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Asignatura: memoria, Profesor: Carlos Hugo Criado del Valle, Carrera: Psicología, Universidad: USAL
Tipo: Apuntes
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En anteriores artículos hemos revisado algunas de las características de dos fenómenos distorsionadores de la memoria, los falsos recuerdos y las confabulaciones. Ambos tenían en común el hecho de suceder a espaldas de la conciencia de la persona, que casi siempre anda convencida de estar en la posesión de la verdad más absoluta. Para finalizar la serie de fenómenos ‘deformadores’ de la realidad, nos queda hablar de esas ocasiones en que la verdad se altera intencionadamente: las mentiras.
‘ Nadie tiene la memoria suficiente para mentir siempre con éxito ’ dijo Abraham Lincoln. Y es que para mentir debe tenerse buena memoria de manera que se pueda recordar no sólo la información original, la verdad, sino también la versión que da de ella cada vez que la falsea ante otro… ¡y que no te pillen! Estudios recientes podrían hacer que Lincoln no estuviese en lo cierto esta vez, y que el refrán ‘ se pilla antes a un mentiroso que a un cojo ’ no sea tan cierto después de todo.
Mentir es el acto de generar una información falsa , de forma intencionada y generalmente de forma recurrente.
No todas las mentiras conllevan el mismo tipo de esfuerzo mental. Parece que crear una falsa descripción de algo que no se ha experimentado (mentiras por invención) exige más recursos que negar haber visto o vivido algo (mentira por negación).
Sin embargo, si no queremos que nos ‘pillen’, no podemos inventarse una historia tan extraña que no haya quien se la crea. Nuestra mentira debería ser lo más parecida posible a la realidad, y en ese proceso de ‘creación del engaño’ generamos no sólo rasgos perceptivos o físicos semejantes a situaciones/elementos reales (por ejemplo llegar tarde al trabajo porque se ha reventado la rueda del autobús, lo que implicaría el autobús, el ruido del reventón, la calle donde ha sido, etc.) sino que también se favorece la toma de conciencia de las operaciones cognitivas que se usan para mentir (pensamientos, imágenes…). Algunos autores han propuesto que este hecho podría explicar que se recuerde mejor que se ha mentido sobre algo. Es el caso de Kathleen M. Vieira y Sean M. Lane (2013), que mostraron como las falsas descripciones o mentiras por invención serían más fáciles de recordar porque suponen un mayor acceso a los procesos cognitivos involucrados en su propia creación. Así, parece que el tipo de mentira que decimos tiene cierta influencia sobre la precisión con la que juzgamos si en su momento mentimos o dijimos la verdad, al preguntarnos: ¿Mentí o dije la verdad sobre esto?
Pero ¿qué áreas del cerebro participan en la creación de las mentiras intencionadas? Ito y sus colaboradores (2012) publicaron en Brain Research dos hallazgos importantes. Parece que la corteza prefrontal dorsolateral izquierda se activa durante la preparación tanto de la mentira como de la respuesta honesta, aunque más intensamente en la primera. Sin embargo, su actividad se mantendría durante la propia ‘ejecución’ sólo en el caso de las respuestas falsas.
La memoria es uno de esos temas que interesan a todo el mundo. A algunos porque les pilla en la etapa de estudiantes; a otros porque su trabajo exige que esté al 100%; y otros porque se hacen mayores y temen perderla; pero todos tienen en común la curiosidad por conocer cómo funciona esta capacidad cognitiva imprescindible en nuestras vidas. Pero si hay algo que nos resulta especialmente intrigante son los fallos de memoria, que, en ocasiones pueden jugarnos verdaderas ‘malas pasadas’. Y es que la realidad puede llegar a deformarse muchísimo y no siempre consciente e intencionadamente. A lo largo de tres artículos veremos tres fenómenos ‘deformadores’ de la realidad: los falsos recuerdos, las confabulaciones y las mentiras. Vamos con los primeros.
Falsos recuerdos
¿Alguna vez estuviste seguro de haber hecho algo y en realidad no lo hiciste? ‘ Yo estoy seguro de que llamé a Pedro ’ es lo que crees, pero en realidad te confundes con el hecho de haber pensado en llamar a Pedro aunque al final no llevaras a cabo la acción. No pasa nada. Es algo normal y se llama falso recuerdo.
Los falsos recuerdos son un producto de los procesos normales de memoria y no implican que necesariamente se haya ‘evaporado’ la información. Es más bien que, en muchas ocasiones, rellenamos la información que nos falta con asociaciones e inferencias , y ese es justo el tipo de información que es más susceptible a recordarse de forma errónea. Según Johnson y Raye (1998), cuando suceden este tipo de distorsiones, decimos que se ha producido un fallo en la monitorización de la realidad (confundimos la información percibida con la información generada internamente).
Otras veces ocurre que confundimos la fuente de la información. Un ejemplo es, por ejemplo cuando sabemos algo y estamos convencidos de haberlo visto en las noticias. Sin embargo, y para nuestra sorpresa, en realidad nos lo contó un amigo.
Según los expertos, los falsos recuerdos se deberían a fallos durante el proceso de codificación de la información, es decir, de creación de nuevos recuerdos asociando distintas informaciones. A veces completamos la información que nos falta asociaciones, inferencias o aquello que nos resulta familiar o se ajusta a nuestras motivaciones, y esa información podría ser la que tuviese más probabilidades de recordarse después de forma errónea.
Como vimos en el primer artículo de esta serie, Ciencia ficción en el cerebro: Falsos recuerdos, la memoria es una de esas funciones cognitivas que todos conocemos bien
Encontrar confabulaciones es frecuente en personas que han sufrido daños en áreas prefrontales del cerebro, particularmente en el cerebro basal anterior incluyendo también áreas orbitofrontales y ventromediales. Las confabulaciones han sido descritas en casos de encefalitis por herpes simple, síndrome de Wernicke-Korsakoff, tumores cerebrales, demencias fronto-temporales, infartos de la arteria cerebral comunicante anterior y esclerosis múltiple entre otros.