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Modos de ver, Apuntes de Semiótica

Asignatura: Semiótica de la Comunicación de Masas, Profesor: hector fouce, Carrera: Periodismo, Universidad: UCM

Tipo: Apuntes

2012/2013

Subido el 12/09/2013

dave_loppard
dave_loppard 🇪🇸

3.7

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MODOS DE VER
John Berger
Las pinturas al óleo representan cosas, objetos, que pueden compararse con la realidad
misma, con su aspecto tangible, perceptible, y al mismo tiempo establece una ilusión de
aquello que podría tenerse entre las manos, que añade un grado de posesión por parte de
los propietarios, no solo sobre la obra en sí, sino también, sobre dichos objetos
representados en él, a través de una materialidad evidente. Como si el cuadro fuese tan
solo una proyección de algo que existe al otro lado y que es palpable. Y atractivo, pues
muchos de esos elementos reflejados en el lienzo, son ejemplos de una excelente
manufactura y gusto, que revela el poder y la vanidad que atesoraba determinada
categoría social.
Esta estratificación, descrita por medio del arte, no es para Berger, algo anecdótico, “en
cualquier época, las manifestaciones artísticas han estado al servicio de los intereses
ideológicos de la clase dominante” dice. Aunque su interpretación no se base en definir el
placer por el genio, y más concretamente el pictórico, como el mero catalizador de una
supremacía económica, más bien haciendo hincapié en un nuevo modo de ver el mundo,
en el que el deseo de adquirir determinados instrumentos o artefactos se halla ligado a
una nueva actitud hacia lo propiedad, quizá alentada por una creciente masa burguesa, y
sobretodo hacia el nuevo concepto de un marco de transacciones e intercambios de
productos artísticos. La pintura al óleo era sinónimo de una apariencia que era preferible
exteriorizar, y ayudó, junto a ese mercado del arte, a convertir la obra de talento medio de
siglos anteriores, en obras maestras.
En el cuadro Los embajadores de Holbein, que Berger destaca, asistimos a un modelo
de ostentación sin disimulo de esta novedosa corriente, que pretende crear en el lector la
vana esperanza de que observa objetos materiales reales, provistos de unas formas
estéticas que a pesar de su expresión puramente visual, apelan a otro sentido, en este
caso el tacto. Para ello, hace alusión a tres formas de experimentar los signos:
– Primeridad: color, sonido, olor, sentimiento inmediato
– Segundidad: acción-reacción, causa- efecto
– Terceridad: razón o ley, racionalidad y actividad intelectual
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MODOS DE VER

John Berger Las pinturas al óleo representan cosas, objetos, que pueden compararse con la realidad misma, con su aspecto tangible, perceptible, y al mismo tiempo establece una ilusión de aquello que podría tenerse entre las manos, que añade un grado de posesión por parte de los propietarios, no solo sobre la obra en sí, sino también, sobre dichos objetos representados en él, a través de una materialidad evidente. Como si el cuadro fuese tan solo una proyección de algo que existe al otro lado y que es palpable. Y atractivo, pues muchos de esos elementos reflejados en el lienzo, son ejemplos de una excelente manufactura y gusto, que revela el poder y la vanidad que atesoraba determinada categoría social. Esta estratificación, descrita por medio del arte, no es para Berger, algo anecdótico, “en cualquier época, las manifestaciones artísticas han estado al servicio de los intereses ideológicos de la clase dominante” dice. Aunque su interpretación no se base en definir el placer por el genio, y más concretamente el pictórico, como el mero catalizador de una supremacía económica, más bien haciendo hincapié en un nuevo modo de ver el mundo, en el que el deseo de adquirir determinados instrumentos o artefactos se halla ligado a una nueva actitud hacia lo propiedad, quizá alentada por una creciente masa burguesa, y sobretodo hacia el nuevo concepto de un marco de transacciones e intercambios de productos artísticos. La pintura al óleo era sinónimo de una apariencia que era preferible exteriorizar, y ayudó, junto a ese mercado del arte, a convertir la obra de talento medio de siglos anteriores, en obras maestras. En el cuadro Los embajadores de Holbein, que Berger destaca, asistimos a un modelo de ostentación sin disimulo de esta novedosa corriente, que pretende crear en el lector la vana esperanza de que observa objetos materiales reales, provistos de unas formas estéticas que a pesar de su expresión puramente visual, apelan a otro sentido, en este caso el tacto. Para ello, hace alusión a tres formas de experimentar los signos:

  • Primeridad: color, sonido, olor, sentimiento inmediato
  • Segundidad: acción-reacción, causa- efecto
  • Terceridad: razón o ley, racionalidad y actividad intelectual

Así pues, muchas de las piezas que aparecen en la escena, simbolizan ideas, y vinculan su representación a un concepto concreto. En este aspecto, destaca el cráneo que aparece entre ambos protagonistas, y que sugiere varios significados. Gracias a él, podemos fijar algunos procesos sígnicos importantes. Como decía Pierce, la realidad no puede concebirse al margen de sus representaciones, que no dejan de ser fenómenos mentales. Pensamos; por lo tanto, por medio de signos, y siguiendo con la teoría del “padre del pragmatismo”, podemos entender la calavera como el Objeto de una triada compuesta por el Representamen, que estaría formado por la muerte en una noción inmediata y que a su vez nos remitiría a una suerte de Memento Mori, un recuerdo de la fugacidad de la vida, que sería el Interpretante. Es cierto que demostrar ese posible proceso en un estilo pictórico, que como hemos dicho, se vanagloriaba de su capacidad para reseñar con tanta atención las cualidades de las cosas, y basaba su desarrollo en la materialidad, no tendría sentido. Sin embargo, como el propio autor explica, a la hora de introducir símbolos metafísicos en la técnica al óleo, el resultado es antinatural y demasiado estridente. De ahí que el cráneo del cuadro de Holbein, parezca distorsionado y deforme, a fin de alejarlo del resto de objetos, y en referencia a su carácter abstracto. De todas formas, la calavera, en tanto símbolo, es decir, representación de una idea asociada a una convención socialmente aceptada, necesita del conocimiento de ese simbolismo, y de un ejercicio de semiosis, para realizar la lectura de la obra. Lo mismo se puede decir en el uso del restante de instrumentos: un globo terráqueo, un libro de aritmética, los relojes de arena, el laúd, son huellas que constatan la identidad instruida y viajante de los dos hombres. Su amor por las artes, por el conocimiento. Pero también, la seguridad de que cuánto les rodeaba, existía para complacerles, y esa mirada altiva, persigue causar exclusividad y distanciamiento con respecto al espectador, que descubre la apreciación de sí mismo, conforme a la imagen de su diferente. Todo esto es algo que logramos descifrar ahora, cuatro siglos después, y desde nuestra perspectiva actual. En la misma línea, el crítico centra parte de su estudio en la mujer, y en su tratamiento como objeto sexual en numerosas obras de este período. Las figuras femeninas no están ajenas a los tópicos, como ser objeto de deseo de un público prominentemente masculino y a ocupar un papel meramente seductor. John Berger hace un exhaustivo análisis de las pinturas al óleo considerando otras interpretaciones ajenas a lo habitual, y por ello, crea lazos imprescindibles para