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Apego, Apuntes de Psicología

Asignatura: Psicología II, Profesor: , Carrera: Ingeniería Alimentaria, Universidad: UPM

Tipo: Apuntes

2014/2015

Subido el 17/09/2015

jov876576
jov876576 🇪🇸

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I. INTRODUCCIÓN
El estudio de las relaciones interpersonales y el reconocimiento de la
relación con la madre, como la primera relación importante, han conducido a
concentrarse en las características del vínculo entre progenitor e hijo. Este marco
conceptual involucra fenómenos por los que se interesaba Freud, que condujeron
al desarrollo de la Teoría de Apego. Bowlby (1983) consideró el apego como un
sistema de control dirigido al objetivo, motivado por la necesidad del infante de
sentir seguridad. Es decir, cualquier forma de comportamiento que hace que una
persona sienta proximidad con respecto a otra, identificada y preferida.
Se ha demostrado que los estilos de apego persisten estables con el tiempo;
es decir, el estilo de apego se manifiesta dentro de las relaciones interpersonales
adultas como un amor expresado por cada uno de los miembros, producto de las
experiencias tenidas en la infancia y que han persistido a lo largo de la vida del
sujeto.
Ainsworth y sus colegas (1978) revelaron cuatro tipos distintos de estilos de
apego: a) apego seguro, demostración apropiada de angustia cuando los
cuidadores se van, seguida de conducta reconfortante y comportamientos
positivos al regreso de los mismos; b) apego de ansiedad/ambivalencia,
inseguridad por parte del individuo acerca de la actitud de su progenitor para
ayudarle o no cuando lo necesite; c) apego de evitación, caracterizado por una
reacción defensiva y de rechazo hacia el objeto de apego, evitando al cuidador y
exhibiendo señales de separación con angustia, y d) apego desorganizado, por
una conducta variable, inconsistente y contradictoria.
Por su parte, Bartholomew (1990) y Bartholomew y Horowitz (1991)
identificaron dos componentes dentro de los modelos internos activos: la imagen
de los otros, relacionada con la evaluación de la figura de apego como alguien
disponible y en quien se puede confiar, y la imagen del self, o evaluación de uno
mismo como alguien que vale o no la pena y suscita, o no, el interés de los demás.
Desde esta perspectiva, se distinguen cuatro tipos de apego: 1) seguro, que aúna
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I. INTRODUCCIÓN

El estudio de las relaciones interpersonales y el reconocimiento de la relación con la madre, como la primera relación importante, han conducido a concentrarse en las características del vínculo entre progenitor e hijo. Este marco conceptual involucra fenómenos por los que se interesaba Freud, que condujeron al desarrollo de la Teoría de Apego. Bowlby (1983) consideró el apego como un sistema de control dirigido al objetivo, motivado por la necesidad del infante de sentir seguridad. Es decir, cualquier forma de comportamiento que hace que una persona sienta proximidad con respecto a otra, identificada y preferida.

Se ha demostrado que los estilos de apego persisten estables con el tiempo; es decir, el estilo de apego se manifiesta dentro de las relaciones interpersonales adultas como un amor expresado por cada uno de los miembros, producto de las experiencias tenidas en la infancia y que han persistido a lo largo de la vida del sujeto. Ainsworth y sus colegas (1978) revelaron cuatro tipos distintos de estilos de apego: a) apego seguro, demostración apropiada de angustia cuando los cuidadores se van, seguida de conducta reconfortante y comportamientos positivos al regreso de los mismos; b) apego de ansiedad/ambivalencia, inseguridad por parte del individuo acerca de la actitud de su progenitor para ayudarle o no cuando lo necesite; c) apego de evitación, caracterizado por una reacción defensiva y de rechazo hacia el objeto de apego, evitando al cuidador y exhibiendo señales de separación con angustia, y d) apego desorganizado, por una conducta variable, inconsistente y contradictoria. Por su parte, Bartholomew (1990) y Bartholomew y Horowitz (1991) identificaron dos componentes dentro de los modelos internos activos: la imagen de los otros, relacionada con la evaluación de la figura de apego como alguien disponible y en quien se puede confiar, y la imagen del self, o evaluación de uno mismo como alguien que vale o no la pena y suscita, o no, el interés de los demás. Desde esta perspectiva, se distinguen cuatro tipos de apego: 1) seguro, que aúna

una idea positiva de sí mismo y una idea positiva de los demás; 2) evitativo- rechazante, con una idea positiva de sí mismo y una idea negativa de los demás;

  1. preocupado, con una idea de sí mismo negativa y positiva de los demás, y 4) evitativo-temeroso, con una idea negativa tanto del self como de los otros. Las relaciones interpersonales maduras pueden incluir elementos de la relación temprana entre padres e hijos, pero en un contexto de interdependencia recíproca en lugar de centrarse en sí mismo con exigencias de dependencia (Liebert y Spiegel, 2000). Esto podría sustentar lo que otros autores han postulado (Drill, 1986; Charlebois et al, 1988; Michaels et al, 1983; Hazan y Shaver, 1987; Bowlby, 1973) que las relaciones con los padres, en particular con la madre, y las representaciones que el niño construye sobre sí mismo, los otros y el mundo, determinan la calidad y el tipo de sus relaciones afectivo-sociales. Desde diversas teorías se subraya que la percepción de los otros es una variable mediadora entre las conductas de unos y las respuestas de otros, y que tiene fuerte influencia en el comportamiento y el funcionamiento psicológico e interpersonal (Livesley et al, 1973; Nelly, 1955). La identificación con los padres es un proceso de aprendizaje imitativo, que ocurre a través de un extenso periodo de tiempo, y que supone una similitud en las conductas entre el niño y uno o ambos padres (Helibrun, 1973). Al respecto, existen investigaciones que estudian el impacto de la identificación y su importancia en el momento de elegir pareja (Brooks y Hilam, 1965), sobre su relación con la autoestima y otros rasgos de la personalidad (Dubow, Huesman y Eron, 1987) y sobre la soledad (Klein, 1982), por lo que una vinculación afectiva deficiente está correlacionada con la soledad (Weiss, 1973, 1982, 1989). Melanie Klein en su obra El sentimiento de soledad y otros ensayos (1982), menciona que para comprender cómo aparece el sentimiento de soledad se debe retroceder hasta la temprana infancia e indagar el vínculo establecido y la influencia del mismo en el funcionamiento psicológico posterior. El funcionamiento psicológico o bienestar psicológico como también se le conoce, se presentará cuando la psiqué esté en equilibrio, manifestándose a través de una percepción adecuada del medio ambiente (Ortega, 1992). De

Por ello se dice que, aspectos como, la expresión de pensamientos y sentimientos se considera uno de los factores importantes en las relaciones de pareja (Miller, Corrales y Wackman, 1975), y desde que se considera una conducta positiva, se ha estudiado la relación de la misma con la satisfacción marital (Komarovsky, 1962; Levinger y Senn, 1967). La revisión bibliográfica y la observación clínica justifican la necesidad de estudiar las fuentes de afecto deficitario, las conductas de afrontamiento ante la soledad, la valoración del vínculo de pareja en sujetos con distintos estilos de apego, las diferencias y semejanzas entre estos y la dependencia interpersonal en sujetos del estado de Puebla, a finales del año 2004.

1. Estilos de Apego

1.1Teoría del apego y el desarrollo de la personalidad Durante las décadas de los años treinta y cuarenta, una serie de clínicos estaban haciendo observaciones de los efectos negativos que el prolongado cuidado institucional y/o los frecuentes cambios de la figura materna durante los primeros años de vida tienen en el desarrollo de la personalidad. Esto dio lugar a publicaciones posteriores, entre las cuales destacan las de Bender (citado por Bowlby, 1989), John Bowlby (1989) Dorothy y Anna Freíd (citado por Bowlby, 1989). Por los años cincuenta, Bowlby (1989) fue invitado a colaborar en un estudio de las Naciones Unidas sobre las necesidades de los niños sin hogar. Después de haber hecho una revisión exhaustiva de la literatura y discutirla con expertos, presentó su informe titulado “Maternal Care and Mental Health” en el cual analizada la influencia adversa del cuidado maternal inadecuado durante la infancia sobre el desarrollo de la personalidad de los hijos. Hizo hincapié en la aguda aflicción sentida por los niños separados de su madre y hacía recomendaciones acerca de la mejor manera de evitar o mitigar los efectos nocivos a corto y a largo plazo de tales aflicciones. A pesar de que a finales de los años cincuenta gran parte de los psiquiatras y psicólogos infantiles, así como aquellos que trabajaban en la asistencia social, habían aceptado lo descubierto en la investigación y estaban poniendo en práctica lo dicho, la controversia provocada por las publicaciones aún se mantenía. Sin embargo, la investigación continuó. En 1963 la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó el artículo en el que se volvía a examinar los efectos de los diversos tipos de experiencias incluidas el concepto de privación del cuidado materno. Dentro de dichos artículos el más amplio y destacado fue el realizado por Ainsworth (1962), psiquiatra norteamericana. La autora analizaba las cuestiones que habían propiciado la controversia e identificaba el número de problemas que requerían mayor atención e investigación.

apegaría a quien lo alimentara con mucha facilidad, lo cual no ocurre (Bowlby, 1989). Una teoría alternativa, derivada de la escuela húngara de psicoanálisis, postulaba una relación objetal primaria desde el principio. Sin embargo, Klein (1953), en su versión más conocida, mencionaba que el pecho materno se presenta como el primer objeto, y se coloca el acento en el alimento y en la oralidad, así como en la naturaleza infantil de la “dependencia”. Este planteamiento tampoco correspondía con las experiencias reportadas de los niños. Fue entonces, cuando en busca de profundizar en el tema y dar una explicación a la controversia anterior, se desarrolló una Teoría de la Personalidad, cuyo marco conceptual parece involucrar aquellos fenómenos por los que, también, se interesaba Freud (1989) como son relaciones amorosas, angustia de separación, desapego emocional, duelo, trauma, culpa, depresión, por mencionar algunos. A partir de ahí, el autor (Bowlby, 1989) construye el concepto de conducta de apego y con ello su Teoría de Apego. De esta manera, ha tratado de explicar las relaciones tempranas de la infancia, con su aparición y desaparición, que poseen una base biológica. El concepto clave en esta teoría es el de sistema conductual. Es decir, la relación del organismo con personas claramente identificadas del entorno, donde los límites se mantienen por medios conductuales en lugar de fisiológicos. Históricamente, la teoría se desarrolló como una variante de las relaciones objetales del psicoanálisis. Tomó sus conceptos de la Teoría de la Evolución, de la Etología, del Control y de la Psicología Cognoscitiva; siendo éstas últimas las ramas que fundamentan esta teoría; y que, junto con la perspectiva biológica (Biológico evolutiva), se concretan en las descripciones de la conducta de apego; la cual está formada por componentes emocionales, cognoscitivos, y conductuales (Martínez, 1994). El enfoque cognoscitivo establece que durante el desarrollo social el individuo construye e internaliza modelos afecto/cognoscitivos de sí mismo y de patrones de interacción significativos con los otros (Ainsworth, Blehar y Waters,

1978; Main, Kaplan y Cassidy, 1985). Se dice que estos modelos son los que intervienen en el desarrollo de la personalidad y guían la conducta social. La investigación empírica ha documentado la existencia de modelos mentales cognoscitivos en los adultos (Collins y Read, 1990; Feeney y Soller, 1990; Simpson, 1990). Éstos son producto del desarrollo social que se da en función de otros, dentro del marco del apego, a través de los lazos emocionales generados en todo tipo de relación humana. Sin embargo, no se consideran derivados del alimento, sino de la capacidad de establecer dichos lazos con otros individuos como un rasgo afectivo de la personalidad y de la salud mental. Esta búsqueda de cuidados es manifestada por un individuo más débil y menos experimentado hacia alguien a quien se le considera más fuerte y/o más sabio. Para Bowlby (1989) los componentes centrales del funcionamiento de la personalidad a lo largo de la vida son: el propiciador de cuidados, el buscador de cuidados en el explorador del entorno, incluyendo el juego y las diversas actividades. En cuanto al aspecto emocional, la teoría de apego es un intento de explicar los apegos duraderos de los niños y de los adultos con otras personas determinadas. Aquí se ve al niño como un participante activo en relación con su mundo físico y social; por lo que al momento de interactuar con otros individuos da lugar a vínculos recíprocos. En este sentido, el principio básico de la teoría de apego reside en que las relaciones de apego continúan siendo importantes a lo largo de la vida dado que perduran en etapas posteriores. En el trabajo de Bowlby (1969, 1973, 1980) sobre apego, explicó que los niños llegan a apegarse emocionalmente a sus primeros cuidadores y a desequilibrarse emocionalmente cuando los separan de ellos. La atención en la conducta infantil continuó con las investigaciones llevadas a cabo por Ainsworth y sus colegas (Ainsworth, Blehar, Waters y Wall, 1978; Bell y Ainsworth, 1972), ligando la responsabilidad de los cuidadores primarios sobre las señales de los niños durante el primer año de vida junto con el desarrollo de los tres estilos de apego. Recientemente, la literatura se ha enfocado en el tema de la continuidad de apego. Un gran número de estudios longitudinales proporciona evidencia de

Una vez mencionado los elementos que moldean al estilo de apego y la influencia de diversas teorías; es necesario hacer un recorrido cronológico sobre los diversos autores que han participado en la concepción del apego. Empezando por Maslow (1955) quien ve el apego como una forma deficiente e inmadura de amor; es decir, una forma de amor dependiente para con el otro. Harlow (1958) hace una definición de apego en términos más psicológicos, refiriéndose a él como una necesidad de identificar amor. Bowlby (1973, 1989) conceptualiza el apego como cualquier forma de conducta que tiene como resultado el logro o conservación de la proximidad con otro individuo claramente identificado al que se le considera mejor capacitad para enfrentarse al mundo. Esto resulta obvio cuando la persona se encuentra ausente fatigada o enferma, y se siente aliviada con el consuelo y los cuidados otorgados por otro. Es decir, el saber que la persona es accesible y sensible, le da a la persona un sentimiento de seguridad, estimulándola a continuar la relación. Esta definición enfatiza una función biológica atribuida a la protección; por lo tanto se puede decir que forma parte integral de la naturaleza humana. Rubin (1974) define el apego como sinónimo de amor, remarcando que ambos, el apego y el amor, son componentes básicos en la formación de las relaciones de amor. Tzeng (1992) lo define como un proceso que implica dinámicas emocionales y funciones biológicas que conducen al amor romántico; de tal forma que los apegos de los adultos son similares a los apegos infantiles, pero experimentados de manera diferente dependiendo de las variaciones en la historia de apego de cada individuo. Hazan y Shaver (1987) así como Bartholomew y Horowitz (1991) coinciden con la definición anterior, con respecto a que es un proceso de desarrollo que conlleva al amor romántico. Las definiciones mencionadas anteriormente presentan ciertas semejanzas. Primeramente, están aquellas que enfatizan el aspecto biológico, refiriendo que el apego es una necesidad biológica de búsqueda de protección y cuidados por parte de la figura de apego quien se considera fuerte y capaz (Bowlby, 1973, 1989; Maslow, 1955). En un segundo término, se encuentran las definiciones que lo

manejan como un proceso producto del desarrollo y evolución de la historia de apego propia de cada individuo (Bartholomew y Horowitz, 1991; Hazan et al, 1987; Tzeng, 1992). Igualmente, se maneja el aspecto de dependencia como parte de la conceptualización del apego (Bowlby, 1973; Harlow, 1958; Maslow, 1955), así como la asociación del apego con el amor, concibiendo a éste último como necesidad física y emocional. Sólo Rubin (1974) concibe al apego y al amor como sinónimos que se complementan recíprocamente.

1.2 Tipos de Estilos de Apego La conducta de apego, como se mencionó anteriormente, tiene componentes psicoanalíticos, cognoscitivos y conductuales. Es decir, es una forma de conducta que busca la proximidad con otra persona que se considera capaz y fuerte, no solamente en el aspecto físico, sino que tiene que ser receptivo a las necesidades de bienestar y protección (Waters, Kondo-Ikemura, Posada y Ritchers, citado por Liebert y Spiegel, 2000), lo cual tiene efecto en cómo se codifica y se organiza la información acerca de sí mismo, las figuras importantes y los diversos eventos emocionales (Cook, 2000). Para desarrollar la teoría del apego, Bowlby (1989) se basó en la observación de la conducta y de las relaciones madres-hijos en situaciones de separación; que condujeron a postular la secuencia de reacciones que experimenta el niño ante dicha situación: a) Protesta, exhibe dolor y angustia; b)Desesperanza, caracterizado por pasividad y tristeza; c) Separación, caracterizado por defensa y evitación de que la madre retorne. Dependiendo de la reacción generada en el niño al momento de la separación, será el estilo de apego que desarrolle; mismo que es llevado a las relaciones posteriores (Bowlby, 1973). Ainsworth y sus colegas (Blehar, Waters y Wall; 1971, 1978) llevaron a cabo estudios sistemáticos, en los que idearon un procedimiento para evaluar los estilos de apego, tomando en consideración la secuencia de reacciones descritas con anterioridad. Este procedimiento fue

evitando al cuidador y exhibiendo señales de separación con angustia (Tzeng, 1992). El individuo no confía en que cuando busque cuidados recibirá una respuesta servicial sino que, por el contrario, espera ser desairado (Bowlby, 1989). Los padres de niños con estilo de apego evasivo, son reservados, desapegados y, a menudo, rechazan o descuidan las señales de sus hijos (Liebert y Spiegel,2000). Este individuo intenta vivir su vida sin el amor y el apoyo de otras personas, intenta volverse emocionalmente autosuficiente (Ainsworth, M., Bell, S. Y Stayton, D., 1971), lo cual puede dar lugar, con posterioridad, de ser diagnosticado como narcisista o poseedor de un falso sí mismo, tal como lo describió Winnicott (1960, citado por Liebert y Spiegel, 2000). La mayor parte de los casos observados se ajustaba a los tres estilos de apego descritos anteriormente; sin embargo, en el procedimiento de la “situación desconocida” de Ainsworth et al (1978), algunos niños parecieron desorientados y/o desorganizados. Luego de muchos estudios, llegaron a la conclusión de que esas formas de conducta se producen en niños que muestran una versión desorganizada de uno de los tres estilos de apego anteriores (Main y Weston; Main y Solomon, citado por Liebert y Spiegel, 2000). A este estilo de apego se le denominó desorganizado o desorientado. La conducta de estos niños es muy variable y, a veces, incluso inconsistente y contradictoria. Es decir, puede empezar a acercarse al progenitor que regresa y luego darse vuelta y alejarse o conducirse como si estuviera confundido por su retorno, esto no lo hace ni acercándose ni evitándolo activamente, sino más bien “inmovilizándose”; el niño deja de responder a todo pese a haber observado el regreso del progenitor. Esto pudo observase en niños que han sido maltratados físicamente o totalmente descuidados por sus padres (Crittenden, 1985, citado por Bowlby, 1989). Otros se producen en parejas en las que la madre padece una forma grave de enfermedad afectiva bipolar y trata al niño de un modo desigual e imprevisible. También cuando hay una preocupación, por parte de los progenitores, ante una pérdida durante la infancia, o que hayan sido víctimas de maltratos físicos o sexuales pueden dar mensajes confusos o atemorizantes a sus hijos (Main y Hesse, citado por Liebert y Spiegel, 2000).

Lo anterior permite entender la influencia que ejerce el modo en que los padres tratan a los hijos para su futuro desarrollo, desenvolvimiento y relaciones interpersonales. Sin embargo, existen otros estudios que confirman que los diferentes modos en que las madres tratan a sus hijos están estrechamente relacionados con el estilo de apego que este mostrará hacia ella posteriormente (Bowlby, 1989). Se pudo observar que la madre de un niño que había mostrado un estilo de apego seguro demuestra ser atenta y sensible a su desempeño, respondiendo a los éxitos y dificultades del niño de manera servicial y alentadora. Por el otro lado, la madre de un niño con inseguridad demuestra ser menos atenta y sensible; dando respuestas inoportunas y poco provechosas, prestando poca atención a lo que el niño hace o siente e incluso, desalentando los intentos de pedir ayuda y consuelo. Ainsworth (1969) resume sus observaciones en tres perspectivas: el apego se forma en la base a la gratificación de necesidades de tipo biológico (psicoanálisis), inicialmente en busca de protección y sobrevivencia, cuya función es proporcionar reforzadores positivos y eliminar los estímulos negativos (teoría del aprendizaje social). Según algunos teóricos, como Brehm (1992), Pam (1975), Rubin (1970) y Weiss (1982); estos aspectos se dan como manifestaciones de amor entre los miembros de la pareja. Es decir, una persona se une a otra por satisfacer necesidades, a través de ciertos estilos de apego y de interdependencia, buscando exclusividad y absorción que se manifiestan en lo que llamamos amor. Como se mencionó con anterioridad, a través de contactos sucesivos con el mundo exterior y de la consecuente capacidad de respuesta o disponibilidad de las figuras de apego, el niño construye e internaliza modelos afecto/cognoscitivos de sí mismo y de patrones de interacción significativos con los otros, conocidos como internal working models o modelos internos activos del mundo y de las personas significativas dentro de él, incluido él mismo, cada vez más complejos (Bowlby, 1969; Bretherton, 1985; Main, Kaplan y Cassidy, 1985; Bretherton y Munholland, 1999). Los modelos internos tienden a operar de forma automática; es decir, fuera de conciencia. Además, toda nueva información recibida es

conducta específicos, pero los patrones en sí mismos no constituyen el apego ya que este es interno. Tiene aspectos de sentimientos, de memorias, de deseos, de expectativas, y de intenciones, que sirven como una especie de filtro para la recepción e interpretación de la experiencia interpersonal como un tipo de molde que configura la naturaleza de una respuesta externamente observable (Ainsworth, 1967). Algunos estudios han examinado la hipótesis de que las personas con distintos estilos de apego difieren en la forma de buscar y procesar la información. Esta hipótesis esta basada en los mismos postulados de Bowlby (1969) quien sostiene que los modelos de apego afectan la codificación y organización de la información acerca de eventos emocionales, figuras de apego y el sí mismo (Mikulincer, 1997). Basado en estos postulados se han realizado estudios acerca de las diferencias entre los estilos de apego en adultos y la búsqueda de nueva información, entendida como la exploración del ambiente y la adquisición de conocimientos sobre cosas desconocidas como lugares, personas, objetos; y la integración de dicha información en las estructuras cognitivas que consiste en decodificar la misma, comparándola con la información existente y acomodando el esquema a la nueva información (Mikulincer, 1997). Se ha encontrado que las personas con estilo de apego seguro realizan una búsqueda activa de información, siendo abiertos a la nueva información y poseen estructuras cognitivas flexibles, ya que como pueden lidiar bien con la angustia, son capaces de incorporar información reciente, aunque las lleve a periodos momentáneos de confusión, ya que pueden reorganizar sus esquemas. Esto las llevaría a ajustarse de manera adecuada a los cambios del ambiente, a proponerse metas realistas y a evitar creencias irracionales. Las personas con estilo de apego evasivo, rechazan la información que pudiese crear confusión, cerrando sus esquemas a ésta, teniendo estructuras cognitivas rígidas. Las personas ansiosas-ambivalentes también muestran este comportamiento, pero a diferencias de los evasivos, desean tener nueva información, pero sus intensos conflictos las lleva a alejarse de ella (Mikulincer, 1997).

Otros estudios evidencian relaciones entre los distintos estilos de apego y la aproximación a ciertos esquemas cognitivos. Las personas con estilo de apego seguro muestran tener una alta aproximación a esquemas y recuerdos positivos, lo que las lleva a expectativas positivas acerca de las relaciones con los otros, a confiar e intimar más con ellos. Las personas con estilo de apego evitativo y ansioso, muestran una menor disposición para los recuerdos positivos y mayor disposicioón a esquemas negativos, que, en el caso de las personas evasivas, las conduce a mantenerse recelosas a la cercanía con los otros y a las personas con estilo de apego ansioso a tener conflictos con la intimidad, pues desean tenerla pero el temor de que ésta se pierda es intenso (Baldwin et al, 1996).

1.4 Investigación de Estilos de Apego A pesar de que el apego ha sido mayormente relacionado con fenómenos infantiles, investigaciones recientes lo han enfocado a la descripción de la conducta de apego en los adultos y al desarrollo de sus relaciones interpersonales. Un principio básico de la teoría del apego es que este tipo de relaciones sigue siendo importante a lo largo de toda la vida (Ainsworth, 1982; Bowlby, 1977, 1980, 1982). La investigación longitudinal sobre el apego ha establecido una elevada confiabilidad en el factor tiempo. Se encontró que los infantes identificados con apego seguro a los 12 meses mantuvieron este estilo a los 21 años de edad (Waters, Merrick, Albersheim y Treboux, 1995, citado por Liebert y Spiegel, 2000). También se ha visto que el estilo de apego se correlaciona con otras circunstancias en la vida del sujeto como son el desarrollo cognoscitivo, relaciones con compañeros de la misma edad, trastornos alimenticios y problemas conductuales (Liebert y Spiegel, 2000). Recientemente, ciertos investigadores han examinado la relación entre los modelos de apego y la adaptación social y emocional en los adultos. Main desarrolló un instrumento llamado Adult Attachment Interview (George, Kaplan y Main, 1987), para explorar las representaciones de los adultos en función de sus relaciones de apego en la infancia. En la base de estas entrevistas, las madres

relaciones cercanas y en el nivel en que se encuentran. Las interacciones pasadas tienen influencia en el comportamiento en relaciones íntimas. Bowlby (1969, 1973) argumenta que la gente desarrolla creencias y expectativas acerca de otros o “internaliza modelos” en base a sus experiencias tempranas con sus cuidadores primarios. Estos modelos se desarrollan gradualmente durante la infancia, la niñez y la adolescencia y si no son alterados por cuestiones familiares se mantienen hasta la adultez. Muchas investigaciones (Bartholomew y Horowitz; 1991; Shaver y Brennan, 1992; Collins et al., 1990; Feeney et al., 1990; Hazan y Shaver; 1987; Kirkpatrick et al., 1994; Simpson, 1990) sugieren que los diferentes modelos de trabajo de apego regulan las percepciones adultas y sus conductas en relaciones románticas. Igualmente, encontraron que la diferencia sexual puede predecir la estabilidad de la relación desde las diferencias individuales de apego, que atribuyen a la interacción de estilos de apego y a los roles tradicionales de género, en que la mujer tiende a hacer más esfuerzos que los hombres por mantener una relación (Hutson, Surra, Fitzgerald y Cate, 1981) y a iniciar más rupturas (Hill, Rubin y Peplau, 1976). Sin embargo, Hazan et al. (1987) no consideran la diferencia sexual en cuanto al funcionamiento de apego en las relaciones adultas. Collins et al. (1990), Feeney y Noller, (1990) y Levy y Davis (1988) concuerdan en que las diferencias entre hombres y mujeres no son consecuencias del proceso de socialización sino de los modelos de trabajo que se forman, cognoscitivamente, en cada sexo como parte de su precedente de roles genéricos. Collins (1990) y Kirkpatrick (1994), en sus trabajos sobre los modelos cognoscitivos en adultos, sugieren que los modelos de trabajo formados en estilos de apego inseguros y evitantes están relacionados con su estereotipo social y además, expresan menos satisfacción en su relación. Los hombres con estilo de apego evitante y las mujeres con estilo de apego inseguro reportan baja satisfacción en sus relaciones románticas. A pesar de que la sociedad favorece este tipo de parejas, los miembros de las mismas tienen dificultad para satisfacer las necesidades de intimidad o de autonomía, por sus diferentes orientaciones y

habilidades predeterminadas por sus modelos de trabajo cognoscitivos desarrollados en la infancia. La autovaloración y la valoración de las personas del entorno es característica de los cuatro tipos de apego (Bartholomew, 1990; Bartholomew y Horowitz, 1991). Respecto a los padres Levy, Blatt y Shaver (1998) examinaron la relación entre los estilos de apego mencionados y las representaciones de sus padres caracterizadas por la diferencia, elaboración, benevolencia y no punitividad. Las representaciones de las rechazantes estaban caracterizadas por un menor grado de diferenciación y mayor punitividad y malevolencia, de forma similar a la de que los temerosos, mientras que los preocupados caracterizaban a sus padres como punitivos y benevolentes a la vez. En un estudio (Yárnoz, Alonso-Arbiol, Plazaola y Sainz de Murieta, 2001) cuyo propósito fue comparar la identificación con los padres y la valoración de sí mismo y de los demás en función de los diversos estilos de apego, se encontró que los sujetos con un tipo de apego evitativo-rechazante se identifican con la madre y tienden a inflar su percepción positiva y a percibir a los demás como diferentes a ellos mismos, mientras que los sujetos con estilo de apego preocupado se identifican menos con la figura materna y tienden a percibir a los demás como más similares a sí mismos que en lo que en realidad son, para sentirse más unidos y conectados con ellos. Los temerosos, a pesar de la imagen negativa del self y de los demás, tienen en común con los seguros unos mecanismos de regulación afectiva flexibles e integrados, menos defensivos y rígidos que los rechazantes y preocupados. Los seguros, mostraron una visión realista tanto de sí mismos como de los demás y una identificación con la figura materna. Por todo lo dicho hasta este momento, el estilo de apego es manifestado dentro de las relaciones románticas adultas como un estilo de amor expresado por cada uno de los miembros, producto de las experiencias de la infancia, que han persistido en la niñez y adolescencia.