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340 HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA. oTpsychology». Payehological Revien: 121905): 144-145. «The history and stars o psychology in e Unid 5, American Journal of Psychology: 23 (1912): 517-531, de Christi Ruckmich, es un valioso testimonio de histo 29% titucional, que incluye no sólo la explicación de la creación de laboratorios, ec..sino también un análisis económmigg ¿0 parativo dl estatus de las facultados de psicología y las de tra disciplinas. Otro documento de historia insttucionay el de uno de sus protagonistas, J. M. Cattell, «Early psychological lnboratoriess, Science, 67 (1938): 543-548, di Quizás la confrontación definitiva eme la vieja yla nueva psicología tuvo lugar el 27 de abril de 1985, cn] y, Olmaster's Club de Massachusetts, cuando Larkin Dunton y W. T. Harrus, profesores a la antigua usanza, se Enfeny a ron a Hugo Munstemnerg y G. Stanley Hall, psicólogos de a nueve ola. Este encuentro se publicó bajo el tulo Pg yyy psychology and the new (Boston: New England Publishing Co. 1985). Los escritos de los filósofos pragmáticos Peirce, James y Dewey, y comentarios de algunos de sus contemporáne. os, han sido recopilados por Amelie Rorty en Pragmaticplulosapiy (Garden Ciy, NY: Doubleday) y por. Stanguy, Thayer en Pragmatism: The classic writings (Nueva York: Mentor, 1970). Bruce Kuklick, en Ríse of American Philo. sophy (New Heaven, CT: Yale University Press, 1977) traza el desarrollo del pragmatismo y lo inserta en tn marco má, amplio. Los principales escritos de Dewey sobre psicología han sido recopilados por Joseph Ratneren John Dewey: pp, losophy, psychology and social practice (Nueva York- Capricorn, 1965), Los discursos presidenciales de la A.P.A. han sido resumidos, y los más importantes reproducidos, por Emest p, Hilgard, ea American psychology in historical perspective (Washington, DC: Araerican Psychological Association, 1978) Además de las obras mencionadas, los estudiantes interesados en psicología animal, en Thorndike y en Pavlov pue. den consultar las siguientes: B. P. Babkin ha escrito una biografía de Pavloy que lleva su mismo nombre: Pavtoy (Chicg. go: University of Chicago Press, 1949); su programa de investigación experimental se detalla en Conditioned Reflexes, disponible en la edición en nística de Dover (Nueva York, 1960). La aplicación de la teoría del aprendizaje de ; ko se puedo encontrar en su libro Educazional psychology (Nueva York, Arno, 1964, reimpresión), edición resumida que apareció casi al mismo tiempo que el conductismo de Watson (1914). Watson escribió dos artículos muy populares para la publicación Harper's Magazine, 120 (1909): 346-353, y 124 (1912): 376-382, en los que ofrece una serie de indicios de su conductismo incipiente, y que constituyen una valiosa visión de la psicología animal de principios del siglo Xx. Una exposición magnífica de ta historia de la psicología animal es la de Robert Boakes, From Darwin to behaviorism: Psycho. logy and the minds of animals (Nueva York: Cambridge University Press, 1984). Thomas Cadwallader se concentra en el panorama estadounidense en «Neglected aspects of the evolution of American comparative and animal psychology», en G. Greenberg y E. Tobach, eds., Behavioral evolution and integrative levels (Hilsdale, NJ: Erlbaumn, 1984). Existen dos buenas fuentes a las que recurrir para estudiar el debate en toro ula conciencia. Este tema adquirió tal importancia que la A.P.A. decidió dedicarle su reunión de 1912. Para prepararla, la asociación designó un comité en- cargado de resumir los principales puntos de debate y de elaborar una bibliografía. Su informo aparece en Journal of Philosophy, 8 (1911): 701-708. Este debate continuó en la filosofía hasta terminado 1912 e inspiró el excepcional tra- tamiento del problema de la conciencia, incluidos puntos de vista y cuestiones no discutidas en el texto de Charles Mo- mis Six theories of mind (Chicago: University of Chicago Press, 1932). Entre estos dos trabajos se cubren todos los as- pectos del debate y se cita tods la literstara relevante, a excepción (por causas desconocidas) de los estudios de Edgar Singer. Su trabajo clave fue «Mind as an observable Object», Journa! of Philosophy. 8 (1911): 180-186, al que siguic- ron dos réplicas el año siguiente. «Consciousness and behavior», Journal of Philosophy 9 (1912) 15-19, y «On mind as an observable object», Joumal of Philosophy, 9 (1912): 206-214. En «The mythical revolutions of American psychology», American Psychologist, 47 (1992): 308-318, yo mismo ofrezco un argumento más detallado sobre por qué el conductismo no supuso una revolución en la psicología. GLOSARIO Arco reflejo Modernismo Camino a través de la fisiología Neorrealismo Comportamentalismo Progresismo Conductismo, formas de Psicología aplicada Conexionismo Psicología científica Estructuralismo Psicología profesional Funcionalismo Teoría motora de la conciencia Modernidad El conductismo Aunque John Broadus Watson (aquí'en una fotografía de jo- ven) no inventó el conductismo, sí le puso el nombre, le dio un credo y lo promocionó intensamente. Los conductistas no estaban de acuerdo entre sí en multitud de aspectos, poro to- ¿os coincidían en rechazar la antigua definición de psicolo- gía como ciencia del alma, de la mente o de la conciencia, Én los años trcinta y cuarenta, los psicólogos más impor- tantes emulaban a los físicos y proponían teorías grandiosas y ambiciosas acerca de la conducta anima) y humana, EL ASCENSO DEL CONDUCTISMO El manifiesto conductista Las primeras respuestas, 1913-1918 La definición del conductismo, 1919-1930 LA EDAD DE ORO DE LA TEORÍA La psicología y la ciencia de la ciencia El conductismo propositivo de Edward Chace Tolmon El conductismo mecanicista de Clark Leonard Han Tolman frente a Hull Ya somos todos condiuctistas TRAS LA EDAD DE ORO El conductismo formal en peligro El conductismo radical El conductismo y la mente humano: el conductismo informal El conductismo flosófico LA DECADENCIA DEL CONDUCTISMO Lo lingúñtica cortesana La erosión de los cimientos spencerianos: los fimites del aprendizaje animal BIBLIOGRAFÍA HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA EL ASCENSO DEL CONDUCTISMO El manifiesto conductista John Bradus Watson (1878-1958) es un joven y ambicioso psicólogo que, como vimos en el api terior, ya cn 1908 había esbozado una aproximación puramente conductual ala psicología animal. pa tobiografía afirma que ya había mencionado la idea de una psicología humana objetiva a sus la Universidad de Chicago, pexo que sus propuestas habían sido recibidas con tal horror que $ lay ga para sí. Tras establecerse como científico reunió el valor necesario para exponer públicamente el ale sa psicología objetiva. El 13 de febrero de 1913 Warson dio uma sere de conferencias sobre psicologpa se mal en la Universidad de Columbia, y empezó con una sobre «La psicología tal como la ve el condueggar Howard Warren, editor de la Psychofogioal Revien, que ya lovabs un tiempo intentando convencer q er son de que publicase su nueva jdsa de psicología, le animó a publicar su conferencia, y así10 hizo. Es Jouy un grupo de psicólogos de renombre describió este astículo como el más importante jamás publicado poz Psychological Review. hi El tono agresivo del documento dejaba claro que Watson estaba publicando el manifiesto de un nyeyy tipo de psicología: el conductismo. Su escrito puede ser considerado como uno de los numerosos manifiza tos modernistas que se lanzaron en las primeras décadas del siglo xx. Por ejemplo, en ese mismo año qe 1913 el arte moderno llegó a Estados Unidos con el conocido Armor) Show, una especie de manifiesto pre. tórico del modernismo en las bellas artes. Los artistas modernos también escribieron manifiestos para dí versos movimientos como el futurismo y el dadafsmo. El manifiesto conductista de Watson compartía el 9. jetivo de estos manifiestos modemistas: repudiar el pasado y exponer, aunque fuese incoherentemente, ug concepción de la vida como debería ser. Watson comenzó con una definición grandilocuente de la psicoto. gía como debería ser: 'O a. Say. ProTESOLeS a tard ICánce La psicología tal como la ve el conductista es na rama puramente objetiva y experimental de la ciencia natural. Su meta teórica es la predicción y el control de la conducta. La introspección no forma parte esencial de sus mé. todos, ni el valor científico de sus datos depende de la facilidad con que se presien a ser interpretados en términos de conciencia, En sus esfuerzos por llegara obtener una imagen unitaria de la respuesta animal, el conductista no reconoce línea divisoria alguna entre el hombre y el bruto. La conducta del hombre, con tado su refinamiento y complejidad, sólo constituye una parte del plan de investigación total del conductista (1913a, p. 158). La crítica de la psicología mentalista Siguiendo la tradición de los manifiestos modernistas, Watson repudió lo que la psicología había side hasta el momento. No veía diferencia alguna entre cl estructuralismo y el funcionalismo. Ambas corrientes adoptaban la definición tradicional de la psicología como «la ciencia de los fenómenos de la conciencia», y ambas empleaban el tradicional método «esotérico» de la introspección. Pero, así entendida, la psicología había «Sftacasado a la hora de encontrar su lugar en el mundo como una ciencia natural incuestionable», Er tanto que psicólogo animal, Watson se sentía especialmente limitado por el mentalismo. Como la introspección no era posible en enimales, había pocas posibilidades para trabajar con ellos, lo que obligaba a los psicólo- gos a «construir» los contenidos de conciencia de los aniuales por analogía con las mentes de los propio: psicólogos. Además, la psicología tradicional era antropocéntrica y sólo rospetaba los descubrimientos de la psicología animal en la medida en que eran relevantes para la psicología humana, Watson consideraba que esta situación era intolerable e intentó invertir las prioridades tradicionales. En 1908 había declarado la au tonomía de la psicología animal como estudio de la conducta de los animales, y en 1913 proponía «emplear seres humanos como sujetos y aplicar métodos de investigación comparables a los que se utilizan hoy en € trabajo con animales». Los psicólogos comparados habían aconsejado no antropomorfizar a los animales Watson recomendaba a los psicólogos no antropomorfizar a los seres hurnanos. Watson veía en la introspección defectos de carácter empírico, filosófico y práctico. Desde un punto de vista empírico, la introspección era incapaz de definir preguntas a las que pudiera responder convin- centemente. Hasta el momento no había respuesta ni para la más elemental pregunta de la psicología de CAPÍTULO 11. El conductismo 343 conciencia: ¿cuántes sensaciones hay y cuáles son sus atributos? Watson no veía fin a este debate estéril 1913a, p. 164): «Estoy firmemente convencido de que, a menos que se deseche el método introspectivo, biz bía estado replicando y ampliando las técnicas de condicionamiento de Pavlow. Watson presentó aya la. vestigación con reflejos condicionados como el núcleo del conductismo: el método de Pavlov aplicag,< humanos sería la herramienta de investigación del conductismo, y la teoría de los reflejos condicionag, 9210 porcionaría la base para la predicción y control de la conducta en humanos y animales. En su discura, son detallaba cómo podría aplicarse el método de los reflejos condicionados tanto a humanos como y 4" males, y convertirse así en un sustituto objetivo de la introspección. Tampoco se resistía Watson a Pe pe esta teoría fuera del laboratorio. En otro artículo de 1916 afirmó que las neurosis no eran más que sanuett nos del hábito», generalmente «trastornos de las funciones del habla» (1916b). Vemos de nuevo que q 7 grama de Watson no era sólo científico, sino también social, A pesar de que sólo estaba empezando y qu diare investigar los reflejos condicionados, estaba dispuesto a afirmar que el habla y, por tanto, los símtaz. neuróticos, no eran sino reflejos condicionados —deficientes adaptaciones de la conducta que podrían a rregirse mediante la aplicación de principios conductuales “9 Ya hemos visto algunas de las reacciones al manifiesto de Watson. Sin embargo, aparte de tna doc, de artículos más o menos, pocos psicólogos o filósofos se ocuparon del toma. No hay que buscar muy leja. a razón. Un manifiesto es una picza retórica, y sí separamos la retórica de Watson de lo que proponía al tancialmente, vemos que no decía nada nuevo, pero que lo decía en un tono especialmente agresivo, En qy capítulo anterior hemos vísto que, en los años siguientes a 1892, el enfoque conductual había ido conquis- tando la psicología lenta y casi inadvertidamente. Lo que hizo Watson fue darle al comportamaentalismo una voz agresiva y un nombre pegadizo, conductismo, por equívoco que se haya vuelto ese nombre desde en. tonces. En su época, pues, el manifiesto no recabó demasiada atención. Los psicólogos de edad más avan- zada ya habían admitido que la psicología debía prestar atención a la conducta (al fin y al cabo, habían side ellos los que habían impulsado la psicología hacia el comportamentalismo), pero seguían queriendo conserva: la misión tradicional de la psicología: el estudio de la conciencia, Los psicólogos más jóvenes, los de la ze neración de Watson, ya habían aceptado el comportamentalismo, de modo que aceptaban la posición pene ral de Watson sin mayor emoción, aunque pudieran rechazar su extremado periferialismo. De modo que e manifiesto del modernismo psicológico de Watson no escandalizó ni inspiró a nadie, porque todos habían aprendido ya a convivir con el modernismo o estaban ya practicándolo. Watson no inició ninguna revolu. ción, pero sí dejó claro que la psicología ya no era la ciencia de la conciencia. «La psicología tal como la ve el conductista» marca sólo el momento en que el comportamentalismo empieza a ascendor y a tomar con ciencia de sí mismo, creando un útil «mito del origen» para los comportamentalistas posteriores. A éstos lez ofreció un punto de referencia en la historia de la psicología y una justificación para abandonar vn método introspectivo que encontraban aburrido y estéril. Pero todo esto habría ocurrido aunque Watson no se hu- biera hecho nunca psicólogo. Pro. 5, Wa La definición del conductismo, 1919-1930 Al igual que sucedió con el resto de la psicología, las discusiones en torno al conductismo se vieron jnte- arumpidas por la Primera Guerra Mundial. Como veremos, la psicología cambió considerablemiente como consecuencia de su implicación en el conflicto bélico. Cuando los psicólogos volvieron a ocuparse del cot- ductismo, las bases del debate eran muy diferentes de las previas a la guerra. El valor de la psicología obje- tiva había quedado demostrado con los tests que los psicólogos habían diseñado para clasificar a los solda- dos (véase el Capítulo 13), y este éxito proporcionó a la psicología un público más amplio, Tras la guerti> la cuestión ya no era si el conductismo eru legítimo, sino qué forma debía adoptar, Las variedades de conductismo Ya en 1922 resultaba evidente que los psicólogos no conseguían entender o formular el conductism? de un modo comúnmento aceptado. Un simpatizante de Watson, Walter Hunter (1922), escribió «An Ope2 CAPÍTULO 11 El conductismo. 347 Leer to the Anti-Behaviorists» [Carta abierta a los anticonductistas] donde defendía una concepción del de snductismo exactamente como la que Wa1son predicaba: la definición de la psicología como el estudio de Cs relaciones estímulo-respuesta». Consideraba que las diversas «fórmulas nuevas» que se habían propuesto ”, el conductismo no eran más que ahijos ilegítimos» que sólo servían para dificultar la comprensión de Y que el conductismo era, Posteriormente Hunter (1925) intentaría dar un sesgo diplomático al asunto de- fniendo una nueva ciencia, la «antroponomís», la ciencia de la conducta humana. Sin embargo, su nueva ciencia no cuajó, dejando a los psicólogos la tarea de redefinir la psicología de algún modo «conductista» evo. PUE Algunos de ellos, principalmente Albert P. Weiss (p. ej. en 1924) y Zing Yang Kuo (1928), intentaron formular el conductismo como lo había hecho Watson, pero de una manera más precisa. Kuo definió el con- ductismo como «una ciencia de la mecánica que estudia los movimientos mecánicos de los organismos», y sostuvo que «la obligación de todo conductista es describir la conducta igual que el físico describe los mo- vimientos de una máquina». Esta psicología mecanicista y fisiológicamente reduccionista, moderna here- dera de La Mcttrie, fue presentada de forma más clara y exhaustiva por Karl Lashley (1890-1958), el alum- no que había introducido a Watson en el estudio de los reflejos condicionados en animales y humanos. Lashley (1923) escribió que el conductismo se había convertido en un «acreditado sistema de psicolo- gía», pero que, con su énfasis en «el método experimental», no había conseguido dar con una «formulación sistemática» satisfactoria de sus teorías. Dado que el conductismo «se había desviado tanto de la tradición psicológica», se necesitaba una formulación del conductismo más clara, Según Lashley, se habían propues- to tres formas de conductismo hasta el momento. Las dos primeras apenas podían distinguirse como formas de «conductismo metodológico». Reconocían que «Jos hechos de la experiencia consciente existen, pero no son susceptibles de ningún tipo de tratamiento científico». De acuerdo con Lashley, éste había sido el pun- to de partida del conductismo del propio Watson, pero en última instancia resultaba insatisfactorio porque hacía demasiadas concesiones a la psicología introspectiva. Precisamente porque reconocía los «hechos de Ja conciencia», el conductismo metodológico reconocía también que nunca podría haber una psicología com- pleta y, junto a la ciencia de la conducta, no tenía más remedio que admitir una ciencia o al menos un estu- dio de la mente. En oposición al conductismo metodológico estaba el conductismo estricto (o, como Cal- kins [1921] y Wheeler [1923] lo denominaron, el conductismo radica! (Schneider $: Morris, 1987]), cuyo «extremo» punto de vista consistía en afirmar que los «hechos supuestamente propios de la conciencia no existen». Esta postura patece poco convincente a primera vista, y Lashley reconocía que no se había pro- puesto con argumentos convincentes. Lashley expresó con claridad su propia opinión: Permítanme poner las cartas sobre la mesa. Mi discrepancia con el conductismo no radica en que éste haya ido de- masiado lejos, sino en que ha dudado..., en que no ha conseguido llevar sus premisas aa conclusión lógica. En mi opinión, la esencia del conductismo es la creencia de que el estudio del hombre no revelará nada más que lo que pueda describirse adecuadamente con los conceptos de la mecánica y la química... Creo que es posible consuuir una psicología fisiológica que plante cara al dualista en su propio terreno... y que demucstre que sus datos pueden quedar incorporados en un sistema mecánico... La explicación fisiológica de la conducta será también una capli- cación completa y precisa de todos los fenómenos de conciencia... y exigirá que todos los datos psicológicos, ia- dependientemente de cómo se hayan obtenido, scan sometidos a interpretación física o fisiológica (1923) Lashley concluyó, en última instancia, que la elección entre conductismo y psicología tradicional se reduce a una elección entre dos concepciones «incompatibles» del mundo: «la científica frente a ta huma- nista». Hasta aquel momento se había exigido a la psicología que «diese cabida a las aspiraciones y los ide- ales humanos». Sin embargo, al igual que «otras ciencias han escapado de esa sorvidumbre», también la psi- cología debía librarse de «la metafísica y los valores» y «el místico oscurantismo» volviéndose hacia la fisiología. En la fisiología, la psicología puede encontrar principios explicarivos que la conviertan en una ciencia natural neutral, capaz de abordar sus «problemas más importantes», sus «cuestiones más introsan- tes y vitales, los problemas de la conducta humana». Entonces sería capaz de retomar los «problemas de la vida diaria» de la «sociología, la educación y la psiquiatría», los carapos aplicados que la psicología in- wrospectiva había dejado de lado. La fórmula de Lashloy era claramente la de La Mertrie: la explicación 348 HISTORIA DE La PSICOLOGÍA mecanicista y fisiológica de la conducta y la conciencia. También se situaba claramente en la tradicjg, positivismo de Comte. Predicaba un imperialismo científico en contra de las humanidades y de las cp, Ll nes axiológicas, poniendo en su lugar una tecnología neutral pretendidamente capaz de solucionar Joy no blemas humanos. Lashley, Weiss, Kuo y Watson intentaron definir el conductismo de manera muy espro” siguiendo una versión conductual del camino a través de la fisiología y casi desmantelando la psicología Pe ia, disciplina independiente. Otros psicólogos y filósofos interesados en la psicología consideraron que la q finición fisiológica reduccionista del conductismo era demasiado limitada y adoptaron una definición; ma, amplia de psicología conductista. Ms El filósofo neorrealista R. B. Perry (1921) no veía nada nuevo en el conductismo, «simplemente up torno a la primitiva concepción aristotélica según la cual mente y cuerpo se relacionan como la actividag y el órgano». Adoptar el conductismo no suponía negar que la mente desempeñase un papel en la conducga sino más bien al contrario: «si se es conductista se considera la mente como algo que interviene» en la go" terminación de la conducta, de modo que el conductismo rescata la mente de la impotencia del paralelisryy que le había impuesto la psicología introspectiva. Por su parte, cl ncorrealista Stephen Pepper (1923) —que había estudiado con Perry en Harvard—, aunque también se negaba a identificar el conductismo watsonig. no con el conductismo, contradecía categóricamente a Perry: para Pepper, la tesis central del conductismo era que la conciencia no desempoña papel causal alguno en la determinación de la conducta, y que el desti. no del conductismo era «conectar la psicología con el resto de Jas ciencias naturales». Jastrow (1927), pre. sente desde los albores mismos de la psicología en Estados Unidos, no veía nada nuevo en el conductismo, y llamaba «conductistas» a James, Petrce y Hall. Entender la psicología como el estudio de la conducta eya parte de la «reconstrucción» que se había ido produciendo en psicología a lo largo de los cincuenta años an. teriores. Según Jastrow, confundir el conductismo «radical» de Watson con el conductismo más general y moderado de la mayoría de los psicólogos estadounidenses era un error. Cuando se comparan las opiniones de Lushley, Porry, Pepper y Jastrow, se pone claramente de mani fiesto que «conductismo» era un término de una elasticidad casi nfinita. Podía significar reduccionismo f- siológico o simplemente el estudio de la conducta con métodos objetivos; podía significar una ruptura radi- cal con el pasado o tener unos orígenes muy antiguos; podía significar una concepción de la mente como un agente causal en la determinación de la conducta o el rechazo de semejante concepción. Woodworth (1924) estaba en lo cierto cuando escribió que «no hay ninguna gran tarea común» que aglutine a odos los pre- tendientes al título de «conductista». Woodworth concebía el «programa fundamental» del conductismo como «el estudio de la conducta, los conceptos de la conducta, las loyes de la conducta y el control de la conduc- ta», no como la «interpretación neuromecánica» de la psicología que hacía Watson. Woodworth observaba que la psicología había comenzado como el estudio no introspectivo de los tiempos de reacción, de la me- moria y de la psicofísica, pero que había sido desviada de su rumbo por Titchener, Kiilpe y otros en torno a 1900. El conductismo —o, como lo hemos definido aquí, el comportamentalismo— era un programa para la psicología, no un método nuevo. La psicología científica estaba destinada a ser comportamentalista; Wat- son no había forjado nada nuevo. ¿Seres humanos o robots? Es de notar que en varios de los artículos favorables al conductismo se planteó un tema que conectada el comportamentalismo con su pasado funcionalista y con su futuro en la ciencia cognitiva: la «autómata enamorada» de James. Al contrastar el conductismo con el humanismo, Lashley advertía que «la objeción final al conductismo es que no consigue expresar la cualidad personal y vital de la experiencia», una abje- ción «muy evidente en los argumentos de James sobre la “autómata enamorada"», De igual modo, Hunter (1923) consideró la posible objeción de James al conductismo: pretende que uno se enamore de un auté- mata, pero, ¿puede uno enamorarse de verdad de una máquina? Junto con Lashley, que decía que las des- eripciones de la experiencia «pertenecen al arte, y no a la ciencia», Hunter quitaba importancia a la cues- tión de si uno podía amar a una máquina o ser amado por ella porque esto sólo tiene que ver con la «satisfacción estética» de la creencia, no con su verdad científica. B. H. Bode (1918) abordó el problema con mayor detenimiento defendiendo el punto de vista conductista. Bode sostenía que, si se pensaba sobre CAPÍTULO 11. El conductismo 349 «asunto, no hay ninguna diferencia significativa entro Una enamorada mecánica y una humana, porque no podrían distinguirse diferencias en su conducta: Sino hay ninguna diferencia [objetivamente observable], catonces está claro que la conciencia de la muchacha es- piritualmente animada es irrelevante desde el punto de vista conductual; es un mero fenómeno concomitante o epi- fenómeno... la Última palabra de la explicación la tiene el mecanismo, y el misterio del eterno femenino viene a ser del mismo tipo que el misterio de las matemáticas superiores (p. 451) Por último, un crítico del conductismo, William MeDougall, abordó el tema ca términos más moder- nos. El término «robot» acababa de ser acuñado por Karel Capek en su obra de ciencia ficción R.U.R (Ros- sum's Universal Robots) [Los Robots Universales de Rossum]. McDougal! (1925) entendía que el proble- ima esencial planteado por el conductismo era el de «¿hombres o robots%». El conductismo se basaba en la premisa de que los humanos no son más que máquinas (robots), peso esa premisa no estaba demostrada, Se- gún Woodworth, estaba por demostrar que los robots pudiesen hacer todo lo que hacen los seres humanos. El tema del robot o autómata enamorada de James plantea el problema central de la psicología cientí- fica del sielo xXx ¿se puede concebir a los seres humanos como si fuesen máquinas? Esta cuestión trascien- ¿e todos los sistemas psicológicos desde los tiempos de lames (o incluso de La Metric), ya que afecta por igual al funcionalismo, al realismo, al conductismo y a la psicología cognitiva. Después del desarrollo de los ordenadores en la Segunda Guerta Mundial, uno de sus creadores plantearía la pregunta de Jamos cn tér- minos más intelectuales: ¿Se podría decir que una máquina piensa si pudiera uno hablar con elía y se le pu- diera hacer creer a uno que está hablando con una persona? Y A, M. Turing, soguído por muchos psicólo- gos cognitivos, daría la misma respuesta que Bode: si uno no puede distinguir que se trata sólo de una máquina, entonces es que también nosotros somos sólo máquinas (véase el Capítulo 12). La posibilidad de la autó- mata enamorada entusiasmó a algunos psicólogos, pero a otros, como a James, les produjo repugnancia. Muy probablemente Lashley estaba en lo cierto cuando entendió que la batalla en torno al conductismo no era sólo una batalla entre distintas maneras de practicar la psicología, sino una batalla mucho más profunda en- ire «la explicación mecanicista y la valoración finalista», esto es, entre concebir a los seres humanos como robots o como agentes con propósitos, valores, esperanzas, miedos y amorcs. El conductismo watsoniano posterior Tras la Segunda Guerra Mundial, durante la que sirvió tristemente al ejército elaborando tests para pi- lotos, Watson orientó su investigación y su defensa del conductismo en una nueva dirección. Ahora se iba a dedicar intensamente a una psicología humana basada en los reflejos condicionados, investigando la ad- quisición de reflejos en los niños. Watson creía que la naturaleza dotaba a los seres humanos con muy po- cos reflejos incondicionados, por lo que la compleja conducta de los adultos se podría explicar sencillamente como la adquisición de reflejos condicionados durante años de condicionamiento pavloviano. Contraria- mente a los partidarios de la engenesia, que pensaban que los humanos heredan gran parte de su intelecto, personalidad y moralidad, Watson (1930, p. 94) afirmaba que «no hay tal cosa como la herencia de la ca- pacidad, el talento, el temperamento, la constitución mental y las características». Por ejemplo, Watson negaba que el hecho de que los humanos fuesen diestros o zurdos fuese algo innato. No veía ninguna dife- rencia estructural entre las manos izquierda y derecha de los niños, ni en sus brazos, ni tampoco tenían una fuerza distinta en las distintas manos. Así, aunque seguía intrigándolo c! hecho de que la mayoría de las per- sonas fueran dicstras, achacó la causa al adiestramiento social y afirmó que no pasaría nada malo sí se in- tentase volver diestros a los niños aparentemente zurdos. Nada podría ejemplificar mejor el periferalismo radical de Watson: como no podía hallar diferencia periférica alguna ca la fuerza y estructura de las manos, Negaba a la conclusión de que no podía haber una ninguna base biológica en el hecho de ser zurdo o dies- tro. Watson dejó totalmente de lado la «misteriosa» corteza cerebral (Watson, 1913b), concibiéndola como un mero repetidor de los impulsos neuronales. Hoy sabemos que los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro humano desempeñan funciones muy diferentes, y de ahí las diferencias entre diestros y zurdos. In- tentar convertir en diestco a un zurdo supone imponerle una tarca muy dura que molesta al niño y le hace sentirse inferior 352 HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA El nuevo positivismo se denominó positivismo lógico porque unía el compromiso empii vismo con el aparato lógico de la moderna lógica formal. El positivismo lógico era un movimiento copy y cambiante, manejado por muchas manos, pero cuya idea básica era simple: se ha demostrado que 1 ¿¿¿1 cia es el medio más poderoso de la humanidad para comprender la realidad y generar conocimiento, de. 0 que la tarea de la epistemología debe consistir en explicitar y formalizar el método científico, poniénggyy " disposición de nuevas disciplinas y mejorando su aplicación por quienes hacen la ciencia, De este ogg, A propósito de los positivistas lógicos era proporcionar una receta Formal para hacer ciencia, justo lo qu ¡y psicólogos creían necesitar. El positivismo lógico comenzó en un reducido círculo de filósofos de Vie ¡y mediatamente después de la Primera Guerra Mundial, pero no tardó en extenderse por todo el mundo copy, una corriente que perseguía la unificación de la ciencia dentro de un gran proyecto de investigación orquestagy, por los propios positivistas. El positivismo lógico tenía numerosas características, pero dos de ellas regu. ron especialmente importantes para los psicólogos que buscaban el «camino de la ciencia» y. en consecuen fueran asumidas en los años treinta como talismanes de virtud científica: la axiomatización formal de az teorías y la definición operacional de los términos teóricos (véase también el Capítulo 1). Los positivistas afirmaban que el lenguaje científico tiene dos tipos de términos. L.os más básicos era los términos observacionales, que se referían directamente a las propiedades observables de la naturaleza; longitud, peso, duración temporal, color, etc. El positivismo anterior había resaltado la observación y haba insistido en que la ciencia debía utilizar únicamente términos observacionales. Los positivistas lógicos cojp. cidían en que la observación constituía la base de la ciencia, pero reconocían que los términos teóricos era elementos necesarios del vocabulario científico, puesto que añadían explicaciones a las descripciones de los fenóracnos naturales. La ciencia sencillamente no podía existir sin términos como «fuerza», «masa», «cam. po» o «electrón». El problema, sin embargo, era cómo admitir el vocabulario teórico de la ciencia como le. gítimo, excluyendo al mismo tiempo la absurda palabrería metafísica y religiosa. La solución a la que lle- garon los positivistas lógicos fue ligar estrechamente los términos teóricos a la firme base de los términos observacionales, garantizando así su sentido. Los positivistas lógicos afirmaban que el significado de un término teórico debía consistir en los pro- cedimientos que lo vinculaban a términos observacionales. Así, por ejemplo. «masa» se definiría como el peso de un objeto al nivel del mar. Un término que no fuese posible definir de este modo debía ser rechaza- do y considerado como un sinsentido metafísico, Este tipo de definiciones recibieron el nombre de «defini ciones operacionales», siguiendo a Percy Bridgman. un físico que había propuesto independientemente esta misma idea cn 1927 . ' Los positivistas lógicos también sostenían que las teorías científicas consistían en axiomas teóricos que relacionaban los términos teóricos entre sí. Por ejemplo, un axioma central de la física newtoniana es «fuer- za igual a masa poraceleración» (f=m X a). Esta afirmación teórica expresa una supuesta ley científica y puede ser demostrada merced a las predicciones que se pueden derivar de ella. Como cada término tiene una definición operacional, resulta posible tomar una medida operacional de la masa de un objeto, acele- farlo a una velocidad medible y luego medir la fuerza resultante generada por dicho objeto. Si la fuerza pre- dicha coincide con la fuerza medida en el experimento, el axioma se vería confirmado; de no serasf, el axio- ma no se confirmaría y debería ser revisado. Según la concepción positivista de las teorías, éstas explicaban por qué podían predecir. Explicar un acontecimiento consistía en mostrar que, combinando sus circunstan- cias antecedentes con alguna ley científica general (covering law), éste se podía haber previsto. Así, para explicar por qué un jarrón se rompe cuando cae al suelo se debería demostrar que, dado el peso del jarrón (la masa, definida operacionalmente) y la altura desde la que cae (Ja aceleración en la gravedad terrestre, definida operacionalmente), la fuerza resultante sería suficiente como para romper la estructura de porce- lana del jarrón. El positivismo lógico formalizó las ideas del positivismo inicial de Comte y Mach, Para ambos, la ob- servación proporcionaba verdades incuestionables (ambas formas de positivismo eran empiristas). Las le- yes de la ciencia no eran más que formulaciones resumidas de experiencias. Los axiomas teóricos eran re- súmenes complejos de las interacciones de diversas variables teóricas, cada una de las cuales, a su vez, $0 definía completamente en términos observacionales. Para el positivista lógico no importaba que hubiese 0 cio CAPÍTULO 11 El conductismo 333 ao átomos o fuerzas en la realidad; de lo que se trataba era de si tales conceptos podían relacionarse s máticamente con observaciones, Así, a pesar de su insistencia aparentemente nada sentimental en creer úni- camente aquello que se puede observar, los positivistas lógicos oran en realidad idealistas románticos (Brush, 1980) para quienes las ideas —sensaciones, términos observacionales— eran la única realidad última. Sin embargo, el positivismo lógico parecía disponer de una receta para hacer ciencia en cualquier campo de es- tudio: en primer lugar, definir operacionalmente los términos teóricos, ya sea «masa» o «hambro»; ex so- gundo lugar, formular la teoría como va conjunto de axiomas teóricos de los que ss puedan derivar predic- ciones; en tercer lugar, llevar a cabo experimentos para probar las predicciones, empleando definiciones operacionales para vincular la teoría y las observaciones: y por último, revisar la teoría en función de lo que indiquen las observaciones. Como el positivismo lógico había investigado la ciencia y había presentado sus resultados de una for- ma lógica explícita, S. S. Stevens (1939), el psicólogo que llevó las definiciones operacionales a la psieolo- gía (Stevens, 1935a,b), lo llamó «la ciencia de la ciencia», el punto de vista quo por fin parccía hacer de la psicología una «ciencia natural incuestionable» (como Watson quería) incluida, junto a las demás las cien- cias, en el esquema de «la unidad de las ciencias» ideado por los positivistas lógicos. Los psicólogos en- contraban apasionante el operacionalismo, porque prometía terminar de una vez por todas con las estérile: discusiones sobre la terminología psicológica, ¿Qué significa «mente»? ¿Y «pensamiento sín imágenes»? ¿Y «Ello»? Como señaló Stevens (19353), el operacionalismo era «la revolución que acabaría con la posi- bilidad de cualquier otra revolución». El operacionalismo sostenía que os términos que no pudiesen defi- nirse operacionalmente carecían de sentido científico, y que los términos científicos podían obtener defini- ciones operacionales en las que todo el mundo estuviera de acuerdo. Es más, la revotución del operacionalismo ratificó la pretensión del conductismo de ser la única psicología científica, porque sólo el conductismo era compatible con la exigencia operacionalista de que los términos teóricos se definiesca por su conexión con términos observacionales (Stevens, 1939). En psicología, esto significaba que los términos teóricos no po- dían referirse a entidades mentales, sino sólo a clases de conducta. De ahí que la psicología mentalista no fuese científica y tuviese que ser sustituida por el conductismo. A finales de los años treinta el operacionalismo era ya un dogma arraigado en la psicología. Sigmund Koch, que en 1950 apostató de la fe operacionalista, escribía en su tesis doctoral de 1939 que «casi todos los aluranos de segundo año de psicología saben que no es correcto referirse a una “definición” sino es acom- pañándola del adjetivo “operacional”». En el operacionalismo residía la salvación de la psicología: «Ama- Ta os constructos que aparecen en tus postulados a un campo de hechos científicos [mediante defini operacionales] y sólo entonces obtendrás una teoría científica» (Koch, 1941), En un plano profesional más elevado, el presidente de la APA coincidía con Koch. John E Dashiell (1939) señalaba que la psicología y la filosofía volvían a reunirse, pero no para que los filósotos estableciesen la agenda de la psicología —pues de esa tiranía ya había logrado ésta «emanciparse»—, sino para desarrollar los métodos científicos apropiados. En este «acercamiento» de la filosofía y la psicología destacaban dos ideas de los positivista lógicos. Una era el operacionalismo; la otra, la exigencia de que las teorías ciemtí- ficas sean conjuntos de axiomas formulados matemáticamente. Dashiel! elogiaba a un psicólogo por cum- plir este segundo requisito, En «el mismo tono positivista (que el operacionalismo), Hull nos insta a volver la mirada sobre el carácter sistemático de muestro pensamiento» mediante la elaboración una teoría axiomática rigurosa. La admiración de Dashiell por Clark L. Hull como el principal positivista lógico entre los psicó- logos estaba, como veremos, equivocada. Hull era mecanicista y realista, y creía en la realidad fisiológica de sus términos teóricos. Sin embargo, la opinión de Dashiell llegó a ser más tarde un mito para los psicó- logos, una creencia consoladora en que, aunque los detalles concretos de sus teorías fuesen erróneos, Hull y E. C. Tolman habían puesto con firmeza a la psicología en el camino de la ciencia tal conxo Jos positivis- tas lógicos lo habían definido. La auténtica naturaleza de las teorías del aprendizaje de Tolman y Hull si- guió sin ser claramente entendida durante décadas, y no sólo por los demás psicólogos, sino incluso por los mismos Hull y Tolman. Al margen de sus defectos y de la distorsión que produjo en la comprensión de las ideas de Tolman y de Hull, no bay duda de que el positivismo lógico se convirtió en la filosofía oficial de la ciencia para la psicología hasta, por lo menos, los años sesenta, 354 HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA El conductismo propositivo de Edward Chace Tolman Aunque no se solía réconocer, el problema central del conductismo era dar cuenta de los fenómenos yy, tales sin invocar la mente, Puede que los comportamentalistas más liberales mantuviesen la mee ey y cología como un agente invisible pero causalmente determinante de la conducta (de hecho, asé lo haría ys el tiempo). Pero al menos en sus primeros tiempos, y también más adelante en su corriente más ragigay conductismo pretendía erradicar la mente de la psicología. Watson, Lashley y todos los demás conduct, reduccionistas o fisiologistas intentaron lograrlo afirmando que la conciencia, el propósito y la copia. eran mitos, de modo que la tarea de la psicología era describir la experiencia y la conducta Como frutos las operaciones mecánicas del sistema nervioso. La teoría motora de la conciencia podía ser útil en estos yy. gumentos, ya que afirmaba que los contenidos conscientes no eran sino sensaciones de movimientos co. porales, que informaban de la conducta pero sin ser causa de ella. E. C. Tolman y C. L. Hull adoptaror ey, Toques diferentes para explicar la conducta sin acudir a la mente. En 1911, E. C. Tolruan (1886-1959), licenciado en electroquímica, ingresó en Harvard para seguir py curso de posgrado en filosofía y psicología, concentrándose en la segunda por ser más afín 2 Sus capacidades e intereses. AI estudió con los filósofos y psicólogos más destacados del momento, Perry y HOIL, Múns. 1erberg y Verkes. Darante algún tiempo, la lectura de E. B. Titohener «casi le convirtió a la introspección estrucruralista», pero en los cursos de Minsterberg se dio cuenta de que, aunque Minsterberg «cn sus bre. ves charlas introductorias decía que el método de la psicología era la introspección», el trabajo en su labo. ratorio era «de naturaleza fundamentalmente objetiva», y que poco uso podía hacerse de los resultados ip. rrospectivos la hora de redactar artículos experimentales. De este modo, la lectura del libro Behavior [La conducta) de Watson en el curso de psicología comparada impartido por Yerkes le supuso «un tremendo es. tíruulo y un gran alivio» por mostrar que «la medida objetiva de la conducta, y no la introspección, era el verdadero método de la psicología». Los artos que Tolman pasó ea Harvard fueron los años dorados del neo realismo, que por entonces promulgaban Perry y Holt El neorrealismo le proporcionó a Tolman la base de su cnfoque del problema de la mente tal como lu desarrolló tras aceptar un puesto en la Universidad de Califomia en Berkeley en 1918. Tradicionalmente, las pruebas empleadas para demostrar la existencia de la mente eran do dos tipos: el hecho de darse cuenta de la propia conciencia a través de la introspección, y la apacente inteligencia y propositividad de la con- ducta. En la línea de Perry, Tolnan consideraba que el «contraccionismo muscular» de Watson (Tolman, 1959) era demasiado simple y rudimentario para dar cuenta de ambos tiempos de pruebas. El neorrealismo supo ía que la introspección no existía, y que tampoco existían objetos mentales que observar. Para los ncorrealis- tas, la «inteospección» sólo era un examen artificialmente minucioso de un objeto del entorno, en el que se informa con gran detalle acerca de los atributos del objeto. Tolman relacionó este andlisis con la teoría mo- tora de la conciencia, sostenicado que la introspección de estados internos como las emociones era sólo la ión retroactiva» de la conducta sobre la conciencia (Tolman, 1923). En cualquier caso, la introspección Edward Chace Toman CAPÍTULO 11 £1 conductismo 355 o era especialmen:e importante para la psicología científica; en este sentido, lo que proponía Tolman en su artículo «A New Formula for Behaviorism» [Una nueva fórmula para el conductismo] (Tolman, 1922) era un conductismo metodológico que aceptaba la existencia de la conciencia pero que excluía su estudio del ámbito de la ciencia. Asimismo, la perspectiva neorrealísta permitía hacerse cargo de tos indicios de propósito inteligente en la conducta. La psicología propositiva más importante del momento era la psicología «hórmica» de Wi- lliam MeDougall. En «Behaviorism and Purpose» [Conductismo y propósito], Tolman (1925) criticaba a MeDougall por abordar el propósito desde la perspectiva cartosiana tradicional: MacDougall, «al ser un men- talista, simplemente infiere el propósito de la [persistencia de la] conducta, mientras que nosotros, al ser los conductistas, identificamos el propósito con la persistencia hacia una meta». Como Perry y Holt, Tolman sostenía que el «propósito... es un aspecto objetivo de la conducta» que un observador percibe directamen- te, no es una inferencia a partir de la conducta observada. Tolman sometía la memoria al mismo análisis, recordando a los realistas escoceses y anticipando a B. F. Skinner: «La memoria, al igual que el propósito, puede entenderse como un aspecto puramente empírico de la conducta». Afirmar que uno «recuerda» un Ob- eto ausente X, es lo mismo que la conducta actual de uno «depende causalmente» de X. Vemos, en resumen, que Tolman proponía un conductismo que climinaba la mente y la conciencia de la psicología, como quería Watson, pero que conservaba cl propósito y la cognición, no como poderes de una mente «misteriosa» inferida de la conducta, sino como aspectos objetivos y observables de la conduc- ta misma. El conductismo de Tolman era «molar» más que «molecular» (Tolman, 1926, 1935). Según la con- ccpción molecular de Watson, la conducta se definía en términos de respuestas musculares provocadas por estímulos que las desencadenan, de modo que la estrategia que se debía adoptar para predecir y controlar la conducta consistía en analizar la conducta compleja en sus componentes musculares más simples, que a su vez podían entenderse fisiológicamente, Tolman, que concebía la conducta como ineludiblemente proposi- tiva, estudiaba actos molares, integrados, completos Porejemplo, según un molecularista, un sujeto que ha aprendido 1 retirar el dedo de un electrodo cuan- do una señal de alerta antecede a una descarga, habría aprendido un reflejo muscular condicionado. Según un molarista, lo que el sujeto habría aprendido sería una respuesta global de evitación. Ahora demos la vuel- ta a la mano del sujeto, de modo que el mismo reflejo haga que cl dedo toque el electrado. El seguidor de Watson afirmaría que el sujeto tiene que aprender un roflejo molecular nuevo, mientras que Tolman afirma que el sujeto evitará de mancra inmediata la descarga con un movimiento de rotirada no entrenado que se basa en su aprendizaje de la respuesta molar de evitación de ta descarga (Wickens, 1938; de manera nada sorprendente, los resultados apoyaron la teoría de Tolman). AT mismo tierapo que abordaba el propósito y la cognición desde vn punto de vista neorrealista, Tol- man insinuó un enfoque distinto, más mentalista, al problema. Este enfoque le resultó muy útil cuando tuvo lugar la desaparición del neorrealismo en los años veinte, y es fundamental para la ciencia cognitiva actual En uno de sus primeros trabajos, Tolman (1920) escribió que los pensamientos «pueden entenderse, desde ¡un punto de vista objetivo, como presentaciones intemas al organismo» de estímulos que ya no están pro- sentos. Más adelante, junto a los argumentos de que la cognición es «inmanente» a la conducta, y no infe- rida, Tolman (19261 escribió que la conciencia proporciona «representaciones» que guían la conducta. Ha- blar de las cogniciones y los pensamientos como representaciones internas del mundo que desempeñan un papel causal en la determinación de la conducta supone una ruptura tanto con el neorrealismo como con el conductismo: con el neorrealismo porque las representaciones se infieren, como las ideas de Locke; y con el conductismo porque se le reconoce un lugar a algo mental entre las causas de la conducta. A medida que Tolman fue desarrollando su sistema, contó cada vez más en el concepto de representación, como veremos, convirtiéndose en un comportamentalista inferencial comprometido con la existencia real de la mente. En 1934 Tolman viajó a Viena, donde recibió la ¡afluencia de los positivistas lógicos, concretamente de Rudolph Carnap. el líder del Círculo de Viena. Según la idea de psicología de Camap, se debería enten- der que los términos iradicionales de la psicología poputar no se refieren a objetos mentales, sino a proce- sos físico-químicos que tienen lugar en el cuerpo, Así, por ejemplo, el significado de la frase «Frod está emo- cionado» se deriva de los procesos musculares, glandulares, y otros procesos que ticnen lugar en el cuerpo 358 HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA fumar sin aspirar los productos químicos del tabaco) y los tests de aptitudes, con los que empey ,... nocido en psicología. En cuanto a esto último, Hull diseñó una máquina para calcular las correlagig,tt tre las puntuaciones obtenidas en los diversos tests de una batería de tests, Con esto confirmó la ide yo > el pensamiento era un proceso mecánico que podía simularse con una máquina real; a Pascal le pay ds rrorizado esta misma idea, pero Hull vio en ella una hipótesis sobre la que investigar. ah Como cualquier psicólogo de su época, Hull tuvo que habérselas con el conductismo de Wasp, principio, aunque estaba de acuerdo con éste en criticar la introspección y exigir objetividad, Hut! peo ba el dogmatismo de Watson y el «ardor cuasi-fanático con el que algunos jóvenes se adherían a | watsoniana, un fanatismo más característico de la religión que de ls ciencia» (1952b, pp. 153-154), papa sado en la psicología de la Gestalt, cuando Hull ea un joven profesor de la Universidad de Wiscopsip ey. siguió que Kurt Kofíka visitase la universidad durame un año. Sin embargo, la actitud «extraordinaria. te negativa» de Koffa respecto a Watson paradójicamente convenció a Hull «no de que la teoría de la Gay era válida», sino de que el conductismo de Watson precisaba mejoras de naturaleza matemática, una la de acción que Hull estaba ya dispuesto a seguir: «En lugar de convertirme a la teoría de la Gestalt, expe. menté una conversión tardía a una especie de neoconductismo, un conductismo interesado principalmegy en la determinación de las leyes cuantitativas de la conducta y en su sistematización deductiva» (1952p, y, 154). En 1929 Hull se trasladó a Yale, donde emprendió una carrera profesional sumamente influyente, co. virtiéndose en el psicólogo experimental más relevante de su época. El programa de Hull tenía dos componentes principales. En primer lugar, como ya hemos visto, a Huy le fascinaban las máquinas y estaba convencido de que éstas podían pensar, de modo que intentó constr iy máquinas capaces de aprender y de pensar. La primera descripción de este tipo de máquina apareció en 1929, y supuso, como él mismo explicó: «una consecuencia directa de la tendencia mecanicista de la psicología moderna, El aprendizaje y el pensamiento no se conciben aquí necesariamente más como función del pro- toplasma viviente que la locomoción serial» (Hull ¿e Baernsteía, 1929). El otro componente de la ambición teórica de Hull era una continuación del espírim geométrico de Hobbes y del asociacionismo de Humo. y quien Hull consideraba el primer conductista. Hacia 1930 Hull afinmó: «He llegado a ta conclusión defini- tiva... de que la psicología es una auténtica ciencia natural» cuyo objetivo es el descubrimiento de «feyes que se puedan expresar cuantitativamente mediante un número reducido de ecuaciones corrientes» de las que puedan deducirse conductas de individuos y de grupos como consecuencia (1952, p. 155). No resulta sorprendente, dados los intereses matemáticos y mecánicos de Hull, que éste sufriese un grave ataque de envidia de los físicos y que so creyese el Newton de la conducta. A mediados de los años veinte, leyó los Principia de Newton, que se convertirían en una especie de Biblia para él (Smith, 1986). En sus semina- rios mandaba leer partes de este libro, y siempre lo colocaba en su mesa de despacho entre él y las visitas. Para Hull oste libro representaba la cima misma del éxito científico, y él hizo todo lo posible por emulara su héros. Los objetivos de construir máquinas inteligentes y de formalizar la psicología de acuerdo con un sis- tema matemático no eran incompatibles. Los newtonianos habían concebido el universo físico como una má- quina gobemada por leyes matemáticas precisas, Holl simplemente pretendía hacer lo mismo en relación con los supueslos fenómenos mentales y la conducta. A principios de los años treinta, Hull se ocupó al mis- mo tiempo de las teorías formales y de las máquinas de aprendizaje, publicó cstudios cada vez más mate- máticos de conductas complejas, como la adquisición y coordinación de hábitos E-R simples, y prometió ercar «máquinas psíquicas» capaces de pensar y útiles como robots industriales (Hull 19304, b, 1931, 1934 1935). Sin embargo, a medida que fue pasando el tiempo, las máquinas psíquicas perdieron relevancia e8 los trabajos de Hull. Al parecer tuvo miedo de que su preocupación por las máquinas inteligentes parecióse «grotesca» y que las autoridades universitarias le impidiesen seguir trabajando en elias como anteriormto1- to lo habían impedido continuar sus trabajos sobre la hipnosis (Smith 1986). Al mismo tiempo, como Tol- man y casí todos los demás psicólogos, Hull cayó bajo la influencia del positivismo lógico, cuya insisten- cia en el formalismo y en la reducción de lo mental a lo físico estaba en consonancia con su propia filoscña de la ciencia. Hull sc dio cuenta entonces de que el creciente énfasis en la formatización y matematización de las teorías era la «propaganda» más útil con la que promocionar su causa (Smith, 1986). A 28 car CAPÍTULO 11. El conductismo 359 Es apropiado fechar en 1936 el giro de Hull desde el interés por las máquinas psíquicas y las teorías formales a la preocupación exclusiva por estas últimas; Hull fue elegido entonces presidente de la APA y en su discurso presidencial expuso sus aspiraciones para la psicología teórica. En esta alocución abordó el pro- blema central del conductismo: explicar la mente. Al ¡gual que Tolman, Hull reconocía que la conducta pro- positiva y persistente en el esfuerzo para alcanzar metas era una manifestación externa de la mente. Sinem- bargo. él proponía explicar esto de manera completamente diferente: como resultado de los principios mecánicos de la conducta, que están sometidos a leyes. «Se descubrirá que las complejas formas de la con- dueta propositiva proceden de... las entidades básicas de la física teórica, como los electrones y los prota- nes» (Hull, 1937). Hull reconocía que tradicionalmente una postura mocanicista como la suya sólo había sido filosófica, y él proponía hacerla científica aplicando lo que El consideraba como procedimientos científicos. La ciencia, afirmaba Hull, consistía en un conjunto de «postulados formulados explícitamente» (como la geo- metría de Euclides) a partir de los cuales, «mediante la lógica más rigurosa», se deducirían predicciones sobre conductas reales. Al igual que Newton había derivado el movimiento de los planetas a partir de un pe- queño conjunto de leyes físicas, Hull proponía predecir el movimiento de los organismos a partir de un con- junto (bastante más amplio) de leyes de conducta expuestas en su artículo. Hull afirmaba que la virtud del método científico era que las predicciones se podían comprobar con observaciones, algo que era imposible hacer con los vagos postulados filosóficos, fuesen éstos idealistas o materialistas. Hall intentó demostrar que la conducta propositiva podía explicarse desde un punto de vista mecani cista utilizando un conjunto de postulados propuesto por él mismo. Por último, preguntó: «¿pero, qué ha de ta conciencia?» y en su respuesta a esta cuestión articuló su propia versión del conductismo metodoló- gico. La psicología podía prescindir de la conciencia, afirmó, «por la sencilla razón de que no se ha encon- trado aún ningún teorema cuya deducción se vea de algún modo facilitada por la inclusión» de un postula- do referente a ta conciencia. «Es más, no hemos sido capaces de dar con ningún otro sistema científico de conducta... que haya necesitado la conciencia» (p. 31) para deducir la conducta. Como Tolman, Hull situó. la experiencia consciente —el primitivo objeto de la psicología— fuera de los límites de la psicología tal como los conductistas la concebían. Hull, al igual que Watson, atribuyó ese constante interés de los psicó- logos por la conciencia a «la persistente influencia de la teología medieval», y afirmó: «la psicología, en sus principios básicos, aún es en un alto grado esclava de la Edad Media; en particular, nuestra perspectiva sís- iemática dominante en lo que respecta a la conciencia es en buena medida medieval». Hull concluyó, sin embargo. que «afortunadamente los medios que tenemos para salvarnos son claros y evidentes. Como siem- pre, residen en la aplicación de los procedimientos científicos... Para que podamos aplicar esta metodolo- gía, sólo es necesario que nos deshagamos de los grilletes de una tradición exánime» (p. 22). Las referencias a los robots propositivos quedaron reducidas a una nota a pie de página en la que Hull mencionaba «una especie de atajo experimental para la determinación de la naturaleza última de la conducta adaptativa». Si se pudiese construir, «a partir de materiales inorgánicos, un mecanismo que exhibiese» las conductas adaptativas que se derivaban de sus postulados, «se podría afirmar con seguridad y con la con- ciencia tranquila que es posible “obtener” esa conducta adaptativa por medios exclusivamente físicos» (p. 31). En su exposición ante la APA, Hull mostró a la audiencia una de sus máquinas de aprendizaje, que im- presionó profundamente a algunos de los presentes (Chapanis, 1961). Como Hull prácticamente no volvi a mencionar sus «máquinas psíquicas», su formulación de la tesis central de la ciencia cognitiva ha pasado inadvertida o ha sido despachada como un aspecto periférico de su pensamiento. Pero es un hecho que la si- mulación mecánica del pensamiento era esencial para Hull, y que dio origen a la teoría Formal que le hizo famoso e influyente. Ya hemos visto cómo a mediados de los años treinta Tolman comenzó a articular su psicología con la terminología del positivismo lógico; lo mismo pasó con Hull. Después de 1937, identificó su sistema con el «empirismo lógico» y aplaudió la «unión» de la teoría americana de la conducta con el positivismo lógico vienés, que estaba generando «en EE.UL. una disciplina conductual que iba a ser una ciencia natural en toda regla» (Hull, 19430). A partir de ese momento, Huil concentró sus esfuerzos en elaborar una teoría cuanti- tativa, deductiva y formal del aprendizaje, y dejó atrás en buena medida sus máquinas psíquicas, aunque és- las siguieron desempeñando una función heurística en su pensamiento (Smith, 1986). El realismo de Hull 360 HISTORIA DE La PSICOLOGÍA. quedó oscurecido cuando éste adoptó el lenguaje positivista, como ocurrió con Tolman. Por supues, no creía en los propósitos y las cogniciones como creía Tolman, pero era realista al creer que los de sus teorías describían estados y procesos neurofisiológicos reales del sistema nervioso de los vivos, humanos o animales, Hull plasmó sus postulados en una serie de libros. El primero fue Mathematico-Deductive The, Rote Learning [Teoría matemático-deductiva del aprendizaje de rutinas] (Hull er al., 1940), que ofrecja Y tratamiento matemático del aprendizaje verbal humano. El libro fue elogiado por «dar un anticipo de espa será la psicología cuando logre precisión sistemíática y cuantitativa» (Hilgard, 1940). La teoría desarroltag, en el libro fue el «ensayo general» de su obra más importante, Principles of Behavior [Los principios qe ya conducta] (Hull. 1943b), la expresión del «sistema de la conducta que he venido desarrollando gradualmmeyy, a lo largo de toda mi vida académica», y que había formado la base de su discurso presidencial de la Ap, “Tras su publicación, el Psychological Bulletin le dedicó una «reseña especial», en la que se elogiaba este gy. ¿rito como «uno de los libros más importantes que se han publicado en psicología en el siglo Xx» (Ko, 1944). El libro prometía unificar toda la psicología bajo la fórmula E-R y practicar la «cirugía radical, po" cesaria en el «cuerpo atrofiado de la ciencia social», salvándolo asf para la verdadera ciencia. Hull revisó yy sistema dos veces más (1951, 1952a), pero fue su libro Los principios de la conducta el que le llevó q tp. rar su ambición de hacerse un nombro permanente en la historia de la psicología. 9, Huy POS. amis Tolman frente a Hull Teorías enfrentadas El conductismo propositivo de Tolman entró inevitablemente en conflicto con el conductismo meca- sicista de Hull. Tolman siempre creyó que el propósito y la cognición eran reales, aunque su concepción de la realidad que tenía cambió con el tiempo. Por otra parte, Hull pretendió explicar el propósito y la cogni- ción como resultado de procesos mecánicos no mentales que se podían describir mediante ecuaciones lógi- 'co-matemáticas. A lo largo de los años treinta y cuarenta, Tolman y Hull jugaron una especie de partido de tenis intelectual: Tolman intentaba demostrar que el propósito y la cognición eran reales, y Hull y sus se- guidores respondían remendando la teoría o intentando mostrar los fallos de las demostraciones de Tolman. A modo de ejemplo, tomemos un experimento que pone de manifiesto el contraste de las perspectivas cognitiva y £-R. En realidad, fue llevado a cabo en 1930 (Tolman, 1932), mucho antes de que comenzase el debate entre estos dos autores, pero es una versión más sencilla de los experimentos más complejos que se describen en «Cognitive Maps in Rats and Men» [Los mapas cognitivos en las ratas y los seres humanos] de Tolman (1948). cuyo propósito era respaldar diferencialmente las teorías de éste. La Figura 11.1 mues- tra el laberinto. Las ratas se familiarizaban con todo el laberinto porque se las obligaba a recorrer todos los tramos en la fase de adiestramiento inicial. Una vez aprendido el laberinto, la rata, situada en el punto de elección donde los tramos se bifurcan, tione que elegir uno de ellos, ¿Cómo lo hace? r R: El análisis de Hull se podría resumir como sigue. El punto de clección presenta los estímulos (E) a 105 que, durante el entrenamiento inicial. se han condicionado las tres respuestas (Rs) correspondientes a cada una de las rutas. Por una serie de razones, siendo la más evidente de ellas la longitud del tramo que ha de recorrer, la rata prefiere la Ruta 1 a la Ruta 2, que a su vez es preferible a la Ruta 3. Es decir, la conoxión E-R] es más fuerte que E-R,. que a su vez es más fuerte que E-R,. A TS rei CAPÍTULO 11 Elconductismo 361 Caja meta RUTAS = — Punto barrera RUTA! AUTAZ ———|- - Punto t-barrera Punto de elección Caja de salida FIGURA 11.1. Laberinto Tolman-Honzik, A esto es a lo que se le llama una jerarquía de familia de hábitos divergentes. Ahora bien, si se sitúa vna barrera en el punto L, al tomar la Ruta 1 la rata se tropezará con la barrera, se dará la vuelta y escogerá la Ruta 2, Así, la conexión E-R, se debilita a causa de la barrera, por lo que E-R, se hace más fuerte y es la que se siguo, Por otra parte, sí se coloca la segunda barrera, la rata retrocederá hasta el punto de elección y elegirá de nuevo la Ruta 2, ya que £-R, sigue bloqueado y E-R, se hace más fuerte. Sin embargo, la rata se topará de nuevo con la barrera, E-R, se debilitará y £-R, acabará siendo la conexión más fuerte, de modo que la rata escogerá la Ruta 3. Esto es lo que Hull predice, Totman negaba que lo que la rata aprendía fuera un conjunto de respuestas desencadenadas en disti tos grados por los estímulos ca el punto de elección. Lo que él sostenía en cambio era que la rata aprendía un mapa cognitivo del laberinto, que ora lo que guíaba su conducta. Segrn su teoría, cuando la rata se en- cuentra la primera barrera vuelve atrás y toma la Ruta 2, como en la explicación E-R, porque la Ruta 2 es más corta que la Ruta 3. Sin embargo, sí se encuentra la segunda barrera, la rata sabrá que ésta bloquea tan- to la Ruta 2 como la Ruta 1. Por lo tanto, la rata dará muestras de comprensión o «insigho»: dará marcha atrás y elegirá la Ruta 3, dejando totalmente de lado la Ruta 2. Un mapa muestra todos los aspectos del en- tomo y es más informativo que un conjunto de conexiones E-R. Los resultados del experimento respalda- ron la teoría cognitiva del aprendizaje de Tolman frente a la explicación E-R de Hull. 364 HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA cada vez más problemas al conductismo. Por otra parte, en 1950, Frank Beach, un estudioso de 1, ta animal, criticó la preocupación cada vez mayor que mostraban los psicólogos experimentales alo, aprendizaje de las ratas. Beach se preguntaba si los psicólogos estaban interesados en la ciencia ge ¡1% A ducta en general o sólo en un único tema, el aprendizaje de una única especie, la rata noruega, E q, 2%%> nión, si no se estudiaban otras conductas y otras especies, no se debía confiar en los resultados Obten on. los laboratorios. También señalaba la existencia de conductas específicas de determinadas especios, ¿40 la impronta, que no son el resultado exclusivo ni del aprendizaje ni del instinto. Este tipo de Conduea." les escapa a todas las teorías del aprendizaje, que dividen claramente lo aprendido de lo no aprendido, y. £ camente se centran en lo primero. En los años cincuenta y sesenta, la psicología comparada iba a plage cada vez más problemas a la psicología del aprendizaje, a El conductismo formal en peligro Hull y Tolman no habían sido educados profesionalmente en el positivismo lógico ni en el operacionalispy, pero sílo fue la siguiente generación de psicólogos experimentales, que alcanzó la madurez profesional tg, la Segunda Guerra Mundial. Muchos miembros de esta nueva generación opinaban, como Sigmund Kog que los debates teóricos de los años treinta y cuarenta no habían conducido a ninguna parte, y que no se ey. taban resolviendo los problemas de la psicología del aprendizaje —el núcleo del proceso adaptativo—, pg este modo, a finales de los cuarenta y principios de los cincuenta, los psicólogos teóricos emprendieron y concienzudo auto-examen en el que aplicaron los instrumentos del positivismo lógico y del operacionalis. mo para desarrollar tácticas de elaboración de teorías en psicología. Aplicaron también los criterios del po- sitivismo y del opcracionalismo a las teorías de Hull y Tolman. En la Conferencia de Dartmouth sobre las teorías del aprendizaje (1950), esta nueva generación eye. 1u6 las teorías del aprendizaje a la luz del positivismo lógico que habían absorbido y que creían que sus mac- tros habían seguido al formular sus teorías del aprendizaje. La teoría de Hull, que era la que se creía más cercana a los criterios positivistas de construcción de teorías, recibió wma crítica demoledora. Sigruund Koch, el autor del informe sobre Hull, dijo: «Hemos hecho algo que podría considerarse mezquino. Hemos llevado a cabo una interpretación literal de proposiciones tales como: “Hull ha propuesto una tcoría hipoté. tico-deductiva de la conducta”». Siguiendo con esta interpretación, Kach mostraba que, juzgada con erite- rios posítivistas, la empresa de Hull era un completo fracaso. La retórica de Koch era condenatoria: la teo- ría de Hull adolecía de una «indeterminación terrible» y «múltiples deficiencias» en la definición de sus variables independientes; estaba «empíricamente vacía» y era un «sistema pseudocuantitativo», y además no había conseguido avanzar desde su formulación de 1943 hasta comienzos de los años cincuenta: «Se po- día afirmar con confianza que, en lo relativo a la mayor parte de los temas tratados... no ha habido pruebas de avance constructivo alguno desde 1943». Las demás teorías, incluidas las de Tolman, B. F. Skinner, Kurt Lewin y Edwin R. Guthrie (otro conductista), fueran criticadas de diversos modos por no cumplir los crite- rios positivistas que debía reunir una buena teoría, . En Dartmouth se hizo evidente que la variante skinneriana del conductismo no cumplía los principios positivistas porque ni siquiera lo intentaba. Skinner se había fijado sus propios criterios de corrección teó- rica y, juzgada con ellos, su teoría salía bien parada. Quizás entonces lo que se necesitaba era cambiar los objetivos de los psicólogos, en lugar de seguir persiguiendo unos objetivos fijados por una filosofía abstracta ¿Eran realmente necesarias las teorías del aprendizaje? El conductismo radical El conductista más conocido e influyente de todos los conductistas de renombre fue, con diferencia, Busrhus Frederick Skinner (1904-1990). Su conductismo radical, de haber sido aceptado, habría supuesto una revolv- ción trascendental en la concepción del propio ser humano, puesto que implicaba nada menos que el recha- zo de toda la tradición intelectual de la psicología que hemos tratado en este libro, a excepción del neortt- alismo. El conductismo radical skinnerjano proponía sustimir toda esta tradición por una psicología científica CAPÍTULO 11. El conductismo 365 Bunhus Frederick Skinner, que, según el modelo la teoría darwinista de la evolución, buscase las causas de la conducta fuera de los se- res humanos. Prácticamente todos los psicólogos teóricos que hemos estudiado, desde Wundt, James y Freud hasta Hull y Tolman, pretendían que la psicología fuese una explicación de procesos internos, se entendie- sen éstos como se entendiesen, corno procesos productores de conducta o. como fenómenos conscientes. Skin- ner, sín embargo, siguió a Watson al situar la responsabilidad de la conducta directamente en el entorno. Para Skinner, las personas no merecen ni alabanzas ni críticas por lo que hacen. El entorno es el que controla Ja conducta, de modo que el bien y el mal, si es que existen, residen en él, no en la persona. Parafraseando a Shakespeare en Julio César, se podría decir: La culpa, querido Bruto, es de nuestras contingencias de re- Torzamiento, no nuestra. Skinner definió tres aspectos de su trabajo: la filosofía del conductismo radical, la ciencia del análisis experimental de la conducta, y la interpretación de la conducta humana desde la pers- pectiva del conductismo radical y del análisis experimental de la conducta. El conductismo radical como filosofía Una buena aproximación al núcleo del conductismo radical puede obtenerse echando un vistazo al aná- lisis que hace Skinner de las teorías de Freud en su artículo «A critique of psychoanalytic conecpts and the- ories» [Una crítica de las teorías y conceptos psicoanalíticos] (1954). Para Skinner, el gran descubrimiento de Freud fue el de que gran parte de la conducta humana tiene causas inconscientes. Sin embargo, para Skin- ner, el gran error de Freud fue inventar un aparato mental (Ello, Yo y Superyó) con sus procesos mentales correspondientes para explicar la conducta humana. Skinner creía que la lección del concepto freudiano de inconsciente es que la conciencia es irrelevante para la conducta. Por ejemplo, imaginemos una alumna que da muestras de una sumisión ciega a sus profesores. Un freudiano podría explicar este hecho alegando que el padre de la alurmna era un perfeccionista punitivo que exigía obediencia, y que su hija había interioriza- do esta severa imagen paterna que ahora influye en su conducta en presencia de figuras de autoridad. Skin- ner aceptaría explicar el actual servilismo de la alumna por referencia a los castigos recibidos de manos de un padre punitivo, pero insistiría en que ese vínculo era directo. La alvanna se acobarda ahora porque cuando. 366 HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA era niña recibía castigos de una figura de autoridad, no porque su Superyó haya interiorizado las gencias de su padre. Para Skinner, inferir una imagen patema inconsciente en el Superyó no HSvERAS e que no pueda explicarse simplemente refiriendo la conducta actual a las consecuencias de la ODA ma Jada: es decir, el perfeccionismo del padre es lo que causa el servilismo de ella hacia sus profesor Onducta pa, lo mental no añade nada a la explicación de la conducta, según Skinner, y de hecho complica má El vine. cosas porque exige explicar el vínculo mental mismo. Skinner ha extendido esta crítica a las das ls als tas ls pologís Fndicicnalos rechazando por igual el Superyó, la apercepción, la fuere e ito y los mapas cognitivos. Te i os ica HT eS bio y pas cognitivos. Todos ellos son innecesarios para explicar adecuada y científicamente ta pes Aunque el conductismo radical representaba una profunda ruptura con toda psicología, tanto con tae tica como con la popular, es posible rastrear su genealogía intelectual. Se situaba claramente a a. del empirismo, concretamente del empirismo radical del filósofo renacentista Francis Bacon y del fi ea mán Ems Mach. Cuando era joven, Skinner había Iído las obras de Bacon, y con recaen a ferido elogiosamente al gran inductivista. Al igual que Bacon, Skinner creía que la verdad debe buse cm las observaciones mismas —en el «hace» y el «no hace» más queen a inteprstación delo pro serva. El primer artículo psicológico de Skinner era una aplicación del positivismo descriptivo radical e al concepto de reflejo. Skinner (1931) legó a la conclusión de que un reflejo no es una entidad inte; . animal, sino únicamente un término descriptivo cómodo para referirse a la correlación regular entre. Pa y respuesta. Esta afirmación presagiaba su rechazo de las entidades hipotéticas le La explicación slónneriana de la conducia era también heredera del análisis darwiniano de la evolució como el propio Skinner solía indicar. Darwin afirmaba que las especies producen constantemente rasgos e varían, y que la naturaleza actía obre estos rasgos seleccionando los que contribuyen ala iperiveaciay eliminando los que no. Del mismo modo, para Skinner, el organismo produce constamemente formas e Versas de conducta. Algunos de estos actos conducen a consecuencias favorables —se ven reforzados. A otros no, Los que lo hacen son fortalecidos, pues contribuyen ala supervivencia del organismo y sonap. Re didos. Los que no son reforzados no se aprenden, desaparecen del repertorio del organismo y, al igual que las especies débiles, acaban extinguiéndose. Como veremos más adelante, tanto el análisis de la conducta de Skinner como sus valores eran darwinistas El conductismo rica de Skinner también consta una extensión directa de ncorealismo al mb to de la psicología (Smith, 1986). Al enseñar que los organismos perciben el mundo físico directamente, los ncoresistas rechazaban cl mundo mental interior postulado porel Camino delas Ica. Así, pues, ino ay idas, no may conciencia privada ni introspección. De este modo, coro en el conductismo inicial de Tolman, conducta de un organismo es una función del entomo i to pos- Incondata de un galeno suas tomo al que el organismo responde. No es necesario pos “Como muchos pensadores científicos innovadores, Skinner apenas recibi formación inicia en su di ciplina, Se licenció en filología inglesa enel Hamilton College, y aspiraba a convertirse en esrtor; mo tud psicología. Sin embargo, un profesor de Biología llamó su tención sobre ls obras de Pavloy y de siólogo mecanicista Jacques Loeb. Del primero aprendió a interesarse por la conducta total del organismo. y el segundo le impresionó con la posibilidad de una investigación de la conducta meticulosa, rigurosa y cien: tífica. Entró en contacto con el conductismo de Watson a través de algunos artículos de Bertrand Russeil so- bre el tema. Tras fracasar en su intento de convertirse en escritor, se pasó a la psicología imbuido del asp ritu del conductismo watsoniano. Skinner inició un sistemático programa de investigación centrado en un nuevo tipo de conducta: la conducta operante, El análisis experimental de la conducta _ Elmodelo dela obra científica de Skinner quedó formulado en su primer artículo psicológico, y piraba en el éxito de Pavlov con los reflejos condicionados. En «The Concept of the Reflex» [El concepto derefejo] Skinner escribió: «Dada una pare determinada de la conducta de un organismo, hasta el moment considerada impredecible (y probablemente, en consecuencia, atribuida a factores no físicos), el investiga- dor busca los cambios antecedentes con los que la actividad está correlacionada y establece las condi ne es GAPÍTULO 11 El conductisiño 367 ¿e ta correlación» (1931/1972). El objetivo de la psicología era, pues. analizar la conducta mediante la lo- Catización de los determinantes específicos de conductas concretas y establecer la naturaleza exacta de las relaciones entre la influencia antecedente y la conducta subsiguiente, Ei mejor modo de hacer esto es expe- imentando, porque sólo en un experimento se pueden controlar sistemáticamente todos los factores que in- oyen en la conducta, Así, Skinner denominó a su ciencia el análisis experimental de la conducta. Las contingencias de reforzamiento. En el planteamiento de Skinner, una conducta queda explica- «a cuando el investigador ha identificado y puede controlar todas las influencias de las que esa conducta és función. Llamamos variables independientes a las influencias antecedemes que influyen en una conducta, y variable dependiente a la conducta que es una función de ellos. Se puede entender así que el organismo > el lugar de confluencia de las variables, el lugar donde las variables independientes actúan conjuntamente para producir una conducta. No hay procesos mentales interviniendo entre las variables dependientes y las e dependientes. y las referencias tradicionales a entidades mentales pueden eliminarse cuando se entiendan las variables independientes controladoras. Skinner suponía que la fisiología podría detallar en última ins- tancia los mecanismos físicos que controlan la conducta, pero el análisis de la conducta en términos de re- laciones funcionales entre variables es totalmente independiente de la Fisiología. Las funciones permanece- rán aun cuando se comprendan los mecanismos fisiológicos subyacentes, Hasta aquí, el planteamiento de Skinner seguía de cerca al de Mach. La explicación científica no es más que una descripción exacta y precisa de la relación entre las variables observables; para Skinner se trata de fs variables del entomno y de las variables de la conducta. Al igual que Mach, pretendía exorcizar las refe= cencias «metafísicas» a las relaciones causales no observables en la física, Skinner quería exorcizar las re- ferencias «metafísicas» a las relaciones mentales causales en la psicología. En sus primeros trabajos, Skin- ner destacó la naturaleza descriptiva de sus investigaciones (aún se habla a veces de su conductismo descriptiva). Repátese en el contraste entre las psicologías de Skinner y Titchener. Éste también seguía a Mach cn su intento de relacionar las variables analizadas en un marco experimental, pero naturalmente lo que él buscaba era una descripción de la conciencia, no de la conducta, Skinner a veces admitía la posibili- dad de este tipo de estudio, pero lo descartaba por resultar irelevante para el estudio de la conducta, igual que Titchener había descartado el estudio de la conducta por resultar irrelevante para el estudio de la.con- ciencia. Lo que diferenciaba a Titchener de Skinner, además de sus respectivos objetos de estudio, era la im- portancia que tenía para Skinner el control. Skinner era watsoniano en Cuanto que TO quería sólo describir onducta, sino que también quería controlarla. De hecho, para Skinner el control era la comprobación de- fnitiva de la adecuación científica de las funciones —establecidas mediante la observación— que relacio- alan las variables antecedentes y las variables conductuales, La predicción por-í soli resulta insuficiente, porque la predicción puede ser el resultado de la correlación de dos variables causalmente dependientes de na tercera, pero que no dependen la una de La otra. Por ejemplo, el peso de un niño y el tamaño del dedo gordo de su pie tienen una correlación muy alta. Sin embargo, el tamaño del dedo no «causa» el peso, ni vi- Ceversa, porque ambos dependen del crecimiento físico, que provoca los cambios en ambas variables. Se- gún Skinner. sólo se puede decir que un investigador ho explicado tna conducta cuando, además de ser cá- paz de predecir su aparición, también puede influir en ella mediante Ta manipulación de las variables independientes. De este modo, un adecuado análisis experimental de la conducta implica una tecnología de la conducta, que permita diseñaria con fines específicos tales como la enseñanza. Tichener siempre recha- 26 con vehemencia la tecnología como meta de la psicología; en cambio Skinner sí tuvo está preocupación, que se hizo cada vez más pronunciada después de la Segunda Guerra Mundial. En La conducta de los organismos, Skinner distinguió dos tipos de conductas aprendidas; las dos ha- bían sido estudiadas con anterioridad, pero sin haber llegado a distinguirse claramente, Skinner llamó a la primera categoría, estudiada por Pavlow, «conducta (o aprendizaje) respondente». A esta categoría se la llama con propiedad conducta refleja, puesto que una conducta respondente es una conducta elicitada por un estímulo concreto, ya sea condicionado o incondicionado. En términos generales, se corresponde con Ta conducta «involuntaria», como las respuestas de salivación que estudiaba Pavlow, Skinner denominó a la 370 HISTORIA DE La PSICOLOGÍA La interpretación de la conducta humana En los años cincuenta, mientras otros conductista liberalizaban sus variedades de conductismo, y ner comenzó a extender su conductismo radical a la conducta humana sin cambiar ninguno de gus ggye tos fundamentales. Skinner concebía la conducta humana como una conducta animal apenas diferent qa?" conducta de las ratas o las palomas que había estudiado en su laboratorio. lolo Skinner y el lenguaje. . Aunque «la mayor part del trabajo experimental responsable de los gy, del análisis experimental de la conducta se ha elaborado a partir de otras especies... se ha demostrado ua prendentemente que la validez de los resultados no se limita ala especie estudiada... y que los método yy. aplicables a la conducta humana sin necesidad de realizar grandes modificaciones», Ásí escribía Skin la que él consideraba como su obra más importante, Verbal Behavior [Conducta verbal] (1957, p. 3), Conducta verbal era una obra de interpretación, como él la describió; una obra que sólo pretendía e, tablecer la verosimilitud de un análisis conductista radical del lenguaje, no su verdad. Es más, afirmar qu, Skinner analizaba el lenguaje es un error inducido por el título de su libro, Conducta verbal, que €l misa, definía como una conducta cuyo reforzamiento está mediado por otras personas. La definición incluye q yy animal cuya conducta es controlada por un experimentador; juntos forman una «genuina comunidad ver. bal». La definición no hacía referencia alguna al proceso de comunicación que, según solemos suponer, tj ne lugar en el habla. En cualquier caso, Conducta verbal trataba fundamentalmente de lo que suele Cong; derarse como lenguaje o, mejor dicho, habla. Skianer introdujo una serie de conceptos técnicos en sy tratamiento de la conducta verbal. Para mostrar et estilo de su análisis, abordaremos brevemente su concepto del «tacto» porque corresponde más o menos al problema de los universales y porque Skinner lo conside. taba como la operante verbal más importante. Aplicamos los tres términos que constituyen el conjunto de contingencias de reforzamiento: estímulo, respuesta y reforzamiento. Un tacto es una respuesta operante verbal bajo el control estimular de determi. nados componentes del entomo físico, y cl uso correcto de los tactos se ve reforzado por la comunidad ver bal. Así, un niño se ve reforzado por sus padres cuando emite el sonido «muñeca» ante una mañeca (Skin- ner, 1957). Este tipo de operante «se pone en contacto con» el entorno físico y se denomina acto. Skinner redujo la noción tradicional de referencia o denominación a una relación funcional entre una respuesta, su estímulo discriminativo y su reforzador. La situación es exactamente análoga a la retación funcional que hay entre el accionamiento de la palanca por parte de la rata en la caja de Skinner, el estímulo discriminativwo que indica la ocasión para que sc emita la respuesta y el alimento que la refuerza. El análisis skinnertano del acto era una clara extensión del paradigma del análisis experimental de la conducta a una situación nueve El análisis radical que Skinner hace de las tactos plantea una importante cuestión general sobre su tra- tamiento de la conciencia hurnana: su noción de los estímulos privados. Skinner creía que los conductistas metodológicos anteriores, como Tolman y Hull, se equivocaban al excluir del conductismo los eventos pri- vados (como las imágenes mentales o los dolores de muelas) sólo por el hecho de ser privados. Skinner sos- tenía que parte del entorno de cada persona incluye el mundo que hay debajo de su piel, aquellos estímulos a los que cada cual tiene un acceso privilegiado. Estos estímulos pueden no ser conocidos para un observe- dor externo, pero la persona que los tiene los experimenta, pueden controlar la conducta y, por lo tanto, $2 deben incluir en cualquier análisis conductista de Ja conducta humana. Numerosas expresiones verbales es- tán bajo el control de este tipo de estímulos, incluyendo tactos complejos. Por ejemplo, «me duele una mué- la» es un lipo de respuesta de tacto controlada por un determinado lipo de estimulación dolorosa interna. Este sencillo análisis llevaba a una conclusión de capital importancia, Porque, ¿cómo llegamos 4 capaces de producir emisiones verbales tales como los tactos privados? La respuesta de Skinner fue que la comunidad verbal nos ha entrenado para obscrvar nuestros estímulos privados reforzando las expresiones verbales referidas a ellos. A los padres les es útil saber qué es lo que le duele a su hijo, de modo que intentan enseñarle conductas verbales que le sirvan para expresarlo. «Me duele la muela» indica una visita al derr tísta, no al podólogo. Este tipo de respuestas, por tanto, tienen un valor de supervivencia en sentido darwr nista. Son estos estímulos privados que observa cada uno los que constituyen la conciencia, De esto se des- prende, pues, que la conciencia humana es un producto de las prácticas de reforzamiento de una comunidad ANC CAPÍTULO 11 El conductismo 371 yerbal. Una persona que creciera en una comunidad que no reforzase las auto-descripciones no sería cons- ciente de nada más que de estar despierto. La noción de conciencia de vao mismo de Descartes y James no era pues, para Skinner, algo innato en los humanos, sino una construcción social fruto de la socialización humana. El tacto referido a uno mismo también permitió a Skinnor explicar las conductas verbales aparentemente propositivas sin hacer referencia alguna a la intención o al propósito. Por ejemplo, «estoy buscando las ga- fas» parece describir mis intenciones, pero Skinner (1957, p. 145) afirmó: «Este tipo de conducta debe ser considerada equivalente a: cuando me he comportado de este modo en el pasado, he encontrado las gafas y luego he dejado de comportarme así». La intención es un término mentalista que Skinuet redujo a la des- cripción fisicalista del estado corporal de cada cual. El último tema tratado en Conducta verbal era el pensamiento, la actividad aparentemente más men- (al de todas las actividades humanas. También en este punto siguió Skinner exorcizando el mentalisimo car- tesiano al afirmar que el «pensamiento no es más que conducta». Rechazó la idea de Watson de que el pen- samiento es conducta subvocal, ya que gran parte de la conducta encubicrta no es verbal y a pesar de elío puede controlar la conducta manifiesta de una forma que es típica del «pensamiento»: «Creo que me voy a marchar se puede traducir como Ya noto que me estoy marchando» (1957, p. 449), una referencia a los tímulos observados en uno mismo que, sin embargo, no son de naruraleza verbal. La extremada sencillez del argumento de Skinner dificulta su comprensión. Una vez que se niega la exis- tencia de la mente, como hizo Skinner, todo lo que queda es la conducta, de modo que el pensamiento tie- ne que ser conducta controlada por las contingencias de reforzamiento. El pensamiento de B. E. Skinner, se- gún sus propias palabras, era sencillamente «la suma tota! de sus respuestas al complejo mundo en que vivía». El «pensamiento» sólo es un tacto que hemos aprendido a aplicar a determinados tipos de conducta, un tac- to que Skinner pedía que se desaprendiese o, al menos, que no se enseñase a los niños. Porque Skinner no quería simplemente deseribir la conducta (humana o animal), sino que además quería controlarla, ya que cl control era un componente fundamental del análisis experimental de la conducta. Skinner creía que el ac- tual contro! de la conducta humana, como está basado en ficciones mentales, es en el mejor de los casos ine- ficaz (y, en el peor, perjudicial). La construcción científica de la cultura. Darante fa Segunda Guerra Mundial, Skinner trabajó en un sistema de dirección conductual de misiles tierta-aire llamado Proyecto OrCon, acrónimo de organic con- trol [control orgánico]. Entrenó a palomas para que picasen sobre la proyección de una imagen del blanco perseguido por el misil en que ellas mismas viajaban encerradas. Con sus picotazos accionaban los mandos del misil, por lo quo éste perseguía su objetivo hasta alcanzarlo, destruyéndolo y matando al mismo tiempo alas palomas. Skinmer consiguió un control tau absolato de la conducta de las palomas que éstas podían lle- var a cubo incluso las maniobras más exigentes durante la simalación de los ataques. Este trabajo le con- venció de la posibilidad de lograr un control total de la conducta de cualquier organismo, A los patrocina- dores militares de Skinner les pareció poco verosímil su proyecto, de modo que nunca se lanzaron misiles guiados por palomas. Sin embargo, poco después Skinner escribió su líbro más lvído, Walden 17 (1948), una novela utópica basada en los principios del análisis experimental de la conducta En este libro, dos personajes representan a Skinner: Frazier (psicólogo experimental fundador de Wal- den Il, una comunidad experimental utópica) y Burris (un visitante escéptico y finalmente convencido, que termina incorporándose como miembro a Walden I!). Cerca del final, Frazier le dice a Burris: «Sólo he te- nido una idea en toda mi vida, una idea verdaderamente fija... La idea de hacer las cosas a mi modo. Creo que la palabra que mejor lo expresa cs “control”. El control de la conducta humana, Burris» (1948, p. 271). Frazier pasa a describir Walden IT cómo es el laboratorio definitivo y el escenario donde poner a prueba el análisis experimental de la conducta: «Nada que csté por debajo de Walden II será suficiente». Por último, Frazier exclama: «Bueno, ¿qué te parece el diseño de la personalidad? ¿ Y el control del temperamento? ¡Dime qué características quietes y yo tc daré ul hombre! ¡Imagina las posibilidades! Una sociedad sin fracaso, sin aburrimiento. sin duplicación de esfuerzos... Controlemos la vida de nuestros niños y veamos lo que pode- mos hacer con ellas» (p. 274). La afirmación de Frazier de que es capaz de crear personalidades a medida 372 HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA. recuerda a la pretensión de Watson de construir por encargo la profesión de los niños. Ya pes VÍStO lo ip. portante gue fue el deseo de control social propio del progresismo en la recepción favorable del conducp. "mo de Watson. Skinner era hijo de ese deseo progresista de controlar científicamente las vidas humana y, %l bien de la sociedad, y —más concretamente— por la supervivencia de la sociedad, el valor supremg pay to para Darwin como para Skinner. Éste también heredó, y era consciente de ello, la tradición del opti «mo ilustrado sobre el progreso humano. En una época por lo demás desesperanzada, Skinner pedía a la gey te que no renunciase al sueño utópico de Rousseau y construyese una utopía sobre los principios del aná experimental de la conducta. Si la conducta de las palomas se podía controlar hasta ta puna que éstas pg, dían dirigir misiles hasta morir también un ser humano cuya conducta se determine a tal efec podrá se, controlado para que sea feliz y productivo, y para sentirse libre y digno. Walden II fue el primer intento q, Skinner de describir su visión. El conductismo y la mente humana: el conductismo informal Mientras que el conductismo radical de Skinner continuaba la tradición watsoniana de pecan todas las ray. Cas internas de la conducta, otros conductistas alumnos de Hull y Tolman no lo hacían. Tras la Segunda Gue, Ta Mundial, un tipo de causas intemas, los procesos cognitivos, recibían cada vez más aicaión Los eS Cólogos abordaban la cognición desde distintas perspectivas, incluido el conductismo «liberalizado» y Eatosnal neohulliano y una amplia variedad de teorías no relacionadas entre sí propuesía por psicólogos curopeos y americanos. Pocos conductistas estaban dispuestos a de la sazón a Skimner en que os organo. aba vacíos» y queno era lícito postula, como había hecho Hull mecanismos ineros aL organismo que conectasen los estímulos con las respuestas. Como señalaba Charles Osgood a D. «l mayoría dos conductisias contemporíncos pueden caracterizarse como “cajas vacías frustradas» (1956) Estoscon. Gnctistas eran conscientes de las dificultades de la «psicología de cajón de sastre», en a que las facultades S enidades mentales se multiplican con La misma rapidez que las conductas que había que explicar Sin tarso, cada vez estaban más convencidos de que la conducta, especialmente «los fenómenos del signi Caco y la intención, que tan evidentemente se ponían de manfieto en la conducta lingsica humana, e Calían totalmente de la concepción monofásica» dela caja gra propia dela psicología E-R (Osgood. 1957) Para los psicólogos interesados en los procesos mentales superiores resultaba evidente que las en ían «procesos simbólicos», la capacidad de representarse el mundo internamente, y que las respuestas: 'manas eran controladas por estos símbolos en lugar de estar directamente controladas por a da po E ema. El problema consista en cvitar la «psicología de cajón de sastre»; «¿Cuál es la cantidad mini Faenje adicional quese necesita para manejar los procesos simbólicos? (Osgood. 1956) esolvieron este problema desarrollando los conceptos hullianos de mecanismo +, — e, y de carios úimular puro». El mecanismo 1, — e, 0 respuesta fraccionada anticipaoria de meta fu propuesto pa 24 Cuenta de un tipo de eror que cometía la atas que habían aprendido un laberinto. Hull se do cuentas que estos animales solían meterse en callejones sin salida antes de llegar a la última encrucijac la dci El emor siempre consistía en da a respuesta correcta demasiado pronto, y con mayor probabilidd Cuanto más cerca estaba la meta. Así, por ejemplo, si el último giro correcto era a la derecha, el ener Esta sofía consistir en girar a la derecha en tina encrucijada anterior a la última (la que conduciría a la mes Full explicó ete resultado afirmando que los animales habían experimentado un condicionamiento par viano (clásico) al comer en la caja-meta durante los ensayos anteriores, por lo que los estímul e dos 2on la cajacmeta les producían una respuesta de salvación. Por generalización, los estímulos de Ie. ma encrucijada correcta también elicitaban salivación y, en virtud de una generalización con e cad Jo hacían los demás estímulos del laberinto. Porlo tanto, a medida que la rata avanzaba por el laberini 0 Vez salivaba más anticipando la comida, y los estímulos producidos por la salivación actuaban insaci” animal a girara la derecha (en el ejemplo). Por lo tanto, cada vez sería más probable que el ac en un callejón sin salida antes de llegar al corredor que lleva a la caja-meta. Como la respuesta e encubierta (no observada) en lugar de manifiesta, Hull la representó con una r minúscula, y el E ns, Tival causado por ella representó con una e mináscula. Y como ta respuesta salival se desencaden CAPÍTULO 11 El conductismo 373 los estímulos del laberinto e influña en la conducta, podía entenderse como un eslabón de una cadena con- uetual ERE — Psnación — Eesimatoradinies Ro El segundo de los conceptos de Hull que condujo « la teoría modiacional fue el de acto estimular puro. Hul! señalaba que algunas conductas no actuaban sobre el entomo, y pensó que tenían lugar para propor- cionar un apoyo estimular a otra conducta. Por ejemplo, si se le pide a una persona que describa cómo se ata los cordones de los zapatos, recurrirá a la mímica mientras describe lo que hace. Este tipo de conducta es un ejemplo del acto estimular puro de Hull. No resulta demasiado difícil imaginar que estos actos 0cu- ren de forma interna, sio ninguna manifestación externa. Por ejemplo, sí se nos pregunta «¿cuántas venta» as tiene tu casa?», probablemente recorramos la casa mentalmente y contemos las ventanas. Este tipo de procesos media entre los estímulos externos y las respuestas que damos a ellos. Los psicólogos neohullia- nos concibieron los procesos simbólicos humanos como continuaciones internas de las cadenas E-R, dels guiente modo: E — (r—e)—R. Un estímulo externo provoca una respuesta interna de mediación que a su vez tiene propiedades de es- tímalo interno, y son estos estímulos internos, en lugar de los externos, los que en realidad provocan la con- duota manifiesta. «La gran ventaja de esta solución es que, como cada fase es un proceso £-R, podemos trans- ferir simplemente toda la maquinaria conceptual de la psicología monofásica E-R a este nuevo modelo sin necesidad de nuevos postulados» (Osgood, 1956, p. 178). De este modo, los procesos cognitivos podían ser admitidos en el cuerpo de Ja teoría de la conducta sin renunciar al rigor de la formulación E-R y sin inven- tar ningún proceso mental exclusivamente humano, La conducta se podía seguir explicando en términos de cadenas de conducta E-R, con la diferencia de que ahora algunas de estas cadenas tenían lugar de forma in- visible dentro del organismo. Los comportamentalistas ya tenían un lenguaje con el que abordar el signifi- cado, el lenguaje, la memoria, la solución de problemas y otras conductas aparentemente fuera del alcance del conductismo radical, El enfoque descrito por Osgood tuyo una gran acogida. Él lo aplicó al lenguaje con especial referencia al problema del significado, del cual intentó obtener una medida conductual con su escala del diferencial semántico. Irving Maltzman (1955) y Albert Goss (1961) la aplicaron a la solución de problemas y a la for mación de conceptos. El programa más amplio de psicología humana en esta línea liberalizadora fue la teo- ría del aprendizaje social, dirigida por Neal Miller (1909-2002). Miller y otros colaboradores del Instituto de Relaciones Humanas de Hull en Yale intentaron construis una psicología que hiciese justicia a las intui- ciones freudianas sobre la condición humana pero que permaneciose dentro del ámbito objetivo de la psi- cología E-R. Quitaron importancia a los axiomas y la cuantificación del trabajo de Hull con animales para dar cabida a los humanos en el marco E-R, y añadieron la mediación como una forma de hablar de la vida mental en términos más precisos que los de Freud. La descripción que hizo Miller (1959) de su versión del conductismo (En la que incluía todo el ámbito mediacional neohulliano) como «teoría E-R liberalizada» es acertada. Los teóricos del aprendizaje social no abandonaban la teoría E-R. Sólo aflojaban sus restricciones para poder abarcar el lenguaje humano, la cultura y la psicoterapia. Por ejemplo, Howard y Tracy Kendler (1962, 1975), aplicaron la teoría de la mediación al aprendizaje discriminativo humano, mostrando que las diferencias en los patrones de aprendizaje discriminativo entre animales, niños y adultos podían explicarse porque los animales no suelen desarrollar respuestas de mediación y porquo la capacidad de formarlas se desarrollaba en la segunda infancia. El concepto de mediación fue una respuesta creativa de los conductistas ncohullianos al reto de expli- car el pensamiento humano. Sin embargo, los conductistas mediacionales no dejaron intacta la psicología E-R porque tuvieron que modificar las versiones hullianas fuertes del periferíalismo y de la continuidad Ñi- logenética para poder elaborar una teoría capaz de hacer justicia a los procesos mentales superiores. Hull había concebido la respuesta fraccionada anticipatoria de meta y el acto estimular puro como auténticas res- puestas motoras —aunque fuesen respuestas encubiertas — que podían formar parte de cadenas conductuales; los conductistas mediacionales, en cambio, pensaban que la mediación tenía lugar centralmente, en el cere- bro, y abandonaban por tanto el contraccionismo muscular de Watson y Hull. Bull había pretendido dar com un único conjunto de leyes de aprendizaje que al menos cubriesen todas las formas de conducta de los ma miferos; los conductistas mediacionales rebajaron su ambición aceptando que, aunque en general la teoría