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Asignatura: Optimització Prosocial, Profesor: Conrad Izquierdo, Carrera: Psicologia, Universidad: UAB
Tipo: Apuntes
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ROCHE, R. (2004). Inteligencia prosocial. Educación de las emociones y valores. Barcelona: Col.lecció materials. Universitat Autònoma de Barcelona.
Un libro que pone de relieve la importancia de la prosocialidad en la vida de todas las personas como base para la construcción de una sociedad armónica en la que cada uno sigue salvaguardando su identidad y salud pero la orienta a la ayuda hacia los demás, actuando solidariamente para aumentar la calidad de vida y encontrarle significado.
Explica la prosocialidad y su estrecha relación con las emociones de manera que lo relaciona en todo momento con la importancia de educar a los niños en estos valores, por ello el libro gira en torno a la propuesta de un Modelo práctico para educadores de la escuela primaria, haciendo mención en todo momento de la importancia de la colaboración de las familias para conseguir un resultado óptimo. Por esta razón el libro se estructura en dos partes diferenciadas, la primera “Educación prosocial de las emociones y valores” consta de 13 capítulos explicativos del concepto de prosocialidad, de sus beneficios y demás, la segunda parte “La aplicación práctica en el aula” presenta los contenidos y el material de trabajo a emplear en las clases.
El primer capítulo empieza situando el libro dentro del contexto de los libros de temática similar que el autor ha escrito previamente, estos son: “Eticka Vicova” (1992), “Psicología y educación para la prosocialidad” (1995, 1998), “Educación prosocial de las emociones, valores y actitudes positivas” (1998) y “Desarrollo de la inteligencia emocional desde los valores y actitudes prosociales” (1999). Este libro presenta ciertas novedades respecto a los anteriores ya que sus contenidos se orientan a los educadores, resalta la importancia de los modelos colectivos y es más divulgador que los anteriores, permite la accesibilidad a los padres. En este capítulo también presenta los objetivos generales del libro, como su título indica, y también los específicos.
Es importante tener una buena inteligencia emocional y también prosocial, en el segundo capítulo se explican ambas inteligencias. La educación de la inteligencia emocional necesita de unos valores; Mayer y Salovey (1997) proponen 6 como básicos: percibir, expresar, asimilar, comprender, razonar y regular en uno mismo y en los demás, mientras que Goleman (1995) especifica 5 áreas como componentes de la inteligencia emocional: conocimiento de las propias emociones, gestión de éstas, motivarse a sí mismo, reconocimiento de las emociones en otros y acertar en las relaciones con los demás. La inteligencia prosocial es un método para tomar conciencia
de las propias emociones y de las de los demás, y para regularlas y mejorarlas, incide en las 5 áreas de la inteligencia emocional.
En el siguiente capítulo “prosocialidad y emociones” se analiza cómo los comportamientos prosociales podrían incidir en la inteligencia emocional y favorecer la interacción con los demás, en concreto trata 8 bloques de emociones: 1. el enfado y la ira, 2. la preocupación, la ansiedad y el estrés, 3. la culpa, 4. la envidia, 5. el pesimismo y los estados de ánimo positivos, 6. la empatía, 7. la compasión y 8. la metacogni- emoción y el control de las emociones.
El cuarto capítulo hace hincapié una vez más en la importancia de la educación emocional de los niños, ya que hasta hace poco no se tenía demasiado en cuenta, destacando los tres valores necesarios básicos: respeto a la dignidad humana, estima del otro y comunicación de calidad en las relaciones interpersonales y sociales. Habla de la necesidad de consolidar un tejido social positivo y de cómo conseguirlo, además hace referencia al modelo práctico que se propone para que los educadores actúen como modelos (aunque éste se detallará más adelante), sin olvidar que sería muy importante la colaboración no solo de la escuela, es decir, de la familia, del barrio, del pueblo, de los medios de comunicación, para generar cambios en la dirección de un tipo de educación que prepare a las personas para lo que llaman “el reto del presente siglo”: la consolidación del tejido social positivo que se comentaba antes.
El capítulo 5 pretende definir de una manera más clara “Qué es la prosocialidad”, para ello el autor propone una definición propia (1991): “Aquellas acciones que benefician a otras personas, grupos (según los criterios de estos) o metas sociales objetivamente positivas, sin que existan recompensas materiales, externas o extrínsecas, y aumentan la probabilidad de generar una reciprocidad positiva de calidad y solidaria en las relaciones interpersonales o sociales consecuentes, salvaguardando la identidad, creatividad e iniciativa de los individuos o grupos implicados”. He creído necesario copiar literalmente la definición completa porque con ella nos podemos hacer una idea bastante aproximada del eje vertebrador del libro. Tras la definición, Roche destaca dos beneficios psíquicos de las acciones prosociales, enumera sus características y propone una categorización de acciones prosociales. Finaliza el capítulo relacionando de nuevo las acciones prosociales con las emociones.
El siguiente capítulo “Padres y maestros prosociales” es uno de los más extensos, trata de la necesidad de pasar a la acción positiva: emplearse a fondo en la
comunicación en familia”, “Acogida de los alumnos nuevos” y “Mediación prosocial entre alumnos”. Tanto la motivación del docente como sus habilidades específicas son cruciales para el buen funcionamiento del Programa, por lo que se ha diseñado un plan de intervención que consiste en “la autoformación del profesorado”. En el décimo capítulo se explican los seminarios a los que debería asistir el docente, y cómo llevar a cabo una evaluación y una autoevaluación. El capítulo 11 , “La comunicación de calidad” es el más extenso de todos, esto denota la importancia que ésta tiene, pero no solo para el caso que nos ocupa, la prosocialidad, sino que va mucho más allá, el contenido que aquí se presenta es tan solo una síntesis del modelo más amplio, usado de manera continuada en las relaciones de pareja, ámbito en el que ha conseguido grandes éxitos. La comunicación de calidad contempla tres variables: la implicación emotiva (que determina dos tipos de comunicación), la implicación cognitiva que determina los niveles de consciencia e intencionalidad) y la fuerza del vínculo entre los participantes (según la cotidianeidad o esporacidad de sus interacciones). Los factores de este modelo de comunicación se explican a continuación, distinguiendo entre los previos a la comunicación, los que aparecen durante el proceso, los de los contenidos y los de la metacomunicación, en total son 15. Seguidamente se propone un procedimiento sencillo que facilita el autoanálisis y la optimización personal, y por último se expone un ejemplo para acabar de dejar claro en qué consiste este modelo de comunicación de calidad. Los dos últimos capítulos de esta primera parte del libro, el 12 y el 13 ayudan a analizar el estilo docente que debería presentar el docente y la familia, respectivamente. La segunda parte del libro consta de 5 capítulos: En el primer capítulo se presentan cada uno de los diez factores Upro, de cada uno se explican los objetivos, los temas a trabajar, los fundamentos de ese factor y las sesiones y espacios a dedicarle.
El capítulo 2 es un índice de fichas por factores, fichas que se encuentran más adelante, entre el tercer y el cuarto capítulo.
El tercer capítulo “Un programa estándar de objetivos educativos de 6 a 11 años” presenta un programa preestablecido que se ordena según objetivos educativos prosociales, y presenta un índice de fichas ordenadas según dichos objetivos y edades.
A continuación se presentan todas las fichas de actividades de las que se indica: el nombre de la actividad, el tipo de actividad, los objetivos educativos, las sesiones que se aconsejan dedicar, el lugar que debería designarse para su realización, la estructura grupal y el material necesario para llevar a cabo la actividad.
El capítulo 4 se dedica a “Cómo evaluar los progresos”, deben ser evaluados por profesores, compañeros y por el propio alumno, ya que es necesario evaluar los cambios ocurridos en el proceso de adquisición de los comportamientos prosociales. Para ello se proponen 5 cuestionarios (no recomendables para menores de nueve años) y se nombran otros instrumentos más complicados.
El último capítulo del libro recoge los comentarios que suelen encontrarse cuando se presenta la propuesta de aplicación del programa de optimización prosocial en diversos ámbitos.
Y para finalizar el libro, se incluye un apartado de “Apéndices” que recoge 5 inventarios de prosocialidad distintos según el ámbito de aplicación: vía pública, autobús, bar o cafetería, comunidad de vecinos o supermercado. Se proponen diversas acciones que corresponden a cada uno de los 10 factores.
Es un libro que podría ser utilizado a modo de guía para el comportamiento prosocial de todas las personas en su vida diaria, para ello bastaría con hacer una lectura del libro en la que en todo momento nos apliquemos las pautas para educadores a nosotros mismos en nuestro rol de persona. Aunque si bien es cierto que es repetitivo en varias ocasiones, nos encontramos ante un libro de fácil lectura, que aunque hace referencia a conceptos que no son demasiado conocidos, como “prosocialidad” o “comunicación de calidad”, son explicados de manera clara y concisa, incluyendo algún que otro ejemplo de aplicación.
Es un libro que podría relacionarse con otros ámbitos de la psicología también muy estudiados como son los procesos de socialización y las relaciones interpersonales, así