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escucha activa. LIDERAZGO, Apuntes de Liderazgo y Gestión de Equipo

NOTAS. APUNTES. LIBBROS. DESCRIPCION

Tipo: Apuntes

2019/2020

Subido el 10/07/2020

rossitta-cardenas
rossitta-cardenas 🇦🇷

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ESCUCHA ACTIVA
Comunicación efectiva
La comunicación efectiva es la capacidad de generar conversaciones efectivas que causen el
impacto deseado y ayuden a coordinar acciones hacia logro de objetivos.
La capacidad de transmitir información y expresar nuestras ideas de forma clara, convincente, a
través de influir y persuadir a otras personas, nos permite lograr que otros apoyen nuestros
objetivos, planes o proyectos y nos enfoca en maximizar los resultados.
La buena comunicación no solo nos exige un excelente dominio de los aspectos verbales
(utilizando la impecabilidad de nuestro lenguaje a través del uso correcto de los actos lingüísticos:
afirmaciones, declaraciones, pedidos, ofertas, promesas y juicios), sino que también nos exige el
dominio de la corporalidad, gestualidad y gestión de nuestras emociones. Implica la utilización de
diversos recursos propios y externos, la adaptación del mensaje y modalidad, de acuerdo al
interlocutor o auditorio receptor de nuestro mensaje.
Una parte fundamental del proceso comunicacional es lograr una escucha activa, teniendo en
cuenta al otro, considerándolo como legítimo otro.
El escuchar activo
Rafael Echeverría, en su libro Ontología del lenguaje ( 1994), menciona:
la comunicación tiene dos facetas: hablar y escuchar. Generalmente se piensa que es más
importante el hablar, ya que éste parece ser el lado activo de la comunicación, mientras que al
escuchar se le suele considerar como pasivo. Se supone que si alguien habla lo suficientemente
bien (fuerte y claro) será bien escuchado. A partir de ésta interpretación, el escuchar
generalmente se da por sentado y rara vez se le examina como un asunto problemático.”
No todo lo que nosotros decimos se corresponde directamente con lo que otros escucha, o
viceversa. El hablar y el escuchar no son idénticos.
Cuando hablamos creemos que otros escuchan exactamente lo que nosotros decimos e
interpretan con perfección aquello que quisimos decir. Incluso, no nos tomamos el trabajo de
asegurarnos de que nuestro mensaje llegue al destinatario de la manera correcta y cause el
impacto deseado.
Escuchar no es igual a oir: escuchar es oir, percibir e interpretar lingüísticamente dentro de un
espacio emocional que condiciona lo escuchado. El proceso de apertura en el escuchar incluye
estas etapas:
1. Escuchar el sentido semántico y práctico del hablar del orador: ¿Qué significa lo que está
diciendo? Para él y para mí (sentido locucionario)
2. Escuchar las acciones o actos lingüísticos que el orador está escuchando: pedidos, ofertas,
declaraciones, afirmaciones, juicios, etc. (sentido perlocucionario)
3. Escuchar las inquietudes del orador: algo que a veces no está explícitamente presente en el
hablar, pero que es condición precedente, son las inquietudes que conducen al orador a
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ESCUCHA ACTIVA

Comunicación efectiva La comunicación efectiva es la capacidad de generar conversaciones efectivas que causen el impacto deseado y ayuden a coordinar acciones hacia logro de objetivos. La capacidad de transmitir información y expresar nuestras ideas de forma clara, convincente, a través de influir y persuadir a otras personas, nos permite lograr que otros apoyen nuestros objetivos, planes o proyectos y nos enfoca en maximizar los resultados. La buena comunicación no solo nos exige un excelente dominio de los aspectos verbales (utilizando la impecabilidad de nuestro lenguaje a través del uso correcto de los actos lingüísticos: afirmaciones, declaraciones, pedidos, ofertas, promesas y juicios), sino que también nos exige el dominio de la corporalidad, gestualidad y gestión de nuestras emociones. Implica la utilización de diversos recursos propios y externos, la adaptación del mensaje y modalidad, de acuerdo al interlocutor o auditorio receptor de nuestro mensaje. Una parte fundamental del proceso comunicacional es lograr una escucha activa, teniendo en cuenta al otro, considerándolo como legítimo otro. El escuchar activo Rafael Echeverría, en su libro Ontología del lenguaje ( 1994), menciona: “ la comunicación tiene dos facetas: hablar y escuchar. Generalmente se piensa que es más importante el hablar, ya que éste parece ser el lado activo de la comunicación, mientras que al escuchar se le suele considerar como pasivo. Se supone que si alguien habla lo suficientemente bien (fuerte y claro) será bien escuchado. A partir de ésta interpretación, el escuchar generalmente se da por sentado y rara vez se le examina como un asunto problemático.” No todo lo que nosotros decimos se corresponde directamente con lo que otros escucha, o viceversa. El hablar y el escuchar no son idénticos. Cuando hablamos creemos que otros escuchan exactamente lo que nosotros decimos e interpretan con perfección aquello que quisimos decir. Incluso, no nos tomamos el trabajo de asegurarnos de que nuestro mensaje llegue al destinatario de la manera correcta y cause el impacto deseado. Escuchar no es igual a oir: escuchar es oir, percibir e interpretar lingüísticamente dentro de un espacio emocional que condiciona lo escuchado. El proceso de apertura en el escuchar incluye estas etapas:

  1. Escuchar el sentido semántico y práctico del hablar del orador: ¿Qué significa lo que está diciendo? Para él y para mí (sentido locucionario)
  2. Escuchar las acciones o actos lingüísticos que el orador está escuchando: pedidos, ofertas, declaraciones, afirmaciones, juicios, etc. (sentido perlocucionario)
  3. Escuchar las inquietudes del orador: algo que a veces no está explícitamente presente en el hablar, pero que es condición precedente, son las inquietudes que conducen al orador a

hablar. La inquietud suele estar detrás de lo que se dice. ¿Cómo es posible escuchar lo que no se dice? El lenguaje revela el ser del otro (sentido hiperlocucionario)

  1. Escuchar “el bien”: elijamos cuidarnos de no utilizar la diferencia que el otro manifiesta respecto a nuestras ideas o posturas como elemento de descalificación o invalidación de su persona. Lo funcional es colocar esa diferencia del lado del “bien” y buscar aprender de ella. Para ampliar la información del bloque, te invito a que leas el siguiente artículo: “ ESCUCHAR SIGNIFICA ATENDER EL LENGUAJE NO VERBAL – Maria Elena Valbuena Voluntaria del teléfono de la esperanza. 27/04/ Decía el mes pasado que el Teléfono de la Esperanza ofrece, fundamentalmente, dos cosas: la escucha y un lugar de encuentro. Vamos con la primera de ellas. Aparentemente escuchar sabemos todos. Tenemos los órganos y la capacidad para hacerlo adecuadamente. Pero la realidad es que no se escucha, o al menos, no se escucha de forma activa. No hay más que observar desde fuera una conversación cualquiera. Si no estamos implicados en ella, podremos comprobar como cada parte sigue su propio hijo conductor sin dar cabida a lo que dice el resto. Si, por el contrario, formamos parte de la conversación, pero somos capaces al mismo tiempo de observarnos objetivamente, podemos sorprendernos a nosotros mismos organizando nuestra propia argumentación sin atender la del interlocutor. ¿Nos suena? Escuchar activamente implica no solo oir y descodificar las palabras que conforman el código semántico sino atender, de manera especial, el lenguaje no verbal: el tono de voz, la mirada, los gestos que acompañan las palabras, las lágrimas o las sonrisas que las envuelven…Se trata, en definitiva, de captar el sentimiento – enredado, encubierto o claro- que todo mensaje transmite. Y para ello, tenemos que ponernos en disposición de escucha. Sin juicios, sin interpretaciones personales, sin interrupciones innecesarias, sin consejos ni recurrentes frases hechas. Tenemos que transmitir y hacer sentir nuestro interlocutor que está siendo escuchado y atendido en su totalidad. ¿Por qué razón? Porque cuando a nosotros se nos ha escuchado de esa forma nos hemos sentido aceptados, comprendidos y queridos. Porque nosotros mismos hemos llegado, así, a las conclusiones y respuestas que buscábamos en el otro. Porque después de sentirnos escuchados hemos cubierto una carencia y hemos experimentado alivio, desahogo e incluso alegría. Por ello la escucha es terapéutica en sí misma. Porque nosotros la hemos experimentado así. Y cuando esa escucha, además, queda envuelta en la sinergia del grupo, se potencias sus efectos.” La matriz básica del escuchar Veamos con mayor profundidad lo que acabamos de mencionar. Hemos sostenido hasta ahora que el fenómeno del escuchar surge cuando, a partir de nuestra capacidad biológica de oír sonidos, somos también capaces de remitir esos sonidos a algo que les da sentido. Dentro de los espacios sociales a los que pertenecemos, esos sonidos nos permiten coordinar acciones con otras personas. Los sonidos no son en sí el lenguaje, sino que, cuando comienzan a interpretarse, se

A hablar revelamos quienes somos y quien nos escucha puede no solo escuchar lo que decimos, puede también escuchar el ser que se constituye al decir aquello que decimos. El hablar no solo nos crea, sino también nos da a conocer, nos abre al otro, quien, a través de la escuchar, tiene una llave de acceso a nuestra forma de ser, a lo que llamamos el alma humana. Tal como dijéramos, éste es el tipo de escuchar que es propio del coaching ontológico. Se trata de un escuchar que trasciende lo dicho y que procura acceder al “ser”. Es precisamente en este sentido que se trata de un escuchar “ontológico” Proxemia Aquí entra a jugar la proxemia como el estudio de las relaciones de proximidad y de alejamiento entre las personas y los objetos durante la interrelación. Se refiere a las posturas que se adoptan, así como a la existencia o ausencia de contacto físico. Contexto: hablamos de contexto al referirnos al espacio físico, lo que nos rodea y también a ese espacio intangible o simbólico que se da en lo relacional y que está constituido por múltiples factores que condicionan lo que suceda en la conversación. El espacio simbólico de cada uno de los participantes en la relación es todo aquello que viene con las personas antes del encuentro. Aceptar la legitimidad de los integrantes del encuentro será una de las claves para dar el salto a un espacio relacional generativo. Eso invita al otro a hablar abiertamente, libremente y a recibir lo dicho por él sin argumentar o replicar, sin prejuicios o exigencias. Así como somos totalmente responsables de lo que decimos, somos responsables de lo que escuchamos y absolutamente responsables de lo que nuestro decir dispara en el otro. Para asegurarnos una distancia óptima, debemos considerar que los seres humanos tienen diferentes patrones de aprendizaje. Existen tres patrones fundamentales de personas:

  1. Las personas principalmente auditivas representan gran parte de sus aprendizajes del mundo relacionadas con el oído. Poseen un nivel de energía más tranquilo, su voz es más grave, son personas más sedentarias, su respiración es homogénea, su apariencia es buena y conservadora, no llaman la atención, son muy pensativos, se interesan por escuchar, poseen mucho diálogo interno, su discurso es muy importante, cuidan mucho de las palabras que utilizan. Hablan con cautela usando un tono tranquilo y armónico. Suelen recordar a menudo los nombres de las personas, y no olvidan las palabras porque tienen gran capacidad para escuchar lo recordado. Las reglas y leyes son muy importantes para los auditivos. Es conveniente decirles las palabras adecuadas en el tono correcto, ya que ruidos, chillidos o agudos lo ponen de mal humor. El movimiento ocular de los auditivos es hacia la derecha y a la izquierda en el medio, rango ocular hacia los oídos.
  2. Las personas principalmente visuales, tienen preferencia por las imágenes. En general, son personas con alta energía, tienen movimientos rápidos, siempre están haciendo algo, entienden al mundo tal y como lo ven, recuerdan imágenes, y se visualizan el futuro, el aspecto es importante, suelen estar arregladas y tener sus cosas ordenadas. Tienen una respiración rápida y superficial, su voz en general es aguda y, como piensan en imágenes, habla de prisa y utilizan metáforas visuales. Los visuales recuerdan los rostros, los lugares,

no los nombres. Tienen la cabeza erguida, y cuando hablan tienden a mover los ojos hacia arriba.

  1. Los kinestésicos representan y aprenden del mundo a través de los sentidos del tacto, el gusto, el olfato o las emociones. Llevan el corazón en la piel. Son personas más relajadas, se mueven despacio. Suelen vestirse cómodos, y habla pausadamente. Los kinestésicos se interesan por la comodidad, y la de los demás, gustan de los deportes, la buena comida, las experiencias, sin personas muy sensibles y siempre dispuestos a ayudar, gustan del contacto físico con las personas y la naturaleza. Desean la cercanía de las personas, y cuando saludan suelen tocar, prefieren actividades donde puedan tocar, degustar, sentir. Frecuentemente tienen la cabeza inclinada pues así acceden a sus sentimientos. Su mirada tiende a estar hacia abajo a la derecha.