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Asignatura: literatura y medios de comunicacion, Profesor: Ana María Gomez Elegido Centeno, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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Escrito por Leandro Fernández de Moratín en 1792, La comedia nueva es una respuesta a la idea que la reforma teatral española es “una necesidad vital para el progreso y la conservación del buen gusto...”.
Una obra clave en la historia del teatro español, esta comedia sostiene la idea central del movimiento neoclásico, renunciando la exageración del teatro barroco y solicitando un regreso a los principios tradicionales. Estas mentalidades contradictorias, de los períodos barroco y neoclásico, son el asunto central de la obra de Moratín.
Además de una aplicación directa en el teatro, Moratín examina estos dos razonamientos por medio de los personajes.
Uno de los conflictos que Moratín analiza es la lucha entre el papel tradicional y el papel moderno de las mujeres en la sociedad española de su época. Estos papeles son representados por los personajes de Doña Mariquita y Doña Agustina. Mariquita, inculta y femenina, encarna la mujer convencional de España del siglo XVIII. Agustina presta más atención al teatro y a los temas académicos que a sus propios niños, representando una pedante y una mujer moderna. La batalla entre estas dos mujeres y sus posiciones sociales refleja la lucha entre la tradición y la modernidad en el teatro español y la sociedad misma.
El ambiente que Moratín crea del mundo teatral de La comedia nueva le da al bardo la oportunidad para criticar el teatro español de su época.
Moratín rechaza los absurdos elementos teatrales por medio de la creación de la obra moderna de Don Eleuterio, El Gran Cerco de Vienna, dentro de La comedia nueva. Para mostrar su crítica de este teatro barroco, Moratín destaca la obra ridícula de Don Eleuterio dentro de su propia comedia sencilla, lógica, y tradicional. Según Eleuterio y sus partidarios, la obra moderna contiene ingredientes que la haría un éxito. Unas escenas incluyen “una tempestad, y luego un consejo de guerra, y luego un baile, y después un entierro... En fin ello es que al cabo de esta tremolina [...]” (Moratín 116-117). Destacando los aspectos excesivos y ridículos, Moratín argumenta por la simplicidad del teatro.
Más de los escenarios del teatro, estos conflictos envuelven los personajes. “Para hacer más efectivo su sátira, Leandro Fernández de Moratín ilustra lo que critica haciendo que los personajes reciten o describan determinados pasajes de la comedia heroica esríta por D. Eleuterio”
En su obra neoclásica, La comedia nueva, Moratín regresa a las reglas tradicionales que no pertenecen al teatro barroco.
El dramaturgo exige una recuperación de las maneras antiguas para facilitar el progreso y conservar el buen nombre del teatro español. Por su enfoque en la lucha entre las mentalidades neoclásicas y barrocas, Moratín atrae atención a los ridículos aspectos modernos. Nuestro bardo expresa una de las batallas entre los pensamientos tradicionales y modernas del teatro por media de las ideas diferentes de Mariquita y Agustina sobre temas de la educación, la feminidad, y el teatro mismo. Además de una representación teatral, este conflicto pertenece a los problemas verdaderos nacionales durante la época de Moratín.
Leandro Fernández de Moratín (Madrid 1760 - París 1828) es el creador de la comedia neoclásica, uno de los géneros literarios característicos del siglo XVII. Formó parte del grupo de intelectuales ilustrados del Madrid borbónico que más apoyaron a José Bonaparte, por lo que después de la guerra de la independencia tuvo que abandonar el país. Murió en el exilio como tantos otros españoles de la época. Aunque escribió algún poema y algún ensayo lo que le hizo famoso fueron sus comedias neoclásicas de corte satírico El viejo y la niña , El sí de las niñas (la más conocida) y La comedia nueva o El café , obra que comentaremos.
Esta comedia estrenada en 1792 en el Teatro Príncipe sostiene la idea central del movimiento neoclásico, renunciando a la exageración del teatro barroco y solicitando un regreso a los principios del teatro tradicional, el de las reglas de las tres unidades. Otro de los conflictos que Moratín analiza es la lucha entre el papel tradicional y el papel moderno de las mujeres en la sociedad española de su época.
El resumen de la obra es el que sigue. Don Eleuterio está contento porque, con el consejo experto de don Hermógenes, hombre pedante y poco fiable, se dispone a estrenar su obra El gran cerco de Viena. Recibe el apoyo y la ayuda de su mujer, doña Agustina, quien ha sacrificado su vida familiar para ayudar a escribir la obra a su marido. No están tan convencidos del éxito ni don Pedro, hombre culto y entendido en cuestiones teatrales, ni doña Mariquita, hermana de doña Agustina. Al final, la obra resulta un fracaso porque no era nada diferente a las obras que ya existían. Pero no todo está perdido, Don Pedro acoge a la familia fracasada.
La estructura de la obra no es exactamente la de las obras neoclásicas, ya que el autor pasa de tres actos a dos actos. El primero de ellos contiene seis escenas y el segundo diez. La sencillez de la obra no da para más, no es una obra de enredo. El argumento es sencillo y se extiende, principalmente en la caracterización de los personajes. Moratín no quiere extender la resolución de un conflicto para el que cualquier extensión sería retórico, hecho totalmente contrario a lo que se propone la obra: criticar la extensión innecesaria y la parafernalia de las obras teatrales posbarrocas.
Planteamiento y progresión de la obra. Se adapta plenamente al teatro neoclásico porque la obra posee una sola acción: la discusión sobre la representación de la obra de don Eleuterio. Moratín compagina lo que vemos en escena con lo que se oye o se intuye fuera de ella. Los personajes debaten y discuten sobre la idoneidad o no del tipo de obras que se representan, pero no se dan cuenta de que la obra ya ha empezado y van a llegar tarde gracias a que el reloj de don Hermógenes se paró. La aparición de don Pedro en escena al final de la obra anticipa el resultado. Fracaso total. Por lo tanto, el enfrentamiento entre las dos posturas se decanta a favor de don Pedro y doña Mariquita, quienes creían que la obra no era nada del otro mundo. El desenlace final debería ser ése. Pero Moratín termina con una especie de epílogo en el que don Pedro, sin mucha verosimilitud para la obra, recoge a la familia vilipendiada y engañada por don Hermógenes.
Personajes. Todos los personajes son de la misma clase social a pesar de su diferente posición económica. Veamos personaje por personaje.
La intención de Moratín no fue crear una gran obra de teatro, sino una obra con una clara intención crítica hacia el teatro predominante de la época. Se sirve de una manera magistral de los personajes para mostrarnos sus ideas teatrales ajustadas al Neoclasicismo. Personajes como los de don Hermógenes o los de doña Mariquita están muy bien definidos. El personaje de don Pedro y su paternalismo final me resulta un tanto chirriante para la obra.