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Asignatura: La idea d'Europa a traves de la historia, Profesor: Guillem Amengual, Carrera: Estudis Anglesos, Universidad: UIB
Tipo: Apuntes
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WILLIAM PENN (An Essay towards the Present and Future of Europe, by the Establishment of an European Dyet or Estates, 1693)
“Ahora, si los príncipes soberanos de Europa... acordasen reunir sus representantes en una Dieta general, Estados o Parlamento, y establecer en él reglas de justicia para que los príncipes soberanos las observen entre sí; y así reunirse anualmente, o cada dos o tres años como muy tarde... la Dieta imperial o soberana, Paramento o Estado de Europa. (...) Para evitar las disputas por la presidencia de la sala de reuniones sería redonda, y tendría varias puertas de acceso y salida. (...) Que las mismas reglas de justicia y prudencia con que los padres y maestros gobiernan sus familias, y los magistrados sus ciudades, y los Estados sus repúblicas, y los príncipes y reyes sus principados y reinos, Europa podría obtener y preservar la paz...”.
http://personal.us.es/
La pretensión inicial del Ensayo de William Penn (1644-1718) no fue otra, que el logro de la paz entre los pueblos de Europa, precisamente cuando se iniciaba la Guerra del Palantinado. Penn era hijo de un rico almirante, de quien heredó unas rentas considerables y un crédito frente a la Corona, a cambio de cuya condonación Carlos II le cedió en 1681 un vasto territorio en el norte de América, bautizado en su honor con el nombre de Pennsylvania. Penn quiso poner en práctica en aquellas tierras del Nuevo Mundo los principios religioso-políticos de la secta de los cuáqueros, a la que se había adscrito siendo aún estudiante en Oxford. A los numerosos correligionarios que acudieron a poblarlas les dio para su gobierno una constitución basada en principios de acentuada libertad civil y religiosa, que fue luego sometida al plebiscito de los mismos colonos. Con esos antecedentes, habiendo regresado a su patria, fue perseguido tras la revolución de 1688 por el hecho de que Jacobo II había prestado atención a su postura sobre la libertad religiosa. Todos sus bienes estuvieron confiscados durante dos años, y fue ese período cuando escribió el Ensayo sobre el Presente y la Futura Paz de Europa.
El libro de Penn sigue un método lógico a partir de la consideración de los beneficios de la paz y del estudio del medio adecuado para su realización que no es otro que la justicia, fruto del buen gobierno, resultado a su vez de una sociedad de hombres pacíficos. Desde esos fundamentos, Penn propone un sistema de organización de la sociedad europea consistente en la federación de sus estados según fórmulas semejantes a las de Sully y Crucé, si ien al ejemplo al que presta atención preferente es el de las Provincias Unidas.
Penn idea la constitución de una asamblea, dieta o parlameto, de representantes de los soberanos europeos. No sería permanente pero, a imitación del Parlamento británico, debía reunirse anualmente o en el plazo que se fijara al efecto. Las competencias de dicha asamblea abarcaban la resolución de los conflictos entre estados y sus decisiones serían vinculantes. Penn aspira a que sea la presión de todos ellos el medio único y
suficiente para imponer la paz, reducir a los díscolos y hacer efectivas las acciones de resarcimiento de los daños generados por éstos. En consonancia con ese designio, el Ensayo manifiesta un respeto completo por la soberanía de los Estados, precisamente en la época del absolutismo doctrinal y de las teorías sobre la soberanía del Estado.
La Dieta de representantes europeos debía reunirse por primera vez en un lugar no determinado del centro de Europa, y sus miembros fijarian el reglamento de las reuniones venideras. Adelantándose a los obstáculos habituales en la práctica internacional, Penn prevé diversas soluciones para obviar la enojosa cuestión de las presidencias y para asegurar un funcionamiento fluido de la organización: una presidencia para cada reunión que sea rotativa entre grupos de delegados; el voto secreto; la adopción de los acuerdos por mayorias cualificadas; la designación de un secretario por cada diez delegados; y la utilización de un idioma común, sea el latín o el francés (“el primero estaría muy bien para los juristas, el segundo sería más práctico para las gentes de calidad”). El elemento más significado en el modus operandi de la Dieta es, tal vez, la modalidad de ponderación de votos, que debía determinarse en función del “valor” de las naciones, “considerando la renta de las tierras, las exportaciones, las importaciones, los registros de las contribuciones, etc.”
Como argumento en favor de su propósito de obtener la concordia entre las naciones, Penn anuncia muchos beneficios: desde la reducción de los “gastos devoradores de la guerra”, incluido el ahorro en pensiones, pasando por las ventajas de orden demográfico o relativas al incremento de la producción y la mejora del tráfico entre las naciones, en favor del cual sugiere la unificación de los pasaportes, hasta el beneficio espiritual que supondría restaurar la reputación del cristianismo, mermada ante los infieles debido a las luchas por nimios pretextos. Penn une al pragmatismo inglés su confesión religiosa cuáquera, que identifica el progreso con los signos del favor divino, circunstancia que explica la particular atención que presta a las ventajas económicas y materiales de su proyecto.
El proyecto de William Penn no carecía de cierta intención nacional. Así como otros proyectos conferían un particular protagonismo a los reyes de Francia, el suyo responde a un sincero deseo de que “el honor de proponer y realizar un designio tan bueno y tan grande corresponda a Inglaterra entre las naciones de Europa”. Ello no obsta para el interés de su propuesta, pues, lejos de hallarse cantonada en un etéro pacifismo universal, avanza certeramente en la formulación de una institución puramente europea y aporta como novedad un sistema de ponderación de la toma de decisiones comunes en función de las desigualdades entre los miembros.
La Nueva Cynea de Emerico Crucé (1623)
susodicho “, y espera que sean el Papa y el Rey de Francia quienes asuman tal responsabilidad.
El proyecto enuncia también alternativas al desempeño de las ocupaciones militares, que se harán menos necesarias: planes esucativos diversificados y generales, desarrollo industrial y redistribución del territorio, obras públicas en provecho de las comunicaciones y de la agricultura.
El proyecto de Crucé, concebido en términos más amplios que los demás de aquel tiempo fecundo en literatura arbitrista, no tuvo mejor fortuna que el resto. Su propuesta de que el Papa actuara con un poder arbitral sobre los estados cristianos, y la relativa al desarme de todas las potencias, eran perfectamente inrrealizables, máxime cuando Centroeuropa se desangraba en la Guerra de los Treinta Años entre católicos y protestantes.
Sin embargo, se detecta una línea de influencia que hizo posible las ideas de Crucé transcendieran a su época y alcanzasen el movimiento europeísta del siglo XX: “ El joven Leibniz- señala Rougemont- le ha leído y le recuerda; más tarde escribe al Abad de Saint-Pierre y Coudenhove, se une a Briand y a la sociedad de Naciones, después a Churchill de La Haya y a los grandes debates de nuestro tiempo”