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Inteligencia Emocional, Apuntes de Psicología

Asignatura: Ética en psicología, Profesor: , Carrera: Psicologia, Universidad: UOC

Tipo: Apuntes

2016/2017

Subido el 22/01/2017

lpalomerasm
lpalomerasm 🇪🇸

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El punto ciego Daniel Goleman EL PUNTO CIEGO David González Raga y Fernando Mora Zahonero PLAZA Q JANÉS EDITORES, 5.4. ÍNDICE AGRADECIMIENTOS PRÓLOGO A LA PRESENTE EDICIÓN INTRODUCCIÓN PRIMERA PARTE EL DOLOR Y LA ATENCIÓN El miedo a ser devorado por un león . La relación existente entre el dolor y la atención . ¿Por qué la reducción de la atención es capaz de aliviar el dolor? . El sufrimiento mental bloquea la cognición . La ansiedad es tensión fuera de lugar La amenaza se halla donde uno la percibe . . La serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar . SEGUNDA PARTE. LOS MECANISMOS DE LA MENTE El modelo freudíano de la mente . El filtro inteligente. 15 19 23 83 89 10 ÍNDICE ¿Cuánto podemos retener en la mente? . El conocimiento nos llega estructurado . Comprender la comprensión . . . La conciencia no es un estadio obligatorio . TERCERA PARTE LOS SECRETOS DEL YO La memoria de John Dean . Quien controla el pasado controla el futuro. El sistema del yo: «yo bueno», «yo malo» y «no yo». Percibir lo que no percibimos . Los secretos que nos ocultamos a nosotros mismos Olvidarnos y olvidar que nos hemos olvidado El dilema del terapeuta CUARTA PARTE LA COGNICIÓN DETERMINA EL CARÁCTER Los estilos neuróticos . El «detective» . La anatomía de la coraza psicológica . Microeventos en OK Corral . Cómo crear a un paranoico . QUINTA PARTE EL YO COLECTIVO El «nosotros» El yo familiar . Los rituales familiares como memoria colectiva El juego de la familia felíz . Nada huele a podrido en Dinamarca . La fórmula del fracaso El «pensamiento colectivo» en a mundo empresarial 97 107 113 121 133 137 151 159 167 179 187 193 203 207 213 227 233 241 245 23 259 267 ÍNDICE SEXTA PARTE LA CONSTRUCCIÓN DE LA REALIDAD SOCIAL Construyendo la realidad por excelencia Ventajas y servidumbres de los marcos La educación de la mirada Ojos que no ven, corazón que no siente Cuestiones que no pueden preguntarse . El flujo de la información en una sociedad libre CONCLUSIÓN Una antigua enfermedad y su curación Las virtudes del autoengaño Mentiras vitales y verdades simples NOTAS . 275 283 291 305 315 325 333 339 343 AGRADECIMIENTOS En la primavera de 1978 tuve el placer de entrevistarme con Gregory Bateson. Y aunque respiraba fatigosamente a causa del cáncer de pulmón que pocos meses después acabaría con su vida, su ánimo era excelente y su mente estaba tan despierta como siempre. Bateson me habló de su odisea intelectual. Poco después de la Segunda Guerra Mundial había experimentado una comprensión muy profunda durante las conferencias de la Macy Foundation, en las que Norbert Wiener y su Équipo desarrollaron la cibernética. «En ese momento -dijo Bateson—, supe el camino que debía em- prender. Podía ver con claridad las propiedades de todos los siste- mas, de las pautas de interrelación que conectan las cosas.» Entonces fue cuando Bateson renunció a las nociones en boga sobre la conducta, «las teorías sobre el ser humano que parten de su psicología más animal, más inadaptada y más enferma eviden- ciaron entonces su incapacidad para responder a la pregunta del salmista: “¿Qué es, Señor, el hombre?” Esa misma limitación es la que nos impide discernir la pauta que conecta». —¿Y cuál es «la pauta que conecta»? —le pregunté. —Es una «metapauta», una pauta de pautas que con demasia- da frecuencia no llegamos siquiera a percibir. Á excepción de la música, se nos ha enseñado a pensar en las pautas como cuestio- 16 AGRADECIMIENTOS nes fijas. Pero lo cierto es que la forma más adecuada de pensar eu la pauta que conecta es considerarla como una danza de partes que se hallan en continua interacción, parcialmente limitadas por dis- tintos tipos de restricciones físicas, por los hábitos y el proceso mismo de descripción de los estados y factores que la componen. La idea de que la pauta que conecta es una danza de elemen- tos interrelacionados me impactó tan profundamente que en los años siguientes dio sentido a mi propia búsqueda. Desde hacía mucho tiempo estaba interesado por una serie de hechos y comprensiones que parecían apuntar hacia la misma pan- ta, pero desde ángulos muy diferentes. Mi formación como psicó- logo clínico en Harvard me había llevado a conocer a pacientes cuyos trastornos parecían protegerlos de otros más profundos. Un seminario con Erving Goffman —un sociólogo que se ha ocupado de investigar las relaciones cotidianas— me llevó a percibir la for- ma en que las reglas que gobiernan nuestra interacción con los demás enajenan de nuestra conciencia regiones enteras de la expe- tiencia para que nos sintamos cómodos. La investigación realiza- da en el campo de la psicobiología de la conciencia también me ha revelado que la cognición —y la experiencia— es el producto de un delicado equilibrio entre la atención y la inatención. Me sorprendió descubrir que estas comprensiones fragmenta- rias parecían reflejar una pauta que se repetía en todos los niveles de la conducta, desde el biológico hasta el psicológico y el social. Y cuantas más evidencias acumulaba y más reflexionaba sobre el tema, esta pauta fue tornándose cada vez más clara. La pauta en cuestión constituye una danza entre la atención y la inatención, un minueto en el que trocamos nuestra atención a cambio de un aumento en la sensación de seguridad. Ésta es precisamente la pauta que he tratado de describir —del mejor modo posible— en este libro. Son muchas las personas que me han proporcionado piezas importantes para componer este rompecabezas, partes diferentes, en suma, de la misma pauta. En particular, me han resultado espe- cialmente provechosas las conversaciones con las siguientes perso- nas, expertas, todas ellas, en uno o varios de los campos del saber mencionados en este libro: Dennis Kelly, Solomon Snyder, Monte AGRADECIMIENTOS 17 Buchsbaum, Floyd Bloom, Richard Lazarus, R, D. Laing, Donald Norman, Emmanuel Donchin, George Mandler, Howard Shevrin, Ernest Hilgard, Carl Whitaker, Karl Pribram, Robert Rosenthal, Irving Janis, Freed Bales, Anthony Marcel y Robert Zajonc. Agra- dezco también a Aaron Beck, Matthew Erdelyi y Ulric Neisser por sus valiosos consejos sobre el manuscrito. Y si bien cada uno de ellos me ha aclarado alguna faceta de la pauta, la síntesis, sin embargo, es original, como también lo son las distorsiones y puntos ciegos que puedan advertirse en ella, Estoy particularmente en deuda con Richard Davidson, Sho- shona Zubolf, Kathleen Speeth y Gwyn Cravens por sus concien- zudas lecturas, sus sinceros comentarios y su estrecha amistad, y agradezco asimismo la inspiración a mis maestros y colegas, espe- cialmente David McClelland y George Goethals. Agradezco también a A. C. Qwerty su notable paciencia, su diligencia y su comprensión en la elaboración del manuscrito, y a Alice Mayhew, que me ayudó a seguir el hilo del pensamiento con su constante visión de lo que este libro podía llegar a ser. 20 PRÓLOGO A La PRESENTE EDICIÓN ganado, criado fundamentalmente para saciar el hambre de carne del ser humano. ¿A cuántas hamburguesas equivale la destrucción de una hectárea de la selva virgen amazónica? No sería difícil dar con la respuesta a esta pregunta, pero da la sensación de que na- die está interesado en conocerla. Y ése es precisamente el problema, que vivimos sin pensar en las consecuencias de nuestro estilo de vida para el planeta y para nuestra propia descendencia, e ignorantes de las relaciones que existen entre las decisiones que tomamos cotidianamente -me com- pro esto o aquello otro, por ejemplo- y los efectos que esas deci- siones tienen en nuestro mundo. Sería posible evaluar de modo más o menos exacto el daño ecológico concreto que implica un determinado hecho. De ese modo, podríamos establecer una unidad estándar que representa- se el impacto ecológico que conlleva, por ejemplo, la [abricación de un automóvil o de un bote de aluminio. Tal vez conociendo ese dato asumiríamos nuestra responsabilidad en las consecuencias que provoca en el planeta nuestro estilo de vida. Pero no disponemos de ese tipo de información y hasta los más preocupados por el tema ecológico desconocen ese dato. La mayor parte de nosotros, igno- tantes de esas relaciones, seguimos cayendo en el engaño de creer que las pequeñas y grandes decisiones de nuestra vida no tienen mayor trascendencia. ¿Qué podemos hacer para salir de esta mentira y de tantas otras en las que nos hallamos atrapados? Deberíamos comenzar comprendiendo la forma en que estamos atrapados, ya que lo cierto es que el autoengaño es el más escurri- dizo de los hechos mentales y resulta imposible, en este sentido, darnos cuenta de lo que no nos damos cuenta. El autoengaño opera tanto a nivel de la mente individual como a nivel colectivo. El pre- cio tácito de la pertenencia a cualquier grupo es el de no darnos cuenta de nuestras propias dudas e inquietudes y no cuestionarnos siquiera la forma en que el grupo hace las cosas. El grupo, por su parte, sofoca toda discrepancia, incluso la saludable. Tomemos como ejemplo el caso de la explosión de la lanzadera espacial. La noche anterior al lanzamiento dos ingenieros dijeron que los pre- cintos de seguridad de la fase de propulsión no soportarían tempe- PRÓLOGO A LA PRESENTE FDICIÓN 21 raturas tan bajas, pero sus advertencias no llegaron a oídos de sus superiores, muchos de los cuales estaban ya al corriente del peli- gro pero habían decidido subestimar su importancia. El lanzamien- to ya se había visto aplazado en varias ocasiones y se comenzaba a cuestionar si la NASA estaba en condiciones de concluir con éxito el proyecto. En la investigación posterior al accidente, los dos ingenieros en cuestión fueron destituidos después de prestar declaración sobre lo ocurrido, aunque tras el escándalo público suscitado fueron reha- bilitados a sus puestos, A pesar de todo su denuncia hubiera sido del máximo interés para el buen fin de la misión porque, de haber sido escuchados, la tragedía no hubiera ocurrido. Este ejemplo nos brinda una valiosa lección para atrevernos a levantar el manto de silencio que oculta las verdades vitales de la conciencia colectiva. Lo único que puede librarnos del poder hip- nótico del autoengaño es el valor para buscar y «afirmar la verdad, Y cada uno de nosotros posee su propia parcela de verdad y debe tener la osadía de expresarla. Resulta paradójico que, en nuestra época, quienes detentan el poder no experimenten ningún tipo de desazón. al advertir el do- lor de los que sufren, y que estos últimos, por su parte, carezcan de todo poder. Como dijo Elie Wiesel, para salir de este callejón sin salida es necesario tener el coraje suficiente para decir la verdad al poder. INTRODUCCIÓN El tema de este libro no es fácil de explicar, aunque todos, de una forma u otra, estamos familiarizados con él, Y la dificultad estriba en que no disponemos de palabras exactas para describir- lo. Tal vez sea precisamente eso lo que tanto me intriga. Porque, según parece, existen momentos de nuestra existencia que, por así decirlo, nos son ajenos, puntos ciegos de la experiencia que se cultaTén las lagunas de nuestro vocabulario. Y el hecho de que no los experimentemos es algo de lo que, en el mejor de los casos, sólo tenemos una vaga conciencia. Esos puntos ciegos de la experiencia son el tema fundamental de nuestro libro. El fracaso a la hora de experimentar determinadas facetas de la vida, que parece asentarse en la profundidad de nuestra concien- cia, nos impide prestar atención a ciertos aspectos cruciales de la realidad, dejando un vacío en el flujo de conciencia que, instante tras instante, conforma nuestro mundo. Nuestro principal propósito será descubrir cómo nos damos o itamos darnos cuenta de las cosas. O, dicho de otro modo, cónio “fragmentamos nuestra conciencia, perdemos parte de nuestra atep- ción y creamos una laguna. Existe una metáfora fisiológica que describe a la perfección nuestras dificultades para ver las cosas tal como son. En la parte 26 INTRODUCCIÓN atención se desvía del hecho problemático o se reelabora bajo un disfraz aceptable. Cualquier psiquiatra que trate a familias con pro- blemas como el incesto y el alcoholismo comprende la forma en que operan las mentiras vitales: Todo rastro tiende a minimizarse, se bromea al respecto, se justifica o, simplemente, es lamado de otro modo. La semántica desempeña un papel muy importante en la tarea de quitar impor- tancia a lo que realmente está ocurriendo y se emplean toda clase de eufemispios para tratar de ocultar lo que sucede. No es de ex- trañar que expresiones como «buen bebedor», «disputa matrimo- nial» o «disciplina» oculten el alcoholismo, la violencia familiar o el abuso infantil. Y explicaciones del tipo «un accidente sin impor- tancia» suelen ser aceptadas de buen grado para explicar las lesio- ves y la fractura de huesos debidas a la violencia marital o infantil. Del mismo mado, la «gripe» también puede ser una buena excusa para enmascarar una borrachera.? Como decía una joven que durante toda su infancia había so- portado a un padre alcohólico: «En nuestra familia había dos reglas muy claras: la primera era que no había nada que funcionara mal y la segunda que no había que decírselo a nadie.» Un ejemplo algo diferente nos lo proporciona Jesse Jackson, quien, recordando su infancia en Carolina del Sur, cuenta la si- guiente historia sobre un encuentro con un hombre llamado Jack, el propietario blanco de la tienda de ultramarinos: Ese día tenía prisa, porque mi abuelo, que me había dado una moneda para que comprara unas chucherías, me esperaba fuera. Había ocho o diez personas de color en el interior de la tienda, de modo que pregunté: «Jack, ¿puedo coger una galleta?» Pero él es- taba cortando queso o algo parecido y no me escucho, Entonces silbé para reclamar su atención. Repentinamente, se volvió hacia mí apuntándome con un revólver a la cabeza y dijo: «¡Jamás vuelvas a silbarme!» Pero lo que más me impresionó es que los otros ne- gros siguieron ocupados en sus asuntos y se comportaron como si nada hubiera ocurrido, presas de un profundo y arraigado temor. Por mi parte, lo que más me asustaba no era tanto el revólver como el hecho de pensar en la reacción de mi padre, que no sólo tenía mal INTRODUCCIÓN 27 genio sino que acababa de regresar de la Segunda Guerra Mundial y, tras su estancia en Europa, su mente se había abierto y estaba muy resentido contra el sistema, Sabía que si mi padre llegaba a enterarse de lo que había ocurrido, mataría a Jack o éste le mata- vía a él. Así que simplemente lo suprimí de mi mente y sólo volví a recordarlo muchos años después. Pero así era la vida para noso- tros por aquel entonces.? El polo opuesto de esa historia nos lo brinda Barney Simon, un dramaturgo sudafricano que llama la atención acerca de una ver- dad que no suele mencionarse sobre el apartheid. El hecho es que, del mismo modo que los negros americanos reprimen su rabia hacia los blancos, los blancos sudafricanos deben contener su ter- nura hacia los negros: Todos los blancos sudafricanos hemos sido criados por nodri- zas negras. Recuerdo a Rosa, la criada que había en nuestra casa L...], en cuyos brazos pasamos nuestros primeros años, con la me- jilla apoyada en su cuello, escuchando sus canciones, hablando en su dialecto, yendo con ella al parque, sentándonos con sus amigas negras y acompañándola a su habitación, donde no era extraño que la esperara su amante. Así es como vamos conociéndonos, pero en cierto momento Sudáfrica nos dice que ese recuerdo es una obsce- nidad, un delito o, algo peor incluso, un pecado, y nos obliga a olvidar lo que sabemos.* La historia militar abunda en ejemplos de lo que estoy tratan- do de expresar, y buena prueba de ello son las francas negativas a creer la verdad de que nos hablan los siguientes casos: + Durante la Primera Guerra Mundial, una semana antes de que los alemanes lanzaran su primer ataque con gas tóxico, un desertor alemán nos advirtió de lo que iba a ocurrir. incluso había traí- do consigo una de las máscaras de protección con que se había dotado a las tropas alemanas. Pero el comandante francés que re- cibió el mensaje lo consideró tan absurdo que reprendió a su in- formante por no haber seguido los cauces reglamentarios. + Durante la Segunda Guerra Mundial, Hermann Goering recibió el informe de que se había abatido un caza aliado sobre determi- 28 INTRODUCCIÓN nada ciudad alemana, el primero que había logrado penetrar tras las líneas del Eje, lo cual significaba que los aliados habían fabri- cado un caza con autonomía suliciente para escoltar a los bom- barderos que sobrevolaban Alemania. Goering, que también era aviador, «sabía» que eso era imposible, de modo que respondió: «Afirmo oficialmente que los aviones de combate americanos no han llegado a Aachen... Y con ello ordeno que no han estado nunca allí.» + El mismo día en que los alemanes iniciaron su ofensiva contra Rusia, una unidad de choque soviética envió el siguiente men- saje al puesto de mando: «Nos están disparando. ¿Qué hace- mos?» Á lo que el mando respondió: «¡Ustedes deben de estar locos!»? Otro ejemplo relacionado con lo que estamos diciendo se re- liere, en este caso, al futuro de la humanidad. «El ritmo de acumu- lación de armas nucleares en nuestro mundo —afirma un artículo publicado en The Wall Street Journal- supone un coste de diez mil millones de dólares por minuto, con un arsenal que supera ya las cincuenta mil armas.» Al mismo tiempo, según la Organización Mundial de la Salud, cada año mueren cincuenta millones de niños de diarrea —el asesino más grande del mundo—, un mal que sería fácilmente evitable con una alimentación y unas condiciones sani- tarias elementales. Los psiquiatras denominan «insensibilización nuclear» a la manifiesta incapacidad de la gente para experimentar el miedo, el enojo y la insubordinación que acompañarían al hecho de percibir claramente la insensatez de la humanidad (en especial respecto a tolerar la carrera armamentística). Las personas parecen anestesiar- se, como si el peligro fuera demasiado grande para preocuparse. El psiquiatra Lester Grinspoon destaca la forma en que, me- diante esta insensibilidad, $e «elude la información que converti- ría un vago temor en un miedo lo suficientemente claro como para exigir una acción contundente»j la forma en que la gentefese las ingenia para ignorar las implicaciones de la información que se permite recibir»] Dicho en otras palabras, las personas suelen tra- tar los problemas colectivos como si fueran la responsabilidad de Otros. INTRODUCCIÓN 29 Todos estos ejemplos comparten la misma distorsión de la aten- ción a fin de eludir cualquier información angustiosajtodos ellos, en suma, ilustran el poder de la atención selectiva para ocultar verdades dolorosas. FLa atención nos permite recolectar la información necesaria para la existencia. Y cuando esa información se registra como una amenaza, la respuesta suele ser la angustia. Pero también podemos utilizar nuestra atención para negar la amenaza y amortiguar de ese modo nuestra percepción de la angustia. Sin embargo, aunque hay ocasiones en que este autoengaño resulta provechoso, en otras es completamente inapropiado. En la antigua Unión Soviética, cada publicación tenía su pro- pio censor, pero los periodistas y los editores rara vez tenían que enfrentarse a las tijeras de la censura porque ellos mismos desem- peñaban dé manera automática su tarea, censurando su propio tra- bajo.* Lev Poliakov, un ruso emigrado que trabajaba como fotógrafo independiente en Rusia, viajó a una ciudad de las orillas del mar Caspio para hacer un reportaje para una revista dedicada al mun- do infantil. La ciudad disponía de dos grandes instalaciones, un laboratorio científico y un campo de concentración. El funciona- rio local del partido que fue a recibirle le dijo: «Mire, usted es un hombre ocupado y yo también. Hagamos las cosas fáciles, de modo que, cada vez que vea una alambrada, dése la vuelta y enfoque su cámara en la dirección contraria.» Ley Nisnevich, otro fotógrafo ruso emigrado, tomó una foto de los miembros de la Unión de Escritores mientras votaban una re- solución. En la instantánea se veía también a un hombre del KGB muy atento al voto emitido por los distintos miembros de la aso- ciación. Pero cuando la foto salió publicada en la conocida revista Literatumaya Gazeta, la imagen del agente del KGB había sido eli- minada, y sólo se veía a los miembros de la asociación sosteniendo en alto sus papeletas. De este modo, se transmitía al lector una impresión de unanimidad espontánea, sin el menor indicio de que existiera presión alguna sobre los presentes. Y aunque este tipo de torpe censura es muy evidente, no resulta tan fácil advertir las manipulaciones similares que tienen lugar en nuestra propia conciencia. El caso de la fotografía retocada, en 32 INTRODUCCIÓN: consciente, mientras que para Freud depende fundamentalmente de las fuerzas inconscientes de nuestra mente, un dominio que nues- tras decisiones conscientes no pueden alcanzar. En mi opinión, ambos tienen parte de razón. La atención se halla gobernada por fuerzas conscientes e inconscientes. Algunas de ellas -como las limitaciones estructurales propias de la misma mecánica de la mente— son inocuas, mientras que otras —-como el teñido de todo lo que percibimos en función de la preocupación que en un determinado momento ocupa nuestra conciencia resul- tan cruciales, y otras, por último —como veremos a continuación, pueden llegar a ser incluso contraproducentes. Una de las distorsiones más notables, en este último sentido, consiste en el hecho de trocar ansiedad por conciencia. EL TRUEQUE Uno de los principios organizadores fundamentales de la vida psíquica, que opera en muchos niveles y dominios de la vida hu- mana, consiste, a mi juicio, en «vender» parte de nuestra atención —deformándola— a cambio de una sensación de seguridad. Trataré de clarificar, pues, el vínculo existente entre ansiedad y atención, un vínculo que hunde sus raíces en las funciones de nuestro cere- bro, la textura de nuestra mente y la urdimbre misma de nuestra vida social. Mi principal interés consiste en esclarecer la forma en que fluye la información y el modo en que ese flujo se ve distorsionado por la relación existente entre el sufrimiento y la atención. La idea de que existe una relación directa entre el sufrimiento y la atención o es nueva y ya Freud la elaboró brillantemente. Pero las teorías e investigaciones más recientes —especialmente en el campo del procesamiento de la información— nos proporcionan una visión más elaborada de la dinámica interna de la mente, una visión que puede aplicarse también a la estructura de toda agrupación bioló- gica y a la construcción social de la realidad. Ni Freud ni nadie podría haber dado ese salto antes de la últi- ma década, porque en los últimos años la psicología cognitiva ha INTRODUCCIÓN 33 desarrollado un modelo de las funciones mentales mucho más so- fisticado y sólido que cualquier otro modelo del pasado. Este mo- delo nos proporciona una nueva perspectiva sobre cómo se confi- gura nuestra experiencia y de las fuerzas ocultas que esculpen nuestra realidad personal y social. Éste es el terreno que exploraremos a continuación, un terre- no en que los mecanismos de nuestra mente se solapan con los de la vida social. Sin embargo, nuestro viaje comenzará en un nivel mucho más elemental, en la capacidad del sistema neuronal para experimentar el dolor que permite que el cerebro enmascare las acometidas del dolor reduciendo nuestra conciencia. Ese mismo principio se repite en cada nivel sucesivo de orga- nización de la conducta: en los mecanismos de nuestra mente, en la configuración de nuestro carácter, en la vida grupal y en la so- ciedad. En cada uno de estos dominios, la variedad del «sufrimien- to» que es capaz de bloquear la conciencia va sutilizándose progre- sivamente, desde la tensión y la ansiedad hasta los secretos dolorosos y los hechos embarazosos o amenazadores para la vida social. Mi tesis, en suma, gira en torno a las siguientes premisas: + La mente puede protegerse de la ansiedad disminuyendo la conciencia. * Este mecanismo origina un punto ciego, una zona en que somos proclives a bloquear nuestra atención y autoegañarnos. + Esos puntos ciegos tienen lugar en cada uno de los niveles de organización de la conducta, desde el psicológico hasta el social. Este libro se divide en seis partes. La primera parte esboza la relación existente entre el dolor y la atención, mostrando la lorma en que opera en muestro cerebro y en la manipulación mental de la ansie- dad y la tensión. El mecanismo neurológico que interviene en este intercambio implica a los opioides, la «morfina cerebral», que atur- den las sensaciones de dolor y difuminan nuestra atención. Y este cambalache neuronal tiene profundas implicaciones psicológicas, ya que es capaz de aplacar la ansiedad disminuyendo nuestra atención. 34 INTRODUCCIÓN La segunda parte elabora un modelo operativo de la mente que muestra los mecanismos que permiten el intercambio entre ansie- dad y atención. Dos conceptos claves resultan, en este sentido, de fundamental importancia: el papel esencial que desempeña el in- consciente en la vida mental y la idea de que la mente organiza la información en «esquemas», una suerte de códigos mentales que sirven para representar la experiencia. Estos esquemas operan a nivel inconsciente y cumplen con la importante función de dirigir nuestra atención a los aspectos más sobresalientes, desestimando al mismo tiempo el resto de la experiencia. Pero cuando los esque- mas se originan en el miedo a la información dolorosa, pueden dar lugar á puntos ciegos en nuestra atención. En la tercera parte utilizaremos este modelo de la mente para adentrarnos en una mueva comprensión de los mecanismos de defensa psicológica (los autoengaños par excelence). Esta sección relormula la dinámica del psiquismo a la luz de los nexos existen- tes entre la atención y los citados esquemas, mostrando de qué modo la misma mecánica de nuestra mente posibilita que la falta de atención a las verdades dolorosas nos mantenga a salvo de la ansiedad. Cuando el consuelo proporcionado por esta atención disminui- da llega a convertirse en hábito, pasa a formar parte del carácter, En la cuarta parte rastrearemos la forma en que el hábito de amor- tiguar nuestra atención para evitar la ansiedad se transmite de pa- dres a hijos. En la medida en que nuestra personalidad se va con- figurando, un determinado conjunto de esquemas protectores se convierten en dominantes y lo mismo ocurre con los puntos cie- gos y autoengaños a que suelen abocar. La quinta parte describe la vida grupal —utilizando la unidad familiar como prototipo—, y muestra la forma en que el hecho de compartir los mismos esquemas orienta la dinámica del grupo. El mismo trueque entre ansiedad y atención opera aquí trasladando nuestros puntos ciegos a la conciencia colectiva del grupo. La sexta parte utiliza el mismo modelo para investigar la cons- trucción social de la realidad. Los esquemas compartidos que ope- ran en el dominio social dan lugar a una realidad consensual, una realidad social que se halla salpicada de zonas de información táci INTRODUCCIÓN 35 tamente excluida. La facilidad con que se reproducen estos puntos ciegos a escala social se origina en la misma estructura de nuestra mente individual, y su coste social son las ilusiones compartidas. Ésta es una investigación innovadora, una amplia panorámica sobre diferentes regiones de la experiencia que cartografía un terri- Lorio al que espero regresar en otro momento para efectuar un-es- tudio más detallado. Debo pedir disculpas anticipadas al lector inexperto por las ex- posiciones del estado de la teoría y la investigación al respecto que en ocasiones resultan algo farragosas. Espero que el esfuerzo que ello pueda suponer se vea recompensado por una renovada comprensión de su propia experiencia. Asimismo pido disculpas a los lectores más especializados como mis colegas psicólogos, los científicos cogni- tivos, los psicoanalistas, los neurocientíficos, los sociólogos y demás— por esta rápida incursión en un Lerritorio tan rico; espero que discul- pen este apresurado abordaje de temas tan complejos. Es mucho el terreno que tenemos que cubrir y sólo podemos tocar de pasada la superficie de cada región. Debo decir también, en este sentido, que, aunque no cite explícitamente el trabajo de Ruben Gur y Harold Sackheim —psicólogos que han estudiado el papel que desempeña el autoengaño en trastornos psicológicos tales como la depresión—, mi enfoque general es perfectamente compatible con el suyo, aunque desde una perspectiva diferente, Por lo que conozco, la extrapolación que intento hacer del modelo mental del procesamiento de información a los campos de la personalidad, de la dinámica grupal y de la realidad social, no tiene precedentes. Y la hipótesis concreta que inspira esta tentati- ya consiste en que nuestra experiencia se halla modelada y limita- da por el trueque existente entre el sulrimiento y la atención. Este modelo integral de la conducta torna la tarea más fácil, pero no por ello la síntesis a la que aspiro resulta menos formidable, Éste no es un libro que proporcione respuestas fáciles (sospe- cho que ningún libro lo es), ni un perfil con que debamos compa- rarnos, sino que simplemente trata de blindar un nuevo mapa de la experiencia humana que subraya especialmente sus facetas más oscuras. La cuestión es cómo funcionan las cosas, no qué hacer con ellas. Confío en que esta nueva comprensión de la mente a la que PRIMERA PARTE EL DOLOR Y LA ATENCIÓN EL MIEDO A SER DEVORADO POR UN LEÓN David Livingstone —el misionero escocés famoso por la frase «¿El doctor Livingstone, supongo?»— sufrió en cierta ocasión el ataque de un león que estuvo a punto de acabar con su vida. Este incidente le impactó tanto que veinte años después todavía se asombraba de la curiosa sensación de desapego que le embargó en aquellos momentos en que, supuestamente, debería haberse visto a merced del pánico: Escuché un rugido. Miré hacia un lado y wi un león que esta- ba a punto de abalanzarse sobre mí... El animal dio un salto y me derribó de un zarpazo en el hombro, y cuando me tuvo inmovili- zado en el suelo, comenzó a rugir junto a mi oreja, al tiempo que me zarandeaba como un gato haría con un ratón. La conmoción me produjo un estupor semejante al que debe de experimentar un ra- tón después de haber sido capturado, y me sumió en una especie de sopor en que, si bien seguía siendo plenamente consciente de todo lo que ocurría, no sentía miedo ni dolor alguno. La situación era parecida a la de los pacientes que se hallan bajo los efectos del cloroformo; estas personas son conscientes de que están siendo operadas, pero no sienten la acción del bisturí. ¿Cómo es posible que el dolor provoque una reacción de insen- sibilidad? El incidente del doctor Livingstone con el león nos brin-