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Asignatura: Opinion Publica, Profesor: Elena Lowy, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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La opinión pública es la tendencia o preferencia, real o estimulada, de una sociedad o de un individuo hacia hechos sociales que le reporten interés.
La opinión pública ha sido el concepto dominante en lo que ahora parece referirse a la comunicación política. Y es que después de muchos intentos y de una más o menos larga serie de estudios, la experiencia parece indicar que opinión pública implica muchas cosas a la vez, pero, al mismo tiempo, ninguna de ellas domina o explica el conjunto. Además, con el predominio de los medios de comunicación modernos, en una sociedad masificada el territorio de la opinión parece retomar un nuevo enfoque.
También es necesario considerar que la opinión pública tiene una amplia tradición como campo de estudio. Y aún cuando se relaciona estrechamente con la democracia, se diferencia de ésta. Es decir, la opinión pública constituye sólo un sector dentro del amplio espectro de la comunicación política.
Índice [ocultar]
Opinar. del latín opinor , «opinar» del griego pinyoo «saber». Opinión pública. Una ley de la antigua Atenas declaraba infame y detestable, castigando con el destierro, al hombre que tratándose de la causa pública no manifestaba y declaraba su opinión. Por este medio se sabía el modo de pensar de cada uno.^1
La opinión pública se manifiesta de distintas formas:
La opinión pública no siempre es escuchada, depende del gobierno que ostente en ese momento el poder político, si se trata de una dictadura, nunca será atendida, en cambio si estamos ante una democracia es todo lo contrario. Para esta, es muy importante la opinión pública, "el gobierno democrático depende del pueblo". Las peticiones del pueblo no siempre son cumplidas, ya que siempre existe una puja de intereses de diversos sectores, y una lógica que debe racionalizarse para obtener un óptimo resultado.
Desde la doxa griega, la vox populi medieval, la "reputación" de Maquiavelo, las "murmuraciones varias del pueblo" de Diego Saavedra Fajardo o la "apariencia" de Maquiavelo o de Baltasar Gracián, hay toda una serie de precedentes que muestran cómo los gobernantes han tenido, desde siempre, interés por conocer qué piensan de ellos sus súbditos o ciudadanos. Sin embargo, el término "opinión pública" aparece por vez primera en 1750 en la obra de Jean Jacques Rousseau Discurso sobre las artes y las ciencias.
En la Antigüedad la opinión pública se remitía simplemente al diálogo que establecían los notables, es decir, sólo aquellos que no dependían económicamente de otros. Los demás, no podían opinar y dialogar sobre las cuestiones de la polis, ya que sólo eran aptos para trabajos manuales. Consecuentemente, imperaba la marginalidad en el espacio público y no existía el diálogo sobre los asuntos públicos como discusión extendida a todas las capas de la sociedad.
Posteriormente, esa situación empezó a cambiar. Se conceptualizaba entonces como la opinión "del pueblo". Durante el siglo XVIII español, el concepto de opinión pública equivalía a “opinión de la multitud”, normalmente expresada a través de una reunión masiva. A finales de este siglo, sin embargo, empieza a adquirir connotaciones cualitativas y adquiere las notas propias que le otorgaría el liberalismo, como instrumento de guía y control del gobernante.
Se podría alegar que esa concepción correspondía a la del despotismo ilustrado y se refleja en dichos comunes en esa época: "todo para el pueblo, pero sin el pueblo" (José II) "La mejor forma de gobierno es la que nos enseña a gobernarnos (en el sentido de controlarnos) a nosotros mismos" (Goethe) y ¡razonad tanto como queráis y sobre lo que queráis, pero obedeced! (Kant).
El liberalismo moderado, sin embargo, modificó el concepto de opinión pública relacionándola a los "ciudadanos instruidos", distinguiendo entre opinión legal (expresada por el Parlamento) y natural (derivada de los ciudadanos). Una opinión que sólo podía manifestarse a través de medios jurídicos reglados: la libertad de prensa, el derecho de petición y el sufragio. Esto, por un lado, la restringió: el número de ciudadanos instruidos era muy bajo; y por el otro la extendió: para ser instruido no era requisito ser noble o miembro de las clases gobernantes. Esta reformulación coincide con la visión de los teóricos de la democracia liberal clásica (Rousseau, Locke, Tocqueville)
Se puede alegar que ambas concepciones están basadas en un principio básico de la Ilustración (ver Kant: ¿Qué es Ilustración?)
Con el surgimiento de la cultura de masas y la expansión técnica, productiva del modelo fordista y expansión de la burocracia, comienza un progresivo ensanchamiento del término hasta que a fines del siglo XX el ciudadano es la población misma, ahora transformado en "el público".
Para analizar la incidencia de la situación de la persona en la determinación de la pertenencia del individuo a una clase social, partimos de que este concepto deestatus social se compone de tres variables: La variable inicial que consiste en la situación de empleo/ingresos/renta , más las añadidas por Pierre Bourdieu que son el nivel educativo y el patrimonio o herencia patrimonial.
La relación o proporción con la que funcionarían estas dos últimas al respecto de la clasificación social y su relación con la opinión sería la siguiente:
En cuanto a la influencia de la situación de empleo o el nivel de ingresos del individuo , la historia la explica desde que Karl Marx definió al trabajador asalariado en su posición de lucha y conflicto frente al propietario o dueño. Con el paso de los años, la crisis industrial de los años setenta significó la división de los mercados laborales , según los tres tipos de contextos en los que realizaban su actividad, los cuales produjeron a su vez, distintas mentalidades políticas :
Influencia de la clase social en el estatus de la persona y en la formación de la opinión pública [editar ]
Debemos partir de la idea de que pertenecer a una misma clase social no es sinónimo de poseer una identidad compartida. Es decir, no significa que todos los integrantes de la clase alta posean la misma ideología, los mismos valores y las mismas tendencias. Aunque, no obstante, la clase social suele determinar, de forma contundente, ciertos aspectos como el comportamiento social, las ideas político-económicas o sus valores ético-morales en su filosofía de vida ya que, al fin y al cabo, comparten una mismo espacio geográfico-social característico, en función del rol derivado del estatus otorgado por la sociedad.
En conclusión, se ha demostrado que el bienestar socio-económico derivado del resultado de las variables que determinan la clase social y el estatus, condicionan
determinantemente o influencian la opinión del individuo según el principio formación exógena –que viene del exterior hacia el interior- en la que, la concepción y el entendimiento personal se crea a partir de dos hechos relacionados: la percepción selectiva de los hechos en función de las implicaciones afectivas y sentimentales (impulso afectivo), y la que está en base a nuestras experiencias vitales desarrolladas en grupo, es decir, que las tenemos en sociedad porque el hombre, es un animal social. Así, aunque la opinión pública no está formada por la suma de las opiniones individuales, ni es el resultado de la opinión de la mayoría, si analizamos su definición operativa: «Por opinión pública se entiende la valoración realizada o expresada –un pronunciamiento sobre un posicionamiento- por determinada comunidad social , acerca de un evento, oportunidad, problema, reto o expectativa que llega a su conocimiento», es innegable en ella, que las clases o estatus y, por lo tanto, el contexto social en el que se desenvuelve el individuo, realizan una influencia explícita en la tendencia o rumbo de dicha opinión colectiva.
Desde la perspectiva de la Opinión Pública , se dirá que ésta se encuentra dividida cuando existan distintas posiciones confrontadas ante determinada cuestión, por razones distintas o al margen de las divisiones de opinión que se puedan esperar por causas de estratificación socio-política.
Los gobiernos y empresas utilizan los sondeos para conocer la opinión pública sobre cuestiones de interés como los índices de desempleo, mercado y de criminalidad entre otros indicadores sociales y económicos.
Walter Lippman, en su libro Opinión Pública (1922) cuestiona que sea posible una auténtica democracia en la sociedad moderna. Esta crítica se fundamenta en su noción de estereotipo, de la cual es inventor: los esquemas de pensamiento que sirven de base a los juicios individuales convierten en ilusoria la democracia directa.
El filósofo alemán Jürgen Habermas desarrolló una teoría de gran influencia sobre el surgimiento de la opinión pública. Habermas concibe ésta como un debate público en el que se delibera sobre las críticas y propuestas de diferentes personas, grupos y clases sociales. Para Habermas, después de su desarrollo en el siglo XVIII, el espacio público donde es posible la opinión pública y que es “controlado por la razón” entra en declive, puesto que la publicidad crítica dará poco a poco lugar a una publicidad “de demostración y manipulación”, al servicio de intereses privados. Las tesis de Habermas han sido contrastadas críticamente, en lo que se refiere a la evolución de la opinión pública, por la historiadora francesa Arlette Fargeen el libro Dire et mal dire (editorial Seuil, París, 1992) dónde la autora pone de manifiesto que la opinión pública no emerge solamente de la burguesía o de las élites sociales cultivadas, sino también de la gran masa de la población.