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Multiculturalismo, Apuntes de Derecho

Asignatura: ideologias politicas II, Profesor: wences wences, Carrera: Derecho + Ciencias Políticas, Universidad: UC3M

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 18/06/2014

juandelara
juandelara 🇪🇸

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«El argumento de este libro, así como su atenta consideración de prácticamente todas las cuestiones relativas a la compleja noción de wlticulturalidad, lo convierten en una lectura indispensable para todos aquellos que ya estén hartos de análisis simplistas respecto al tema.» MITCHELL COHEN, Times Literary Supplement o resulta en absoluto extraño... que teóricos políticos canadienses como Will mlicka y Charles Taylor estén destacando en problemas de cultura, identidad y derechos colectivos. Y Ciudadanía multicultural, de Kymlicka, es una poderosa confirmación de todo ello.» STEPHEN HOWE, New Statesman $ Society «El reconocimiento de los derechos de las minorías conlleva unos riesgos obvios. Los nazis -y también los defensores de la segregación racial y el rartheid- hicieron uso y abuso del lenguaje de los derechos de las minorías. Dicho lenguaje lo han empleado también por doquier nacionalistas y damentalistas intolerantes y beligerantes para justificar la dominación de los 1eblos que no pertenecen a su grupo, así como para reprimir a los disidentes entro del grupo propio. De ahí que una teoría liberal de los derechos de las tinorías deba explicar cómo coexisten los derechos de las minorías con los derechos humanos, y también cómo los derechos de las minorías están imitados por los principios de la libertad individual, democracia y justicia social. Tal explicación constituye justamente el objetivo de este libro.» De la “Introducción” 84-6 JN 0 ÉS — a multicultural Will Kymlicka Ciudadan 7 => Ciudadanía multicultural Will Kymlicka Capítulo 2 LAS POLÍTICAS DEL MULTICULTURALISMO Las sociedades modernas tienen que hacer frente cada vez más a grupos minoritarios que exigen el reconocimiento de su identidad y la acomoda- ción de sus diferencias culturales, algo que a menudo se denomina el reto del «multiculeuralismo». No obstante, el término «multiculturalismo» abar- ca formas muy diferentes de pluralismo cultural, cada una de las cuales plantea sus propios retos. Existen diversas formas mediante las cuales las minorías se incorporan a las comunidades polfricas, desde la conquista y la colonización de sociedades que anteriormente gozaban de autogobierno hasta la inmigración voluntaria de individuos y familias. Estas diferencias en la forma de incorporación afectan a la naturaleza de los grupos minori- tarios y el tipo de relaciones que éstos desean con la sociedad de la que for- man parte. De ahí que las generalizaciones sobre los objetivos o las consecuencias del multiculturalismo pueden ser bascante equivocas. De hecho, gran par- te del debate público sobre el multiculturalismo acusa dicho defecto. Por ejemplo, quienes se oponen al multiculturalismo suelen afirmar que éste encapsula a las minorías en un gueto, impidiéndoles su integración en el grueso de la sociedad, los partidarios del mismo responden, por el contra- rio, que la preocupación por la integración es un reflejo del imperialismo cultural. De hecho, armbas acusaciones constituyen generalizaciones excest- vas que ignoran las diferencias entre los grupos minoritarios y malinter- pretan sus auténticas motivaciones. En el presente capítulo, me centraré en dos modelos amplios de diver- sidad cultural. En el primer caso, la diversidad cultural surge de la incor- poración de culturas, que previamente disfrutaban de autogobierno y estaban territorialmente concentradas a un Estado mayor. Una de las característi- cas distintivas de las culturas incorporadas, a las que denomino «minorías nacionales», es justamente el deseo de seguir siendo sociedades distintas respecto de la cultura mayoritaria de la que forman parte; exigen, por tan- to, diversas formas de autonomía o autogobierno para asegurar su supervi- vencia corno sociedades distintas. En el segundo caso, la diversidad cultural surge de la inmigración in- dividual y familiar. Estos emigrantes acostumbran a unirse en asociaciones poco rígidas y evanescentes, que voy a denominar «grupos étnicos». Á 28 Ciudadanía multicultural do o infravalorado la mera existencia de las minorías nacionales y de negado 0 1 ierno. s de aurogobiern 0 d y Pa países la existencia de minorías nacionales resulta más pacen- 1 otros El Avatrollo tistórico de Canadá ha implicado la federación de tres gru- ce distintos: ingleses, franceses y aborígenes.* En su origen, la po os . la comunidad quebequesa y aborigen a la comunidad po- ón e ue involuntaria. Los territorios indios fueron invadidos lí panacea ,nceses que, a su vez, fueron conquistados por los ingle- por los colonos tantat "de Quebec la posibilidad de la secesión es muy q MIE E histórica de estos grupos -—como sucede con las mino- real, la preferenes Escados Unidos— no ha sido abandonar la federación, a a ls términos de ésta para alcanzar un mayor nivel de auto- sino rene, nomía. de los momentos decisivos de la historia canadiense se han Gran parte intentos de renegociar los términos de la federación entre emrado sustos. aborígenes. Los términos de la federación se recogen en ingleses, franceses Fentos protegidos por la Constitución, incluyendo los Dl lea onéstterrifEnales¡con los aborígenes, así Sino el o Me eterción catre las colonias anglófonas y francófonas de la acuerdo de confedora 0d Norteamérica Dd de renegociación finalizó en octubre de 1992, Elia 10 AN referéndum nacional se rechazó una propuesta para a e acacución (el Acuerdo de Charlotetown). Dicho acuerdo a A el «derecho intrínseco al autogobierno» de los aboríge- ubiera capos se consideran a sí mismos una nación es evidente a partir de los o o para sus asociaciones e inscituciones. Por ejemplo, en Quebec, al nombres que han ES le denomina «Asamblea Nacional »; la principal organización del legislativo provincia 2 «Asamblea de las Primeras Naciones». Es importante señalar E he eenes no constituyen una sola nación. El término saborigen» englo- o orígenes Gadios, inuit y métis) el propio término «indio» es una De ee e excuentran mumerosas naciones aborígenes distintas, con sus ces e es comuniracas separadas. En Canada, los aborígenes se divi- propias usas a Cescendientes de varias sociedades difereares histórica y den en once grupos Ingea que en la población aborigen existen de treinca y cinco a e e our parte, también resulte potencialmente equívoco e e franceses como una única nación. La mayoría francófona de la a “onsidere a sí misma una nación, los «quebequeses». Pero también princi e Qe [nec y la nación francesa en Canadá no siempre se identifica e o e nc de Quebec. Para el cambio de la identidad propia de e ndienie francesa, de franco-quebequés a quebequés, véase MCRoberts, canadiense a la orcherg, 1991, pág, 424. Sobre el uso del lenguaje de la nacionalidad HE a $ os quebequess más en general, véase Caies, 1993, pág. 188; Chae- por los aborí trand, 1995; Long, 1992; Jenson, 1993. Las políticas del multiculcuralismo — 29 nes y hubiese concedido un estatus especial a Quebec, como «la única so- ciedad con una mayoría lingiíística y cultural francesa en Canadá y Norre- américa». Otras muchas democracias occidentales son también multinacionales, ya sea porque incorporaron por la fuerza a las poblaciones indígenas (como, por ejemplo, Finlandia y Nueva Zelanda), o porque se constituyeron median- ce la federación, más o menos voluntaria, de dos o más culturas europeas (como, por ejemplo, Bélgica y Suiza). De hecho, muchos países del mundo son multinacionales en el sentido de que sus fronteras se trazaron de forma que incluyeran el territorio ocupado por culturas preexistentes que a menudo dis- ponían de autogobierno. Éste es el caso de la mayoría de países del antiguo bloque comunista (véase Dreyer, 1979; Connor, 1984) y del Tercer Mundo (Rothchild y Olorunsola, 1983; Selassie, 1993; B. Davidson, 1992). Afitmar que estos países son Estados «multinacionales» no significa negar que, a algunos efectos, los ciudadanos se autoconsideren un único pueblo. Por ejemplo, los suizos tienen un fuerte sentido de lealtad común pese a sus divisiones culturales y lingúísticas. De hecho, los Estados mult nacionales no pueden sobrevivir a menos que sus diversos grupos naciona= les mantengan su lealtad a la comunidad política más amplia en la que es- tán integrados y con la que cohabitan. Algunos estudiosos describen dicha lealtad común como una forma de identidad nacional y, por tanto, consideran que Suiza es un Estado-nación, algo en mi opinión erróneo. Debemos distinguir el «patriotismo», el sen- timiento de lealtad a un Estado, de la identidad nacional , el sentido de per- tenencia a un grupo nacional. En Suiza, como en la mayoría de Estados multinacionales, los grupos nacionales sienten lealtad hacía el Estado en su toralidad sólo porque éste reconoce y respeta su existencia como nación di- ferente. Los suizos son patriotas, pero la Suiza a la que son leales se define como una federación de distintos pueblos, Por esta razón, es preferible con- siderarla un Estado multinacional e interpretar los sentimientos de lealtad común que genera dicho Estado como patriotismo compartido, no como una identidad nacional común. La segunda fuente de pluralismo cultural es la inmigración. Un país manifestará pluralismo cultural si acepta como inmigrantes a un gran nú- mero de individuos y familias de otras culturas y les permite mantener al- gunas de sus particularidades étnicas. Esto siempre ha sido un aspecto im- portantísimo de la vida en Australia, Canadá y los Estados Unidos, que poseen los tres mayores índices de inmigración per cápita del mundo. De hecho, más de la mirad de toda la inmigración legal mundial se produce en uno de estos tres países. Antes de 1960, se esperaba que los inmigrantes a estos países abando- nasen su herencia distintiva y se asimilasen totalmente a las pautas cultu- 30 Ciudadanía mulvicalcural aces, lo que se conoce como modelo inmigratorio de «anglocon- idad». Así las cosas, a algunos grupos se les negaba la entrada si no se a ceiba asimilables (por ejemplo, la restricciones a la inmigración a Canadá los Estados Unidos o la política de inmigración de «sólo De rrolia). La asimilación se consideraba esencial para la esta Bl A olítica algo que se racionalizaba posteriormente mediante la de- ua i ES emocéntrica de las otras culturas. e ompromiso compartido con la angloconformidad queda oscure- A a 5 popular —pero equívoco-— contraste entre el melting-pot esta cido po el «mosaico étnico» canadiense. Pese a que el «mosaico érmi- A da connotación de respeto por la integridad de las culturas E s en la práctica simplemente significa que los inmigrantes a ie escoger entre dos culturas a las que asimilarse. Aunque Ca- cad e la «tensa tolerancia que franceses e ingleses se profesan nadá es bin y e extendió a los extranjeros que se resistieron a la asi- rales exister - no s ciprocamente z Ae 3 ción o fueron considerados inasimilables» . . in E embargo, 2 principios de los años setenta, y bajo la presión de los in » le s inmigrantes, los tres países abandonaron el modelo asimilacionis- o: > - : A Ea doptaron una política más tolerante y pluralista que permite y, de ta ya hecho, estimula que Jos inmigrantes mantengan diversos aspectos de su he- hecho, rencia Étnica. ue los : o Ñ ua costumbres respecto de la alimentación, la indumenta- le sus sí como derecho a asociarse entre sí para mantener tales ducta ha dejado de considerarse antipatriótica o antiame- En la actualidad se acepta (aunque no de una manera uná- inmigrantes deberían tener libertad para mantener algunas ria, la religión, 2: rácticas. Tal con: p ficana. Porter, 1987, pág. 154; véase Reitz y Breton, 1994, Palmer, 1976. De ser cierto ; Los inmigrantes parecen más cohesionados en Canadá, ello se debe probable- que los 8 * contienen una mayor proporción de ¡omigtantes recientes que los gru- o loe Estados Unidos, lo cual, a su Vez, se debe al mayor fndice de inmigra- e dá En 1981, el 16,1% de los residentes en Canadá habían nacido en el e a Let 6,2 %6 de los Estados Unidos (Laczko, 1994, págs. 28-29). e o ceso de integración de los inmigrantes asentados, así como de sus hi- o países. El término meltíng:por también es hasta cierto punto equí- a e e fundamentalmente ala fusión biológica de diversos grupos érni e vés de los matrimonios mixtos, más que a la fusión de sus prácticas ce [ea ee Theodore Roosevelt, los «representantes de muchas razas antiguas del culeurales Sepa o en nn nuevo Eipo», pero «el crisol en el que se han fundido todos e ota convertirse en uno solo se configuró desde 1776 hasta 1789, y nues- o e «e Ajó definitivamente, con todas sus características esenciales, en el hom- e e hirgton» (citado en Gordon, 1964, pág. 122). Esto es particular- época , Pág e Eo +n el caso de la lengua, como se comentará más adelante en este mismo mente Ci capítulo. pente 2 que Ésto: Las políticas del multiculruralismo — 31 Es importante distinguir esce tipo de diversidad cultural del propio de las minorías nacionales. Los grupos inmigrantes ni son «naciones» ni ocu- pan tierras natales, su especificidad se manifiesta fundamentalmente en su vida familiar y en las asociaciones voluntarias, algo que no resulta contra- dictorio con su integración institucional. Tales grupos participan en las instituciones públicas de la(s) cultura(s) dominanteís) y se expresan en la(s) lengua(s) dominante(s). Por ejemplo, en Australia y los Estados Unidos, los inmigrantes (a excepción de las personas mayores) deben aprender el inglés para lograr la ciudadanía; además, el inglés es una de las asignaturas obli- gatorias en la escolarización infantil. En Canadá, deben aprender cualquie- ra de las dos lenguas oficiales, francés o inglés. El compromiso para asegurar una lengua común ha sido una de las ca- racterísticas constantes de la historia de la política de inmigración. De he- cho, como Gerald Johnson dijo de los Estados Unidos, «una de las peque- ñas paradojas de la historia es que ningún imperio plurilingile del viejo mundo se atrevió a ser tan despiadado como para imponer una única len- gua a todo el conjunto de la población, algo que sí hace la república libe- ral, “que defiende el principio de que todos los hombres han sido creados iguales”».* El rechazo de la angloconformidad no significó el debilita- miento del compromiso de asegurar que todos los inmigrantes acabarían siendo anglófonos, algo que se considera esencial si éstos van a tener que incluirse en el grueso de la vida económica, académica y política del país. Así pues, si bien por una parte los grupos inmigrantes han afirmado cada vez más su derecho a expresar su particularidad étnica, por otra desean hacerlo dentro de las instituciones públicas de la sociedad anglófona (o francófona, en Canadá). Al rechazar la asimilación, dichos grupos no pre- tender instaurar una sociedad paralela, como sucede de forma característica con las minorías nacionales. A consecuencia de ello, tanto Estados Unidos como Australia cuenta con diversos «grupos étnicos» a modo de culturas imprecisamente agregadas dentro de la sociedad anglófona preponderante; es decir, poseen lo que denominaré «polietnicidad». De igual manera, en Canadá existen subculturas étnicas tanto en la sociedad anglófona como en la francófona. Es posible, en teoría, que los inmigrantes devengan minorías naciona- les, a condición de que se establezcan conjuntamente y consigan compe- tencias de autogobierno. Esto es justamente lo que sucedió con los coloni- zadores anglófonos a lo largo del imperio británico, con los colonizadores hispanos en Puerto Rico y con los colonizadores franceses er Quebec. Los 4. Johnson, 1973, pág. 119. Véase también Tollefson, 1989, caps. 3-4 y Carlson, 1975. Para un estudio omniabarcador de la historia de los derechos lingiísticos en los Es- tados Unidos, véase Kloss, 1977. Sd Ciudadanía multicultural Bios (y ahora ya sus nietos). En todos estos países, la «polietnicidad» es la vez rmás patente.” e Obviamente, un único país puede ser a la vez multinacional (como re- SUltado de la colonización, la conquista o la confederación de comunidades cionales) y poliétnico (como resultado de la inmigración individual y fa- Miliar). De hecho, todas estas posibilidades y modelos se encuentran en Ca- Dadá: los indios fueron invadidos por los colonos franceses y los franceses eron conquistados por Jos ingleses, si bien la relación actual entre ambos S* Puede consideras una federación voluntaria; además, ranto ingleses como Manceses han aceptado inmigrantes, 4 los que se ha permitido mantener su Identidad étnica. De ahí que Canadá sea multinacional y poliérnico, como 95 Estados Unidos. : o Estas etiquetas tienen ciertamente menos popularidad que el término “Multicultural», pero este Último término puede resultar confuso, precisa Mente a causa de su ambigiledad, que no permite diferenciar entre mul. "inacional y poliérnico. Tal ambigúedad hizo que el gobierno canadiense Cra inmerecidamente criticado por st política de «multiculturalismo», el término elegido por el gobierno para describir la política que empezó E impulsar a partir de 1970, política encaminada a fomentar la polietni- Cidad y mo la asimilación de los jnmigrantes. Algunos canadienses francó» nos se han opuesto a la política del «mulciculcuralismo» por conside- Mr que reduce sus exigencias de nacionalidad al nivel de la ccnicidad Inmigrante Por el contrario, otras personas consideran que el objetivo * dicha política es tratar a los grupos de inmigrantes como naciones, por 9 que apoyan el desarrollo de culturas institucional mente completas pata- llas a la francesa y a la inglesa. De hecho, ninguno de los temores está jus- Uificado, habida cuenta de que el «mulciculrucalismo» es una política de Aboyo a la poliernicidad dentro de las instituciones nacionales propias de las Culturas inglesa y francesa (Burnet, 1975, pág, 36). Puesto que el término “Multicultural» invita a tales confusiones, usaremos los adjetivos «multi- 7. Esto ba desencadenado un creciente debate en Buropa sobre la nacuraleza de la ciu- Sdanía y ss relación con la rcionalidad (entendida como pertenencia a la cultura nacio- 2) Sobre Taglaerza, véase Pack, 1990; 1991; Madood, 1992; sobre Francia, véase Blas y otros, 1991; Leca, 1992. Sobre Europa en general, véase Lenoble y Dewandre, 1992; Lubaler, 1989. Sobre el estatus delos trabajadores invitados, véase Layron-Heney, 1990. 8. al como lo describió René Lévesque, antiguo Primer ministro de Quebec, el mal- ulturalisno ves una «evasiva». La noción se acuñó para difaminar el «asunto de Que- KC», para dar una impresión de que todos somos étnicos y no tenemos que preocuparnos POr Ln estacus especial para Quebec» (citado en Wilson, 1993, pág. 656, nora 33). Los Maoríes de Nueva Zelanda han experimentado preocupaciones similares; esto es, que la pe "tica del emulciculeucalismo» es una panera de negar sus exigencias nacionales, amon- tnándolas con las exigencias poliébnicas de los inmigrantes no británicos (Sharp, 1990, Pág. 228; Mulgan, 1989, págs. 8-9). Las políticas del multiculruralismo — 35 nacional» y «poliérnico» para aludir a las dos formas principales de plura- lisrno cultural. Algunas personas emplean el término «multicultural» de una manera aún más amplia, para englobar una extensa gama de grupos sociales no ét- nicos que, por diversas razones, han sido excluidos o marginados del núcleo mayoritario de la sociedad. Este uso es particularmente frecuente en los Es- tados Unidos, donde los partidarios de un currículum «mulricultural» están a menudo aludiendo a los esfuerzos para invertir la exclusión histórica de grupos como los discapacitados, los gays y las lesbianas, las mujeres, la cla- se obrera, los areos o los comunistas? Todo ello pone de manifiesto la complejidad del término «cultura». Muchos de estos grupos tienen una cultura distinta en uno de los sentidos habituales del término; a saber, cuando «cultura» alude a las distintas cos- tumbres, perspectivas o erhos de un grupo o una asociaciación; por ejemplo, cuando se habla de una «culrura gay» o incluso de una «cultura burocráti- ca». Éste es, quizá, el significado más preciso de «una cultura». En el otro extremo, empleando «cultura» en su sentido más amplio y comprehensivo, podemos decir que todas las democracias occidentales comparten una «cul- tura» común, en el sentido de que todas ellas comparten una civilización moderna, urbana, secular e industrializada, en contraste con el mundo feu- dal, agrícola y teocrático de nuestros ancestros. Estas dos acepciones no étnicas de cultura aparecen en el Oxford En- glish Dictionary, que define cultura como las «costumbres» o la «civiliza- ción» de un grupo o un pueblo. Si cultura alude a las «costumbres» de un grupo, resulta obvio que los diversos grupos con estilos de vida propios, los movimientos sociales y las asociaciones voluntarias que podemos en- contrar en cualquier sociedad moderna poseen sus propias «culturas». De acuerdo con esta definición, incluso el Estado más homogéneo érnicamen- te, como Islandia, sería pese a todo un Estado «multicultural», puesto que contiene diversas series de asociaciones y grupos basados en distinciones de clase, género, orientación sexual, religión, creencias morales e ideología política, Si cultura alude a la «civilización» de un pueblo, entonces práctica: mente todas las sociedades modernas comparten la misma cultura. Según esta definición, incluso el país más multinacional, corno Suiza, o el país más poliérnico, como Austrafia, no son excesivamente «mulciculturales», 9, Estas diversas acepciones de cultura quedan reflejadas en los diferentes significa- dos atribuidos al término «mmulticuleuralismo» en diferentes países. En Canadá, este tét- mino alude característicamente al derecho de los inmigrantes a expresar su identidad ét- nica sin temor a los prejuicios o a la discriminación; en Europa, muchas veces se refiere a los poderes compartidos entre las comunidades nacionales; en los Estados Unidos, se sue- le usar para englobar las demandas de grupos socialmente marginados 36 Ciudadanía mulcicultural los diversos grupos nacionales y érnicos participan de isma forma de vida social moderna e industrializada. la misma le re, empleo los términos culcura (y «multicultural») en un Por he Pa centraré en el tipo de «rmulticulturalismo» derivado sentido diferente. Me ñ jas naciona ' ' : de las diferenci de «nación» o «pueblo»; es decir, como una comunidad in- AO cor PU como a más o menos completa institucionalmente, que ocupa un ¡onal, E Ñ Epa Ñ a patria determinada y comparte un lenguaje y una historia Mc yo Mano un Estado es multiculcural bien si sus miembros Me . Ñ a . mz o e ee diferentes (un Estado multinacional), bien si éstos a de diversas naciones (un Estado poliérnico), siempre y cuan- 19] pon ESA nga un aspecto importante de la identidad personal y la vida do ello supo! política. ra y sim . - 0 se eS A A nque estoy convencido de que dicha definición se co- «sulticultural», 1 uso común de estos términos. No incluyo aquí el tipo de responde con e anal movimientos sociales y asociaciones voluntarias que estilos de vida Baro 2 ámbito del multiculcuralismo. Y no porque meros enslodes a que plantean estos grupos no sean importantes; pi e e apuesto que la acomodación de las diferencias ames al contrario. oy Eno de los aspectos de una hucha más amplia étnicas y e más tolerante e inclusiva. , a e las mujeres, los gays, las lesbianas y los discapacita- e érmicas y nacionales: se da en las culturas mayo- des atraviesa las fronteras EE. * como dentro de las minorías nacionales rías y en los Esta NN cra debe combatirse en todos esos lugares. Por ía que contemple los derechos de las minorías culrurales mano, ne teo 0 5 Jas justas reivindicaciones de los grupos sociales dee compo a ión de desventaja, y, como espero poder demos- : ue mi teoría cumple dicho requisito. Además, como ar- trar luego, eo de existen importantes analogías entre las exigencias de E dp A, movimientos sociales y las exigencias de los justicia que E ishida cuenta que unos y otros han sido excluidos y mar- o co vid de se «diferencia». Al gina analogías, algunas personas se sienten tentadas a decir que a les constituyen distintas «culturas» o «subcudruras», por o sa opresión es una lucha en favor del en la medida en que les y érnicas. Como dije antes, utilizo «cultura» rergeneraci plemente de mi definición operativa de «cultura» y Firal y los grupos étnicos, Pl que se encuentran lismo» deta motivación de este enfoque es que muchos planteamientos ¡liberales 10, Parse diferencias nacionales y étnicas acaban por racionalizar la opresión dentro De e os en nombre del respeto a las tradiciones, o de proteger la «au de los grupos 1 Las políticas del multiculmuralismo 37 mujeres y los discapacitados constituyen culturas separadas dentro de la so ciedad global. No obstante, el sentido de la expresión no coincide con el que connota decir que los quebequeses constituyen una culeura separada dentro de Canadá. De ahí que sea importante tener en mente estos distín- tos sentidos de cultura (y multiculturalismo) Habida cuenta de los objetivos de este libro, no describiré todos estos grupos como «culturas» o «subculturas» ni tampoco usaré «multiculcura- lismo» como un término que abarca todas las diferencias de perspecciva moral o identidad personal basadas en la pertenencia a uno 1 otro grupo, aunque acepto que en otros contextos dicho uso puede ser apropiado. Lo que importa no es la terminología empleada, sino tener en cuenta ciertas distinciones. Creo, como argumencaré a lo largo del libro, que resulta básico distinguir las minorías nacionales (sociedades distintas y potencialmente autogobernadas incorporadas a un Estado más amplio) de los grupos étnicos (inmigrantes que han abandonado su comunidad nacional para incorporar- se a otra sociedad). Por su parte, minorías nacionales y grupos étnicos se distinguen de lo que suelen denominarse «nuevos movimiesxos sociales» --es decir, asociaciones y movimientos de gays, mujeres, pobres y discapa- citados— que han sido marginados dentro de su propia sociedad nacional o de su grupo étnico. Cada agrupación mencionada plantea. sus propias cuestiones específicas, que deben examinarse en lo que valen. No obstante, en el presente libro me centraré en las dos primeras, aunque intentaré de- mostrar cómo ambas están conectadas en diversas formas con la tercera. tenticidad» o la «integridad» de las culturas (Yuval-Davis, 1993), Una forma de defensa contra este peligro es insistir en que los gays o las mujeres forman sus propias culturas, y que la integridad de dichas culturas también es digna de respeto. (Sobre los gays como subcultura, véase Fitzgerald, 1985, págs. 25-119; Murray, 1979.) Sin embargo, yo adop- raté una línea de ataque más directa, separando la defensa de los derechos culturales de cualquier santificación de la «tradición» y la «autenticidad», y en lugar de ello la conec- taré con una ceoría liberal de la justicia comprometida con la autonomía individual y la igualdad social (véanse caps. 3-5). Una cuestión relacionada es que definir el multicultu- ralismo en términos de diferencias étnicas y nacionales puede llevar a desarender los gru- pos más desfavorecidos, cuyas reivindicaciones quedan ensombrecidas por la actual preo- cupación por el multiculturalismo, Ésta es una preocupación legítima, pero vale la pena señalar que el peligro avanza en ambas direcciones. Es decir, que algunos partidarios de la «política de la diferencia», que se centran fundamentalmente en los grupos más desfa- vorecidos, dejan en segundo plano las reivindicaciones características de los grapos nacio- nales. Pienso que éste es el caso, por ejemplo, del influyente trabajo de Iris Young sobre la «política de la diferencia». Pese a que oscensiblemente incluye las reivindicaciones de los indios americanos y de los maoríes en Nueva Zelanda en su descripción de la ciudadanía diferenciada en función del grupo, de hecho malinterpreta las reivindicaciones de Jos mis- mos, tratándolas como si fuesen grupos marginados en lugar de naciones autogobernadas (L Young, 1990, págs. 175-183; 1993). La mejor manera de asegurar que ningún tipo de grupo acabe siendo invisible es haciendo una clara distinción de ellos. 40 Ciudadanía multiculcural Hasta hace muy poco esta postura ha protegido a los países del Nuevo Mundo del escrutinio internacional acerca del tratamiento de sus pueblos indígenas. Como resultado de ello, los derechos de los pueblos indígenas en las Américas, Nueva Zelanda y Australia han sido violados con total im- punidad. Brasil ha sido especialmente insistente a la hora de afirmar que no tiene minorías nacionales; lo cierto es que el casi total exterminio de sus tribus indias está peligrosamente cerca de ratificar dicha afirmación. De hecho, la historia de ignorar las minorías nacionales en el Nuevo Mundo está inextricablemente ligada con las creencias europeas acerca de la inferioridad de los pueblos indígenas que habitaban el territorio antes de la colonización europea. Hasta hace poco, eran considerados como «pupilos» o «razas sometidas», carentes del desarrollo político necesario para ser con- siderados naciones, incapaces de autogobernarse y necesitados por ello de la protección paternalista de los «superiores» blancos. El derecho internacio- nal eradicional no consideraba a las poblaciones indígenas sujetos de dere- cho internacional, por lo que los tratados firmados con ellas no se conside- raban tratados conformes al derecho internacional, sino actos unilaterales vinculados a las leyes internas de cada país. Estas actitudes racistas se están desvaneciendo lentamente, aunque a menudo han sido sustituidas no por la aceptación de los pueblos indígenas cOmO Naciones distintas, sino por el su puesto de que son «minorías raciales» o «grupos étnicos» desfavorecidos, cuyo progreso exige integratlos en el grueso de la sociedad. Si bien la polí- tica gubernamental hacia los indios ha abarcado un amplio espectro que engloba el genocidio, la expulsión, la segregación y la asimilación, la úni- ca constance ha sido que los gobiernos nunca han «reconocido verdadera. mente a los pueblos aborígenes como pueblos distintos, con culturas dife- sente, aunque na inferiores, a la propia» : Por tanto, resulta erróneo decir que en el Nuevo Mundo no hay mino- rías nacionales, ni siquiera a modo de burda generalización. La génesis histó- rica de este supuesto tiene su origen en actitudes racistas hacia los pueblos indígenas, un supuesto que, además, continúa perpetuando la invisibilidad de su exigencia de justicia. o o La mayoría de los países americanos son multinacionales y poliérnicos, como la mayoría de los países del mundo. Sin embargo, muy pocos países están preparados para admitir esta realidad. En Los Estados Unidos, prácti- camente todo el mundo admite que el país es poliétnico, pero difícilmente 12. Turpel, 1989-1990, pág. 33. Tanto la primera política británica como la ley nor- «camericana aplicaron alos indios el término «naciones», algo que nunca estuvo acompa- ado de un genuino reconocimiento de su soberanía. Para el estatus histórico de los pue- bios indígenas bajo el desecho internacional, véase Barsh, 1983; Lerner, 1991, cap. 5; Thoraberry, 1991, part. IV. Las políticas del multiculeuralismo — 41 se acepta que es también multinacional y que sus minorías nacionales plan- sean reivindicaciones concretas de derechos culturales y de autogobierno. Por otra parte, hace tiempo que países como Bélgica y Suiza han reconocido que están compuestos por minorías nacionales cuyos derechos lingitísticos y exigencia de autogobierno deben respetarse. No obstante, les resulta ermn- barazoso admitir que son cada vez más países poliérnicos y, coro resultado de ello, sus nociones tradicionales de ciudadanía no pueden acomodar ple- namente a los inmigrantes. Canadá, con su política de «multiculturalismo dentro de un marco bilingúe» y su reconocimiento del derecho de los abo- rígenes al autogobierno, es uno de los pocos países que ha reconocido y fo- mentado oficialmente la poliernicidad y la multinacionalidad. Es importante señalar que los grupos nacionales, de acuerdo con mues- tro uso del término, no están definidos por la raza o los ascendentes, Esto resulta obvio en el caso de la sociedad anglófona mayoritaria en los Estados Unidos y Canadá. En ambos países se han producido altos índices de inmi- gración durante más de un siglo. Primero procedente del norte de Europa, después desde la Europa oriental y meridional; en la actualidad básicamen- te procedente de Asia y África. A consecuencia de ello, los estadounidenses o canadienses anglófonos con ancestros exclusivamente anglosajones son una (constantemente menguante) minoría. Pero lo mismo puede decirse también de las minorías nacionales. Du- rante muchos años el nivel de inmigración al Canadá francés fue bajo, pero en la actualidad es tan alto como en el Canadá inglés o en los Estados Uni- dos; además, Quebec busca activamente inmigrantes francófonos en África occidental y el Caribe. También se ha producido un elevado índice de ma- trimonios mixtos entre los pueblos indígenas de Norteamérica y las pobla- ciones inglesa, francesa y española. Como resultado de ello, todos estos gru- pos nacionales son racial y érnicamente mixtos. El número de canadienses franceses de ascendencia exclusivamente gala, o de indios norteamericanos con ascendencia exclusivamente india, también decrece constantemente, por lo que pronto se convertirán en minorías. '? Estoy hablando de minorías nacionales, es decir, de grupos culturales y no de grupos raciales o ancestrales.'* Naturalmente, algunos grupos nacio- nales se definen a sí mismos en términos de filiación sanguínea. El caso más 13. El caso de los indios es complicado, puesto que la política gubernamental, tanto en los Estados Unidos como en Canada, definió antaño a los indios en términos de «san- gre» o filiación sanguínea, si bien ésta no es la manera en que las comunidades indias se definen a sí mismas (Barsh y Henderson, 1980, págs. 241-248; Chartrand, 1995; Resnik, 1989, pág. 715; Mulgan, 1989, pág. 14). 14. Por esta razón, sería más preciso hablar de Canadá anglófono y francófono, más que de Canadá inglés y Canadá francés, puesto que estos últimos términos sugieren, erró- neamente, que estos grupos quedan definidos por su ascendencia étnica y no por la inte- 42 Ciudadanía muteiculcural La perrenencia a la nación alemana se determina por los Obvio es Alemania, La y Icura. A consecuencia de ello, las personas étnica- Y no por la aa asu! vida en Rusia, que no hablan una Dr enen derecho automático a la ciudadanía alemana, palabra de alemán, da de eenía turca que han vivido toda su vida cn Ale- a completamente asimilados a la cultura alemana, no pue- manía y que están E den obtener la rear afrikaners en Sudáfrica también se basa en los La idea de nación de híbir los matrimonios entre personas de distinta a de tales matrimonios (los « pnescizos ay de sus Faza y excluyero: a de los mes- eins > organizaciones, pese a que E os do da En i ¡almente idénticas a la suyas Propias. i efi tizos son esencial ente estaban destinadas a proteger la cultura af: A a o a los anglófonos blancos que no hablaban una pa- z4ner, unca se ap! o aa de pertenencia nacional basados en los ancestros tienen ÓN a E racistas y son manifiestamente injustos. ES he- connotaciones claram de estar en presencia de una concepción liberal de EE pracbas das es que ésta define la pertenencia nacional en pos derechos de las Ra Guo comunidad cultural y no en los ancestros. SS ntsc lec aa ia nacional debería estar abierta a todos aquellos En principio, la pereneadas su raza o su color, estén dispuestos a aprender A seciedad y a participar en sus instituciones po- la lengua y la hist y A A A liberal Alíunas personas acia basarse exclusivamente en la aceptación de dela py eenencia Scion los derechos democráticos, y no en la integración los principios políticos y los Sueldecire diese conterción no jculcutal en una cultura o e distingue el nacionalismo «cívico» o de la Pertenencia AO Unidos del nacionalismo «étnico» ¡liberal. UR a antes “esto es erróneo. Los inmigrantes a los Esta- ero, Como he señi > ó dd altura. Debo señalar que la concepción original existe e Camada pan definía la pertesacia en términos de ascendencia y que una imp e e udbicre a na versión modificada de ica des, Es una E dello encuestados creían que cuanto más tiempo str se ha- PES os en Quebec, más «quebequés» se era; un 20 9% Eo A NES desarollo de e les aucgtos Fa paricipación enla sociedad anco E petreng, 1991, págs 423-490; sése Lam, 1991, E todos les grandes pardos de Queber, iecluyendo el nacionalista [ee ee Dn crpliciomente esta idea de pertenencia nacional basada en os 'arti Québécois, rechaz ancestros Las políticas del multiculturalismo 43 dos Unidos no sólo deben co, cráticos, sino que también de sociedad. Lo que distingue 'nprometerse a aceptar los principios demo- ben aprender la lengua y la historia de su nueva a las naciones «cívicas» de las naciones «érni- cas» no €s la ausencia de todo componente cultural en la identidad nacio- nal, sino, más bien, el hecho de que cualquier persona puede integrarse en la cultura común, sea cual fuere su raza o su color.'* les impidió integrarse (en lugar de escimularles a hacer- ones de la cultura mayoritaria (piénsese, po; racial, las leyes contra el entrecruzamiento di lo) en las instituci en la segregación alfabetización). Ta , que no tienen una tierra natal en América o una lengua histórica común. Proceden de diversas culturas africanas, con diferentes lenguas, y, además, no se hizo ningún intento de mantener juntas a las personas que tenían un Sustrato étnico común. Por el contrario, desde el principio se dispersó a las personas pertenecientes a la misma cultura (e incluso a la misma fami- lía) por toda Norteamérica. Además intento de recrear su propia ciación negra, excepto las Iglesias, eran ilegales). r ejemplo, e razas y la 15, Para ejemplos de este frecuen, cívico y el nacionalismo étnico, véa: cap. 7 Walzer, 19924. Discuto esto lentendido surge de una lectura erró; te equívoco sobre el contraste entre el nacionalismo se Habermas, 1992; Ignatieff, 1993; Pfafr, 1993, en Kymlicka, 19954. Una de las razones de este ma. nea de la historia de los escadounidenses. En la época por los ingleses. identidad nacio- ico no es plausi- La ideología config; fura, peto no sustituye, el componente cultural de la ¡ nal. La idea de una definición puramente no cultural del nacionalismo cív al ÁS Ciudadanía enulciculrur hos de las minorías tiene también un valor añadido: su teoría de los derec Los casos complejos con que hemos de habérnoslas en Proyección de futuro. sn a mentido de injusticias e inconsistencias pretériras. bc on ción más equitativa y coherente serviría, ítica de i o / Creo que una e tales casos complejos. Volveré a ocuparme de ello : a Con el tiempo, par €n el capítulo 5. 1 DERECHOS DIFERENCIADOS EN FUNCIÓN DEL GRUPO 2. Tkgs FORMAS DI odas las democracias liberales son multinacionales o Dep ambas cosas aa vez. El «desafío del mutciculzuralismos Poliétnicas, o bien 2 omodar dichas diferencias nacionales y érnicas de Consiste por tanto en 26 oralmente defendible (Gutmann, 1993). En este Kina manera escable í nos de los procedimientos más importantes me- Apartado abordar” Ampoctacias han respondido a las reivindicaciones de ; 5 las ee caido pane octacias Liberales, uno de los principales me En todas las des las diferencias culturales es la protección de los de- ad a viduos. Es imposble exagerar la ino techos civiles y pola de asociación, de culto, de expresión, de libre circu- Portancia de la ibertae política para proteger la diferencia grupal. Estos lación y de ori individuos formar y mantener los diversos grupos derechos permiteD 2 a la sociedad civil, adaptar estos grupos a las y asociaciones que a y, por último, fomentar sus perspectivas e inte- Ciccunstancias cambien ta población. La protección que proporcionan estos reses en la coralidad: ciudadanía es suficiente para muchas de las formas le- derechos comunes ciedad. 2ítimas de diversi de bento — incluyendo algunos marxistas, co- Diversos crcicos.e o hanaducido que el énfasis liberal en los dere. munitaristas y a una visión acomista, materialista, instrumental o chos ¡ndividuales tee) nes humanas. Creo que estas críticas son profunda- conflictiva de las a de las funciones características de los derechos mente esóncas Y YE mantenimiento de una amplía gama de rela. inclividuales es Con o, el derecho liberal más básico —la libertad de ciones sociales. a E fundamentalmente por la protección que otorga a concjencia— es Y a sociales (y no instrumentales). * las actividades intríS: uchos países se acepta cada vez más que algunas for- Sin E Sal únicamente pueden acomodarse mediante medi- mas de diferent: Prácricamente U iporsancia dels derechos individuales para la protección de los gru- 19. Sobre la A Walzer, 1990; Macdonald, 1989, págs. 122-123; Tomnasi, éase Buchanan, p POS, véase ¿rulos de 1991; Kymlicka, 1990, capítulos Las políticas del multiculturalismo. 47 das legales o constitucionales especiales, por encima —y más allá de— los derechos comunes de ciudadanía. Algunas formas de diferencia derivadas de la pertenencia a un grupo sólo pueden acomodarse si sus miembros poseen algunos derechos específicos como grupo; es decir, lo que Iris Young denomina «ciudadanía diferenciada» (1. Young, 1989, pág. 258). Por ejemplo, una reciente publicación gubernamental canadiense señala- ba que: En la experiencia canadiense, no ha basrado con proteger únicamente los chos individuales. Aquí, la Constitución y las leyes ordinarias prote- gen también otros derechos, que se conceden a los individuos en su calidad de miembros de determinadas comunidades. La acomodación de ambos e. pos de derechos hace que nuestra Constitución sea Única y refleja el valor ca. Badiense de igualdad como forma de acomodar la diferencia. Que los derechos comunitatios cocxistan con los derechos individuales es la verdadera esencia de Canadá (Gobierno de Canadá, 1991a, pág. 3). dere: Resulta bastante engañoso decir que Canadá es único por el hecho de combinar los derechos individuales y los «derechos comunitarios» especí- ficos en función de la pertenencia grupal. Tal combinación existe en otros muchos sisternas federales de Europa, Asia y África. Como he señalado an- res, incluso la Constitución de los Estados Unidos, que muchas veces se considera un paradigma de individualismo, contempla diversos derechos específicos en función del grupo de pertenencia, incluyendo el estatus es- pecial de los indios norteamericanos y de los portorriqueños. Me centraré en estas medidas especiales específicas en función de la pertenencia grupal orientadas a acomodar las diferencias nacionales y étni- cas. Al menos existen tres formas de derechos específicos en firnción de la pertenencia grupal: (1) derechos de autogobierno; (2) derechos poliérnicos; y (3) derechos especiales de representación. Aludiré brevemente a cada uno e ellos antes de abordar en los capítulos siguientes algunas de las cuestio. nes que plantean a la teoría democrática liberal. 1. Los derechos de autogobierno En la mayoría de los Estados multinacionales, las naciones que los componen se muestran proclives a reivindicar algún tipo de autonomía política o jurisdicción territorial, para asegurarse así el pleno y libre desa- rrollo de sus culturas y los mejores intereses de sus gentes. En el caso más extremo, las naciones pueden desear la secesión, si consideran que la auto- determinación es imposible dentro del Estado al que pertenecen. El derecho de los grupos nacionales a la autodeterminación está reco- nacido (con ciertos límites) en el derecho internacional. Según la Carta de las Naciones Unidas, «todos los Pueblos tienen el derecho a la autoderer- 48 — Ciudadanía mulcicultural minación». Sin embargo, las Naciones Unidas no han definido qué son los «pueblos» y generalmente han aplicado el principio de autodeterminación sólo a las colonias de ultramar, no a las minorías nacionales internas, inclu- so en los casos en que estas últimas hayan estado sometidas al mismo tipo de colonización y conquista que las primeras. Esta limitación de la aurode- terminación a las colonias de ultramar (conocida como la «tesis del agua sa- lada») se considera, por lo general, una limitación arbitraria y muchas mi norías nacionales insisten en que también son «pueblos» o «naciones» y que, como tales, tienen derecho a autodeterminarse, Estas minorías nacio- nales reivindican determinadas competencias de autogobierno, a Las que no han renunciado por su incorporación (muchas veces involuntaria) a un Es- tado mayor.” o Un mecanismo de reconocimiento de las reivindicaciones de autogo- bierno es el federalismo, que reparte poderes entre el gobierno central y las subunidades regionales (provincias/Estados/cantones). Allá donde las mi- norías nacionales están concentradas territorialmente, se pueden trazar los límites de las subunidades federales de manera que la minoría nacional for- me una mayoría en una de estas subunidades, Bajo estas circunstancias, el federalismo puede ofrecer un amplio autogobierno a una minoría nacional, garantizando su capacidad de tomar decisiones en determinadas esferas sin sufrir el rechazo de la sociedad global. ' E Por ejemplo, merced a la división federal de poderes en Canadá, la pro- vincia de Quebec (que es en un 80% francófona) tiene amplia jurisdicción sobre temas cruciales para la supervivencia de la culrura francesa, inclu- yendo el control sobre la educación, la lengua y la cultura, así como un peso importante en la política de inmigración, Las nueve provincias restantes también tienen estas competencias, pero la principal fuerza motriz que trasciende la división de poderes exiscente y, de hecho, todo el sistema fe- deral, es la necesidad de acomodar a los quebequeses. En la época de la Confederación, la mayoría de los dirigentes canadienses ingleses estaban a favor de un Estado unitario, a la manera del Reino Unido, y convinieron en aceptar un sistema federal fundamentalmente para acomodar a los cana- dienses franceses. . Una de las dificultades del sistema federal es mantener el equilibrio entre la centralización y la descentralización. Aunque la mayoría de quebe- queses son partidarios de una mayor descentralización de poderes, la ma- 20. Algunos pueblos indígenas han defendido anre las Naciones Unidas que, de acuerdo con la Carta de la organización, también tienen derecho a la autodererminación (véase Mibmag Tribal Sociery v. Canada 11984], UNDOC. E/CN.4/Sub.2/204; Grand Coun- Gil of che Crees, 1992). Para discusión sobre la tesis del agua salada y el derecho a la auto- determinación según el derecho internacional, véase Pomerance, 1982; Thornberey, 1991, págs. 13-21, 214-218; Crawford, 1988; Makinson, 1988. Las políticas del multiculturalismo — 49 yoría de los canadienses ingleses prefiere un gobierno central más fuerte. Por tanto, uno de los retos ante los que se enfrenta Canadá es encontrar una forma aceptable de «federalismo asimétrico» que garantice a Quebec com- perencias no otorgadas a otras provincias. Otros Estados federales se en- frentan a problemas similares.” A menudo se recurre al federalismo para acomodar la diversidad nacio- nal, por lo que algunos especialistas incluyen los derechos y las competen- cias inherentes a las unidades federales entre los «derechos colectivos» de las minorías nacionales (por ejemplo, E. Morton, 1985, pág. 77; Van Dyke, 1982, págs. 24-31). Naturalmente, muchos sistemas federales surgen por razones que bien poco tienen que ver con la diversidad cultural. En muchos casos el federalismo es simplemente una forma de descentralización admi- nistrativa (como en Alemania), o el resultado de accidentes históricos de colonización, como en Australia. No hay una conexión intrínseca entre el federalismo y la diversidad cultural. No obstante, el federalismo constitu- ye una estrategia común para acomodar a las minorías nacionales. No es sorprendente que países que son «una federación de pueblos» hayan cons- títuido también una federación política. ? En los Estados Unidos, sin embargo, se tomó deliberadamente la deci- sión de no recurrir al federalismo para acomodar los derechos de autogo- bierno de las minorías nacionales. En el siglo XIX existían sobradas posibi- lidades de crear Estados dominados por los navajos, por ejemplo, o por los chicanos, los portorriqueños o los nativos hawaianos, habida cuenta de que cuando esos grupos fueron incorporados a los Estados Unidos constituían mayorías en sus tierras natales. Sin embargo, se decidió deliberadamente no aceptar ningún territorio como Estado a menos que esas grupos nacio- nales consrituyeran minorías. En algunos casos, para lograrlo se erazason las fronteras de manera que las tribus indias o los grupos hispanos se vieran so- brepasados en número (Florida). En otros casos, se logró retrasando la esta- 21. Sobre la oposición de los canadienses ingleses a las reivindicaciones nacionalistas de descentralización, véase Stark, 1992. Un determinado nivel de asimetría de poderes de facto haa sido uno de los aspeccos permanentes del federalismo canadiense. Sin embargo, muchos canadienses no están dispuestos a admitir formalmente esta asimetría en la Cons" titución (véase Gagnon y Garcea, 1988; Taylor, 1991; Cairns, 1991). Ésta es una de las ra- zones por las cuales el Acuerdo de Charlottetown fue derrotado en referéndum. Algunas peesonas afirman que un sistema federal no puede sobrevivir si concede un estatus espe- cial, pero esto queda refurado por la experiencia en muchos países. Para un estudio de di- versas formas de federalismo asimétrico, véase Elazar, 1987, págs. 54-57. 22. En Alemania, el federalismo fue impuesto por los aliados tras la segunda guerra snuadial para que ayudase a impedir el auge de los movimientos nacionalistas o autorita- cios. Para útiles discusiones sobre las relaciones entre federalismo y diversidad cultural, véase Howse y Knop, 1993; Minow, 19906; Majone, 1990; Gagnon, 1993; Long, 1991; Duchacek, 1977; Elkins, 1992, Norman, 1994. 52 Ciudadanía multicultural «intrínsecos» y, por tanto, permanentes, lo que constituye una de las razo- nes de que las minorías nacionales aspiren a que sean contemplados en la Constitución, 2. Derechos poliémmicos Como he señalado anteriormente, en los últimos treinta años los grupos inmigrantes han logrado poner en entredicho la «angloconformidad», mo- delo que daba por supuesto que los inrnigrantes deberían abandonar todos Los aspectos de su herencia étnica y asimilarse a las normas y costumbres cul- turales existentes. Al principio, este desafío consistió simplemente en exi- gir el derecho a expresar libremente sus particularidades sin temor a prejui- cios o a discriminaciones por parte de la sociedad global de la que forman parte, Como señala Walzer, se exigía que «la política se separase de la macio- nalidad, como ya se había separado de la religión» (Walzer, 1982, págs. 6-11). Pero las exigencias de los grupos étnicos se extendieron a diversos e im- portantes ámbitos. Quedó claro que se necesitaban medidas enérgicas para erradicar las discriminaciones y los prejuicios, especialmente contra las mi- norías visibles. Por esta razón, en Canadá y en Australía las medidas anti- rracistas se consideran parte de la política «multicultural», al igual que los cambios en el currículum educativo encaminados a explicar la historia y la contribución específica de cada una de las minorías. Sin embargo, estas po- líticas están básicamente dirigidas a asegurar el ejercicio efectivo de los de- techos comunes de ciudadanía y, por tanto, no merecen verdaderamente el calificativo de derechos de ciudadanía diferenciados en función del Brupo. Algunos grupos étnicos y minorías religiosas también han reivindica. do diversas formas de subvención pública de sus prácticas culturales, una reivindicación que incluye la subvención de asociaciones, revistas y festi- vales étnicos. Habida cuenta de que la mayoría de Estados liberales subven- cionan las artes y los museos para preservar la riqueza y la diversidad de nuestros recursos culturales, puede considerarse que financiar estudios y asociaciones étnicas pertenece al mismo apartado. De hecho, algunas per- sonas defienden dichas subvenciones como una simple forma de asegurar que la financiación estatal de las artes y de la cultura no discrimine a los grupos érnicos. Algunas personas creen que los organismos que vehiculan las subvenciones públicas se han inclinado tradicionalmente en favor de las formas de expresión cultural de origen europeo y que los programas dirigi- dos a los grupos étnicos corrigen esta desviación. Otra reivindicación conexa —