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Asignatura: literatura y medios de comunicacion, Profesor: Ana María Gomez Elegido Centeno, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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Leandro Fernández de Moratín (Madrid 1760 - París 1828) es el creador de la comedia neoclásica, uno de los géneros literarios característicos del siglo XVII. Formó parte del grupo de intelectuales ilustrados del Madrid borbónico que más apoyaron a José Bonaparte, por lo que después de la guerra de la independencia tuvo que abandonar el país. Murió en el exilio como tantos otros españoles de la época.
El siglo XVIII fue un siglo de las nuevas luces que perfilaban los nuevos grandes pensadores: ilustrados y amigos de la ciencia y el conocimiento. Pero la totalidad de España no eran Floridablanca, Jovellanos y Cadalso. La sociedad dieciochesca estaba sumida en la oscuridad de la ignorancia y el analfabetismo. En este contexto, el teatro se alzaba como el máximo medio de comunicación con el pueblo.
Quizá lo más interesante de esta obra es la creación de teatro en el mismo teatro, un género novedoso y con muchas posibilidades argumentales.
Don Eleuterio está contento porque, con el consejo experto de don Hermógenes, hombre pedante y poco fiable, se dispone a estrenar su obra El gran cerco de Viena. Recibe el apoyo y la ayuda de su mujer, doña Agustina, quien ha sacrificado su vida familiar para ayudar a escribir la obra a su marido. No están tan convencidos del éxito ni don Pedro, hombre culto y entendido en cuestiones teatrales, ni doña Mariquita, hermana de doña Agustina. Al final, la obra resulta un fracaso porque no era nada diferente a las obras que ya existían. Pero no todo está perdido, Don Pedro acoge a la familia fracasada.
La obra no es exactamente la de las obras neoclásicas, ya que el autor pasa de tres actos a dos actos. El primero de ellos contiene seis escenas y el segundo diez. El argumento es sencillo y se extiende, principalmente en la caracterización de los personajes.
La obra posee una sola acción : la discusión sobre la representación de la obra de don Eleuterio. Moratín compagina lo que vemos en escena con lo que se oye o se intuye fuera de ella. Los personajes debaten y discuten sobre la idoneidad o no del tipo de obras que se representan, pero no se dan cuenta de que la obra ya ha empezado y van a llegar tarde gracias a que el reloj de don Hermógenes se paró. La aparición de don Pedro en escena al final de la obra anticipa el resultado. Fracaso total. Por lo tanto, el enfrentamiento entre las dos posturas se decanta a favor de don Pedro y doña Mariquita, quienes creían que la obra no era nada del otro mundo. El desenlace final debería ser ése. Pero Moratín termina con una especie de epílogo en el que don Pedro, sin mucha verosimilitud para la obra, recoge a la familia vilipendiada y engañada por don Hermógenes.
Todos los personajes son de la misma clase social a pesar de su diferente posición económica.
Tanto tiempo como espacio se ajustan a las reglas de las tres unidades : los hechos transcurren dentro de un día, apenas dos horas, y el espacio dramático es el mismo, el café en el que esperan algunos personajes para asistir a la representación. Existe otro espacio aludido en la obra y es el de la representación fracasada de la obra de don Eleuterio, pero no aparece directamente en la escena.
Toda la obra presenta un tono cómico suave. El lenguaje más destacado aparece cuando se enfrentan los personajes con posicionamientos diferentes, sobre todo, debe mencionarse el lenguaje extremadamente culto, y pedante, de don Hermógenes, y la gracia del personaje de Mariquita, quien utiliza un lenguaje estándar que se adapta muy bien a su personaje. Moratín no se sirve excesivamente de las acotaciones para redondear el espacio o para describir mejor a sus personajes; lo hace mejor con su forma de hablar y de comportarse.