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Asignatura: castellano a2, Profesor: , Carrera: Traducció i Interpretació, Universidad: UAB
Tipo: Apuntes
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Grau de Traducció i d’Interpretació - Llengua A per a traductors i intèrprets 2 (Castellà) Grup 1 - Prof. Antonio Ríos
There seemed a certainty in degradation. T. E. LAWRENCE, Seven Pillars of Wisdom, CIII
En el Asia Menor o en Alejandría, en el segundo siglo de nuestra fe, cuando Basílides publicaba que el cosmos era una temeraria o malvada improvisación de ángeles deficientes, Nils Runeberg hubiera dirigido, con singular pasión intelectual, uno de los conventículos gnósticos. Dante le hubiera destinado, tal vez, un sepulcro de fuego; su nombre aumentaría los catálogos de heresiarcas menores, entre Satornilo y Carpócrates; algún fragmento de sus prédicas, exornado de injurias, perduraría en el apócrifo Liber adversus omnes haereses o habría perecido cuando el incendio de una biblioteca monástica devoró el último ejemplar del Syntagma. En cambio, Dios le deparó el siglo XX y la ciudad universitaria de Lund. Ahí, en 1904, publicó la primera edición de Kristus och Judas; ahí, en 1909, su libro capital Den hemlige Frälsaren. (Del último hay versión alemana, ejecutada en 1912 por Emil Schering; se llama Der heimliche Heiland.)
Antes de ensayar un examen de los precitados trabajos, urge repetir que Nils Runeberg, miembro de la Unión Evangélica Nacional, era hondamente religioso. En un cenáculo de París o aun de Buenos Aires, un literato podría muy bien redescubrir las tesis de Runeberg; esas tesis, propuestas en un cenáculo, serán ligeros ejercicios inútiles de la negligencia o de la blasfemia. Para Runeberg, fueron la clave que descifra un misterio central de la teología; fueron materia de meditación y de análisis, de controversia histórica y filológica, de soberbia, de júbilo y de terror. Justificaron y desbarataron su vida. Quienes recorran este artículo, deben asimismo considerar que no registra sino las conclusiones de Runeberg, no su dialéctica y sus pruebas. Alguien observará que la conclusión precedió sin duda a las «pruebas». ¿Quién se resigna a buscar pruebas de algo no creído por él o cuya prédica no le importa?
Comentario [ARM1]: Relato. Exordio Un escritor —el autor del relato “Tres versiones de Judas”— presenta a Nils Runeberg, el protagonista de esta narración breve, y lo muestra como un hereje.
Comentario [ARM2]: Relato. Continuación del Exordio. El narrador continúa la presentación de Nils Runeberg y, después, presenta su propio relato.
Grau de Traducció i d’Interpretació - Llengua A per a traductors i intèrprets 2 (Castellà) Grup 1 - Prof. Antonio Ríos
La primera edición de Kristus och Judas lleva este categórico epígrafe, cuyo sentido, años después, monstruosamente dilataría el propio Nils Runeberg: No una cosa, todas las cosas que la tradición atribuye a Judas Iscariote son falsas (De Quincey, 1857). Precedido por algún alemán, De Quincey especuló que Judas entregó a Jesucristo para forzarlo a declarar su divinidad y a encender una vasta rebelión contra el yugo de Roma; Runeberg sugiere una vindicación de índole metafísica. Hábilmente, empieza por destacar la superfluidad del acto de Judas. Observa (como Robertson) que para identificar a un maestro que diariamente predicaba en la sinagoga y que obraba milagros ante concursos de miles de hombres, no se requiere la traición de un apóstol. Ello, sin embargo, ocurrió.
Suponer un error en la Escritura es intolerable; no menos intolerable es admitir un hecho casual en el más precioso acontecimiento de la historia del mundo. Ergo , la traición de Judas no fue casual; fue un hecho prefijado que tiene su lugar misterioso en la economía de la redención. Prosigue Runeberg: El Verbo, cuando fue hecho carne, pasó de la ubicuidad al espacio, de la eternidad a la historia, de la dicha sin límites a la mutación y a la muerte; para corresponder a tal sacrificio, era necesario que un hombre, en representación de todos los hombres, hiciera un sacrificio condigno. Judas Iscariote fue ese hombre. Judas, único entre los apóstoles, intuyó la secreta divinidad y el terrible propósito de Jesús. El Verbo se había rebajado a mortal; Judas, discípulo del Verbo, podía rebajarse a delator (el peor delito que la infamia soporta) y a ser huésped del fuego que no se apaga. El orden inferior es un espejo del orden superior; las formas de la tierra corresponden a las formas del cielo; las manchas de la piel son un mapa de las incorruptibles constelaciones; Judas refleja de algún modo a Jesús. De allí los treinta dineros y el beso; de ahí la muerte voluntaria, para merecer aún más la Reprobación. Así dilucidó Nils Runeberg el enigma de Judas.
Los teólogos de todas las confesiones lo refutaron. Lars Peter Engström lo acusó de ignorar, o de preterir, la unión hipostática; Axel Borelius, de renovar la herejía de los docetas, que negaron la humanidad de Jesús; el acerado obispo de Lund, de contradecir el tercer versículo del capítulo veintidós del evangelio de San Lucas.
Comentario [ARM3]: Relato para introducir la primera versión de Judas. Los precedentes de la primera versión deJudas. Nils Runeberg parte de obras anteriores.
Comentario [ARM4]: Argumentación. La primera versión de Judas: La traición de Judas fue un designio divino para que se cumpliera el sacrificio de Cristo y, por tanto, la Salvación de la humanidad.
Comentario [ARM5]: Relato. El escritor narra las reacciones de lectores especializados tras la publicación de la primera versión de Judas.
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Muchos han descubierto, post factum, que en los justificables comienzos de Runeberg está su extravagante fin y que Den hemlige Frälsaren es una mera perversión o exasperación de Kristus och Judas. A fines de 1907, Runeberg terminó y revisó el texto manuscrito; casi dos años transcurrieron sin que lo entregara a la imprenta. En octubre de 1909, el libro apareció con un prólogo (tibio hasta lo enigmático) del hebraísta dinamarqués Erik Erfjord y con este pérfido epígrafe: En el mundo estaba y el mundo fue hecho por él, y el mundo no lo conoció (Juan 1:10). El argumento general no es complejo, si bien la conclusión es monstruosa. Dios, arguye Nils Runeberg, se rebajó a ser hombre para la redención del género humano; cabe conjeturar que fue perfecto el sacrificio obrado por él, no invalidado o atenuado por omisiones. Limitar lo que padeció a la agonía de una tarde en la cruz es blasfematorio. 3 Afirmar que fue hombre y que fue incapaz de pecado encierra contradicción; los atributos de impeccabilitas y de humanitas no son compatibles. Kemnitz admite que el Redentor pudo sentir fatiga, frío, turbación, hambre y sed; también cabe admitir que pudo pecar y perderse. El famoso texto Brotará como raíz de tierra sedienta; no hay buen parecer en él, ni hermosura; despreciado y el último de los hombres; varón de dolores, experimentado en quebrantos (Isaías 53: 2-3), es para muchos una previsión del crucificado, en la hora de su muerte; para algunos (verbigracia, Hans Lassen Martensen), una refutación de la hermosura que el consenso vulgar atribuye a Cristo; para Runeberg, la puntual profecía no de un momento sino de todo el atroz porvenir, en el tiempo y en la eternidad, del Verbo hecho carne. Dios totalmente se hizo hombre hasta la infamia, hombre hasta la reprobación y el abismo. Para salvarnos, pudo elegir cualquiera de los destinos que traman la perpleja red de la historia; pudo ser Alejandro o Pitágoras o Rurik o Jesús; eligió un ínfimo destino: fue Judas.
(^3) Maurice Abramowicz observa: «Jésus, d'aprés ce scandinave, a toujours le beau rôle; ses déboires, grâce à la science des typographes, jouissent d'une réputabon polyglotte; sa résidence de trente-trois ans parmi les humains ne fut en somme, qu'une villégiature». Erfjord, en el tercer apéndice de la Christelige Dogmatik refuta ese pasaje. Anota que la crucifixión de Dios no ha cesado, porque lo acontecido una sola vez en el tiempo se repite sin tregua en la eternidad. Judas, ahora , sigue cobrando las monedas de plata; sigue besando a Jesucristo; sigue arrojando las monedas de plata en el templo; sigue anudando el lazo de la cuerda en el campo de sangre. (Erfjord, para justificar esa afirmación, invoca el último capítulo del primer tomo de la Vindicación de la eternidad, de Jaromir Hladík.)
Comentario [ARM8]: Relato. El narrador cuenta que Nils Runeberg revisó la segunda versión de Judas. En el relato, esta parte sirve para introducir la tercera versión de Judas.
Comentario [ARM9]: Argumentación. La tercera versión de Judas: Judas fue el verdadero Salvador.
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En vano propusieron esa revelación las librerías de Estocolmo y de Lund. Los incrédulos la consideraron, a priori, un insípido y laborioso juego teológico; los teólogos la desdeñaron. Runeberg intuyó en esa indiferencia ecuménica una casi milagrosa confirmación. Dios ordenaba esa indiferencia; Dios no quería que se propalara en la tierra Su terrible secreto. Runeberg comprendió que no era llegada la hora. Sintió que estaban convergiendo sobre él antiguas maldiciones divinas; recordó a Elías y a Moisés, que en la montaña se taparon la cara para no ver a Dios; a Isaías, que se aterró cuando sus ojos vieron a Aquel cuya gloria llena la tierra; a Saúl, cuyos ojos quedaron ciegos en el camino de Damasco; al rabino Simeón ben Azaí, que vio el Paraíso y murió; al famoso hechicero Juan de Viterbo, que enloqueció cuando pudo ver a la Trinidad; a los Midrashim, que abominan de los impíos que pronuncian el Shem Hamephorash, el Secreto Nombre de Dios. ¿No era él, acaso, culpable de ese crimen oscuro? ¿No sería ésa la blasfemia contra el Espíritu, la que no será perdonada (Mateo 12: 31)? Valerio Sorano murió por haber divulgado el oculto nombre de Roma; ¿qué infinito castigo sería el suyo, por haber descubierto y divulgado el horrible nombre de Dios?
Ebrio de insomnio y de vertiginosa dialéctica, Nils Runeberg erró por las calles de Malmö, rogando a voces que le fuera deparada la gracia de compartir con el Redentor el Infierno.
Murió de la rotura de un aneurisma, el primero de marzo de 1912. Los heresiólogos tal vez lo recordarán; agregó al concepto del Hijo, que parecía agotado, las complejidades del mal y del infortunio.
Comentario [ARM10]: Relato. El narrador cuenta la tibia acogida de la última publicación de Nils Runeberg.
Comentario [ARM11]: Relato, preparación del epílogo. El narrador cuenta la reacción de Nils Runeberg tras la tibia acogida de su última publicación. Al final de esta parte se narra que Nils Runeberg se identificó con Judas y, portanto, con Dios (según la tercera versión de Judas). Recordemos que fue presentado como un hereje. Está convencido de que irá al infierno por haber revelado el nombre del verdadero Salvador. Otra interpretación: Con la publicación de su última obra, Nils Runeberg cayó en la infamia de negar la divinidad de Cristo y se condenó al infierno. De ahí que tal vez se pueda concluir que Cristo era Dios, y no lo era Judas. La obra queda abierta a lainterpretación del lector.
Comentario [ARM12]: Epílogo. El final de Nils Runeberg. Valoración histórica de este personaje.
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Argumento 4 Imputar su crimen a la codicia (como lo han hecho algunos, alegando a Juan 12: 6) es resignarse al móvil más torpe. Nils Runeberg propone el móvil contrario: un hiperbólico y hasta ilimitado ascetismo. El asceta, para mayor gloria de Dios, envilece y mortifica la carne; Judas hizo lo propio con el espíritu. Renunció al honor, al bien, a la paz, al reino de los cielos, como otros, menos heroicamente, al placer. Premeditó con lucidez terrible sus culpas.
Premisa 1: El asceta “normal” envilece y mortifica la carne para mayor gloria de Dios. Premisa 1.1 (implícita): el asceta “normal” renuncia al mundo terrenal (imperfecto, temporal) para ganarse algo mucho más valioso: el reino de los cielos (perfecto, eterno). Premisa 2: Judas envileció y mortificó el espíritu [mediante la traición a Jesucristo], con lo cual renunció al reino de los cielos. Premisa 2.2: Judas premeditó, para mayor gloria de Dios, su inmenso pecado con lucidez terrible: es decir, sabiendo que éste le conduciría al infierno por la eternidad. Conclusión: Judas fue un asceta “hipérbolico”, “ilimitado”: “heroico”.
Argumento 5 En el adulterio suelen participar la ternura y la abnegación; en el homicidio, el coraje; en las profanaciones y la blasfemia, cierto fulgor satánico. Judas eligió aquellas culpas no visitadas por ninguna virtud: el abuso de confianza (Juan 12: 6) y la delación. Obró con gigantesca humildad, se creyó indigno de ser bueno.
Premisa 1: Las culpas “normales” comportan siempre una parte de virtud. Premisa 2: Judas eligió las peores culpas: las que no están “visitadas” por ninguna virtud. Premisa 3: Judas se creyó indigno de ser ni siquiera parcialmente bueno. Conclusión: todo ello prueba su gigantesca humildad.
Argumento 6 Obró con gigantesca humildad, se creyó indigno de ser bueno … Judas buscó el Infierno, porque la dicha del Señor le bastaba. Pensó que la felicidad, como el bien, es un atributo divino y que no deben usurparlo los hombres.
Premisa 1: La felicidad (= la dicha) y el bien son atributos divinos. Premisa 2 (más o menos implícita): Los hombres no son ni deben pretender ser dioses. o Los hombres no deben buscar la felicidad. o Los hombres no deben intentar alcanzar el bien. Conclusión: Judas fue el hombre que mejor respetó la voluntad divina.
¿Qué se desprende (= LÓGICAMENTE) si llevamos este argumento hasta sus últimas consecuencias?
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Autor: Antonio Ríos
Premisa 1: Dios se rebajó a ser hombre para la redención del género humano.
Premisa 2: El sacrificio obrado por Él fue perfecto, no invalidado o atenuado por omisiones; por tanto, limitar lo que padeció a la agonía de una tarde en la cruz es blasfematorio.
o Prueba: El famoso texto «Brotará como raíz de tierra sedienta; no hay buen parecer en él, ni hermosura; despreciado y el último de los hombres; varón de dolores, experimentado en quebrantos» (Isaías 53: 2-3), es para muchos una previsión del crucificado, en la hora de su muerte; para algunos (verbigracia, Hans Lassen Martensen), una refutación de la hermosura que el consenso vulgar atribuye a Cristo; para Runeberg, la puntual profecía no de un momento sino de todo el atroz porvenir, en el tiempo y en la eternidad, del Verbo hecho carne.
Premisa 3. Afirmar que Dios fue hombre y que fue incapaz de pecado encierra contradicción; los atributos de impeccabilitas y de humanitas no son compatibles.
o Prueba: Kemnitz admite que el Redentor pudo sentir fatiga, frío, turbación, hambre y sed; también cabe admitir que pudo pecar y perderse.
Conclusión: Dios totalmente se hizo hombre hasta la infamia, hombre hasta la reprobación y el abismo, y para salvarnos eligió un ínfimo destino: fue Judas, ya que Judas traicionó a Cristo, actuó como un infame, pecó, y se condenó a la agonía eterna del infierno.