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Asignatura: Lengua, Profesor: , Carrera: Educación Primaria, Universidad: UVA
Tipo: Ejercicios
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13/04/ Alonso Tejero, Raúl
■ Reproduzca las teorías sobre los fenómenos de leísmo, laísmo y loísmo de la Real Academia Española.
Leísmo. 1. Es el uso impropio de le(s) en función de complemento directo, en lugar de lo (para el masculino singular o neutro), los (para el masculino plural) y la(s) (para el femenino), que son las formas a las que corresponde etimológicamente ejercer esa función.
2. Los pronombres le , les proceden, respectivamente, de las formas latinas de dativo illi , illis. El dativo es el caso de la declinación latina en el que se expresaba el complemento indirecto. Por ello, la norma culta del español estándar establece el uso de estas formas para ejercer dicha función, independientemente del género del sustantivo al que se refiere el pronombre: «Conocí a un cirujano plástico a quien le conté mi problema» ( Tiempo [Col.] 1.12.87); «Yo nunca le conté a mi madre que había visto agonizando [...] al hijo del Ferroviario» (Asenjo Días [Esp. 1982]); «Al despedirlos les di veinte pesos» (Ibargüengoitia Crímenes [Méx. 1979]). Por tanto, son casos de leísmo usos como los siguientes, en los que le funciona como complemento directo: «Era Huayna Cápac, según dicen muchos indios que le vieron y conocieron, de no muy gran cuerpo» (Salvador Ecuador [Ec. 1994]); * «Los romanos [...] solían cocinarle [el cerdo] entero» (VV. AA. Matanza [Esp. 1982]). Debido a su extensión entre hablantes cultos y escritores de prestigio, se admite el uso de le en lugar de lo en función de complemento directo cuando el referente es una persona de sexo masculino: «Tu padre no era feliz. [...] Nunca le vi alegre» (TBallester Filomeno [Esp. 1988]). Sin embargo, el uso de les por los cuando el referente es plural, aunque no carece de ejemplos literarios, no está tan extendido como cuando el referente es singular, por lo que se desaconseja en el habla culta: * «Casi nunca les vi con chicas» ( Vistazo [Ec.] 3.4.97). El leísmo no se admite de ningún modo en la norma culta cuando el referente es inanimado: * El libro que me prestaste le leí de un tirón ; * Los informes me les mandas cuando puedas. Y tampoco se admite, en general, cuando el referente es una mujer: * Le consideran estúpida , aunque existen algunos casos en que el leísmo femenino de persona no se considera incorrecto. 3. El leísmo, al igual que otros fenómenos paralelos relacionados con el uso antietimológico de los pronombres átonos de tercera persona (laísmo y loísmo), surge en Castilla durante la Edad Media. Todos estos fenómenos parecen deberse al
padre, que se había disfrazado, lo asustó (le dio un susto a propósito) / Su padre, que se había disfrazado, le asustó (el susto es involuntario; lo causa el hecho de ir disfrazado). Con sujetos no animados influyen también otros factores; por ejemplo, cuando el sujeto va antepuesto, es más frecuente el uso del pronombre de complemento directo ( Mi actitud lo decepcionó ), mientras que, cuando el sujeto va pospuesto, es más frecuente el uso del pronombre de complemento indirecto ( Nunca le decepciona mi actitud ). La distribución antes señalada se documenta en zonas no leístas tanto españolas como americanas: « Su hermano lo escandalizó » (Alviz Son [Esp. 1982]); « A mi madre le escandalizaba que dijera aquellas blasfemias » (Asenjo Días [Esp. 1982]); « Agarra a una mujer que baila, la asusta y luego se revuelca con el pintor encima de la barra del bar » (Paranaguá Ripstein [Méx. 1997]); « De pronto le asustó morir » (Pitol Juegos [Méx. 1982]). En el Perú y en los países del Cono Sur se usan de modo casi exclusivo con estos verbos las formas propias del complemento directo: « La entrevista lo disgustaba » (VLlosa Ciudad [Perú 1962]); « Ese pensamiento lo preocupa » (Guido Incendio [Arg. 1964]); « A Max siempre lo asombraban estas pequeñas cosmogonías » (Contreras Nadador [Chile 1995]).
b) Los llamados «verbos de influencia» —los que expresan acciones que tienen como objetivo influir en una persona para que realice una determinada acción, como autorizar, ordenar, invitar (‘animar’), permitir, exhortar, etc.—, forman parte de la siguiente estructura: «verbo de influencia + complemento de persona + verbo subordinado, en infinitivo o precedido de que, o un nombre de acción»: Le ordené ejecutar la sentencia / Le ordené que ejecutara la sentencia / Le ordené la ejecución de la sentencia. El complemento de persona es indirecto con los verbos permitir, prohibir, proponer, impedir, mandar y ordenar : « Esa experiencia le permitió vivir a su manera » (Alberto Eternidad [Cuba 1992]); « Le prohibió salir de la capital hasta nueva orden » ( Tribuna [Hond.] 18.6.97); « Le propuso hacer un viaje a la costa » (Landero Juegos [Esp. 1989]); « La penumbra le impide ver con claridad » (Schmidhuber Ventana [Méx. 1985]); « Quién le manda soltar pendejadas » (Medina Cosas [Méx. 1990]); « La Policía les ordenó que no lo hicieran » ( Clarín [Arg.] 18.4.97). Por el contrario, el complemento de persona es directo con los verbos de influencia que llevan, además, un complemento de régimen, esto es, un complemento precedido de preposición, como obligar a, invitar a, convencer de, incitar a, animar a, forzar a, autorizar a, etc.: « Una barrera los obligó a desviarse » (Fuentes Cristóbal [Méx. 1987]); « La convenció de que
vendiera un anillo de brillantes » (Allende Casa [Chile 1982]); « Ella lo incitó a seguirla » (Martini Fantasma [Arg. 1986]).
Los verbos hacer y dejar , cuando tienen sentido causativo, esto es, cuando significan, respectivamente, ‘obligar’ y ‘permitir’, siguen la misma estructura que los verbos de influencia: «verbo causativo + complemento de persona + verbo subordinado». Tanto hacer como dejar tienden a construirse con complemento directo si el verbo subordinado es intransitivo: « Él la hizo bajar a su estudio y le mostró el cuadro » (Aguilera Caricia [Méx. 1983]); « Lo dejé hablar » (Azuela Tamaño [Méx. 1973]); y tienden a construirse con complemento indirecto cuando el segundo verbo es transitivo: « Alguien lo ayudó a incorporarse, lo estimuló y hasta le hizo tomar café » (JmnzEmán Tramas [Ven. 1991]); « El alcaide de la cárcel le dejaba tocar el banjo todas las mañanas » (Cela Cristo [Esp. 1988]).
c) Cuando los «verbos de percepción» ver y oír se construyen con un complemento de persona y una oración de infinitivo en función de complemento predicativo, el complemento de persona es directo: «Lo vimos subirse a un taxi» (Marías Corazón [Esp. 1992]); «Nadie la oyó gritar» (Santiago Sueño [P. Rico 1996]); «La vi besarlo» (Rossi María [C. Rica 1985]). No obstante, cuando el infinitivo es un verbo transitivo que lleva a su vez un complemento directo, no es raro usar los pronombres de dativo le, les para representar el complemento de persona: «Yo también le oí decir eso» (Rulfo Páramo [Méx. 1955-80]); «Una vez le vi servir una ensalada» (Puig Beso [Arg. 1976]). En estos casos, el complemento de persona presenta rasgos de complemento indirecto, como su conversión en se ante el pronombre que representa el complemento directo del infinitivo: Vi a Pedro guardar el informe > Se lo vi guardar; Oí a María cantar una canción > Se la oí cantar. Sin embargo, cuando el complemento directo del infinitivo es una persona, el complemento de persona del verbo principal no admite ser representado por se: Vi a Pedro abrazar a su padre > * Se lo vi abrazar; Oí a María insultar a su vecina > * Se la oí insultar.
d) Hay verbos que se construyen con complemento directo de cosa e indirecto de persona: El camarero sirvió la cerveza a Pedro; Robaron el bolso a María; El atracador pegó una paliza a la dependienta; El acusado escribió una carta al juez; El médico curó la herida al torero, etc. Con muchos de estos verbos es frecuente omitir el complemento directo por estar implícito o sobrentendido. Cuando esto ocurre, el complemento de persona, antes indirecto, pasa a funcionar como complemento directo
arrebolada se le veía» (Vergés Cenizas [R. Dom. 1980]). Se trata, pues, de un caso especial en el que se emplean desde los orígenes las formas de dativo en función de complemento directo. No obstante, muchos hablantes, conscientes de que la función que cumple el pronombre en ese tipo de oraciones es la de complemento directo, emplean en estos casos los pronombres de acusativo, uso generalizado en los países del Cono Sur: «Se lo veía zigzaguear entre los autos» (Cortázar Reunión [Arg. 1983]); «¡No se lo puede andar molestando por trivialidades!» (Magnabosco Santito [Ur. 1990]); «Nunca se lo vio ladrar ni gruñir» (Allende Casa [Chile 1982]).
g) Otro caso de leísmo generalizado en todo el mundo hispánico es el llamado «leísmo de cortesía». Se trata del uso de le(s) en función de complemento directo cuando el referente es un interlocutor al que se trata de usted. Este leísmo se justifica por el deseo de evitar la ambigüedad de sentido que acarrearía el uso de los pronombres de acusativo lo(s), la(s), ya que estos podrían referirse tanto a un interlocutor presente como a una tercera persona no partícipe en la conversación: «Ande, y discúlpelo [a él], que yo en seguida le acompaño [a usted]» (MDíez Expediente [Esp. 1992]); «Que Dios le acompañe y le proteja. Yo aquí le espero» (Chao Altos [Méx. 1991]); «¿Quiere que le acompañe? [Dirigido a una mujer]» (Rossetti Alevosías [Esp. 1991]). No obstante, también se documentan ejemplos en los que no se da este tipo de leísmo, especialmente en el Perú y los países del Cono Sur: «Lo acompaño, sargento» (Scorza Tumba [Perú 1988]). Aunque el «leísmo de cortesía» no está tan generalizado cuando el interlocutor es femenino, debe considerarse aceptable, especialmente en fórmulas fijas de saludo o despedida del tipo Le saluda atentamente y similares.
5. En algunas zonas de España y América se producen casos de leísmo debidos al contacto del español con otras lenguas que se caracterizan por no contar con distinción de género y por marcar el número y el caso de forma muy diferente al español. Estas lenguas son el quechua, el aimara, el guaraní y el vasco. Las confusiones tienen su origen en la dificultad que plantea el uso correcto del español a los hablantes que normalmente se expresan en esas otras lenguas. En muchos casos estos usos no son exclusivos de los hablantes bilingües de escasa formación, sino que, en general, han pasado a formar parte del habla corriente de las respectivas zonas, pero no se consideran admisibles desde el punto de vista de la norma culta estándar (salvo el leísmo de persona con referente masculino singular):
a) En el Ecuador, el contacto con el quechua (allí llamado quichua) da lugar a la utilización exclusiva de le(s), independientemente de la función sintáctica que desempeña el pronombre y del género de su antecedente: * «Le encontré acostada» (Icaza Cholos [Ec. 1938] 176).
b) En las zonas andinas del Perú, Bolivia y el noroeste de la Argentina, el español ha convivido o convive con el quechua y el aimara. Como consecuencia de esta coexistencia, a veces se documentan en estas zonas usos de le(s) en función de complemento directo, tanto masculino como femenino, especialmente si el referente es animado: «Los policías le cogieron de la cintura, le levantaron en vilo y le lanzaron a la caja del camión» (Ribeyro Geniecillos [Perú 1983]).
c) En el Paraguay, el guaraní es lengua oficial junto con el español. El bilingüismo es prácticamente general y la consecuencia principal de la influencia del guaraní en el español hablado en esta zona es el uso exclusivo de le con referentes tanto animados como inanimados, independientemente de la función sintáctica del pronombre y del género de su antecedente: * «Si vos esa pregunta le trasladás a Oviedo y le trasladás a Nenín Viveros Cartes y te dicen la misma cosa [...], quiere decir que es un verdadero genio, Nicolás» ( Abc [Par.] 19.12.96). En ciertas zonas del noreste de la Argentina, el español se halla en contacto con el guaraní, por lo que se encuentran manifestaciones leístas semejantes a las paraguayas. Sin embargo, no están tan extendidas entre las capas cultas por el influjo que en estas ejerce la norma estándar nacional, que rechaza fuertemente el leísmo.
d) En el País Vasco y norte de Navarra, zonas del norte de España en las que el español se halla en contacto con el euskera, se emplea le(s) para el complemento directo, con referente tanto animado como inanimado, y con independencia del género del antecedente: * «Ignoro si tiene usted hogar o no le tiene» (Unamuno Niebla [Esp. 1914]); * «Si no por Isabel, vaya si me echo novia allí, que le conocí a una tal Rosita, sobrina de un cura, como para volverle loco a cualquiera» (SchzMazas Andía [Esp. 1956]).
e) En el español hablado en Cantabria (España) se utiliza la forma le para el complemento directo masculino cuando el antecedente es un nombre singular contable, mientras que se utiliza como forma única lo cuando el antecedente del complemento directo es incontable, independientemente de su género y su número: * El coche
correspondientes a cada uno de los verbos que habitualmente plantean dudas. En cuanto a las oraciones impersonales con se seguido de pronombre átono ( Se le/la considera la mejor ). Para casos de laísmo con semilocuciones verbales ( echar un vistazo, prender fuego, etc.).
Loísmo. 1. Es el uso impropio de lo(s) en función de complemento indirecto masculino (de persona o de cosa) o neutro (cuando el antecedente es un pronombre neutro o toda una oración), en lugar de le(s), que es la forma a la que corresponde etimológicamente ejercer esa función.
2. El pronombre lo procede de las formas latinas de acusativo singular illum (masculino) e illud (neutro), y los, de la forma de acusativo masculino plural illos. El acusativo es el caso de la declinación latina en el que se expresaba el complemento directo. Por ello, la norma culta del español estándar solo admite el uso de estas formas para desempeñar dicha función: «Me lo encontré en la calle. Estaba muy contento» (Parra Tristán [Chile 1994]); «Esto Manuel lo comprendió muy bien» (Gironella Hombres [Esp. 1986]); «Yo los estrecho contra mi corazón y deseo se den cuenta de cuánto los amo» (Posse Pasión [Arg. 1995]). No son aceptables en la norma culta usos como los ejemplificados a continuación, en los que lo(s) funciona como complemento indirecto: * «¿Tu identificación?, me dijo; y lo di mi acta de nacimiento» ( Excélsior [Méx.] 8.6.96); * Los dije que no se movieran de aquí. 3. El loísmo, al igual que otros fenómenos paralelos relacionados con el uso antietimológico de los pronombres átonos de tercera persona, como el laísmo y el leísmo, comienza a fraguarse en la Castilla primitiva durante la Edad Media. Para las razones de su aparición. La incidencia del loísmo ha sido siempre muy escasa en la lengua escrita, especialmente en singular, y solo se documenta hoy en textos de marcado carácter dialectal. La marginación de este fenómeno dentro de la propia norma peninsular de España hizo que no se instalase en el español atlántico (Canarias e Hispanoamérica). 4. Con ciertos verbos y en ciertos contextos sintácticos, es posible que no esté claro para el hablante si el complemento verbal es directo o indirecto, lo que conduce, en ocasiones, a un uso erróneo de los pronombres átonos de tercera persona. Como reacción ante el leísmo aparente de determinadas construcciones, se incurre, en ocasiones, en loísmo o laísmo ultracorrectos. Para estos casos dudosos. En cuanto a las
oraciones impersonales con se seguido de pronombre átono ( Se le/lo considera el mejor ).
5. Se aprecian usos loístas (y laístas) más frecuentes, incluso entre hablantes de cierta cultura, con verbos que se construyen con un sustantivo en función de complemento directo y que se comportan como semilocuciones verbales. Son casos del tipo de echar un vistazo, prender fuego, sacar brillo, etc. La secuencia formada por el verbo más el complemento directo puede ser sustituida normalmente por un verbo simple de significado equivalente, que lleva como complemento directo el elemento que funciona como indirecto en la semilocución: echar un vistazo [a algo (c. i.)] = mirar u ojear [algo (c. d.)]; prender fuego [a algo (c. i.)] = quemar [algo (c. d.)]; ello explica estos casos de loísmo que, no obstante, deben evitarse: * Acabo de terminar el trabajo, échalo un vistazo si puedes; * Una vez recuperados los informes, los prendieron fuego; debió decirse échale un vistazo y les prendieron fuego. No deben confundirse estos casos con los de verdaderas locuciones verbales formadas por un verbo y un sustantivo, como hacer añicos o hacer polvo, cuyo complemento sí es directo: Tiró el jarrón y lo hizo añicos; La noticia de la muerte de Pedro los ha hecho polvo. 6. Existe actualmente un loísmo dialectal distinto de los casos anteriormente señalados. Se trata del empleo de lo en la función que le corresponde (complemento directo), pero en casos en que la norma del español estándar emplearía otra forma pronominal de acuerdo con el género o el número del antecedente. Este loísmo se da en zonas en las que el español se halla o se halló en contacto con otras lenguas. No obstante, hay que señalar que, en general, los hablantes cultos de estas zonas emplean los pronombres átonos de acuerdo con la norma culta estándar. Por tanto, los fenómenos señalados a continuación son sobre todo propios de hablantes de zonas rurales o pertenecientes a las capas populares de las ciudades.
a) En la zona andina del Perú, Bolivia y el noroeste de la Argentina, el español ha estado durante siglos en contacto con el quechua y el aimara. Estas lenguas no indoeuropeas se caracterizan por no contar con distinción de género y por marcar el número y el caso de forma muy diferente al español. Estas diferencias gramaticales tan profundas acarrean gran dificultad a los hablantes indígenas cuando se enfrentan al aprendizaje del español y produce fenómenos muy peculiares. El más llamativo es la utilización del pronombre lo como complemento directo, sin distinción de género ni
4) A todos les hizo gracia ver les con esas pintas y decidieron que lo mejor sería esquivar a su madre para no tener que contar la nada.
El pronombre les funciona como complemento indirecto.
En verles , el pronombre les funciona como complemento directo, por lo que su uso no está admitido por la norma culta y debería sustituirse por los.
El pronombre la funciona como complemento indirecto, por lo que sus uso no está contemplado por la norma culta y debería sustituirse por le.
Apoyándose en los textos del DPD que ha reproducido, estudie por separado cada una de las oraciones propuestas y explique de manera razonada:
PARTE II. PRÁCTICA.
Una vez terminado el estudio anterior, realice una búsqueda en los bancos de datos de la Real Academia ―CREA y CORDE― de las secuencias: les vieron y la preguntó. Busque las dos secuencias en los dos corpus; en total: 4 búsquedas.
■ Reproduzca la pantalla del resultado de las búsquedas (es decir, la pantalla donde aparecen el número de casos y el número de documentos) de las dos secuencias.
■
Extraiga y reproduzca la estadística total en ambos bancos de datos.
■ Escriba los ejemplos obtenidos en cada banco de datos, en orden cronológico por fecha de datación (es decir, la original de la obra, no la de edición que se muestra aquí), limitando el contexto al máximo y haciendo constar los siguientes datos: número de orden que le corresponda en su trabajo (1, 2, 3, 4, etc.), que no tiene por qué coincidir con el que se le asigne en el corpus; texto entrecomillado, año de datación, país, apellidos y nombre del autor, título de la obra (en cursiva si es un libro o una revista; entrecomillado si es un artículo) y género (que aparece en la columna “tema” en los bancos de datos). ■ Especifique en qué ejemplos las secuencias les vieron y la preguntó responden al uso normativo y en cuáles no.
En ninguno de los casos tiene lugar un uso normativo.
Les vieron: CORDE.
No responden a un uso normativo adecuado. Les debería ser sustituido por los para realizar la función de complemento directo.
La preguntó: CORDE.
de manera inmediata, así como innumerables ejemplos que serán de utilidad a la hora de contrastar información.