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Asignatura: TECNICAS, Profesor: , Carrera: Psicología, Universidad: UAM
Tipo: Apuntes
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1. ¿En qué consiste un Análisis Funcional y para qué sirve?
El Análisis Funcional de la Conducta es un sistema de organización de la información relevante en la evaluación clínica, basado en la identificación de relaciones (funcionales y no funcionales) entre los eventos conductuales observados/evaluados por el clínico y/o descritos por el cliente (conducta/s problema) y eventos ambientales, históricos y personales. Este sistema permite establecer una red multicausal que sirve de base a la comprensión del mantenimiento del comportamiento y al diseño de la intervención.
La Formulación de un caso es un conjunto de hipótesis derivadas de los modelos teóricos en Psicopatología que intentan dar cuenta del origen y mantenimiento de los problemas conductuales de la persona tomando como base explicativa las relaciones identificadas en el Análisis Funcional.
De este modo, el análisis funcional sirve para:
a) Organizar la información
b) Comprender las conductas problema de la persona en términos de su interacción (funcional o no) con variables del entorno y de la persona.
c) Identificar las variables que se relacionan de manera funcional con dichas conductas (antecedentes y consecuentes) y formular hipótesis de asociación funcional (secuencias funcionales - respondientes u operantes- ) que permitan explicar la génesis (adquisición) y el mantenimiento de la conducta problema.
c) Identificar las variables de la persona y el ambiente que influyen sobre la secuencia funcional que define la conducta, aunque no formen parte de ella (disposicionales de la persona y facilitadotes del entorno) y formular hipótesis de asociación (predictiva o correlacional) que permitan explicar la génesis (adquisición) y el mantenimiento de la conducta problema.
d) Establecer objetivos de intervención a la base de la explicación del mantenimiento y elaborar un plan de tratamiento
2. Principios teóricos básicos
El análisis funcional del comportamiento humano parte de los siguientes postulados:
La conducta humana es interacción (corriente de conducta) y sólo puede ser entendida y analizada como tal.
Los elementos o variables funcionales son los que conforman la interacción y se organizan en secuencias E- R-E (Estímulo Antecedente– Respuesta- Estímulo Consecuente)
Función de estímulo antecedente (E)
Función de respuesta (R)
Función de estímulo consecuente (R)
Básicos:
Introducir Estimulación
Retirar Estimulación Agradable Refuerzo
Refuerzo
Aversivo Castigo
Castigo
Existen otras variables que influyen sobre la/s secuencia/s funcional/es en que consiste la conducta, aunque no formen parte de ella/s: son variables que aluden a estructuras o hechos. Son de 2 tipos: disposicionales de la persona y facilitadores del entorno. Dentro de los factores disposicionales, resulta de gran utilidad considerar los recursos o fortalezas de la persona, ya que estos aspectos adaptativos o funcionales pueden facilitar y orientar en gran medida el tratamiento psicológico.
El Análisis Funcional es un heurístico que proporciona un esquema para organizar la información, pero no pretende representar la realidad de la conducta humana. Así, elementos como los Antecedentes o Consecuentes no son “realidades” existentes como tal en la naturaleza sino que son funciones que se generan en la corriente de conducta humana, que, en realidad, no está fragmentada o parcelada en las categorías del esquema AF sino que es una corriente de conductas enlazadas. De este modo, un elemento dado (p.ej., un pensamiento como “Soy un inútil”) puede funcionar como antecedente, conducta problema o consecuente.
A continuación, se describen los elementos relevantes en el Análisis Funcional.
3. ¿Qué elementos son relevantes en el Análisis Funcional?
3.1. Conducta/s Problema. Problema/s de conducta objeto de la atención del clínico, habitualmente definidos como excesos o déficits conductuales. El análisis funcional comienza con la delimitación adecuada de la conducta problema. Es fundamental definir la conducta problema operativamente:
IMPORTANTE: los diversos componentes de la conducta problema se organizan entre sí en secuencias funcionales y pueden, por tanto, adquirir funciones de Antecedentes y Consecuentes.
Nota: cuando identificamos situaciones o estímulos ambientales, delimitados en el tiempo y en el espacio, que han ocurrido en el pasado reciente o lejano y coincidieron con el inicio o exacerbación significativa de la conducta problema, los denominamos “factores precipitantes” (también llamados Antecedentes lejanos). Son elementos centrales para la formulación de la Hipótesis de Adquisición.
Lecturas para profundizar:
Crespo, M. y Larroy, C. (1998). Técnicas de modificación de conducta. Madrid: Dykinson
Maciá, D. y Méndez, F.X. (1988). Aplicaciones clínicas de la evaluación y la terapia de conducta. Madrid: Pirámide
Muñoz, M. (2003). Manual práctico de Evaluación Psicológica Clínica. Madrid: Síntesis.
Nezu, A., Nezu, C.M, & Lombardo, E. (2006). Formulación de casos y diseño de tratamientos cognitivo- conductales : un enfoque basado en problemas. México: Manual Moderno.
Segura, M. Sánchez, P. y Barbado, P. (1991). Análisis Funcional de la Conducta: un modelo explicativo. Granada: Universidad de Granada.
Casos para realizar análisis funcional.
1. El caso de Mercedes
Mercedes es una mujer de 42 años, soltera, con pareja desde hace 10 años. Tiene 2 hermanos varones de 46 y 27 años. Tiene el título de Graduado Escolar. Trabaja como peluquera. Su horario de trabajo es de 9:00 a 17: todos los días. Vive con sus padres, su pareja y su hermano menor en una casa de apenas 70 metros cuadrados. Actualmente, vive una situación familiar difícil debido a que su padre padece de Esclerosis Lateral Amiotrófica y ella y su madre son las principales cuidadoras. Mercedes viene a consulta por lo que ella define como una “ansiedad constante” o “nerviosismo”. Se encuentra muy irritable, “se preocupa demasiado por todo”, discute con frecuencia, especialmente con su madre, a quien contesta con frecuencia de forma agresiva. Actualmente se siente apática, sin ganas de hacer nada. Ha dejado de hacer actividades con las que antes disfrutaba: salir con amigos, pasear con su novio, hacer actividades en su casa (p.ej: cocinar), ir de compras, ir al cine, leer. Mercedes ha diminuido sus actividades caseras y tiende a la inactividad. Su estado de ansiedad ha provocado el aumento de la preocupación de su madre, que está muy pendiente de ella y de que se encuentre bien. Se encuentra preocupada por la posibilidad de tener una enfermedad y presenta un estado de ánimo bajo, llorando con más frecuencia que antes. Nunca antes había experimentado síntomas de este tipo y nunca ha buscado ayuda psicológica. La frecuencia de sus relaciones sociales ha disminuido considerablemente, debido a la falta de tiempo libre que tiene lo cual y, también a que, según Mercedes, se ha llevado decepciones fuertes con varias “supuestas amistades” con quienes ella “se desvivió” en su momento, cuando éstas tuvieron problemas y que, sin embargo, ahora no han sabido comprender su situación. En este sentido, ella dice haberse volcado siempre con la gente y no saber decir “no” a sus favores y peticiones. Cuando se le pregunta si ha manifestado su sentimiento de “decepción” a sus amigos, lo niega rotundamente porque no le gusta nada el conflicto: se sentiría fatal diciéndole cosas negativas o críticas a estas personas y prefiere callárselo.
Aunque le ocurre, de forma más intensa, desde los últimos 7-8 meses lleva encontrándose mal desde el verano de hace 2 años. Cuando se le pregunta si ocurrió algo relevante en su vida en aquel momento, Mercedes informa de que en ese momento hubo una crisis familiar, que desencadenó una “ruptura radical” de su hermano mayor y su mujer hija con su madre y con ella, por razones aún poco claras para ellas. Ella considera que este
acontecimiento ha tenido mucho que ver con su problema actual. Echa mucho de menos a su sobrina, ahijada suya, a quien estaba muy unida. Desde entonces, no han tenido contacto con él y su familia, exceptuando algunas ocasiones en los primeros momentos, en los que Mercedes acudió a su casa a intentar aclarar las cosas y su hermano se negaba a dirigirle la palabra. También se encuentra con ellos ocasionalmente por la calle, momentos en los que ellos se dan la vuelta o cambian de acerca para no saludarla. Esta situación familiar afecta en gran medida a Mercedes hasta el punto de que cree que los problemas por los que viene a consulta le vienen sobretodo de ahí.
Mercedes comenta que su ansiedad se ha intensificado en los últimos 7-8 meses. Cuándo se le pregunta si ocurrió algo en su vida en ese momento, dice que hace 8-9 meses a una de sus mejores amigas le diagnosticaron cáncer de mama y desde entonces está en tratamiento (quimioterapia). Mercedes explica la intensificación de su problema de ansiedad de este modo: “desde ese momento, esa ansiedad que ya tenía se me disparó, y empecé a preocuparme por las enfermedades, o sea, sobre el cáncer, sobre si me iba a pasar a mi lo mismo que a mi amiga...sería horrible”. Cuando está, por ejemplo, viendo la TV, y sale una noticia sobre el cáncer, se pone nerviosa y apaga o cambia de canal para evitar enfrentarse a la ansiedad que le provocan las imágenes o la información. Es en esos momentos cuando suele aparecer su ansiedad de forma intensa. De igual forma, cuando se nota un dolor, pinchazo, o alguna sensación extraña, se palpa rápidamente la zona para analizar si hay algún bulto que pueda sugerir que tiene un cáncer. Son esos momentos en los que Mercedes informa de “entrar en una crisis de angustia”. En estas “crisis” experimenta taquicardias, sudoración intensa, sensación de mareo, se le acelera la respiración y se siente fatal. Dice que en esos momentos su mente se llena de “pensamientos angustiantes” como “seguro que tienes la enfermedad” “vas a quedarte como Teresa (su amiga)”, “y si tuviera cáncer, y si tengo un tumor extendido por todo el cuerpo...”, así como de imágenes de sí misma en una cama de hospital, en la situación en que vió a su amiga la última vez; mientras piensa esto, se palpa de forma tan frenética las zonas de dolor que se ha llegado a hacer cardenales. Realiza muy frecuentemente este tipo de conductas de autoexploración “ansiosa” en busca de posibles síntomas de cáncer y de rumiación cognitiva acerca de la posibilidad de estar padeciendo la enfermedad. Estas crisis de ansiedad se presentan con una frecuencia de 3 o 4 veces a al semana. Le ocurren de forma específica en su casa, por las tardes al volver del trabajo. Cuando experimenta estos síntomas, deja de hacer lo que estuviera haciendo y se tumba en el sillón o en la cama, pidiendo a su madre que venga a tocar el bulto, por si la parece sospechoso y quejándose de que la duele o molesta. Su madre, para tranquilizarla, le dice que descanse tranquila, le toca la zona de molestias, asegurándole que no es nada raro; normalmente, le hace una infusión y se la trae al sillón o a la cama, quedándose un rato con ella. Su miedo al cáncer la lleva a evitar leer artículos o revistas sobre el tema, ver fotos, noticias o escuchar conversaciones relacionadas con el cáncer y visitar o hablar con su amiga por teléfono, haciéndole sentirse esto último culpable de ser una mala amiga.
Cuando se le pregunta por su familia, Mercedes define a su madre como una persona tranquila, pero con bastante genio, posesiva, perfeccionista y exigente. Dice que su madre es “muy fuerte”, que a ella le gustaría ser la mitad de fuerte que ella. Se ha llevado siempre bien con ella, si bien últimamente discuten con más frecuencia que antes, porque Mercedes reconoce que está bastante irritable. A su padre le define como un hombre muy tranquilo y cariñoso, poco hablador y generoso y más flexible y tolerante que su madre. Siempre se ha llevado mejor con él que con su madre. El matrimonio de sus padres le define como bueno hasta que su padre empezó a beber alcohol de forma habitual, hasta que enfermó de Esclerosis Lateral Amiotrófica hace 4 años. Actualmente, la enfermedad está en fase avanzada y su padre necesita cuidados y atención constante; además, su padre padece diabetes. En cuanto al tema de las enfermedades, Mercedes niega que haya habido enfermedades graves en la familia, aunque siempre ha habido “mucho respeto” por las enfermedades. Su madre, concretamente, siempre ha sido muy preocupadiza con los temas de salud, estando siempre asustada por la posibilidad de que sus hijos enfermasen, lo cual le ha llevado a tener muchas precauciones con la salud de éstos. Mercedes la recuerda en muchas ocasiones profundamente angustiada ante las enfermedades de otras personas (vecinos, compañeros del colegio, etc).
tenis, a aficiones individuales (música, consola de videojuegos, lectura e Internet). A pesar de no dedicar mucho tiempo a socializar con amigos fuera del colegio, parece tener un nivel de habilidades sociales totalmente adaptativo y se comunica con soltura y comodidad. Tiene conciencia de tener dificultades psicológicas: “Sí, a veces hago cosas raras”, pero afirma que sus padres exageran y que su problema es menor de lo que ellos dicen.
Lo que disparó la alarma de los padres de Gonzalo fue el hecho de comprobar que el tiempo de estudio era cada vez más largo. Aunque al principio estaban encantados, pensado que era un indicador de que Gonzalo era cada día más disciplinado, cuando vieron que el tiempo de dedicación no iba asociado a un mayor rendimiento, sino todo lo contrario (sus notas empeoraban), empezaron a preocuparse. Actualmente, Gonzalo sufre a diario porque nunca está seguro de haber aprendido lo que se ha marcado como objetivo para ese día de estudio. Revisa una y otra vez los deberes para asegurarse de que los ha realizado de manera correcta. Sus padres le han encontrado, en varias ocasiones, a altas horas de la madrugada, en un estado de alta ansiedad, intentando, con poco éxito, dejar de estudiar o de realizar tareas.
Parece que todo empezó a ocurrir el invierno anterior. Gonzalo lo pasó fatal durante las vacaciones de Navidad. En la evaluación previa a las fiestas navideñas, sus notas bajaron un poco, obteniendo una media de bien- notable. Su tutora habló con él seriamente, diciéndole que debería esforzarse más para mantener su nivel que casi era de sobresaliente. Sus padres también le llamaron l atención, diciéndole que perdía mucho tiempo con el ordenador y la consola y debía aplicarse más. Gonzalo se preocupó mucho a raíz de estas llamadas de atención. Las vacaciones las dedicó casi por completo a estudiar, pasándolo fatal. Su estado de ánimo cayó y, aunque no estaba clínicamente deprimido, sí se le veía preocupantemente triste. Un día, en enero, se le ocurrió pensar lo difícil que era saber cuándo parar porque uno ya ha alcanzado los objetivos de saberse los temas de estudio. A partir de ahí, esa duda comenzó a surgir en cada sesión de estudio, y la única solución que encontraba Gonzalo era volver a estudiarse lo que ya se había estudiado. Pronto esto le sucedió también con las tareas para casa: ¿cómo saber que estaban bien hechas? La solución era la misma: volverlos a hacer para comprobar que estaban perfectos. El número de comprobaciones fue aumentando progresivamente y llegó un momento en que le resultaba muy difícil parar. En clase, haciendo exámenes, también le sucedía algo similar: no tenía tiempo de responder a todas las preguntas porque, a medida que las contestaba, tenía que revisarlas una y otra vez para comprobar que estaban bien. Sus notas empeoraron claramente. Aproximadamente en marzo, aparecieron otras preocupaciones. Gonzalo empezó a tener miedo de que a sus padres les pasara algo malo: un accidente de tráfico o un infarto. Puede ser que le hubiera influido el enterarse en febrero de que los padres de un amigo se habían matado en un accidente de coche. Además de decirles a sus padres que tuvieran cuidado a la hora de conducir y que cuidaran la salud de su corazón, empezó a realizar conductas supersticiosas como tocar objetos, poner buena cara o leer todos los carteles u objetos con letra impresa que viera por la calle. Estas conductas, según él, le servían para tranquilizarse y pensar que había menos probabilidad de que sus temores se hicieran realidad. Tras las vacaciones de Semana Santa, sus padres deciden que la situación es insostenible y le llevan al psiquiatra, quien le prescribe terapia farmacológica. Tras 6 meses con este tratamiento, viene a consulta psicológica.
Gonzalo afirma que sus problemas son que sufre una gran ansiedad conectada a una enorme dificultad para dejar de estudiar, dejar de hacer los deberes y, ocasionalmente, acabar los exámenes en el colegio. Esto le sucede a diario, cuando se pone a hacer los deberes y a estudiar en su casa. Un autorregistro de horas de estudio nos revela que Gonzalo dedica una media de 6 horas de estudio diarias de lunes a viernes y de 9 horas los fines de semana. Además de esto, Gonzalo reconoce que, cuando sus padres salen de casa y van a conducir, o cuando les ve comer alimentos poco saludables según Gonzalo (colesterol, grasas), experimenta una gran agitación y siente la necesidad de advertirles que tengan cuidado, de tocar varios objetos del pasillo de su casa (cerraduras, lámparas y cuadros), y de leer cualquier palabra escrita que encontrara en la calle (vallas, pósters y carteles, escaparates, etc). Estas conductas le hacían sentirse aliviado de forma inmediata, ya que en esos momentos experimentaba una sensación de control completa.
3. El caso de Margarita
Margarita tiene 29 años, está casada hace 7 y tiene dos hijos, ambos varones, de 7 y 5 años respectivamente. Tiene estudios universitarios como profesora de enseñanza primaria, pero jamás ha ejercido, dedicándose, en exclusiva, a sus quehaceres domésticos. Manifiesta que su problema consiste en la imposibilidad de salir sola a la calle la mayoría de los días, situación que, aunque le parece ridícula, no puede remediar. Esta dificultad ha deteriorado notablemente su funcionamiento habitual de vida, tanto en sus tareas de ama de casa, como en su relación familiar y social. Acude en busca de ayuda terapéutica porque todos los intentos para solucionar el problema por su cuenta han fracasado. La paciente señala que “desde siempre” ha sido una persona muy miedosa. Afirma que de niña le asustaba la idea de quedarse sola en casa, aunque de hecho no recuerda que esta situación llegara a producirse. También le asustaba acostarse por la noche con la luz apagada o la puerta de su habitación cerrada. Siempre fue hija única y comenta que su madre también es muy miedosa. Cuando su padre, que viajaba con frecuencia debido a su trabajo, se ausentaba de casa, ambas dormían juntas en la misma cama y con la mayoría de las luces encendidas. El primer recuerdo de sus dificultades actuales lo sitúa hace un par de años, coincidiendo con una época de continuas discusiones con su marido, Pedro, en las que ella le recriminaba cosas como que estaba poco tiempo en casa o que apenas se preocupaba de su familia. Pedro, que trabaja como ejecutivo de una empresa, había sido promocionado un año antes a un puesto de gran responsabilidad que, al parecer, le obligaba a mantener reuniones, casi diarias, incluso algunos fines de semana, hasta muy tarde y, en ocasiones, a ausentarse durante varios días por viajes laborales. Debe considerarse, por lo tanto, que en este momento Margarita pasa por una situación que para ella resulta altamente estresante: con dos hijos todavía pequeños a su cuidado, un escaso contacto con su marido y los continuos enfrentamientos desagradables con éste. No recuerda exactamente cuál fue la primera vez que se sintió mal estando fuera de casa, pero afirma que en esta época tan estresante empezó a sentir una cierta angustia mientras visitaba supermercados y, en general, tiendas con mucha gente durante sus principales compras habituales. En algunas de estas ocasiones llegó a sentirse tan mal, que no tuvo más remedio que abandonar el establecimiento público “para que le diera un poco de aire”, notando que, efectivamente, el remedio era útil. Mas adelante, comenzó a salir de compras con una menor frecuencia, preferentemente en compañía de alguna amiga o, en ocasiones, de su marido. En una de las salidas con una amiga tuvo un ataque de pánico cuando ésta se ausentó, durante unos minutos, mientras Margarita esperaba para pagar en una de las colas de unos grandes almacenes, lo que le obligó a salir inmediatamente a la calle, sin preocuparse siquiera por sus compras, y a pedirle a su amiga que la llevara a casa. Desde este episodio, que se sitúa, aproximadamente, hace unos diez meses, sólo acude a las grandes tiendas del centro de la ciudad en compañía de su marido. Más adelante, los temores se generalizaron a otras situaciones, en principio relacionadas, sobre todo, con la conducta de salir a la calle, pero que, en poco tiempo, incluían estímulos variados, como quedarse en casa sin compañía o asistir a reuniones sociales aunque lo hiciera acompañada. La conducta problema se caracteriza por ataques de pánico no demasiado frecuentes, pero sí muy impactantes, que incluyen manifestaciones como presión en el pecho, dificultad para respirar, aumento de la actividad sudorípara, temblores y sensación de debilidad en las piernas. La paciente también informa de frecuente tensión alrededor del estómago y la nuca, agitación general y dificultad para conciliar el sueño. Además, el comportamiento problema contempla manifestaciones características del miedo anticipado. Son frecuentes las ideas irracionales como “seguro que no voy a poder soportarlo”, “si salgo sola y me pasa algo, ¿quién se va a preocupar de atenderme”, “todo el mundo me lo va a notar”, etc. También lo son los pensamientos relacionados con estrategias de evitación, como la búsqueda de excusas para no salir de casa, los pensamientos de auto-reproche, como “soy tonta, no tengo fuerza de voluntad”, etc.; y los pensamientos
Sin embargo, hace dos años que su hija María ya no vive con ellos porque estudia fuera de Madrid. Su hijo Luís por otro lado al finalizar los estudios, decidió irse a estudiar un máster fuera de España para tener experiencia en idiomas, por lo que ahora Silvia pasa la mayor parte del tiempo sola en casa. Técnicas de Intervención Psicológica
Dice sentir que su vida ha perdido el sentido, se siente vacía e incapaz de hacer nada. Se siente vieja, gorda y fea, se da asco y piensa que es por eso por lo que su marido ya no quiere salir o hacer el amor con ella. Ha engordado mucho durante el último año (11 kilos), se pasa el día tumbada en el sofá viendo las telenovelas y picando entre horas alimentos altamente calóricos como helados, chocolate y también se ha aficionado a pedir comida a domicilio de cadenas de comida rápida como Telepizza. Han tenido que contratar a una asistenta porque ya no se ve capaz de hacer nada. María solía bajar a Madrid casi todos los fines de semana pero ahora tiene novio y suele bajar menos de vez en cuando. Silvia piensa que su hija ya no la quiere porque es gorda y fea, así que ha dejado de llamarla por teléfono para saber cómo está, solo hablan cuando María llama a casa pero la mayor parte de las veces es Carlos quien habla con ella. A Luis hace tiempo que no lo ve, suelen hablar una vez cada dos semanas porque es caro llamar desde el extranjero a casa. Silvia se niega a hablar con su hijo por webcam porque no soporta la idea de verse tan fea y tampoco quiere que la vea así su hijo. En casa cuando era pequeña, su madre era aficionada a las dietas a las que también sometía a Silvia, por lo que siempre ha tenido un control sobre lo que comía. Además, su madre también solía arreglarse mucho y le daba bastante importancia al aspecto físico, sobre todo para que la viese bien su marido. Silvia, por su parte afirma, siempre fue una chica muy guapa y delgadita, además de coqueta. Siempre le interesó la moda e ir bien arreglada aunque fuese a comprar el pan. Además le gustaba ir a Pilates y en su tiempo libre se dedicaba a bailar salsa. Pero dejó de realizar este tipo de actividades, a la par que comenzaba a hacer menos actividades de ocio con su marido. Según dice, ya no merecía la pena estar siempre pensando en su aspecto físico si a lo único que se dedicaba es a cuidar de sus hijos, sólo veía a su marido por las noches y al llegar del trabajo cenaba, se duchaba y se iba a la cama. Al principio, se arreglaba para que la viese guapa al llegar de trabajar, pero al ver que su marido no prestaba ni la más mínima atención a su aspecto, dejó de hacerlo. Actualmente, sus hijos y su marido Carlos, están preocupados. Carlos intenta animar a su mujer y hacerla sentir bien, pero ella se niega a hacer nada, solo le apetece tumbarse en el sofá ver la TV y evadirse de “este mundo de mierda”. Dice que desde hace un año es una mujer totalmente diferente, siempre fue una mujer alegre con muchas ganas de hacer cosas pero que ahora además de descuidar su imagen personal ha descuidado su vida, se pasa el día llorando y quejándose de lo triste que es. Carlos ha intentado todos los métodos para conseguir que su mujer vuelva a ser la de antes, incluso ha reducido su jornada laboral para pasar más tiempo con ella, pero dice que aún así cada día la encuentra peor. Es Carlos quien acude a consulta para pedir ayuda para su mujer, por lo que Silvia viene con poca motivación para la terapia y tendremos que motivarla.
Actividades a realizar:
1.1. Fase descriptiva: conducta/s problema/s y variables disposicionales y facilitadores ambientales relevantes.
1.2. Fase explicativa: hipótesis histórica y de mantenimiento, señalando las secuencias conductuales explicativas
del problema y relacionándolas con las variables estructurales.
Técnicas de Intervención Psicológica
Situación o estímulo que ocurre antes de la CONDUCTAy^
que
guarda
una
relación
funcional
con
ésta:
su
presencia aumenta la probabilidad de ocurrencia de laCONDUCTA PROBLEMA.Función: “señal”, “anuncio” o representación de otroestímulo con el que se relaciona.Pueden ser:
Estímulos Condicionados ^
Estímulos Discriminativos
Pueden ser:
Externos ^
Internos
E.discriminativo- Respuesta Operante- Consecuente (veo un cajero)
(evito pasar cerca) (disminuye mi ansiedad)
(Refuerzo negativo)
Estímulo que tiene lugar después de laCONDUCTA y
modifica (aumenta o
disminuye)
su
probabilidad
de
ocurrencia.Función: posible refuerzo, extinción ocastigo de la conducta.Pueden ser:
Externos ^
Internos