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tirar,comprar, tirar, Ejercicios de Principios de Marketing

trabajo sobre un documental visto en clase relacionado con la obsolescencia programada

Tipo: Ejercicios

2017/2018

Subido el 13/12/2018

blanca_bj98
blanca_bj98 🇪🇸

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TIRAR, COMPRAR, TIRAR
“Tirar, comprar, tirar” es un documental estrenado el año 2011, en Noruega. En él se habla
principalmente de la obsolescencia programada, la cual consiste en determinar el tiempo útil de un
producto, de tal forma que el propio fabricante decide en qué momento va a dejar de funcionar el
producto que se vende. Con ello se pretenden alcanzar objetivos como la creación de empleo, o el
desarrollo y crecimiento económico. Aunque, por otro lado, tal y como puede comprobarse en el
documental, tiene efectos negativos, como la acumulación de los productos obsoletos en países del
tercer mundo, como Ghana; o, como opinan algunos, que la obsolescencia programada crea una
sociedad dominada por el consumismo, creando en la personas el deseo de poseer cosas nuevas
antes de necesitarlo.
Tras la Crisis de 1929, se frenó el consumo y disminuyó el empleo, por lo que el presidente
Roosvelt, para paliar los efectos del desastroso estado económico del país, propuso el “New deal”,
que consistía en hacer grandes inversiones en obras públicas para crear empleo y así estimular la
economía del país. Por otro lado, Bernard London propuso imponer la obsolescencia programada, de
tal forma que los consumidores comprarían productos que al morir llevarían a un lugar establecido
para ser destruidos, y quien guardase un producto caducado, tendría que pagar una multa. Nunca
se llevó a la práctica.
En los años cincuenta, la obsolescencia programada resurgió con la idea de no obligar a los
consumidores a comprar, sino hacerles sentir la necesidad de poseer algo más nuevo y mejor de lo
que ya tienen. De tal forma que las personas alcanzasen el modo de vida ideal de la sociedad
americana de entonces. A nales de esta década, se llevaba a cabo la Guerra Fría, donde los
sistemas capitalistas y comunistas tenían objetivos muy dispares; los comunistas defendían una
economía planicada por el Estado, y estaba escasa de recursos, además, nunca apoyaron la
obsolescencia programada. En la Alemania del Este, se creó una bombilla mucho más duradera que
las que se vendían en el mercado, pero los del mundo occidental no quisieron venderla, y tras la
caída del Muro de Berlín, la bombilla dejó de fabricarse.
Actualmente, existe un tratado que prohíbe enviar los residuos a países tercermundistas,
aunque los comerciantes, con la excusa de exportar “productos de segunda mano” consiguen hacer
llegar estos desechos a los países donde no está permitido. En estos lugares desfavorecidos, se
queman los objetos que llegan, para obtener de ellos el metal que se encuentra en el interior de
sus cables para, posteriormente, exportarlos a otros países, especialmente a China y Dubái.
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TIRAR, COMPRAR, TIRAR

“Tirar, comprar, tirar” es un documental estrenado el año 2011, en Noruega. En él se habla principalmente de la obsolescencia programada, la cual consiste en determinar el tiempo útil de un producto, de tal forma que el propio fabricante decide en qué momento va a dejar de funcionar el producto que se vende. Con ello se pretenden alcanzar objetivos como la creación de empleo, o el desarrollo y crecimiento económico. Aunque, por otro lado, tal y como puede comprobarse en el documental, tiene efectos negativos, como la acumulación de los productos obsoletos en países del tercer mundo, como Ghana; o, como opinan algunos, que la obsolescencia programada crea una sociedad dominada por el consumismo, creando en la personas el deseo de poseer cosas nuevas antes de necesitarlo.

Tras la Crisis de 1929, se frenó el consumo y disminuyó el empleo, por lo que el presidente Roosvelt, para paliar los efectos del desastroso estado económico del país, propuso el “New deal”, que consistía en hacer grandes inversiones en obras públicas para crear empleo y así estimular la economía del país. Por otro lado, Bernard London propuso imponer la obsolescencia programada, de tal forma que los consumidores comprarían productos que al morir llevarían a un lugar establecido para ser destruidos, y quien guardase un producto caducado, tendría que pagar una multa. Nunca se llevó a la práctica.

En los años cincuenta, la obsolescencia programada resurgió con la idea de no obligar a los consumidores a comprar, sino hacerles sentir la necesidad de poseer algo más nuevo y mejor de lo que ya tienen. De tal forma que las personas alcanzasen el modo de vida ideal de la sociedad americana de entonces. A finales de esta década, se llevaba a cabo la Guerra Fría, donde los sistemas capitalistas y comunistas tenían objetivos muy dispares; los comunistas defendían una economía planificada por el Estado, y estaba escasa de recursos, además, nunca apoyaron la obsolescencia programada. En la Alemania del Este, se creó una bombilla mucho más duradera que las que se vendían en el mercado, pero los del mundo occidental no quisieron venderla, y tras la caída del Muro de Berlín, la bombilla dejó de fabricarse.

Actualmente, existe un tratado que prohíbe enviar los residuos a países tercermundistas, aunque los comerciantes, con la excusa de exportar “productos de segunda mano” consiguen hacer llegar estos desechos a los países donde no está permitido. En estos lugares desfavorecidos, se queman los objetos que llegan, para obtener de ellos el metal que se encuentra en el interior de sus cables para, posteriormente, exportarlos a otros países, especialmente a China y Dubái.

Algunos críticos de la sociedad del crecimiento, opinan que la idea de crecer por crecer en vez de crecer por necesidad, se ve especialmente reforzada por factores como la obsolescencia programada, la publicidad y los créditos bancarios.

Algunos de los ejemplos que se muestran en “Tirar, comprar, tirar” y que voy a desarrollar, son: el de las bombillas, las medias, las impresoras, el “Modelo T” de Ford, o el Ipod.

El caso de las bombillas consiste en que en las primeras décadas del siglo pasado, se fabricaban unas bombillas destinadas a ser útiles durante mas de cien años, lo cual ejemplifican con una bombilla localizada en un parque de bomberos en California, que fue instalada en 1901, y a día de hoy sigue funcionando. Al ver que la venta de bombillas podría ser más beneficiosa reduciendo su tiempo de vida útil, en 1925 se organizó un comité con el fin de reducir el tiempo de duración de las bombillas, y en él, participaron marcas como Osram o Phoebus. Así, en los años cuarenta, una bombilla duraba unas mil horas. Más tarde, en 1942, el Gobierno de Estados Unidos demandó a General Electrics y a otros fabricantes por mantener un mercado de competencia desleal, y en 1953, se les prohibió limitar la vida útil de las bombillas, aunque estas medidas no se llevaron a la práctica. Años después, se creó el primer cártel mundial de bombillas, por el cual los fabricantes tuvieron más fácil el control de los consumidores. En la actualidad, Philips fabrica bombillas led cuya duración media es de 15.000 horas.

A continuación, cabe destacar el caso de Ford, que produjo en masa un único tipo de coches (Modelo T), con el que prometía fiabilidad y durabilidad, convirtiéndose el más común de la época. Fue entonces cuando General Motors lanzó al mercado otro coche más atractivo y a su vez, más barato, lo que hizo que se vendiese más que el Ford. Tras el éxito, General Motors propuso un modelo anual, con la intención de que los conductores cambiasen de coche cada tres años, lo que acabó por hundir a Ford, dejando de producir el “Modelo T”.

Otro caso donde se aprecia la obsolescencia programada, son las medias de nylon. En sus comienzos, estas prendas de vestir, tenían una gran resistencia gracias a los materiales por las que estaban compuestas, por lo que no se renovaban con frecuencia. Por ello se llevó una reformulación de sus componentes que las hiciesen mucho más frágiles.

El ejemplo de las impresoras muestra claramente el funcionamiento de la obsolescencia programada. Éstas poseen un chip en su placa base que hace que cuando la impresora ha hacho un número de copias, previamente establecidas por el fabricante, deje de funcionar. De tal forma que si retiramos dicho chip, la vida de la impresora será mayor.

tiene una fecha de caducidad que ha sido previamente decidida por sus fabricantes, y así sucesivamente.

El motivo por el cual la obsolescencia programada esta cada vez más integrada en nuestras vidas, es principalmente que, del mismo modo que años atrás primaba sobre el precio, en la actualidad ocurre lo contrario. Los consumidores prefieren optar por productos más baratos aunque sean de peor calidad. Además, factores como la publicidad o la moda, potencian de cierto modo la sociedad de consumo, estrechamente ligada con la obsolescencia programada. Por ejemplo, las empresas no buscan vendernos productos por lo que son, sino por lo que ellos representan, es decir, por el valor emocional que les otorgamos. Un claro ejemplo de ello, son los anuncios de CocaCola, donde el enfoque publicitario, no está en la bebida como tal, sino en la sensación que provoca en los actores del anuncio cuando beben ese refresco, haciéndonos creer que caza vez que consumamos una CocaCola, nos sentiremos eufóricos y felices. Por otro lado, la moda, al ser cambiante, hace que los gustos de los consumidores se adapten a ella y cambien a su vez, demandando productos diferentes cada vez que ésta varía.

Como conclusión, creo que la obsolescencia programada es un método poco ético que emplean algunas empresas para enriquecerse a costa de la manipulación y el control de los consumidores sin tener en cuenta los daños que genera, tanto en el ámbito medioambiental, ya que se abusa de los recursos naturales y se contamina el planeta con los residuos; como en el social, ya que la postura del cliente esta desprotegida.

Blanca Beltrán Javaloyes