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Asignatura: Diferències humanes i diversitat, Profesor: , Carrera: Psicologia, Universidad: UOC
Tipo: Resúmenes
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Resumen de “Diferencias Humanas y diversidad http://gemma.atipic.net .
El objeto de la antropología social y cultural es el estudio de la cultura y el análisis de la diversidad cultural buscando sus fundamentos. La idea de los otros surge como una categoría para identificar lo remoto y extraño, para distinguir, diferenciar y separar lo que se considera ajeno a los propios grupos sociales a los que se pertenece, recurso para construir la propia identidad. El contacto entre culturas supone relaciones de poder e interacciones.
La conciencia de la existencia de diferentes maneras de adaptarse, organizarse y entender el mundo que nos rodea. Este es el origen de la antropología social y cultural a mediados del siglo XIX que se dedica al estudio comparativo de las sociedades.
En su origen, cultura hacía referencia a la labranza o al cultivo de la tierra, posteriormente cultivo del espíritu humano. En el siglo XVIII empezará a utilizarse como sinónimo de civilización. la cultura es todo lo que una persona comparte con el resto de los seres humanos, privilegiando lo humano en su totalidad y universalidad. Esto suponía la existencia de una unidad psíquica de la humanidad. La cultura-civilización explicaba las variaciones evidentes en el tiempo y en el espacio como si fueran diferentes etapas de un mismo y único proceso. La cultura de un grupo significaba simplemente etapa o grado cultural , que ayudaba a justificar el carácter, a menudo explotador, de las relaciones entre personas con diferentes tradiciones culturales y que ocupaban distintas posiciones de poder. Por otro lado, el concepto alemán de kultur o cultura se utilizó para hablar por primera vez de culturas en plural, considerándolas especificidades concretas y peculiares de grupos o formaciones sociales determinadas geográfica e históricamente. El concepto de civilización atenúa hasta cierto punto las diferencias nacionales entre los pueblos y acentúa lo que es común a todos los seres humanos o debiera serlo desde el punto de vista de quienes hacen uso del concepto. El concepto alemán de cultura pone especialmente de manifiesto las diferencias nacionales y las peculiaridades de los grupos.
ºLa diversidad cultural constituye el objeto fundamental de análisis de la antropología, se trata de conjugar la idea de cultura como algo distintivo de los seres humanos con la diversidad de su manifestación encontrada a lo largo del tiempo y del espacio.
1.2.1 Universalismo frente a particularismo. El universalismo se solía limitar a la expresión y extensión de unos determinados valores occidentales, representativos de una determinada particularidad cultural, a los que se les otorgaba carta de "naturaleza" universal, y se olvidaba de que la condición humana compartida siempre se manifestaba de forma diferente y que es precisamente por medio de las concreciones específicas como se puede alcanzar lo universal. El particularismo se asocia a Johann Gottffried von Herder (1744-1803) defendía la especificidad de los diferentes grupos de seres humanos con lenguajes, maneras de pensamiento o sistemas de comunicación distintos, dado que cada manera de expresarse únicamente tiene significado en sus propios términos. Insistía en que la naturaleza humana no es uniforme, sino diversificada. Desde el particularismo, las culturas están constituidas por grupos sociales discretos y limitados, diferentes y separados unos de otros. La humanidad es así una categoría fragmentada más que algo universal. Durante gran parte del siglo XIX la Ilustración pretendió acabar con las costumbres y tradiciones diferentes en nombre de la razón y del progreso. Poseedores de la verdad con una base científica, pensaban que el hecho de enfrentarse al mundo racionalmente liberaba a las personas del dominio irracional de las culturas particularistas. Su proyecto consistía en el reino universal de la razón. Según el universalismo , las "otras culturas", ajenas al pensamiento ilustrado, eran ejemplos de formas antiguas, atrasadas, salvajes y primitivas. El particularismo defendía el estudio minucioso de las características de las culturas concretas dividiendo el mundo en áreas culturales distintivas. Todos los seres humanos comparten una serie de
Resumen de “Diferencias Humanas y diversidad http://gemma.atipic.net . características que son universales y les distinguen de las otras especies animales, en este sentido, se puede decir que la cultura es un fenómeno universal. El contenido y la manera de articular todo lo anterior es variable y produce conjuntos discretos particulares de grupos humanos. Este particularismo constituye la base sobre la cual se puede construir y elaborar el universalismo ; es decir, las concreciones específicas de la cultura se pueden considerar variaciones de un mismo tema.
1.2.2 Comparación frente a irreductibilidad La comparación consiste en el análisis del grado de diferencias y semejanzas entre distintas culturas. La antropología estudia culturas específicas al mismo tiempo que las compara. La idea de irreductibilidad supone la incapacidad de encontrar cosas en común entre personas portadoras de culturas diferentes se puede transformar en un sentimiento de incompatibilidad, en la imposibilidad de la comunicación, la separación total y el conflicto inevitable. La comparación parte de un punto de vista concreto que selecciona y determina una serie de criterios sobre los cuales hacerla, e implica juicios de valor. El relativismo exacerbado defiende la imposibilidad de comparar ya que cada cultura es compacta, autónoma y está aislada y nadie ajeno puede valorar ni tan siquiera conocer. Las diferencias son algo construido en un determinado momento por algún grupo social específico de acuerdo con unos intereses concretos. Las semejanzas y las diferencias siempre son relativas e interdependientes.
1.2.3 Relativismo cultural y etnocentrismo El relativismo cultural ha dominado la primera parte del siglo XX. E implica que cada sociedad o cultura posee unos criterios propios e intransferibles a la hora de comprender y explicar la realidad. Es decir, tiene una moralidad, unos valores y unas creencias que van acompañados de cierta lógica y racionalidad ajenas a quien no comparte esa misma cultura. El relativismo es necesario para conocer y contextualizar las diferentes culturas a pesar del riesgo de caer en un relativismo ético absoluto que imposibilite tanto las generalizaciones teóricas como la mera posibilidad de comunicación y conocimiento. Aporta una actitud crítica respecto al etnocentrismo presente en cada sociedad, puesto que constata la existencia de diferentes maneras de explicar y entender todo lo que nos rodea y la manera de organizarnos socialmente. El etnocentrismo, consiste en la tendencia a interpretar el mundo y otras culturas y sociedades desde el único punto de vista del observador. Habitualmente, se asocia a ideas de superioridad, pudiendo generar intolerancia. Reconocer las diferencias no equivale a establecer jerarquías ni a justificar desigualdades. El etnocentrismo es, en cierta medida, una consecuencia inevitable de cualquier proceso de socialización que inculca unos determinados parámetros y maneras de interpretar el mundo.
El contacto entre grupos humanos y la convivencia de grupos(comerciando, viajando, mezclándonos y guerreando) diferenciados en un mismo espacio es tan antiguo como la existencia de la humanidad. Las culturas nunca han estado aisladas. Muchas de las características que se consideran propias son, en realidad, el producto de diferentes contactos, influencias, mezclas y adaptaciones. "los otros" siempre han estado presentes en la vida de cada pueblo. Las primeras escuelas antropológicas (europa de mediados del siglo XIX) estaban directamente relacionadas con los proyectos imperialistas: el conocimiento del otro era un instrumento clave para el poder.
Los primeros que, de un modo sistemático, recopilaron distintas formas de adaptarse y vivir en el mundo fueron geógrafos como el griego Heródoto (484-425 a.C.) o el romano Estrabón (64 a.C.-23 d.c.). Otras relaciones de mundos desconocidos vinieron de la pluma de viajeros tales como Marco Polo (1254-1323). La curiosidad por las costumbres de pueblos ajenos empezó a alimentar el interés europeo y se financiaron viajes marítimos de exploración. Durante esta época, los distintos pueblos y culturas eran tratados como un reflejo invertido de los europeos, más que como entidades en sí mismas con su propia historia. El interés por el otro quedaba limitado a los libros de viaje y a la filosofía social.
La antropología social y cultural cristaliza como disciplina académica durante la segunda mitad del siglo XIX. La antropología como ciencia está estrechamente asociada a la modernidad eurocéntrica.
Resumen de “Diferencias Humanas y diversidad http://gemma.atipic.net . La historia de las relaciones entre los países ricos occidentales y el resto del mundo, se va a producir un intento de introducir la variable del poder. Las diferencias culturales surgen como una consecuencia de la expansión del capitalismo a escala mundial y producen una nueva jerarquía en torno a la idea de desarrollo. Quien posee un mayor poder se califica a sí mismo de desarrollado , de la misma manera que antes se autodenominaba civilizado.
La interculturalidad , por definición, es contacto, relación entre culturas. A lo largo de la historialas, las relaciones también se han basado en la comunicación, el intercambio, ya sea comercial, de ideas o de personas. Las culturas son flexibles, fluidas, mutables, cambiantes: no esencias eternas, idénticas a sí mismas desde tiempos inmemoriales. La instauración relativamente reciente de los estados-nación se ha basado en la eliminación y la exclusión de las diferencias culturales tradicionales en su interior, la uniformización y la imposición de una serie de ideas consideradas universales o, por lo menos, de carácter nacional. Tomando como punto de partida las aportaciones de la Ilustración, el estado-nación se va a instalar de manera definitiva después de la Revolución Industrial dentro del marco del pensamiento liberal y de su defensa de la libertad e igualdad de todas las personas. Pero no siempre, ni necesariamente, se ha considerado que el contacto, la convivencia y el conocimiento de lo que es ajeno sea malo, peligroso, imposible o causa de conflictos. Hay muchas alternativas.
La comparación con personas de otras tradiciones culturales solía reafirmar las maneras de hacer y pensar propias, los otros se convertían, a veces, en un instrumento para criticar a la propia sociedad. A veces, se han utilizado otras culturas como una figura retórica para criticar la propia. el hecho de situarse afuera, puede ayudar a descubrir que los convencionalismos, aquello que se considera natural, las asunciones y presupuestos tácitos de cada cultura son, en realidad, el resultado de un largo proceso de construcción de acuerdo con unos determinados intereses y contextos. El exotismo consiste en la plasmación de la valoración positiva de los otros, de las culturas ajenas al observador. El exotismo aparece cuando se prefiere sistemáticamente lo que procede de lugares extraños frente a lo propio, aunque responde más a una crítica de uno mismo que a una descripción de la realidad.
El contacto directo y continuado entre grupos sociales que tienen culturas diferentes puede dar lugar a la aculturación, entendiendo como tal los cambios producidos en la cultura original de un grupo o de ambos. Es un proceso de cambio bidireccional, a menudo se le identifica con las modificaciones que experimenta una cultura por la imposición de elementos y esquemas valorativos de otra a la que está sometida. Si para los difusionistas el contacto entre culturas era el medio para la expansión de atributos culturales de una cultura a otra, para los funcionalistas ese mismo contacto y la interacción se consideraba el origen de la desintegración cultural. La idea esencialista de cultura postula la tolerancia entre culturas separadas y autónomas que se consideran en peligro de desaparición si se interrelacionan. El contacto, el intercambio, afecta continuamente a quienes participan en él. Todas las culturas se encuentran en cambio continuo: se pierden rasgos específicos y se crean otros nuevos, tanto endógenamente como por efecto de los contactos con el exterior. La aculturación es un proceso permanente y global. El cambio, la adaptación y el aprendizaje constituyen la esencia de los seres humanos y de las culturas que crean. Tradicionalmente, se ha asociado aculturación a la imposición de una cultura sobre otra, a la asimilación de la segunda hasta que llega a formar con la primera un todo indiferenciado y homogéneo. Esta forma de eliminar las diferencias en el interior de una sociedad pluricultural tiene su expresión más radical en el etnocidio , la limpieza étnica y el genocidio.
La asimilación o pérdida de identidad cultural de un grupo o de una persona se produce cuando adopta completamente los valores, las creencias y prácticas de otra cultura. Implica necesariamente la existencia de una cultura dominante, la cual elimina las diferencias que presentan unas personas que pertenecen a otras culturas cuando, en un determinado momento, entran en contacto. Es el proceso idealizado de quien se considera superior. Desde su punto de vista, le resulta difícil comprender que aquellos a quienes considera inferiores no deseen abandonar su posición de inferioridad junto a todo lo que les impide parecerse a quien les asimila.
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El conflicto forma parte de la vida social. El tipo de conflicto más extremo es la guerra , y más aún si acaba en genocidio, es decir, en la destrucción física del otro, y suele obedecer a otros factores no específicamente culturales. Las culturas, en su interior, no están exentas de conflicto, sino que éste forma parte de su desarrollo. La negociación entre las partes enfrentadas es un recurso disponible, utilizado a menudo, que trata de limitar las imposiciones unilaterales. La negociación, por ejemplo, está directamente relacionada con la construcción de identidades y de la etnicidad, como Barth demostró.
La relación intercultural se puede entender como los procesos de relación entre culturas o, como la formulación de diferentes paradigmas que se han sucedido a lo largo del tiempo. la interculturalidad constituye el nuevo paradigma de la pluralidad cultural que está más próximo al diálogo y a la negociación, frente a planteamientos anteriores de la homogeneidad o del multiculturalismo (que supone diversidad cultural con contacto limitado entre grupos). A lo largo de la historia, los grupos dominantes de los nuevos estados han utilizado la estrategia de reducir la diversidad interior y promover la homogeneidad cultural mediante el control de la escuela y los medios de comunicación, la imposición de una lengua determinada, unos símbolos y rituales, la delimitación de unas fronteras y la reconstrucción y la invención de la historia y de las tradiciones. La discriminación, marginación y exclusión de determinadas personas por el hecho de poseer alguna característica distintiva que les diferencia de quienes detentan el poder ha sido y es una práctica habitual. La evolución de los equilibrios de poder ha producido varios paradigmas que analizaremos a continuación.
Desde una perspectiva tradicional, se consideraba que el contacto directo y continuado entre personas de diferentes culturas produce de manera inevitable la asimilación a la cultura mayoritaria y/o hegemónica de quienes se encuentran en una posición subordinada o con menos poder. La aculturación se equiparaba a un proceso de homogeneización o asimilación. Las instituciones del Estado desarrollaron todo tipo de medidas homogeneizadoras con el fin de eliminar las diferencias internas. El modelo asimilacionista o de homogeneización defiende la monoculturalidad. se suele considerar un proceso unidireccional y unívoco de absorción. Es un modo de uniformización cultural, visión idealizada que apenas se corresponde con los hechos observados. La homogeneización y la asimilación nunca son absolutas, sino parciales. Los grupos minoritarios también influyen en el mayoritario y pueden desarrollar estrategias y mecanismos de resistencia ante el cambio y evitar su desaparición. O bien, el grupo mayoritario se esfuerza en impedir la absorción de los subordinados mediante prácticas discriminatorias y excluyentes. Los presupuestos que se encuentran en la base del modelo asimilacionista o de la homogeneización son, según C. Jiménez:
− Homogeneidad como punto de partida. − La sociedad homogénea como meta. − Unilateralidad en el proceso de cambio. − Integración cultural como integración global. − Desaparición de prejuicios y discriminaciones tras la asimilación efectiva. − Naturalidad e inevitabilidad del proceso de asimilación.
El modelo de la homogeneización que pretende la modificación de los inmigrantes y de otros grupos minoritarios y su aceptación de los valores de la sociedad receptora o mayoritaria, considerados superiores e inmutables, ha entrado en crisis. Sin embargo, todavía continúan presentes muchos de sus presupuestos, y determinadas prácticas y políticas se pueden considerar homogeneizadoras o asimilacionistas de manera encubierta. Suele ir asociada a la idea de discontinuidad cultural. En ocasiones, para preservar la supuesta homogeneidad cultural de un país se recurre a expulsiones, genocidios o bien a segregaciones de todos aquellos que poseen características culturales diferentes.
El pluralismo defiende la existencia de la diversidad como algo bueno y deseable en la medida en que todos los grupos contribuyen y participan en la sociedad.
Resumen de “Diferencias Humanas y diversidad http://gemma.atipic.net . comprensión de los otros, sin imponer nuestros valores ni identificarnos necesariamente con los suyos. La interculturalidad interpreta la relación entre culturas poniendo el énfasis en el intercambio, la coexistencia y la convivencia, sin excluir el conflicto. Las culturas no son entes aislados, puros ni homogéneos. No se pueden jerarquizar en un continuum que iría, según el criterio utilizado, de lo primitivo a lo civilizado. La aportación de la interculturalidad al tratamiento antropológico tradicional de la diversidad cultural es la reivindicación del reconocimiento, la dignidad y la voz de quienes antes eran silenciados por las culturas mayoritarias, dominantes y hegemónicas. La sociedad es plural y las relaciones entre los grupos deberían responder a la negociación continua, al consenso siempre elaborado ante unas condiciones y circunstancias cambiantes. El conocimiento de otras formas de pensar y de hacer es imprescindible para comprender nuestras propias limitaciones y disponer de alternativas para enfrentarse a nuevos retos. La interculturalidad debe basarse en el contacto y en el descubrimiento de nuevas bases y fundamentos de culturas diferentes a partir de un horizonte común, rechaza los exclusivismos, homogeneizaciones, separatismos, esencialismos y reificaciones. En cambio, apuesta por la comunicación y el intercambio de ideas y experiencias. La interculturalidad es, en definitiva, la institucionalización de la convivencia sobre una base que excluye la imposición y el poder. Conlleva una actitud abierta a las culturas y una actitud negociadora.
Las diferencias culturales son manipuladas por algunos sectores sociales como justificación de la marginación, ocultando y enmascarando los factores económicos y políticos que subyacen. El reciente desarrollo de lo que podríamos denominar fundamentalismo cultural consiste en la sustitución de la categoría raza por la de cultura. La tesis culturalista se ha introducido en todos los ámbitos de las ciencias sociales con el resultado de un reduccionismo cultural que va en aumento. En la actualidad, todo se puede explicar por la cultura. Yla aportación de esta nueva argumentación culturalista se superpone al racismo cuando afirma que las diferentes culturas deberían mantenerse separadas por su propio bien."
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Una constante en Pierre Clastres es su interés por el análisis de las sociedades primitivas desde el punto de vista de las relaciones de poder. El poder (aspecto político) es anterior al trabajo (aspecto económico) y, por consiguiente, el hecho económico es una consecuencia del hecho político. Planteó un rechazo absoluto hacia la forma de poder centralizado. Sus interpretaciones de la guerra en las sociedades primitivas le llevaron a afirmar que la función de ésta consiste en impedir el nacimiento de una forma de poder centralizado.
El proceso de Nuremberg (1946) significó el reconocimiento, en el campo legal, de un tipo de criminalidad que hasta entonces no era conocido: el genocidio , que nos remite a la idea de raza y a la voluntad de exterminación de una minoría racial. Con anterioridad a esta fecha podemos encontrar ejemplos de genocidio en el descubrimiento y posterior colonización de América, en el momento de la expansión colonial del s. XIX o, en la actualidad, en Brasil, Colombia, Paraguay, otros pueblos americanos e, incluso, Europa (caso de la antigua Yugoslavia). El término etnocidio apareció más tarde y fue sugerida por Jean Malaurie en 1968. Comparte con el genocidio una misma visión del otro: el otro es la diferencia mala, pero no hace falta exterminarlo (eliminarlo físicamente), sino transformarlo (convertirlo en idéntico a nosotros). Es decir, el etnocidio no tiene como objetivo la destrucción de la vida, sino de la cultura. Los ejemplos de etnocidio son constantes a lo largo de la historia de nuestra civilización. En la Declaración de San José sobre Etnocidio y Etnodesarrollo se enfatizó un nuevo concepto, el de etnodesarrollo , concebido precisamente para contrarrestar el etnocidio por medio de la planificación y aplicación de políticas tendentes a garantizar a estos grupos el libre ejercicio de su propia cultura.
Según Clastres, la práctica etnocidiaria se basa en:
El etnocentrismo es una característica inherente a todas las culturas. No es una exclusividad de las sociedades civilizadas el calificar de bárbaros (como signo de inferioridad mental y cultural) a las demás sociedades. Se trata de un intento de negar al otro el mismo grado de humanidad que yo poseo. Las características inherentes al etnocentrismo pueden ser un punto de partida propicio para la práctica etnocidiaria. Desde el momento en que consideramos nuestra propia cultura como representativa por excelencia de aquello que es humano, se nos estructura una misión clara: compartir y hacer extensiva nuestra humanidad con los otros.
Para Clastres el etnocentrismo se convierte en el punto de partida del etnocidio. No obstante, si bien es cierto que toda cultura es etnocéntrica, también lo es que no todas las culturas son etnocidiarias, sólo la cultura occidental practica el etnocidio sistemáticamente. Desde el punto de vista de Clastres, las formaciones estatales se caracterizan por la instauración de unas fuerzas, que él denomina centrípetas , que tienden a la unificación y, por tanto, a anular la diversidad presente en el cuerpo social. El poder en las sociedades con estado se fundamenta en la reducción de la alteridad y en el gusto por lo idéntico. Clastres nos quiere transmitir un mensaje muy concreto: las sociedades estatales son, sin distinción alguna, sociedades etnocidiarias (toda organización estatal es etnocida, el etnocidio es el modo normal de existencia del estado) Según Clastres, si bien la práctica etnocidiaria está –como ya hemos repetido– presente en toda formación estatal, adquiere su máxima expresión en la sociedad occidental. Todos los estados practican un "etnocidio hacia dentro", pero sólo el estado de las sociedades civilizadas de occidente practica el "etnocidio hacia fuera", el que se da entre diferentes culturas/estados. Cabe diferenciar entre los estados bárbaros y los estados civilizados. En los primeros, la capacidad etnocida no tiene límites, en los segundos, cesa cuando la fuerza del Estado no corre peligro. La única opción que Clastres deja a las sociedades no occidentales es ceder o desaparecer, es decir: el etnocidio o el genocidio.
Resumen de “Diferencias Humanas y diversidad http://gemma.atipic.net . fundamentaba en la afirmación de que todas las culturas deben pasar por el mismo camino, por las mismas etapas, para culminar su andadura hasta los grados de civilización alcanzados en el siglo XIX. Los antropólogos utilizaron a los primitivos contemporáneos para explicar las sociedades antiguas, para establecer los orígenes de la civilización y de su desarrollo ( darwinismo ), criticado por el propio Lévi- Strauss.
Los primeros antropólogos (de la escuela evolucionista ) establecían unos periodos evolutivos que, en función de su medio de subsistencia, del tipo de estructura familiar y de los medios tecnológicos de que disponían las diferentes sociedades, clasificaban la humanidad en los estadios de salvajismo, barbarie y civilización. La idea de progreso es para Lévi-Strauss un hecho observable empíricamente. Así afirma que:
Para Lévi-Strauss, una cultura se desarrolla gracias a los intercambios con otras culturas. La existencia de una historia acumulativa no depende de las características internas de las diferentes culturas, sino de que un grupo de culturas combinen, voluntaria o involuntariamente, una serie de rasgos culturales. La coalición entre las culturas es lo que permite construir series acumulativas y posibilita la aparición de la civilización. Cuanto mayor sea el número de culturas que participen en una coalición y el grado de diversidad cultural entre ellas, mayor será la posibilidad de "totalizar este complejo de invenciones de todo orden que nosotros llamamos civilización",es decir, la acumulación cultural es fruto de un grupo de sociedades que, en una época determinada, son capaces de llegar a una síntesis original, a sumar contribuciones para llegar a una nueva situación fruto de ese juego común.
La coalición de culturas (diferentes en mayor o menor grado) pueden verse abocadas a un proceso uniformizador. Lévi-Strauss nos propone tres soluciones:
Resumen de “Diferencias Humanas y diversidad http://gemma.atipic.net . En ambos casos, Lévi-Strauss nos remarca que se trata de una estrategia consistente en alargar la coalición, y estas soluciones son transitorias y, en última instancia, nos devuelven a la situación que pretendían evitar: la homogeneización. La paradoja lévi-straussiana consiste en estos dos procesos enfrentados: por un lado, un "particularismo ciego" y, por otro, un "universalismo destructor". La solución que nos plantea Lévi-Strauss consiste en no perder de vista ambos términos, en buscar un equilibrio entre ellos. Este equilibrio podemos conseguirlo mediante la práctica de la tolerancia. Por tanto, la civilización mundial debe ser una coalición de culturas en la que cada una de ellas preserve su originalidad. El sistema global debe construirse a partir de los aspectos culturales comunes y no exclusivamente de los propios de una cultura.
En "Raza y cultura", Lévi-Strauss nos plantea un análisis sobre las diferencias que separan y oponen a las culturas, planteando el hecho de que la raza está en función de la cultura, y no al revés.
“El término raza, o cualquier otro término con el cual se quisiera sustituirlo, designaría por tanto una población o un conjunto de poblaciones diferentes unas de otras por la mayor o menor frecuencia de ciertos genes." Para Lévi-Strauss, el concepto de raza no tiene ningún fundamento científico. Todavía perdura en nuestra época la falacia moral asociada al término raza y que confiere sentido a la ideología racista; nos referimos a la existencia de un componente biológico que no determinará únicamente el aspecto físico, sino también unas específicas cualidades mentales. Uno de los padres del racismo , J.A. de Gobineau, postulaba precisamente la idea de raza como explicación de la diversidad cultural. Desde este punto de vista, la cultura era únicamente un don atribuible a una determinada raza. Lévi-Strauss profundiza en su reflexión acerca de la relación entre cultura y biología, buscando una serie de analogías que, interpretadas a la luz de los datos proporcionados por la genética de las poblaciones, le conducirán a invertir la relación entre raza y cultura. Por así decirlo, el concepto de raza ha fracasado en su intento de explicar la cultura y su diversidad. Ahora se trata de analizar la posibilidad de que sea la diversidad cultural la que incida en la selección natural_._
” son las formas de cultura que adoptan los hombres en todas partes, sus maneras de vivir, tal como prevalecieron en el pasado o lo siguen haciendo en el presente, las que determinan, en una muy amplia medida, el ritmo y la orientación de su evolución biológica." En definitiva, el mensaje de Lévi-Strauss es que el material genético se combina culturalmente.
Según el antropólogo francés, nada impide que coexistan las culturas diferentes. La coexistencia constituye la premisa básica de la evolución cultural, no hay ninguna cultura que se haya desarrollado con independencia de las demás. Esta coexistencia cultural puede adoptar dos formas:
“todas las civilizaciones reconocen, una tras otra, la superioridad de una entre ellas, que es la civilización occidental.” Lévi-Strauss enfatiza la importancia de los aspectos económicos, al igual que Pierre Clastres, como punto de partida de la construcción de la mundialización. La forma de producción capitalista es definida por Maurice Godelier (1991) –otro antropólogo francés– en función de las siguientes características:
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Hasta la década de los sesenta, en el siglo pasado, no encontramos las primeras formulaciones de etnicidad. Estamos ante un término con una carga de ambigüedad importante. Sin embargo, desde la aportación del antropólogo Fredrik Barth y su escuela, lo étnico aparece definido concienzudamente como una forma de organización social que permite fijar diferencias culturales alrededor de una frontera entendida como espacio tanto de interacción como de división. Con esta perspectiva, las culturas ya no pueden tomarse como entidades dadas, sino como resultado, en su génesis y consolidación, de la interacción entre grupos étnicos, los cuales tienen como particularidad que la adscripción de sus miembros (su identidad) viene definida –todavía de una forma un poco ambigua– por su origen e historia.
El concepto de etnicidad tuvo que desprenderse de dos tipos de lastres semánticos. Por un lado, estaban –y se mantienen todavía con notable vigor– los usos del término en el lenguaje cotidiano, conformando lo que Bourdieu llamaría el conocimiento de sentido común. Por otro lado, en el mismo seno de la antropología, en particular, y de las ciencias sociales en general, se ha confundido etnicidad , en primer lugar, con raza y, en segundo lugar, sobre todo después de 1945, con cultura.
La raíz griega ethnos habitualmente es traducida por el a primera vista aséptico término pueblo. Si tomamos muestras de diferentes épocas, el adjetivo étnico ha servido para calificar al otro o, en algún caso, al nosotros del cual procedemos, pero que ya no somos. A partir de la influencia del Romanticismo y de la escuela folklorista en etnología, lo étnico se asocia con los orígenes, la tradición y el folklore y ello, en una sociedad moderna, se reviste de una aureola positiva, que da pie a la nostalgia.
Otros de los usos corrientes del término etnicidad en nuestras sociedades occidentales lo aproximan a otros dos términos habituales: por un lado, raza y, por otro, cultura. En los orígenes de la antropología como ciencia, la visión genealógico-racial fue dominante, de manera que el uso implícito o explícito del término etnicidad es subsidiario del concepto de raza. En los escritos de los miembros de las primeras sociedades antropológicas, a mediados del siglo XIX, ambos conceptos aparecen de forma indistinta ( raza y civilización o cultura ) Ya en la década de los años cincuenta, y bajo los auspicios de la Unesco, la comunidad internacional de científicos sociales debatió esa misma cuestión y se establecieron diferentes posiciones:
Stolcke señala que una estrategia políticamente correcta –avant-la-lettre– como la promovida por la Unesco habría tenido estos efectos no deseados:
La irrupción, a finales de los años sesenta, de la escuela de Barth en el panorama antropológico constituye un hito destacado en la concepción de la diversidad cultural desde una nueva óptica. De entrada, un nuevo concepto emerge con fuerza, etnicidad , y un nuevo campo se abre camino: el de los estudios sobre etnicidad. El concepto de cultura, hasta entonces central en antropología, cede parte de su cetro a un concepto más sociológico –o quizá más psicosocial– el de grupos étnicos , entendido como tipos de organización social.
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La propia tradición de las etnografías de grupos no occidentales, tan central en la historia de la antropología, se asentó en el presupuesto según el cual las culturas podían ser entendidas como unidades estables y distintas unas de otras, y los grupos étnicos como simples portadores de dichas culturas. En cambio, para Barth y sus colaboradores, son los grupos étnicos, así como las fronteras que los separan y su constitución misma, los que devienen problemáticos. Ya no es la diferencia entre culturas y, por tanto, el contenido cultural, lo que determina los límites entre los grupos. Por el contrario, en la interacción social entre grupos es donde hay que buscar la explicación de la génesis y persistencia de las diferencias culturales. Como consecuencia del giro epistemológico de la escuela de Barth, los grupos étnicos son tipos de organización social que implican fronteras basadas en la interacción social de quienes están a un lado y al otro, y que permiten mantener activas las diferencias culturales entre unos y otros, a pesar del contacto interétnico e incluso del tránsito de personas de unos grupos (o identidades) a otros.
Algunas de las constantes que van a caracterizar a las teorías de la etnicidad, de Barth son: definición intersubjetiva de la identidad étnica (autocategorización - categorización de los otros), dicotomía nosotros/otros ("la dicotomía entre miembros y extraños", en términos del propio Barth), enmarcamiento de aquellas categorizaciones dentro de procesos de interacción social más amplios, y recurso al mito del pasado (origen e historia) para distinguir la adscripción étnica (para Juliano podría ser por nacimiento o voluntaria, para Barth unicamente puede ser voluntaria ) de otros tipos de adscripción. Uno de los aspectos más criticados del planteamiento de Barth, especialmente desde un punto de vista conflictivista es la reducción de los fenómenos de etnicidad en Barth a relaciones de interacción complementarias o "funcionales" entre las partes. Esta escuela desarrolló el concepto de grupo étnico y lo desglosó en cuatro dimensiones:
El estudio de Eidheim sobre etnicidad "en una zona étnicamente mezclada" ilustra el interés por las áreas fronterizas que la antropología, ocupada en la descripción de tipos culturales puros, había descuidado largamente. Ahora, el problema central pasa a ser "cómo se conserva y articula la diversidad étnica desde un punto de vista social" en contextos con un alto grado de homogeneidad cultural entre unos grupos y otros. Eidheim intenta mostrar cómo las categorías étnicas proporcionan un fundamento sólido para la adscripción de estatus, es decir, como forma de distinción y segregación social. En el caso de la población lapona, curiosamente, se percibe la adscripción o identificación étnica como ilegítima, puesto que se llevan la peor parte en la distribución de estatus –ser lapón es un estigma en medio de la sociedad noruega–. Esto llega hasta el punto de que a menudo, y en presencia de población noruega, la persona de origen lapón esconde aquellos rasgos que pudieran expresar su identidad étnica. El antropólogo noruego introduce un nuevo concepto: el potencial organizacional de una identidad, definido como el conjunto de esferas donde esa identidad es vigente y su estatus correspondiente.
Durante mucho tiempo, la mayoría de los manuales de antropología han presentado la perspectiva primordialista como opuesta a la de Barth, catalogada como perspectiva situacionalista. Perspectiva situacionalista: enfoque puesto en la interacción social entre grupos, cuya identificación en términos étnicos se utiliza para definir la situación, centrada en las adhesiones primarias ( primordial
Resumen de “Diferencias Humanas y diversidad http://gemma.atipic.net . El planteamiento de Rex conduce a cierta paradoja. Por un lado, la etnicidad (entendida aquí como sentido de pertenencia derivado del hecho de compartir unos rasgos culturales, o bien la creencia en un antepasado común) tiene un ámbito de existencia propio y, en cierta manera, independiente de otros ámbitos. Por otro lado, en cambio, la manifestación efectiva de la etnicidad pasa necesariamente, según el modelo de Rex, por la formación previa de grupos de clases, de estatus o de prestigio. De este modo, la etnicidad, como fenómeno social, estaría subordinada a su existencia manifiesta a estos sistemas de división social. En general, para Rex la etnicidad resulta operativa –se recurre a ella como elemento de referencia– en función del contexto y, especialmente, de las relaciones de clase y estatus o de lo que él denomina, en general, la dimensión del conflicto político. Y es que la etnicidad está formada por categorías que dividen y jerarquizan a las personas en grupos desiguales, de manera que es particularmente adecuada a relaciones de desigualdad y conflicto. Wallerstein se ha preguntado por la causa que se encuentra en el origen de la noción de pueblo en el sistema histórico actual, a la cual denomina economía-mundo capitalista , y ha encontrado que sus tres variantes, raza , nación y grupo , implican todas ellas una interpretación del pasado (la primera en términos genéticos, la segunda sociopolíticos y la tercera en términos culturales) con efectos de legitimación. Por su parte, la antropóloga Verena Stolcke ha sostenido una tesis similar para el caso del racismo, que entiende como una forma de naturalización de las desigualdades de clase en la sociedad capitalista. Ahora bien, según esta autora no se trata directamente de una correspondencia entre un fenómeno ideológico y otro de estructura social, sino de un recurso ideológico utilizado para hacer frente al que sería otro elemento ideológico, lo que Stolcke denomina "la ilusión de la igualdad de oportunidades en la sociedad de clases". En síntesis, la aportación de algunos autores neomarxistas a la comprensión de la etnicidad consiste en subrayar la potencialidad enmascaradora de lo étnico, su capacidad legitimadora de las relaciones de dominación.
Una primera corriente instrumentalista surge a mediados de los años setenta en Estados Unidos, entre el situacionalismo, inspirado en Barth, y el primordialismo, supuestamente basado en Geertz, aunque la nueva perspectiva comparta elementos con ambas. Se trata de una perspectiva que aplica la teoría de la acción racional para explicar tanto la formación de los grupos étnicos (los individuos se adscriben a ellos en función de si les reportan beneficios o no) como las estrategias adoptadas por estos grupos, las cuales son analizadas según el modelo de la competencia por recursos escasos. Glazer y Moynihan son los pioneros de esta tendencia teórica. Caracterizaron a los diferentes grupos étnicos como competidores por los recursos económicos y políticos. Para Cohen, la etnicidad actuaría como un idioma que al "hablarse" favorecería la solidaridad de grupo, disimulando, en cierta medida, los intereses específicos por los que el grupo se moviliza. Frente a las teorías movilizacionistas basadas en el modelo de la competencia y en la teoría de la acción racional, nos encontramos con la teoría del etiquetaje social y la concepción conflictivista y dinámica de la etnicidad de Dolores Juliano, que destacan el carácter de la etnicidad como recurso para la movilización colectiva y comparten entre sí un modelo social basado en la imagen de lucha más que en la competición por recursos escasos. Según la teoría del etiquetaje social , aplicada principalmente a la desviación social, las personas y grupos objeto de estigmatización mantienen una posición activa en este mismo proceso. Becker sostuvo que no existe ningún tipo de comportamiento intrínseco desviado. Por el contrario, es el juego de relaciones de poder lo que acaba definiendo –provisionalmente– las reglas que establecen quién es desviado y quién no. Por su parte, la antropóloga Dolores Juliano, en su análisis de las políticas generadoras de identidad étnica, Juliano propone contemplar dos dimensiones relacionadas: −
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Mediante las políticas de identidad, los sectores dominantes desarrollan modelos de identificación positiva y negativa para sí y para los otros. Estos modelos son asumidos, rechazados o modificados por los sectores subalternos en una interacción dinámica, aunque con fuerzas desiguales, con los grupos dominantes. Es decir, hay que entender las políticas de identidad étnica como el resultado de la combinación de ambas dimensiones, de la pugna por imponer y por contestar modelos de identificación y agrupación étnica. “Las personas optan, pero lo hacen dentro de los marcos de opciones delineados previamente dentro de determinadas estrategias políticas.”
Resumen de “Diferencias Humanas y diversidad http://gemma.atipic.net . Foucault considera que lo específico del racismo moderno no es su cualidad de ideología o de estar integrado en la mentalidad general, sino su condición de técnica de poder. Distingue entre el discurso de la guerra de las razas , que aparece en el siglo xvii en Inglaterra y al siguiente en Francia, y el racismo de Estado , como modalidad de poder empleada por los estados modernos a partir del siglo XIX. El primer tipo de discurso corresponde a un momento en el cual la nobleza reacciona frente a la progresiva pérdida de poder en manos de la monarquía y de la burguesía; en donde raza equivale a pueblo que comparte algunos rasgos comunes, como por ejemplo una historia y una lengua. En cambio, las ideas racistas que se elaboran y circulan a partir del siglo XIX se articulan dentro de los nuevos mecanismos de control en que se basa el Estado moderno. Estos mecanismos son principalmente tres: la tecnología disciplinaria del trabajo , una biopolítica de la especie humana y los efectos de poder del discurso científico. Estos niveles están relacionados, sobre todo, mediante los conceptos de norma o normalización, que se aplican tanto al cuerpo individual como a la multiplicidad de la población. En el segundo de estos mecanismos es donde el nuevo racismo va a articularse. Explica este proceso de articulación del siguiente modo. El fin principal de la biopolítica es "hacer vivir" y la tecnología a su servicio estará destinada a regular la vida. Esta regulación consiste en el control de la seguridad de la población respecto de los peligros internos y externos. Esto significa que garantizar la seguridad pasa por la eliminación de los peligros. En este punto, se plantea una paradoja: un Estado concebido para hacer vivir, para garantizar la vida a toda la población, se encuentra ante el dilema de tener que eliminar, de hacer morir, a alguien, cuando aquellos peligros son "criminales", "extranjeros", etc. Pues bien, ante esta tesitura, el racismo aporta la ruptura entre el conjunto de la población "normal" y quienes se apartan de esa "normalidad". Foucault aclara que al decir matar no sólo piensa en el asesinato directo, sino también en la muerte indirecta, muerte política o muerte jurídica. En síntesis, Foucault sitúa el racismo –entendido aquí como un ejemplo de etnicidad– en el engranaje de las técnicas de poder –o, más exactamente, de biopoder– de todos los Estados modernos, y no tan sólo de aquellos que durante la historia contemporánea se han declarado abiertamente racistas, como el Estado nazi o el de Sudáfrica basado en el apartheid. Por tanto, el análisis foucaultiano de la etnicidad se inscribiría con claridad dentro de una perspectiva conflictivista. Siguiendo a Foucault, la etnicidad se puede ver como un campo discursivo, pero no en el sentido de escenario del engaño y autoengaño ideológicos (la falsa conciencia en la teoría marxista). Por el contrario, se entiende como campo donde las diferentes fuerzas sociales presentan batalla y donde se evaporan constantemente las propias reglas de juego del poder, que tiene como mayores efectos los de inclusión y exclusión social.
La aparición de la teoría de la etnicidad de Fredrik Barth no sólo provocó la emergencia de un nuevo campo de investigación en antropología y ciencias sociales –el campo de la etnicidad –, sino también una ruptura epistemológica con la perspectiva culturalista. La cultura fue desplazada del centro explicativo de la diversidad entre pueblos y grupos, y su lugar lo ocupó el interés por explicar la formación de las fronteras entre grupos culturales y la fijación de los rasgos diacríticos que identificaban a unos por oposición a otros. Desde la escuela de Barth hasta el cambio de siglo, dos tendencias parecen haber ganado protagonismo:
La concepción de ciertos elementos culturales como la familia, la tradición o el linaje, no como dados de forma natural, sino interpretados como dados por los miembros de una comunidad, hace compatible la teoría de Geertz con la de Barth, y supone restituir el peso de la tradición cultural en la constitución de los grupos étnicos.
Ronald Cohen en su formulación incorporaba de forma relevante la comprensión del lenguaje de la etnicidad (sus marcas o diacritics ), es decir, su dimensión interna, específica. No obstante, a su vez, consideraba aquellos factores contextuales (sociales, políticos, etc.) que permitían la puesta en práctica de aquel lenguaje. Es decir, lo que determina su pertinencia y uso como marca y frontera social. Es preciso
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Geertz entra en el debate sobre diversidad cultural partiendo del diagnóstico –a la vez que contraponiéndose a él– que Lévi-Strauss ofrece de la aculturación acelerada a que son sometidas todas las sociedades del planeta. Ambos comparten un mismo marco general de análisis, en el que la fuerzas de la modernización en clave occidental se debaten con la génesis de nuevas formas culturales híbridas por doquier. parten de conceptos de cultura divergentes: mientras Lévi-Strauss pone el acento en el carácter de síntesis original y genuina de una cultura, Geertz no se preocupa tanto por la "autenticidad", como por el universo imaginativo que permite interpretar el significado de los hechos culturales.
Frente a un panorama de dispersión teórica y frente a una concepción globalista de cultura, que se encuentra enraizada en los orígenes mismos de la disciplina antropológica (desde el "todo sumamente complejo" de Tylor), Geertz propone una definición más estricta, más especializada; según él, no por creer que únicamente hay un camino verdadero para comprender los fenómenos culturales, sino porque hay muchos y, por tanto, es necesario escoger. Se inscribe en la tradición iniciada en ciencias sociales por Max Weber y su perspectiva comprensiva. Para Weber, lo que caracteriza a las relaciones humanas, a diferencia de lo específico de otras esferas de la realidad (física y biológica, por ejemplo), es el sentido que los agentes dan a la acción social. Para Geertz, también.
“la cultura es un contexto dentro del cual pueden describirse todos esos fenómenos de manera inteligible, es decir, densa."
La concepción de cultura geertziana está relacionada no tanto con componentes psicológicos, sino con el espacio público donde se dan los actos significativos, con el universo imaginativo en el marco del cual cobran sentido. Aquí Geertz sigue a Wittgenstein y a su concepto de juegos de lenguaje.
“es en el fluir de la conducta –o, más precisamente, de la acción social– donde las formas culturales encuentran articulación.”
En lo que respecta al lenguaje, lo importante es el discurso y no el código, comprender que las reglas del juego lingüístico no se escriben de una vez para siempre, sino que permanecen en cierto sentido abiertas.
La perspectiva de Geertz supone situar en el centro de gravedad a los actores, cuando recuerda que el quid de un enfoque semiótico de la cultura es ayudarnos a acceder al mundo conceptual en el cual viven nuestros sujetos, de manera que podamos "conversar con ellos". Los elementos principales que caracterizan la etnografía, según Clifford Geertz son los siguientes:
"La inmensa variedad de modos en que los hombres y las mujeres han tratado de vivir sus vidas", es decir, la diversidad cultural, constituye el objeto de la antropología desde sus inicios. Estamos ante algo nuevo, que, según Geertz, es la posibilidad de que la variedad se difumine rápidamente para convertirse en un espectro cada vez más reducido. Ello conduce a una difuminación de los contrastes culturales.
Resumen de “Diferencias Humanas y diversidad http://gemma.atipic.net . Geertz y Lévi-Strauss comparten, en el fondo, una misma visión del estado actual de la diversidad cultural, sus puntos de vista sobre el futuro de la diversidad y la estrategia con la que encarar ese futuro son dispares e incluso opuestos. El etnocentrismo tradicional, basado en la idea de superioridad de la propia cultura y en la actitud de indiferencia hacia las demás, cede el paso al etnocentrismo moderno, que, partiendo de la misma idea de superioridad, se distingue por orientarse hacia la transformación del otro hasta hacerlo con uno mismo. Según Geertz el cambio de orden de diversidad no implica pérdida de riqueza cultural, sólo que las diferencias se hacen más sutiles. Por tanto, no hay lugar para la fórmula de Lévi-Strauss, según la cual, un retorno a cierto grado de etnocentrismo tradicional, con su dosis correspondiente de indiferencia hacia los otros, es la mejor garantía para la renovación cultural "en sus propios términos"
El concepto de diversidad cultural de Geertz también se contrapone al que sostienen Lévi-Strauss y Rorty. A su modo de entender, esos autores conciben la variedad de culturas como "alternativas a nosotros" en vez de "alternativas para nosotros", como debiera entenderse. Geertz utiliza las imágenes de "inmenso collage " para dar cuenta de la diversidad cultural actual. Una primera consecuencia de esta visión de la diversidad es que las fronteras interculturales se han desplazado de los límites entre sociedades a los "límites de nosotros mismos", no comienza en los márgenes de los ríos, sino en los de la piel". Por tanto, los conflictos de valores originados por la diversidad cultural se plantean actualmente dentro de las sociedades mismas, y ya no entre pueblos, como antaño.
Geertz propone abrirse a la posibilidad de cambiar nuestra forma de pensar de forma amplia y genuina, mediante el conocimiento de unos respecto de otros. Lo que puede aportar una perspectiva de la diversidad cultural entendida como una serie de alternativas para nosotros –en vez de a nosotros– es la visión de conjunto suficiente como para conocer en qué posición nos encontramos respecto a los demás, y qué caminos debemos recorrer para atravesar el espacio que nos separa, así como para generar cambios de actitudes, tanto ajenas como propias.
Los cambios que ha experimentado la interculturalidad en los últimos tiempos obligan a reajustar el sentido de la misión de la etnografía. La etnografía facilita un contacto operativo con subjetividades diferentes; sitúa "a particulares ‘nosotros’ entre particulares ‘ellos’ y a los ‘ellos’, entre ‘nosotros’, donde todos ya estaban", aunque de manera incómoda; provee de relatos y escenarios para refocalizar nuestra atención, de manera que seamos capaces de entendernos a nosotros mismos.