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Asignatura: opinion publica, Profesor: castromil castromil, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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En sentido amplio, siempre ha habido opinión pública ya que en los orígenes de nuestra especie siempre han existido comunidades cuyos miembros han establecido relaciones entre sí. La mayor parte de las sociedades ha contado con una autoridad y la comunicación entre gobernantes y gobernados ha existido siempre, como en el sentido inverso. En conclusión, en toda organización humana ha estado presente la opinión pública.
La Ilustración, estrictamente, es el momento histórico en el que surge el concepto moderno de la opinión pública, hostigada por el liberalismo. La teoría sistemática, no obstante, es posterior. Ya desde finales del siglo XVII y principios del XIX se observan las primeras reflexiones sobre la opinión pública. Entonces empieza a despuntar la importancia de la opinión de los ciudadanos sobre la base de un poder limitado, dividido y en régimen de derechos y libertades.
2.1.. Edad Antigua
Los filósofos griegos suelen ser considerados como precursores de la concepción de la opinión pública. La doxa (opinión) se contrapone a la episteme (conocimiento). La doxa se entiende como un conocimiento inseguro, proclive al error y apoyado en la apariencia (visión platónica). Ya aparece el vínculo entre opiniones del pueblo y del poder. Se inicia una visión peyorativa de la opinión pública (poco autorizada, vulgar) que aún perdura.
PROTÁGORAS (485-414 a. C.) enunció su “dogma poleon” (creencia de las ciudades o el parecer público), asimilable a la teoría de la opinión pública. Punta del sofismo, ocupada de las técnicas de la persuasión, entendía el ideal pedagógico como la capacitación política apoyada en la palabra (son creadores de la Retórica) frente a su enemigo Platón (autor de La república ).
PLATÓN (427-347 a. C.) distingue la vía de la doxa y la de la ciencia, la episteme como formas de acceder a la perfección. La doxa es un saber parcial, inseguro, basada en imprecisiones y ambigüedades. La doxa es el saber del pueblo, mientras que reserva a la élite (los filósofos) el episteme. El mito de la caverna, del libro 7 de La república , es una alegoría de esta dicotomía. La desconfianza de Platón por el público será heredada a lo largo de esta Edad, ya que este no es consciente de sus intereses ni de la ciudad-Estado.
La democracia, entendida como régimen de la tiranía de la doxa , provoca en Platón una situación caótica que hace que los ciudadanos no distingan entre el bien y el mal. La democracia niega los rectos valores sociales, no es capaz de reforzar las normas y exige demasiado a los ciudadanos. El régimen autocrático de los filósofos sería el más adecuado.
ARISTÓTELES (384-322 a. C.) no coincide con PLATÓN. La doxa es un saber en potencia. Los hombres, seres sociales, poseen un saber infalible, junto a su experiencia y sentido común, para interpretar la realidad.
La doxa puede ser previa al conocimiento de los ciudadanos. A partir del sentido común pueden llegar a la verdad. ARISTÓTELES cree en la sabiduría del ciudadano corriente y cree que la opinión pública puede convertirse en vehículo espiritual y comunitario de la ciudad-Estado. La fuerza de la opinión es
equivalente a las normas, características y valores de la civilización en que surge. Puesto que el concepto de opinión pública va unido al desarrollo de la democracia y las libertades públicas, podemos presuponer la existencia de una opinión pública desarrollada en lugares públicos como el ágora.
También en Roma es posible hallar vestigios de una rudimentaria opinión. Se detectaba una difusión de noticias amplia, esencial para la formación de un Gobierno fuerte. El Derecho romano distingue ius publicum e ius privati. Esta distinción nos lleva a la de res publica. El ámbito público se caracteriza por su publicidad, en cuyo seno se emiten opiniones. El Derecho consuetudinario, nacido de la costumbre, se basa también en lo público. CICERÓN nos habla de la fuerza del público. Habla del rumor, de la fama, en el sentido de lo público. La opinión se utiliza como apariencia, notoriedad y buena o mala imagen que los demás tienen de uno mismo. CICERÓN manifiesta un alto grado de escepticismo hacia los deseos y pasiones en los que puede caer. Para él, la muchedumbre puede juzgar muy pocas cosas de acuerdo con la verdad y lo ideal es el liderazgo de los mejor instruidos.
2.2.. Edad Media
La distinción esfera pública – esfera privada desaparece. La Baja Edad Media (siglos XI-XV) mantiene principios de la Roma clásica y del cristianismo primigenio: se acepta la validez del Derecho natural y su autoridad obligatoria entre gobernantes y súbditos, la obligación de los reyes a gobernar con justicia y la sacralidad de la autoridad humana y eclesiástica.
En torno a 476 a. C., momento de la caída del Imperio romano, la influencia germánica trae nuevas ideas sobre el derecho. El germánico intuye derecho como algo inscrito en la costumbre, anclado en lo público. Nuestro concepto actual de opinión pública es incompatible con la sociedad feudal.
En la Edad Media, los súbditos tenían pocas formas de opinar y mucho menos de elegir gobernante. El ágora desaparece, como el diálogo político y la participación en los asuntos de la ciudad. Sin embargo, hay algunas referencias que se asocian a la idea de opinión pública:
1.. El Renacimiento
En su obra El Príncipe (1532) el poder político aparece secularizado y, aunque no plantea una teoría sistemática del Estado, ocupa un lugar central en su pensamiento. Reconoce abiertamente el poder de la opinión pública y plantea una teoría de lo que el príncipe debe hacer para ganarse el apoyo público y perpetuarse. La opinión para MAQUIAVELO es maleable, sensible y fácil de engañar, aunque hay que temer a su poder.
Frente al posible apoyo de los notables del reino, el príncipe necesita siempre de la estima de la gente, del pueblo. No puede tenerlo en contra. La imagen es el principal recurso con que cuenta para que así sea y las técnicas para mantener la imagen son importantes ya que la imagen se puede construir y modificar.
MAQUIAVELO no se plantea la verdad de la opinión sino que la opinión se une a la buena imagen. No importa que sea justo o injusto, sino que lo parezca. En Discursos sobre la primera década de Tito Livio vuelve a la idea del dirigente sabio que no ignorará a la opinión pública, que equivale, de nuevo, a la imagen que de él tienen.
Con MAQUIAVELO queda perfilado el valor político de la opinión pública, trasladable a cualquier régimen. Rompe no solo con la tradición medieval (debe ser tenida en cuenta la opinión pública) sino la clásica: si para ARISTÓTELES la opinión era rigurosa y nacía del sentido común, para MAQUIAVELO la opinión es verdadera, a secas.
En los primeros años de la Edad Moderna no existe una teoría sistemática de la opinión pública pero se apuntan líneas en torno al concepto, conviviendo lo platónico (la opinión es vulgar y poco fiable) con otras tendencias. Esta visión peyorativa platónica se confirma con el Barroco ( ver anexos ), que muestra una antropología pesimista y acentúa la desconfianza en la opinión del pueblo. Hay autores que afirman que esta desconfianza varía según el país: en los decadentes parece triunfar, no así en Inglaterra (triunfo de la Revolución “la Gloriosa” en 1688 y establecimiento del parlamentarismo frente al absolutismo del siglo XVII). Ver anexos.