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Asignatura: Sociologia de la Comunicació, Profesor: , Carrera: Publicitat i Relacions Públiques, Universidad: URL
Tipo: Apuntes
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Si en lugar de privilegiar como objeto del Control de Calidad Periodística (CCP) a determinados periódicos, autores o fuentes optamos por cualificar al periodismo a secas tal como lo encontramos, impreso o digital , en un texto o en un conjunto, bloque o secuencia de textos, ¿se abrirán acaso nuevas rutas, directamente accesibles a nosotros, los lectores? Propongo aquí una de las vías posibles: reconsiderar los saberes profesionales desde la teoría social.
campos mucho más cultivados, como la Sociología, las Ciencias Políticas, la Lingüística, la Narratología. Dos categorías estructuran mi propuesta: interacción y relato. Los saberes profesionales presentan a la interacción como "hecho noticiable" y privilegian al relato como "noticia", "crónica", "reportaje": "story". La teoría social nos puede llevar mucho más lejos con la teoría de la acción y con la consideración del homo sapiens como homo narrans. Para articular ambas categorías, interacción y relato, perfilaré a todos los actores sociales - y por lo tanto a periódicos, autores, fuentes, lectores- como narradores en interacción , impulsados por la comprensión interpretativa y la explicación causal de comportamientos propios y ajenos y de la interacción misma, y a los periódicos de información general como narradores públicos, polifónicos, de interacciones sincrónica y diacrónicamente contextualizadas.
5.1. Actualidad, actio: acción, interacción La raíz etimológica de la palabra clave en Comunicación Periodística, "actualidad", no se encuentra en tempus sino en actus, actio: acción (Pöttker, 1998). Una acción es social cuando quien la realiza asigna determinados significados a su propio comportamiento y a los comportamientos de los otros actores, preguntándose cómo estos otros interpretarán y responderán, a su vez, al comportamiento suyo. Para que la interacción exista hacen falta actores sociales ligados entre sí por comportamientos intencionales : cada uno de esos actores interpreta y asigna significados a sus propios comportamientos y a los de los otros. No podemos comprender lo que los otros hacen sin intentar saber cómo interpretan, subjetivamente, sus propios comportamientos. Interactuar es comunicarse, comunicarse es interactuar. Propongo mantener el rango que la teoría social reconoce a los conceptos de interacción y actor, conectándolos fuertemente con otras categorías básicas: estructuras, sistemas, contextos. La actualidad no es puro instante efímero. Dura. Es presente histórico, de variable duración, contextualizable sincrónicamente con lo que está ocurriendo en otros lugares, y diacrónicamente con pasados y futuros diversos, de corta, media o larga duración. Precisamente porque dura, la actualidad convoca al relato : necesita ser narrada -espontánea o reflexivamente- para ser conocida. La " actualidad periodística " puede ser entendida como versión de un caso o como temario de áreas y secciones de periódicos de información general, y se presenta
otros? (Smelser 1997). La respuesta la da el comprender (verstehen) con la potencia hermenéutica que a este verbo le asignaron Wilhelm Dilthey y Max Weber (Ringer 1997: Eliaeson 2002). Comprender era para Dilthey, precisamente, re-vivir los estados mentales de los otros , inferidos por analogía con nuestras propias experiencias. Pero el mismo Dilthey también dio, más tarde, una segunda acepción del mismo verbo: comprender como "objetivaciones de la vida", en un marco objetivo de significados humanos, en el cual hay que contextualizar , tomando muy en cuenta el lenguaje y el clima cultural en el que viven los actores. Si su primera acepción nos situaba en el nivel microsocial, esta segunda nos lleva al macro. Ambos niveles aparecen a su vez fuertemente interrelacionados: el segundo permite encauzar y controlar la arriesgada exploración de subjetividades ajenas que exige el primero. Max Weber privilegió tanto al comprender que lo incluyó en su famosa definición de la sociología como una ciencia que comprende interpretativamente la acción social para, a partir de ahí, explicarla causalmente en su curso y sus efectos. En términos similares, creo, podría describirse, en función de su comunicación pública, la práctica periodística: una actividad profesional que comprende interpretativamente interacciones sociales para explicarlas causalmente en sus tramas y sus efectos. Lejos de ejercerse en solitario, la exploración de las subjetividades de aquellos actores en interacción que serán personajes de la versión periodística correspondiente queda ensamblada así con la explicación de la interacción misma mediante una secuencia de causas y efectos o supuestos. Hay que comprender interpretativamente para explicar causalmente. Comprensión y explicación son pues complementarias. Más todavía: Weber llegó a considerar a la interpretación como un componente del análisis causal, afirmando la necesidad de una explicación interpretativa, pugnando, en definitiva, por una "sociología interpretativa", una verstehende Soziologie. Y ya es costumbre generalizada incluir determinados supuestos sobre la subjetividad de los actores -intenciones, emociones, previsiones, expectativas...- entre los eslabones que componen la cadena causal. Obviamente, la comprensión interpretativa no alcanzará nunca el "rigor científico" que exigen los positivistas. Pero la explicación causal , tratándose de interacciones sociales, tampoco. La cadena de causas y efectos nunca podemos vislumbrala completa: empieza con la creación y termina con el fin del mundo. Nunca podremos saber cuáles fueron las causas primeras y los efectos últimos. Por eso, la explicación causal tiene -como la comprensión interpretativa- el estatuto de una
proposición parcial, probable, probabilista, hipotética - una hipótesis que nunca podrá ser cabalmente demostrada. En lugar de invocar leyes históricas o sociológicas de supuesta validez universal, se trata entonces de privilegiar el análisis de casos específicos. Wilhelm Windelband identificó a esta postura como la propulsora del método idiográfico , contrastándola con otra que sigue creyendo en la posibilidad de descubrir y aplicar leyes generales también en en el campo de las ciencias sociales: esta otra postura pugna por el método nomotético, según la nomenclatura de Windelband. La profesión periodística y la constelación de intelectuales mediáticos cuentan con partidarios de uno y otro método, en proporciones variables. Si aplicamos ambos rótulos a los actores sociales en general podemos distinguir dos subtipos de idiográficos y nomotéticos : los ilustrados , que tienen conciencia del método que aplican, y los silvestres , que lo aplican espontánea, irreflexivamente. En Comunicación Periodística abundan, me temo, silvestres de uno y otro tipo. Weber alerta contra dos (malos) usos frecuentes de la explicación causal: el que implica una concepción mecánica, determinista, de la causalidad y el que se da por satisfecho con una supuesta causa única. La imputación causal, es decir, la atribución de determinadas causas a ciertos fenómenos, no ha de hacerse en función de ningún determinismo (alegando una supuesta "ley histórica") ni puede quedarse en el monocausalismo. La búsqueda de una pluralidad de causas se hace necesaria en toda explicación, dejando a cargo de cada investigador la estimación -siempre hipotética- del peso relativo de cada una de ellas. Podemos construir así dos tipologías más, aplicables también a periodistas e intelectuales mediáticos. Una de ellas contrapone a monocausalistas y pluricausalistas. La otra contrapone a deterministas y, si a Usted lector no se le ocurre un rótulo mejor, aperturistas. Las dos cuentan también con sus subtipos de ilustrados y silvestres. Si repensamos las tres tipologías que acabo de proponer, podríamos afirmar que, tendencialmente -con todas las precauciones del caso -, los nomotéticos son monocausalistas y deterministas. Como ya habrá sospechado Usted, mis preferencias van por los idiográficos, pluricausalistas y aperturistas.
5.1.2. Sobre datos y conjeturas: versiones
Si el recorrido consciente y reflexivo de estos caminos por los científicos sociales plantea tantos obstáculos e incertidumbres, tanto más arduo se vuelve todo
necesariamente por todos? Explicar y comprender ¿marcan una alternativa rigida, de modo que optar por una es excluir a la otra, o acaso -como propone Max Weber- se complementan? Puesto que la explicación causal exige una acumulación y procesamiento de datos que la comprensión por significados podría sustituir por un atractivo, incontrolable ejercicio de la imaginación y la sospecha ¿autores y lectores se inclinarán por el (aparentemente mucho más fácil) comprender a expensas del (duro, riguroso) explicar? Buena parte de los columnistas y articulistas inducen a pensar que esta, la más cómoda, es la postura dominante. Contra esa posición, tenemos que reafirmar la fortísima conexión entre la comprensión interpretativa y la explicación causal destacada por Max Weber al definir la Sociología. Otros, en cambio, pretenden contraponer comprensión y explicación: como los positivistas, defendiendo a la explicación, le niegan validez científica a la comprensión. El itinerario esbozado nos recuerda asimismo que el periodista no ha de limitarse a recorrer el nivel micro. Comportamientos y subjetividades también han de ser explicados y comprendidos en función de los dos niveles macro: las estructuras del sistema en la explicación, el sistema de significados colectivos en la comprensión. Y aquí irrumpen ciertas preguntas decisivas: Las estructuras del sistema ¿influyen irreversiblemente sobre los actores y sus acciones o pueden, por lo menos en parte, ser transformadas por ellos? Cuando influyen ¿hemos de considerar que se trata siempre de una influencia negativa, que limita o suprime la libre decisión de los actores o tenemos que reconocer que también puede tratarse de una influencia positiva, que posibilita o potencia las actuaciones de los actores? El sistema de significados colectivos ¿es necesariamente determinante de los significados individualmente asignados por cada actor? En caso de que los significados individuales entren en contradicción con los significados colectivos ¿cómo se desarrolla la interacción?
5.2. Interacciones de conflicto
El periódico vive, como cualquier actor social, en medio de una red de interacciones de conflicto que lo perfilan como parte participante o tercero involucrado. Y, al mismo tiempo, narra y comenta conflictos que son noticia de la actualidad periodística. La comunicación pública de estos conflictos está siempre marcada por la red de conflictos del propio periódico, y es desde esta red que, al construir la actualidad periodística, el periódico decide sus estrategias y aplica sus rutinas.
El periódico necesita siempre del conflicto para producir la actualidad y comunicarla a sus lectores. Explora, narra y comenta conflictos, pero las versiones que publica están marcadas por su propia posición en cada caso conflictivo. Según su grado de involucración hay tres posiciones posibles: actor externo, no involucrado por el conflicto ; tercero involucrado , sea para incrementar sus beneficios a costa de los antagonistas ( tertius gaudens ), sea para incrementar su influencia ahondando la oposición entre los antagonistas ( divide et impera ); parte participante en conflictos iniciados por el propio periodico o por otros actores. En el primer caso, es posible la mayor imparcialidad en la cobertura del conflicto mediante la simple aplicación de las rutinas profesionales; en los otros dos, la estrategia del periódico planea sobre todas las versiones. La posición del periódico también es determinante de sus opciones al integrar los elencos de autores de los textos y de las fuentes de información. Las decide según las prácticas rutinarias cuando es actor externo y según estratégias específicas cuando es tercero involucrado o parte del conflicto.
función del conflicto que la provoca o que quiere demorar o evitar. Toda versión periodística de un conflicto necesita -como relato que es- un prot agon ista y un ant agon ista para perfilar en función de ellos a los restantes personajes y desarrollar la trama narrativa en función de ese agon. El conflicto proporciona siempre, a quien lo narra, la ocasión perentoria de elegir un prot agon ista que, para serlo, necesita un ant agon ista con quien dirimir un agon , una lucha: un conflicto. Dinamiza todo tipo de relatos, espontáneos o estructurados, privados o públicos, históricos o de ficción.
5.3. Interacciones de poder
Si, con Max Weber, entendemos por política "la aspiración a una participación en el poder o en una estructura de poder o en una influencia sobre la distribución del poder, sea entre Estados, sea, en el ámbito de un Estado, entre los grupos humanos que ella abarca", el periódico de información general puede hacer política de muchas maneras mediante su influencia sobre la distribución del poder. Influye a la vez sobre sobre las instituciones políticas que gobiernan y administran y sobre los ciudadanos que -dispersos u organizados en partidos, movimientos, grupos de interés- las apoyan o las presionan y les plantean demandas. Pero ¿es un poder él mismo? La respuesta dependerá de qué entendemos por influencia y qué por poder. En el sistema político, el periódico se perfila ante todo como integrante de un grupo de interés, la empresa editora, que actúa en función de dos objetivos permanentes: influir y lucrar (Borrat 1989). Lucrar es conditio sine qua non para influir, puesto que del lucro depende su propia existencia en un mercado fuertemente competitivo. Dando por supuesto que todos tenemos claro en qué consiste el lucrar , me parece necesario, en cambio, aclarar qué significados atribuyo aquí al influir. Tanto más cuanto que hablar de influencia -como hablar de polìtica- sugiere de inmediato el concepto de poder. Desde la perspectiva que defiendo, la influencia c onstituye la categoría general y el poder una de sus dos grandes subcategorías, la influencia intencional y efectiva , claramente diferenciada de la otra, la influencia no intencional. El poder aparece así como como "la capacidad de unas personas de producir en otras efectos intencionales y previstos" (Wrong 1988). Incluso, diría Weber, "contra la resistencia" de esas otras personas. Pero ¿qué es el poder? Steven Lukes (1979) abrió un arco de preguntas
esclarecedoras. Destaco las cuatro siguientes: El poder ¿es una propiedad o una relación? ¿es potencial o actual, es una capacidad o el ejercicio de una capacidad? ¿debe ser (total o parcialmente) efectivo? ¿qué clases de resultados produce: modifica intereses, opciones, preferencias, políticas o comportamientos? (...) El concepto de poder ¿se aplica sólo cuando hay conflicto o algún tipo de resistencia?" Aplicadas al CCP, estas cuatro preguntas de Lukes rara vez encontrarán unas respuestas explícitas y fundadas en los textos publicados. Pero muchas veces podemos inferirlas a partir de los textos mismos, sobre todo en aquellos dedicados a explicar y comprender los acontecimientos narrados. La concepción del poder-relación -que es la que sostengo- abre, respecto de un elenco de actores, una variedad de tramas posibles que la otra, la del poder-propiedad , bloquea. Según esta última, en efecto, un actor es o no es poderoso por su propia condición o naturaleza, de manera que sus posiciones y los resultados que le depare cualquier interacción de conflicto estarían inexorablemente predeterminados por esa condición o naturaleza. Según la primera respuesta, en cambio, que un actor ejerza el poder o dependa de él no es algo inexorablemente predeterminado por su condición o naturaleza: depende de las actuaciones, los recursos y los contextos que inciden en cada caso, de manera que el hoy dominador puede ser mañana el dominado por aquel que hoy aparece bajo su dominio. Un mismo periódico puede encontrarse en una y otra posición, según cada caso concreto. Y otro tanto podemos decir de un mismo personaje de la actualidad narrada y comentada. Ejercicio de una capacidad, el poder debe ser efectivo , puede modificar según los casos alternativa o acumulativamente intereses, opciones, preferencias, políticas, comportamientos , y puede ejercerse exista o no un conflicto. La efectividad del poder es reclamada, entre otros, por Wrong (1988). No puede hablarse de poder -afirma- cuando los efectos intencionales no se producen, cuando se desemboca en la ausencia de poder o el fracaso. La asimetría en la relación de poder importa mucho: las relaciones de poder son asimétricas en el sentido de que quien tiene el poder ejerce un control mayor sobre quien no lo tiene, pero la influencia recíproca -criterio definidor de la propia relación social- no desaparece totalmente excepto en ciertas formas extremas de violencia física que tratan al ser humano como si sólo fuera un objeto. Desde esta perspectiva, la influencia del periódico es mucho más amplia que
De estas tres dimensiones, la más difícil de localizar es, desde luego, la segunda, precisamente porque opera entre bastidores, oculta ante la audiencia. Entra en el campo de la cadena de decisiones de exclusión, inclusión y jerarquización que recorre todo el proceso de producción de la actualidad periodística.. Cuando la exclusión es hecha por un solo periódico, alcanzaría con un análisis comparativo con los otros para localizarla. Cuando -en el extremo opuesto- la hacen todos los periódicos y los demás medios de información general, sólo podría localizarse mediante una investigación necesariamente basada en fuentes no mediáticas. No es fácil pero es posible, como lo demuestran el Project Censored y la Initiative Nachrichtenaufklärung (v. 2.3). Lukes liga estas dimensiones a tres concepciones del poder : La concepción "unidimensional" o "liberal" -la más simple y menos satisfactoria- sólo pone el foco en la primera dimensión. Podemos afirmar que un actor tiene más poder que otro sólo si tenemos pruebas que nos muestren que ese actor ha sido capaz de prevalecer en cierta ocasión frente a la oposición del otroa. La concepción "bidimensional" o "reformista" considera muy simplista el énfasis que pone la "unidimensional" en el poder manifiesto en contextos de conflicto abierto y directo. Observa que el poder también se ejerce con frecuencia para evitar que ciertos conflictos de interés pasen a la consideración pública. Lukes llama "reformista" a esta posición porque postula no sólo que los intereses de ciertos individuos y grupos no están representados en el debate político sino también que tal exclusión es ilegítima. Por eso, las instituciones, políticas y otras, necesitan ser reformadas a fondo. Pero hay que avanzar màs todavía: La concepción "tridimensional" o "radical" muestra los intentos de influir sobre los pensamientos y los deseos de los otros y cómo las víctimas de estos intentos no tienen conciencia de lo que se les está haciendo. Los casos más significativos son aquellos en los que el poder no se ejerce de manera directa sobre los individuos sino que opera mediante "comportamientos culturalmente pautados y socialmente estructurados". Asi, en toda sociedad, los procesos de socialización forman parte del ejercicio del poder. Para que las víctimas del poder social y político puedan liberarse de estos efectos, las instituciones sociales tendrían que ser transformadas por completo. Si reconsideramos estas dimensiones de Lukes desde la perspectiva del apartado precedente, cabe afirmar que la primera dimensión sólo se aplica en casos de conflictos de poder; la segunda y la tercera configuran claros casos de manipulación; la tercera añade, con la socialización, una influencia no intencional de larga duración. Pero ¿qué efectos atribuir a la influencia -intencional y no intencional- de un
periódico concreto sobre las instituciones de gobierno, los partidos, los movimientos sociales y -cuestión decisiva para el CCP- sobre nosotros, sus lectores? Ningún periódico actúa en solitario. Todo periódico, en cualquiera de las tres dimensiones, compite con otros y con emisoras y canales y sitios periodísticos de la Red que, defendiendo intereses distintos, pueden desplegar estrategias contrarias a la suya. Y los lectores, lejos de ser simples "receptores" pasivos de los mensajes mediáticos tanto más influibles cuanto más expuestos a los medios, somos sujetos activos capaces de apropiarnos de los textos publicados o emitidos para usarlos según nuestras personales preferencias y, también, para hacer, de ellos, una lectura crítica.
5.3.3. En clave de frónesis
Sigamos con Lukes, pero ahora en una nueva tanda de preguntas acogidas y aumentadas -Foucault mediante- por el astuto sociólogo danés Bent Flyvbjerg (2001). "¿Qué nos interesa cuando estamos interesados en el poder?", pregunta Lukes (1974). Y responde: los resultados del poder y el locus -la localización- del poder Lukes afirma que se pueden estudiar con provecho ambas preguntas poniendo el foco en otras, aquellas que la gente tiene en la mente cuando intenta localizar y comparar al poder: ¿Quién puede afectar negativamente los intereses de quiénes? ¿Quién puede controlar a quiénes? ¿Quién puede lograr qué? ¿Quién puede asegurar el logro de recursos colectivos? ¿Quién es responsable por los resultados del poder? ¿Quién se beneficia con los resultados del poder? ¿Dónde se localizan las fuentes del cambio? ¿Dònde están aquellos puntos en los que ciertos arreglos o ciertos sucesos alternativos podrían acarrear una diferencia significativa? Bent Flyvbjerg (2001) reconoce la importancia de estas preguntas de Lukes, pero las considera -como la perspectiva sobre el poder que expresan- insuficientes para comprender ciertos aspectos centrales del poder (como, por ejemplo, el poder como relación de fuerzas). Plantea entonces sus propias preguntas, "en clave de frónesis " (esa virtud aristotélica que caracteriza como sabiduría práctica , conocimiento acerca de cómo comportarse en cada circunstancia particular):
El propio Flyvbjerg se encarga de puntualizar que los análisis del poder que se realicen según este formato no equivalen a una analítica general de toda relación de poder posible. También -concede- pueden hacerse otros abordajes y otras interpretaciones. Pero sus propuestas -pretende- pueden servir como "un punto de partida posible y productivo." Es en este sentido que las presento aquí, no tanto como una propuesta autónoma sino articulable con las precedentes en función del objetivo anunciado y todavía pendiente de estructurar un elenco de topoi para la lectura crítica de periódicos de información general.