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mito de roland barthes, Apuntes de Semiótica

Asignatura: semiotica de la comunicacion de masas, Profesor: Asuncion Bernardez Rodal, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 24/02/2014

noeemii93
noeemii93 🇪🇸

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¡Descarga mito de roland barthes y más Apuntes en PDF de Semiótica solo en Docsity!

¿Qué es un mito en la actualidad? Daró una primera respuesta muy simple, que coincido perfectamente con su etimología: el mito es un habla2 EL MITO ES UN HABLA Claro que no se tata de cualquier habla: el lenguaje necesita condiciones particulares para convertirse en mito, De estas condiciones hablaremos en seguida, Pero lo que drsde ya sabemos plantear como fundamental es que el mito constituye un sistema de comunicación, un mensaje, Fsto indica que el mito no podría ser un abjeto, un concepto o una idea; se trata de un modo de significación, de una forma. Más adelante habrá que imponer a esta forma límites histáricos, condicio- nes de empleo, reinvestir en ella la sociedad; nada im- pide, sin embargo, que en un principio la describamos como forma, Sería totalmente ilusorio pretender una discrimina- ción sustancial entre los objetos míticos: si el mito es un habla, todo lo que justifique un discurso puede ser mito, El mito no se define par el objeto de su men- saje sino por la forma en que se lo proficre: sus Éímites son formales, no sustanciales, ¿Entonces, todo puede ser un mito? Sí, ya creo que sí, parque el universo es infi- nitamente sugestivo. Cada objeto del mundo puede pasar de uma existencia cerrada, muda, a un estado oral, abierto a la apropiación de la sociedad, pues nin- guna ley, natural o no, impide hablar de las cosas. Un Árbol es un árbol. No cabe duda. Pero un árbol narrado 2 Se me objetarán mil otros sentidos de la palabra míto. Pero yo he buscado definir cosas y no palubras, 1199) 20 EoMITO, may vor Mision Dronet deja de ser exsictamente un Árbol, es un áebel decorado, adapraco a an determinado con ries, de ceba uso social que . investido de complacenciós )iera camientos, de imágenes, en suma, de y srea a la pura materia Por puesto no todo enma en el mísico momento aleuros objetos se convierten eu presa de la palabra íbira durante un Uempo, Jurgo desaparecen y elos seupar sar, acceder al mito, ¿No existen objetos latulmente sugestivos, ciano decía, Baudelaire refirién- la mujer? No, vo lo erco. Se pusden concebir ss, pero no hay mitos eternos, Puesto sumo 1 dose mios muy que la historia imuoara es Ja que hace pasar lo tea) estado de halva, sólo ela regula la vida y la muerte art Jenguaje anítico, Esjana o no, de mitología 500 puede. tener fundamento Jisiórico, pues el mito es un balla elegirla par la historia ao surge de la “natura tien dle las cosas. Exte habla es on mensaje y, por lo tanto, no nece- riamente debe ser oral; pueds estar funmada de escr turas y representaciones: el eisenrso escrito, así como la fotografía, el cine, el reportaje, el deporte, dos espec- táculos. Ja publicidad, iodo ¡mede servir de soporte pera el habla evtica Elomito vo puede definirse ai por su to 13 per su nintería, puesto que cualquier materia puede sey Cotada iitaramente dle significación: la fJecho: que se entrega para significar un desafío es tam tiéncun habla, Sin deda, en el orden de la percepción, la imagen y la escritura, por ejemplo, no requieren el ismo Úpo de conciencia. La imagen, a su vez, es amerepsible de amuclos mmacios de lemas un esque- ma se presta a lo significación ancho más que un di- boo, ama Imitación anás «que vn original, una caricatura más ae ooo retrato, Pero, bptusente, ya no se trata de uua fcoma teórica de representación: se trata de + imagen, ofrecida: para esta sigrificación. La palabra mítica estío copstiucida por una materia ya trabajada cvensando en una cormulcación apropiada. Por eso to- ran representativos O $ lez: o! es dos loz materiales del nico, Y META GM SISTEMA AMLO CÓNEOO. 20 ponsa uns : conciencia significante que ¡mede razonar scbre ellos independientemente de su materia aro que esta materia no es indiferente: la imagrr sin duda, es más imperativa que la escrimra, impone ta significación en bloque, sin analizada 0) dispersarla. Pero esto no es una diferenciación constitutiva. La ima- gen deviene escritura a partir del momento en que es significativa: coro la escritura, supone una lexis. Par lo tanto, en adelante entenderrmos por lenguaje, discurso, habla, ete., toda unidad o tada sintesis signi ficativa, sra verbal o visual; para nosotros, una foto grafía será un habla de la misma manera que un artículo de periódico. Mesta Jos objetos podrán trans Tormarss en habia, siempre que signifiquen algo. Esta forma genérica de ennccbir el lenguaje está justificada, aderuás, por la historia de Jas escrituras: antes de la invención de nuestro alfabeto, ebjetos como el quipú inca o dibujos como los pictogramas, constituyeron ha- blas regulares. Esto no significa que debamos tratar el habla mítica como si fuera la lengua: en realidad, el suilto pertenece a una ciencia general que incluye a la lingiística: la semiología £L MITO COMO SISTEMA SEMIOLÓDICO En efecto, como estudio de un habla la mitología no es más que un fragmento de esa casta riencia de los signos que Saussure postuló hace unos cuarenta años bajo el nombre de semiología. Ja serología no está todavía constituida. Sin embargo, desde cl propio Sans veces independientemente de él, un: sure y a buena parte de la investigación contemporánea vuelve teiteradamente al problema de la s ción; el priccanálisis, el estrue luralisino, la psicología eidótica, algunas nuevas tenta- tivas de crítica literaria de las que Bachelard us el ejemplo, sólo se interesan en estudiar el hecho en la mo- 204 En OMITA, HOY se dejan descomponer perfectamente en rosas y en pa sión; unas y otra existían antes de unirse y formar ese tercer objeto que es el signo. Así como es cierto que en el plano de lo vivido no puedo disociar las rosas del mensaje que conllevan, del mismo modo en el plano del análisis 110 puedo confundir las rosas como signifi cante y las rosas como signo: el significante es hueco, el signo es macizo, es un sentido, Veamos otro ejemplo: a uma piedra negra puedo hacerla significar de muchas maneras, puesto que se trata de ue simple significante, Pero si la cargo de un significado definitivo (por ejem- plo, condena a muerte en un voto anónimo), se con- vertirá en un signo, Entre el significante, el significado y el signo existen, naturalmente, implicaciones funcio. nales (como de la parte al todo) tan estrechas que el análisis puede parecer inútil; sin embargo en seguida veremos «que esta distinción tiene una importancia ca- pital para el estudio del anito como esquema semivló- gico. Naturalmente, estos tres términos son puramente formales y se les puede adjudicar contenidos diferen- tes. Algunos ejemplos: para Saussure, que trabajó un sistema semiológico particular aunque metodológicamen- te ejemplar, la lengua, el significado es el concepto, el significante la imagen acústica (de orden psíquico) y la relación de concepto e imagen, el signo (la pala- bra, por ejemplo) o entidad concreta? Para Freud, como se sabe, el psiquismo es un espesor de equivalen- cias, un equivale a. Un término (me abstengo de olor- garle preeminencia) está constituido por el sentido manifiesto de la conducta, otro por su sentido latente o sentido propio (por ejemplo el sustrato del sueño); el tercer término es también una correlación de los dos primeros: es el sueño en sí mismo, en su totalidad, el acto fallido o la neurosis, concebidos como compro- mmisos, como economías operadas gracias a la unión de 4 La noción de palabra es una de los más discutidas en Engifatica. La mantengo para simplificar, EL MITO COMO SISTEMA SEMIOLÓGICO 205 una forma (primer lérmins) y de una función inten- cional (segundo término). Se puede observar en qué medida es necesario dUstinguir el signo del significante: el sueño, para Freud, ni 6s su dato manifiesto, ni su contenido latente; es el vínculo funcional de dos dos términos, Pinaimente, en la crítica sartrcana (me limi. taré a estos tres ejemplos conocidos) el significado está constituido por la crisis original del sujeto (la separa» ción lejos de la madre ea Baudelaire, la denominación del robo en Genet); la literatura coma discurso forma el significante y la relación de Ja erisis y del discurso define" la obra, que constituye una significación. Por cierto que este esquema tridimensional, por constante que sea en su forma, no se realiza de la misma manera: siempre es oportuno repetir que la semiología sólo puede tener unidades a nivel de las formas y no de los conte- nidos; su campo es limitado, se asienta sobre 1 len guaje, realiza una sola operación: la lectura o el desci framiento, En el mito reencontramos el esquema tridimensio- nal al que acabo de referirmo: el significante, el sigui- ficado y el signo, Pero el mito es un sistema particular por cuanto se edifica a partir de una cadena semsoló. gica que existe previamente: es un sistema semiológico segundo, Lo que constituye el signo (es decir el total asociativo de un concepto y de una imagen) en el pri mer sistema, se vuelve simple significante en el segun do. Recordemos aquí que las materias del habla mítica (lengua propiamente dicha, fotografía, pintura, cartel, rito, objeto, etc,), por diferentes que sean en un prin» cipio y desde el momento en cue son captadas por el mito, 5e reducen-a u0a pura función sigolfícante: el mito encuentra la misa materia prima; su unidad consiste en que son reducidas al simple estatuto de lenguaje, $: trate de grafía de letras o de grafía pictórica, el mito sólo reconoce en ellas una suma de signos, un signo global, el término final de una privera cadena semios lógica. Y es precisamente este término final el que va a convertirse en primer término o término parcial del To ELOMITO, ALO sistema amplificado que edifica. Es como si el mito desplazava de uivel al sistenia Sormal de las primeras ciones. Como esta traslación es capital para análisis del mito, la representará mifie, de la manera signierio haciendo la salvedad de que la esparialización cel es quema sólo constituye uma simple metáfora; 2. significado De signo LM SIGNIFICADO 1 SIGHINIGANTE dl E aos Mo saya E , Lio sgoiticaner | | ¡ atenas semio- Como se ve, existen en el mito dos s: lógicos de los enales timo está desencajado respecto al otro: un sisteuca Jingúística, Ja dengna (o los modos de representación que le son acimilados), que llartaré fenguaje objeto, porque es el lenguaje del que el mito se toma para sonstevic su propio sistema; y el mito mis- mo, que llamaré metalenguale porque es una segunda lengua em la cual se habla de la primera. Al reflexionar sobre un aetalenguaje, el semiólego ya no tiene que pegontare sobre la composición del lenmuaje objeto, ya omo necesita lener en cuenta el detalle del esquema Engúístico: tendrá que conocer sólo el término (ota) o signo gioha) y únicamente en la medida en que este térmico se preste ad ito, Por esta razón el semiélogo está ausorizado a tratar de je reisima imanera lu eseritara y la imagen: lo que cetiens de ellos es que ambas son signos, llegan al ambral del sito dotadas de la misma función significante, una y ota corstituyen un Tenguaje objeto. Consideremos uno e dex ejemplos de habla mítica El primero lo tomaré de uma observación de Valéry: * 1 Pel Quel o, po J0 YA, MITO COMO SISTEMA ARMIOLÓOTCO 207 soy alumno de quinto en un liceo francés; abre mi gras mática latina y leo una frase tomada de Esopo o de Fedra: quía ego nominor leo, Me deteogo y pienso: en esta proposición hay una ambigñicdad. Por una paste las palabras tienta un seutido simple: pues yo me demo deón, Por otra parte la frase está ima para siguificarme osa cosa: en da medida en que se dirige a mí, alumno de quito, me dice claramente: soy un ejemiplo de gramática destinado 1 ilustrar da regla de concordancia del atributo. Estoy inclusiva for zado a reconocer que la frase no 310 sigrifica en abso- luto su sentido, husra escasamente hablarme del león y de la manera como se nombra; su significación ver dadera y última es la de imponerse a mí como presencia de una particular concordancia del atributo. Mi conci sión es que estoy frente a un sistema semiológico par ticular, ampliado, porque es extensivo a la Jengua. te un significante, pero ese significante está tormado por una suma de signos, es en sí mismo un primer sistema semiológico (me lama león), Por la demás, el esquera formal se desarrolla correctamente: hay wa significado (soy un ejemplo de gramática) y una significación go bal que es precisamente la comlación del sigoificante y el significado; porque wi la denominación del león, ni el ejemplo de gramática me son dados separada mente, Veamos otro ejemplo: estoy en la peluquería, me ofrecen un número de Paris-Match. En la portada, us joven negro vesúdo con uniforme francés hace la venía con los ojos levantados, fijos sin duda en los pliegues de la bandera tricolor, “Val el sentido de la iEnage Sin embargo, ingenuo e 110, percibo correctamente lo que me significa; que Francia es un gran imperio, que todos sus hijos, sin «Ustivción de color, sirven fielmente bajo su bandera y que no hay mejor respuesta a los detractores de un pretendido cosonialismo que el culo de ese negro en servir a sus pretendidos opresores. Me encuentro, una vez más, ante un sistema semiológico amplificado: existe un significante formada a su vez stamente alú Ex zm ml. MITO, HOY en ana especie de altermancia veloz: es necesario que la forma pueda volver permanentemente 2 echar raices en el sentido y alimentarse naturalmente de él; sobre todo €s necesario que en él pueda ocultarse, Lo que define alomito es este interesante juego de escondidas entre el sentido y ia forma. La forma del mito no es un símbolo: el negro que saluda na es el símbolo del impe- vio francés, tiene demasiada presencia; se ofrece como una imagen sica, vívida, espontánea, inocente, indísci tille. Pero al imismo Ucimpo esta presencia está some- tida, alejada, vucita como transparente; se retira un poco, se hace cómplice de un concepto que recibe ya armado, “la imperialidad” francesa: se convierte en una presencia prestado. Vayuuws ahora ad significado: esta historia que se desliza fuera de la forma va a ser totalmente absorbida pur el concepto, El concepto, por su parte, está deter- minado: es a da vez bistórico e intencional; es el móvil que hace proferir el mito. La “ejemplaridad” grama- tical, la “imperialidad” francesa, constituyen la pulsión misma del mito, El concepto vestablece uma cadena de causas y efectos, de wóviles e intenciones. En contraste con la forma, Al concepto nunca es abstracto; está Leno de una situación, Á biavés del concepto se implanta en el mito una historia nueva; en la denonúnación del Icón, previamente vaciada de sa contingeocia, el ejem lo de gramática va a convocar tada mi existencia: el tienpo, que me instala en una determinada época en que se enseña Ja gramática latina; la historia, que me distingue, a través de un juego de segregación social, de las oóños que o aprenden el lazín; la tradición pedagógica que cbliga a elegir ese ejempio en Esopo o an Fedra; mis propics húbitos Iingiísticos que veo en da concordancia de ríbuto un hecho importante, digno «de ser ilustrado, Lo mismo ocurre con el negro que saluda: como ferina, el sentido es restringida, aisla» imperialidad” del mundo rianmdo, 1 sus asentigas colo. do, empobrecido; como concepto de la 4 brancesa ose anda otra vez a la totalidad 2 la historia germinal de IA YORMA Y PL CONCERTO 21m niales, a sus dificultades presentes, Pstrictamente, en el concepto se inviste más un cierto conocimiento de lo real que lo real mismo. Ál pasar del sentido a la forma, la imagen pierde saber para recibir mejor una por ción de concepto. El sabge contenido en el concepto en realidad, un saber confuso, formado de asociaciones débiles, ilimitadas, Es necesario insistir so- bre este carácter abierto del concepte: de ninguna ma nera se trata de mna esencia abstracta, purificada, es una condensación inestaale, nebulosa, cuya mnidad y coherencia Cependen sobre todo de la función. En este sentido puede decizse que el carácter fundamental del concepto mítico es el de ser apropiado: Ja “ejemplari- dad” gramatical concierne a una ciase determinada de alumnos, la “imperialidad” francesa debe conmover a un grupo de Jectores y no a otros: el concepto responde estrictamente a una función, se define como una ten- dencia, Esta caracterización nos recuerda el signifi. cada de otro sistema semiológico, el freudiano: en Freud, el segundo término del sistema cs el senti do latente (el contenido) del sueño, del acto falii- do, de la reurosis. Así Freud señala que el sentido segundo de la conducta es su sentido propio, es decir apropiado a una situación completa, profunda; es, al igual que el concepto mítico, la intención misma de la conducta. Un significado puede tener varios significantes: éste es especialmente el caso del significado lingúístico y del sienificado pstu Jitico, Es también el casa del con- cepto mítico, que tisne a su disposición una masa ilimi- tada de sigaificantes: puedo encontrar mil frases Jatinas que me hagan presente la concordancia del atributo mil imágenes que me signifiquen la “imperialidad” francesa. Esto quiere decir que el concepto £s cuantita- tivemente mucho más pobre que el significante; a me- nudo no hace más que re-presentarse, Do la lorma al 2 concepto, pobreza y riqueza están en proporción Ínvers ala pobreza cualitativa de la forma, depositaria de un sentido disminuido, corresponde la riqueza de un con- q Ll MID, HOY cepto abie:to a toda ja historia; a la abundancia cnan- ativa de las forires corresponde mn nómeso pequeño de concepens. Esta repetición del concepto a través de torias diferentes, es preciosa para el mitólogo ya que permite descifrar el mito: la insistencia de una conducta es la que muestra su intención. Esto confirma que no bay relación regular entre elo volunen del significado y eb del significantes en la lengua esta relación es pros percionada, casi no excede la palabra, o par lo menos la unidad concreta Por el conteario, en el mito el eomrepto puede extendeise a través de una extensión seany grande de significante: por ejemplo, un libra en sero puede sec el iguifizante de yn solo concepto y a la inversa, una forma minúscula [una palabra, un gesto, aun Jateral, sempre que sen notado) podrá servir de sgalficante aun concepto compa de una rica histori da, Esta desproporción entre el significante y el significado na es privativa del mito: en Freud, por ejemplo, el arte fallido es un significante de una pequeñez sn propor- ón cor el verdadera sentido que traiciona. Como ya lo he dicho, en los conceptos míticas no hay oincura fijeza: pueder hacerse, alterarse, deshas verse, desaparecer completamente, Prerisamente porque son históricos, Ja historia con toda facilidad puede su- primirlos, Esta inestabilidad obliga al titólogo a mane- jer ura terminología adantada decir algunas cosas, pues a menudo os fuente de ironía: se trata ciel mentogismo, El ez ber da que quisierá acepto es un elemento combi eate del ito: si Cesuo descifrarlo te es also. lutamente 1 ao poder mocbrar dus conceptos, E diccionario proporciona algamos: Ja bondad, la caridad, Ja sartidal, la harmanidad, ete. Pero por deTinición, pues- to que es el diccionario el que me los da, e no son Jristóricos. 59 embargo, lo que más necesito con Fecuencia son coucejitos cúmeros, ligados a contingencias lircitadas: el neojogismo se vuelve iroctable. La China tos conceptos es una cosa; la ide que pedía hacerse de ella hasta no hace demasiado tempo un pogueñoburgués francés, es para esa mencla especial de campanillas, rieshas LA BIONIPIGACIÓN a y fumaderos de opio, no existe otra palabra posible que chinidad. Es posile que no sea bella, Consolémmon: reconociendo que, al menos, el neologismo conceptaa. mo es nunca subltiario: está consteuido sobre ura regla proporcional muy sensata * LA SIONTFICACIÓN: En semiología, como se sabe, el tercer término no es otra cosa que la asociación de los dos primeros: es el único que se muestra de una manera plena y suficiente, es el único que se consume efectivamente, Le he dedo un nombre: significación. La significación es el omite músmo, así como el signo sanssuriano es la palabra (o más exactamente la entidad concreta). Pera antes de dar los caracteres de la sirmificación es necesario reflexionar un poro subre la manera en que se prepara, es decir, sobre los modos de correlación del concepto y de la forma míticos. En primer lugar hay que señalar que en el mita los dos primeras términos son perfectamente manifiestos (contrariamente a lo que sacede en otros sistemas semio- lógicos): uno no está “escendido” detrás del otro, dos dos se dan aquí (y ono uno aquí y el ctra allá), Per 19 1 más paredójico que pueda parecer, el mito no oculta nada: su función es la de deformar, no la de hacer desaparecer, Na hay allí ringura latencia del concepto en relación con la forma: el mito no requiere de ningún inconsciente para explicarlo, Evidentemente nos enfren- tamos con das tipos diferentes de manifestación: la pro- $ Jatin/latinidad == vasco/X X= vasquidad, W He tratado de mantener el mismo criterio para la ta ducción al castellano, salvo cn los casos en que la expresión se hacía insoportable, En estas ocasicrra opaqué la tradurción son algún adjetivo o una paráfrasis, [el 216 TL MITO, HOY basta que su significado tenga dos caras para disponer siempre de un más allá: el sentido siempre se encuen tea en su lugar puta presentar la forma; ta forma está siempre alí para distanciar el sonido, Y jamás existe contradicción, conflicto, estallido entre el sentido y la forma: jamás se encuentran en el mismo punto. De la misma manera, si voy en auto y miro el paisaje a través del vidrio, puedo poner mi atención, a voluntad, sobre él paisaje o sobre ol vidrio: de pronto captaré la pre- sencia del vidrio y la distancia del paisaje; de pronto, por el contrario, la trarspareucia del vidrio y la profun- didad del paisaje; pero el resultado de esta altenmancia será constante: el vidrio será para mí a da vez presente y vacío, el paisaje a la vez icreal y lleno. Lo mismo bcuere con el significante mitico: la forma aparece en él vacía pero presente, el sentido aparece ausente y sin embargo Meno, Sólo podría sorprenderme de esta cof tradicción si detengo voluntariamente ese torniquete de forma y de sentido, si ajusto 1ui visión respecto de cada uno de ellos como frente a un objeto distinto del otro y si aplico al mito vn procedimiento estático de desci- framiento, en suma, si contrario su dinámica específica: en una palabra, si paso del estado de lector del mito al de mitólogo. Una vez más será la duplicidad del significante la que va a determinar los caracteres de la significación Ya sabemos que el mito es un habla definida por su intención (soy un ejemplo de gramática) mucho más que por su letra (me lero león) y que sin embargo la intención está allí en cierto modo congelada, purificada, eternizada, ausentada por la letra. (¿1% Imperio fran- cés? pero si simplemente es un hecho: ese buen negro que hace la venia como uno de los nuestros.) Esta am- bigúedad constilutiva del habla mítica va a tener dos consecuencias para la significación: se presentará al anismo liempo como una notificación y como una com” probación El mito tícne carácter imperativo, de interpelación: salido de un concepto histórico, surgido directamente LA SIONUUICACIÓN 21 de Ja contingencia (una claso du latín, el Imperio ame- hazado), me viene a buscar a mí se vuelve hacia mí, siento su fuerza intencional, me conmina a recibir se ambigúrdad expansiva. Si me paro, por ejemplo, en el País Vasco español? puedo comprobar sin duda ona unidad arquitectónica entre las casas, un estilo común, que me induce a reconocer en la ensa vasca un produc- to étnico determivado. De todas maneras, no me siento concernido personalmente ni atacado, por así decirlo, por cse estilo unitario: veo claramente que estaba ali antes que yo, sin mí; es un producto complejo que tiene sus determinaciones a nivel de una bistoria muy larga: no me Hara, no me impulsa a nombrarlo, a menos que pretenda insertarlo en un vasto cuadro del hábitat rural. Pero si estoy en la región parisicn percibo al final de la calle Gambetta o de da calle Jean Jaurés un co- queto chalet blanco con tejas rojas, revestimiento par- do, planos del techo asimétricos y fachada en gran parte encañada, tengo la impresión de recibir una invi- tación imperiosa, personal, a nombrar ese objeto como chalet vasco; más aún, a ver allí la esencia misma de la vasquidad. Us «me en este caso el concepto se me mani- fiesta en toda sa precisión: viene a buscarme para obligarme a reconocer el cuerpo de intenciones que lo ha motivado, dispuesto alí como la señal de una historia individual, como una confidencia y una complicidad: es un verdadero llamado que me difigen les propietarios del chalet. Y esc Mamado, para ser más imperativo, ha admitido todos los despojos; todo lo que justificaba Ja vivienda vasca en el orden de la tecnología: el granero, Ja“escalera exterior, el palomar, etc, todo ha desaparo cido: no hay más que una scñal breve, indiscutible Y la invocación personal es tan franca que me parece que ese chalet acaba de ser creado, ahí mismo, pera mí, como un objeto mágico surgido en mi presente, sin ninguna huella de la historia que Jo produjo, $ Señalo español, porque en Francia el ascenso pequeñobur- gués ha hecho Dorecer toda una orgiitectura “imitica" del chalet vasco. 218 EL oMtTO, ny Porque esa habla que interpela es al mismo tiempo una palabra congelada: en el momento en que me alcanza, se suspende, gira sobre sí misma y recu pera una geveralidad: se hiela, empalidece, se declara inocente, La apropiación del concepto se vuelve a en- contrar de golpe alejada por la itteralidad del sentido. Hay alli na suerte de dete ón, em el surtido a la vez físico y judicial del término: la imperialidad francesa condena al negro que hace la venia a no ser más que un significante instremental, el negro me interpela en nombre de la imperialidad francesa; pero en el sismo momento, la venia del negro se espesa, se vitrifica, se petvifica en un considerando ctemo destinado a fundar la imperialidad francesa. En la superficie del lenguaje, algo ya no se mueve: el uso de la significación está alll, agazapado detrás del hecho, comunicándole un cariz notificatorio; pero al mismo Gempo, el hecho paraliza la intención, le da como un ataque de inmovilidad: para conferirle inocencia, la paraliza. Es que el mito es una palabra robada y devuelta. Solamente la palabra Que se restituye deja de ser la que se había hurtado: al restituirla, no se la ba: colocado exactamente en su tugar. E teuco, constituye el aspecta transido del habla mítica. Queda por examinar un tercer elemento de la sig nificación: su motivación. Se sabe que en la lengua el signo es arbitrario: nada obliga “naturalmente” a la imagen acústica drbol a siguifirar el concepto árbol: el signo, en este caso, rs inmotivado, Sin embargo esa arbitrariedad tiene Ímites que corresponden a las rela ciones asociativas de la palabra: la lengua puede pro ducir un fragmento del signo por analogía con otros signos (por ejemplo, en francés se dice aimable y no amable, pur analogía con aimer).* La significación mé tica minca es completamente arbitraria, siempre es par- ? Se conserva el ejemplo en trancés pues no admite versión ex rastellano. Eiteratmente sería: “aimable (amable)... por analogía, con eómer (amar)”. (1, sta pequeña ratería, este momento furtivo de un * LA SIONIFICACIÓN 219 cialmente motivada, contiene fatalmente una dosis de analogía. Para que la ejemplaridad Jatina se vincule con la denominación del león, se necesita una analogía, que es la concordancia del atributo; para que la impe- rialidad francesa impregne al negro que saluda, hace falta una identidad entre la venía del negro y la venia del soldado francés. La motivación es necesaria a la duplicidad misma del mito, el mito juega con la analo- gía del sentido y de la forma: no hay mito sin forma motivada.' Para comprender el poder de motivación del mito, basta reflexionar un poca sobre un caso ex tremo; tengo delante de mi una colección de objetos tan desordenada que no puedo encontrarle ningún sen- tido; parecería que la forma, privada de sentido pre- vio, no puede arraigar cn ninguna parte su analogía y que el mito resulta imposible, Pero lo que la forma puede dar a ker, de todas maneras, es el desorden mismo: puede otorgar una significación al absurdo, hacer un mito del absurdo, Es lo que sucede cuando el sentido común mitifica, por ejemplo, el surrealismo: ni siquiera la ausencia de motivación perturba al mito pues esa ausencia misma será suficientemente objeti- vada como para volverse legible; y, Finalmente, la ausen- cía de motivación se tornará motivación segunda, el mito será restablecido, La motivación es fatal y no por eso menos fragimen- taria, En primer Jugar, no es “natural”: la historia es Y Desde el punto de vista élco, lo molesto del mito es, precisamente, que su forma es motivada, Pues sí admitimos una “salud” del lenguaje, ésta se Iundaría en la arbitrariedad del signo. Lo decepcionante en el mito es el recurso a una naturaleza falsa, es el fujo de las formas signifientivas, como en esos objetos que decoran su ntilidad con mm apariencia natural. La voluntad de sobrecargar la significación con el aval de la naturaleza provoca una especie de náuseas el rato es demasiado rica y lo que tiene de exceso ex precisamente, su motivación, Esta decepción es la misma que siento frente a las artes que no quieren elegir entre la físis y la antifisis y que utilizan la primera como ideal y la segunda como econo- mía, Eticamente hay una ospecie de bajeza en jugar en los dor tableros. 1). MIL, HOY Las des primeras maneras de situarse sou de orden estático, analitica; destruyen el coito, ya sen pregonando su intención, ya sea desenmascaráudola, La primera es cínica, la segunda os desantificante. La tercera forma es dinámica, consume elomito según los fines: propios de su esteuctar ima histo el lector vive el mito a la reanera de a la vez verdadera e irreal, Si so quiere viuculer el esquema mítica a uma his- toria. general, explicar. cómo respande al interés de una sociedad definida, es Hecir, pasar de la semiología a la jlvología, hay que situarse, evidentemente, en el mivel del tercer enfoque el propio Jestor de mitos es quien debe revelar su función esencial, ¿Cómo recibe, hoy, el milo? Si lo recibe de una manera inocente ¿qué interés puede existir en propenérselo? Y si lo dee de una ma» nera vellexiva, como el mitólego ¿qué importa la conr tada presentada? Si el lector de mito no ve en el que gro que saluda la imperialidad braucesa, era inútil hacer el esfuerzo; y sica ve, el mito 1 es más que una pro» posición política lealearene enunciada. En mna palabra, o bica la imtención del mito es demasiada oscura para ser eficaz, o bien es rlemasiado clara para scr creída. Eu los des rasos ¿dónde cstá la ambigiedad? Lo amerior es una ta nada y no a alternativa, Jl suito no ocul- regona cada: deforma; el n una nertiva ni una con! ao fren ito no es ni sión: rs una inflexión. Colo» a ia aitematisa de lu que hablaba hace un instante, al ito encuentra una tercera salida. Amena- sado de desaparecer si cede a mo u otra de las dos primeras formas de situarse, escapa mediante un como promisa; el mito es ese vomproiso: encargado de “hacer pasar” eu cencegto intencional, el mito encuen- tra en el lenguale sólo traición, pues el Deeguaje no puede hacer otra cosa que bonar el concepto, sí lo oculta; o desenmasceraslo, $ lo cnuncia. La cjahoración de e segundo sistema semiológico permite al mito 65 capaz al dilema: couminado a develar o a liquidar el concepto, lo que lace es noturalizario, Estamos en el priac do mismn del mite él trans LNGIVRA Y DESCIFRAMIENTO DEI. MITO 223 forma la historia en naturaleza. Entoness se comprende por qué, a los ojos dol consumidor de mitos, la inten ción, la argumentación ad hominent del ennecpto, pue- de permanecer manifieste a, sin embar interesada: ] a que hace proferir ol Lila ioftica es perfectamente explícita, pero de inmediato queda convertida en naturaleza; no es Jefa coma móvil sino como razón. Si leo al negro-saludando como sivalredo puro y simgle de la imperialidad, tengo que renunciar ala realidad de la inagen, ella se desaesedta a amis ojos al convertirse en iestrumnento, Por el contrario, si descilro el saludo del negro como coartada de la colo- nialidad, aniquilo aún con más contundencia al mito con la evidencia de su móvil. Pero para el lector « mito, la salida es muy diferente: todo sucede como si la imagen provocara naturabmente al conctpta, si el significante fundara el significado; el mito e: partir del momento preciso en que da imperialidad fran. cesa pasa al estado de naturaleza: el nuto ts un habla excesivamente justificada, Vianos un nuevo ejempio que permitirá compren der claramente cómo el lector de mito tenina por racionalizar el significado por el significante. Estar mos en julio: leo un gran Utular en PranceSeñs: PRECIOS: PRIMERA CAÍbA, VERDURAS: EMPEZÓ TA PAJA. Estalvezcamos rápidamente el exquema semiológico el ejemplo es una frase, el primer sistema es puramente Iingiístico. El significante del segundo sistema está coris- tituido por cierto número de accidentes lexicales (las qu labras: primera, erapezó, la [hajal), e tipográficos: enor- 5 letras de titulares, en el logar donde es lector recibe siamente las noticias más importantes del sun Zo o concepto es algo que debemos deno- minar con un neologismo bárbaro pera inevitable: la gubernamentalidad, el concebido por la gran prensa como esencia de eficacia, La significación del aito surge claramente: las frutas y les ¿egumbres bajan porque el gobierno lo ha decidido. Pero ocurre de todas maneras bastante raro- mo que par can Jona subiera —vaso que el diario mismo, 224 El MITO, HOY sen por seguridad, sea por honestidad, dos líneas más abajo desmonta el mito que acababa de elaborar, Agre- ga (es cierto, en caracteres modestos) : “La baja ha sido facilitada por la abundancia de estación” Este ejemplo resulta instructivo por dos razones. Kn primer Jugar se ve allí de Meno el carácter impresivo del rito: lo que se espera de él es un efecto iumediato. Poco importa sí el mito es después desmontado; se presume que su acción es más fuerte que las explicaciones racionales get pues den desmentitlo poco más tarde, Esto quiere decir que la lectura del mito se agota de 1m solo golpe, Echo al pasar un vistazo al France Sojr de xi vecino: recojo un solo sentido, pero leo alí una significación verdade- ra: recibo la presencia de la acción gubernamental en la baja del precio de las frutas y las verduras. Eso es todo y os suficiente, Una lectura más minuciosa del mito de ningún modo aumentará mí el poder ni el fracaso: elomito es a la vez imporfecóble e indiscutible. Ni el tiempo ni el saber le agregarán vada, tampoco le quie tarán nada, Además, la naturalización del concepto, que acabo de sugerir como Ja fonción esencial del mito, es aquí ejemplar: en un sistema primero (exclusiva: toente Ungiñístico), la enusalidad sería, literalnente, na tural: frutas y verduzas bajan porque es la temporada En el sistema segundo (mítico), la causalidad es artifi cial, falsa, pero se desliza de alguna manera en los - Furgones de la naturaleza. Por eso el mito es vivido como una palabra inocente; no porque sus intenciones sean ocultas (si fueran ocultas, no podrían ser eficaces) sino porque están naturalizadas, + En realidad, do que permite al lector consumir ino- centeraente el mito es que no ve en él un sistema serlo. tógico, sino un sistema inductivo, Al dende sólo existe “una equivalencia, el lector ve una especie de proceso * camsal: el significante y el significado tenen, a sus ojos, releciones de naturaleza, Se puede expresar esta conf sión de otro modo: tado sistema serológico es un sis. tema de valores; ahora bien, el consumidor del mito toma la significación por un sistema de heches; el mito EL MITO COMO LENGUAJE ROBADO 2u5 ndo sólo es un es leido como un sistema factual t sistema semiolágico. EL MITO COMO LENGUAJE ROBADO ¿Qué es lo específico del mito? ls transformar un sen- tido en forma. Dicho de otro modo, el mito es siempre un robo de lenguaje, Roho el negro que hace la venia, el chalet blanco y pardo, la baja de temporada del precio de las frutas, no para hacer de cilos ejemplos o símbolos, sino para naluralizar, a través suyo, el Ím- perio, mi gusta por las cosas vascas, cl gobierno, ¿Todo lenguaje primero es fatalmente prosa del mito? ¿No existe ningún sentido que pueda resistir a esta captera en la que la forma lo amenaza? En realidad, nada _puedo ponerse a cubjerto del mito, el mito puede desa- reollar su esquema segundo a parir de cualquier sen- tido y, según lo hemos vísto, a través de la privación misma de sentido. Peru todos los lenguajes no resisten de la misma manera, La lengua, que es el lenguaje más frecuentemente robado por el mito, ofrece una resistencia débil, Contie- ne en sí ciertas disposiciones míticas, el esboza de un aparato de signos destinados a manifestar la intención que la hace emplear, Es lo que podríamos llamar Ja expresividad de la lengua: los modos imperativo o sub- juntivo, por ejemplo, son la forma de un significado particular, diferente del sentido, El significado en estos casos es mi voluntad o ei ruego. Por eso, algunos Ln- giiistas han definido el iudicativo, por ejemplo, como un estado o grado cero, frente al subjuntivo o el impe rativo, Ahora bien, en el mito plenamente consútuido, el sentido no está nunca en el grado cero, y por esa razón el concepto puede deformarlo, naturalizado. Lay que recordar una vez más que la privación de seutido no es de ningán modo un grado cera, por lo que el mito 228 EL MITO, MOY los menos formalistas, pues son los únicos que creen que el sentido de Jas palubias no es más que uma forma, con la cual los realistas no podrían contomasise, Es por eso que nuestra poesia moderna se presenta siempre tomo un asesinato del leuguaje, una suerte de anogo espacial, sensible, del silencio. La posa reupa Ja pos ción inversa del mito: rl mito es uu siscema semielógico que pretende desbordauss un sistema factual: Ja poesía es un sisterna semiológico que pretende retractarse en sistema esencial. - Pero, una vez más, como en el lenguaje rentemá- tica, la resistencia misma de la poesia hace de ella una presa ideal para el mito: el desorden aparente de los signos, rostro poético de un orden esencial, es capturado por el mito, transícrmado en significante vacio que servirá para significar a la ía, Viste explica el carácter improbable de la poesía modorna: al recha- zar Jerozmente el mito, la pocsía se entruga a él atada de pies y manos. A la inversa, la regla de la porsía elásica constituía un tnito consentido cuya resplande- ciente arbitrariedad formaba una determinada perfec- ción, puesto que el equilibrio de un sistema semiológico depende de la arbitrariedad de sus signos. El consentiniento voluntario al mito puede, por otra parto, definir nuestra kteratura tradicional, Nor- mativamente, esta literatura es vn sistema mútico curac- torizado: hay un sentido, el del discureo; hay ur signi. ficante, que es ese mismo discursa como forma o es: critura; hay un significado, que es el conccplo de Jite- ratura; hay una significación, que es el discurso litera- vin. Abordé este problema en Hi grado cera de la escritura que, en rigor, sólo eva una teitología del len guaje literario. ANS yo definía la escritura como el sig- nificante del mito literario, es decir como ena forma ya plena de sentido y que recibe del concepto de litera» tura una significación nueva.* He sugerido que la his- 12 El estilo, al menos tal coma lo definía entonces, no es una forma, no depende de un análivis semiolégico de la fitera- | : ] BL MITO GUMO LENGUAJE ROBARO 223 toria, modificando la conciencia del escritor, había pro- vocado, hace alrededor de cien años, una crisis moral del lenguaje literario: la escritura se develó como sig nificanto, la literatura como significación. Al rechazar la falsa naturaleza del lenguaje literario tradicional, el escritor se confinó violentamente a una antinaturaleza del lenguaje. La sabversión de la escritura ha sido el acto radical mediante el cual cierto número de escri. tores intentó negar la literatura como sisterua raótico. Cada una de esas rebeliones ha sido un asesinato de la literatura como significación: todas han postulado la reducción del discurso literario a un sistema semiológico simple o incluso, en el caso de la poesía, a un sistema presemialógico. Tarea inmensa que demandaba conduc- tas radicales: como se sabe, algunas llegaron a la sus- pensión pura y simple del discurso, el silencio, real o traspuesto, manifestaciones xue aparecen como única arma posible contta el mayor poder del mito; su recu- rvencia, Parece por lo tanto extremadamente difícil reducir al mito desde el interior, pues ese mismo movimiento que hacemos para liberarnos de él, de pronto se vuelve una presa del mito: el mito puede, en última instancia, significar la resistuncia que se de opone. Realmente la mejor arma contra el muito es, quizás, mútificarlo a su producir un ntite artificial: y este mito reconstiti- do será una verdadera mitología. Puesto que el mito roba lenguaje ¿por qué no robar el mito? Bastará para ello con hacer de él mismo el punto de partida de una tura. Én realidad, el estilo es una sustancia sin cesar amenazada de formalización, En primer Jugar, puede perfectamente degr: darse en escritura: existe una escritura-Malraux, y en el propio Malraux. Por otra parte, el estilo puede volverse perfectamente un lenguaje parúcilar: el lenguajo que el escritor usa para sl mismo y para sí solo, El estilo es entonces una especie de mita solipsista, la lengua que el escritor se babla; se comprende que con ese grado de solidificación, cl estilo requiera un descifra- miento, una crítica profunda, Los trabajos de J.-P. Richard ton un ejemplo de esta critica necesaria de los estilos. 230 PL MITO, HOY tercera cadena semiológica, con poner su significación como primer término de un segundo mito. La Hteratura oftece algunos grandes ejemplos de estas mitologías ar- tficiales, Me detendié en Boucard y Pécuchel de Flau- bert, que es lo que podríamos Unmar un mito experi. imentol, un mito de segundo grado, Bouvard y su amigo Pécuchet representan cierta burguesía (en conflicto, por otra parte, con oños estratos burgueses) : sus discursos constituyen ye una palabra mítica. La lengua tiene, en esos discursos, un sentido, pero ese sentido es la forma vacía de un significado conceptual que aquí es una es- pecie de insaciabilidad teenalógica; el encuentro del sentido y del concepto forma, en este primer sistema mítico, una significación que es la retórica de Bouvard y Pécuchet. En este momento (descompongo por neco- sidades del análisis) interviene Flaubert: a ese primer sistema mítico, que es ya sm segundo sistema semioló- gico, va a superponerle una tercera cadena, en la cual el primer eslabón será la significación, o término final, del primer mito: la retóric de Bouvard y Pécuchet va a convertirse en la forma del muevo sistema; el con cepto será. en este caso, producido por Flaubert mis- mo, por la mirada de Flaubert sobre el mito que se habían construido Bouvard y Pécuebet. Será ésa su ve- Jeidad constítutiva, su insaciabilidad, la alternancia pán sica de sus aprendizajes, en una palabra, lo que mo gus- taría llamar (pero siento rayos en el horizonte): la houvardipecucbidad. En cuanto a la significación final, es la obra, es Bouvard y Páruchet para mosotcos. El poder del segundo mito consiste en fundar el primero como una ingenuidad que simplemente se inisa, Flau- bert se entregó a una verdadera restauración arqueo- lógica de una palabra mítica: es el Viollet le Due de un tipo de ideología buyguesa, Pero, menos ingenuo que Viollet le Duc, en su reconstitución ha dispuesto orma- mentos suplementarios que la desmistifican; esos orma- mentos (que son la forma del segundo mito) son del tipo subjundvo: hay una equivalencia semiológica en- EL MITO COMO LENGUAJE RODADO 239 tre la restitución subjuntiva de los discursos de Bouvard y Pécucher, y su veleidosidad. El ruétito de Flanbert (y de todas las mitolopías ar- tificiales: las hay notables en la obra de Sartred es haber dado al problema del realisroo nna salida francamente semiológica. Ciertamente, es un mérito imperfecto, pues la ideclogia de Flaubert, para quien el burgués ara sólo una fealdad estética, no tuvo nada de realista, Pero al meros evitó el pecado capital en literatura que es con fundir lo real idenlógico y lo real semiológico. Como ideología. el realismo literario no depende en absoluto de la lengua hablada por el escritor, La lena es vna forma y no podría ser cealista o irrenlista, Por lo que puede ser es mítica a no, o incluso, como en Anuvard y Pécuchet, contramítica. Ahora bien, desafortunadas mente no hay ninguna antipatía entre el realismo y el mito. Es sabido hasta qué punto, y can frecuencia, nues- tra literatura “renlista” es mítica (aunque más no sea somo mito grosero del realismo), y hasta qué punto nuestra literatura “Grrealista” tiene por do menos el mérito de ser poco mítica, Tun adecuado sería, sin duda, definir el realismo del escritor como un prohlema esen- cialmente ideológico. Por supmesto, no es que na hoya una responsabilidad de la forma respecto de lo real, Pero esta respontabilidad sólo puede medirse en térmi- nos semiológicos. Una forma sólo puede jurgarse (pues to que existe proceso) como significación, nu como ex- presión, El lenguaje del escritar no tiene como objetivo representar lo real, sino significarlo. Esto debería impo» ner a la crítica la obligoción de usar dos métodos rgu- rosamente distintos: es necesario tratar el reafiamo del eseritar o bien como ima sustancia ideológica (por ejem= plo los temas marxistas en la obra de Brecht), o bien como un valor semiológico (los objetos, el actor, la mú- 13 Porma subinativa porque de esa manera el latín expre- saba el “estilo o discurso jodirecto”, admirable instrumento de desmístificación, » Este barbarismo resulta la interpretación más aproxima- da del neologismo "vellfitarisme" usado en el original. (r.] 234 RL MITO, may un nácico resistente, que es, por definición, el partido revolucionario. Pero el partido sólo puede constituir una riqueza política: en la sociedad burguesa, no existe ni cultura ni moral proletaria, no existe arte proletario; ideológicamente, todo lo que no es burgués está obligado a recurrir a la burguesía. La ideología burguesa puede por lo tanto cubrir todo y, sin riesgo, perder en esc todo su poribre: nadie, en ese caso, se lo devolverá. La bur- guesía puede subsumir sin resistencia el teatro, el arte, el hombre burgués, hajo sus análogos eternos; en una palabra, puede desnombrarse cuanto quiera, pues no hay más que una sola y misma naturaleza humana; la defección del nombre bugués es en este caso total. Existen sin duda rebeliones contra la ideologia bur- guesa. Es lo que se llama en general la vanguardia. Pero esas rebeliones son socialmente limitadas, recupe- rables. Ein primer lugar parque provienen de un frag- mento de la burguesía misina, de un grupo minoritario de artistas, de intelectuales, sin otro público que la clase misma que impugnan y que siguen siendo tributarios de su dinero para expresarse, Además, esas 2ebeliones se inspiran siempre en una distinción muy fuerte entre el burgués ético y el burgués político: la vanguardia im- pugna el burgués en relación al arte, a la moral, recha- 7a, como en los mejores tiempos del romanticismo, al tendero, al filisteo, Pero protesta política, ninguna." La vanguardia, lo que no tolera en la burguesía es su lenguaje, so su condición de burguesía, Y no es que hecesoriamente la apruebe, sino que la pone entre parén- tesis, Sea cual fuero la violencia de la provocación, la vanguardia asume, fivalmente, el hombre abandonado, Y Es notable que lor adversarios éticos (o estéticos) de la burguesía permanecen en su mayoría indiferentes, cuando no incluso atados a sus determinaciones políticas, Taversamente, los adversarios políticas de la burguesía descuidan condenar a fon do sus representaciones: incluso llegan a compartirlas. Esta fragmentación de ataques benelicía a la burguesía pues le per. mite desdibujar su nombre, Por el contrario, la burguesía sólo debería comprendorso como sintesis de sus determinaciones y de dus represeistaciones La BUROUESÍA COMO MOCIEDAD ANÓNIMA 235 no el hombre alcnado, Y el hombre abandonado sigue siendo el Hombre Eterno.* Este anonimato de la burguesía se vuelve aún más notable cuando se pasa de la cultura burguesa propia- mente dicha a sus formas desplegadas, vulgarizadas, uti- lizadas, a lo que podríamos llamar la filosofía pública, la que alimenta la moral cotidiana, las ceremonias civiles, los ritos profanos, en una palabra, las normas no escritas de la vida de relación en la sociedad bur- guesa. Es una ilusión reducir la cultura dominante a su nácico inventivo: existe también una cultura burguesa de puro consumo. Toda Francia está anegada en esta ideología anónima: nuestra prensa, nuestro cine, nues- tro teatro, nuestra literatura de gran tiraje, nuestros ceremoniales, nuestra justicia, nuestra diplomacia, nues- tras conversaciones, la temperatura que hace, el erimen que se juzga, el casamiento que nos conmueve, la soci- na que se sueña tener, la ropa que se lleva, todo, en nuestra vida cotidiana, es tributario de la representación que la burguesía se hace y nos hace de las relaciones del hombre y del mundo, Estas formas “normalizadas” llaman poco la atención si se compara la dimensión de su amplitud; su origen puede perderse con facilidad; gozan de wna posición intermedia: al no ser ni directas mente políticas, ni directamente ideológicas, viven apa- ciblemente entre la acción de los militares y los conflictos de los intelectuales; más o menos abandonadas por unos y otros se incorporan a la masa enorme de lo indiferen- ciado, de lo insignificante, en suma, de la naturaleza, Sin embargo, a través de su ética la burguesía penetra a Francia; practicadas en el marco de la nación, las normas burguesas son vividas como las leyes evidentes de un orden natural: cuanto más la clase burguesa propaga sus representaciones, más se naturalizan, xl hecho burgués se absorbe en un universo indistinto, cuyo 14 Puede haber figoras “desordenadas” del hombre abando- nado (lonesco, por ejemplo). Eso no disminuye para nada la seguridad de las Esencias 236 EL MITO, hor habitante único +s el Hombre Eterno, ni proletario mí burgués. Penetrando, pues, las clases intermedias, la ideología hurguesa logra perder con más seguridad su nombre. Las normas pequeñoburguesas son residuos de la cul tura burguesa, son verdades burguesas degradadas, eme pobrecidas, comercializadas, ligeramente arcaizantes o, si se prefiere, pasadas de moda. La alianza política de la barguesía y de la pequeñohurguesía decide desde hace más de un siglo la bistoria de Francia: rara vez se rompió y, en todos los casos, sin futuro (1848, 1871, 1936). Esta alianza se consolida con el tiempo, se vuelve poco a poco simbiosis; se pueden producir despertares provisorios, pero la ideología común ya no es cuestio» nada: una misma pasta “natural” recubre todas las representaciones “nacionales”. El gran casamiento but. gués, seguida de un rito de clase (la presentación y la consunción de las riquezas) no tiene ninguna relación con la situación económica de la pequeña burguesía; pero para la prensa, los noticieros, la literatura, se vuelve poco a poco la norma misma, si no vivida, al menos soñada, de la pareja pequeñoburguesa. La bur- ja absorbe permanentemente en su ideología la hu- manidad que no posee, sus características profundas y sólo las vive en lo imaginario, es decir, en una fijación y un empobrecimiento de la conciencia? Al difundir sus representaciones a través de un catálogo de imáge- nes colectivas para uso pequeñoburgués, la burguesía consagra la indiferenciación ilusoría de las clases so- cíales: a partir del momento en que una mecanógrafa con un modesto sueldo se reconoce en el gran casarmien- to burgués, la ex-nominación burguesa alcanza sn come pleto efecto. La deserción del nombre burgués no es, por lo tanto, un fenómeno ilusorio, accidental, accesorio, nateral a 30 El provocar un imaginario colectivo es siempre una ent piesa inhumana; no sólo porque el sueño esencializa la vida transormándola en destino, sino también porque el sucño es pobre y el remplazo de una aueogía, EL MITO ES UN BMABLA DESPOLITIZADA 237 insignificante: es la ideología burguesa misma, el mo- vimiento por el cual la burguesía transforma la realidad del mundo en imagen del mundo, la historia en natu- saleza, Y lo notable de esta imagen es que Ps una ima- gen invertida * El estatuto de la burguesía »s particular, histórico; el hombre que cila representa será universal, eterno, La clase burguesa ha edificado su poder, justa- mente, sobre progresos tácuicos, científicos, sobre una transformación ilimitada de la naturaleza; la ideología burguesa restitrirá una naturaleza inalterable, Jos pri meros filósofos burgueses penctraban el mundo de sig- nificaciones, sometían todas las cosas a una racionali> dad, las señalaban como destinadas al hombre; la ideo- logía burguesa sorá cientificista o intuitiva, verificará el hecho o percibirá el valor, pero fehusará la explica- ción: el orden del mundo será suficiente o inefable, nunca significante, Por fin, la idea primera de un mun- do portectible, cambiante, producirá la imagen inver- tida de una humanidad inmutable, definida por una identidad infinitamente recomenzada, En resumen, en la sociedad burguesa conteraporánea, el pasaje de lo real a lo ideológico se define como el pasaje de una antifisis a una seudofisis, EL MITO ES UN 1ARLA DESPOLITIZADA Y es aquí donde volvemos a encontrar al míto, La se- miología. nos ha enseñado que el mito tiene a sn cargo fundamentar, como naturaleza, lo que es intención hise tórica; como eternidad, lo que es conting cia. Este mecanismo es, justamente, Ja forma de acción específi- 30 “81 los hombres y sus condiciones aparecn en toda la ideología invertidos como en una rásara oscura, este fenfimeno se deriva de su proceso vital histórico. ..* Marx, La ideología alemana.