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Asignatura: opinion publica, Profesor: Antón Rodríguez Castromil, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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Fue uno de los primeros que insertaron el ejercicio de la propaganda como cuestión de gestión política. “Técnicas de la propaganda en la IªG.M.”
Decía que los gobiernos deben tener en cuenta que la propaganda es una herramienta del día a día que tienen ellos para ganarse el favor del público y moldearlo.
Laswell, en tiempos de guerra, analiza la política y el contexto internacional de la Gran Guerra. La movilización de la población era insuficiente, por lo que era preciso movilizar las opiniones. Su éxito, decía, dependerá del correcto uso de los instrumentos (si el mensaje está bien construido el efecto será inmediato). Según él, la propaganda podrá modificar las actividades de los individuos que conforman la sociedad. Existirán propagandistas que actuarán dentro de una determinada conducta política, lo cual es de suma importancia (elementos culturales políticos: normas sociales, religión, valores morales, sistemas de partidos…).
En el contexto de la guerra, Laswell sostiene que es posible actuar sobre los instintos primitivos de la población dirigiéndolos hacia el enemigo. Esta posibilidad es mayor en sociedades industriales, más proclives a la movilización que aquellas de corte agrario. Por ello, el éxito de la propaganda dependerá de la industrialización de los prejuicios ( empleo de los prejuicios para un fin presente en la sociedad y que se instrumentalizará hacia el fin del propagandista. Emplea fuerzas sociales preexistentes para sus fines). En la guerra, es imprescindible que los gobiernos movilicen a las masas: se ha de seleccionar el tipo de sugestión más adecuada para conseguir una reacción adecuada en las masas.
El objetivo es construir y movilizar el odio hacia el enemigo. Esto se consigue construyendo una imagen de la nación enemiga como un ente agresor sin escrúpulos, como un obstáculo para la realización de los objetivos del país. Hay que asociar al enemigo con algo satánico ( “el eje del mal”) que amenaza la unidad de la nación.
Se utilizan técnicas de desmoralización del enemigo , a través del bombardeo de ciudades, pero no como estrategia militar, sino de desmoralización a través
de la propaganda. Se crea una fiebre moral de la población haciéndoles creer que están en constante amenaza. Se utiliza el miedo para crear un estado de desesperanza.
El exitoso empleo de la propaganda tiene que ver con el control del énfasis, lo que está conectado con los medios de comunicación. La información desfavorable a la causa debe situarse en un lugar secundario en los medios. Se produce así una idea de los medios como extensión de la política estatal por su conexión por su capacidad de crear opinión, favorable o desfavorable, a las acciones del gobierno.
Una de las mejores herramientas de la contrainformación, es decir, contrarrestar la información del enemigo, es instrumentalizar los medios más adversos de los países enemigos. El propagandista tiene que derivar la atención del público a diferentes cuestiones de la contrainformación del enemigo. Lo importante será, por tanto, defender los valores, anular ideas inconvenientes y evitar las contradicciones.
Presenta la idea de masa como sujeto pasivo. Hay que diferenciar entre masa y multitud. Pertenecer a la multitud ofrece a los individuos una sensación de anonimato más invencibilidad más carecer de responsabilidades de sus propios actos. Se contagian rápidamente las ideas , cambio rápido en el comportamiento, se pierde la individualidad y se comparten experiencias y emociones. Ej de multitud: hinchas de fútbol.
En cuanto a las masas, son individuos aislados que tienen entre ellos interacción nula, pero que ante necesidades compartidas reaccionan de manera homogénea.
Las multitudes están compuestas por individuos según clase social, sexo, profesión, etc. sin tener en cuenta los motivos por los cuales se convierten en multitud. Cuando los individuos pertenecen a multitudes adquieren nuevas características:
opiniones no serán mejores por el hecho de ser públicas (de que se expresen en público). Por tanto, un gobierno basado en la OP no tiene sentido porque se basa en un ideal inalcanzable. Lippman pretenderá corregir esto.
El individuo no tiene opinión de asuntos públicos, por tanto es falso que la suma de las ignorancias individuales de las masas sea capaz de producir fuerza rectora del gobierno. Los ciudadanos viven en la “paz de la ignorancia”. La información general que informa a la OP es demasiado general como para ser considerara intelectualmente decente. Además, la vida es demasiado corta para saber de todo.
Lippman distingue entre:
Los ciudadanos, a través del voto o de las expresiones de opiniones generales, exigen recompensar o apoyar en función de un resultado, aceptar o rechazar alternativas de otros, dicen que sí o que no a algo que se ha hecho, pero no pueden crear, administrar ni ejecutar lo que tienen en la mente. Según Lippman, la OP es, pues, un intento de controlar acciones de otros desde el exterior (opinión del público acerca de cómo otros deberían comportarse)
¿Las elecciones son la expresión de la voluntad popular? En nuestro voto no podemos plasmar nuestros pensamientos sobre la política pública y hacerlo, además de ser imposible, resultaría absurdo para Lippman. El voto es una promesa de apoyo. La población no selecciona al candidato, sólo elige o no al que se ofrece.
¿Qué papel tiene la opinión de la mayoría? La justificación del poder de las mayorías no está en su superioridad ética, sino en la necesidad de la sociedad por encontrar un lugar para lo que piense la mayoría.
Las elecciones basadas en el principio de la mayoría constituyen una guerra civil en términos históricos y prácticos (voto como el sustituto de una bala y elecciones como combate). El gobierno de la mayoría, como fin práctico, ha de dejarse gobernar por aquellos que ganan esa guerra civil.
Si esta teoría se acepta, hay que abandonar la idea de que el gobierno democrático es el resultado de la expresión de la voluntad del pueblo. Es falso que los ciudadanos gobiernen. A través de movilizaciones (elecciones) apoyan, o no, a individuos para que estos gobiernen. La voluntad popular no dirige continuamente, sino que interviene ocasionalmente.