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Asignatura: teoria e ideologias I, Profesor: , Carrera: Derecho + Ciencias Políticas, Universidad: UC3M
Tipo: Apuntes
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Claudia Domínguez Guerra, grupo 35 Derecho y Ciencias Políticas
Se entiende como la forma idílica de convivencia aquella en la que se pueda ser diferente sin temor alguno. El multiculturalismo constituye esa opción. Las cuestiones en torno a lo que a la etnicidad se refiere siempre han despertado levantamiento a favor de una justicia social, el movimiento a favor de los derechos civiles que intentaba acabar con el antirracismo impulsado en Estados Unidos, en el año 1955, por Martin Luther King; o la acción colectiva antiapartheid albergada por el liderazgo de Nelson Mandela, son ejemplos de algunos de esos levantamientos. La ausencia de estos alzamientos da lugar a genocidios como el del pueblo judío, debido a que el silencio y la inacción conllevaron a que no hubiera un movimiento antirracista que tuviera en su agenda la lucha contra la persecución de los responsables del holocausto nazi.
El antirracismo se entiende como una ideología en defensa de valores tales como la libertad, la igualdad, la justicia y la solidaridad. La tolerancia y el pluralismo son aspectos básicos en esta ideología que vela por la no discriminación en función del color de piel, la cultura, la lengua, la religión o el origen nacional. El movimiento antirracista es progresivo en los países democráticos, este hecho es relevante debido a que podemos afirmar que todas las sociedades son multiculturales.
Llegados a este punto conviene diferenciar entre multiculturalidad, que es equivalente a la pluralidad de cultura; y multiculturalismo que es sinónimo de política multicultural que nació en Canadá en las décadas de los 60 y los 70. Por lo que se deduce que la primera es un hecho y lo segundo la respuesta normativa ante el hecho. El antirracismo hace uso del cambio social para erradicar un mundo de desigualdades. Para que dicho cambio social cumpla con los objetivos previstos se requiere de la acción colectiva, pues el paso del tiempo no eliminará el racismo de nuestro día a día. Por el contrario se debe optar por hacer entender a los ciudadanos que el racismo, como cualquier construcción social, es producto de las convenciones humanas y, como tal, es modificable.
En el periodo de la globalización es imposible afirmar que una sociedad tenga en su seno exclusivamente una única cultura, debido a que desde hace mucho tiempo las culturas han traspasado las fronteras y en una misma sociedad coexisten diferentes culturas, por lo que los lindes de las sociedades y de las culturas coinciden cada vez menos llegando a considerar regresión el hecho de querer poblaciones homogéneas culturalmente. El multiculturalismo, en este sentido, dota al individuo de libertad plena para construir reflexivamente una identidad personal con diversas referencias culturales.
La cuestión referente a ciudadanía lleva consigo algunos problemas, dicho atributo mediante el derecho de sangre (ius sangunis) o el derecho de suelo (ius soli). El principio de igualdad se ve vulnerada en el mismo instante en el que se hace distinción entre ciudadanos nacionales e inmigrantes, pues el Estado nación le otorga unos ineludibles privilegios a los primeros. Acontece entonces, la disyuntiva entre el paradigma monocultural y el multicultural, concibiéndose al primero como un territorio en el que sólo pueden vivir personas de un único origen nacional y que deben tener todos las características que esto implica; como oposición a esto, aparece la mentalidad multicultural la cual defiende la existencia de un territorio en el que convivan personas con orígenes nacionales distintos. La identidad nacional tradicionalmente obedece a la primera concepción. Las críticas que recibe la visión multicultural se basan en la
consideración de que con este sistema se llegará a una desintegración y a un futuro incierto. No obstante, nada más lejos de lo que las críticas prevén, la multiculturalidad fomenta la cohesión social, y es entendida como una construcción social que llevará al fin de las desigualdades así como a la visión positiva de una cultura mestiza, fundamentada en la tolerancia o lo que es lo mismo, en el hecho de reconocer al otro y ser reconocido.
Por otro lado, cabe destacar, que no es plausible sostener la inmunidad del derecho a la diferencia ante cualquier peculiaridad cultural, pues es inadmisible sobrepasar los derechos humanos, por lo que la mutilación genital femenina, los matrimonios forzosos de niños y otros casos, no tienen un aval multicultural. Se trata de armonizar el derecho a la diferencia con la igualdad de derechos, pues esto últimos son normas transculturales. Es propósito del multiculturalismo, por lo tanto, habilitar un mundo en el que se disfrute de la igualdad de oportunidades para ser diferentes, y en el que no exista temor a no ser semejante.
Existen cuatro tipos de políticas públicas que abordan la multiculturalidad: expulsión, segregación, asimilación y multiculturalismo. Estos modelos se agrupan conforme a dos criterios. Por un lado, la inclusión o la exclusión en la comunidad política y, por otro lado, la tolerancia o la intolerancia hacia las minorías culturales. En primer lugar, la expulsión es una política excluyente de la comunidad política e intolerante hacia la multiculturalidad, su fundamento básico es el rechazo a los inmigrantes. Esta política se materializa en la impermeabilización de las fronteras y las exigentes leyes de extranjería. Se proyecta por lo tanto, una imagen negativa de la inmigración en un mundo polarizado que remarca la diferencia entre los autóctonos y los inmigrantes con ideas de racismo ideológico. En segundo lugar encontramos la segregación, que se simboliza como una jaula de hierro, su discurso desaprueba la presencia de los inmigrantes y tiene como finalidad mantenerlos apartados. La segregación permite hasta cierto punto la coexistencia, pero impide la convivencia, pues tiene como objetivo que las minorías étnicas ocupen los sectores más bajos de la sociedad. Un caso ilustrativo de esta política es la ciudadanía fundada únicamente bajo el derecho de sangre. El principal problema de la misma es la percepción negativa de los autóctonos hacia los inmigrantes los cuales acaban autoexcluyéndose, son ejemplos de esto: los banlieus en Francia, los suburbios en España o las favelas en Brasil. Por su parte, la asimilación es un modelo inclusivo en relación con la comunidad política, pero intolerante hacia la multiculturalidad. Establece una ciudadanía fundada en el ius soli, sin embargo se transfiere una ciudadanía ligada a una nacionalidad con una cultura hegemónica adscrita a la comunidad mayoritaria, por lo que resulta exclusiva en los derechos culturales. Se constituye como una imposición tendiente a la uniformidad, en cierto sentido se respeta a la persona pero no a su personalidad, por lo que se manifiesta discriminatoria y empobrecedora cultural por marginar la multiculturalidad. Finalmente, el multiculturalismo se consagra como la regularización de la situación jurídico- administrativa de los inmigrantes y el otorgamiento de la ciudadanía. Defiende que toda persona que viva en una sociedad, sea cual fuere su origen nacional o identidad cultural, tiene que contar con los mismos derechos y deberes que el resto de la sociedad. El multiculturalismo es inclusivo, pluralista, equitativo y tolerante. Para que esta política cobre sentido debe llevarse a cabo un cambio de valores y la eliminación de los estereotipos. Finalmente se distinguen en el texto de Xavier Torrens cinco modelos de multiculturalismo. En primer lugar encontramos multiculturalismo del reconocimiento, que ensalza las diferencias como un factor positivo favoreciendo la revalorización positiva de minorías que están estigmatizadas con estereotipos negativos, su finalidad es