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Platón: Dualismo Ontológico y Epistemológico, Apuntes de Filosofía

Platón es conocido por su dualismo ontológico y epistemológico. En ontología, estudia lo que existe, tanto tangible como abstracto. Platón dividía la realidad en dos mundos: el sensible y el inteligible. El mundo inteligible era el hogar de las ideas, accesibles solo mediante la razón, y organizadas jerárquicamente, culminadas por la idea del bien. En epistemología, platón diferencia dos tipos de conocimiento: el falso conocimiento (opinión) y el verdadero conocimiento. El mundo inteligible es donde podemos adquirir conocimiento verdadero, solo mediante la razón, y el sensible solo nos proporciona opinión. Platón es considerado universalista en morales, ya que existen verdades universales que podemos conocer mediante la mayéutica.

Tipo: Apuntes

2021/2022

Subido el 12/12/2022

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Dualismo Ontológico
La ontología, como definición, es una rama de la metafísica que estudia lo que existe, no solo lo tangible sino
también lo abstracto.Conocemos que Platón era dualista ontológico porque dividía aquello que existe en dos
mundos:el sensible y el inteligible.
El mundo inteligible era el lugar donde habitaban las ideas y al que se accede por medio de la razón, en
cambio, por los sentidos sólo podemos acceder al mundo sensible, el cual, aunque existe, no nos
proporciona verdadero conocimiento ya que es un mundo cambiante.
A esta conclusión llega por influencia de Heráclito pues él, antes que Platón, ya había establecido que era
imposible conocer aquello que estaba en constante cambio; él decía que nunca te podías bañar dos veces
en el mismo río porque el agua fluía y cambiaba. Este mundo, el sensible, fue creado por el Demiurgo o Dios
artesano, como copia del mundo inteligible.
Por otra parte, sabemos que el mundo inteligible es aquel donde habitan las ideas pero, ¿qué es una idea?
Para Platón una idea no es una representación mental de algo concreto sino que es la esencia o
determinación que hacen a las cosas ser lo que son, son verdades absolutas que se pueden conocer. La
Idea para Platón ha de cumplir una serie de características para que esta sea determinada como tal; la idea
tiene que ser eterna, inmutable, inteligible y universal. Estas características Platón las coge de las
características del ser de Parménides: “lo que es, es y lo que no es, no es”. Por esto este filósofo, al igual
que Heráclito, es una influencia directa de Platón.
Platón explica que son los objetos sensibles los que surgen de la idea y no al revés. La relación que el
filósofo establece entre la Idea y el objeto sensible lo llama participación o imitación ya que los objetos
sensibles participan de la Idea: es la esencia de esta lo que hace a los objetos ser lo que son. Por ejemplo: la
idea de la belleza se puede aplicar a cualquier objeto que sea bello, es decir, que participe de la idea de la
belleza, sea cual sea su color, tamaño, raza, edad, etc.
Además, es también necesario aclarar que para Platón no todas las ideas tienen la misma importancia; este
crea la jerarquía de las ideas dándole una relevancia distinta a cada una, en forma de pirámide: en la parte
inferior encontraríamos las ideas sensibles, en un escalón superior las ideas matemáticas , seguidas por las
estéticas, morales y políticas donde encontramos la idea de la justicia o de la belleza y en la cúspide
encontraríamos la idea del Bien que es la mayor de las ideas.
Pero, en realidad, ¿qué es la idea del Bien?
La idea del Bien es la idea más compleja de todas y solo puede acceder a ella el filósofo gobernante, para
Platón, la persona más sabia de la sociedad.
La idea del Bien cumple la función ontológica, es decir, es la causa final y la causa del origen del mundo y
también de la unidad de todas las ideas. Esto quiere decir que el resto de ideas, jerárquicamente hablando
inferiores a la Idea del Bien, participan en ella y por eso pueden existir y son positivas.
La idea del Bien también cumple la función epistemológica porque gracias a que, por ella el resto de ideas
pueden existir, también son accesibles al conocimiento.
Esta idea también cumple una función ética y política ya que al conocerla el filósofo puede gobernar de forma
correcta.
Dada la complejidad de esta idea, Platón la representa mediante un mito: El mito de la caverna. En él explica
la vida de unos hombres que viven encadenados en una cueva y que solo ven sombras, un día uno de ellos
sale al exterior y comienza a conocer lo que allí hay: primero está cegado por el sol pero luego, este es el
que le permite ver los objetos de la naturaleza. Esta relación es la misma que existe con la Idea del Bien y el
resto de ideas ya que, sin el sol no podríamos conocer los objetos que éste alumbra y de la misma forma, sin
la Idea del Bien no podríamos conocer el resto de ideas que participan de ella.
En conclusión, Platón dividía la realidad en dos mundos: el sensible y el inteligible. En el segundo habitaban
las ideas, accesibles por medio de la razón, organizadas jerárquicamente y culminadas por la idea del Bien.
Por todo esto, podemos afirmar que Platón era, sin duda, dualista ontológico.
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Dualismo Ontológico La ontología, como definición, es una rama de la metafísica que estudia lo que existe, no solo lo tangible sino también lo abstracto.Conocemos que Platón era dualista ontológico porque dividía aquello que existe en dos mundos:el sensible y el inteligible. El mundo inteligible era el lugar donde habitaban las ideas y al que se accede por medio de la razón, en cambio, por los sentidos sólo podemos acceder al mundo sensible, el cual, aunque existe, no nos proporciona verdadero conocimiento ya que es un mundo cambiante. A esta conclusión llega por influencia de Heráclito pues él, antes que Platón, ya había establecido que era imposible conocer aquello que estaba en constante cambio; él decía que nunca te podías bañar dos veces en el mismo río porque el agua fluía y cambiaba. Este mundo, el sensible, fue creado por el Demiurgo o Dios artesano, como copia del mundo inteligible. Por otra parte, sabemos que el mundo inteligible es aquel donde habitan las ideas pero, ¿qué es una idea? Para Platón una idea no es una representación mental de algo concreto sino que es la esencia o determinación que hacen a las cosas ser lo que son, son verdades absolutas que se pueden conocer. La Idea para Platón ha de cumplir una serie de características para que esta sea determinada como tal; la idea tiene que ser eterna, inmutable, inteligible y universal. Estas características Platón las coge de las características del ser de Parménides: “lo que es, es y lo que no es, no es”. Por esto este filósofo, al igual que Heráclito, es una influencia directa de Platón. Platón explica que son los objetos sensibles los que surgen de la idea y no al revés. La relación que el filósofo establece entre la Idea y el objeto sensible lo llama participación o imitación ya que los objetos sensibles participan de la Idea: es la esencia de esta lo que hace a los objetos ser lo que son. Por ejemplo: la idea de la belleza se puede aplicar a cualquier objeto que sea bello, es decir, que participe de la idea de la belleza, sea cual sea su color, tamaño, raza, edad, etc. Además, es también necesario aclarar que para Platón no todas las ideas tienen la misma importancia; este crea la jerarquía de las ideas dándole una relevancia distinta a cada una, en forma de pirámide: en la parte inferior encontraríamos las ideas sensibles, en un escalón superior las ideas matemáticas , seguidas por las estéticas, morales y políticas donde encontramos la idea de la justicia o de la belleza y en la cúspide encontraríamos la idea del Bien que es la mayor de las ideas. Pero, en realidad, ¿qué es la idea del Bien? La idea del Bien es la idea más compleja de todas y solo puede acceder a ella el filósofo gobernante, para Platón, la persona más sabia de la sociedad. La idea del Bien cumple la función ontológica, es decir, es la causa final y la causa del origen del mundo y también de la unidad de todas las ideas. Esto quiere decir que el resto de ideas, jerárquicamente hablando inferiores a la Idea del Bien, participan en ella y por eso pueden existir y son positivas. La idea del Bien también cumple la función epistemológica porque gracias a que, por ella el resto de ideas pueden existir, también son accesibles al conocimiento. Esta idea también cumple una función ética y política ya que al conocerla el filósofo puede gobernar de forma correcta. Dada la complejidad de esta idea, Platón la representa mediante un mito: El mito de la caverna. En él explica la vida de unos hombres que viven encadenados en una cueva y que solo ven sombras, un día uno de ellos sale al exterior y comienza a conocer lo que allí hay: primero está cegado por el sol pero luego, este es el que le permite ver los objetos de la naturaleza. Esta relación es la misma que existe con la Idea del Bien y el resto de ideas ya que, sin el sol no podríamos conocer los objetos que éste alumbra y de la misma forma, sin la Idea del Bien no podríamos conocer el resto de ideas que participan de ella. En conclusión, Platón dividía la realidad en dos mundos: el sensible y el inteligible. En el segundo habitaban las ideas, accesibles por medio de la razón, organizadas jerárquicamente y culminadas por la idea del Bien. Por todo esto, podemos afirmar que Platón era, sin duda, dualista ontológico.

Dualismo Epistemológico Sabemos que aquello que percibimos por los sentidos existe pero, ¿lo conocemos? Según Platón, la respuesta es no. La epistemología es la ciencia que estudia lo que podemos conocer, algo que, sin duda, interesaba mucho a Platón. Tema por el cual discutía, junto con Sócrates, contra los sofistas ya que estos segundos eran relativistas, es decir, para ellos los valores morales son fruto de una convención, un pacto decisorio entre hombres. En cambio Platón y Sócrates eran universalistas, para ellos existían verdades universales que podíamos conocer mediante la mayéutica, método propuesto por Sócrates, que nos permitía extraerlas de nuestro interior. Defendían que el bien o la justicia tenían valor por sí mismos y no dependía, su significado, de la voluntad humana. De los valores morales, por tanto, se deriva objetivamente una definición universal. Estas definiciones universales eran lo que Platón denominaba Ideas, las cuales no eran una representación mental de algo concreto sino que eran la esencia o determinación que hacen a las cosas ser lo que son, es decir, son verdades absolutas que se pueden conocer. La Idea para Platón ha de cumplir una serie de características para que ésta sea determinada como tal; tiene que ser eterna, inmutable, inteligible y universal. Además, la relación que el filósofo establece entre la propia Idea y el objeto (el cual habita en el mundo sensible) lo llama participación o imitación ya que los objetos sensibles participan de la Idea: es la esencia de esta lo que hace a los objetos ser lo que son. Decimos que Platón es dualista epistemológico porque, igual que dividía aquello que existía en dos mundos, también diferencia entre dos tipos de conocimiento: el falso conocimiento (opinión) y el verdadero conocimiento (o episteme). La división de estos dos tipos de conocimiento se ve reflejada en el símil de la línea de este autor: Platón diferencia el mundo inteligible, donde habitan las ideas, y donde sí podemos adquirir verdadero conocimiento (únicamente por medio de la razón) y el sensible, sobre el que solo podemos tener opinión; al ver una cosa en el mundo sensible somos capaces de reconocer la idea que imita y esto se debe a que el alma racional, cuando no estaba unida aún al cuerpo del hombre, habitaba en el mundo inteligible donde contemplaba las ideas y al encontrarse con el cuerpo las olvida. A pesar de haberlas olvidado, puede recordarlas, como ya he dicho, al ver un objeto que la imita, esta es la llamada teoría de la reminiscencia de Platón. Volviendo al símil de la línea: dentro de la opinión, el grado más bajo de conocimiento es la eikasia o conjetura que adquirimos al captar el reflejo o la sombra de un objeto sensible (cuando te ves en el espejo no eres tú sino tu reflejo y eso que captamos en el espejo es la conjetura o imaginación). El siguiente grado sería la creencia (pístis) que tenemos sobre los objetos sensibles al captarlos por medio de los sentidos; en este último grado de falso conocimiento se encuentra la física, que es una vía epistemológica que no nos proporciona verdadero conocimiento, ya que esta nos facilita información sobre los fenómenos que se dan en el mundo sensible. El siguiente grado de conocimiento entra ya dentro del mundo inteligible donde sí es posible el verdadero conocimiento, este primer grado de verdadero conocimiento es la dianoia o pensamiento discursivo, aquí encontramos las matemáticas como vía epistemológica que nos proporciona este grado de conocimiento y nos prepara para el siguiente y el de mayor grado: la noesis , filosofía, o dialéctica. En este grado podemos conocer las ideas. El máximo conocimiento que se puede alcanzar sobre las ideas sería llegar a conocer la Idea del Bien. Esta idea solo puede ser conocida por el filósofo gobernante, la persona con mayor grado de abstracción del conocimiento, y la cual es la única que debe gobernar en la teoría del Estado Justo de Platón. En conclusión, Platón presta mucha atención a aquello que podemos o no conocer; divide el conocimiento en verdadero conocimiento y falso conocimiento. A causa de esta separación del conocimiento en dos, podemos afirmar que Platón era, sin duda, dualista epistemológico.