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Aprender jeroglificos guía manual de paso
Tipologia: Resumos
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os jeroglíficos son, junto a la figura del faraón o las grandes pirámides y otros templos, un auténtico emblema del Antiguo Egipto. Este tipo de escritura pictográfica ocupaba buena parte de los monumentos y sitios más destacados, contando sucesos e historias sobre la vida y las creencias de su sociedad mediante imágenes universalmente identificables.
Así, con la ayuda de unos conocimientos básicos sobre su iconografía, interpretar las ideas que se esconden detrás de algunos de estos grabados puede ser una tarea más sencilla de lo que a priori pueda parecer, aunque descifrar aquellos jeroglíficos más elaborados requiera de un profundo es- tudio de este lenguaje.
En Historia National Geographic te ofrecemos una pequeña guía que te permitirá entender las nociones básicas de la escritura jeroglífica, diseñada para aquellas mentes curiosas que quieran comenzar a explorarla. Se trata de un manual para principiantes que explica las nociones primordiales sobre la lectura, simbología y fonogramas que componen estas enigmáticas palabras que los egipcios consideraban sagradas.
A pesar de lo que sus redescubridores pudieran pen- sar, este lenguaje iba mucho más allá del uso de pic- togramas: los símbolos representan signos y sonidos de un rico lenguaje hablado que es a la vez pictórico, simbólico y fonético.
Se podría decir que Champollion pudo empezar a descifrar la piedra de Rosetta gracias a los signos que representaban el nombre de dos importantes faraones de Egipto: Ramsés y Tutmosis.
Tras muchos años de estudio de la escritura jeroglí- fica, había identificado los símbolos que correspon- dían fonéticamente al sonido “s-s”, que se repetía en varias ocasiones dentro de las escrituras. Así, pudo intuir también los símbolos que correspondían al sonido “m-s”.
Después unió esta base con un símbolo que conte- nía la figura del Sol, dándose cuenta de que en copto Sol se pronuncia como “re” y que este es además el nombre del dios egipcio de este mismo elemento astronómico. Por tanto, averiguó que aquel símbolo podía pronunciarse como "Re-ms-s-s" (Ramsés).
Encontró también una composición que contenía esta misma fórmula pero con un símbolo distinto, el del ibis, un animal sagrado que representa al dios Tot. Si el ibis realmente se pronunciaba como “tot”, entonces la palabra completa se traducía como “Tot- ms-s” (Tutmosis).
Los signos que componen la escritura jeroglífica representan elementos de la realidad, desde se- res vivos hasta elementos naturales y objetos de to- do tipo, y en un inicio significaban el elemento que representaban de una forma literal. Por ejemplo, el símbolo de una cabeza humana mirando de frente significaba “cara”.
Sin embargo, era difícil tener un jeroglífico para todos y cada uno de los elementos, y además existían tam- bién conceptos abstractos que carecían de repre- sentación. Por este motivo, los signos empezaron a englobar más de un significado, y se distinguían unos de otros gracias a una serie de complementos foné- ticos. Así, la representación de la entrada de un mo- numento podía significar tanto “templo” como “dios”.
En cuanto a los números, se utilizaba un sistema decimal representado visualmente por distintos sig- nos que ilustraban las unidades, decenas, centenas, millares... combinando y repitiendo estos símbolos básicos se pueden crear números ilimitados.
La escritura jeroglífica seguía ciertas convenciones gráficas, por ejemplo respecto a la dirección en que se disponían los signos. En realidad, el sistema era muy flexible puesto que se podía escribir tanto en registros verticales como en horizontal. En el primer caso se escribía siempre de arriba abajo, pero en el segundo tanto de derecha a izquierda como a la inversa.
Esta flexibilidad permitió que el sistema jeroglífico se ajustara a los diversos entornos arquitectónicos y epigráficos. En efecto, la escritura cumplía también una función decorativa y se regía por dos principios fundamentales: el horror vacui, que llevaba a cubrir enteramente de signos una superficie determinada, y la búsqueda de simetría y equilibrio. Este último imperativo hacía que en un mismo espacio los textos pudieran escribirse a la vez hacia la izquierda y hacia la derecha, como puede verse en las imágenes junto a estas líneas.
En las escrituras cursivas, en cambio, existía menos flexibilidad. La escritura hierática, la primera forma cursiva de los jeroglíficos, también se podía disponer de forma vertical y horizontal, aunque con el paso del tiempo la distribución en líneas horizontales se acabó imponiendo.A diferencia del jeroglífico, el hierático sólo se escribía de derecha a izquierda.
Tumba de Tanutamón. En la tumba de este faraón de la dinastía XXV (figurado a la izquierda, con el doble ureo), se aprecia la disposi- ción simétrica de los jeroglíficos de la izquierda (sobre la cabeza de Isis, en columnas que se leen de derecha a izquierda) y en el otro lado de la puerta (sobre Neftis, en columnas que se leen de izquierda a derecha). Necrópolis de el-Kurru.
Tumba de Serenput II. En el nicho de la tumba de este gobernador de Elefantina, que vivió durante la dinastía XII, se observan dos textos «enfrentados» que se encuentran en mitad de la escena.
Estos son algunos ejemplos:
De otro lado, mediante los fonogramas se expresaban los sonidos que se asociaron a algunos pictogramas, con independencia de lo que éstos representaran.
Los jeroglíficos nunca transcribieron las vocales, de modo que con los fonogramas se transcribían única- mente las consonantes que formaban las palabras.
Había tres tipos de fonogramas: los monoconso- nánticos, los biconsonánticos y los triconsonánti- cos, según si transcribían una, dos o tres consonantes.
MONOCONSONÁNTICOS BICONSONÁNTICOS TRICONSONÁNTICOS
Las combinaciones de estos fonemas, utilizados de forma similar a la de nuestro alfabeto, empezaron a dar lugar a palabras que se escribían tal y como se pronunciaban en la lengua egipcia.
Estos son algunos ejemplos:
El pictograma que representaba la palabra “casa” y que se pronunciaba“pr”terminó por representar todas aquellas palabras en las que el sonido “pr” aparecía.
En la antigua lengua egipcia, la liebre se pronuncia- ba “wn”, así como también el verbo “abrir”. Por ello se utilizó el pictograma de una liebre para escribir este verbo.
Aun así, en la escritura jeroglífica sólo existían las consonantes, y para poder leer las palabras los egip- tólogos intercalaron algunas vocales, que en la ma- yoría de casos era la “e”. La palabra nfr (bueno, bello) a menudo es escrita en nuestro alfabeto y pronunciada como nefer.