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desarrollo afectivo, Apuntes de Psicología del Desarrollo

Asignatura: Psicología del desarrollo, Profesor: jose alfonso valero garcia, Carrera: Educación Primaria, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2016/2017

Subido el 26/01/2017

ivan1993mg
ivan1993mg 🇪🇸

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U.T.1 DESARROLLO AFECTIVO
1. La afectividad en la infancia.
2. Características de la afectividad infantil.
3. Expresión de las emociones básicas.
4. Regulación emocional.
5. Teorías explicativas.
6. Los vínculos afectivos.
7. El vínculo del apego.
8. El periodo de adaptación.
9. Diseño de estrategias.
10. El papel del educador/a.
11. Bibliografía.
1. LA AFECTIVIDAD EN LA INFANCIA
La afectividad es una característica que poseemos los seres humanos y
nos diferencia de otros seres vivos. De no existir el mundo de los
afectos y las emociones, nuestra vida sería muy diferente a como es. La
afectividad se basa en la vivencia y la expresión de diferentes estados
afectivos placenteros o desagradables que el ser humano tiene en
relación a sí mismo, su entorno físico y su entorno social.
Las emociones y los sentimientos son conceptos que están vinculados
con la efectividad. La palabra emoción proviene del latín y significa
“agitación”, de manera que la emoción es un estado de agitación o
excitación fisiológica que aparece como respuesta a un estímulo. El
estímulo puede ser una escena de violencia, una situación divertida, la
audición de una canción o un pensamiento. La emoción produce una
respuesta fisiológica o estado de agitación que se puede traducir en un
aumento del ritmo cardíaco, respiración acelerada, aumento de la
temperatura corporal o aumento de la tensión corporal, etc.
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U.T.1 DESARROLLO AFECTIVO

**1. La afectividad en la infancia.

  1. Características de la afectividad infantil.
  2. Expresión de las emociones básicas.
  3. Regulación emocional.
  4. Teorías explicativas.
  5. Los vínculos afectivos.
  6. El vínculo del apego.
  7. El periodo de adaptación.
  8. Diseño de estrategias.
  9. El papel del educador/a.
  10. Bibliografía.**
  11. LA AFECTIVIDAD EN LA INFANCIA

La afectividad es una característica que poseemos los seres humanos y nos diferencia de otros seres vivos. De no existir el mundo de los afectos y las emociones, nuestra vida sería muy diferente a como es. La afectividad se basa en la vivencia y la expresión de diferentes estados afectivos placenteros o desagradables que el ser humano tiene en relación a sí mismo, su entorno físico y su entorno social.

Las emociones y los sentimientos son conceptos que están vinculados con la efectividad. La palabra emoción proviene del latín y significa “agitación”, de manera que la emoción es un estado de agitación o excitación fisiológica que aparece como respuesta a un estímulo. El estímulo puede ser una escena de violencia, una situación divertida, la audición de una canción o un pensamiento. La emoción produce una respuesta fisiológica o estado de agitación que se puede traducir en un aumento del ritmo cardíaco, respiración acelerada, aumento de la temperatura corporal o aumento de la tensión corporal, etc.

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La respuesta y su intensidad es subjetiva y depende tanto de factores innatos como del aprendizaje y la experiencia.

La emoción se da en un tiempo corto, iniciada la estimulación alcanza un máximo y luego disminuye hasta desaparecer. Se considera la existencia de seis emociones básicas: alegría, ira, tristeza, miedo, aversión (asco) y sorpresa. Desde los primeros meses de vida estas emociones básicas forman parte del repertorio emocional de los niños/ as. Con el tiempo aparecen emociones más complejas como la vergüenza, el orgullo, la culpa o la envidia.

Los sentimientos son emociones pensadas y sentidas y permanecen en la ausencia del estímulo que las ha generado. El sentimiento y la emoción se diferencian en la duración temporal y en la intensidad. La emoción es breve y más intensa mientras que el sentimiento es más duradero y menos intenso.

La reacción fisiológica que produce un estímulo no se puede controlar sólo es posible modificar el sentimiento que nos invade, según el pensamiento que asociemos a la emoción vivida. Por ejemplo, ante la agresión verbal de una madre que acusa a una educadora de no hacer bien su trabajo porque su hijo ha llegado a casa con el pañal mojado, la educadora se sentirá probablemente invadida por una emoción de ira, pero como profesional ha de aprender a guardar las distancias y utilizar sus habilidades sociales para hablar con la madre de una forma calmada.

2. CARACTERÍSTICAS DE LA AFECTIVIDAD INFANTIL.

  • Los estados afectivos del niño/a tienen menos matices que los del adulto. Siente grandes penas o grandes alegrías ante cualquier suceso.
  • No existe una relación causa-efecto, siendo característico en los niños/as la desproporción entre los hechos ocurridos y las emociones manifestadas.
  • La afectividad en los niños/as es muy cambiante pudiendo pasar del llanto a la risa en cuestión de minutos.

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  • En esta etapa se produce un mimetismo entre el niño/a y sus figuras de apego, es decir, suele tratar de reproducir todas las conductas y reacciones afectivas que observa en el adulto.
  • La expresión afectiva es más compleja y elaborada.
  • Aparecen las emociones autoconscientes: vergüenza, orgullo, culpa y envidia.
  • El niño/a toma conciencia y racionaliza sus propias emociones. Estas emociones incluyen una valoración de sí mismo y están íntimamente ligadas con la moral.
  • En este periodo aparece un nuevo tipo de afecto, la amistad. Las relaciones con sus iguales son más estrechas y suelen crearse sentimientos de reciprocidad.

3. EXPRESIÓN DE LAS EMOCIONES BÁSICAS.

Alegría:

Desde el nacimiento, los bebés manifiestan su bienestar mediante la sonrisa. Los pequeños sonríen mientras duermen, cuando reciben caricias o se les habla con voz suave. También sonríen si se sienten a gusto, cuando tienen el estómago lleno o al oír una música agradable.

Hacía la sexta semana de vida aparece la sonrisa social, como respuesta a la voz humana o ante un rostro humano, conocido o desconocido. Entre el tercero y cuarto mes la sonrisa se hace más amplia y aparece la risa, que requiere un procesamiento más rápido de la información. Los niños/as que nacen sordos o ciegos también manifiestan la sonrisa y la risa, lo que ha dado lugar a pensar que éstas tienen un componente biológico. Sin embargo, la experiencia también es importante, puesto que la aparición de la sonrisa es más tardía en el caso de niños/as ciegos. Podemos afirmar por tanto que la sonrisa y la risa son universales, apareciendo en todos los seres humanos durante los primeros meses de vida.

Enfado o ira:

Los bebés expresan su malestar mediante el llanto y expresiones que recuerdan el enfado adulto. En los dos primeros meses de vida las

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expresiones faciales de ira ante el hambre, el frío, por citar algunos ejemplos, son breves. Su frecuencia y su intensidad aumentan progresivamente desde los seis meses hasta los dos años debido fundamentalmente al desarrollo cognitivo, que permite al niño/a empezar a entender las causas de sus conductas y de las acciones de las demás personas. Utiliza el enfado como una importante señal social que reclama a la persona adulta y la motiva para que alivie su malestar.

Tristeza:

Las expresiones de tristeza en los niños/as son menos frecuentes que las de ira o enfado. Aparecen de forma evidente en el caso de hijos/as de madres deprimidas, cuando hay ausencia de la madre sin cuidados adecuados, en separaciones breves o ante el dolor.

Miedo:

Es una emoción que nos alerta ante una amenaza, peligro o situación desconocida, provocando ansiedad e inseguridad. Los miedos más frecuentes y más estudiados en los niños/as son la angustia de separación y la ansiedad ante las personas extrañas.

La angustia de separación aparece cuando se ausenta la figura de apego. El pequeño rompe a llorar y se agarra a la madre o al padre intentando que éste permanezca junto a él.

La ansiedad ante las personas extrañas, al igual que la angustia de separación, es un miedo que aparece alrededor del octavo mes de vida, ante la presencia de personas desconocidas. Tanto la aparición de la ansiedad ante los extraños como la angustia de separación se relacionan con logros en el desarrollo cognitivo. El bebé, no tiene estos temores porque no distingue entre los rostros conocidos y los que no lo son, y porque no sabe que la madre sigue existiendo cuando está fuera de su vista. Posteriormente, va comprendiendo que su madre volverá más tarde con él y la angustia de separación disminuye. A la vez va aprendiendo a discriminar las personas extrañas amenazantes de las simplemente desconocidas, disminuyendo el miedo ante las personas que no conoce. Aunque no se conoce bien el motivo, los niños/as no responden con estos miedos ante otros bebés desconocidos, muy probablemente se identifiquen con ellos reduciendo el miedo.

Aversión:

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diferentes culturas donde la expresión de determinadas emociones es rechazada y se reprime.

Al igual que preparamos al niño/a para que adquiera competencias lingüísticas e intelectuales, es importante prepararlo en competencia emocional trabajando la expresión de los sentimientos, afectos y emociones. Es importante enseñarle al niño/a a verbalizar correctamente lo que siente para una buena salud mental.

Se denomina autorregulación emocional al proceso de regular y contener las propias emociones y expresarlas de forma adecuada.

La competencia emocional incluye a si mismo hacer frente a la frustración y controlar los impulsos, aspectos que el niño/a va aprendiendo a medida que crece.

La comprensión de las emociones de los demás constituye un paso más en el desarrollo emocional de los niños/as. Los bebés lloran al oír el llanto de otro bebé lo que constituye un mecanismo rudimentario de empatía. La empatía se define como la habilidad para ponerse en el lugar del otro y comprender y compartir sus sentimientos y emociones. Para que la empatía pueda desarrollarse es imprescindible que el niño/a haya alcanzado el autorreconocimiento, conciencia de sí mismo como individuo diferente y separado de los demás y consciente de que tiene emociones. La empatía y la regulación emocional se facilita a través del dominio del lenguaje. El juego simbólico (aparece a partir de los 2 años de vida) también contribuye al desarrollo de la empatía, ya que es un ensayo de emociones propias y ajenas

5. TEORÍAS EXPLICATIVAS.

Piaget y el desarrollo afectivo:

Jean Piaget (1896-1980) biólogo, centra su interés en el estudio del conocimiento, qué es el conocimiento y cómo el ser humano llega a él. Para Piaget, el desarrollo humano, incluido el desarrollo afectivo, está supeditado al desarrollo cognitivo y es explica a partir de él. El conocimiento y la afectividad están ligados entre sí, si bien la afectividad no puede modificar directamente las estructuras de

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conocimiento, si puede predisponer a la adquisición del mismo. La influencia del desarrollo afectivo en la adquisición de conocimiento se ve clara a través de un ejemplo:

Supongamos que tenemos dos niños, Mario y Carlos, que presentan dificultades con la lectoescritura. Mario cuenta con un entorno de afectividad y seguridad emocional en el que puede pedir ayuda y disponer de apoyo para tolerar la frustración. Carlos tiene unos padres exigentes y poco cariñosos y cuando fracasa en algo, enseguida se desanima y, como no tiene ningún respaldo efectivo, no quiere volver a intentarlo. Estos dos niños presentan diferencias importantes a nivel afectivo de manera que Mario dispone de más herramientas que Carlos para poder asumir y afrontar estas dificultades.

El desarrollo de la afectividad según Wallon:

Henri Wallon (1879-1964), médico francés, se interesa por la psicología del niño a partir de 1919. Este autor se centra en cuatro factores para explicar la evolución psicológica del niño y la niña: la emoción, el otro, el medio (físico, biológico y social) y el movimiento (acción y actividad). Wallon concibe el desarrollo psíquico del individuo como una construcción progresiva, que se lleva a cabo por la interacción entre el individuo y su medio ambiente. Las facultades de orden afectivo y social necesitan tanto de la maduración de los procesos orgánicos como de la relación de los factores externos; así concibe al individuo como una unidad bio-psico-social en un proceso dinámico, concediendo una importancia decisiva al desarrollo afectivo. El concepto de desarrollo está vinculado al concepto de estadio. Wallon nos presenta los siguientes ESTADIOS:

Estadio impulsividad motriz y emocional (De 0 a 1 año):

Al principio la existencia del bebé está dominada por las funciones fisiológicas; sus actividades fundamentales son el

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por parte del adulto, por lo que genera una nueva forma de comportarse que consiste en repetir aquellas conductas que comprobado que son toleradas y reforzadas por los adultos; ahora busca la aprobación de los adultos.

  • Representación de roles o imitación (a partir de los 5 años). De nuevo se produce un cambio en busca de atención y aprobación de su entorno, lo que hace el niño es imitar a aquellas personas que admira: padres, madres, abuelos, maestros, intentando captar de este modo su atención. Todo este estadio tiene una orientación interna, hacia la construcción de sí mismo.

Estadio de la socialización (De 6 a 12 años): En este período se amplia y diversifica el panorama que existe en sus relaciones con los demás. Este estadio está marcado por el significativo avance en el conocimiento y explicación de las cosas. Es una etapa orientada hacia el exterior, es decir, hacia las relaciones con los otros.

Estadio de la adolescencia (a partir de los 12 años): Se caracteriza por la coincidencia de una capacidad de conocimiento altamente desarrollada junto con una inmadurez afectiva y de personalidad, lo que produce un conflicto que debe ser superado para un normal desarrollo de la personalidad. Se trata de una etapa dirigida a la afirmación del yo.

6. LOS VÍNCULOS AFECTIVOS.

Si observamos a nuestro alrededor y nos paramos a analizar cuántas personas conocemos y con cuántas nos relacionamos en nuestro día a día, nos sorprenderemos por el número tan elevado que suponen: desde nuestros amigos hasta el farmacéutico del barrio. Sin embargo, diferenciamos rápidamente quiénes, de todas ellas, son realmente importantes para nosotros. Con estas personas, a las que consideramos especiales y cercanas, no tenemos

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los mismos comportamientos que con los demás. Esto es lo que suponen los vínculos afectivos: relaciones privilegiadas que establecemos con los demás, es decir, relaciones en las que se da un código de mayor cercanía e intimidad que con el resto de personas con las que nos relacionamos. Los vínculos afectivos se van ampliando a lo largo de nuestra vida, a medida que accedemos a nuevos contextos sociales. Hablamos de tres vínculos fundamentalmente: el apego, la amistad y el enamoramiento. Todos ellos coinciden en poseer un componente favorecedor de la supervivencia del individuo, ya que debido a que los seres humanos somos dependientes de otros y debemos asociarnos con ellos para garantizar la supervivencia de la especie, y lo hacemos a través del afecto que generamos y los demás generan hacia nosotros, sintiéndonos unidos a ellos.

  • El apego se forma en nuestros primeros meses de vida. El vínculo que se establece entre los bebés y los adultos garantiza la satisfacción de las necesidades y asegura su supervivencia. Debido a su gran relevancia para la educación infantil, le dedicaremos un epígrafe aparte.
  • La amistad surge más tarde. Retomando el apoyo para la supervivencia que suponen estos vínculos, no cabe duda de que es más probable que un ser humano sobreviva si tiene a otros cerca que le puedan ayudar que si tiene que enfrentarse en solitario a las distintas vicisitudes que las circunstancias le planteen.
  • Recordamos los beneficios que nos suponen los cuidados físicos y afectivos cuando estamos enfermos.
  • El enamoramiento implica, de nuevo, unas pautas de relación diferentes con respecto a cualquier otra persona. Este vínculo que se produce habitualmente a partir de la adolescencia, tiene un componente que no encontramos en los anteriores: la atracción sexual.

7.EL VÍNCULO DEL APEGO.

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El bebé manifiesta preferencia por las personas que le son familiares e interactúa de forma privilegiada con ellas sin rechazar todavía a los desconocidos. La interacción privilegiada se produce generalmente con la madre. El niño sonríe más y vocaliza más en presencia de su madre (sonrisa diferencial y vocalización diferencial). También llora más cuando ella se marcha, y deja de hacerlo con mayor facilidad si es la madre quien lo atiende y lo consuela (llanto diferencial e interrupción diferencial del llanto).

  1. Fase del apego definido (7 a 12 meses) A los 8 meses, lo niños y niñas muestran lo que se ha denominado ansiedad de separación , que aparece cuando la figura de apego se aleja. Asociado a esta ansiedad de separación aparece el miedo a los extraños. Es frecuente que a esta edad los niños y niñas lloren ante una persona desconocida y busquen refugio en la figura de apego. En este sentido, es habitual que los bebés que acuden a la escuela infantil a los 6 meses se queden más tranquilos cuando la madre se marcha, que aquellos que ya tienen un año.
  2. Fase de los apegos múltiples (12 a 18 meses aproximadamente) A partir de los 18 meses, la mayoría de los niños tienen establecido un vínculo de apego con varias personas, abuelos, hermanos…

Tipos de apego

Mary Ainsworth y cols. (1978) desarrollaron un experimento denominado "Situación extraña", con el objetivo de evaluar la manera en que los niños y niñas que ya habían superado los 18 meses (momento en que ya está conformado el apego) utilizaban a los adultos como fuente de seguridad, desde la cual podían explorar su ambiente; también la forma en que reaccionaban ante la presencia de extraños, y en los momentos de separación y reunión con la madre. La prueba consta de ocho episodios de tres minutos de duración cada uno. Previamente a su aplicación, se brinda

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la información adecuada y precisa sobre la misma, tanto a la madre como a la "persona extraña".

Así es el procedimiento del experimento:

  1. (^) El experimentador, al mismo tiempo extraño para el niño/ a ya que no le conoce, acompaña a la madre y al niño/a a una sala con juegos y sale de la habitación.
  2. La madre se sienta y el niño/a se pone a jugar y a explorar el entorno. En esta fase se observa hasta qué punto el niño/a utiliza a la madre como base segura para la exploración.
  3. El extraño entra en la sala, se sienta y entabla conversación con la madre, mientras se estudia la reacción del niño/a ante un extraño en presencia de su madre.
  4. La madre sale de la habitación y el extraño se queda con el niño/a. Juega con él y le consuela si lo necesita. En este episodio se observa si el niño/a muestra ansiedad de separación cuando su madre se marcha y cómo reacciona ante el extraño.
  5. La madre regresa y saluda a su hijo/a. Le consuela si es necesario. A continuación, el extraño sale de la habitación. Se observa la reacción del niño/a en el reencuentro con su madre.
  6. (^) La madre se va y el niño/a se queda solo. La atención se centra en observar la ansiedad de separación.
  7. El extraño regresa y consuela al niño/a. En este episodio lo esencial es ver si el niño/a puede ser consolado por un extraño.
  8. Vuelve la madre, saluda al niño/a y le consuela si es necesario. Se observa la reacción del niño/a en el reencuentro, en presencia de la madre. Se identificó un patrón de conducta seguro y tres tipos de apego inseguro: evasivo, de oposición y desorganizado.
    • Apego seguro. Los niños y niñas con apego seguro exploran y juegan sin miedo ni angustia mientras la madre está con ellos. Se muestran ansiosos en el primer momento que ésta sale de la habitación, y buscan su contacto y muestran alegría cuando la madre regresa. Después del reencuentro, vuelven a jugar y explorar el entorno. Entre un 65% y un 70% de los niños y niñas presentan este tipo de apego.

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→ Respecto a las características propias del niño/a , se debe señalar que en circunstancias normales el temperamento no condiciona directamente el tipo de apego. Pero en aquellos casos en que el cuidado del bebé requiere un esfuerzo agotador para los padres y no existen medios ni apoyos sociales suficientes, por ejemplo en el caso de enfermedades importantes, la relación y el vínculo emocional se pueden resentir y esto puede afectar la seguridad en el apego.

→ El contexto familiar es otro factor que también afecta la formación del apego. La relación de la pareja, la participación del padre y de otros familiares en el cuidado del bebé, los cambios en las circunstancias familiares (pérdida de trabajo, muerte de un miembro de la familia, nacimiento de un hermano…), también pueden afectar la formación de este lazo emocional.

→ No se puede olvidar el contexto cultural. Aunque para la mayoría de los bebés de todas las culturas la presencia de la madre es tranquilizadora, no todos están acostumbrados de la misma manera a separarse de ella. No es lo mismo separarse de la madre en un contexto como el nuestro en el que es bastante habitual que los niños/as acudan a la escuela infantil, que hacerlo en otro contexto diferente.

  1. EL PERIODO DE ADAPTACIÓN

El periodo de adaptación son los primeros días y semanas en que los niños/as se incorporan a la escuela infantil y durante los cuales deben asimilar una nueva situación a la que no están acostumbrados. Es importante tener en cuenta que, para un gran número de niños/as, esta será la primera ocasión en que se separa de sus padres o cuidadores habituales. Además, se encuentran en un espacio desconocido. Esta falta de orientación espacio- temporal les provocará un sentimiento de inseguridad que se verá agudizado cuando su figura de apego les “abandone” en ese lugar que les resulta ajeno.

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El niño/a ve desaparecer a su madre o a su padre sin estar seguro de si regresará. Él percibe que se queda en un lugar desconocido, rodeado de niños/as desconocidos y que, en muchas situaciones están en su misma situación, lo que implican que lloren. Los bebés empatizan con ese llanto y se contagian de emociones negativas. El lugar es mucho más grande que aquellos en los que normalmente se desenvuelve habitualmente, y no encuentra ningún objeto que le resulte familiar. Como podemos imaginar, no es un panorama demasiado alentador para un niño que se siente abandonado e inseguro. Nuestra labor tendrá que enfocarse a conseguir que resulte lo más fácil y agradable posible. La planificación de este periodo también debe tener en cuenta a los padres y madres. Si hemos dicho hace un momento que esta suele ser la primera vez que los niños/as se separan de sus padres durante un periodo relativamente prolongado, ocurre lo mismo en el caso de los padres. Ni podemos olvidar que los padres no están confiando su “posesión” más valiosa. Y por último existe un tercer factor a tener en cuenta en este proceso de adaptación. Se trata de los educadores/ as. A pesar de que la formación y experiencia les aporta herramientas y capacidad para afrontar este periodo de una manera más relajada, también ellos deben conocer a los nuevos niños, familiarizarse con sus características individuales mientras que a su vez responden a los miedos que puedan plantearles los padres.

¿Cuándo acaba el Período de adaptación? La adaptación al centro se dará por terminada cuando el niño/a sea capaz de intercambiar experiencias, cuando ofrezca y acepte comunicación afectiva, es decir, cuando se sienta lo suficientemente seguro. Cuando esto ocurre, en general, se le ve más independiente de la educadora, coge los objetos de la clase, utiliza con más facilidad el espacio y se integra en el grupo de niños/as. Estos datos pueden servirte también a la hora de observar si este periodo de adaptación al centro ha terminado.

Resumiendo, podemos abordar este importante momento desde un triple enfoque: los niños y niñas, los padres y

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manera si estamos en el aula de bebés o nos encontramos en el de 2-3 años Padres y Madres También los padres y madres necesitan que se les proporcione seguridad y se les confirme que sus pequeños estarán en buenas manos. Aunque mostrarán diferencias entre ellos, podemos plantearnos algunas estrategias:

  • Permitir que visiten la escuela con anterioridad a la incorporación del niño, que recorran todas las instalaciones y que se responda a sus dudas sobre el funcionamiento.
  • Informarles sobre la importancia de este periodo en la adaptación del bebé al ámbito escolar.
  • Entrevistarnos individualmente con ellos y solicitarles la información que consideremos relevante: hábitos del niño/a cómo creen que pueden reaccionar a la separación.
  • Pedirles que estén presentes durante la incorporación, durante un tiempo cada día o, en caso de imposibilidad, que se mantengan accesibles ante la demanda del bebé.

Educadoras y educadores Este momento tampoco es sencillo para las educadoras/es. Se trata de iniciar un nuevo período, con nuevas familias, nuevos niños y cada uno con sus costumbres. Son muchos los aspectos que se deben cuidar y que marcarán una tendencia de nuestra futura relación con los niños y niñas y sus familias. Sugerimos algunas pautas a seguir:

  • Organizar tiempos y espacios evitando aglomeraciones o que coincida la incorporación de demasiados niños/ as a la vez.
  • Organizar entrevistas, reuniones informativas y mostrar interés hacia toda la información que nos facilite las familias.
  • Facilitar la información que las familias demanden de nosotros, desde la relativa a cómo ha transcurrido el día hasta dudas de otro orden, como pueden ser pequeños problemas que los padres detecten.
  • Buscar apoyos en otros profesionales. La visión de distintos compañeros pueden resultar de gran ayuda.

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  1. DISEÑO DE ESTRATEGIAS EDUCATIVAS FAVORECEDORAS DEL DESARROLLO AFECTIVO Los niños y niñas acuden, cada vez, a edades más tempranas, a las escuelas infantiles por lo que estas se conviertes en partícipes de la formación de esos vínculos afectivos, de manera que los niños y niñas también se vinculan con los educadores. Partiendo de esta base y sabiendo que los niños y niñas necesitan seguridad y afecto, debemos ser conscientes de que estos elementos no deben estar sujetos a improvisación sino que el ámbito afectivo debe ser tenido en cuenta a la hora de programar nuestras intervenciones. Antes de diseñar las estrategias educativas para favorecer el desarrollo afectivo, debemos saber que:
  • Las emociones positivas nos predisponen a tareas como el aprendizaje, es decir, aprendemos mejor y más rápido si estamos experimentado emociones positivas como la alegría.
  • Las emociones negativas, por el contrario, nos distraen de las tareas de aprendizaje. Nos resulta difícil entender y asimilar cualquier información si estamos tristes o enfadados.

Conociendo esta información, podemos deducir que en las aulas de Educación Infantil, también en cualquier otra etapa educativa, debe primar un ambiente de alegría que favorezca que el niño se sienta cómodo y relajado.

Las emociones negativas se limitarán a momentos puntuales, en los que validaremos la emoción y le pondremos nombre, pero comunicándoles que es un estado transitorio. Esto no quiere decir que debamos evitar que el niño se enfrente a situaciones que le puedan resultar difíciles o complejas por miedo a que se sienta frustrado. Aprender a tolerar la frustración también es parte de la educación emocional.

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