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En este documento se presenta un análisis y una interpretación del libro tractatus logico-philosophicus, escrito por el filósofo austríaco ludwig wittgenstein. El texto se estructura en tres partes: en la primera, wittgenstein habla sobre el objetivo y temas que abordará en el libro; en la segunda, muestra su indiferencia ante la novedad o agradece a otros autores; y en la tercera, expresa su opinión sobre el trabajo realizado. Wittgenstein propone que los problemas filosóficos no existen realmente, sino que son malentendidos lingüísticamente y deben ser disueltos en lugar de resueltos. El autor cree que la filosofía es una disciplina sin fin y que todo intento de proponer una solución directa a un problema filosófico es una evasión. El documento también aborda la relación entre el lenguaje y la realidad, la teoría atomista de wittgenstein y la diferencia entre él y bertrand russell.
Tipo: Guías, Proyectos, Investigaciones
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Nos encontramos ante el prólogo del libro Tractatus Logico-Philosophicus, de Ludwig Wittgenstein, un importantísimo filósofo, matemático, lingüista y lógico austríaco, y posteriormente nacionalizado británico.
El texto tiene una estructura compuesta por tres partes : en la primera; el autor habla sobre como va a ser su libro, y los temas que va a abordar ; en la segunda parte, expresa ligeramente sus sentimientos, mostrando indiferencia ante la novedad, o agradeciendo a otros autores la inspiración que han despertado en él ; y en la última parte, expresa su opinión sobre el trabajo realizado, diciendo que ha solucionado los problemas pero que ha servido de poco
Wittgenstein comienza el prólogo introduciendo y explicando al lector como va a ser el libro que se va a encontrar. Aclara que este libro no es un manual y que él, alcanzará sus objetivos si provoca el disfrute de quien lo lea y lo comprenda, también explica que el libro trata de los problemas filosóficos, cuyo planteamiento se encuentra en la incomprensión de la lógica de nuestro lenguaje. A través de él quiere trazar un límite a la expresión de pensamientos, no al pensar en sí, debido a que para trazar un límite al pensar deberíamos poder pensar a los dos lados de éste límite. El límite sólo podría ser trazado en el lenguaje, y lo que vive más allá del límite será totalmente estúpido.
En la segunda parte del prólogo, Wittgenstein muestra su indiferencia ante la coincidencia de su empeño con el de otros filósofos, no pretende ser novedad, no le importa si lo que él piensa ha sido o no ha sido pensado por otro anteriormente. También reconoce que sus pensamientos han estado inspirados por las grandes obras de Frege y los trabajos de Bertrand Russell. Después quiere destacar el doble valor de su trabajo, en primer lugar , por venir expresados en el libro pensamientos, y segundo porque ese valor será más grande cuanto mejor expresados estén dichos pensamientos. Dice ser consciente de haber quedado por debajo de lo posible debido a que para consumar su tarea, su fuerza es demasiado escasa y espera que las futuras generaciones que vengan lo hagan mejor que él.
En el mismo prólogo Wittgenstein explica que el planteamiento de los problemas filosóficos se encuentra en la incomprensión de la lógica de nuestro lenguaje. A través del cual quiere trazar un límite a la expresión de pensamientos, no al pensar en sí, debido a que para trazar un límite al pensar deberíamos poder pensar a los dos lados de éste límite. El límite sólo podría ser trazado en el lenguaje, y lo que vive más allá del límite será totalmente estúpido.
En la filosofía del lenguaje, es característico establecer los límites de dicho lenguaje (construir una semántica filosófica). Se constituye una semántica conocida como figura o pintura, usada para referirse al lenguaje. Decir que el lenguaje es una figura o pintura, visto desde el lugar del lenguaje, es útil para simbolizar la realidad. El lenguaje guarda una relación con la realidad, y para constituir esta dimensión, el autor introduce el asunto fundamental de la lógica.
El lenguaje se compone de un conjunto de signos fonéticos que se estructuran formando palabras organizadas mediante leyes sintácticas que forman frases. Las frases u oraciones son denominadas por Wittgenstein como proposiciones, que son las unidades básicas de la comunicación lingüística. El conjunto del lenguaje es el conjunto de las proposiciones que tienen sentido, sino no serían proposiciones.
Las proposiciones pueden ser elementales o simples, que reflejan estados de cosas simples (si estos estados de cosas existiesen, que son posibilidades, se llamarían hechos) o bien complejas o compuestas, cuya representación dice que, si los estados de cosas existen, se convierten en hechos.
Antes de todo, una proposición ha de tener sentido y para tenerlo debe estar ordenada según las reglas de la lógica proposicional de Wittgenstein. Si una proposición se realiza correctamente, las probabilidades de verdad se dan o no según el método de las tablas de verdad que propone Wittgenstein. Ese lenguaje en último término un lenguaje que tendrá sentido. La proposición será una figura de la realidad en función de si está o no está lógicamente articulada.
Wittgenstein sostiene que el límite solo podría ser trazado en el lenguaje. Todos los pensamientos con sentido que realicemos , los podemos realizar gracias al lenguaje y solo podremos llegar hasta donde el lenguaje nos lo permita. Si traspasamos los límites del lenguaje articulado lógicamente nos adentraremos en un lenguaje sin sentido donde nos perderemos y no podremos establecer conocimiento alguno.
El filósofo austriaco fundó su propia teoría de la lógica en la que establecía dos parámetros: - decir, es la capacidad del lenguaje para simbolizar y organizar la realidad, se corresponde con el uso de un lenguaje que funciona con sentido, las proposiciones funcionan con un significado. – mostrar, el lenguaje manifiesta algo que no puede ser dicho pero se sabe que existe, algo que no puede ser revelado a través de un lenguaje significativo.
El lenguaje siempre debe de estar construido lógicamente, y la lógica se muestra haciendo un uso preciso del lenguaje.
Pero además de esto hay otras cuestiones que intentan penetrar en el lenguaje pero huyen a su criterio lógico: asuntos relacionados con los valores, la estética, el sentido de la existencia, etc. Es decir, temas que no resultan tematizables con el lenguaje de la lógica de Wittgenstein. Este mundo inabordable para el filósofo austriaco se conoce como metafísica.
En conclusión, la lógica solo sirve para las ciencias naturales. Para las cuestiones filosóficas carecemos de lenguaje significativo.
Wittgenstein juega con la realidad o con el mundo, la distinción entre ambas es que la realidad es lo que es y existe y el mundo es aquello que puede ser. La realidad es hasta donde llega el lenguaje, hasta lo que podemos conocer.
En el Tractatus logico-philosophicus, se propone una teoría atomista que sostiene que el mundo se compone de hechos y que la proposición es una imagen de la realidad que se encarga de revelar su estructura lógica. También afirma que los hechos son la parte lógica de la realidad y que no existe análisis posible más allá de los hechos.
Otro de los mayores representantes del atomismo fue Rusell, que fue amigo y profesor de Wittgenstein. A pesar de su amistad y de ser dos de los mayores exponentes del atomismo lógico ( pese a que Wittgenstein no lo llamara así), sus teorías eran muy diferentes, tanto es así, que Wittgenstein creía que Russell había interpretado su obra de manera errónea. Sus principales diferencias se establecían en el objeto de la filosofía, que mientras que para Wittgenstein era solucionar errores lingüísticos, Russell mostraba mayor preocupación por el establecimiento de bases epistemológicas coherentes. Por otro lado, Russell dotaba de cierta importancia a la metafísica y la ética, ya que las consideraba de cierto interés pese no pertenecer a la filosofía ni a la ciencia, mientras