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treball textos, Guías, Proyectos, Investigaciones de Literatura

Asignatura: Introduccio als Estudis Literaris, Profesor: Begoña Capllonch, Carrera: Humanitats, Universidad: UPF

Tipo: Guías, Proyectos, Investigaciones

2016/2017

Subido el 16/09/2017

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TEXTO 4: La voz lírica
Es evidente que uno de los grandes valores de la poética aguarda en la sutileza con la
que vincula la poesía con la realidad. Si indagamos sobre el origen del vocablo poética,
descubrimos que es un derivado el término griego poiesis, que significa producir, hacer,
crear, etc. Rafael Lapesa insiste que en cuanto al significado de poesía existe una
acepción más concreta que un derivado de producción, se trata del género más
puramente estético del arte escrito en verso que necesita de la capacidad y actividad
creativa de un individuo. (pag 11)
Aristóteles desarrolló un tratado sobre el arte donde definió la poética como creación;
se crean realidades únicas e irremplazables. El filósofo introduce la teoría de que la
poesía es imitación, un emule de las acciones del hombre y de la vida.
Aristóteles señaló como fundamento del arte la mimesis o imitación de la Naturaleza
(Lapesa 17). Ahora bien, no es necesario que el resultado se acerque al modelo, puede
incluso alejarse, aunque siempre encontraremos una relación, esto nos lleva a afirmar
que la poesía es ficción; se relatan unos hechos que simulan la realidad, mostrando unos
acontecimientos imaginarios a un receptor, de acuerdo con Fernando… la mimesis está
regulada por lo verosímil, no por lo verdadero. Lapesa añade que los personajes que
forman parte de una obra necesitan que su manera de ser y obrar tenga algún parecido
con la de los hombres reales ( 18)
La mimesis aristotélica se relacionaba con lo que hoy en día se denomina como ciencia
ficción, aunque posteriormente se ha podido demostrar que esta teoría es inválida
puesto que incluso la literatura realista es ficción, y esta problemática se resume en que
hay obras que se acercan o se alejan más de la experiencia sensible.
Una vez aclarado el nivel de realidad que le corresponde a la poética, debemos entender
que como en cualquier forma de comunicación verbal, también en la comunicación
literaria se dan unos factores constitutivos; utilizaremos como base el esquema ya
clásico de Jakobson, lingüista y filólogo ruso que realizó grandes aportaciones al mundo
de la literatura. El proceso literario requiere seis factores constitutivos que lo configuran
como tal; un emisor, un destinatario, un mensaje, un contexto, un contacto y un código.
F.Brioschi y C.di Girolano alegan que se trata de un proceso circular en el que toman
forma el designio y la voluntad de alguien que lo ha entretejido intencionadamente (Pg
27). Cuando nos encontramos ante una elaboración firmada, surge un interés por la vida
del escritor, y en especial, a tratar de encontrar lo verosímil y real en su obra.
Ahora bien, este pensamiento puede ser una justificación para el interés biográfico y
psicológico del lector sobre el escritor, pero deben tener en cuenta que el significado o
explicación de una obra no se halla en esos parámetros (F.Brioschi y C.di Girolano).
Después de estas aclaraciones, podríamos entender por qué el lector identifica más que
relaciona al sujeto que aparece en el enunciado con el poeta físico.
Es decir, el lector tiende a crear una relación directa con aquello que se está relatando
y la experiencia del propio autor. Diferentes críticos se introducen en esta problemática,
recordando siempre que la poética no es más que imitación y ficción, manteniendo que
aquello que está relatando el autor no es necesariamente real.
Aristóteles afirma que el poeta trabaja sobre lo que podría suceder, aunque en ocasiones
puede incluir algo que ya haya sucedido.
Podemos distinguir dos formas, el poeta, al que corresponde la figura del yo histórico,
y la voz lírica o poética. Entendemos así que lo que realmente siente el autor no ha de
coincidir necesariamente con lo que expresa líricamente, es por este motivo que en
ocasiones no es posible establecer una relación directa entre el yo lírico y el histórico.
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TEXTO 4: La voz lírica

Es evidente que uno de los grandes valores de la poética aguarda en la sutileza con la que vincula la poesía con la realidad. Si indagamos sobre el origen del vocablo poética , descubrimos que es un derivado el término griego poiesis , que significa producir, hacer, crear, etc. Rafael Lapesa insiste que en cuanto al significado de poesía existe una acepción más concreta que un derivado de producción, se trata del género más puramente estético del arte escrito en verso que necesita de la capacidad y actividad creativa de un individuo. (pag 11)

Aristóteles desarrolló un tratado sobre el arte donde definió la poética como creación; se crean realidades únicas e irremplazables. El filósofo introduce la teoría de que la poesía es imitación, un emule de las acciones del hombre y de la vida. Aristóteles señaló como fundamento del arte la mimesis o imitación de la Naturaleza (Lapesa 17). Ahora bien, no es necesario que el resultado se acerque al modelo, puede incluso alejarse, aunque siempre encontraremos una relación, esto nos lleva a afirmar que la poesía es ficción; se relatan unos hechos que simulan la realidad, mostrando unos acontecimientos imaginarios a un receptor, de acuerdo con Fernando… la mimesis está regulada por lo verosímil, no por lo verdadero. Lapesa añade que los personajes que forman parte de una obra necesitan que su manera de ser y obrar tenga algún parecido con la de los hombres reales ( 18)

La mimesis aristotélica se relacionaba con lo que hoy en día se denomina como ciencia ficción, aunque posteriormente se ha podido demostrar que esta teoría es inválida puesto que incluso la literatura realista es ficción, y esta problemática se resume en que hay obras que se acercan o se alejan más de la experiencia sensible.

Una vez aclarado el nivel de realidad que le corresponde a la poética, debemos entender que como en cualquier forma de comunicación verbal, también en la comunicación literaria se dan unos factores constitutivos; utilizaremos como base el esquema ya clásico de Jakobson, lingüista y filólogo ruso que realizó grandes aportaciones al mundo de la literatura. El proceso literario requiere seis factores constitutivos que lo configuran como tal; un emisor, un destinatario, un mensaje, un contexto, un contacto y un código. F.Brioschi y C.di Girolano alegan que se trata de un proceso circular en el que toman forma el designio y la voluntad de alguien que lo ha entretejido intencionadamente (Pg 27). Cuando nos encontramos ante una elaboración firmada, surge un interés por la vida del escritor, y en especial, a tratar de encontrar lo verosímil y real en su obra. Ahora bien, este pensamiento puede ser una justificación para el interés biográfico y psicológico del lector sobre el escritor, pero deben tener en cuenta que el significado o explicación de una obra no se halla en esos parámetros (F.Brioschi y C.di Girolano).

Después de estas aclaraciones, podríamos entender por qué el lector identifica más que relaciona al sujeto que aparece en el enunciado con el poeta físico. Es decir, el lector tiende a crear una relación directa con aquello que se está relatando y la experiencia del propio autor. Diferentes críticos se introducen en esta problemática, recordando siempre que la poética no es más que imitación y ficción, manteniendo que aquello que está relatando el autor no es necesariamente real. Aristóteles afirma que el poeta trabaja sobre lo que podría suceder, aunque en ocasiones puede incluir algo que ya haya sucedido.

Podemos distinguir dos formas, el poeta, al que corresponde la figura del yo histórico, y la voz lírica o poética. Entendemos así que lo que realmente siente el autor no ha de coincidir necesariamente con lo que expresa líricamente, es por este motivo que en ocasiones no es posible establecer una relación directa entre el yo lírico y el histórico.

Fernando consolida esta teoría alegando que más que inscribir las obras en categorías genéricas fijistas como autobiógrafa y ficción, sería más correcto hacerlo entre un yo lírico y un yo autobiográfico (pag 145). Cabe abordar este problema desde un punto de vista dinámico, como un proceso, una transformación, o mejor aún, como un juego; Jaime Gil de Biedma lo entiende como un proceso de abstracción. Entendemos que la ficción se abre camino en la poesía a través de un desvío figurado en relación al sujeto autobiográfico y el sujeto lírico, el cual aguarda una máscara de ficción. (pg 146). Es más, críticos como Gérard Genette utilizan como base la teoría aristotélica, y este llega a afirmar que el poeta finge acciones, “lo que hace el poeta no es la dicción, es la ficción. (pag 16).

El tópico del amor cortés es un claro ejemplo del tema que tratamos de abordar desde el inicio de este escrito: este amor se rige según unas pautas de comportamiento; no todos los trovadores estaban realmente enamorados de una dama que vivía en un castillo. Lo que realmente siente el escritor no ha de coincidir necesariamente con lo que expresa, Lapesa aborda esta cuestión alegando que en la literatura hay tradiciones ; un escritor puede referirse a un asunto aprovechando una trama ya existente e incluso unos personajes arquetípicos (pag 21)

El estudio de Francesco Petrarca nos ayuda a entender afirmaciones como la de Jaime Gil de Biedma, cuando alega que la voz que habla en un poema no es casi nunca la voz de nadie real puesto que el poeta trabaja sobre experiencias posibles. Petrarca nos explica la historia de un proceso de enamoramiento, que algunos críticos catalogan como una biografía espiritual del autor. Otros muchos están de acuerdo en que se trata del primer yo lírico de la historia; nunca se ha podido demostrar la existencia real o facial de Laura, la mujer a la que se rinde amor en la obra. Si bien es cierto que se introducen datos, como fechas, que hacen totalmente verosímil el escrito, esto no implica que haya sucedido realmente. Fernando.. aborda esta problemática y repite reiteradamente que el hecho de que los textos se presenten en primera persona, no implica que el lector deba caer en que se halle ante una autobiografía (141).

F.Brioschi y C.di Girolano realizan diversas aclaraciones sobre el problema de la autoría y la autobiografía, si bien fue necesario esperar hasta el Romanticismo para que el autor hiciera en su obra referencia explícita a sí mismo, en el siglo XX con los movimientos de vanguardia se prescindió totalmente de la figura del autor, puesto que frecuentemente el escritor se ocultaba bajo seudónimos. Esto último nos lleva a pensar que podemos prescindir totalmente de la biografía del autor en tanto que esta no puede ayudarnos a entender la obra ni encontraremos en ella el significado del escrito, más allá de ampliar el conocimiento propio como lectores. Por ejemplo, conocemos bien poco de la vida de William Shakespeare, poeta y dramaturgo inglés del siglo XVII, quien ha pasado a la historia con sus versos y es una evidencia de la poca importancia que tiene la vida del escritor respecto al escrito. (142)

Ahora bien, críticos como Gallegos Díaz difieren sobre si el yo poético es un alter ego del autor y en algunas ocasiones debate sobre si existe un término llamado identidad completa entre el sujeto lírico o poético y el sujeto empírico o yo histórico. Se agarra a que la poesía es expresión sincera, que nace del corazón del poeta, y que por lo tanto puede que exista un término intermedio, llamado sujeto ético. Con el transcurso de su estudio, llegó a la conclusión que las expresiones poéticas empezaron a ser entendidas como autobiografías y no como artificios. Fernando intenta hacernos ver a través de numerosos ejemplos, de los que he recaudado “tengo miles de recuerdos…” y “se levantó a las diez”, que el lector relaciona más la primera cita con un hecho