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Asignatura: Literatura Medieval, Profesor: Nombre Castro de castro, Carrera: Historia del Arte, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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Rey de Tebas, héroe griego en el que se centra el ciclo de leyendas tebanas. Simboliza la fuerza del destino.
Layo observa el abultado vientre de su esposa Yocasta, y la angustia se apodera de su alma como si le anticipara toda su desgracia futura. Afligido, perturbado, se encamina al templo de Apolo, en Delfos. Por medio del oráculo quiere saber del dios cuál será el sino de la criatura que está por nacer. El oráculo le responde cruda y directamente: el ser que Yocasta lleva amorosamente en su seno matará a su propio padre y llevara a la ruina al palacio de Tebas. La verdad hiere como aguda lanza la consciencia de Layo. Sus pensamientos lo torturan. El terror lo transforma en una pálida sombra del rey que gobernaba con tanta energía. De regreso en su hogar, repite las palabras de Apolo a su desolada esposa. después ambos aguardan impotentes, el nacimiento del hijo de trágico destino. El día del parto, apenas el frágil vagido anuncia la nueva vida, Yocasta entrega su hijo a un servidor, ordenándole que
lo lleve bien lejos. Layo le ata los piececitos con una correa apretada, y precisa a su vez al criado que lo ligue a un árbol, librándolo así a los peligros del bosque. El esclavo parte, y Yocasta se deja caer pesadamente sobre el lecho. Al pie del monte Citerón, el siervo encuentra a algunos pastores de Corinto y apiadado, les entrega al príncipe. Después emprende el regreso a Tebas, donde el rey y la reina creen haber engañado al oráculo.
Atormentado Edipo por tal reproche empezó a sentir escrúpulos sobre su nacimiento, y en diversas ocasiones lo inquirió, lleno de ansiedad, de la que siempre había tenido por madre; pero Peribea que le amaba entrañablemente se guardó mucho de aclarar sus dudas; muy al contrario, se esforzó en persuadirle de que era su hijo, Edipo quiso tener la certeza de esta afirmación y se fue a consultar al oráculo de Delfos. El oráculo por respuesta le dio un consejo: "que no retornara jamás a su país natal, si no quería ocasionar la muerte de su padre y desposarse con su madre". Conmovido por estas palabras, resolvió no volver jamás a Corinto, que él consideraba su patria, y angustiado partió en dirección a Fócide. En un camino estrecho se encontró con cuatro personas, una de ellas, anciano que iba sentado en un carro y que le mandó con arrogancia que le dejara el paso libre, acompañando el mandato con un gesto amenazador. Se entabló una disputa, echaron mano a las espadas y Edipo mató al viejo sin conocerle: este anciano era Layo. Después de esta catástrofe que privaba a la ciudad de Tebas de su rey, una calamidad inaudita desoló toda la comarca: era la Esfinge. Este monstruo tenía la cabeza, la cara y las manos de doncella, la voz de hombre, el cuerpo de perro, la cola de serpiente, las alas de pájaro y las garras de león. Se situaba en la cima de una colina, junto a Tebas, detenía a todos los caminantes que por allí pasaban y les proponía un enigma
capcioso, devorando a los que no acertaban a resolverlo. Muchos millares de desgraciados habían perecido allí.
Creonte, hermano de Yocasta, que entonces reinaba, sacrificando su propio interés al interés del pueblo, anunció en toda Grecia que concederla la mano de Yocasta y la corona de Tebas al que librara la Beocia de esta calamidad. La muerte de la
Entonces, aceptando lo prometido por Creonte, se convirtió en Rey de Tebas y tomó a Yocasta como esposa, que le dio dos hijos: Etéocies y Polinice y, también, dos hijas, Antígona e Irmene.
Cierto día en la ciudad de Cadmo, la población de ese lugar encabezada por los ancianos, pide ayuda a su rey para que acabe o busque un remedio contra las enfermedades que están azotando a todas las personas y que están matando a niños, mujeres, adultos y ancianos. Edipo decide ayudarlos porque no le queda otro remedio ya que él es una persona muy importante para Cadmo.
Entonces el rey manda a su cuñado Creonte a visitar al dios Apolo para que éste le diera un consejo y así acabar con la peste de la cual sufría su patria, al regresar a Cadmo, todavía encontró a los ancianos en reunión con el rey, por eso dijo las instrucciones del dios frente a todos ellos. Apolo había dicho que se acabarían los padecimientos si se resolvía un crimen que fue cometido hace mucho tiempo y que por obra de la esfinge ya no es asunto para recordar por ninguno de los ahí presentes; se tenía que aclarar el asesinato del rey anterior a Edipo llamado Layo.
Después de oír éstas palabras, el rey Edipo hizo muchas sanciones al que fuera el culpable y mandó a toda la población en busca de aquel asesino que mató al anterior rey. Una acusación era el exilio otra, que nadie le abriera las
puertas de su casa y, otra más era que nadie le podía hablar ni admitirlo en sus plegarias o sacrificios porque era todo un criminal y debía ser castigado. Todo lo que se sabía y lo que se decía del asesinato de layo era que lo habían matado unos bandidos.
Por otra parte, una vez que hubo terminado la reunión de Edipo y el pueblo de Cadmo, se apareció ante el rey un adivino llamado Tiresias el cual dijo al gran gobernante que moderara sus palabras y acusaciones ante el asesino que aún no conocía ya que de lo contrario le podían pasar cosas muy malas; sin embargo, Edipo no hizo caso a éstas palabras del adivino que provocaron su enojo y cólera, así que lleno de coraje el soberano insultó a Tiresias y lo echó de su palacio.
El pobre ciego (adivino), también se enojó e insinuó al gran rey la culpabilidad de tal asesinato, pero Edipo no se dejó y lo acusó de complicidad con Creonte para quitarle la corona y quedar su cuñado como único y legítimo rey, después de éstas últimas palabras, Tiresias se fue.
Edipo se quedó pensando en lo que le había dicho el adivino, así que habló con Creonte, para aclarar el mal entendido, pero todas las explicaciones por parte de su cuñado fueron en vano, ninguna hacía cambiar de parecer en Edipo la idea de fraude y complicidad por parte de Creonte y el adivino.
muerto y que por tal motivo debía ir a su lugar de origen para reclamar la corona y el reino de Corintio
Luego de oír éstas palabras del mensajero, Edipo no sospechó más de su inocencia en el asesinato, pero también recordó que un día le hicieron llegar una noticia parecida a la que oyó Yocasta que consistía en que, en un tiempo Edipo iba a matar a su padre y se habría de casar con su madre para tener hijos con ella, por tal motivo recordó que se fue de su lugar de origen y en un camino se encontró con un anciano que después de una disputa lo mató. Con tales reminiscencias, el rey de Cadmo, pensaba en su inocencia y en su culpabilidad al mismo tiempo que también temía por todas las sanciones puestas al culpable por él mismo.
Después de ésta noticia llegó uno de los criados de palacio el cual anteriormente había ayudado a Layo a deshacerse de aquel hijo que le iba a quitar la vida al rey.
Éste criado, le dijo a Edipo que hace mucho tiempo de sus propias manos le hizo entrega a una persona de las afueras de Cadmo, un niño, el cual fue crecido en una familia buena, y eso era todo lo que sabía.
Con todas éstas indagaciones a Edipo le llegaba a la cabeza la idea de que él era el asesino de su padre Layo y que se había casado con su madre Yocasta para tener hijos, inmediatamente de pensar y poner al descubierto al culpable, la buena madre y esposa de Edipo se suicidó
debido a todos lo problemas que tenía y todas las faltas y orgías que había cometido con sus propio hijo.
Tal comprobación, llevó a Edipo a una desesperación sin límites y creyéndose indigno de ver la luz del día, se arrancó los ojos. Expulsado de Tebas, de la mano de su hija Antígona marchó hasta Atenas, donde recibió una hospitalaria acogida en la mansión de Teseo. Allí vivió hasta su muerte.
Mito de Edipo en las
Artes
En su poética, Aristóteles (384-322) habla de Edipo Rey, de Sófocles, de manera extremadamente elogiosa, considerándola como la más típica de las tragedias, la estructura dramática más perfecta, modelo a seguir por todos los que quieran elaborar textos teatrales. Algunos críticos exaltan el ingenio con que en la obra, se desarrolla el argumento, excitando la imaginación del espectador. Filosóficamente, el drama de Sófocles afirma que el dolor es el contribuyente básico de la naturaleza humana. Sólo a través del dolor el hombre encuentra toda su verdad, y se libera de las culpas que lo atormentan. Esquilo, en cambio escribió las leyendas del ciclo tebano, Layo, Edipo, Los siete contra Tebas (una trilogía a la que agregó, posteriormente, el drama satírico La esfinge), alrededor del “tema de la maldición familiar”, a través del cual Esquilo muestra la visión ética del mundo. Interpretando el origen de la maldición, se siente que tiene noción diferente que Sófocles sobre la culpa. Para Esquilo, la culpa se arrastra en una corriente continua sobre todas las generaciones malditas y es una culpa heredada. Para Sófocles el mecanismo y el sentido de la culpa es más bien
una verificación trágica universal. En Las Fenicias, Eurípides muestra a Edipo ya viejo y viviendo todavía en Tebas, enclaustrado por sus propios hijos. Al saber Eteocles y Polinece se han matado mutuamente, Edipo da por cumplida su maldición. A lo largo de los siglos, otros autores, como Séneca ( a.C.-65d.C.) y Corneille (1606-1684), retomaron el tema.
Complejo de Edipo
Historia El concepto fue desarrollado por S. Freud, quien se inspiró para su denominación en el mito de Edipo. Carl Jung desarrolló de forma similar el complejo de Electra, entendido como la atracción entre una niña y su padre. Freud nunca aceptó la idea de Jung ya que consideraba la sexualidad femenina dentro de un modelo más complejo.
El complejo de Edipo es la atracción sexual que, inconscientemente, siente un niño por su madre. Simultáneamente, en el subconsciente del niño se da también un sentimiento de odio por el padre. El periodo de manifestación del complejo abarca, aproximadamente, los seis primeros años de vida del niño, como parte de la llamada etapa pregenital.
La relación de los padres como pareja es importantísima para que los niños puedan superar con éxito la fase de Edipo o de Electra. Cuando existen peleas u hostilidades sostenidas -ya sean "abiertas" o "disimuladas"-, el niño abrigará durante más tiempo y con más seriedad la esperanza de que pueda sustituir al rival y convertirse en la mujercita de