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Asignatura: Terapias psicodinámicas y humanistas, Profesor: , Carrera: Psicología, Universidad: UNED
Tipo: Apuntes
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¿Qué es exactamente tener habilidades sociales y cómo me entreno?
Usaremos una definición de HHSS amplia, que incluye asertividad, que a su vez se puede definir como: Defensa de derechos.
Definición de V. Caballo (1986):
De una forma más resumida se puede decir que la ASERTIVIDAD es la habilidad para expresar de forma clara y directa lo que uno piensa, siente o desea.
Diferentes formas de entender la relación con los demás:
Unas de las características que define a la especie humana, quizá la más genuina, es la sociabilidad. Literalmente, estamos hechos para compartir nuestra vida con otros seres humanos. Aunque hay diferencias importantes entre culturas, todas ellas tienen en común que los niveles más altos de calidad de vida se consiguen compartiendo.
Sin embargo, resulta como mínimo paradójico que habiendo sido diseñados para vivir en grupo no nazcamos con un programa pre- instalado de sociabilidad. No nacemos sabiendo cómo actuar para con los demás. Hay que aprenderlo. Y se aprende día a día, desde que nacemos, a través de las experiencias que vamos teniendo en relación con los demás. Influyen nuestros padres, nuestra familia, la guardería, el colegio, la universidad, los libros que leemos, las
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La conducta socialme nte habilidos
En términos emocionales, y siempre dentro del área social, el sentimiento que más predomina es el enfado. Cualquier punto de vista diferente, crítica o sugerencia tiende a interpretarse como un ataque personal, lo que inevitablemente activa el enfado y, a menudo, el comportamiento agresivo.
Su conducta es excesiva. Su forma de hablar es brusca, con un volumen alto y un ritmo rápido. El contacto visual es constante, pueden acortar la distancia personal y los gestos son más enérgicos. Sus palabras pueden ser descalificativas, amenazantes, manipuladoras, irónicas o incluso insultantes.
Resulta impactante comprobar que este estilo agresivo de enfocar las relaciones sociales es altamente eficaz en términos de consecución de objetivos prácticos. No es raro encontrar personas con este patrón comportamental que ocupan cargos de poder o que han conseguido importantes logros materiales y profesionales. Eso sí, a costa de sacrificar el número y la calidad de las relaciones personales: afectividad, amistad, confianza o apoyo.
Tú eres mucho más importante que yo
En el polo opuesto de este continuo se sitúan los individuos predominantemente pasivos. Su forma de pensar también es peculiar. Aprendieron a quedarse siempre en un discreto segundo plano, a no molestar, a no llamar la atención. Tienen un miedo intenso a que los demás piensen mal sobre ellos y a ser rechazados. Esa fuerte convicción los lleva a creer que las opiniones de los demás son mejores que las suyas o a rehuir el potencial conflicto que supondría expresar sus ideas en caso de ser contrarias a las del resto. Olvidan o ni siquiera saben que tienen sus propios deseos, derechos o necesidades, como todo el mundo. Su autoestima es baja y depende de cuán aprobados se sientan por los demás. No es raro encontrar personas con esta estructura psicológica que aguanten situaciones abusivas de su pareja, familia, amistad o trabajo.
La ansiedad, el miedo a la descalificación, es la emoción habitual. Temen no caer bien, hacer el ridículo, que se enfaden con ellos, dar una mala imagen, no ser queridos o perder relaciones. Afrontan muchas situaciones sociales en estado de alerta, anticipando mentalmente todo tipo de desgracias. Una proporción importante de esas personas acaba desarrollando fobia social, tristeza intensa o incluso depresión.
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Su comportamiento es escaso, insuficiente. Rehúyen cualquier situación que, desde su punto de vista, implique peligro social: expresar opiniones y sentimientos, decir “no”, hacer peticiones o defender derechos básicos del consumidor. En casos severos, hablan poco, gesticulan poco, les cuesta sostener la mirada, su volumen de voz es insuficiente y se sitúan estratégicamente en contexto de grupo en los sitios donde creen que van a pasar más desapercibidos. Sin embargo, de vez en cuando, pueden tener un intenso estallido de enfado y agresividad. Sucede tras la acumulación de la frustración que les hace sentir ser víctimas de trato injusto, abusivo o manipulativo.
Esta forma de actuación social, ser tan complacientes, consigue la aceptación social, pero no en la mejor de sus versiones. No suelen ser rechazados, pero no alcanzan un grado de intimidad y confianza importante. A veces, la gente opina de ellos que son débiles, sin personalidad o poco de fiar. En casos extremos, cuando el comportamiento es muy exagerado, se les margina, lo que no deja de ser paradójico, porque todo su comportamiento iba encaminado precisamente a que no sucediera.
Buscando el equilibrio: ASERTIVIDAD
Esta idea permite compatibilizar la búsqueda de las metas personales con las de los otros. Es lo que llamamos un estado de “sano egoísmo”. Por ejemplo, en una situación de grupo en que hay diferencias de opinión sobre un determinado tema, la persona asertiva defendería y mantendría su postura de una manera sólida, pero amable. Escucharía atentamente las diferentes opiniones y argumentaría serenamente sobre el tema. No se enfadaría, pero tampoco temería lo que pudieran pensar de él al defender su versión de los hechos y, por supuesto, no intentaría convencer a toda la costa al resto del grupo.
I. Su autoestima es alta y realista. Es consciente de sus puntos fuertes, pero también de sus debilidades. II. No se sobrevalora, pero tampoco hace lo contrario. Es justo consigo mismo y se siente seguro en la interacción social.
Las personas predominantemente asertivas creen con firmeza que sus pensamientos, deseos o necesidades son, como mínimo, tan importantes como la de los demás
Expresar un sentimiento positivo. Halagar al interlocutor por su aspecto.
Con tono de voz irónico: "¿Huy! ¿Dónde vas tan guapo? ¿Qué te vas de boda?"
Digo: "¿Es ropa nueva?"
Sonriendo y mirándole a los ojos, le digo: "Vaya, estás guapísimo".
Recibir un sentimiento positivo. Contestar a un halago profesional.
"Pues claro, ¿con quién te crees que estás hablando?"
Respondo "¡Qué va! Lo habría hecho cualquiera.
"¡Gracias! La verdad es que he trabajado mucho y estoy contento con el resultado".
Hacer una crítica. Criticar a un compañero de trabajo.
Casi gritando: "¡Cómo vuelvas a llegar tarde del almuerzo, vas a tener lo que no quieres!".
Le miro serio, miro el reloj de forma exagerada y no digo nada.
Le digo: "Cuando llegas tarde, como hoy, me molesto porque voy a tener menos tiempo para almorzar. Por favor, intenta ser puntual". Recibir una crítica. Un amigo critica la forma en que he tratado a otra persona, y no estoy de acuerdo.
"¡Para nada me he pasado! ¿Qué pasa, que no lo ves?".
"No, no, lo que yo quería decir es que…".
"Pues lamento que lo veas así, pero sigo pensando que hice lo más adecuado".
Defender derechos del consumidor. Devolver una prenda recién comprada en mal estado.
"¡A ver si tenéis un poquito más de profesionalidad y no estafáis ala gente!".
Envío a mi mujer para que lo cambie.
"Compré este polo la semana pasada, pero tiene el ojal defectuoso. Me gustaría que me lo cambiaras por otro".
Elige entre las opciones 1,2 y 3 para cada situación, cuál se acercaría más a lo que tú harías. Si predominan las respuestas tipo 1, tu estilo sería más agresivo. Si tienes más respuestas de tipo 2, tu estilo habitual sería el pasivo. Y si, enhorabuena, tiendes a elegir la opción 3, tu estilo sería más asertivo.
Como ya se ha mencionado antes, no hay nadie al 100% agresivo, pasivo o asertivo. En realidad, nuestro comportamiento está gobernado por los escenarios que lo activan y por las consecuencias que produce. Así, incluso la persona más agresiva, ante determinadas personas, puede tener un comportamiento pasivo. Por ejemplo, Emilio es muy agresivo en el escenario social de su trabajo, pero muchas veces es pasivo cuando se relaciona con la familia. O la persona más pasiva, ante el interlocutor adecuado, podría actuar asertiva o agresivamente. Luisa suele responder pasivamente, pero cuando tiene que defender a su hijo, explota de forma agresiva. Y, desde luego, las personas que tienden a ser asertivas en ciertos escenarios es indudable que podrían activar su modo agresivo o pasivo. Es el caso de Julián, que aunque en su día a día es una persona asertiva, ante interlocutores que él considera de mayor estatus profesional se torna pasivo.
En los próximos capítulos te enseñaremos las técnicas que la ciencia de la Psicología ha demostrado que son muy eficaces para, si tendemos a ser más agresivos o pasivos que asertivos, evolucionemos hacia la asertividad. O incluso si ya somos asertivos, todavía llegar a serlo más. El objetivo está claro: las personas asertivas tienen menos malestar psicológico, sus relaciones son mejores y su vida es más feliz.
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Para llegar a ser una persona asertiva se necesita aprender una gran cantidad de habilidades personales. No solo el comportamiento, sino también una forma de pensar que nos haga libres para ser asertivos.
Además, lo que entendemos por conducta asertiva incluye una gama de conducta muy amplia. Desde conversar hasta hablar en público, pasando por defender derechos personales, y otras aún si cabe más sofisticadas, como superar una entrevista de selección de personal o ligar. Y añadido a esto, hay que tener en cuenta que el proceso mediante el cual llegamos a desarrollar estas habilidades está multinfluenciado (sometido a múltiples influencias) y no tiene fin. Es un proceso dinámico que empieza prácticamente desde el nacimiento y acaba solo con la muerte. Cada uno de los ambientes sociales en que vivimos modifica en mayor o menor grado nuestra habilidad social.
Para poder desarrollar un estilo asertivo de relación social, primero nos lo tenemos que permitir. Es decir, tenemos que cambiar nuestra forma de pensar para con las relaciones sociales. Mucha gente que no es asertiva, no lo es porque el comportamiento asertivo les parece egoísta, brusco, poco educado o incluso amenazador. En otros casos, se interpreta la conducta asertiva como débil, titubeante, indirecta o incluso cobarde.
Un clásico de la literatura sobre la asertividad es el concepto de derechos asertivos. Solo por ser personas y vivir en sociedad, tenemos una serie de derechos que la gente no asertiva no ha llegado a conocer o ha aliviado. En realidad, lo que en el contexto de la asertividad y las habilidades sociales se ha descrito como derechos asertivos, son creencias saludables que legitiman la ética del comportamiento asertivo. He aquí las más importantes:
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mayoría de las veces en que creemos que los demás piensan algo negativo de nosotros, no lo están haciendo. Pero en el caso de que sucediera, ¿por qué la opinión de los demás debería ser más válida que la nuestra? Esta filosofía es la que llamamos “sano egoísmo”. Significa que en aquellas ocasiones en que tus opiniones, deseos, preferencias o decisiones difieran de las de los demás, deberías tender a elegir la tuya. Obviamente, estamos hablando de temas opinables, no de asuntos que dependan de conocimientos o ciencia. Por ejemplo, no tendría sentido elegir tu propia opinión sobre un tema de nutrición frente a la opinión de un experto.
La lógica que subyace a este precepto es aplastante. En todo lo que tenga que ver contigo, tú eres el experto más cualificado. Así pues, tu opinión debería ser la más creíble para ti.
Por lo contrario, si condicionas tu vida a la opinión de los demás, estás traicionándote a ti mismo y renunciado a ser quien eres. Y además, de entre todas las opiniones, ¿a cuál vas a hacer caso?, ¿a cuál sería la más creíble?, ¿a quién deberías seguir?
Ángela disfruta mucho saliendo de compras y prefiere salir sola, porque cuando la acompaña una amiga, suele acabar comprando lo que su amiga le aconseja, aunque a ella no le guste tanto. Luego se siente mal consigo misma pensando que no tiene personalidad ni criterio y que no sabe elegir. En realidad, esto no es así. Ángela sabe perfectamente lo que le gusta, el problema es que cuando su amiga da su opinión, acaba concediéndole más peso a esta que a la suya propia.
Muchas veces, actuamos basándonos en normas, obligaciones o reglas sobre comportamiento social aceptadas solo por tradición. Creemos que según el tipo de relación formal que mantengamos con otras personas, nuestro comportamiento estará en consonancia. Se espera que actuemos de una determinada forma por el hecho de ser pareja de alguien, hijo o hermano de alguien o amigo de alguien. Y hasta ahí, vamos bien, porque, efectivamente, cada tipo de relación conlleva un determinado grado de intimidad. El problema viene cuando se sobrevaloran esos roles y se les da una validez superior al comportamiento de la otra persona. En otras palabras, ser pareja, hijo, hermano o amigo de alguien no debería obligarnos a actuar de una determinada manera. Tenemos
Derecho a cambiar de opinión. Que no sean caprichosos, incoherentes y que no resulten de entrada agresivos o groseros. Cambios de opinión que tengan lógica. A veces quedamos atrapados en situaciones difíciles porque decidimos algo en algún momento y con el tiempo nos quedamos atrapados en las palabras, en lo que dijimos.
No siempre es posible estar feliz y contento. Es inevitable pasar por baches en que nuestro estado de ánimo, por múltiples razones, se resiente, y sentirnos tristes, apáticos, ansiosos, preocupados, doloridos, inquietos o atormentados. Una vez más, esto demuestra lo que somos, seres humanos. Y cuando estamos así, no necesitamos disimular o esconder estos sentimientos. Es más, podemos pedir ayuda o apoyo. Esto también es ser asertivo. Expresar lo que sentimos en ese momento no nos hace débiles, nos hace personas. Y pedir ayuda nos acerca más a los demás.
Alberto tiene problemas en su trabajo. Las cosas no van bien y lleva ya un tiempo preocupado y triste, pero tanto en casa como con sus amigos, disimula y finge que todo va perfecto. Se sentiría mejor si lo compartiera con su mujer y sus mejores amigos, y aceptara la ayuda que sin duda le ofrecerían.
Tenemos un miedo horrible a parecer poco inteligentes, incultos o ignorantes. Y esos miedos absurdos muchas veces nos llevan a ser poco asertivos en determinadas situaciones en las que tratamos de disimular, salvar las apariencias o incluso mentir. En realidad no estamos obligados a saberlo todo. Es más, es imposible saberlo todo, y aceptar esto con naturalidad tendría que ser la norma.
Berta está estudiando Física, y le encanta. Sin embargo, hay una situación que puede con ella. Cuando en clase, mientras el profesor explica, no entiende algo, le resulta imposible pedirle al profesor que lo vuelva a explicar. Cree que si no lo entiende, tanto el profesor como los compañeros pensarán que no está a la altura, que no es lo suficientemente inteligente.
A Pepe, que es profesor titular de Psicología, le espanta la posibilidad de no saber contestar una pregunta de sus alumnos. En las pocas ocasiones en que esto sucede, utiliza diferentes estrategias para que no se note: se inventa una respuesta, conecta la pregunta con otro tema en que se siente más seguro o emplaza la respuesta a otro momento. Pepe no se siente capaz de decir No lo sé.
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Selección de técnicas verbales que se usan en diferentes contextos de asertividad.
DISCO RAYADO
Repetir una y otra vez lo que deseamos (objetivo) sin enfadarnos ni ceder. Al utilizar el disco rayado se extinguen las manipulaciones del interlocutor, sin caer en la trampa de autojustificarnos. Especialmente apto para situaciones en las que poseemos escasa o nula relación afectiva con el interlocutor.
Se usa sobre todo en los derechos del consumidor, donde la relación emocional con el interlocutor no existe o es mínima:
Consigue los objetivos prácticos por desgaste. No ponernos agresivos, no discutir y no ceder.
Repetir una y mil veces: Lo lavé, ha encogido y quiero que me devuelvan el dinero.
No agresivo, no irónico, sí impersonal. Mecánico, mostrando empatía: Yo le entiendo y me pongo en su lugar, pero yo lo lavé, ha encogido y quiero que me devuelvan el dinero.
Solo es una estrategia para mantener la opinión. Se puede usar en familia, es decir, para relaciones más personales
Buscar, ofrecer y negociar una alternativa justa a un determinado conflicto.
Se puede usar en familia o en pareja. Ni para ti, ni para mí, vamos a buscar un punto intermedio.
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En el ejemplo de la técnica anterior, si el de la tienda dijera: “no te devuelvo el dinero, pero te lo cambio por otro”.
BANCO DE NIEBLA
Afrontar una crítica reconociendo o admitiendo la posibilidad de que hay algo de verdad en ella.
Se usa para afrontar críticas, es una opción que se puede usar ante críticas que podemos deducir que son malintencionadas, es decir, que no tienen el propósito de decir lo que molesta y pedir cambio, sino lo que quiere es fastidiar al otro. Es como correr un tupido velo, el mensaje implícito sería: “No me importa lo que dices. Estas estupideces se las dices a otro”. No dices nada claro.
Ejemplo:
Se trata de descolocar al otro con la respuesta, dándole crédito a la crítica. Esto es banco de niebla.
Es dar un mensaje ambiguo. Por un lado puedo estar pensando: “Comprendo que pienses así porque no tienes ni idea, o entiendo lo que dices porque tienes algo de razón.
Otro ejemplo:
Sujeto 1: Qué camisa más fea llevas! Sujeto 2: Comprendo que no te guste.
Pedir aclaración sobre el contenido de la crítica sin enfadarnos para después reconocerla si estamos de acuerdo o manifestar nuestro desacuerdo.
Ej.: ¿No te gusta? A mí sí. O ¿no te gusta? Ya, es un poco cutre.
Ante una crítica con la que estamos de acuerdo, la reconocemos sin avergonzarnos ni dar excusas necesariamente.
Se practica de forma descontextualizada: uno hace alguna pregunta cerrada y el otro contesta sí o no, pero dando más información.
A partir de lo que nos cuenta el interlocutor, discriminamos sus áreas de interés y las utilizamos en la conversación.
Saber qué tienes que hablar y con quién temas fáciles, cómodos y que no sean conflictivos.
En muchas ocasiones esperamos que la otra persona adivine nuestros deseos y creemos que debe ser así. Eso es una falsa creencia. Cuando queremos algo de nuestra pareja, amigos, familiares, compañeros, etc. debemos pedirlo directamente.
Para ello debemos tener en cuenta una serie de aspectos:
Ejemplos, “¿Me dejas el coche esta tarde?”; “Me gustaría que pasásemos el fin de semana juntos, ¿te apetece?”
Todos tenemos derecho a decir NO sin sentirnos culpables. Para ello primero tenemos que escuchar y entender la petición y después decidir como contestamos.
Tenemos que…
NO tenemos que…
EXPRESAR SENTIMIENTOS POSITIVOS
El expresar sentimientos positivos a otra persona va a hacer que nuestra relación con ella mejore. Incluso, cuando le tengamos que expresar algún sentimiento negativo, estará menos predispuesta a enfadarse con nosotros.
Podemos expresar aspectos positivos en tres niveles:
Ejemplo: “llevas un vestido precioso”, “me gustan mucho las nuevas gafas que te has comprado”
Ejemplo: “me ha parecido genial la manera de manejar esta situación”, “la paella que has hecho está buenísima”, “te ha quedado muy bien esa pared pintada de azul”
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