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TD Lens N. Serio ba Lo in Da eZ, É a Cub la la Me a deud, Faqnelado ; UN 6. Acerca de la semiosfera” Ala memoria de Roman Osipovich Jakcbsor La semiótica actual está viviendo un proceso de revisión de alga nos conceptos básicos. Es de todos sabido que en los orígenes de la se- miótica se hallan dos tradiciones científicas. Una de ellas se remonta a Peirce y Morís y parte del concepto del signo como elemento pri mario de todo sistema semiótico. La segunda se basa en las tesis de Sanssure y de la Escuela de Praga y toma como findamenta la antino- mia entre la lengua y el habla (el texto). Sin embargo, con tada la di ferencia existente entre estos enfoques, tienen algo esencial en común: se toma como base el elemento más simple, con carácter de átomo, y todo lo que sigue es considerado desde el punto de vista de la seme janza con él. Así, en el primer caso, se toma como base del análisis el signo aislado, y todos los fenómenos semióticos siguientes son consi- derados como secuencias de signos. El segundo punto de vista, en par ticular, se expresó en la tendencia a considerar el acto comunicacional aislado —el intercambio de un mensaje entre un destinador y un des- tinatario— como el elemento primario y el modelo de todo acto se- miótico, Como resultado, el acto individual del intercambio sígnico comenzó a ser considerado como el modelo de la lengua natural, y las modelos de las lenguas naturales, como modelos semióticos universa- les, y se tendió a interpretar la propia semiótica como la extensión de , los métodos lingúíísticos 4 objetos que no se incluían en la lingilística “ e A Ñ . ? : do * 40) serniostere», en Semeiotiké. Trendy po imaluvym sistemam, Carta, Tactu Riikbiko Úlikoali Toimetised, núm. 17, 1984, págs. 5-23. Reproducido en LM. L,, Lebriempe 3168, - - Tallin, Alezangtra, 1992, +. 1, págs. 14-24, (N, del T/ a tradicional. Este punto de vista, que se remonta a Saussure, lo expre: só con extrema precisión el difunto 1, L. Revzin, quien, en los debates de fa Segunda Escuela de Verano en Káariku (1966), propuso esta de- finición: «El objeto de estudio [predones] de la semiótica es cualquier objeto job'ekf] que ceda ante los recursos de la descripción Iingiística». Tal enfoque respondía a utta conocida regla del pensamiento cien: tífico: ascender de lo simple a lo compleja; y en la primera etapa, sin duda, se justificó. Sin embargo, en él se esconde también un peligro: la conveniencia henrística (la comodidad del análisis) empieza a ser percibida como una propiedad ontológica del objeto, al que se le atri- buye una estructura que asciende de los elementos con carácter de áto- ma, simples y claramente perfilados, a la gradual complicación de los mismos. El objeto complejo se reduce a una suma de objetos simples. El camino recorrido por las investigaciones semiólicas durante los últimos veinte años permite tomar muchas cosas de otro mado. Como ahora podemos suponer, no existen por si solos en forma aisla- da sistemas precisos y funcionalmente univocos que funcionan real- mente. La separación de éstos está condicionada únicamente por una necesidad heurística. Tomado por separado, ninguno de elfos tiene, en realidad, capacidad de trabajar. Sólo funcionan estando sumergidos en Un contíniem sersiótico, completamente ocupado por formacio- nes semióticas de diversos tipos y que se hallan en diversos niveles de organización. Á ese continuzon, por analogía con el concepto de bios- fera introducido por Y. 1. Vernadska, lo llamamos semiosfera. Debe- mos prevenir contra la confusión del término de noosfera empleado por V. 1. Vernadski y el concepto de semiosfera introducido por noso- tros. La noosfera es una determinada etapa en el desarrollo de la bios- fera, una etapa vinculada a la actividad racional del hombre. La bioste- ra de Vernadski es un mecanismo cósmico que ocupa un determinado lugar estructural en la unidad planetaria, Dispuesta sobre la superficie de nuestro planeta y abarcadora de todo el conjunto de la materia viva, la biosfera transforma la energía radiante del sol en energía química y fisica, dirigida a su vez a la transformación de la «conservadora» mate-* fia inerte de nuestro planeta. La noosfera se forma cuando en este pro- ceso adquiere un papel dominante la razón del hombre!. Mientras que la noosfera tiene una existencia material y espacial y abarca una parte 1 «La historia del pensamiento científico, del conocimiento cientilico [...] es, a la vez, la historia de la creación de una nueva fuerza geológica en la biosfera: el pensa: miento científico, antes ausente en la biosfera», V. 1. Vernadski, Reemyshleniña naturalis- ta, Nauchnaid mpsl" kak planetasmor iavlenie, t. 2, Moscú, 1977, pág, 22. 2 de nuestro planeta, el espacio de la seralosfera tiene un carácter abs tracto. Esta, sin embargo, en ruodo alguno significa que el concepto de espacio se emplee aquí en un sentido metafórico. Estamos teatan do con una determinada esfera que posee los rasgos distintiw ese atribuyen a un espacio cerrado en sí mismo. Sólo dentro de tad espa- cio resultan posibles la realización de los procesos comunicativos y la producción de nueva información. La concepción que de la naturaleza de la biostera tiene Y. L Ver nadski puede ser ú6l para definir el concepto que estarnos introdu- ciendo; por eso debemos detenernos en ella y exaninarla más detalla damente. V. L Vernadski definía la biosfera como un espacio comple- tamente ocupado por la materia viva. «La materia viva escribió — 25 un conjunto de organismos vivos»?, Tal definición, al parecer, da razo nes para pensar que se toma como base el hecho con carácter de áto: mo del organismo vivo aislado, cuya suma forma la biostera, Sin em- bargo, en realidad no es asi, Ya el hecho de que la materia viva sea con- siderada como una unidad orgánica una película sobre la superficie del plancta— y de que la diversidad de su organización interna setro- ceda a un segundo plano ante la unidad de la función cástaica ser un mecanismo de transformación de la energía irradiada por el sol en energía química y física de la tierra—, habla del carácter primario que, en la conciencia de Vernadski, tiene la biosfera con respecto al orga nismo aistado, «Todas esas condensaciones de la vida están ligadas en- tre sí de la manera más estrecha, Una no puede existir sin la otra, Este vinculo entre las diversas películas y condensaciones vivas, y el carác ter invariable de las mismas, son un rasgo inmemorial del mecanismo de la corteza terrestre, que se manifiesta en ella en el curso de todo el tiempo geológico», De manera particularmente definida se halla el presada esa idea en la siguiente fónmula: «La biosfera ene una estraé tura completamente definida, que determina todo lo que ocurre q ella, sin excepción alguna [...] El hombre, como se observa en la nati raleza, así como todos los organismos vivos, como todo ser viva, ex. una función de la biosfera, en un determinado espacio-tiempo “de ésta, des También en las cuestiones de la semiótica es posible na enfoque análogo. Se puede considerar el universo serniótico como un confir to de distintos textos y de lenguajes cerrados unos con respecto a dos: 2 1 Vesnadsk, Biosfera (ixbrannye trudy po biogueojimsid, Moscú, 1987, pág, 350.3 3 Y, L Vernadski, lzbrannye socbinenñia, t. 5, Moscú, 1960, pág, 101, % Y. Vernadski, Raznpoblenita naturalista... 2, pág, 32, ls comprensible que, siendo tan sólida la unión del linaje, sien- do tan responsables, unos por los atros, todos los miembros del li- naje, la importancia de la persona aislada desapareciera necesaria mente anse la importancia del linaje; una persona era inconcebible sin linaje: cierto Iván Petrov no era concebible como fyán Petrov solo, sino únicamente como Iván Petrov con sus hermanos y sobri- nos. Con tal fusión de la persona con el linaje, si ascendía en el car- go una persona, ascendía todo el linaje, y con el descenso de un miembro del linaje, descendía todo el linaje”. La frontera del espacio semiótico no es un concepto artificial, sino una importantísima posición fancional y estructural que determina la esencia del mecanismo semiótico de la misma. La frontera es un me- canismo bilingite que traduce los mensajes externos al lenguaje inter no de la semiosfera y a la inversa. Así pues, sólo con su ayuda puede la semiosfera realizar los contactos con los espacios no-semiótico y alosemiótico. Tan pronto pasamos al dominio de la semántica, nos ve- mos en la necesidad de apelar a la realidad extrasemiótica. Sin embar. go, no se debe olvidar que, para una determinada seriosfera, esta rea- lidad sólo deviene «realidad para sí» en la medida en que sea traduci- ble al lenguaje dde la misma (así como las materias químicas externas sólo pueden ser asimiladas por la célula si son traducidas a las estruc turas bioquímicas propias de ésta ambos casos son manifestaciones particulares de una misma ley). La función de toda frontera y película (desde la membrana de la célula viva hasta la biosfera como —según Vernadski— película que cubre nuestro planeta, y hasta la frontera de la semiosfera) se reduce a himitar la penetración de lo externo en lo interno, a filtrarlo y elabo- rarlo adaptativamente, En los diversos niveles, esta función invariante se realiza de diferente manera. En el nivel de la semiosfera, significa la separación de lo propio respecto de lo ajeno, el filtrado de los mensa: jes externos y la traducción de éstos al lenguaje propio, así como la conversión de los no-mensajes externos en mensajes, es decir, la se- miotización de lo que entra de afuera y su conversión en información. Desde este punto de vista, todos los mecanismos de traducción que están al servicio de los contactos externos pertenecen a la estruc- tura de la frontera de la semiostera. La frontera general de la semiosfe- ra se intersech con las fronteras de los espacios culturales particulares. $ Serguei Mijáilovich Solovioy, [storiña Rossti s dreoneishiz wremion, Libro tercero, San Petersburgo, Obshchestvennala poliza, s. E, col, 679. 26 En los casos en que el espacio cultural tiene un carácter territonal, la frontera adquiere un sentido espacial en el significado elemental Sin embargo, también cuando eso ocurre, ella conserva el sentido de un mecanismo buffer que transforma la información, de un pectdier bloque de traducción. Así, por ejemplo, cuando la semiosfera se iden- tifica con el espacio «cultural» dominado, y el mundo exterior resp to a ella, con el reino de los elementos caóticos, desordenados, la «dis tribución espacial de las formaciones sernióticas adquiere, en una se rie de casos, el siguiente aspecto: las personas que en virtud de un don especial (los brujos) o del tipo de ocupación (herrero, molinero, ver dugo) pertenecen a dos mundos y son como traductores, se establecen en la periferia territorial, en la frontera del espacio cultural y mitológi co, mientras que el santuario de las divinidades «culturales» que orga- nizan el mundo se dispone en el centro. Cfr, en la cultura del siglo xxx, la estructura social del elemento «destructivo» del cinturón de los suburbios; además, el suburbio interviene, por ejemplo, en el posa de Tsvetáeva («Poema de la entrada de la ciudad»), tanto como parte de la ciudad, como en calidad de espacio perteneciente al mundo que destruye a la ciudad. Su naturaleza es bilingúe. Todos los grandes imperios que lindaban con nómadas, «estepa» a «bárbaros», asentaban en sus fronteras tribus de esos mismos nómadas o «bárbaros», contratados para el servicio de la defensa de la frontera. Esas colonias formaban una zona de bilingiiismo cultural que gararo tizaba los contactos semióticos entre los dos mundos. Esa misma fun: ción de frontera de la semiosfera es desempeñada por las regiones con diversas mezclas culturales: ciudades, vías comerciales y otros dami- nios de formaciones de koiné y de estructuras semióticas creolizadas, Un mecanismo típico de la frontera es la situación de la «novela de frontera» del tipo del epos bizantino sobre Diguenis o aquella a da que se alude en El Cantar de las Huestes de Ígor. En general, el siger? del tipo de Romeo y Julieta sobre una unión amorosa que une dos espacios culturales enemigos, revela claramente la esencia del «mecanismo de la frontera». * A pesar de que el término ruso siuzbet suele ser traducido con las palabras espa ñolas «trama» y «argumento», aquí y en adelante la conservamos —en transerpción francesa, dado su carácter de galicismo ruso—— como una acuñación específica de da poética teórica rusa lormalista y estructuralista, inseparable de un contexto husiónoo de definiciones divergentes, oposiciones terminclógicas fswjer / lábula) y discreparai temacionales (por ejemplo, entre las concepciones rusa y crosta del mismo). Por lo des más, en esa misma forma no traducida, el término ha entrado en el arsenal inals- gico de otras lenguas (checo y alemán, por ejemplo). [N, del T.] Hay que tener en cuenta, sin embargo, que, si desde el punto de vista de su mecanismo inrmanente, la frontera une dos esferas de la se- nuosis, desde la posición de la autoconciencia semiótica (la autodes- eripción en an metanivel) de la semiosfera dada, las separa. Tomar conciencia de sí mismo en el sentido semiótico-caltural, significa to- mar conciencia de la propia especificidad, de la propia contraposición a otras esferas. Esto hace acentuar el carácter absoluto de la línea con que la esfera dada está contormeada. En diferentes momentos históricos del desarrollo de la semiosfera, uno y otro aspecto de las funciones de la frontera puede dominar, amortiguando o aplastando enteramente al otro. La frontera tiene también otra función en la semiosfera: es un do- minio de procesos semióticos acelerados que siempre transcurren más activamente en la periferia de la o/kumena cultural, para de ahí dirigir- se a las estructuras nucleares y desalojarlas. Con el ejemplo de la historia de la antigua Roma queda bien ¿lus trada una regularidad” más general: un determinado espacio cultural, al ensancharse impetuosamente, introduce en su órbita colectividades (es- tructuras) externas y las convierte en su peñferia. Esto estimula un impe- tuoso auge semiótico- cultural y económico de la periferia, que traslada al centro sus estructuras semióticas, suministra líderes culturales y, en resu- raidas cuentas, conquista literalmente la esfera del centro cultural. Esto, a su vez, estimula (por regla general, bajo la consigna del regreso «a los fundamentos») el desarrollo semiótico del núcleo cultural, que de hecho es ya una nueva estructura surgida en el curso del desarrollo histórico, pero que se entiende a sí misma en metacategorías de las viejas estructu. ras. La oposición centro/penferia es sustituida por la oposición ayer/hoy. hn suso: zakonomernos?, comfomaidad con una lp (zakon: ley, -mern-: conforme a, sost sufijo para la formación de sustantivos abstractos). Éste término tiene sus equivalen: tes, entre obos, en polaco (prerridlrwxc), checo (zálomitosd, rumano (kgtato, aleenán (Ce setemissigkci) y Diimgsro (rvényscerisóg —estos dos últimos fomados de la misma ma nera que en auso. »Reguleridads (o sea, conformidad con ana rgla), ténsino español ha bitxalonente empleado para traducir «zakonomaos!”» y sus homólogos ex otras lenguas —a mentado a sabiendas de su no equivalencia y por temor a la comprensión de degali- dado en términos de leyes jurídicas y no objetivas o naturales—-, aquí puede prestarse a in- deseables correlaciones con el término «irregularidad (seruiótica)» [rereomornernost]. No ubstare, nos sometemos a la costumbre, al no disponer de un mejor término para llenar zse vacio terminológico de la lengua española. Al tratar de llezaclo, convendrá tener en cuenta que el rumano, una lengua latina, no vaciló en crear los neologismos lg y lg: tato (dlégico» y alegicidad») con las respectivas acepciones de «Que está en conformidad con las exigencias de leyes objetivas del desarrallo» y «Propiedad de los fenómenos de desenvolverse en conformidad con dichas exigenciaso. [del T.) 23 Puesto que la frontera es una parte indispensable de la semiosfera, esta última necesita de un entomo exterior «no organizado» y se lo construye en caso de ausencia de éste. La cultura crea no sólo su pro- pia organización interna, sino también su propio tipo de desorganiza ción externa. La Antigiedad se constuuye «los bárbaros»; y la «con: ciencia», la «subconsciencia». En esto, daba lo misma que esos «bárba- 108», €n primer lugar, pudieran poseer una cultura mucho más antigua y, en segundo lugar, desde luego, no representaran un único todo, y formaran una gama cultural que abarcaba desde altísimas civilizacio: nes de la Antigiedad hasta tribus que se hallaban en un estadio muuy primitivo del desarrollo. No obstante, la civilización antigua sólo pudo tomar conciencia de sí misma como un todo cultural después de construir ese, por así decir, mundo «bárbaro» único, cuyo rasgo dis- tintivo fandamental era la ausencia de un lenguaje común con la cul- tura antigua. Las estructuras externas, dispuestas al otro lada de la frontera semiótica, son declaradas no-estructaras. La valoración de los espacios interior y exterior no es significativa. Significativo es el hecho mismo de la presencia de una frontera. Así, en las robinsonadas del siglo xvm, el mundo de los «salvajes» que se halla fuera de la semiótica de la sociedad civilizada (pueden equipararse a él los mundos de animales o de niños, construidos de manera igualmen- te artificial —con arreglo al rasgo distintivo del estar situado fuera de las «convenciones» de la cultura, es deci, de los mecanismos senuón cas de ésta), es valorado positivamente. 2. irregularidad semiótica. De lo dicho en el primer punto se ve que el espacio «no-semiótico», de hecho, puede resultar el espacio de otra semiótica. Lo que desde el punto de vista interno de una cultura dada tiene el aspecto de un mundo no-semiótico externo, desde la posición de un observador externo puede presentarse como periferia semiótica de la misma. Así pues, de la posición del observador depende por dónde pasa la frontera de una cultura dada. Esta cuestión se ve complicada por la obligatoria irregularidad in- terna como ley de la organización de la semiosfera. El espacio sernió- tico se caracteriza por la presencia de estructuras nucleares (con más frecuencia varias) con una organización manifiesta y de un mundo se- miótico más amorfo que tiende hacia la periferia, en el cual están su mergidas las estructuras nucleares. Si una de las estructuras nucleares no sólo ocupa la posición dominante, sino que también se eleva al es- tadio de la autodescripción y, por consiguiente, segrega un sistema de metalenguajes con ayuda de los cuales se describe no sólo a sí misma, 29 ra es que cada parte de ésta representa, ella misma, un todo cerrado en su independencia estructural. Los vínculos de ella con otras partes son. complejos y se distinguen por un alto grado de desautomatización. Es más: en los niveles superiores adquieren carácter de conducta, es de- «ix, obúenen la capacidad de elegir independientemente un programa de actividad. Con respecto al todo, hallándose en otros niveles de la je- rarquía estractural, muestran la propiedad del isormorfismo. Así pues, son al mismo tiempo parte del todo y algo semejante a él. Para aclarar esta relación, podemos recurrir a la imagen empleada en relación con otra cosa a fines del siglo x1v por el escritor checo Tomás Stítny. Del mismo modo que un rostro, al tiempo que se refleja enteramente en un espejo, se refleja también en cada uno de sus pedazos, que, de esa manera, resultan tanto parte del espejo entero como algo semejante a éste, en el mecanismo semiótico total el texto aislado es isomorto des- de determinados puntos de vista a todo el mundo textual, y existe ún claro paralelismo entre la conciencia individual, el texto y la cultura en su conjunto. El isomorfismo vertical, existente entre estructuras dispuestas en diferentes niveles jerárquicos, genera un aumento cuan titativo de los mensajes. Del mismo modo que el objeto reflejado en el espejo genera cientos de reflejos en sus pedazos, el mensaje introdu- cido en la estructura semiótica total se multiplica en niveles más bajos. El sistema es capaz de convertir el texto en una avalancha de textos. Sin embargo, la producción de textos esencialmente nuevos re- quiere otro mecanismo. En este caso se necesitan contactos de un tipo esencialmente distinto. El mecanismo del isomorfismo se construye aquí de otro moda. Puesto que se está pensando no en un simple acto de transmisión, sino en un intercambio, entre los participantes de éste debe haber no sólo relaciones de semejanza, sino también determina- da diferencia. La condición más simple de esta especie de serniosis se podría formular de la siguiente manera: las subestructuras que partici pan en ella no tienen que ser isomorfas una respecto a la otra, sino que deben ser, cada una pos separado, isomorfas a un tercer elemento de un nivel más alto, de cuyo sistema ellas forman parte, Así, por ejem- plo, el lenguaje verbal y el icónico de las representaciones dibujadas no son isomorfos uno respecto al otro. Pero cada uno de ellos, desde diversos puntos de vista, es isomorfo respecto al mundo extrasemión- , un efecto de actividad y tensión. Vos 12 Véase D. Blagol, Masterstuo Pusblina, Moscá, 1955, págs, 101 y ss. 19 Véase LM, Lotman, «[deinaia strukrura Rapitanskos dochki», en la recopilación Pasbksuslai sbormuk, Pskcow, 1962, 40 Interesante desde el punto de vista que estamos exaruinando es el cuadro, por todos conocido, La haba de la Medusa de Géricaul. Su composición está construida sobre dos diagonales alternas: ¡asi ya y activa. La linea del movimiento de la balsa, empujada por el viento, está trazada de derecha a izquierda hacia la profundidad. Personifica las fuerzas elementales de la naturaleza, que arrastran a un puñado de personas impotentes que han sufrido un naufragio. Por la línea opuesta, la activa, el artista coluca varias figuras huma- nas que reúnen sus últimas fuerzas para salir de la trágica situación. Na han cesado de luchar. Habiendo alzado por encima de ellos a una persona, le hacen agitar un pañuelo para atraer la atención «del barco que pasa a lo lejos en el horizonte”. De lo dicho se deriva un hecho confirmable experimentalmente: un mismo cuadro, trasladado, al imprimir un grabado, a una simetría especular, cambia su acento emacional y de sentido por el acento con Erarto. La causa de los fenómenos señalados consiste en que los objeros que se reflejan tienen en su estructura interna planos de simetría y de asimetría, En la transformación enantiomórfica los planos de simetría se neutralizan y no se manifiestan en nada, y los de asimetría devienen el rasgo distintivo estructural fundamental. Por eso la condición de pa: reja simétrico especular es la base estructural elemental de la relación dialógica. La ley de la simetría especular es uno de los principios estruchira- les básicos de la organización interna del dispositivo generador de sen- tido. Con ella están relacionados en el nivel del sigel fenómenos como el paralelismo de los personajes «elevado» y cómico, la aparición de dobles, los cursos de sujer paralelos y otros fenómenos bien estudiados de duplicación de las estructuras intratextuales. También a ella están $ gados la función mágica del espeja y el papel del motivo de la especn- laridad en la literatura y la pintura. Esta misma naturaleza es la del fe. nómeno del «texto en el textos, También con esto podemos compa rar un fenómeno pbservable en el nivel de las culturas nacionales Pod 29 Nikolái Tarabukin, «Smyslovoc znachenie disgonal'nyj kompozitsá v zhivopisi», en Udo. 2ap. / Tartaskit gos. un, op. 308, Trudy po znakooymn sistemara, NS, Tarta, 1973 pág: 479 % Véanse los ustículos de Viach. Ivánov, P. Torop, LL Levin, R. D. Tiuenchik y el autor de estas lineas en la recopilación «Teksr y 1ekste», Uch. zap. / Tartuskii gos. 100, emp. 567, Trudy po enakooym sistema, XIV, Tarro, 1981. [83 arcícalo de Lotaraa al que éste remnáte se halla incluido, bajo el título «£l texto en el textos, en la presente antolo ga NddT] dl