto, se rigen por un inflexible código del honor, el bushido , donde está contemplado incluso el seppuku o harakiri (suicidio para salvar el honor perdido). Debajo de la clase militar están los campesinos, que eran tratados con extrema dureza, se les exigía la permanencia vitalicia en sus tierras, las cuales no podían vender y se les pedía un ritmo muy alto de productividad para mantener

Edo, pero antes, el arroz que los campesinos dan a los comerciantes, que lo transforman en monedas, pudiendo los “daimios” sufragan los viajes a la capital del Shogunato; se va a ir creando un mercado nacional intervenido por el “shogun”, y ello provoca el enriquecimiento de los “samurais”, que pierden nivel adquisitivo al ser funcionarios. Todo ello provoca un cierto descontento, endeudamiento de los “daimios”, etc. y para salir de la crisis se disminuyó el sueldo a los vasallos que, descontentos, sueñan con cambiar el sistema: los “daimios” impagan a los comerciantes, pero las pérdidas las padece todo el pueblo; se confinan bienes de mercaderes y aumentan la presión fiscal, lo que hace que en la primera mitad del siglo XIX aumenten motines campesinos. Se intentaron reformas económicas, se produce una prerrevolución burguesa en Japón. Por último, la influencia occidental en Japón es importante por al receptividad japonesa, se compran mapas, instrumentos científicos, etc. y el Shogunato no lo frenó pero sí lo vigiló porque la influencia occidental era “peligrosa” y la adopción de la ciencia occidental podía cuestionar el confucianismo oficial y todas sus consecuencias.

Ni la lenta evolución social ni la influencia occidental acabaron con los Tokugawa, que desaparecerán finalmente por tres factores: los feudos Tozama, el incremento de la presión occidental y la ideología imperial y nacionalista. Los feudos Tozama (Satsuma y Chosu, principalmente) desempeñan un papel fundamental por su poderío económico y militar, ambos se sentían al margen del Shogunato, consideraban a los Tokugawa unos advenedizos y se creían más capacitados para gobernar el país, tenían cierta autonomía y podían contactar algo con el exterior. La presión occidental aumentó desde finales del siglo XVIII: acaban con el aislamiento de Japón, Edo toma medidas como la prohibición a cualquier nave de entrar en cualquier puerto del país y se construyen defensas costeras, entre otras; será EEUU quien intente abrir Japón por intereses varios: el comercio con Cantón o el comercio ballenero norteamericano; además, tras la conquista de California y el desarrollo de San Francisco como puerto con contacto con Cantón y Shangai; y las expectativas con un mercado hasta entonces aislado. EEUU considera que era “necesario” exportar la civilización occidental a Extremo Oriente y las constantes rivalidades entre potencias occidentales por China, lo que empuja a Washington a intervenir siguiendo su “destino” en el Pacífico. El presidente Fillmore ordena en 1852 al comodoro Perry que se ponga al mando de una expedición a Japón que arribó frente a la bahía de Uraga en julio de 1853 y exigió el derecho a presentar una carta al “shogun”, en la que pedía la apertura de los puertos japoneses a los barcos norteamericanos. El Shogunato no se consideraba preparado para una posible guerra y Edo había mostrado su vulnerabilidad; Japón tenía un plazo de un año para responder y si no aceptaba sus presiones, EEUU bombardearía los puestos nipones.

Las presiones occidentales generan una corriente de pensamiento, la joi , de rechazo a los “bárbaros” (Occidente), utilizada por la Escuela de Mito , compuesta por eruditos teóricos de política, que desde el siglo XVIII redactaba una Historia de Japón basada en la fidelidad al “mikado” y al “shogun”. Para el pensamiento “joi” era necesario impedir relaciones con extranjero mientras Japón no estuviera preparado militarmente para hacer frente a Occidente y evitar que ocurriese lo ocurrido en China. El fin último de los “joi” era preservar la kokutai (originalidad) de Japón y se contiene en la obra Shimon , de Aizana Sheishisai , de 1825, convertido en libro de cabecera del nacionalismo japonés. Pero también esta corriente defendía la veneración al emperador, pues el hecho de que el “mikado” fuese divino y su dinastía no hubiese cambiado, se hacía un llamamiento a su veneración. En 1837, un intelectual de Mito, Fujita Toko , dio la fórmula que debería unir el nacionalismo japonés y la veneración al emperador: Sônno Jôi (“Reverenciemos al emperador y rechacemos a los bárbaros”), el emperador podía convertirse en centro de unión de aquellos a los que se oponían los Tokugawa. La presencia occidental y las tensiones internas entre los “daimios” y los Tokugawa dan el jaque definitivo al Shogunato.

En 1854 se firma el Tratado de Kanagawa entre Japón y EEUU, por el cual se abrían al comercio norteamericano los puertos de Shimoda y Hakodate para el abastecimiento, se acordaba la apertura de un Consulado de EEUU en Shimoda y se establecía la cláusula de “nación más favorecida” para EEUU; ambos países firmarían en 1858 un Tratado de Amistad y Comercio. Gran Bretaña y Rusia firmarían tratados similares con Japón poco tiempo después, colmando las aspiraciones occidentales,

pues además de abrir esos dos puertos, el país nipón se veía obligado a abrir los de Kanagawa y Nagasaki y se establecía que los puertos de Niigata, Kobe, Edo y Osaka se abrirían entre 1860 y 1863; en Osaka y Edo podrían residir extranjeros, se concedía el estatuto de extraterritorialidad a EEUU y bajos derechos de aduana. A cambio, EEUU promete armas, barcos y expertos. Rusia, Francia, Gran Bretaña y Holanda firmarían con Japón los Acuerdos de las Cinco Naciones.

Los medios políticos de Japón se encontraron divididos desde 1854 por los tratados con las potencias occidentales, que supusieron la excusa perfecta para los grupos opositores a los Tokugawa, entre los que destacan los “daimios” Tozama, cuya hostilidad al Shogunato databa del 1600, además del “daimio” de Mito, que pretendía dominar la administración estatal, usando una postura intransigente en política exterior e ideal nacionalista. Entre 1854 y 1860 hay una calma tensa pero a partir de 1860 la agitación y las intrigas aumentan de forma violenta, se da una brutal campaña terrorista contra los extranjeros y contra las autoridades niponas, una fuerte crisis económica (aumento de precios en puertos abiertos al ser la demanda fuerte) y desorganización de la circulación monetaria porque los occidentales comercian con ellos y porque las monedas niponas valían más; grave problema de inflación, menos ingresos fiscales, etc.

Desde 1860 el poder shogunal intentaba lograr el respaldo del emperador y trabajar por una coalición de intereses con todos los “daimios”. Pero el Shogunato estaba cada vez más solo gracias a la oposición de los “daimios” de Satsuma y Chosu. Desde 1867 hay un desesperado esfuerzo por el Baku-Fu de conservar el poder mediante reformas internas, continuada tentativa de alcanzar alianza con los “daimios” y agitación contra los Tokugawa para volver a restaurar el gobierno imperial. el “shogun”, bajo asesoramiento francés, intenta transformar el Ejército japonés y el Gran Consejo, convertido en Consejo de Ministros; reestructuración del equilibrio del poder bajo el emperador y en medio del intento, de coalición con los “daimios”, el de Tosa propone un compromiso para reorganizar la vida política, cuyo Memorial exigía que el “shogun” presentase su dimisión inmediata y se pusiese a disposición del emperador, el cual volvería a ejercer la autoridad efectiva, aunque el “shogun” seguiría conservando sus tierras y rango; sin embargo, ningún “daimio” se presentó voluntario para ser el primer ministro del “mikado”. Así, el 3 de enero de 1868, las tropas de los “daimios” de Satsuma, Chosu, Tosa, Hicen, Ouani y Aki se apoderan del Palacio Imperial de Kyoto y proclaman la restauración del Imperio, suprimen el Shogunato, confiscan sus tierras y el último “shogun”, Yoshinobu, se convierte en un “daimio” más. Se acababa de producir la Revolución Meiji. La denominada coalición Satcho-Tohi fue la que llevó las riendas de este acontecimiento (se refiere a las letras iniciales de los cuatro primeros “daimios”).

Los acontecimientos de enero de 1868 provocaron la súbita desaparición del Shogunato y crearon una nueva autoridad bajo el símbolo del emperador. Japón había rehecho la unidad nacional, destruyendo el anterior sistema de gobierno, retomando el poder el emperador. Pero esta revolución también trajo otras consecuencias, pues el país dio un giro conservador por los “daimios” sublevados, las reformas políticas y económicas acabaron superando la simple destrucción del Shogunato. Esta revolución se había hecho desde el convencimiento de la necesidad de acercarse a Occidente en el aspecto militar, y creían que haciéndolo, evitarían lo de China, ese acercamiento a Occidente era preferible a la sumisión obligada que padecía el país vecino. La modernización japonesa comenzó enseguida y se contrataron expertos extranjeros para poner en marcha la modernización, preservando la identidad histórica nipona. Este interés se pone de manifiesto en el hecho de que ningún asesor fue puesto en la cúspide de la administración y se prescindió de ellos cuando se consideró necesario.

Los dos rasgos más destacados de la Restauración Meiji fueron: el sentimiento de crisis externa que se había advertido en el país, y el modo en que los nuevos dirigentes (antiguos samuráis) pasaron a primer plano para conservar el control del Gobierno. Los jefes de esta Restauración Meiji procedían, en su mayor parte, de cuatro grandes Tozama-Han del Japón sur occidental, por lo que compartían