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Asignatura: Codicologia, Profesor: Maria del Carmen Álvarez Márquez, Carrera: Historia, Universidad: US
Tipo: Ejercicios
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CODICOLOGIA (US)
CODICOLOGÍA
DEL CAMINO, CARMEN 17-
El libro egipcio
El libro material. Ligeramente posterior al nacimiento del libro mesopotámico fue el del egipcio con características materiales diferentes, pero con una trayectoria histórica similar: vida espléndida durante tres milenios, muerte durante otros dos y resurrección reciente tras las excavaciones arqueológicas y desciframiento de la escritura. Lo crearon los habitantes del valle del Nilo al servicio de su civilización y pervivió desde el III milenio a.C. hasta el siglo IV de nuestra era, aunque fue perdiendo protagonismo primero por la influencia griega que llegó con los Tolomeo por la conquista romana y finalmente por la aparición del cristianismo, cuyos fieles preferían la lengua y escritura griegas y sentían repugnancia de él como símbolo del paganismo.
El sistema de escritura solo fue utilizado por sus creadores y su expansión no rebasó sus fronteras, porque los egipcios, sin afán de proselitismo no sintieron interés en atraer a su cultura a otros pueblos, de los que se consideraban superiores. En cambio, la materia escritoria, el rollo de pairo, fue aceptada por otros, y especialmente por griegos y romanos, que llegaron a considerarlo propio.
Como los jeroglíficos utilizados en la escritura han permanecido a la vista durante siglos en los monumentos antiguos, es natural que se despertara el interés de los curiosos y el deseo de descifrar su contenido, que no tuvo éxito sobre hasta el siglo XIX. Fue determinante en los progresos el estudio de una losa de basalto negro, denominada, Piedra Rosetta con inscripción trilingüe, una en griego, encontrada en el Delta durante la expedición de Napoleón. La gloria del desciframiento corresponde al francés François Champollion , que partió de la idea de que la escritura contenía fundamentalmente ideogramas, aunque utilizaba algunos signos como letras, y que la lengua era similar al copto que ha pervivido en Egipto.
La palabra jeroglífico es griega y significa “ escritura sagrada ”, porque los griegos la pudieron contemplar principalmente en los templos, aunque también en monumentos conmemorativos, como estelas. Tuvieron desde sus orígenes un carácter ornamental, pero también se escribieron en papiro con tinta en fecha temprana. Los dibujos están estilizados, aunque los objetos representados son fáciles de identificar. El conjunto suma algo más de 700 dibujos diferentes, que representan varias cosas. Los jeroglíficos, por el sentido estético de los escribas, aparecen inscritos en cuadrados ideales, dos altos juntos, dos alargados, superpuestos, cuatro pequeños, agrupados formando un cuadrado. Era tal la preocupación estética que se sacrificaba a la belleza la claridad y no se escribían algunos, que podían destruir la norma, o se colocaban otros redundantes.
Además de los jeroglíficos utilizaron diversos tipos de escritura, empezando por la llamada cursiva jeroglífica. Luego vino la hierática, sacerdotal o sagrada. A mediados del primer milnio apareció la denominada demótica que se impuso en los usos civiles y a ella le sucedió la copta o egipcia a partir del siglo IV d.C. que consta de 32 letras, de las cuales 25 fueron tomadas del alfabeto griego y las 7 restantes de la escritura demótica. El copto fue usado para la predicación del cristianismo y cuando el país se islamizó, se refugió en el campo como lengua litúrgica de los cristianos y ha perdurado en
libremente.
Durante algún tiempo en la nueva religión apareció un asunto local, pero las predicaciones a favor de la justicia y la defensa de los humildes favorecieron su expansión fuera de Palestina y entre las clases menos favorecidas, a pesar de que pronto las autoridades romanas iniciaron su persecución, dura y sangrienta, porque socavaba los fundamentos políticos y los valores sociales hasta que en el siglo IV terminaron cuando el emperador Constantino autorizó y favoreció la nueva religión. Convertida en religión oficial, el mundo pagano solo le opuso una débil resistencia, recordando con nostalgia las viejas glorias romanas. Por otro lado, el Imperio padecía males englobados bajo el común denominador de decadencia, que se referían a crisis económicas, a carencia de ambiciones políticas, a agotamiento intelectual a cansancio social generalizado. Solución de estos males y una nueva ilusión podía traer a las gentes la nueva religión.
El códice. Ignoramos cuándo se dio el salto de las tabletas individuales sujetas por anillas, cuerdas o correas, a la forma más avanzada del códice integrado por pliegos que se consiguen doblando las hojas de papiro o las pieles. La hoja de papiro admite sólo un doblez, mientras que la piel, cuando la superficie era mayor, podía ser doblada más veces. Es decir, una sola piel podía dar cuatro, ocho o dieciséis páginas; una hoja de papiro, solamente cuatro.
El lomo da lugar a la aparición de una nueva técnica libraría, la encuadernación, reunión de varios cuadernos mediante su cosido (y de ahí el nombre de arte ligatoria, que también se le da, aunque en medios cultos) para formar un volumen, una sola pieza, dotada de tapas protectoras, generalmente de una materia fuerte, el propio cuero, o, cuando el número de páginas era elevado y el grosor suficiente, de madera, encuadernaciones de la Antigüedad, salvo un manuscrito copto del siglo IV, que se conserva en el Cairo.
La Alta Edad Media.
Un mosaico político y cultural.
Sabemos que fue desigual la suerte de las dos partes del Imperio Romano. Mientras que la oriental regida desde Constantinopla resistió con fortuna los embates de las invasiones bárbaras, la occidental, con capital en Roma, se mostró impotente ante los pueblos germánicos, que cruzaron las fronteras buscando las riquezas del Imperio, aunque su botín fue la ruina de las ciudades, la destrucción de la agricultura y la ganadería, la condena de la población al hambre que produjo casos de antropofagia, la peste y la ruina del libre comercio y de la educación.
Tras destructivas correrías, se fueron asentando, de forma más o menos duradera, las aguas de incasión y surgió un mosaico político. Los sajones y los anglos se asentaron en la Gran Bretaña, abandonada por las legiones, los francos al norte de Francia, los vándalos en África, tras su rápidos paso por la Península Ibérica, en cuyo nordeste la monarquía de los suevos se alargó 30 años, los visigodos terminaron en la Península Ibérica, tras ser expulsados al
años, los visigodos terminaron en la Península Ibérica, tras ser expulsados al inicio del siglo sexto por los francos de su reino de Tolosa.
La desmembración política aceleró la decadencia iniciada en los últimos años del Imperio, que se reflejaba en la paulatina desaparición de los oficios, en un progresivo empobrecimiento, en una constante disminución de la población y en un continuado aumento del analfabetismo. Desaparecieron consecuentemente maestros y centros docentes y terminaron interesándose por la escritura solo las clases superiores, a la que incumbía la responsabilidad de la administración civil y la dirección religiosa. Escasearon los buenos calígrafos, disminuyó la producción de libros y desapareció su comercio. Durante unos siglos el libro fue copiado sin prisa sin preocupaciones económicas pues los que escribían no eran asalariados, sino religiosos que trabajaban para mayor gloria de Dios. Los copiaban en el taller de su comunidad para que los leyeran solo sus compañeros.
En estos siglos de pobreza y escasa actividad comercial escaseaba y resultaba caro el pergamino, único material escritorio. Para remontar la escasez se reutilizaron, raspada o disuelta la tinta, viejos pergaminos, con obras que despertaban poco interés, como la de los escritores clásicos. Se llaman palimsestos, y han permitido recuperar alguna obra perdida que se ha podido leer, a pesar de ser borrado.
Las difíciles comunicaciones y el aislamiento consiguiente, así como la escasez de centros de enseñanza, condujeron a diversificaciones locales en los tipos de letras, que se conocen con el nombre genérico de precarolingias, anteriores a Carlomagno, y con nombres específicos unos geográficos o el nombre del pueblo.
En Europa se sentía menos interés que en Bizancio por la cultura clásica y las enseñanzas se asentaron en materias instrumentales. Hubo, sin embargo, personas preocupadas por su salvación.
Casiodoro se retiró a su tierra natal al sur de Italia y fundó un monasterio, Vivarium , para cultivar con un puñado de discípulos el estudio en un ambiente tranquilo y alejado. Ensalzó la labor amanuense, persona principal en la transmisión de la cultura en los tiempos que se avecinaban. Pensaba que la primera obligación del copista era la exacta reproducción del original, la conservación de la corrección de textos y para su formación escribió De Ortographia. Su buena biblioteca se deshizo a su muerte y los libros fueron a parar a los más variados lugares.
San Benito , contemporáneo de Casiodoro, redactó para el monasterio de Montecasino, por él fundado en el año 529, una regla que ha sido seguida por una inmensa mayoría de monjes. En su sentir el monasterio debía ser una unidad autárquica, capaz de sobrevivir, sin ayuda exterior, de sus propios recursos. Los monjes tenían que escapar de la ociosidad y repartir su jornada en trabajos físicos y en actividades religiosas e intelectuales, leyendo o escuchando la lectura de obras sagradas, lo que dio lugar a la creación de bibliotecas en los monasterios y la formación de escritorios para reponer las obras destruidas y copiar otras nuevas. Aunque los que deseaba era favorecer la lectura religiosa, se preocupó de que se conocieran los clásicos por la
mayoría, pero también de autores clásicos, paganos y cristianos.
Caaracteristicos de estos monasterios son los evangelarios, herramienta de trabajo para monjes con vocación evangelizadora, en cuya confección se afanaron y consiguieron hacer obras valiosas por su caligrafía e ilustraciones, con unas pautas comunes. Los códices de los monjes fueron copiados en los escritorios de las islas y en los de los monasterios que fundaron en el continente. Entre ellos había obras importantes de la cultura medieval, que hoy se encuentran repartidos en diversas bibliotecas, como De natura rerum de San Isidoro e Historia eclesiástica de Beda.
Renacimiento carolingio y otoniano. Tres largos siglos de fragmentación política y decadencia cultural llevaba Europa, sin otra esperanza que los esfuerzos de irlandeses e ingleses, cuando en la Navidad del año 800 el papa León III coronó en Roma a Carlomagno, rey de los francos, como emperador, tratando de resucitar el imperio romano, del que se sentía la natural nostalgia, y de robustecer un poder en Occidente que hiciera frente al de Constantinopla, siempre amenazado para la supremacía de los pontífices. Pertenencia a una nueva dinastía, sucesora de la merovingia, que, por él, recibió el nombre de carolingia.
Sus consejeros le recomendaron para el gobierno para el gobierno de sus amplios dominios una nueva organización y, al mismo tiempo, la lucha contra la incultura reinante. Contó a lo largo de su reinado con un puñado de hombres notables, de diversa procedencia geográfica, el visigodo Teodulfo, el italiano Pablo Diácono y el inglés Alcuino de York.
El viejo emperador mejoró la escuela de la corte pensada para los niños y, para dar ejemplo ante los adultos, personalmente acudía como un alumno más. Llegó a dominar el latín y tener nociones de griego y deseó soltarse en la escritura.
En este sentido favoreció la difusión de una nueva letra que evitara la confusión entre letras parecidas de la escritura merovingia, la llamada carolina. Era tan sencilla, clara y digna, que los humanistas la consideraron la de los antiguos romanos y fue llamada romana cuando la adoptaron los impresores.
Los sucesores de Carlomagno no fueron capaces de mantener la integridad del Imperio del que se enseñoreó la anarquía, al tiempo que las incursiones de los belicosos normandos, procedente de Escandinavia y Dinamarca, asaltaban las porblaciones y asolaban los campos sin que nadie pudiera hacerles frente. Terminaron estableciéndose, 911, por concesión del rey Carlos el simple, en Normandia.
Con el nombre de Sacro Imperio Romano Germánico resucitó el Imperio cuando Otón I, 936-973, miembro de la Casa de Sajonia, después de vencer a los húngaros en el este y a los lombardos en Italia, se hizo coronar en Roma, 962, e inició otro renacimiento cultural, del que fueron protagonistas él, su hijo, casado con una princesa bizantina, y su impulsivo nieto que murió en 1002.
La debilidad del poder político compensada por un movimiento de unidad entre la grey católica apoyado por los papas, que había surgido en Borgoña al comienzo del siglo X y concretamente el monasterio de Cluny con el propósito
comienzo del siglo X y concretamente el monasterio de Cluny con el propósito de restaurar la disciplina y la vida espiritual en los monasterios. Los de Cluny fueron sometiendo a su jurisdicción a otros monasterios, a los que impusieron la observancia de la Regla de San Benito.
Escritorios. Los libros durante la Alta Edad Media se produjeron en escritorios establecidos principalmente en los monasterios, pero también en las catedrales. Estaban situados en una habitación aislada, incluso en un rincón del claustro, para que no fueran molestados por los curiosos los escribientes, que pasaban frío en los crudos tiempos invernales y para desentumecer las manos usaban piedras o ladrillos calentados en la cocina. Se quejaban de la pérdida de la vista, de dolores de riñones y de artritis, pero todo lo daban por el bien empleado pensando en que su sacrificio redundaba en mayor gloria de Dios.
Trabajan para poner los libros litúrgicos y los de estudio que se estropeaban por el uso y para añadir a la biblioteca títulos nuevos, que conseguían en préstamo de otro escritorio. Eran rarísimos los monjes autores. Ponían especial cuidado en la copia de los libros litúrgico, que eran después corregidos cuidadosamente. Solo se ilustraban algunos manuscritos, a veces por encargo de un rey, obispo o persona poderosa; otras, porque el abad tenía la obra en gran consideración. La producción de los escribas era baja porque escribir era dibujar las letras, normalmente un página al día, dependiendo de la extensión.
Escribían sobre pergamino, raramente sobre papiro, que terminó casi desapareciendo. La calidad del pergamino dependía de la preparación.
Las bibliotecas. La Alta Edad Media, con una población ruralizada y las ciudades deshabitadas y empobrecidas, es la época dorada del monacato. En el remanso de los monasterios la vida espiritual encontró acomodo y el libro un ambiente propicio, si no para un brillo fulgurante y una fachada de creación, al menos espera de mejores momentos. No pretendió la sociedad medieval ser original, sino sismplemente conservadora de la doctrina. Los monjes preocupados principalmente por la salvación de sus almas.
En Europa occidental y cristiana no abundaban las ciudades, excepto Roma, cabeza de la cristiandad y donde nunca faltaron escuelas, libros y bibliotecas. En Toledo tuvieron modestas bibliotecas los reyes visigodos y algunos nobles, como la tuvieron en otras ciudades los prelados, y, especialmente San Isidoro en Sevilla, persona de peso en la corte visigoda y autor de profunda erudición. La biblioteca es ahora para la lectura silenciosa, que se hace colocando el códice sobre una mesa, mientras los libros, en espera del lector, reposan en armarios adosados a las paredes, forradas de verde mármol para que descanse la vista en un ambiente sedante.
San Benito en su regla había establecido