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Cronistas, viajeros y sabios: la imagen de Egipto a lo largo de milenios Regine Schulz Egipto y la Antigúedad clásica El interés y el entusiasmo por la cultura del antiguo Egipto no son fenó- menos modernos, sino que ya se manifiestan en la Antigúedad clásica. Escritores griegos y romanos recorrieron el país y describieron prolijamente los 1sos y costumbres de los antiguos egipcios, sus creencias religiosas y sus normas de culto. Enue ellos cabe destacar personalidades tan famosas como la del historiador Heródoto (que visitá Egipto entre 450 y 440 a.C.), Diodoro (60-56 a.C.), Estrabón (25-19 a.C.) y el genio universal Plutarco (Gnales del siglo 1 d.C.). Conocieron Egipto desde su propio punto de vista y acuñaron así la imagen del Egipto de su tiempo. Pese a la fascinación que ejerció sin duda sobre ellos el país, se perfiló una y otra vez la incompren- sión. Por una parte, el mundo de los dioses del antiguo Fgipto se entendió como la base del propio sistema de creencias y Egipto como el lugar de una sabiduría original pero, por otra parte, nurnerosos aspectos de su culto causaron una impresión bastante extraña. Animales divinos y estatuas ani- madas no correspondían con la visión del mundo de griegos y romanos y se hizo por ello difícil captar su trasfondo. Por estas razones, lus crónicas se entremezclaran con fábulas, los análisis con los prejuicios. En tiempos del Imperio romano se generalizó un auténtico entusiasmo pos Egipto: monu- mentos egipcios, ente ellos obeliscos enteros, fueron trasladados a Koma. En el centro del interés rel'gioso estaba la diosz Isis, a la que sc adoraba en toda la cucaca mediterránea. En Roma se erigió incluso un templo impe- rial en su honor. Era considerada como la diosa universal de Oriente por excelencia, de modo que Isidoro de Narmutis (siglo 1 d.C.) escribía cn un himno a la diosa: «... los egipcios (te llaman) la Única, pues tú (eres) una, (es decir, tú eres) a la que todas las demás diosas de los pueblos llaman con sus nombres». El culto de Isis fuc llevado por los soldados romanos hasta los más recónditos rincones del Imperio y solamente el Cristianismo en expansión lo pudo desplazar y, con él, todo el entusiasmo por Egipto que dominó en la cuenca del Mediterránco. La lucha contra los gentiles: protocristianos y musulmanes En la lucha por «la fe verdadera», el Cristianismo temprano y posterior- mente el Islam atacaron con vehemencia todas las tendencias paganas. Uno de los objetivos preferidos en ello eran los testimonios y tradiciones que aún quedaban de la cultura faraónica. Los templos fueron derribados, Las estelas y estatuas destruidas. Entre los más acendrados perseguidores de los monumentos paganos se encontraba Escenuto de Atripa (348-166 1 Escena del culto a Isis Herculano; siglo 1 altura: 32 em, ar. Museo Nacional, 8924. Junto con una pieza sinó 25 pintura mural, ura: 11 cam Nápoles, sica, esta pintura se cuenta ene los testimonios del culo de Isis en Herculano. Delante de la suwada del templo está un saccadote en pie, que con las 10s eavueltas presenta unta vasija de culto ante la cuacurrencia de creyentes, Abajo, un servidor de oltendas aviva el fuego sobre el altar. Eslinges, paleras y varios ¡bis resaltan el marco egipcio en que se celebra el acto de culto. ¿.C.), el abad del Morasterio Blanco de Sohag, que dicen alcanzó la avanzada edad de 118 años. En sus predicaciones incitó una y otra vez a destruir las imágenes y a la lucha contra el demonio. Los conocimientos de la Antigiiedad fueron considerados como artes de magia y furcron perseguidos, perdiéndose así el conocimiento de la escritura y sus símbo- los. Iacluso la misma lengua de los egipcios sufrió una modificación. Si bien en la primera fase del Cristianismo aún se hablaba egipcio (pero ya mezclado con términos y escrito en caracteres griegos), el árabe impuesto por el Islan desplazó casi completamente la antigua lengua. Pasados sólo unos pocos siglos todo aquello que había perdurado durante milenios carecía de cualquier valor y cayó en el olvido. Pertenecía al período de la ignorancia y, por tanto, 1o cra digno de estudiarse. Sólo sobrevivió una imagen del antiguo Egipto, tal y somo se refleja en las historias de Moisés y de José en la Biblia o en el Corán. Además de éstas, esa imagen estaba impregnada de historias maravillosas sobre prácticas secretas de magia, en las que aún pervivía la vieja idea de la gran sabiduría y la increíble riqueza de los faraones 2 Mosaico con ra ese a, San Marcos; hacia 12 4 escena en la bóveda del vestíbulo muestra a la izquierda u José uzdenando a sus herma- os sucar las gavillas de trigo de las pirámides, que en esa época se considerabsn como los silos en los que lo almacenaba el faraón. INVESTIGACIO: S EN EL VALLE DEL NILO 191 4 La necrópolis de Tebas Vesto Tomada de: Richard Pocockc, Observations on Egypi, Londres 1/13. Dos viajes por Egipto de varios meses llevaron al clérigo británico Richaw Poencke (1704-1765) hasta Tilas. Su panorámica de Tebas Orste muestra las rumbas privadas de Sheikh Abd e-Quima (derecha) con el Ramesseum (D) delante; 2 la jzquierda Medinet Habu (K) y en primer término los colosos de Memaón (M, N) En busca de la sabiduría: la imagen de Egipto en la Edad Media Aunque en la Biblia y en el Corán cstaha firmemente arraigado el rechazo del delirio de grandeza foraónico y de todas las tradiciones relacionadas con él, hubo una serie de observadores y sabios interesados que inten ron desentrañar los secretos de los antiguos egipcios. El interés se centró, sobre toda, en la Gran Esfinge de Guiza y en las pirámides. Los intentos de explicar todo ello se basaron, por una parte, en los relatos de la Biblia y del Corán y, por otra parte, en la observación de hechos tomados de la realidad, sin que por ello tuvieran que excluirse las dos posiciones antagó- nicas. Un ejemplo típico de ello es el intento de descifrar la función de las grandes pirámides. Así, el obispo Cosme de Jerusalén (mediados del siglo VII) refiere que las pirámides eran los silos en los que José almacenara el grano y que los paganos afirmaban, por el contrario, que eran más bien tumbas. Dionisio de Tell Mahré (siglo 1X), el patriarca de Antioquía, rechaza por el contrario estrictamente esa interpretación de que fueran silos y ascgura que fueron las tumbas de los reyes antiguos y entró incluso unos 25 metros en el interior de una pirámide. A principios del siglo XII debió residir en El Cairo un embajador del rey Federico II, de la casa alemana Staulen, que visitó las pirámides con el gran erudito árabe al- Idrisi (1173-1251). Este último escribe posteriormente al respecta en su Libro de las luces de los cuerpos celestes superiores: sobre la revelación de los secretos de las pirámides, que con motivo de esa visita el embajador descu- brió unas inscripciones latinas, las copió y las tradujo al árabe. Al-Idrisi y una serie de otros sabios árabes intentaron insistentemente integrar los monumentos de la cra faraónica en su cosmovisión islámica. Para ello tomaron cn cuenta tanto las condiciones arqueológicas como el contexto histórico que les exa covocido. Las pirámides se convirtieron tanto en lugares de advertencia y prolecía usí como en símbolos de un poder mun- danal soberbio que serían destruidos al final de los tiempos. Una de las cuestiones esenciales que se plantearon los sabios islámicos fuc si las pirámides se crearon antes o después del diluvio universal; asílo hizo, por ejemplo, al-Makrizi (1363-1442). Aparte de todas las consideraciones teológicas, a los estudiosos islámicos y cristianos les impulsaba también la búsqueda en pos de los scerctos y de los enormes tesoros de los faraones, protegidos por espíritus. Esto lo demmestra, por ejemplo, el imtento emprendido por el califa al-Mamún en el año 820, al ordenar forzar la pirámide de Keops. Pero no sólo fueron buscadores de tesoros, alquimis- tas y escolásticos quienes iban en pos de los secretos, sino también viajeros que se esforzaron por ubuener explicaciones más racionales; baste citar como ejemplo a Willeln von Bodenscle, que recorrió Egipto hacia 1335, el monje dominico Felix Fabri de Ulma, que residió allí hacia 1480 y entre 1483/84, o el francés Barón d'Anglure de la Champaña, que estuvo también allí en 1395. 3 La pirámide de Keops fracasando finalmente en su intento por Tomada de: Athanasius Kireher, Tiaris Babel, — descilrar los jeroglíficos ya que partió de ur 1679. valor netamente simbólico que asignó a los file dle Guiza es, en la concepción de Kircher, un edificio escalo- naco con puertas de entrada monumentales y escaleras que descienden a unas criptas subrerrá El sacerdote jesuita alemán y genio universal Ashanasius Kircher (1602-1680) “uc quien, como nadic cn su tiempo, supo desperta: el interés por cl antiguo Egipto. bras se ocupó de la cultura y la leng caracteres. La gran En us 3 El semplo de Luxor lomado de: Frederik L. Norden. Havels in Egypt and Nubia, 1757. 7 Frecerik L. Norden (1708-1742), capitán de la marine danesa y explorador, fue enviado en 1/35 por el rey Cristián VI en viaje de explo- :gipto. La crónica que escribió ración por sobre su viaje sc hizo muy popular y fue editada numciosas veces, traducióndose tam bién a oras lenguas. Nordlen reproduce aquí el pílono de entrada al semplo de Luxor con los dos obeliscos y las estatuas sedentes de Ramsés IL tal como se encontraban en la época, profundamente enterradas. INVESTIGACIONES EN EL VALLE DEL NILO 493