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Asignatura: mª asuncion, Profesor: Mª ASUNCION NUÑEZ MAGDALENA, Carrera: Enfermería, Universidad: USC
Tipo: Apuntes
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Cualquier técnica quirúrgica va precedida de alguna forma de reacción emocional, sea manifiesta u oculta. Por ejemplo: la angustia en el preoperatorio es una reacción anticipada a una experiencia que a los ojos del enfermo, puede ser una amenaza para su estilo de vida, integridad corporal e incluso su vida misma. La persona a la que se le practicará una intervención, tiene grandes temores, tiene miedo a lo desconocido, a la anestesia, a la muerte, al dolor, amputaciones..., cada persona expresa el miedo en formas diferentes: puede manifestarlo de manera indirecta, cuando formula muchas preguntas y las repite constantemente, a pesar de que ya le fueran respondidas. Otra reacción puede ser de retraimiento, evitando la comunicación, concentrándose en la lectura o viendo la televisión. Hay quienes, por el contrario, hablan incesantemente de cosas sin importancia. El miedo relacionado con la anestesia, está ligado la muerte y al dolor; expresiones, como “dormir para no despertar nunca más”, o “sentiré el bisturí”. El paciente necesita saber que lo atenderán constantemente. En muchos casos en que la cirugía es radical, el miedo es además a los cambios de imagen corporal (amputaciones, cicatrices), miedo a la separación de su pareja, responsabilidades familiares, laborales, el pronóstico de una invalidez futura, a la pérdida de su independencia. A menudo nos expresan miedos e ideas erróneas a nosotros, por nuestra relación constante con ellos. A veces durante la visita decimos algo que el enfermo interpreta de forma exagerada, por ejemplo, si se aplazó la intervención, porque había demasiadas intervenciones programadas o urgentes y sólo se le dice “hubo que cambiar algunas cosas”, este comentario puede
despertar la preocupación de que la causa de su retraso sea el deterioro de su estado. Las sesiones de enseñanza, la enfermera/o, las combina con diversas técnicas de preparación, con el fin de que la información fluya con mas facilidad, enseñar es una importante función de enfermería y ayuda a disminuir la ansiedad cuando el paciente sabe a que atenerse. Además si se busca que las personas se cuiden por si mismas y sean independientes, necesitan saber pronto el qué, el por qué, y cómo, de las actividades que les ayudarán a recuperar un grado óptimo de funcionamiento después de la intervención. La enfermera/o debe valorar, qué desea y qué necesita saber el enfermo, ya que en algunos casos, las explicaciones excesivas pueden ser peores que las insuficientes. El paciente que ha tenido una experiencia positiva con la cirugía puede ser menos aprensivo, sin embargo, las vivencias negativas anteriores agravan los temores, aquí la enfermera/o debe procurar que considere la operación próxima como una situación nueva y no la repetición de la anterior. Dedicar tiempo a responder a preguntas y brindar apoyo psicológico son la mejor garantía de que el postoperatorio siga un curso más tranquilo, el paciente duerme mejor, recuerda menos imágenes atemorizantes, necesita menos analgésicos y se recupera con mayor rapidez. También se debe tener en cuenta la terapia espiritual, cualquiera que sea la religión de la persona. Sabemos que la fe tiene enorme capacidad de apoyo, de manera que se deben de respetar y reforzar las creencias individuales. La preparación para la intervención puede durar varias semanas e incluir estudios radiográficos, métodos de laboratorio y otras pruebas, nosotros explicaremos al paciente la necesidad de estos estudios y la preparación del paciente para ellas. Analizaremos los resultados de las pruebas preoperatorias y comunicaremos al cirujano cualquier desviación de la normalidad.
Se les enseñan ejercicios de respiración y la forma de usar un espirómetro de incentivo.
ESTADO CARDIOVASCULAR Un objetivo importante es que el aparato cardiovascular funcione adecuadamente y cubra las necesidades de oxígeno, líquidos y nutrición durante todo el período perioperatorio. Si el paciente padece hipertensión no controlada se pospone la operación hasta que la presión arterial esté bajo control. Debido a la enfermedad cardiovascular aumenta el riesgo, en ocasiones la intervención quirúrgica puede modificarse para adaptarse a la tolerancia cardíaca del paciente. En individuos con enfermedad cardiovascular es importante evitar cambios repentinos de posición, inmovilización prolongada y sobrecarga del sistema circulatorio con líquidos o sangre.
El hígado tiene enorme importancia en la biotransformación de los anestésicos, de manera que cualquier hepatopatía modifica la captación de éstos. Las hepatopatías agudas, se acompañan de una elevada tasa de muerte en cirugía, por lo que es conveniente mejorar la función de dicho órgano antes de la intervención. Se realizarán antes de la intervención pruebas de la función hepática. Los riñones intervienen en la excreción de anestésicos. Están contraindicadas las operaciones en individuos con problemas renales agudos, salvo que sean una medida para salvar la vida o necesaria para mejorar la función de las vías urinarias, como en el caso de la uropatía obstructiva.
FUNCIÓN ENDOCRINA
El individuo diabético que se somete a una intervención quirúrgica está en riesgo de hipoglucemia e hiperglucemia. La primera puede surgir durante la anestesia o después de la intervención y es consecuencia del consumo deficiente de carbohidratos o sobredosificación de insulina. La hiperglucemia puede ocurrir con el estrés quirúrgico. Aunque el riesgo quirúrgico en la persona con diabetes controlado no es mayor que en el paciente no diabético, el objetivo es mantener el nivel de glucosa sanguínea en menos de 200 mg/100 ml. La vigilancia frecuente de los niveles de glucosa en sangre es muy importante antes, durante y después de la intervención. Las personas con trastornos tiroideos que no están controladas, se encuentran en riesgo de tirotoxicosis (en caso de trastornos hipertiroideos) e insuficiencia respiratoria (en caso de trastornos hipotiroideos). Es necesario valorar al paciente en busca de estos antecedentes.
CONSIDERACIONES GERONTOLÓGICAS La persona anciana que se somete a una intervención quirúrgica suele presentar una combinación de problemas médicos además del trastorno específico que motiva la operación. Estos pacientes rara vez señalan sus síntomas a la enfermera o al médico, quizá por temor a que les diagnostiquen una enfermedad grave o porque consideran dichas molestias como parte de la senectud. La capacidad de los ancianos para tolerar la cirugía, dependen de los cambios fisiológicos que hayan tenido lugar con el envejecimiento, la duración e la intervención quirúrgica y la presencia de una o más enfermedades crónicas. Ciertos tipos de cirugía presentan bajos o altos riegos para los ancianos: Cirugía de bajo riesgo
circulación, prevenir el éstasis venoso y facilitar buen intercambio respiratorio. El paciente necesita saber que se le darán analgésicos para aliviar el dolor.
INDICACIONES SOBRE ALIMENTOS Y LÍQUIDOS Se recomienda un período de ayuno (8 horas o más para una comida que incluya frutas, grasas o carne y 2 a 4 horas para líquidos claros) antes de procedimientos quirúrgicos que requieran anestesia general, regional o sedación (según la Asociación Americana de Anestesia), esto siempre y cuando las personas que se sometan a cirugía programada se encuentren en buen estado de salud general. El propósito fundamental de restringir los alimentos antes de una operación era prevenir la aspiración, sin embargo los estudios han demostrado que en ausencia de enfermedades o trastornos que afecten al vaciado gástrico (p. ej.: embarazo, obesidad, diabetes, reflujo gastroesofágico), o el compromiso de las vías respiratorias, la restricción prolongada de líquidos es innecesaria. El anestesiólogo puede restringir los alimentos y líquidos por períodos mayores de acuerdo con el estado del paciente, su edad y naturaleza de la operación.
Si se administran medicamentos previos a la anestesia (p.ej.: sedantes, ansiolíticos) se darán de 30 a 45 minutos antes de la intervención. Es importante que permanezca acostado una vez administrado el fármaco y le indicaremos sus efectos (somnolencia, obnubilación). Debemos estar pendientes de él, las acciones inmediatas se orientan a mantener un ambiente tranquilo para facilitar la relajación.
A menudo se ordena la práctica de enemas o laxantes o enemas y laxantes según intervención, sobre todo en cirugía gastrointestinal, para limpiar todo el colon de heces y en otros casos para que el paciente no tenga que defecar en el postoperatorio inmediato, que no haga tensión en los músculos abdominales. Si se deja material fecal en el colon antes de la operación se puede endurecer y experimentar impacción y también porque el paciente va más cómodo si defecó antes de bajar a quirófano.
PREPARACIÓN DE LA PIEL La finalidad de preparar la piel es lograr asepsia completa, es decir eliminar lo mejor posible los microorganismos. La preparación de la piel suele hacerse la noche anterior en intervenciones programadas. Se baña al paciente y se elimina el vello del sitio operatorio y alrededor de él, debe hacerse sin lesiones ni rasguños porque los microorganismos pueden alojarse en ellos, después se utiliza un desinfectante de la piel (las cejas no se rasuran).
ÚLTIMOS PREPARATIVOS PREOPERATORIOS