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LA REPÚBLICA - PLATÓN., Apuntes de Teoría Política

Resumen de los primeros VII libros de "La República" de Platón.

Tipo: Apuntes

2019/2020

Subido el 06/04/2020

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stefania-quevedo 🇦🇷

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LA REPÚBLICA- PLATON
LIBRO PRIMERO
Sócrates llega al Pireo con la compañía de Glaucon, allí realizaban una fiesta en honor a una diosa. Se encontraron
con Polemarco (y otros más), quien los invitó a la fiesta en donde podrán conversar.
Sócrates y Glaucon visitan la casa de Polemarco y, allí, Sócrates se reencuentra con Céfalo (padre de Polemarco),
quien le dice que debe ir más seguido a la ciudad (para hablar) ya que él no puede hacerlo por su edad, en dicha
conversación Sócrates le comenta que le complace conversar de los hombres de mucha edad ya que ellos ya han
recorrido un camino que todos deberemos caminar y le pregunta cómo es ese camino, áspero y difícil o fácil y
cómodo.
Céfalo le comenta a Sócrates que suele reunirse con otros hombres de edad mayor a conversar y la gran mayoría
habla negativamente de la vejez, culpa a esta de todos los males que le acogen, creen que sólo se vive en la juventud
y que la vejez ya no es vida. Sin embargo, Céfalo aprendió que el problema no es realmente la vejez, sino el carácter
de los hombres, ya que si ellos fuesen sensatos y complacientes, la vejez seria moderadamente penosa; y si no lo
son, no sólo la vejez, sino también la juventud resultan difíciles.
Céfalo heredó grandes riquezas y, por lo tanto, no tomaban muy en serio sus dichos, ya que cualquier rico soporta
fácilmente la vejez. Sin embargo, esa ventaja no debe de importarle a muchos, lo que más importa en la vejez son los
temores e inquietudes acerca de las leyendas sobre el Hades y el castigo que allí debe pagarse por las injusticias
cometidas antes de morir. La mayor riqueza es la de hacer lo justo no engañar, ni mentir a nadie, ni siquiera
involuntariamente, y no deberle sacrificio a una divinidad ni dinero a un hombre.
Entonces Sócrates refuta la concepción de justicia de Céfalo (dicha por Simónides), argumentando que la justicia no
puede ser lo mismo que devolver a cada uno lo que se ha recibido ya que, por ejemplo, si un amigo nos ha prestado
un arma y luego ese amigo pierde la razón y nos las pide, corriendo riesgo de que ocurra un inconveniente, no puede
ser justo que se las devuelva. Céfalo acepto y compartió el argumento y posteriormente fue a realizar su sacrificio a
la diosa.
Aquí surge una nueva concepción de justicia: hacerle el bien a los amigos y el mal a los enemigos.
Entre Polemarco y Sócrates llegan a la una conclusión momentánea en la cual la justicia es inútil en el uso de cada
cosa y útil cuando no se hace uso de ella. Por ejemplo, para construir un bote es necesario un constructor, no un
hombre justo.
Entre Polemarco y Sócrates concluyen que los hombres pueden confundirse al determinar quiénes son sus amigos
(buenos) y quienes sus enemigos (malos), ya que es habitual en los hombres aparentar ser algo que no se es. De esta
manera se llega a una nueva conclusión: es justo el tratar bien al amigo que es bueno y perjudicar al enemigo que es
malo.
Sócrates determina que hacerle mal a una persona, vuelve más mala a esa persona, y un hombre justo debe buscar
crear personas justas, personas buenas, por lo tanto, el hombre justo no debe hacer mal a nadie.
Trasímaco dice que lo único que hacen Sócrates y Polemarco es darse la razón el uno al otro.
Sócrates le pide a Trasímaco que de su opinión sobre lo que es justo.
Trasímaco dice que Sócrates aprende de los demás pero que no agradece por eso, Sócrates refuta que él no paga con
dinero porque no tiene, pero que paga elogiando. Posteriormente Trasímaco establece que la justicia es el interés
del más fuerte (el interés del gobierno constituido, por ejemplo, las democracias establecen leyes que benefician su
interés democrático, las aristocracias de igual manera y las monarquías también). Sócrates comienza a examinar
dicha definición.
Sócrates determina, tal como Trasímaco, que los más débiles han de obedecer a los más fuertes pero agrega que los
más fuertes pueden equivocarse y ordenar a los más débiles que realicen tareas perjudiciales para ellos mismos.
Trasímaco establece que cuando un jefe de estado se equivoca, en ese momento no puede ser considerado jefe de
estado, y que sólo se equivoca cuando deja de serlo. De esta manera el más fuerte nunca se equivoca y la justicia es
aquello que él establece según su interés.
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LA REPÚBLICA- PLATON

LIBRO PRIMERO

Sócrates llega al Pireo con la compañía de Glaucon, allí realizaban una fiesta en honor a una diosa. Se encontraron con Polemarco (y otros más), quien los invitó a la fiesta en donde podrán conversar. Sócrates y Glaucon visitan la casa de Polemarco y, allí, Sócrates se reencuentra con Céfalo (padre de Polemarco), quien le dice que debe ir más seguido a la ciudad (para hablar) ya que él no puede hacerlo por su edad, en dicha conversación Sócrates le comenta que le complace conversar de los hombres de mucha edad ya que ellos ya han recorrido un camino que todos deberemos caminar y le pregunta cómo es ese camino, áspero y difícil o fácil y cómodo. Céfalo le comenta a Sócrates que suele reunirse con otros hombres de edad mayor a conversar y la gran mayoría habla negativamente de la vejez, culpa a esta de todos los males que le acogen, creen que sólo se vive en la juventud y que la vejez ya no es vida. Sin embargo, Céfalo aprendió que el problema no es realmente la vejez, sino el carácter de los hombres, ya que si ellos fuesen sensatos y complacientes, la vejez seria moderadamente penosa; y si no lo son, no sólo la vejez, sino también la juventud resultan difíciles. Céfalo heredó grandes riquezas y, por lo tanto, no tomaban muy en serio sus dichos, ya que cualquier rico soporta fácilmente la vejez. Sin embargo, esa ventaja no debe de importarle a muchos, lo que más importa en la vejez son los temores e inquietudes acerca de las leyendas sobre el Hades y el castigo que allí debe pagarse por las injusticias cometidas antes de morir. La mayor riqueza es la de hacer lo justo no engañar, ni mentir a nadie, ni siquiera involuntariamente, y no deberle sacrificio a una divinidad ni dinero a un hombre. Entonces Sócrates refuta la concepción de justicia de Céfalo (dicha por Simónides), argumentando que la justicia no puede ser lo mismo que devolver a cada uno lo que se ha recibido ya que, por ejemplo, si un amigo nos ha prestado un arma y luego ese amigo pierde la razón y nos las pide, corriendo riesgo de que ocurra un inconveniente, no puede ser justo que se las devuelva. Céfalo acepto y compartió el argumento y posteriormente fue a realizar su sacrificio a la diosa. Aquí surge una nueva concepción de justicia: hacerle el bien a los amigos y el mal a los enemigos. Entre Polemarco y Sócrates llegan a la una conclusión momentánea en la cual la justicia es inútil en el uso de cada cosa y útil cuando no se hace uso de ella. Por ejemplo, para construir un bote es necesario un constructor, no un hombre justo. Entre Polemarco y Sócrates concluyen que los hombres pueden confundirse al determinar quiénes son sus amigos (buenos) y quienes sus enemigos (malos), ya que es habitual en los hombres aparentar ser algo que no se es. De esta manera se llega a una nueva conclusión: es justo el tratar bien al amigo que es bueno y perjudicar al enemigo que es malo. Sócrates determina que hacerle mal a una persona, vuelve más mala a esa persona, y un hombre justo debe buscar crear personas justas, personas buenas, por lo tanto, el hombre justo no debe hacer mal a nadie. Trasímaco dice que lo único que hacen Sócrates y Polemarco es darse la razón el uno al otro. Sócrates le pide a Trasímaco que de su opinión sobre lo que es justo. Trasímaco dice que Sócrates aprende de los demás pero que no agradece por eso, Sócrates refuta que él no paga con dinero porque no tiene, pero que paga elogiando. Posteriormente Trasímaco establece que la justicia es el interés del más fuerte (el interés del gobierno constituido, por ejemplo, las democracias establecen leyes que benefician su interés democrático, las aristocracias de igual manera y las monarquías también). Sócrates comienza a examinar dicha definición. Sócrates determina, tal como Trasímaco, que los más débiles han de obedecer a los más fuertes pero agrega que los más fuertes pueden equivocarse y ordenar a los más débiles que realicen tareas perjudiciales para ellos mismos. Trasímaco establece que cuando un jefe de estado se equivoca, en ese momento no puede ser considerado jefe de estado, y que sólo se equivoca cuando deja de serlo. De esta manera el más fuerte nunca se equivoca y la justicia es aquello que él establece según su interés.

Sócrates plantea que, por ejemplo, un médico (quien gobierna el cuerpo) no ha de hacer lo que le es de interés para sí, sino lo que le es de interés para su paciente, de igual manera, quien gobierna un pueblo no puede hacer lo que le es de interés para sí, sino lo que le es de interés para sus gobernados. Podemos concluir que el más fuerte no ordena según lo que le es de interés para sí mismo, sino lo que es de interés para el débil, el subordinado. Trasímaco primeramente dijo que la injusticia es un vicio y la justicia una virtud, luego se contradijo diciendo que la injusticia tiene utilidad, la justicia no. Además, que los hombres injustos son cuerdos y sabios mientras tengan audacia y fuerza suficiente para someter a estados y naciones. Y que el hombre injusto buscará prevalecer sobre todos, incluyendo al hombre justo; mientras que el justo buscará prevalecer sobre el injusto pero no sobre el justo. Sócrates determina que debido a que el injusto buscará sobresalir sobre su contrario y sobre su semejante, es ignorante y malo; mientras que el justo es bueno y prudente porque sólo buscara sobresalir sobre su contrario. Sócrates dice, y Trasímaco coincide, que la injusticia lleva a la discordia, peleas entre unos y otros, y para que un grupo de injustos prevalezca sobre los justos, han de tener cierto grado de justicia (cordialidad, amistad) entre ellos ya que si no, no podrían cometer nada. Y que, además, al ser los dioses justos, están del lado de los hombres justos. De esta manera comprobó que los justos son más sabios, mejores que los injustos y que sólo a partir de la justicia se puede actuar de común acuerdo. Finalmente Sócrates determina que cada cosa cumple una función, y cada función tiene una virtud (excelencia en un arte/tarea) determinada, y aquello contrario a su virtud es su vicio. Así, por ejemplo, el ojo cumple su función de ver, la virtud sería ver excelentemente y su vicio sería la ceguera. De igual manera, la justicia es una virtud del alma y la injusticia un vicio de la misma, por consiguiente, el hombre justo será feliz y el hombre injusto infeliz. Sócrates concluye con que no sabe nada porque aun no ha definido justicia.

LIBRO SEGUNDO

Glaucón definirá que es la justicia (agregando que todos los que la practican lo hacen en contra de su voluntad y que es necesaria) buscando que se alabe a la justicia por sí misma (relacionado con la idea de bien), y luego comentará sobre la vida del hombre injusto. Este asocia a la justicia con la legalidad, dice que aquellos que practican la justicia en contra de su voluntad lo hacen por la imposibilidad de cometer la injusticia. Para sostener esto utiliza el cuento de Gigon: esté se encontró con un anillo el cual le daba el poder de volverse invisible y lo utilizó para cortejar a la mujer del rey y que ésta lo matase, convirtiéndose él en el nuevo rey. De igual manera, si le otorgases tal poder al “justo” como al injusto, ambos acabarían por volverse injustos, ya que sólo se es justo por obligación, porque nadie es justo en privado, porque siempre que se puede ser injusto impunemente se cometen injusticias. Glaucón propone poner al justo en su máxima esencia (totalmente justo) y al injusto de igual manera (totalmente injusto) y describe cómo sería cada uno; el totalmente injusto sería un gran mentiroso que hasta llega a aparentar ser justo sin serlo verdaderamente; el justo es quien ni siquiera busca aparentar ser justo ya que esto le traería algún tipo de recompensa por eso y él solo quiere ser justo por la justicia, no por la recompensa de serlo. Estando uno en su total expresión se podrá definir quién de los dos es más feliz. El justo soportará todos los males y terminará siendo torturado y empleado, reconociendo finalmente que no es necesario querer ser justo, sino parecerlo. Mientras que el injusto manda en su ciudad por su reputación de ser justo, toma a la mujer que quiere y saca provecho de todo lo que puede porque está satisfecho de ser injusto, hasta ofrece sacrificios a los dioses mejor que los justos. De este modo se puede concluir que el injusto es más feliz que el justo.Sin embargo Sócrates sostiene que los dioses no son engañados, estos castigan a los injustos y premian a los verdaderamente justos. Adimanto defiende la tesis de Glaucón y pide a Sócrates que demuestres por qué la justicia debe preferirse a la injusticia teniendo en cuenta los efectos que ambas producen en la vida de los hombres y por qué una es bien y la otra es mal. Para lograr tal empresa, Sócrates propone a los presentes analizar la formación del Estado justo, ya que en este (siendo un conjunto de individuos) existe una justicia mayor que en un individuo y estando en un plano mayor será más fácil de investigar. Los demás asistieron.

madurez intacto, entonces será un gobernante justo. Estos serían guardianes perfectos y los guerreros serían guardianes auxiliares. Llegan a la conclusión de que es necesario convencer a todos los ciudadanos de que son hermanos, que son hijos de la tierra, de la ciudad y, además, que los dioses los formo con una determinada composición: a los guardianes perfectos los hizo con oro; a los auxiliares, con plata; hierro y acero para los agricultores/productores. Sin embargo, puede que los hijos de auxiliares tengan en su composición una mezcla de oro, o que los perfectos tengan en la suya algo de hierro y acero, y así sucesivamente… por lo que los magistrados deberán prestar suma atención para identificar la naturaleza de cada ciudadano desde su infancia o juventud. Sócrates y Glaucón establecen que es necesario que los guardianes no se aprovechen de su poder, ya que no es suficiente afirmar que han sido bien educados, ninguno de ellos tendrá un bien de propiedad si no es necesario, no podrá penetrar a donde quiera, vivirán en comunidad, ya que su composición natural es de oro y plata, no necesitan el oro y la plata de los hombres; de esta manera se los salvaría a ellos y se salvaría al Estado. No tendrán ni tierra, ni casa, ni dinero en propiedad, ya que estas cosas pueden seducirlos y luego pasarían a ser odiados por los ciudadanos.

LIBRO IV.

Glaucón argumenta que para que el Estado sea feliz, todos los ciudadanos han de serlo; y si a los guardianes perfectos no se les permite tener riquezas, ni disfrutar de placeres (como a los de otros Estados) estos serán infelices, a lo que Sócrates refuta con que los guardianes perfectos no han de necesitar de aquellas cuestiones, como ninguno de los ciudadanos han de perseguir aquello que lleve a una ciudad injusta, primero se debe ir en busca de la felicidad del Estado en general. Posteriormente concluyen en que la riqueza y la pobreza son ambas dos males para el Estado; la riqueza lleva al ocio y la pobreza a bajeza (no se podrá ejercer ningún oficio con virtud). Por lo que los guardianes han de enterarse si alguna de estas entra en la ciudad y han de combatirla/s. El Estado no debe ser muy grande y cada ciudadano debe cumplir una tarea, ya que si esto no es así se romperá la unidad del Estado (si un ciudadano busca realizar más de una tarea, comenzará la multiplicidad en la unidad). Las cuatro virtudes del Estado perfecto son prudencia, valor, templanza y justicia. La prudencia del Estado se encuentra en los gobernantes, ya que son estos y sólo estos los que pueden aconsejar bien al Estado para tomar decisiones, ya que su ciencia está fundada en todos los ciudadanos, no en algo particular. El valor se encuentra en los guerreros, ya que son estos los que conservan la opinión sobre las cosas que son de temer. La templanza está no solamente en los agricultores/productores, sino en todos los ciudadanos, se la puede asimilar a la armonía (educación en la música), algo en lo que todos son educados; la templanza es la que permite que los ciudadanos sean dueños de sí mismos y no sean gobernados por los deseos inconscientes. Ahora definen la injusticia y la justicia, la injusticia sería crear la multiplicidad de tareas realizadas por una persona en la unidad del Estado, ya que esto llevaría a la perdición del Estado; para entender la justicia analizarán al individuo. Los tres principios del alma humana son la razón, la cólera y la concupiscencia. En cuanto a la concupiscencia es aquella parte del alma que ama, tiene sed, hambre y persigue las pasiones. La razón es la parte del alma que razona, la cual puede dominar los deseos. La cólera puede estar a favor de la razón cuando se ha recibido buena educación o a favor de la concupiscencia cuando no ha sido así. El hombre justo será quien pueda controlar la cólera y la concupiscencia con su razón, y aquel que se dedique a su tarea natural de ser, aquel que de discipline y que sea templado, lleno de armonía. En cambio, la injusticia es la intemperancia, la cobardía, la ignorancia y, en resumen, todo vicio y debilidad del alma.

CAPITULO V

En un Estado justo las mujeres tendrán idénticas funciones y educación que los hombres, la diferencia de sexo no entraña en las aptitudes, incluso es ventajoso que así sea. Respecto de las uniones entre individuos, se buscará hacer las más beneficiosas para el Estado (mejorar la raza). Se unirá carnalmente a los (30-55 años) mejores con las (20-40 años) mejores lo más a menudo posible, y a los más inferiores con las más inferiores lo más raramente posible; y se educará a los hijos de los primeros; todo esto deberá

mantenerse en secreto entre los magistrados para evitar discordias. También deberá mantenerse el número de ciudadanos, teniendo en cuenta las guerras, enfermedades y accidentes naturales. Tanto las mujeres como los hijos serán comunes a todos los guardianes, estos compartirán todo menos su cuerpo y serán alimentados por el pueblo. Los hijos serán educados para la guerra, yendo a estas como ayudantes de los guerreros. Aquellos guerreros que se destaquen por su valentía podrán ser considerados de oro. No es justo que los griegos esclavicen ciudades griegas, por lo tanto, los guerreros no han de hacerlo y de esta manera podrán aliarse y combatir a los bárbaros; además no despojarán a los muertos. La guerra es contra los que son diferentes de raza y de sangre (barbaros), y la discordia es entre pueblos unidos por parentesco y origen (griegos). En la guerra entre los griegos, los guerreros no quemarán casas ni destruirán la tierra, ya que ella es su madre, sólo podrán robar la cosecha de un año, esto se debe a que son correctores, no enemigos. Glaucón interrumpe a Sócrates, le pide que deje de vacilar y que determine cómo pretende realizar esta Constitución. De esta manera Sócrates analiza los Estados ya existentes y analiza la manera en la que estos podrían parecerse más a su modelo de Estado justo, y esta manera es que gobierne un filósofo. Los males seguirán devastando los Estados y a los humanos en tanto no reine un filósofo. La naturaleza ha hecho a los filósofos para gobernar y a los demás, para ser gobernados. Alguien que ama una cosa debe, si se dice justicia, mostrar su amor no por una parte sino por la cosa entera. El filósofo es aquel que ama el conocimiento, el conocimiento absoluto; y debe de distinguirse del curioso ya que este es quien ama la belleza de las cosas (la apariencia), en cambio, el filósofo es quien ama la belleza en sí (la verdad). Aquí, Sócrates explica que aquel que conoce ha de conocer lo que es, porque lo que no es, es incognoscible, y lo que es, es absolutamente cognoscible; y lo que está entre el no ser (ignorancia) y el ser (verdad/conocimiento) es la opinión (apariencia). Los filósofos son aquellos que al amar el conocimiento, aman el ser y, por lo tanto, aman la verdad, siendo estos los más sabios.

LIBRO VI

Los que no son filósofos sólo conocen las apariencias, la opinión, aquellos que es mutable y que cambia constantemente, están ciegos porque no pueden ver la belleza absoluta, la verdad, el ser en sí mismo, en cambio los filósofos son quienes pueden mirar la verdad y desde ella establecer las leyes de lo bello, de lo justo, de lo bueno, estos han de ser quienes gobiernen, si se quiere ser sensato. Además, estos, al ser amantes del conocimiento, han de tener buena memoria, su alma no encierra ninguna bajeza, sólo buscan la verdad y deben repudiar la mentira, son mesurados, valerosos y templados. Adimanto determina que los filósofos no sirven para gobernar, ya que de nada sirve la enseñanza que estos reciben y que nadie los escucha. Sócrates le responde con la comparación del barco. En un barco se pelean los marineros unos con otros para conseguir el timón, uno de ellos más corpulento, mas fuerte, poco más sordo, corto de vista y también corto de conocimientos de piloto es quien, apoyado por algunos otros marineros, toma el timón, estos marineros ofrecen placer al patrón (lo embriagan y distraen con deseos), mientras ellos sacan provecho de la situación, aquel que realmente tiene conocimientos como piloto no va a rogar a los demás marineros para que lo conviertan en el nuevo patrón, porque el orden natural no es que el sabio ruegue obediencia. En los Estados actuales ocurre eso, los que aparentan ser los sabios desprestigian a los que realmente lo son. Estos que aparentan ser sabios son los sofistas, poco interesados en la verdad, orientados a la apariencia y a la opinión, siendo naturales mediocres que nada grande harán para nadie, mucho menos para el Estado. De allí surge la pregunta ¿cómo debe el Estado, tratar a la filosofía? El Estado ha de enseñar desde la infancia cuestiones filosóficas. Con el tiempo la enseñanza ira dificultándose.