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Asignatura: Movimientos artisticos contemporaneos, Profesor: Violeta Izquierdo, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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El final del siglo XIX en Francia, por lo que a la escultura se refiere, se caracterizó por el predominio indiscutible de Auguste Rodin. La estética rondiniana de la fugacidad e imprecisión, continuada por otros, pronto recibió el envite de otras propuestas de signo contrario. A principios del siglo XX, la primera corriente, la figurativa: la tradicional, encaminada a la recuperación del contorno de las figuras y a la exaltación de la forma. Será precisamente esta primacía de la forma lo que va a caracterizar el desarrollo escultórico en las primeras décadas. Ensalza los estados de ánimos del ser humano mediante la expresión, la complejidad y la exageración. En esta corriente destaca: Aristide Maillol. La segunda corriente, la primitiva : al igual que ocurre con la pintura, la escultura de este momento se libera de su tradicional dependencia a la realidad y pierde el carácter mimético. La tercera corriente o escultura orgánica : está protagonizada por Brancusi, con la búsqueda de nuevas formas esenciales de las figuras de animales y para destacar también la naturaleza material, mediante la abstracción, la esencialización y las superficies curvas
Rodin no fue admitido en la Academia de Bellas Artes por lo que se formó gracias a profesores y a sus viajes, donde supo ver la fuerza expresiva de los grandes maestros clásicos, góticos y de Miguel Ángel. Rodin fue el precursor de una nueva manera de entender la escultura. Concebir la escultura como inacabada y el aspecto vibrante de su masa es lo que a los ojos del público le relacionaba con los impresionistas y con Miguel Ángel. Aunque esa relación está más en la pasión por el natural, en trabajar siempre directamente y con el modelo delante. Gusto por el fragmento y los bocetos. Busca un realismo épico por medio de la exageración de la forma y la complejidad, con una mirada múltiple y dinámica, y la expresión de la idea como drama. Rodin tardó en recibir el reconocimiento de sus contemporáneos. Su arte, basado en el fragmento, el accidente y la acumulación de piezas independientes que se combinan formando grupos, no les gustaba a los jueces de los Salones. Una de sus obras más conocidas de esta primera etapa fue: El hombre de la nariz rota (1865), esta obra fue rechaza por ser un boceto “inacabado”, característica que sería, desde entonces, uno de sus principales principios estéticos.
Otra obra de Rodin es: La Catedral (1908) en la que un par de manos se alzan algo separadas hasta encontrarse por medio de los dedos, ligeramente curvados, como influencia de Miguel Ángel. El instrumento de su poder creador fueron las manos, y, más en concreto, los dedos. Sus audaces, intuitivos y libres dedos, llenos de poderosa energía y vitalidad.
En una de sus más originales composiciones: La mano de Dios también conocida como Creación (1896-1902), la piedra áspera, rugosa, toscamente tallada, simboliza la materia primigenia de la mano del Creador-Dios hace surgir la vida en formas pulidas y blancas del primer hombre y de la primera mujer. Pero, en sentido más literal, puede interpretarse como la mano del propio Artista-Creador, en el acto litúrgico de transformar la singularidad de la masa plástica en la expresividad de la forma viva.
Otro de sus monumentos es Balzac (1897), fue el más controvertido al rechazarlo su comité por ver en él una burla hacia gran novelista, una masa uniforme, una especie de muñeco de nieve o deidad primitiva. En realidad, no comprendieron que los siete años empleados por Rodin en preparar el proyecto, documentándose y recorriendo los mismos lugares en que había vivido Balzac, le sirvieron no para informarse de su aspecto físico, sino para formarse una idea de su carácter, de su arte y de su vida, respetando tres datos reales: su gordura, su baja estatura y su bata que siempre llevaba cuando escribía. De esta manera no representa el físico sino al Balzac burlón.
Bajo la característica de “ escultura inacabada ”, Rodin hizo una serie de obras como El hombre que camina (1877), obra de fundición, inacabada en superficies donde busca el contraste entre distintas calidades de materia por el pulido, o Torso (anterior a 1899) , donde la figura incompleta entrará a formar parte de la tradición de la escultura moderna.
Otra obra: Las Puertas del Infierno (1880-1917). En 1880, Rodin recibió el encargo gubernamental de realizar una gran puerta para el proyectado Museo de Artes Decorativas de París. Como tema para la obra, el artista eligió La Divina Comedia de Dante y la tituló “Las
literario, sea éste de Dante, Rodin busca expresar lo universal. Esto era lo más fácil, ya que él no estaba obligado a ilustrar nada en particular, sino simplemente a modelar cuerpos y ensamblarlos en composiciones que expresen sus cualidades. Para el público, El Pensador se convirtió en un icono del hombre meditando acerca de su destino y preparándose para la acción. En el pensamiento de Rodin, el significa de esta obra evolucionó desde una representación de Dante hacia una imagen más general del hombre. El Pensador es una forma cerrada que concentra un gran poder interno y potente: parece quieto, pero el brazo derecho sobre la pierna produce un gran giro, una importante rotación del cuerpo. A pesar de que el brazo derecho sostenga mayor peso corporal, hay un gran equilibrio, ya que las masas de volumen de ambos brazos tienen la misma trascendencia y ambos convergen en una misma pierna. De esta manera, se observa un eje diagonal desde la cabeza hasta el pie izquierdo. Si bien utiliza grandes diagonales que provocan dinamismo, vitalidad y a la vez grandes planos triangulares, abre las formas, como en la parte frontal de sus piernas que recogen el espacio. Además, la posición se encuentra descuidada y natural, de esta manera, los grandes huecos circundan la forma e inquietan al espectador a recorrerá e introducirse dentro de la escultura, dentro del gran contenido psicológico del espectador. Por otra parte, la mano doblada debajo del mentón, deja descubierto el rostro, Rodin no esconde nada. En el cabello se observa el tratamiento discontinuo de los volúmenes, una forma grotesca pero bien armada. Es muy importante el tratamiento del volumen con grandes masas utilizando además el “no acabado” de Miguel Ángel, donde no cae en el virtuosismo, deja el manejo instintivo y expresivo, y donde no cae la belleza clásica. El tratamiento de la figura, en cierta manera parece ser un pretexto en la búsqueda permanente del mundo interior. Rodin nos dio una imagen fiel de la sociedad de su tiempo en una serie de retratos de gran intensidad psicológica. El Pensador es una muestra fidedigna de esto, una actitud pensante rodeada de una tranquilidad, transmite espiritualidad y pasividad, soledad y preocupación.
El Beso (1904) es una escultura en mármol, deriva de la Puerta del Infierno, y está inspirada en los amores de Paolo y Francesca. Esta obra permite apreciar dos características que distinguen las composiciones de Rodin. Rechaza el punto de vista único, en esta obra hay una multiplicidad de puntos de vistas que se ve facilitada por sus numerosas investigaciones respecto al potencial expresivo del cuerpo humano. Es una escultura de bulto redondo por lo que hay que ver la obra desde todas sus perspectivas posibles. Rodin concibe la escultura como materia, como masa plástica que recibe la vida desde
el interior y que irradia hacia el exterior y se escandalizaba ante el método académico que traba las figuras o los grupos como si fueran bajorrelieves. Podemos apreciar en El Beso una tensión que modera, y a la vez, acentúa e intensifica la pasión. Se trata de un planteamiento literario en el que la pasión no proviene tanto del acto en sí cuanto del movimiento que orienta a los personajes. Se trata del momento mismo anterior a la pasión, cuando ésta no ha arrastrado todavía a los hombres, cuando no se ha consumado. La complejidad compositiva de El beso, con su visión múltiple y dinámica, ha sido empobrecida en El eterno ídolo que vemos un enfoque simple, casi frontal.
Además de estas obras, también recibe la influencia de Miguel Ángel en La edad de bronce (1876) por parte de la obra El esclavo moribundo de 1513; y en La Danaide (1899).
Los burgueses de Calais (1884-1895), el tema que elige Rodin para su obra es: durante la Guerra de los Cien Años, seis ciudadanos de Calais se entregan a Eduardo III, rey de Inglaterra, para que levantara el sitio de su ciudad. Rodin sitúa a los personajes sobre una mínima peana triangular, casi a la altura del espectador, lo que les daba más humanidad. Estas figuras no forman un bloque único sino que se trata de seis figuras totalmente exentas, en la que es tan importante la materia que las compone como el espacio vacío que las rodea. Este aislamiento físico de cada una de las figuras está reforzado por un tratamiento retratístico, que rehúye la idealización y por las distintas actitudes de los personajes. La intensidad, el dramatismo, la luminosidad… En cada uno de estos personajes late la emoción de un nuevo romanticismo, pero con el vigor y la potencia expresiva de un artista que cree que
de Sakountala, épica de dos cuerpos que se reúnen y nunca se encuentran, la épica de la ausencia incorregible, la fractura, el cuerpo que ha perdido el habla, la sin respuesta.
La edad madura (1895-1899)
La Ola o las Bañistas (1897-1903): hecha de mármol, jade y bronce.
Relacionado con la estética de Rodin, aunque no como discípulo o colaborador, pues incluso tuvieron un sonado enfrentamiento. Los temas principales de este artista son los motivos íntimos y cotidianos, su afición a crear series con pequeñas variaciones sobre un mismo tema y sobre todo su predilección por los materiales dúctiles, como la cera o la escayola, que le permitían convertir la superficie esculpida en una piel discontinua y vibrátil, abierta a la interacción con el aire y la luz. Una de sus obras es: Il bacio sotto il lampione (1882).
Bambino ebreo (1892-1893): hecho en cera, inacabado con formas en curva.
Bambino malato (1892)
Algo similar acontecía con el Monumento a Cézanne (1912-1925), un desnudo recostado sosteniendo una rama de laurel que provocó el desconcierto del hijo del pintor. Entre las obras que más destacan durante este período se encuentra La noche (1902-1909).
Maillol en 1908 viaja a Grecia donde se percató del paralelismo entre su región catalana y la antigua Grecia, entre las jóvenes autóctonas que tomaba como modelos y las Venus de la antigüedad. La representación de la diosa romana del fruto: Pomona (1911) es una clara referencia al canon catalán ibérico, al igual que El Torso del veranos (1911). Pero en lo que se refiere a estas figuras sólidas y apegadas a la tierra, en las Venus desnudas y vestidas, particularmente en “Flora” prima un canon toscano más esbelto y elegante, sin alusiones a lo narrativo, alegoría de fertilidad y madre de la primavera. Maillol centró toda su obra en la exaltación del cuerpo femenino. Lejos del dramatismo grandilocuente de Rodin, sus figuras desprovistas de toda anécdota y parcas en gestos, se caracterizan por la plenitud de sus volúmenes. También sustituye el modelado del impresionismo por una superficie tersa y continua sobre la que resbala la luz. El vigor y la plenitud se materializan en esos desnudos sintéticos a la vez que perfectos.
La pintura ha ensombrecido el hecho de que Gauguin fue el primer moderno que se entregó con intensidad a la escultura. Las primeras obras de Gauguin son retratos de su hijo como Mette Gauguin o La cantora que es su primer relieve en madera policromada. Gauguin introdujo en la pintura el primitivismo en el arte moderno a partir de su retiro a la Bretaña campesina y a la Martinica, donde pintará su Autorretrato con Cristo amarillo (1889-1890). Otros relieves en madera de Gauguin son: Sed misteriosos (1890).
El trasvase del culto maorí a la escultura lo encontramos por primera vez en Ídolo con la perla o ídolo con una concha (1893), logra una síntesis entre la realidad de los motivos y su interpretación imaginaria. Derivan las actitudes y las poses del Buda. La cabeza tiene unas dimensiones exageradas, el atributo del nácar, los dientes limados de un caníbal, el tatuaje, mientras la estilización de las piernas sigue patrones de las Marquesas.
Pero la obra más primitivista es Cilindro de madera con Cristo en la Cruz (1891-1892) que nos ofrece un claro contraste entre el motivo iconográfico, cargado de simbolismo religioso que traduce la experiencia humana primaria, y los préstamos formales oceánicos que denotan un horro al vacío y la negación del ilusionismo propia de las artes decorativas primitivas de las Marquesas y los pictogramas de la Isla de Pascua.
Gauguin realiza el pequeño Oviri (1894), un dios que personifica la muerte y lo salvaje. Su subtítulo Autorretrato del artista pone en evidencia su propia identificación con el salvaje. Su técnica está vinculada a las primeras tentativas de arcilla, en sus formas, sobre todo en su cabeza alucinada y monstruosa, es expresión de un primitivismo cruel que se aleja de los modelos concretos y tiene poco que ver con lo maorí, pero que, no obstante, trasluce la quintaesencia de lo salvaje, los bruscos contrastes entre la vida y la muerte, así como la amargura, el pesimismo o el motivo simbolista de la naturaleza andrógina. Esta obra fue rechazada por era considerada un ataque al buen gusto, aunque despertó el interés de Picasso y otros muchos artistas.
- Etapa primitivista: La influencia primitivista de Picasso se nota en obras como El beso (1908). Brancusi logra la síntesis de los cuerpos y el bloque en el que están esculpidos. Son dos figuras abrazadas, que se besan. La unión entre ambas es completa. En la cara destacan los ojos, casi simétricos y la boca que es la misma para los dos. El pelo es un movimiento de las líneas paralelas onduladas, los brazos están pegados a las figuras y el cuerpo solamente es insinuado por la línea que los divide y los une, la misma para ambas. La textura es tosca, evita el pulido para evidenciar la talla directa y los instrumentos empleados. Tiene una fuerte influencia del primitivismo en el modo de representar los ojos, la incisión del cuerpo, el cabello ondulado, los brazos. En esta obra no hay elementos anecdóticos o narrativos, ni tampoco hay sentimiento. Brancusi no intenta mostrar el aspecto sentimental de ese beso, ni la dulzura amorosa, ni la pasión de los amantes. No percibimos ni la fisionomía de los amantes, ni su sexualidad, ni la tensión de sus cuerpos. Se fundamenta en componentes escultóricos, en aspectos que pertenecen a la propia naturaleza de la escultura como son el volumen, la masa, la textura y la sencillez compositiva. En el beso se aprecia la búsqueda de la esencia y la simplificación de la forma. No debe confundirse con El abrazo (1912). - Obra orgánica Dentro de esta característica encontramos su obra: Adán y Eva (1919-1923), es su mejor pieza en madera en donde se acusan las tensiones entre sus dos maneras. Se trata de una obra compleja, realizada en varios tiempos y por separado. Adán se encuentra en la parte inferior de una nueva pieza sobre la que recaerá el peso de la pareja, estableciendo así un contacto simbólico con la tierra. Sus angulaciones, simplificación y formas dentadas son de ascendencia africana, pero su interpretación no es para nada literal y más sutil que la de los cubistas y expresionistas. Mientras en la base inferior es de piedra, entre ambas figuras se interpone un bloque rectangular de madera sobre el que se apoya Eva, que la coloca en el contexto inédito de la pareja en el paraíso. De ascendencia igualmente africana ahora es transfigurada a través de un elevado grado de abstracción.
Retrato de Madame L.R. (1914-1917)
Musa (1912) Para Brancusi cuanto más simple es una forma mayor intensidad expresiva alcanza. Otra obra de este estilo es Musa dormida (1912). Lo más significativo de esta obra es su estilización y la simplificación organicista, la desmaterialización espiritualista, la reducción a la esencia y la búsqueda del arquetipo en cada motivo, se convirtieron en las premisas artísticas de un importen grupo de piezas.
Dentro de estas obras se encuentra Escultura para ciegos (1925) , donde Brancusi mezcla pervivencias primitivistas como se manifiesta en la abstracción geométrica y la búsqueda de esencias y los arquetipos que remiten al carácter simbólico.
Otra obra es Columna sin fin (1938). Es su obra más conocida. Es una obra de gran influencia dentro de la escultura contemporánea. Consiste en una estructura que parte de un rombo o pedestal y que mediante la suma de diferentes formas en altura, se eleva en vertical como una auténtica encarnación de un “axis mundi”. Se sustenta en el concepto de infinito, es una repetición seriada de elementos rítmicos y que tuvo distintas interpretaciones y versiones en madera, hierro y yeso. Esta estructura representa el árbol de la vida o la escalera celesta que aparece en el mundo mágico de muchas culturas primitivas. La obra no se limitó al ámbito del periodo de entreguerras sino que fue la obra tomada como referencia por el minimalismo americano.
Denaide (1918)
La mesa del silencio (1938)
Otra obra es: Maiastra (1910), es una pieza sencilla que consta de tres partes un suporte con figuras a modo de cariátides, un bloque geométrico y una figura de pájaro, pulida y muy elemental. Juega con el contraste de las figuras inferiores que son toscas y primitivas, con respecto al pájaro superior que es compacto, pulido y dinámico.