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T8.Tercera edad, Apuntes de Ciencias Psicosociales

Asignatura: Ciencias Psicosociales Aplicadas, Profesor: , Carrera: Enfermería, Universidad: UAX

Tipo: Apuntes

Antes del 2010

Subido el 25/09/2009

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BLOQUE 2. PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO.
TEMA 8. TERCERA EDAD.
(Potter, Patricia. Fundamentos de Enfermeria En 2 Vols, 5th Edition.
Elsevier Espana, Cap. 12).
12 Anciano
Objetivos
El conocimiento de los contenidos de este capítulo
capacitará a la enfermera para:
Denir las palabras clave listadas.
Denir los mitos y los estereotipos habituales sobre los
ancianos.
Discutir la relevancia de las actividades enfermeras hacia los
ancianos.
Describir los tipos de servicios de atención sanitaria,
institucionales y comunitarios al alcance de los ancianos.
Describir algunas de las teorías biológicas y psicosociales del
envejecimiento.
Identicar las tareas del desarrollo comunes para los ancianos.
Discutir los cambios siológicos comunes durante el
envejecimiento.
Explicar los cambios cognitivos observados en algunos
ancianos.
Diferenciar entre delirio, demencia y depresión.
Discutir los aspectos relacionados con los cambios psicosociales
del envejecimiento.
Identicar las intervenciones enfermeras relacionadas con los
cambios siológicos, cognitivos y psicosociales del
envejecimiento.
Identicar los problemas de salud de los ancianos.
Tradicionalmente, la vejez empieza después de la jubilación,
normalmente entre los 65 y los 75 años. El número de personas
pertenecientes a este grupo de edad está aumentando de forma
espectacular. Los demógrafos prevén un incremento continuado de
la población anciana hasta bien entrado el siglo xxi (Figura 12.1). Si
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BLOQUE 2. PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO.

TEMA 8. TERCERA EDAD.

(Potter, Patricia. Fundamentos de Enfermeria En 2 Vols, 5th Edition. Elsevier Espana, Cap. 12).

12 Anciano

Objetivos

El conocimiento de los contenidos de este capítulo capacitará a la enfermera para:

  • Definir las palabras clave listadas.
  • Definir los mitos y los estereotipos habituales sobre los ancianos.
  • Discutir la relevancia de las actividades enfermeras hacia los ancianos.
  • Describir los tipos de servicios de atención sanitaria, institucionales y comunitarios al alcance de los ancianos.
  • Describir algunas de las teorías biológicas y psicosociales del envejecimiento.
  • Identificar las tareas del desarrollo comunes para los ancianos.
  • Discutir los cambios fisiológicos comunes durante el envejecimiento.
  • Explicar los cambios cognitivos observados en algunos ancianos.
  • Diferenciar entre delirio, demencia y depresión.
  • Discutir los aspectos relacionados con los cambios psicosociales del envejecimiento.
  • Identificar las intervenciones enfermeras relacionadas con los cambios fisiológicos, cognitivos y psicosociales del envejecimiento.
  • Identificar los problemas de salud de los ancianos.

Tradicionalmente, la vejez empieza después de la jubilación, normalmente entre los 65 y los 75 años. El número de personas pertenecientes a este grupo de edad está aumentando de forma espectacular. Los demógrafos prevén un incremento continuado de la población anciana hasta bien entrado el siglo xxi (Figura 12.1). Si

bien el tamaño de todo este grupo de adultos aumenta, la tasa de incremento es mayor en personas de 85 años de edad o incluso mayores (Ebersole y Hess, 1998). Debido a que la cantidad de tiempo que invierten los profesionales sanitarios con los ancianos es cada vez mayor, deben centrarse en posibles maneras de encontrar e identificar las necesidades especiales de este grupo. Los ancianos y los profesionales sanitarios deben trabajar unidos para poder afrontar los aspectos relacionados con problemas de salud agudos y crónicos, cambios en el sistema sanitario y problemas económicos, sociales y éticos.

La diversidad cultural, étnica y racial de la población anciana de Estados Unidos también está creciendo. En 1996 la American Association of Retired Persons (AARP) detectó que los grupos minoritarios representaban el 15% de las personas de más de 65 años de edad. Datos poblacionales estimados para el año 2003 sugieren que los miembros de grupos minoritarios aumentarán hasta el 25% de la población anciana. Por otro lado, se espera que el porcentaje de afroamericanos ancianos aumente del 7,9 al 11%. El número de ancianos de origen hispano también está aumentando de forma apreciable.

El cuidado enfermero de los ancianos conlleva una serie de problemas debidos a la gran variabilidad del estado de salud fisiológico, cognitivo y psicosocial que presentan. Estos individuos también pueden poseer grados de capacidad funcional ampliamente variables. En su mayoría se trata de personas implicadas, activas y productivas en su comunidad. Tan sólo un pequeño grupo ha perdido la capacidad de cuidarse, están desconcertados o encerrados en sí mismos, siendo incapaces de tomar decisiones con respecto a sus necesidades. La mayoría de los ancianos no viven en residencias, el 67% viven en familia, con esposa, hijos, parientes o conocidos, mientras que el 32% viven solos. Solamente el 4% de los ancianos residen en instituciones, como las residencias de ancianos (AARP, 1997). El 90% de los ancianos reconocen tener como mínimo una enfermedad crónica (Eliopoulos, 1998). Las afecciones crónicas más habituales son la artritis, los problemas dentales, la hipertensión, las cardiopatías, los problemas visuales, la osteoporosis, los problemas de oído, las depresiones, las enfermedades vasculares y la dependencia funcional (Rubenstein y Nahas, 1998).

La valoración enfermera del anciano es un proceso complejo y lleno de desafíos. Es preciso tener en cuenta 5 puntos clave para garantizar un enfoque específico para esta edad: (1) la interrelación entre los aspectos físicos y psicosociales del envejecimiento; (2) los efectos de la enfermedad y la invalidez sobre el estado funcional; (3) la menor eficacia de los mecanismos homeostáticos; (4) la falta de estándares para normas de salud y enfermedad, y (5) la presentación y respuesta alteradas a enfermedades específicas (Lueckenotte, 1996a).

comparar patrones anteriores de salud y de función con su estado de salud actual a fin de determinar el plan global de cuidados.

Los signos y síntomas clásicos de las enfermedades pueden estar ausentes o presentarse de forma atenuada o atípica en personas ancianas (Lueckenotte, 1996a). Esto puede ser debido a cambios relacionados con la edad en los sistemas orgánicos y en los mecanismos homeostáticos, a una pérdida progresiva de las reservas fisiológicas y funcionales o a la coexistencia de alteraciones crónicas y agudas (Emmett, 1998). Como consecuencia, el anciano con una infección del tracto urinario puede manifestar confusión, falta de apetito, debilidad, mareo o fatiga en lugar de fiebre, disuria, frecuencia o urgencia (Abrams, Beers y Berkow, 1995). El anciano con neumonía puede presentar taquicardia, taquipnea y confusión sin que se aprecien los síntomas más habituales de fiebre y tos productiva. En lugar de dolor subesternal y diaforesis, el anciano con infarto de miocardio puede experimentar ausencia de dolor, malestar epigástrico, dolor referido, agitación, hipotensión o confusión.

Terminología

A medida que el número de ancianos aumenta, la especialidad de enfermería gerontológica va ganando importancia. Se utilizan varios términos, a veces de forma intercambiable, para describir esta especialidad. Para clarificar las diferencias y mejorar la comunicación es necesario conocer los términos utilizados más frecuentemente.

La geriatría es la rama de la medicina que trata los aspectos fisiológicos y psicológicos del envejecimiento, así como el diagnóstico y el tratamiento de todos los aspectos del proceso de envejecimiento. La gerontología es el estudio de todos los aspectos del proceso de envejecimiento y de sus consecuencias. La enfermería gerontológica se dedica a la valoración del estado de salud y funcional de ancianos, al diagnóstico, a la planificación y a la implementación de cuidados y servicios para cubrir las necesidades existentes, y a la evaluación de la eficiencia de estos cuidados. Éste es el término utilizado con más frecuencia por las enfermeras especializadas en este campo. La enfermería geróntica ,un termino raramente usado, considera el cuidado enfermero de ancianos no únicamente como el tratamiento de la enfermedad, sino como el arte y la práctica de guiar, cuidar y consolar (Lueckenotte, 1996b).

Mitos y estereotipos

A pesar de la investigación desarrollada en el campo de la gerontología, aún persisten muchas falsas creencias y mitos sobre

la vejez. Estos estereotipos incluyen creencias acerca de las características físicas y psicosociales y del estilo de vida de los ancianos. La utilización de estereotipos negativos a la hora de cuidar ancianos afecta de forma adversa a las actitudes de los profesionales sanitarios hacia los ancianos, así como a la calidad de los cuidados que se les prestan. Las enfermeras, aunque en el ámbito personal, pueden resultar susceptibles a los mitos y a los estereotipos de la sociedad, por lo que tienen la responsabilidad de disipar los mitos y de reemplazar los estereotipos con información detallada.

Los ancianos se encuentran estereotipados a veces como enfermos, inválidos y físicamente faltos de atractivo. Sin embargo, si bien es cierto que muchos experimentan afecciones crónicas o tienen al menos una incapacidad que limita el desempeño de las actividades de la vida diaria (AVD), únicamente el 28% de ellos describen su salud como mala o regular (AARP, 1997). Otra concepción errónea establece que los ancianos no están interesados en el sexo y que cualquier interés en la actividad sexual es anómala y debería desaconsejarse. A pesar de ello, los ancianos manifiestan disfrutar con frecuencia de relaciones sexuales.

Algunas personas creen que los ancianos son olvidadizos, confusos, rígidos, aburridos y poco amigables y que son incapaces de comprender y aprender nueva información. Sin embargo, se describe a los centenarios, los ancianos de más edad, como personas con una visión optimista de la vida, buena memoria, amplios contactos, intereses sociales y tolerancia respecto a los demás (Ebersole y Hess, 1998). Aunque el proceso de aprendizaje puede verse afectado por cambios en la visión o la audición debidos a la edad o por una menor energía y resistencia, los ancianos son aprendices de toda una vida. La enfermera debe utilizar técnicas de educación que compensen los cambios sensoriales, que proporcionen tiempo adicional para recordar y responder y que presenten materiales concretos mejor que abstractos a fin de facilitar la educación. Otras técnicas educativas efectivas aprovechan las experiencias anteriores del adulto y se corresponden con sus intereses más que con las áreas de contenido que son consideradas como importantes por el profesional sanitario. El Cuadro 12.1 presenta estrategias educativas adicionales que la enfermera puede utilizar para afrontar las necesidades especiales de educación de los ancianos.

Los estereotipos sobre el estilo de vida incluyen nociones erróneas sobre la forma de vida y las finanzas. La mayoría de los ancianos viven en entornos no institucionales, bien con miembros de la familia o solos. Únicamente el 4% viven en instituciones, como residencias de ancianos (AARP, 1997). Las concepciones erróneas sobre la situación financiera de los ancianos van desde la creencia

Responder a los intereses de los clientes

Integrar los valores personales y emocionales con la adquisición de actividades e ideas

Modificado de: Fielo S, Rizzolo M. Handle with caring: meeting elderly client's special learning needs. Nurs Health Care 1988; 9 (4):193.

En una sociedad que valora el atractivo físico, la energía y la juventud estos mitos y estereotipos hacen que se subestime a los ancianos. Algunas personas creen que los ancianos se convierten en inútiles después de la jubilación. Otros, consideran que el conocimiento y la experiencia de los ancianos están demasiado anticuados para tener algún valor en la actualidad. Estas nociones subrayan el concepto de discriminación contra los ancianos debido a su mayor edad, al igual que las personas racistas o sexistas discriminan a las personas por el color de su piel o por su sexo. La discriminación por motivos de edad, puede llegar a deteriorar la confianza de los ancianos en ellos mismos, limitar su acceso a los cuidadores y distorsionar la comprensión de los cuidadores sobre las peculiaridades de cada anciano (Cutillo- Schmitter, 1996).

En la actualidad, existen leyes que condenan la discriminación por razones de edad. El poder político y económico de los ancianos contribuye también a evitar esta discriminación. Los ancianos constituyen una porción significativa de la economía de consumo. Como votantes y activistas en diversos temas, tienen influencia en el establecimiento de políticas públicas. Su participación añade una perspectiva única a los temas sociales, económicos y tecnológicos porque han experimentado casi 100 años de avances y desarrollos. Durante los últimos 100 años, se ha pasado de montar en carruajes tirados por caballos a observar los vuelos de la lanzadera espacial. La luz de gas y el vapor han dado paso a la electricidad y a la energía nuclear. Las máquinas de escribir y el papel carbón han sido reemplazados por el ordenador y las fotocopiadoras. Los ancianos han vivido a través de la Gran Depresión. Han experimentado también dos Guerras Mundiales y las guerras de Corea, Vietnam y del Golfo. En el ámbito de la atención sanitaria han visto cómo la era del médico de familia dejaba paso a la era de la especialización. Después de ser testigos de las iniciativas gubernamentales que establecían el sistema de Seguridad Social, Medicare y Medicaid , los ancianos viven en la actualidad con los cambios impuestos por la reforma del sistema sanitario. Después de haber vivido a través de todas estas experiencias los ancianos tienen gran número de historias que compartir sobre cómo adaptarse a todos estos cambios.

Actitud de la enfermera hacia el anciano

Es importante que las enfermeras valoren sus actitudes frente a los ancianos, frente a su propio envejecimiento y frente al envejecimiento de su familia, amigos y clientes porque estas actitudes afectan al cuidado enfermero. Las actitudes positivas se encuentran basadas en parte en una visión realista de las características y de las necesidades sanitarias de los ancianos. En el pasado, las actitudes negativas sobre el envejecimiento y sobre los ancianos han contribuido a la persistencia de estereotipos que define a éstos como más dependientes y menos atractivos que los clientes más jóvenes. El cuidado enfermero, influido por estas actitudes, ha ignorado frecuentemente la oportunidad de respetar a los ancianos y de implicarlos activamente en las tareas y en la toma de decisiones relativas al cuidado. En ocasiones, los entornos institucionales como los hospitales y las residencias de ancianos han tratado a los ancianos como objetos sobre los que había que actuar más que como adultos independientes y dignos. El hecho de involucrar a los ancianos en la toma de decisiones y en la definición de los resultados esperados acaba resultando en una mayor satisfacción de los clientes respecto a la calidad del cuidado. La atención individualizada, en la que la persona tiene prioridad por encima de las tareas a realizar, requiere conocer al individuo, desarrollar una relación, animar a la persona a que tome decisiones referentes a la atención que recibe y facilitar su participación en las actividades de cuidados (Happ et al, 1996). Los ancianos esperan que las enfermeras que los cuidan sean atentas, que se preocupen por ellos y que se encuentren bien preparadas (Santo-Novak, 1997). Tanto si se trata de cuidados intensivos, de atención institucional prolongada o de atención domiciliaria, el hecho de escuchar las preocupaciones y las prioridades de los ancianos acaba conduciendo a una planificación y evaluación de la atención mucho más realista.

La actitud de la enfermera hacia los ancianos está determinada en parte por sus propias experiencias con ancianos, por su educación, experiencias profesionales y actitudes de colegas y de las instituciones en las que trabaja. La edad de la propia enfermera, bien como factor que contribuye a sus escalas de experiencia o que refleja el propio envejecimiento de la enfermera, también contribuye a su actitud respecto a los ancianos. En vista del número cada vez mayor de ancianos en entornos sanitarios, el fomento de actitudes positivas hacia ellos y el conocimiento acerca del envejecimiento y de las necesidades de cuidados de los ancianos son prioritarios para las enfermeras (Cuadro 12.2).

Teorías sobre el envejecimiento

Los teóricos han tratado de describir el complejo proceso biopsicosocial del envejecimiento. Aunque se han desarrollado varias teorías, no existe ninguna universalmente aceptada que

individuo integra los valores de una cultura de forma única. Cada individuo debe ser contemplado como un todo, no como un miembro estereotipado de un grupo

Las enfermeras que trabajan con individuos de grupos étnicos distintos al suyo propio deben ser sensibles a diferentes creencias sobre la salud, la comunicación con los profesionales sanitarios, el tratamiento de las enfermedades, la respuesta a los síntomas y la función de la familia durante la enfermedad. La cultura también afecta las creencias sobre el envejecimiento, las funciones, las actividades y las conductas apropiadas para los ancianos, así como la respuesta de los adultos jóvenes y de los niños a los ancianos

La enfermera debe tener en consideración la cultura del anciano mientras planifica y presta los cuidados enfermeros. La sensibilidad cultural de la enfermera empieza con la consideración de sus propios valores culturales. A medida que la enfermera aprende acerca de otras culturas, reconoce la relación entre las perspectivas del adulto sobre la salud y la enfermedad con la cultura. La cultura influye en la función de la enfermera y en la del cliente, afecta la respuesta del cliente a las cuestiones de la enfermera referentes a los síntomas e influye en la aceptabilidad del cliente en las intervenciones enfermeras. Cuando las expectativas de la enfermera y del cliente sobre el estilo y el contenido de los cuidados sanitarios difieren, las valoraciones pueden no representar la verdadera situación del cliente, las intervenciones pueden encontrarse mal dirigidas y, en consecuencia, la salud del cliente puede resentirse

Teorías no estocásticas.

Las teorías no estocásticas postulan la existencia de un mecanismo fisiológico que controla el proceso de envejecimiento. La teoría del envejecimiento programado propone la existencia de un reloj biológico que controla el comportamiento celular y la longitud de la vida (Maddox, 1996). El envejecimiento sigue un orden determinado. En la teoría del marcapasos, las neurohormonas regulan el desarrollo y el envejecimiento a lo largo de la vida del individuo. En condiciones normales estos reguladores mantienen el equilibrio homeostático del cuerpo. Los teóricos del envejecimiento sugieren que los cambios del control neurohormonal son los responsables de las características comunes del envejecimiento, como cambios en el sistema reproductor, pérdida de fuerza muscular, disminución de la capacidad de respuesta al estrés y una menor capacidad de mantener la homeostasis (Ebersole y Hess, 1998). La teoría inmunológica

considera que los cambios del sistema inmune son responsables de algunos de los efectos del envejecimiento.

TeorÍas psicosociales

Las teorías psicosociales del envejecimiento intentan explicar los cambios de la conducta, la función y las relaciones que ocurren a medida que los individuos envejecen. Al igual que con las teorías biológicas del envejecimiento, no hay una única teoría que sea universalmente aceptada. Las teorías también reflejan los valores de los teóricos y de la sociedad de la época en que la teoría se propuso por primera vez. Hay 3 clases de teorías psicosociales del envejecimiento: la teoría del desacoplamiento, la teoría de la actividad y la teoría de la continuidad (Ebersole y Hess, 1998).

Teoría del desacoplamiento.

La teoría del desacoplamiento de Cummings y Henry (1961) afirma que los ancianos se apartan de sus funciones habituales y se enfrascan en actividades centradas en ellos mismos, más introspectivas. Los ancianos y su sociedad se separan uno del otro. Después de un período de transición en que cambian las funciones en el trabajo y en la comunidad, el anciano se centra en sí mismo en lugar de en los otros o en la comunidad. El envejecimiento tiene éxito hasta el punto que el individuo y la sociedad, se separan uno del otro. Esta teoría fue criticada por algunos por simplificar excesivamente el proceso de envejecimiento y también lo fue por los ancianos por fomentar la separación de la sociedad, pero también es cierto que esta teoría representó las creencias habituales en aquella época sobre el envejecimiento. La teoría es aún valiosa por las discusiones que genera (Maddox, 1996).

Teoría de la actividad

A diferencia de la teoría del desacoplamiento, la teoría de la actividad afirma que para envejecer con éxito es necesario continuar con las actividades realizadas durante la madurez (Lemon, Bengston y Peterson, 1972). Cuando determinadas actividades no pueden ser continuadas debido a circunstancias propias del individuo, es importante su sustitución por otras elegidas por el propio anciano. Los ancianos socialmente activos tienen una mayor probabilidad de adaptarse bien al envejecimiento. Estudios realizados desde entonces muestran que los ancianos con una mayor implicación social tienen una moral más elevada, una mayor satisfacción vital y una salud mental y una adaptación mejores que aquellos socialmente menos comprometidos.

Algunos ancianos encuentran difícil hacerse a la idea de que envejecen. Esto se nota en determinados comportamientos inofensivos tanto de hombres como de mujeres, como el quitarse años, vestir ropas juveniles o intentar esconder las evidencias físicas utilizando cosméticos. En otros casos, sin embargo, se observan personas que se niegan a aceptar el envejecimiento en formas que pueden llegar a ser conflictivas. Por ejemplo, algunos ancianos pueden negarse a aceptar la existencia de determinadas pérdidas funcionales y rehusar la ayuda necesaria para realizar determinadas tareas que ponen en grave riesgo su seguridad. Otros evitan realizar determinadas actividades pensadas para beneficiar a los ancianos, como los centros de reunión o las actividades para la promoción de la salud en ancianos y, por tanto, no se benefician de ellos. La aceptación del envejecimiento personal no significa un recogimiento en la inactividad, pero requiere una visión realista de los puntos fuertes y de las limitaciones.

Cuadro 12.3 Tareas de desarrollo de los

ancianos

Adaptarse a una disminución de la salud y de la fuerza física

Adaptarse a la jubilación y a la reducción de los ingresos fijos

Adaptarse a la muerte del cónyuge

Aceptarse a uno mismo como una persona que envejece

Llevar una vida satisfactoria

Redefinir las relaciones con los hijos

Encontrar el modo de llevar una vida tranquila

Los ancianos jubilados, es decir, sin un trabajo profesional fuera de su domicilio, tienen que hacer frente a la pérdida de la función profesional que han desarrollado durante su vida. A medida que van envejeciendo aquellos ancianos que desarrollaban su trabajo en el domicilio o bien aquellas esposas que trabajaban fuera del domicilio han de enfrentarse también a los cambios de función. Debido a que la jubilación es normalmente anticipada, las personas realizan planes de pensiones y planifican actividades que reemplazarán el tiempo que el individuo dedica a su trabajo. Muchos de los ancianos se alegran de la llegada de su jubilación y la aprovechan como una nueva etapa en la que se dedican a cultivar nuevos intereses y aficiones, a participar en actividades sociales, a continuar sus estudios o bien a empezar una nueva carrera profesional. Para algunos ancianos, la llegada de la jubilación significa un cambio de domicilio ya sea trasladándose a

otra ciudad o bien trasladándose a una residencia de los alrededores de su vecindario.

Independientemente de la jubilación, existen otras razones por las que un individuo anciano debe cambiar su domicilio. Por ejemplo, en algunas ocasiones los impedimentos físicos requieren el traslado a una casa más pequeña y con una sola planta. Asimismo, problemas de salud graves pueden exigir que el anciano conviva con familiares o amigos. La persona mayor que realiza cambios en la organización de su vida requiere a menudo un período prolongado de adaptación en el cual son necesarios la ayuda y el apoyo de profesionales de la salud, de amigos y de familiares.

La mayoría de los ancianos han de enfrentarse a la muerte de sus cónyuges. En 1995 casi la mitad de la población (47%) de mujeres ancianas eran viudas (AARP, 1997). Algunos de los ancianos han de hacer frente a la muerte de sus hijos, ya adultos, o bien de sus nietos. Todos ellos experimentan la muerte de sus amigos. Estas muertes representan tanto la pérdida de la persona, como un recordatorio de la propia muerte. Aceptar estas muertes es a menudo difícil. La enfermera puede ayudar a los ancianos a resolver los problemas causados por esas muertes al ayudarles durante el pésame.

La redefinición de las relaciones con los hijos a medida que éstos se hacen mayores y dejan el hogar continúa a medida que las personas experimentan los retos del envejecimiento. Se plantean diversos problemas entre los que se incluyen la inversión de funciones, el control de la toma de decisiones, la dependencia, el conflicto, la culpabilidad y la pérdida. La forma en que estos problemas afloran y el modo en que se resuelven depende en parte de la relación anterior entre el anciano y su hijo ya adulto. Todas las partes implicadas plantean experiencias pasadas y emociones intensas. Cuando un hijo adulto ayuda a sus padres ancianos, es preciso que se encuentren formas de equilibrar las necesidades de los hijos y sus carreras. Los hijos también se plantean cuánta ayuda deben dar y cuánta autoridad deben asumir a la hora de tomar decisiones. A medida que los hijos y los padres negocian los parámetros de este cambio de función, las enfermeras pueden ayudar a los hijos escuchándolos y ayudándoles a distinguir entre cambios y conductas debidos a enfermedades, cambios debidos al envejecimiento y las preferencias y los patrones de conducta de sus padres.

Ante los cambios que ocurren durante el envejecimiento, los ancianos deben encontrar maneras de mantener su calidad de vida. Definir el término calidad de vida es difícil, ya que es un concepto que varía de persona a persona (Figura 12.2). Las enfermeras, en lugar de presuponer las prioridades de un individuo, deben prestar atención a lo que esos ancianos

AtenciÓn domiciliaria

El anciano que necesita atención y servicios diarios, puede retrasar su ingreso en una institución gracias al servicio de atención domiciliaria. Este cuidado es proporcionado por enfermeras y terapeutas profesionales o bien por personal que no está en plantilla como asistentes de hogar.

Centros de dÍa

El cuidado del adulto durante el día ofrece cuidados sanitarios y de rehabilitación a los ancianos, dando así un respiro a los familiares encargados de su cuidado. Los clientes de los centros de día no suelen ser personas gravemente enfermas, aunque a menudo tienen afecciones crónicas, invalidez o pérdidas cognitivas que limitan su independencia.

Cuidados temporales

La residencia temporal es un desahogo para el cuidador que se encarga de una persona mayor que no puede valerse por sí misma. Este servicio se proporciona tanto en la atención domiciliaria como en una institución. La residencia temporal permite al cuidador salir del domicilio durante unas horas o bien, en caso de que se utilicen instituciones residenciales, ir de viaje durante unos días o unas semanas.

Cuidados prolongados

El deterioro de la salud, la disminución de la fuerza física, el deterioro cognitivo, el incremento de la dependencia y la poca disponibilidad de recursos sociales para facilitar una atención individualizada obligan al anciano a utilizar servicios de cuidados prolongados. Dentro de las instalaciones de cuidados prolongados se incluyen las clínicas de cuidados asistidos y las residencias de cuidados asistidos.

Las clínicas de cuidados asistidos permiten que ancianos relativamente independientes tengan supervisión, ayuda y una atención sanitaria en un entorno limitado, similar al domiciliario. El tipo de ayuda suministrado es inferior al disponible en las residencias y éste tiene capacidad de elegir el tipo o el grado de ayuda recibidos. Los residentes pueden mantener sus propias actividades y compromisos sociales o bien asistir a las actividades programadas en la propia instalación. Las clínicas de cuidados asistidos son una alternativa al internamiento en residencias de cuidados asistidos para aquellos ancianos de salud

delicada, cuando la vida en solitario deja de ser una alternativa posible.

Las residencias de cuidados asistidos proporcionan ayuda y cuidado personal al anciano, el servicio de enfermeras especializadas, la supervisión del cuidado prescrito por el médico, los servicios de rehabilitación y los servicios psicosociales. La probabilidad de entrar en una residencia asistida, aunque sea por un período de tiempo corto, aumenta con la edad. Los residentes pueden clasificarse en 2 grupos dependiendo de la duración de su estancia: residentes de corta estancia y residentes de larga estancia.

La empresa de los cuidados subcríticos y la gestión de cuidados son fuerzas de mercado que han cambiado la visión tradicional de la personas que ocupan las residencias asistidas, aumentando el número de residentes de corta estancia. Los residentes de corta estancia suelen ingresar en la residencia asistida procedentes de un hospital y normalmente requieren atención enfermera especializada y servicios de rehabilitación. Su objetivo es el alta de la residencia para poder ir a su propio domicilio, en el caso de un anciano que viva solo, o ir al domicilio de la familia que le cuida o a una residencia de ancianos. Los residentes de larga estancia son los que permanecen en la residencia durante un período superior a 6 meses. Dentro del grupo de los residentes de larga estancia se encuentran aquellos ancianos que están muy delicados, con condiciones médicas inestables y complejas y que no disponen de recursos económicos para recibir cuidados asistidos las 24 horas del día. Habitualmente son individuos bastante ancianos, con más deficiencias cognitivas y mayor número de funciones deterioradas que aquellos residentes que vuelven a su domicilio después de una corta estancia.

La decisión de trasladarse a vivir a una residencia tanto de cuidados prolongados asistidos como una residencia de ancianos no es fácil de tomar. En el momento en que el cuidado de un anciano se convierte en una tarea demasiado difícil, los cuidadores familiares consideran la posibilidad de que el anciano se traslade a una residencia (Chenier, 1997). Esta decisión no debe tomarse hasta haber visitado y tenido en cuenta otras posibilidades para el cuidado prolongado del anciano. La mayoría de los ancianos perciben la residencia como su última vivienda, aunque, de hecho, la decisión nunca es terminante y una vez ingresado un residente puede ser enviado a su domicilio o a otra institución. El papel de la enfermera entre el período de decisión, del traslado definitivo a la residencia y un tiempo después del ingreso del anciano, es el de dar soporte tanto a él como a la familia, al mismo tiempo de informarles y aconsejarles sobre cuáles son las mejores instalaciones para el anciano.

Tabla 12.1 Técnicas para la valoración de

los ancianos con trastornos sensoriales

Alteración sensorial

Técnica de valoración

Problemas visuales

Situarse totalmente a la vista del cliente

Utilizar una iluminación intensa y difusa; evitar los reflejos luminosos

Asegurarse de que el cliente lleva las gafas y de que se encuentra en perfecto estado

Dar la cara al cliente al hablar; no taparse la boca

Deficiencias auditivas

Hablar directamente al cliente en tonos claros y graves a un ritmo moderado; no taparse la boca

Articular las consonantes cuidadosamente

Repetir la pregunta si el cliente no la comprende al primer intento

Hablar en dirección al oído «bueno»

Reducir los ruidos de fondo

Asegurarse de que el cliente utiliza su prótesis auditiva y que funciona correctamente

Cambios fisiolÓgicos

La percepción del bienestar puede definir la calidad de vida. La comprensión sobre cómo el anciano percibe su estado de salud es esencial para realizar una valoración ajustada, así como para desarrollar intervenciones clínicamente relevantes. El concepto de salud que tienen los ancianos depende generalmente de sus percepciones personales de la capacidad funcional. Es por ello que los ancianos que desarrollan las actividades de la vida diaria se consideran normalmente sanos. Por el contrario, aquellos cuyas actividades se encuentran restringidas por incapacidades físicas, emocionales o sociales, pueden verse a ellos mismos como enfermos.

Existen diversos cambios fisiológicos normales que ocurren durante el envejecimiento (Tabla 12.2). Estos cambios fisiológicos no son procesos patológicos, pero pueden hacer a la persona particularmente sensible a determinadas afecciones. Algunos individuos experimentan todos estos cambios. Otros, únicamente experimentan algunos. El organismo humano cambia continuamente con la edad, pero los efectos en un individuo en particular dependen de la salud, el estilo de vida, la existencia de factores de estrés y las condiciones ambientales. La enfermera debería estar familiarizada con estos cambios normales para poder ofrecer la atención adecuada a los ancianos y ayudarles a adaptarse a estos cambios.

Reconocimiento general.

El reconocimiento general empieza durante el encuentro inicial entre el cliente y la enfermera y se basa en la realización de una valoración rápida, pero concienzuda, del individuo, de tal manera que pueda confeccionarse una descripción concisa. El primer reconocimiento de un anciano puede revelar si el contacto visual y la expresión facial son apropiadas a la situación, la existencia de arrugas faciales, las canas, la pérdida de masa corporal en las extremidades y el aumento en el tronco.

Sistema tegumentario.

En la vejez la piel pierde flexibilidad e hidratación. La capa epitelial se vuelve más delgada y, en consecuencia, las fibras de colágeno se encogen volviéndose más rígidas. Las arrugas faciales y del cuello reflejan el patrón de la actividad muscular y de la expresión facial de toda la vida, la fuerza de la gravedad en el tejido y la disminución de la elasticidad.

La piel también puede tener manchas y lesiones. Inicialmente, aparecen en la parte superior de las manos y en los antebrazos manchas planas, pardas e irregulares (denominadas manchas de la edad o lentigo senil). Aparecen angiomas pequeños, redondos y de color rojo cereza o marrón en el tronco. También pueden detectarse lesiones seborreicas o queratosis en forma de lesiones irregulares, redondas u ovaladas, pardas y húmedas. La exposición al sol durante los años contribuye al envejecimiento de la piel, pudiendo inducir lesiones premalignas y malignas. El chequeo de la piel debe descartar tres enfermedades relacionadas con la exposición al sol: melanoma, carcinoma basocelular y carcinoma escamoso (Abrams, Beers y Berkow, 1995).