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Asignatura: Literatura aplicada a los Medios de Comunicacion, Profesor: Ana Maria Gomez Elegido, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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Cristina Figueras González.
El teatro español del siglo XVIII es un género que está en el centro de lo demás, dada su diversidad. Se instrumentaliza para difundir ideas y para educar. Es un medio idónea para la gente que era analfabeta.
La postura de la obra que nos ocupa es de aspecto neoclásico. Es un drama (al protagonista no le sale como esperaba su estreno) y para también tiene tintes cómicos. Son grandes personajes de dignidad y calidad. Despiertan en el espectador amor. Son ejemplares y producen escarmiento. Es público es acorde a los personajes de las obras. Tiene un propósito educador.
La obra está escrita en prosa, ya que hasta 1773 se escribían en verso las obras teatrales.
La comedia nueva de Leandro Fernández de Moratín (Madrid 1760 - París 1828) está escrita en 1792, plena Revolución Francesa. Posee ideas de la Ilustración. Moratín escribe esta obra en un momento compulso. Se dice que no es su mejor obra pero si que marca un contexto importante.
Esta comedia fue estrenada en el Teatro Príncipe y sostiene la idea central del movimiento neoclásico, renunciando a la exageración del teatro barroco y huyendo de los principios del teatro tradicional, el de las reglas de las tres unidades. Otro de los conflictos que Moratín analiza es la lucha entre el papel tradicional y el papel moderno de las mujeres en la sociedad española de su época.
El resumen de la obra es el que sigue. Don Eleuterio está contento porque, con el consejo experto de Don Hermógenes, hombre pedante y poco fiable, se dispone a estrenar su obra El gran cerco de Viena. Recibe el apoyo y la ayuda de su mujer, doña Agustina, quien ha sacrificado su vida familiar para ayudar a escribir la obra a su marido. No están tan convencidos del éxito ni Don Pedro, hombre culto y entendido en cuestiones teatrales, ni Doña Mariquita, hermana de Doña Agustina. Al final, la obra resulta un fracaso porque no era nada diferente a las obras que ya existían. Pero no todo está perdido, Don Pedro acoge a la familia fracasada dándole trabajo para poder sacar la vida de Don Eleuterio adelante.
La estructura de la obra no es exactamente la de las obras neoclásicas, ya que el autor pasa de tres actos a dos actos. El primero de ellos contiene seis escenas y el segundo diez. Es una obra sencilla y de lenguaje, culto pero claro. El argumento es fácil y se extiende, principalmente en la caracterización de los personajes. La intención de Moratín es criticar la extensión innecesaria y la parafernalia de las obras teatrales postbarrocas.
La obra se adapta plenamente al teatro neoclásico porque posee una sola acción: la discusión sobre la representación de la obra de don Eleuterio. Moratín compagina lo que vemos en escena con lo que se oye o se intuye fuera de ella. Los personajes debaten y discuten sobre la idoneidad o no del tipo de obras que se representan, pero no se dan cuenta de que la obra ya ha empezado y van a llegar tarde gracias a que el reloj de don Hermógenes se paró. La aparición de don Pedro en escena al final de la obra anticipa el resultado. La obra resulta un fracaso. Por lo tanto, el enfrentamiento entre las dos posturas se decanta a favor de Don Pedro y Doña Mariquita, quienes creían que la obra no valía en absoluto. Dadas las circunstancias personales de Don Eleuterio, Don Pedro recoge a la familia y les ofrece trabajo.
Personajes. Todos los personajes son de la misma clase social a pesar de su diferente posición económica, lo que produce acercamiento y empatía por parte del espectador:
La obra tanto en tiempo como espacio se ajustan a las reglas de las tres unidades: los hechos transcurren dentro de un día, apenas dos horas, y el espacio dramático es el mismo, el café en el que esperan algunos personajes para asistir a la representación..
Lenguaje y estilo. Toda la obra presenta un tono cómico suave. El lenguaje más destacado aparece cuando se enfrentan los personajes con posicionamientos diferentes, sobre todo, debe mencionarse el lenguaje extremadamente culto, y pedante, de don Hermógenes, y la gracia del personaje de Mariquita, quien utiliza un lenguaje estándar a su condición. En el siguiente fragmento podemos ver la pedantería que representa Don Hermógenes y como Doña Mariquita está absorta ante tanta extravagancia:
“DOÑA MARIQUITA.- Pues siempre me está usted diciendo eso. Vaya, que algunas veces me... ¡Ay, don Hermógenes! No sabe usted qué ganas tengo de ver estas cosas concluidas y poderme ir a comer un pedazo de pan con quietud a mi casa, sin tener que sufrir tales sinrazones. DON HERMÓGENES.- No el pedazo de pan, sino ese hermoso pedazo de cielo, me tiene a mí impaciente hasta que se verifique el suspirado consorcio. DOÑA MARIQUITA.- ¡Suspirado, sí, suspirado! Quién le creyera a usted. DON HERMÓGENES.- Pues ¿quién ama tan de veras como yo? Cuando ni Píramo, ni Marco Antonio, ni los Tolomeos egipcios, ni todos los Seleucidas de Asiria sintieron jamás un amor comparable al mío. DOÑA AGUSTINA.- ¡Discreta hipérbole! Viva, viva. Respóndele, bruto.”