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Asignatura: Documentación Informativa, Profesor: Angélica Zapatero, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM
Tipo: Apuntes
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Podemos considerar el lenguaje documental como todo sistema artificial de signos normalizados, que facilitan la representación formalizada del contenido de los documentos para permitir la recuperación, manual o automática, de información solicitada por los usuarios. Las primeras manifestaciones del lenguaje documental aparecen a finales del siglo XIX, cuando aparecen las clasificaciones bibliográficas. Estas clasificaciones, inspiradas en la lógica y en los sistemas filosóficos del conocimiento, fundados en el principio de precoordinación y son de carácter enciclopédico. El concepto moderno de lenguaje documental se consolido en el siglo XX cuando Cutter introdujo el lenguaje de encabezamientos de materia, basado en los principios de especificidad y de entrada directa, que señala el comienzo del desarrollo de lenguajes documentales especializados.
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El lenguaje documental es un lenguaje no natural, aunque utiliza los signos de éste. Esos signos adquieren valor semántico por medio de normalización y de las reglas morfosintácticas que lo articulan. Son precisamente esas reglas las que le dan categoría de lenguaje. Los signos del lenguaje natural son las palabras, que representan nuestro conocimiento de la realidad, el lenguaje documental se sirve de ellas, y en ocasiones, las reemplaza por símbolos cargados de significado preciso de forma que lleva a cabo la representación del documento en virtud de una correspondencia analógica. Esta representación convencional tiene lugar cuando simboliza los elementos constitutivos del lenguaje de descripción (metalenguaje) por medio de instrumentos visuales de representación (la notación simbólica); ese es el caso de los sistemas de clasificación, que por el procedimiento de notación representan ideas de manera unívoca a través de números ordinales.
En comparación con el crecimiento de las ideas, el desarrollo del lenguaje natural, el desarrollo natural es lento, como consecuencia, es necesario utilizar la misma palabra para expresar dos o más ideas. Ello da lugar a la homonimia: el mismo término se utiliza en diferentes sentidos en diferentes disciplinas, lo que produce distorsiones en la comunicación. La sinonimia es otro accidente lingüístico habitual en el lenguaje documental, que debe ser reconocido y, o bien eliminado, o, preferentemente, controlado. Derivado de esos accidentes surge la ambigüedad, que crea dificultades estrechamente relacionados con la aplicación de un lenguaje artificial a la recuperación de documentos. Se trata de ruido y silencio documentales, que se oponen a la relevancia de la indización. Cuando se prepara una frase documental con objeto de recuperar un conjunto de documentos que contienen información expresada en la frase, aquellos que no se recuperan, aunque existan en el archivo, son los productores del silencio documental, mientras que los que se recuperan sin haber sido solicitados (porque responden solo parcialmente al perfil de búsqueda) constituye el ruido documental. Solo el logro de la deseable entropía puede evitar estos inconvenientes y facilitar una recuperación eficaz de la información.
El lenguaje documental interviene en dos fase del proceso documental, en el momento de la descripción y en el momento de la recuperación de la información. EL objetivo de dichas operaciones es el de facilitar la recuperación dela documentación reduciendo el esfuerzo y el gasto de tiempo del usuario. El lenguaje documental tiene capacidad para representar los mensajes contenidos en los documentos, lo que le permite cumplir dos objetivos fundamentales en el proceso, el de normalización y el de inducción, estando encaminadas a este último todas las demás funciones que desempeña a lo largo del proceso documental. El lenguaje documental reduce considerablemente el volumen de términos del lenguaje natural, no tomando en consideración más que los sustantivos o los sintagmas nominales, seleccionando además, de entre ellos, un solo término entre dos o más nociones consideradas sinónimas, En virtud de estas características, se le reconoce un carácter mediador en los procesos de resumen e indización al controlar la posible ambigüedad entre términos.
Además de las mencionadas funciones, el lenguaje documental es de gran utilidad para la ordenación o archivo de documentos. Resuelve igualmente problemas planteados por el multilingüísmo, como es el caso de los tesauros multilingües, que sirven de puente entre diferentes lenguas, o en el caso de los lenguajes de clasificación, fundados en la simbolización numérica, que los hace independientes de toda lengua y constituyen una escritura comprensible en todos los idiomas, de ahí su fácil empleo internacional.
La variada tipología del lenguaje documental le convierte en elemento de apoyo a disciplinas como la biblioteconomía, documentación, bibliografía y archivística, para cuyas necesidades de descripción ofrece posibilidades concretas. En relación con el análisis formal, el lenguaje documental completa el proceso técnico de catalogación dotando al soporte de la descripción de puntos de acceso temáticos. Existen diversos criterios de tipificación de os lenguajes documentales, los más generalizados son: el de control, el de coordinación de los términos y el estructural.
11 Dependiendo del control ejercido sobre el vocabulario, los lenguajes pueden organizarse en dos categorías: libres (listad descriptores libres) y controlados (clasificaciones, tesauros, ...). El lenguaje controlado neutraliza las deficiencias del lenguaje libre y viceversa, por ello muchas bases de datos combinan la utilización de ambos lenguajes en las distintas fases del tratamiento documental. Los lenguaje libres, fundados en el principio de postcoordinación, se componen de un vocabulario no predefinido que se va generando a partir dela realización de procesos de indización. A excepción de las listas de descriptores libres y de las palabras clave, los demás lenguajes entran dentro de la categoría de controlados, que presentan un vocabulario previamente elaborado y que admite un limitado número de modificaciones en el momento de su utilización. La sistematización de los lenguajes documentales según el criterio de coordinación se realiza en función del momento en que se combinan los elementos que los componen. Si los términos se combinan cuando se elabora el lenguaje o en el momento de la descripción, el lenguaje será precoordinado, y si lo hace en el momento de la recuperación, se tratará de un lenguaje postcoordinado. Van Slype, con un planteamiento pragmático, denomina lenguajes de clasificación a los precoodinados y lenguajes de indización a los postcoordinados; ambos tipos representan el contenido del documento de forma sintética y analítica, respectivamente.
Combinando las características de control y coordinación, Courrier reconoce la existencia de cuatro tipos principales de lenguajes documentales:
En cuanto a la estructura, se reconoce la existencia de dos tipos: jerárquica y combinatoria. A la estructura jerárquica responden determinadas clasificaciones, a la combinatoria, los léxicos documentales y los tesauros, si bien es cierto que en la organización multidireccional de estos últimos participa también la estructura jerárquica, en concreto en la presentación sistemas. Presentados de forma esquemática, los lenguajes documentales, en función de su estructura, pueden ser:
Las listas de encabezamientos de materias, la Clasificación Decimal Universal y los Tesauros, son los sistemas más utilizados en nuestro país. El uso combinado de los dos primeros beneficia las tareas de clasificación y recuperación, por ello, se utilizan juntos en las bibliotecas. Los tesauros combinan las características de los sistemas anteriores, al concebir en su estructura índices alfabéticos y sistemáticos.
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