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Técnicas operantes para los psicólogos
Tipo: Monografías, Ensayos
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Arturo Bados y Eugeni García-Grau
Nuestro comportamiento se ve influido por estímulos o variables contextuales que ocurren antes del mismo y también por las consecuencias que tiene. Por lo que respecta a las primeras, es más probable, por ejemplo, que hagamos un informe de determinada manera si recibimos instruc- ciones de cómo hacerlo, que nos pongamos el tipo de ropa que vemos en personas de referencia (modelos), que no empecemos a decir algo inconveniente si alguien nos hace un gesto de aviso y que participemos más en un grupo si este es pequeño y se encuentra sentado en círculo. Por lo que se refiere a las consecuencias, es más probable, por ejemplo, que expresemos ciertas opiniones si recibimos aprobación por ello, que tomemos cierto fármaco si este alivia nuestro dolor de cabeza, que usemos medios anticonceptivos que son eficaces para prevenir el embarazo o que dejemos de tomar alimentos o sustancias que nos sientan mal.
Acorde con el conocimiento anterior, las técnicas operantes son aquellas que implican la mani- pulación de los antecedentes y consecuentes que controlan la conducta con el fin de conseguir cambios en esta. Las técnicas operantes pueden clasificarse en tres categorías según se empleen para: a) desarrollar, aumentar o mantener conductas, b) reducir o eliminar conductas, y c) poten- ciar y/o debilitar conductas.
Se considerarán: a) las técnicas que se basan en el manejo de consecuencias: reforzamiento positivo y negativo; b) las técnicas que se basan en el manejo de antecedentes y que se conocen como técnicas de instigación: instrucciones, modelado, guía física, inducción situacional; y c) las técnicas para establecer nuevas conductas: moldeamiento, encadenamiento y desvanecimiento.
Se considerarán el reforzamiento positivo y el reforzamiento negativo (escape y evitación).
Un reforzador positivo es un estímulo (evento, conducta u objeto) cuya presentación contin- gente a una conducta da lugar a un aumento o mantenimiento de esta, de modo que este aumento o mantenimiento es menor o no se da cuando la presentación es no contingente. Se han distingui- do diversos tipos de reforzadores positivos :
persona que lo recibe (piénsese en los reforzadores sociales), etc. La determinación de si un even- to actúa o no como un reforzador es una cuestión empírica y debe investigarse para cada persona y situación en función de sus efectos sobre una conducta específica.
El reforzamiento positivo es un procedimiento que consiste en presentar un supuesto refor- zador positivo contingentemente a una conducta con el objetivo de incrementarla o mantenerla. Al igual que el resto de técnicas operantes, el reforzamiento positivo puede definirse no sólo como un procedimiento, sino también como un proceso: incremento o mantenimiento de una conducta co- mo resultado de la presentación de un evento (reforzador positivo) contingentemente a dicha con- ducta.
El término contingencia hace referencia a la relación de dependencia entre una conducta y los estímulos que la preceden y/o la siguen. Así, decimos que un reforzador (p.ej., una felicita- ción) es contingente a una conducta (p.ej., ayudar a otro) cuando la probabilidad del reforzador dada la conducta es mayor que la probabilidad del reforzador dado que no se haya producido la conducta. Si ambas probabilidades son iguales, la contingencia es nula. Si la segunda probabilidad fuera mayor, la contingencia sería negativa en vez de positiva; es decir, de haber contingencia negativa en el ejemplo presentado, la probabilidad de ser felicitado sería mayor cuando no se ayu- da al otro. Si una de las probabilidades es mayor que 0 y la otra igual a 0, la contingencia es per- fecta. En este caso, el reforzador se presenta si y sólo si se ha dado la conducta especificada, aun- que no necesariamente tras todas las ocurrencias de esta. Finalmente, cabe señalar que la contin- gencia no implica ni que el reforzador deba seguir inmediatamente a la conducta, ya que un refor- zamiento contingente puede ser demorado, ni que el reforzador deba seguir a cada emisión de la conducta.
Posibles ejemplos de reforzamiento positivo : A) En la vida diaria: a) Dar las gracias a alguien que nos cede el paso. b) Reír o sonreír cuando alguien cuenta un chiste. c) Decirle a alguien que nos gusta cómo sabe decir las cosas. d) Invitar a alguien a tomar algo después de habernos ayudado. e) Elogiar a mamá por lo bien que le salen ciertos platos. f) Darle a un compañero una palmadita en la es- palda por un comentario ingenioso realizado en clase. g) Pagar por un trabajo realizado. B) En el ámbito clínico: a) Alabar al paciente por llevar a cabo una exposición a una situa- ción temida o por los progresos logrados. b) Dejarle ver a un niño encoprético cierto pro- grama de televisión por haber defecado en el váter. c) Dar cromos a niños asmáticos por usar el equipo de inhalación. d) Invitar a cenar a la pareja por ciertos avances consegui- dos en el tratamiento. e) Dedicar un tiempo a participar con un hijo en su actividad prefe- rida por haber cooperado con su hermano.
También es posible encontrar ejemplos de conductas inadecuadas que son reforzadas positi- vamente en la vida cotidiana: a) Prestar atención selectiva a las quejas depresivas de un paciente. b) Concederle ciertas cosas a un niño sólo cuando las pide gritando. c) Prestar atención a un niño básicamente cuando pega a su hermano. d) Reír las payasadas a un compañero de clase. e) Resol- ver siempre los problemas de una persona (se refuerza la dependencia).
GUÍAS para la aplicación del reforzamiento positivo (Para esta y otras técnicas operantes, pueden consultarse: Cruzado y Labrador, 1993; Karoly y Harris, 1986; Labrador, 2008a, 2008b; Labrador y Cruzado, 1993; Labrador, Larroy y Cruzado, 1993; Larroy, 2008; Martin y Pear, 1996/1999; Olivares y Méndez, 1999; Sulzer-Azaroff y Mayer, 1977/1983, 1991.)
bles reforzadores son la entrevista y cuestionarios (verbales y gráficos) con el cliente y personas allegadas, y la observación de lo que hace el cliente en una variedad de situa- ciones naturales.
dinero (1, 2, 5, 10, 25, más), ¿cómo lo gastarías? c) Si pudieras hacer algo con papá, ¿qué harías? d) Si pudieras hacer algo con mamá, ¿qué harías? e) ¿Qué privilegios especiales te gustaría tener? (ver más TV, irte más tarde a la cama, etc.) f) ¿Qué te gustaría hacer con un amigo? (ir al cine, montar en bicicleta, jugar a pelota, etc.).
o personas allegadas marcan entre los posibles reforzadores enumerados aquellos que creen pueden actuar como tales. Un ejemplo puede verse en Gelfand y Hartmann (1984/1989, apéndice B). Otro cuestionario útil, muy empleado en el tratamiento de la depresión, es el Cuestionario de Acontecimientos Agradables. En este la persona tiene que valorar primero de 1 a 3 la frecuencia con que le han ocurrido 320 aconte- cimientos o actividades durante el último mes; a continuación debe valorar de 1 a 3 la satisfacción que le ha producido o le hubiera producido dicho acontecimiento o ac- tividad. Este cuestionario puede consultarse en Bas y Andrés (1994).
son la prueba libre del reforzador (poder probarlo libremente durante un tiempo limitado) y la exposición del reforzador (ver el reforzador expuesto o ver cómo otros lo utilizan).
deben ser simples y de fácil lectura y, en el caso de los niños, divertidos.
Un estímulo aversivo , también conocido con el nombre de reforzador negativo , es un estí- mulo (evento, conducta u objeto) cuya retirada o prevención contingente a una conducta da lugar a un aumento o mantenimiento de esta. Posibles ejemplos de estímulos aversivos son la desapro- bación y la crítica social, las reprimendas, los sentimientos de decepción por parte de otro, la rea- lización de actividades poco preferidas por la persona (p.ej., determinadas tareas domésticas, cier- tos ejercicios), el tener que corregir el mal causado, los olores desagradables y los ruidos fuertes.
El reforzamiento negativo consiste en retirar, reducir o prevenir un supuesto estímulo aver- sivo o terminar o prevenir la pérdida de un supuesto reforzador positivo contingentemente a una conducta con el objetivo de incrementarla o mantenerla.^2 Pueden distinguirse dos clases de refor- zamiento negativo: escape y evitación.
Posibles ejemplos de escape :
A) En la vida diaria: a) Descolgar el teléfono para escapar del sonido molesto. b) Abrir el paraguas para dejar de mojarse. c) Niño que se queja de una ropa que le oprime, de modo que se le pone algo más amplio. d) Niño que recoge algo que ha tirado para poner fin al ceño desaprobador de su padre (también estaría evitando un posible castigo posterior). e) Tomar un fármaco para aliviar el dolor intenso de cabeza.
B) En el ámbito clínico: a) Un paciente habla para romper un largo silencio del terapeuta. b) Paciente anoréxica que ingiere el número suficiente de calorías durante un tiempo de- terminado, de modo que gana peso y puede salir del hospital.
También es posible encontrar ejemplos de conductas inadecuadas que son reforzadas nega- tivamente mediante escape en la vida cotidiana: a) Darle a un niño lo que pide a gritos (p.ej., ca- ramelos) para librarnos de los mismos. b) Recetarle a un paciente algo que no necesita, pero que pide insistentemente, con el fin de dejar de oírle. c) Realizar una compulsión (p.ej., de orden) para reducir la ansiedad. d) Vomitar tras un atracón para reducir la ansiedad, culpabilidad y el número
de calorías asimiladas.
Posibles ejemplos de evitación : A) En la vida diaria: a) Agarrarse fuertemente a la barra del metro cuando el conductor conduce en plan deportivo. b) Presentar un recurso que logra impedir el pago de una mul- ta. c) Presentar la declaración de la renta para evitar ser sancionado. d) Pasar la pensión alimenticia para los hijos con el fin de no ser metido en la cárcel. e) Utilizar el preserva- tivo para prevenir el contagio de enfermedades de transmisión sexual. f) Hacer los debe- res para no ser enviado a un sitio aislado o perder un programa de TV.
B) En el ámbito clínico: a) Terapeuta que deriva un caso difícil a un colega para evitar el fracaso. b) Paciente anoréxica que come más para no ser ingresada en un hospital. C) Ca- so de un niño encoprético que defeca en el váter para no tener que estar 30 minutos por la mañana, 60 al mediodía y 90 por la tarde sentado en el retrete; si, por ejemplo, defeca a los 15 minutos por la mañana, escapa de la situación aversiva y evita los periodos poste- riores de 60 y 90 minutos.
También es posible encontrar ejemplos de conductas inadecuadas que son reforzadas nega- tivamente mediante evitación en la vida cotidiana: a) Paciente que no hace más que centrarse en la terapia verbal (p.ej., reestructuración cognitiva) para impedir la exposición a las situaciones que teme. b) Acusar a otro, hacer falsas promesas, pedir disculpas o mentir para evitar una sanción. c) Llevar a cabo una compulsión (p.ej., lavarse las manos) para impedir la posibilidad de contagiarse de algo. d) Beber alcohol para impedir las burlas de los compañeros.
En ocasiones en la vida cotidiana se utilizan el escape o la evitación cuando deberían utilizarse procedimientos más positivos. Por ejemplo, cuando los padres le dicen a su hijo “si estudias una hora al día, el sábado por la tarde podrás volver a salir otra vez con tus amigos” (es- cape) o “si no haces los deberes, por la noche no podrás ver la TV” (evitación). En el primer caso, el chico puede estudiar (o fingir que lo hace) para escapar de la situación desagradable de no po- der ir con sus amigos el sábado (o, en otras palabras, para terminar con la pérdida del reforzador positivo que se le había quitado). En el segundo caso, puede hacer los deberes para evitar quedar- se sin TV. Sin embargo, en estos casos, la opción más correcta sería aplicar el reforzamiento posi- tivo. Por ejemplo, si estudias una hora al día, podrás llegar a casa el sábado una hora más tarde de lo habitual; o bien, si haces los deberes, podrás acostarte una hora más tarde el viernes y sábado.
El reforzamiento negativo es un procedimiento muy habitual en la vida cotidiana, pero poco utilizado en la clínica. En este contexto, sólo se aplicaría cuando en el propio entorno del sujeto ya existen condiciones que le resultan aversivas. Por ejemplo, terapeuta y padres pueden acordar con un adolescente que si estudia media hora más al día, podrá librarse una vez a la semana de una tarea doméstica que no le gusta. En general, la técnica a elegir para incrementar o mantener con- ductas es el reforzamiento positivo.
GUÍAS para la aplicación de los procedimientos de escape y evitación.
Consiste en el empleo del lenguaje oral o escrito con la finalidad de controlar la conducta (aumentarla, mantenerla, reducirla, eliminarla). Nos centraremos en la función instigadora de las instrucciones, dejando la función inhibidora para más adelante. Las instrucciones describen de forma verbal o escrita la conducta a realizar e incluyen explícita o implícitamente las consecuen- cias que se seguirán.
El uso exclusivo de instrucciones para modificar una conducta tiene generalmente efectos limitados o temporales a no ser que dichas instrucciones vayan acompañadas de las consecuen- cias apropiadas por cumplirlas y/o no cumplirlas. A continuación se presenta un ejemplo de las instrucciones que se le pueden dar a un paciente con insomnio para que consiga dormir bien en su cama (Buceta, Bueno y Buceta, 1996, pág. 401; Szuba, Kloss y Dinges, 2003, apéndice A):
En ocasiones, en vez de instrucciones verbales o escritas, pueden emplearse gestos con la misma finalidad. Un padre puede señalar y/o dirigir la vista hacia los juguetes esparcidos por la habitación del niño para que este los recoja. Un terapeuta puede levantar la mano con la palma hacia arriba para indicar a un cliente que hable más alto durante un entrenamiento en habilidades sociales.
GUÍAS para la aplicación de las instrucciones.
Puede conseguirse que una persona realice una conducta haciendo que observe a un modelo ejecutar una conducta similar y se fije en las consecuencias que recibe (reforzamiento, ausencia de castigo). De este modo, una persona puede aprender una conducta que no sabía hacer ( adquisi- ción ), aumentar una conducta que ya estaba en su repertorio ( facilitación ) o desinhibir una con- ducta que había sido previamente castigada. El modelado puede ser en vivo (llevado a cabo por una persona presente) o simbólico (grabación de vídeo o audio). Ejemplos de modelado serían observar como un directivo con más experiencia conduce una negociación con unos clientes o ver un vídeo de una sesión de terapia para aprender a manifestar empatía.
GUÍAS para la aplicación del modelado.
Además de las instrucciones, modelos y guía física, existe una gran diversidad de estímulos antecedentes situacionales que pueden ser presentados o retirados para facilitar la ocurrencia de conductas. Los ejemplos son numerosos. Una clase con sillas móviles favorece poder trabajar en pequeños grupos, cosa que no sucede si hay bancos fijos. Un despacho bien iluminado, con una buena decoración y con el psicólogo situado al lado del cliente en vez de al otro lado de la mesa puede favorecer que el cliente sea más comunicativo. Apartar a un niño de un compañero pertur- bador en clase favorecerá su conducta de estudio. En una institución psiquiátrica o residencia, una sala de reunión con sofás, mesas redondas, juegos y ausencia de televisión puede facilitar la co- municación entre los internos.
En resumen, se trata de exponer a la persona a las situaciones ambientales que ya controlan la conducta deseada y de evitar o cambiar las situaciones ambientales que dificultan dicha conducta.
Las técnicas para establecer nuevas conductas son el moldeamiento (aproximaciones sucesi- vas), el encadenamiento y el desvanecimiento. Realmente, en las dos primeras se enseñan nuevas conductas, mientras que en la última se ponen las conductas bajo el control de los estímulos apro- piados.
Establecimiento de una conducta final (una que la persona no posee o que muy raramente emite) mediante el reforzamiento diferencial de conductas cada vez más similares o próxi- mas a ella. Generalmente, el moldeamiento se refiere al reforzamiento diferencial de cambios graduales en la topografía de una conducta, pero también puede referirse al reforzamiento diferen- cial de cambios graduales en otras características de la conducta como la frecuencia, duración, latencia o magnitud, o al reforzamiento diferencial de cambios graduales en el producto de la con- ducta (por ejemplo, número de ejercicios resueltos).
Ejemplos : a) Niño de 3 años, con retraso mental, operado de cataratas y que se negaba a llevar las gafas , con lo cual quedaría ciego. Se reforzaron con alimentos y, posteriormente, otros eventos (regalos, salidas, excursiones) los siguientes pasos: coger las gafas (sin cristales), llevarlas encima, acercárselas a la cara, llevarlas puestas (con patas más largas y una cinta de lado a lado para facilitar su colocación), llevar las gafas normales, pero sin cristales, llevar las gafas con cristales, llevar las gafas cada vez más tiempo. b) Niña de 7 años con voz casi imperceptible. Se reforzaron socialmente los siguientes pasos: ejercicios de respiración para fortalecer la voz, murmullos de intensidad cada vez mayor, lectura en voz progresivamente más alta, conversación normal con voz cada vez más alta hasta conseguir una intensidad normal. En este ejemplo hubo dos dimensiones de moldeamiento: la topografía y la intensidad; se reforzaron aproximaciones sucesivas a través de distintas topografías (respiración, murmullos, lectura, conversación) y dentro de estas tres últimas se moldeó la intensidad. c) Personas con miedo a hablar en público. Pueden utilizarse una serie de tareas gradua- das: hacer una pregunta y, posteriormente un comentario, primero en un grupo pequeño y después en un grupo más numeroso, leer un escrito de otros en clase, dar una breve charla
en clase con ayuda de notas, dar una charla más larga, primero con notas y después sim- plemente con un esquema.
d) En mujeres con anorgasmia primaria se sigue un programa gradual de entrenamiento en masturbación: focalización sensorial, autoexamen genital, ejercicios para mejorar el tono de la musculatura que rodea la entrada de la vagina (ejercicios de Kegel), automasturba- ción. Si es necesario, se recomiendan ayudas para el incremento de la activación sexual (literatura erótica, fantasías sexuales, vibrador).
e) Para enseñar a hablar a niños autistas mudos , primero se refuerza la atención visual y los sonidos emitidos al azar. Luego, el terapeuta pronuncia un sonido y sólo se refuerza cualquier respuesta vocal producida dentro de un tiempo límite. Después, la respuesta vocal debe parecerse a la dicha por el terapeuta. Finalmente, sólo se refuerzan las repro- ducciones verbales precisas.
f) Un niño que estudia sólo 15 minutos diarios puede acabar estudiando 90 si progresiva- mente se le va exigiendo más tiempo de estudio para obtener el reforzamiento.
GUÍAS para la aplicación del moldeamiento.
que realizar los dos primeros, luego los tres primeros y así sucesivamente hasta aprender toda la cadena.
No está claro que uno de los distintos métodos de encadenamiento sea mejor que los otros en todas las situaciones. El encadenamiento hacia atrás parece ser especialmente útil con personas que presentan deficiencias de lenguaje o que tienen dificultades para adquirir una conducta com- pleja mediante los métodos tradicionales (Sulzer-Azaroff y Mayer, 1977/1983, 1991). Imagine- mos que queremos enseñar a una de estas personas a ponerse una chaqueta con cremallera y que los pasos son ponerse la manga derecha (A), ponerse la manga izquierda (B), engarzar la crema- llera (C) y subir la cremallera (D). En primer lugar se le ayudaría a hacer los tres pasos seguidos y luego se le enseñaría a subirse la cremallera y se le reforzaría por ello. Una vez aprendido este paso, se repetiría el proceso, pero esta vez se enseñaría y reforzaría engarzar y subir la cremallera; y así sucesivamente hasta dominar la cadena completa.
En todos los métodos de encadenamiento puede utilizarse el moldeamiento , la manipula- ción de estímulos antecedentes ( instrucciones, modelado, guía física ) y el desvanecimiento para enseñar las conductas de la cadena o ponerlas bajo el control de los estímulos apropiados.
GUÍAS para aplicar el encadenamiento.
ensayo la persona realiza todos los pasos de la cadena aprendidos hasta ese momento.
El desvanecimiento implica la supresión gradual de estímulos discriminativos (gene- ralmente artificiales) tales como instrucciones, instigadores imitativos, guía física e inductores situacionales que controlan la conducta o que se han utilizado para instaurarla , de modo que la conducta pase a estar controlada por estímulos discriminativos más pertinentes presentes en el ambiente natural.
La ayuda que se retira puede ser desvanecida gradualmente disminuyendo su intensidad (dar una ayuda verbal con un volumen más bajo o imprimir más tenuemente una letra que se ha de dibujar) o extensión (decir menos cosas, dar menos pistas, proporcionar menos guía física, reducir el acompañamiento durante una exposición a situaciones temidas) o demorando el ofrecimiento de ayuda cada vez un poco más. En ocasiones, los estímulos discriminativos adecuados se intro- ducen gradualmente. Así ocurre en los ejemplos citados más abajo sobre enseñanza de vocabula- rio a niños ecolálicos y sobre potenciación de la conducta de habla ante otras personas en niños con mutismo selectivo.
Ejemplos : reforzar si el número de intervenciones en clase, número de micciones diarias, número de cigarrillos fumados, número de errores gramaticales, etc. no sobrepasa en un periodo de tiempo un valor predeterminado. Este número puede irse reduciendo progresivamente hasta alcanzar, si se desea, una frecuencia de cero. En este último caso se estaría aplicando un reforza- miento diferencial de otras conductas, tal como se explicará más abajo.
Existen tres formas de llevar a cabo el RTB. En el RTB por sesión , se da el reforzador sólo si el total de ocurrencias de la conducta a lo largo de toda la sesión no es mayor que un cierto núme- ro especificado (p.ej., intervenir un máximo de 4 veces durante toda la clase de sociales). En el RTB por intervalo , una sesión se divide en intervalos y el reforzador se da al final de cada inter- valo en el cual el número de ocurrencias de la conducta no excede un límite especificado. Así, un taller de manualidades puede dividirse en cuatro intervalos de 15 minutos y si al final de cada uno de estos X ha pedido ayuda a un compañero un máximo de 2 veces se le entrega el reforzador. Estos dos tipos de RTB son útiles cuando pueden tolerarse algunas ocurrencias de la conducta, aunque una menor frecuencia se considere mejor (Martin y Pear, 1996/1999).
El tercer tipo de RTB, el RTB de respuestas espaciadas , es útil cuando la conducta que se quiere reducir es deseable siempre que no ocurra muy rápida o frecuentemente (p.ej., una persona que acapara todas las intervenciones en clase o una persona que va a orinar o defecar con excesiva frecuencia). En el RTB de respuestas espaciadas, se refuerza una conducta sólo cuando ocurre después de que ha pasado un cierto intervalo de tiempo desde la última ocurrencia de la conducta. Por ejemplo, el profesor refuerza a X si entre una pregunta y la siguiente transcurren al menos 10 minutos. Así pues, si la conducta meta ocurre después de “x” tiempo desde su última ocurrencia, es reforzada; si ocurre antes de que transcurra ese tiempo, no es reforzada. Este tipo de RTB exige que ocurra la conducta para que tenga lugar el reforzamiento, mientras que en los otros tipos de RTB puede obtenerse el reforzamiento con una tasa cero de respuesta (Martin y Pear, 1996/1999).
GUÍAS para la aplicación del RTB por sesión.
GUÍAS para la aplicación del RTB por intervalo.
GUÍAS para la aplicación del RTB de respuestas espaciadas.
Se le denomina también entrenamiento en omisión. Consiste en otorgar el reforzador con- tingentemente a la no emisión de una conducta particular durante un periodo de tiempo especifi- cado. Así, la persona recibe el reforzador sólo si determinada conducta no ocurre durante cierto periodo de tiempo. Como consecuencia, dicha conducta disminuye (Martin y Pear, 1996/1999). En ocasiones, para poder aplicar el procedimiento de forma más práctica, se utiliza un tipo de RDO en el que se refuerza la no emisión de una conducta justo después de un intervalo de tiempo determinado. Así, un profesor podría mirar a un niño en clase cada 5 minutos y si en ese momento no estuviera mordiéndose las uñas, le daría un reforzador. En cambio, en el primer tipo de RDO, el niño tendría que haber estado los 5 minutos sin morderse las uñas para recibir el reforzador. Este primer tipo de RDO tiene la ventaja de que para recibir reforzamiento, la conduc- ta no debe darse durante todo el periodo, por lo que su reducción será más rápida. En contraparti- da, el sistema requiere una observación constante.
Otros ejemplos : a) Prepararle a un niño su postre preferido por llevar dos noches sin mojar la cama. b) Dejarle a un niño encoprético más tiempo de juego por no haber manchado los calzonci- llos. c) Conceder tiempo extra de recreo por no hablar en clase. d) Permitir a un niño ver cierto programa de TV por no decir tacos. d) Obtener reforzadores por no rascarse o autolesionarse. e) Obtener vales canjeables por no consumir cocaína.
Cuando el RDO implica que la conducta no ocurra durante todo un periodo de tiempo especi- ficado, este periodo puede referirse, similarmente al RTB, a una sesión completa de entrenamien- to o a cada uno de los “x” intervalos dentro de una sesión. En ambos casos, la ocurrencia de la conducta impide la obtención del reforzador, pero no reajusta a cero el periodo de tiempo esta- blecido. Por ejemplo, un maestro refuerza a X cuando durante 10 minutos de recreo no dice nin- guna palabrota mientras juega con sus compañeros. Si después de 6 minutos dice una: a) no recibe el reforzador, y b) debe esperar a que pasen los 4 minutos que faltan para que empiece un nuevo intervalo y tenga, por tanto, opción de recibir el reforzador.
En cambio, en otro tipo de RDO ( RDO con periodo de tiempo reajustable ), la ocurrencia de la conducta reajusta a cero el periodo de tiempo, de modo que vuelve a comenzar un nuevo periodo sin necesidad de esperar a que termine el anterior. En este caso, cuando X dice una pala- brota, el maestro pone el reloj a cero y, en este momento, empieza a contar otro intervalo de 10 minutos. Este tipo de RDO ejerce probablemente un control más fuerte sobre la conducta.
Un programa de RDO no especifica la conducta a reforzar, sino sólo aquella que la persona no debe emitir si quiere recibir el reforzador. Es por tanto posible llegar a reforzar otras con- ductas indeseadas. Por ejemplo, si reforzamos a un niño por cada 10 minutos que no hable en clase, es posible que pase ese tiempo sin hablar, pero inquietando a sus compañeros de otras for- mas, con lo que estaríamos reforzando otras conductas inadecuadas. La solución en estos casos es aplicar un programa RDI o, si no es posible, diseñar el RDO de modo que haya más de una con- ducta a no emitir.
GUÍAS para aplicar el RDO.