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Asignatura: accio colectiva, Profesor: Jose A. Aznar, Carrera: Psicologia, Universidad: UB
Tipo: Apuntes
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PID_
Los textos e imágenes publicados en esta obra están sujetos –excepto que se indique lo contrario– a una licencia deReconocimiento-Compartir igual (BY-SA) v.3.0 España de Creative Commons. Se puede modificar la obra, reproducirla, distribuirla o comunicarla públicamente siempre que se cite el autor y la fuente (FUOC. Fundació per a la Universitat Oberta de Catalunya), y siempre que la obra derivada quede sujeta a la misma licencia que el material original. La licencia completa se puede consultar en:http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/es/legalcode.ca
Cuando a María de la Luz Cervantes se le estropeó el coche aquella tarde llu- viosa, en su camino de Zaragoza a Barcelona, no sabía que su vida estaba a punto de dar un giro. María era “una mexicana de veintisiete años, bonita y seria, que años antes había tenido un cierto nombre como actriz de varieda- des”. Hacía solo seis meses que se había radicado en la capital catalana, en un apartamento ubicado en el barrio de Horta. Gabriel García Márquez (1992) nos ubica a este personaje de su cuento “Sólo vine a hablar por teléfono” en pleno régimen franquista. La mujer había encontrado su lugar en una sociedad al- tamente estructurada y reglamentada, regida por una autoridad fuerte y des- pótica. Además, estaba a punto de entrar a otra sociedad (más pequeña) que reproducía estas características a una escala menor, pero no menos dramática.
Después de intentar (en vano) obtener ayuda de otros conductores, nos dice García Márquez, “un autobús destartalado” se compadece de María. La mujer se da cuenta más tarde de que ese autobús –repleto de “mujeres de edades in- ciertas y condiciones distintas” (p. 100)– es su entrada a la reclusión psiquiá- trica. Un día después del fallo de su coche, el personaje se encuentra en un hospital de enfermas mentales del que no saldrá nunca. A partir de su llegada al establecimiento, los intentos de María por contactar telefónicamente con su marido serán vistos por el personal de la institución como uno más de sus delirios.
El relato sobre esta mujer que solo quiere desesperadamente hablar por telé- fono puede servir de introducción al tema de este módulo que hemos titula- do “Instituciones sociales. Estructuras sociales y realidades subjetivas”. En él aparecen muchos de los temas que desarrollaremos en las páginas que vienen. Por ejemplo, en “Sólo vine a hablar por teléfono” se vuelve evidente lo impor- tante que es para el orden social establecer determinadas posiciones y roles. Es así como, a partir de una conversación con el personal del hospital, María entiende que ha llegado al lugar equivocado:
–¿Cómo te llamas? –Le preguntó. María le dijo su nombre con un suspiro de alivio, pero la mujer no lo encontró después de repasar la lista varias veces. Se lo preguntó alarmada a una guardiana, y ésta, sin nada que decir, se encogió de hombros. –Es que yo sólo vine a hablar por teléfono –Dijo María. –De acuerdo, maja –Le dijo la superiora, llevándola hacia su cama con una dulzura de- masiado ostensible para ser real–, si te portas bien podrás hablar por teléfono con quien quieras. Pero ahora no, mañana. (García Márquez, 1992, p. 102)
Por el trato recibido, María puede darse cuenta de que se la está ubicando en un lugar que no es el suyo. Las identidades que la definen fuera de la institución (por ejemplo, como “esposa” o, simplemente, como persona “normal”) no le
y el significado que tienen para los internos que los habitan, así como para toda la sociedad. Pero no nos quedaremos ahí; argumentaremos que existen formas institucionales mucho más abiertas (como las instituciones de reinven- ción) y también más complejas (llamadas extituciones). A ellas también de- dicamos algunos párrafos para aproximarnos a la llamada crisis institucional que parece aquejar nuestro presente.
El recorrido que hacemos aquí por los estudios sobre instituciones está lejos de ser una revisión completa de la literatura. El tema es tan importante que prácticamente todo científico social ha dicho algo sobre él. En el espacio de este módulo no podemos mencionar todos los trabajos que se han realizado en este sentido; solo apuntamos algunas cuestiones clave. Otras muchas quedan necesariamente por desarrollar. La relación entre el orden y la transformación social es una de ellas. Sin embargo, esto no quiere decir que dicha relación carezca de relevancia. Así pues, no nos olvidamos de ella y, de hecho, la traba- jamos a lo largo de todo el módulo. Lo hacemos cuando tratamos el proceso de institucionalización de la acción colectiva, la dinámica entre lo instituido y lo instituyente o las prácticas de resistencia en el interior de las instituciones totales. También incluimos algunos recuadros de contenido complementario que especifican cómo se trata la relación entre orden y transformación social en distintas perspectivas.
Un tema que desarrollamos más ampliamente es el de la relación entre la sub- jetividad y las instituciones. Se trata de una relación a la que ya estamos alu- diendo en esta introducción, al inaugurar el módulo con el texto de Gabriel García Márquez. En “Sólo vine a hablar por teléfono” el destino fatal al que se enfrenta María no es solamente el del encierro; es también la progresiva modificación de su subjetividad. Transformación que la lleva, en un determi- nado punto del relato, a aceptar la identidad que la institución le asigna. La María que deviene “loca” representa de manera descarnada lo que, en general, nos pasa a todos cuando nos relacionamos con el orden institucional: nuestra subjetividad toma una determinada forma, en perjuicio de otras. En la última parte del módulo nos centraremos en los efectos subjetivadores de las institu- ciones, así como en la capacidad que tenemos las personas para instituir nues- tro propio yo con atención a los discursos socialmente disponibles. También mencionaremos lo que muchos de los autores trabajados en este módulo dicen sobre la relación entre las instituciones y la subjetividad.
En este módulo planteamos un acercamiento al orden social instituido y su relación con la subjetividad. Después de su lectura, esperamos que los estu- diantes podáis:
1. (^) Definir con claridad el concepto de institución social resaltando sus carac- terísticas y sus principales tipos. 2. Identificar distintas maneras de entender el orden institucional con aten- ción a diferentes teorías que, sobre este fenómeno, se han planteado en ciencias sociales. 3. Reconocer la presencia y analizar los efectos de las instituciones totales en las personas y en las sociedades contemporáneas. 4. Proyectar el futuro de las instituciones sociales a partir del conocimiento de las actuales tendencias de transformación estructural y cultural. 5. Articular reflexiones argumentadas sobre el impacto de las instituciones sociales en la subjetividad de las personas, tanto en la vida cotidiana, como en el interior de organizaciones concretas.
“La institución, en el orden social, juega el mismo papel que la función en el orden biológico; y de la misma manera que la ciencia de la vida es la ciencia de las funciones vitales, así la ciencia de la sociedad es la ciencia de las instituciones”.
Una de las definiciones comunes de institución apunta a una combinación entre formas de acción práctica recurrente y modos de pensamiento o de sig- nificado establecidos. Así, MacKinnon y Heise (2010) definen las instituciones como la intersección de la estructura social y la estructura cultural. La estruc- turasocial incluye distintos sistemas sociales observables, compuestos de pa- trones de relaciones entre miembros de una sociedad. Todos los grupos y or- ganizaciones –desde las familias hasta los gobiernos– son estructuras sociales que forman parte de una estructura mayor: la sociedad. La estructuracultural se refiere a regularidades en las creencias, valores, normas y otros elementos simbólicos compartidos por una comunidad organizada. Estos elementos cul- turales constituyen un saber común que los miembros de la sociedad tienen acerca del mundo y de su rol en él. Así pues, para MacKinnon y Heise (2010) las instituciones son fenómenos que tienen propiedades tanto sociales como culturales. Otros autores prefieren concebir las instituciones como ideales nor- mativos abstractos que se expresan a través de organizaciones. Dicha idea está planteada, por ejemplo, por Barriga (1979), quien sostiene que las institucio- nes son la filosofía implícita de las organizaciones. El siguiente es un ejemplo:
“Refirámonos [...] a la institución matrimonial que puede proponerse formalmente la procreación y el equilibrio sexual de la pareja... pero, en realidad, institucionalmente, puede ser el órgano transmisor de los esquemas propios de la ideología en el poder res- pecto a las relaciones de dominación del hombre para con la mujer”. (Barriga, 1979, p. 24)
En la vía de estas últimas ideas, entendemos por institución aquellos aspectos culturales de orden normativo, estructurado y propositivo (normas, valores, significados, identidades, objetivos) que se expresan a través de formas recu- rrentes de organización de la acción social (y que, de hecho, alcanzan sus fines a través de la actividad humana organizada). Subyace a esta definición una distinción entre el fenómeno institucional en sí mismo y su manifestación visible en la forma de organizaciones sociales. La multitud de definiciones que hoy existen sobre las instituciones pueden entenderse como derivados de es- ta distinción. En algunos casos los autores pondrán el acento sobre el aspec- to cultural de las instituciones, en otros, sobre su manifestación práctica. Un tercer grupo de autores planteará diferentes formas de relación entre las ins- tituciones y las organizaciones (llegando incluso a sostener que son una y la misma cosa).
Elmatrimonio El matrimonio, ejemplo de organización sociale institución. Fuente: https://www.flickr.com/ photos/wtlphotos/
1.1.1. Aproximaciones clásicas a la idea de institución social
La definición que hemos propuesto encuentra sus raíces en la sociología clá- sica, concretamente en la escuelafrancesa y la escuelaalemana. La prime- ra fue inaugurada por Émile Durkheim (1858-1917) y continuada por Marcel Mauss (1872-1950). Para el primero la sociedad se compone de individuos que, aunque separados unos de otros, renuncian a su independencia en favor del colectivo. En La división social del trabajo , publicada en 1893, Durkheim (2001) presenta a la sociedad como un todo orgánico cuya unidad está asegurada por un consenso moral básico entre todos sus miembros. En la misma obra, el au- tor usa el concepto de institución para entender las corporaciones medievales que, según él, sirven de base al Estado moderno. Tales corporaciones son ins- tituciones porque (1) persisten en el tiempo con independencia de sus mani- festaciones particulares y (2) cumplen con los propósitos para los que fueron creadas. Así pues, para Durkheim las instituciones son grupos definidos y or- ganizados racionalmente. Estos grupos surgen de un proceso de evolución en el que las nuevas instituciones se superponen a las antiguas. Aunque las viejas instituciones pierden fuerza, permanecen en la base y sobre ellas se asientan otras más recientes. Si persisten es porque las viejas instituciones aún respon- den a necesidades sociales.
Para Mauss, las instituciones son reglas públicas de acción y pensamiento. Se trata de formas dadas de actuar y de pensar en común (de Pina-Cabral, 2011). Objetos como los calendarios, actividades como las fiestas y nociones como lo sagrado son instituciones porque solo existen en la mente de los individuos en la manera en que la sociedad se los presenta. Las personas encuentran es- tos fenómenos ya hechos (instituidos), los reciben desde fuera a través de la educación. Cuando las personas usan tales objetos, llevan a cabo dichas ac- tividades o emplean las nociones compartidas solo actúan bajo la guía de la tradición o como consecuencia de la presión de un colectivo.
ÉmileDurkheim(1858-1917) Fuente: http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Emile_Durkheim.jpg
La sociología tiene en la obra de Max Weber (1864-1920) una segunda fuente de inspiración para el estudio de las instituciones. Es a la tradición que se ini- cia con este autor a la que llamamos la escuela alemana. Contemporáneo de Durkheim y de Mauss, Weber no utilizó la palabra institución en su acepción latina, sino el término alemán Anstalten. Dicha palabra se refiere al estableci- miento de los arreglos o preparativos necesarios para llevar a cabo algo (de Pina-Cabral, 2011). En la obra Economía y Sociedad , Weber define Anstalten a partir de la idea de organización. Una organización, de acuerdo con Weber, es una forma de asociación formal de la que solo pueden participar las perso- nas que hayan sido oficialmente admitidas, en la que hay un personal que trabaja continua y racionalmente, y cuyo gobierno está a cargo de individuos poseedores de autoridad. El Estado y la Iglesia serían, para Weber, ejemplos de organización por excelencia.
MaxWeber(1864-1920) Fuente: http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Max_Weber_1894.jpg
vidual. Dicho proceso es la institucionalización y se da en toda acción social que, siendo relevante para una colectividad, se repite en el tiempo. El proceso se da en una secuencia que incluye tres pasos, a saber:
1)Externalización. Después de muchas repeticiones, las actividades humanas se habitualizan : se produce el conocimiento de que el comportamiento X se lleva a cabo de acuerdo con ciertas pautas (roles) y, por tanto, tienden a ejecutarse siempre de la misma manera. Con el tiempo, dichas rutinas y los actores que las ejecutan reciben nombres cuyo significado es accesible a todos los miembros del grupo implicado. En este último caso, los autores hablan de tipificaciónrecíproca.
2) Objetivación. Cuando las tipificaciones recíprocas se enseñan a nuevos miembros del grupo, estas se les ofrecen como una realidadsocial-objetiva. Las rutinas se presentan como soluciones permanentes a problemas igualmen- te permanentes. Se transforman en objetivaciones cuyo significado puede ser reconocido tanto por sus productores como por otros. Para quienes no parti- ciparon directamente en su creación, los roles y las expectativas asociadas a ellas se experimentan como hechos impuestos por tradición.
3)Internalización. Las objetivaciones son traspasadas de una generación a otra a través de la socialización. Su significado es aprendido y pasa a formar parte de la realidad subjetiva de cada persona. De esta manera, diferentes sectores del yo se objetivizan mediante el uso de tipificaciones sociales apren- didas: nuestras identidades quedan definidas por la ejecución de ciertos roles (por ejemplo, “profesor/a”, “estudiante”, etc.).
De acuerdo con estos autores, las instituciones se manifiestan en la ex- periencia del día a día a través del lenguaje y de otros productos socia- les (como los artefactos); pero sobre todo gracias al ejercicio repetido de rolessociales (acciones que han sido habitualizadas y tipificadas so- cialmente, que se conectan con determinados tipos de actores).
De acuerdo con Berger y Luckmann, los signos (un tipo especial de objetiva- ción) están en el corazón de la institucionalización. Tanto para tipificar la ac- ción social, como para transmitir las tipificaciones y aprenderlas, los seres hu- manos necesitan dotarse de sistemas de signos. Entre ellos, el más importante es el lenguaje :
“El lenguaje objetiva las experiencias compartidas y las hace accesibles a todos los que pertenecen a la misma comunidad lingüística, con lo que se convierte en base e instru- mento del acopio colectivo de conocimiento. Además, el lenguaje aporta los medios de objetivizar nuevas experiencias, permitiendo que se incorporen al acopio de conocimien- to ya existente, y es el medio más importante para transmitir las sedimentaciones obje- tivadas y objetivizadas en la tradición de la colectividad de que se trate” (Berger y Luck- mann, 1986, pp. 91-92).
Médicoypaciente tipificamos mediante el uso de categorías como^ En nuestra sociedad, este encuentro lo la de “médico” y “paciente”. Fuente: https://www.flickr.com/photos/123823381@N05/
En tanto que sistema de signos, el lenguaje es objetivo. Esto no quiere decir que refleje la realidad tal cual es, sino que para las personas que lo aprenden se percibe como algo externo a ellas mismas. El lenguaje entrega a las perso- nas un conjunto predefinido de objetivaciones (significados compartidos, por ejemplo, tipologías de actores, vocabularios sobre la acción, etc.) y unas reglas que es necesario respetar cada vez que nos comunicamos con otros. Una de sus principales virtudes es que objetiva la experiencia al servir como “depósi- to objetivo de vastas acumulaciones de significado y experiencia, que puede preservar a través del tiempo y transmitir a las generaciones futuras” (p. 56). Con el lenguaje es posible comunicar a los demás lo que ha ocurrido en otro lugar y momento; incluso podemos exponer asuntos que no hemos vivido. De esta manera es posible aprehender acciones sociales (y su significado) sin tener que realizarlas efectivamente.
A través de la acumulación de objetivaciones lingüísticas, el lenguaje gene- ra grandes cuerpos de conocimiento teórico sobre realidades que no son ex- perimentadas en la vida cotidiana. Estos “acopios sociales de conocimiento” pueden ser de distinto tipo (mitológico, religioso, científico, etc.) y reciben el nombre de universossimbólicos. Los universos simbólicos se desarrollan con posterioridad a la institucionalización y legitiman las instituciones. El mundo común que definen integra en un solo marco de referencia general los signi- ficados asociados a todas las instituciones de una sociedad. De esta manera, permiten que esta última tenga sentido como unidad organizada dentro de cuya estructura e historia discurre la biografía (también organizada) de cada individuo.
La legitimación es el proceso a través del cual se logra la aceptación, por parte de las personas, del orden institucional objetivado. Consiste, básicamente, en explicar por qué el individuo debe comportarse de de- terminada manera y no de otra, así como en justificar por qué las insti- tuciones son como son. Para tal fin, no solo se recurre a los universos simbólicos, sino a otras formas de conocimiento de menor calado, co- mo los proverbios, las leyendas, los cuentos populares y teorías explíci- tas sobre instituciones específicas.
Universos simbólicos y acción colectiva Aunque la obra de Berger y Luckmann se centra en la construcción del orden social, tam- bién es útil para estudiar la acción colectiva y la transformación social. Así, por ejemplo, Ibarra y Tejerina (1998) defienden que: “Un movimiento social es una institución en la medida en que está constituido por un conjunto de normas preestablecidas, provenien- tes de la sedimentación de una memoria y práctica histórica, y que formal o informal- mente constituye una guía para la acción” (p. 12). En un estudio realizado en Polonia, Bakuniak y Nowak (1987) han recurrido a la perspectiva de Berger y Luckmann para ex- plicar cómo, en los ochenta, el sindicato Solidaridad pasó de articular reivindicaciones económicas a plantear un conflicto de carácter político. Esto requirió el uso público del universo simbólico ligado a la Iglesia católica, que hasta 1979 había estado relegado a la esfera de lo privado. Solidaridad aprovecha la visita del papa Juan Pablo II a Polonia para darle notoriedad a dicho universo y para otorgarle una identidad colectiva a la sociedad civil mediante los valores y símbolos del catolicismo. Así, logra atribuirle al pueblo una forma de reconocerse a sí mismo que es opuesta a la asignada por el universo simbólico
5) Cambio en objetivos y repertorios. Las estructuras de movilización se vuelven moderadas, empiezan a preferir la presión política convencional y la cooperación con las autoridades. La retención de afiliados y fuentes de recur- sos se vuelven actividades primarias de la organización.
La evolución organizacional es el nombre de la institucionalización de la ac- ción colectiva. Se trata del proceso por el cual los movimientos sociales dejan de ser outsiders políticos y pasan a formar parte del conjunto de actores acep- tados en los procesos de toma de decisiones y de elaboración e implementa- ción de políticas (Jiménez Sánchez, 2005). La idea pues es que, a medida que los movimientos acceden de manera estable a la política institucional, inevi- tablemente se consolidan y se transforman en instituciones (por ejemplo, en sindicatos, partidos políticos o grupos presión).
Algunos autores sostienen que
“la institucionalización de los movimientos sociales es la característica principal, domi- nante, de estas nuevas formas de acción colectiva frente al carácter anti-institucional más o menos marcado de los otros movimientos sociales” (Ibarra y Tejerina, 1998, p. 11).
La tesis de la institucionalización de la acción colectiva, aunque ampliamen- te aceptada, no es universalmente compartida. Por ejemplo, Jiménez Sánchez (2005) recuerda que los movimientos sociales –aun cuanto presenten altos gra- dos de institucionalización– siempre recurren a formas de protesta que tienen lugar en escenarios sociales o no convencionales. El repertorio de actividades varía de una organización a otra de acuerdo con las problemáticas que aborda, su cultura de protesta, su ideología, las oportunidades políticas existentes, etc. Por su parte, Kriesi (1999) sostiene que existen distintos caminos que pueden seguir los movimientos sociales en su desarrollo:
1)Comercialización. Los grupos que participan de un movimiento social em- piezan a ofrecer servicios de pago y se transforman en proveedores de servicios para sus bases.
2)Involución. Los grupos empiezan a ofrecer servicios solidarios a sus bases y devienen sociedades de ayuda mutua o asociaciones de voluntarios. También pueden organizar actividades sociales exclusivas para los miembros, convir- tiéndose en clubes.
3)Radicalización. Este fenómeno puede entenderse como una ruptura fuerte con el orden instituido que con frecuencia da un nuevo vigor a la moviliza- ción.
Alberto Melucci (1999) defiende que la institucionalización no es el destino ineludible de la acción colectiva, sino que es parte de los retos que los movi- mientos han de gestionar continuamente. En esta dirección, el psicólogo social italiano sostiene que los movimientos sociales se debaten entre la fragmenta- ción y la integración. La integración es otra forma de llamar a la institucio-
Greenpeace organizaciones altamente estructuradas, como^ El movimiento ecologista cuenta con Greenpeace. Fuente: https://www.flickr.com/photos/alexcarvalho/
nalización. Por fragmentación se entiende que si los activistas se entregan con demasiado empeño a asegurar la autonomía del movimiento con respecto a otros actores pueden llegar a romper las relaciones con la sociedad. Sus grupos devienen entonces sectas marginales o, incluso, organizaciones clandestinas.
1.3. La dinámica instituido/instituyente
Hasta ahora hemos mencionado que las instituciones siempre tienen una his- toria de desarrollo que ocurre a lo largo del proceso de institucionalización. Al examinar este último proceso hemos visto que incluso colectivos que pro- penden por transformaciones sociales tienden a convertirse en instituciones. Esto nos lleva a revisar la relación entre el orden social instituido (y aparente- mente sólido y estable), y el cambio social que lleva a la emergencia de nue- vas instituciones. Para tal fin proponemos estudiar la relación dialéctica en- tre lo instituido y lo instituyente. Tales conceptos provienen del pensamiento sociológico francés de los años setenta. Autores como Cornelius Castoriadis (1983-1989), Michel Maffesoli (1944), Claude Lefort (1924-2010) o Guy De- bord (1931-1994) los han utilizado para dar cuenta de la burocratización po- lítica que parece seguir a toda revolución. Estos autores proponen que, con el tiempo, el espíritu revolucionario se fosiliza y da paso a la burocratización po- lítica. La institucionalización da origen al ordensocialinstituido mediante una naturalización paulatina de la norma:
“Lo que inicialmente eran simples reglas de juego, con toda la carga relativa que ello comporta, tiende a absolutizarse olvidando su carácter mediador respecto a objetivos concretos. Esta «naturalización» de lo instituido conlleva la fácil desadaptación a la reali- dad cotidiana, normalmente cambiante. Tal desadaptación finaliza en la esclerosis de la norma y en la pérdida total de su funcionalidad. Se cumple el deber por el deber, sin cuestionarse sobre lo fundado o infundado de dicho deber” (Barriga, 1979, p. 26).
Ahora bien, en la fosilización de lo instituido se esconden las semillas de un nuevo proceso transformador. Contra el anquilosamiento del orden social, surgen procesos tendentes a su revitalización: surge la accióninstituyente. Acción que toma la forma de crisis sociales y acontecimientos revolucionarios que regeneran las instituciones. La acción instituyente emerge como novedad transitoria, a la que sigue una actividad restauradora de la vida social institui- da, fortalecida y renovada (Alberoni, 1984). De acuerdo con Maffesoli (1981), lo instituyente, aunque parece débil, tiene la potencia necesaria para crear ex- presiones culturales nuevas y alternativas a las estructuras sociales instituidas.
Lo instituido y las instituciones no son lo mismo. Las instituciones no se agotan en lo instituido, porque son el producto histórico de la socie- dad instituyente y se desarrollan y cambian gracias a las fuerzas institu- yentes (Barriga, 1979). La relación entre lo instituyente y lo instituido hace posible la incesante regeneración del cuerpo social, evitando su solidificación (Carretero, 2008). Hacen de la vida social un vaivén per- manente, siempre inacabado: un equilibrio móvil (Maffesoli, 1993).
Vestigiosdeunarevoluciónfosilizada Fuente: http://www.flickr.com/photos/dancing_triss/
delimitando lo que es real y lo que es ficticio (y, por tanto, lo que puede ser instituido y lo que no). Los significados sociales imaginarios pueden tener la forma de imaginario real o de imaginario radical.
2)Imaginariorealoimaginariosocialinstituido. Se trata del conjunto de significados establecidos en una sociedad que son el producto de nuestra ca- pacidad de representar (es decir, reproducir) objetos, incluso en su ausencia. El imaginario real está encarnado en las instituciones transhistóricas y en las ins- tituciones específicas que ya hemos mencionado. Aunque tales instituciones son creaciones humanas, las personas llegan a experimentarlas como externas a ellas mismas a medida que se conforman con las creencias y las ideas dadas (“así son las cosas”). Por esta vía, las sociedades y los individuos se vuelven heterónomos: incapaces de modificar sus representaciones del mundo y sus formas de ser. Esto es, precisamente, lo que –de acuerdo con Castoriadis– le ocurre al movimiento obrero cuando empieza a delegar su poder en los parti- dos. Al hacerlo, los obreros dejan que otros decidan por ellos, con lo que su potencial creativo y de autogestión se ve constreñido.
3)Imaginarioradicaloimaginariosocialinstituyente. Las sociedades tien- den a la heteronomía, pero existen momentos de ruptura en los que el imagi- nario social y sus instituciones son cuestionados. Estos momentos históricos son animados por nuestra capacidad de engendrar representaciones que no provienen de estímulos externos (es decir, que no reemplazan algo ya existen- te), sino que se refieren a algo que aún no existe. El conjunto de tales repre- sentaciones integra el imaginario radical: aquellos significados que emergen como una novedad genuina; es decir, que no resultan de la mera repetición o combinación de significados previos. El imaginario radical crea un nuevo mo- do de ser de la sociedad desbordando y modificando el imaginario instituido. Esto es lo que ocurre en la antigua Grecia cuando se inventa la democracia (Castoriadis, 1997a). En dicho periodo se crea la política entendida como la acción mediante la cual la sociedad transforma reflexiva y deliberadamente las instituciones que la gobiernan (lo político).
El imaginario radical se ha expresado también en Europa Occidental durante el Renacimiento, la Reforma protestante y el surgimiento del movimiento obrero. Ejemplos más contemporáneos estarían represen- tados por la emergencia del movimiento okupa, el movimiento de los Sin Tierra en Brasil o las comunidades zapatistas en México (Cancino Pérez, 2011), así como el movimiento de indignados en España o el Oc- cupy Movement.
Cuando las personas construyen instituciones de acuerdo con principios que no les vienen heredados, sino movidas por el imaginario social radical, inau- guran un periodo de inestabilidad que se opone al orden instituido. Entonces, aparecen sociedades parcialmente abiertas e individuos reflexivos que articu-
lan proyectos emancipatorios. Debido a que las nuevas instituciones creadas por el imaginario instituyente tienden también a independizarse y a someter una vez más a la sociedad, Castoriadis defiende que el contenido del proyec- to revolucionario debe apostar constantemente por la autonomía. No puede perseguirse la creación de una vez y para siempre de instituciones considera- das como intrínsecamente “buenas”; mucho menos una sociedad sin institu- ciones. El objetivo revolucionario debe ser una sociedadautónoma , capaz de darse a sí misma sus propias leyes, de decidir sobre su propio modo de ser y de renovar constantemente sus instituciones a través de la actividad política (Castoriadis, 1988).