Docsity
Docsity

Prepara tus exámenes
Prepara tus exámenes

Prepara tus exámenes y mejora tus resultados gracias a la gran cantidad de recursos disponibles en Docsity


Consigue puntos base para descargar
Consigue puntos base para descargar

Gana puntos ayudando a otros estudiantes o consíguelos activando un Plan Premium


Orientación Universidad
Orientación Universidad


Combinatoria, capítulo 2, Apuntes de Matemática Discreta

Asignatura: Matemática Discreta, Profesor: Francisco Javier Perez Fernandez, Carrera: Matemáticas, Universidad: UCA

Tipo: Apuntes

2013/2014

Subido el 15/10/2014

tha-2473
tha-2473 🇪🇸

3.9

(29)

10 documentos

1 / 32

Toggle sidebar

Esta página no es visible en la vista previa

¡No te pierdas las partes importantes!

bg1
Cap´ıtulo 2
Las ecnicas asicas de la
Combinatoria
Contar es una ecnica . . . y un arte. Averiguar cu´antos ob jetos existen que se a justan a
determinadas caracter´ısticas puede no ser acil1. En el caso de una colecci´on f´ısica, concreta,
de objetos se trata simplemente de enumerarlos, es decir, de decir qui´en es el primero, qui´en
el segundo, etc. Pero si, como es habitual, lo que tenemos es una colecci´on definida abstrac-
tamente (como por ejemplo, los pasos de un algoritmo cuando los datos de entrada son de un
determinado tama˜no), el procedimiento tiene que ser otro. Con frecuencia, la ´unica alterna-
tiva es indirecta y consiste en comparar la colecci´on dada con otra colecci´on de ob jetos (cuyo
umero conocemos) y comprobar, si fuera el caso, que tienen el mismo n´umero de objetos.
En este cap´ıtulo discutiremos ecnicas ´utiles para llevar a cabo ese tipo de comprobaciones;
pero c´omo seleccionar la colecci´on adecuada con la que se compara es as una cuesti´on de
experiencia, y de prueba y error; todo un arte.
Las colecciones de ob jetos que nos interesar´an vienen a veces ordenadas de forma natural
y otras veces el orden resulta irrelevante. En ocasiones las colecciones se forman atendiendo
a ciertos principios de exclusi´on que impiden repeticiones, y en otras no. Estos dos condicio-
nantes, orden y repetici´on, aparecen siempre en cualesquiera cuestiones de Combinatoria. Y
siempre, en cada caso particular, habr´a que precisarlos.
Un conjunto es una colecci´on (no ordenada) de objetos, que llamaremos sus elementos.
Un conjunto muy especial es el conjunto vac´ıo, Ø, aqu´el que no tiene elemento alguno. Gen-
eralmente, representaremos un conjunto escribiendo sus elementos entre llaves. Si permitimos
que el conjunto contenga elementos repetidos, utilizaremos un nombre especial, multicon-
juntos. Nos interesaa, fundamentalmente, contar el umero de elementos de que consta un
conjunto, lo que llamaremos su tama˜no ocardinal. En un momento precisaremos esta idea.
En muchas ocasiones convendr´aconsiderarlistas, colecciones ordenadas de objetos, en las
que deberemos distinguir si se permite o no la aparici´on repetida de elementos (hablaremos
de listas con y sin repetici´on p ermitida). Las representaremos generalmente escribiendo sus
elementos entre par´entesis.Eln´umero de elementos de que consta una lista ser´asulongitud.
A una lista de longitud knos referiremos en ocasiones, p or abreviar, como una k-lista.
1Es bien sabido que hay tres tipos de matem´aticos: los que saben contar y los que no.
51
pf3
pf4
pf5
pf8
pf9
pfa
pfd
pfe
pff
pf12
pf13
pf14
pf15
pf16
pf17
pf18
pf19
pf1a
pf1b
pf1c
pf1d
pf1e
pf1f
pf20

Vista previa parcial del texto

¡Descarga Combinatoria, capítulo 2 y más Apuntes en PDF de Matemática Discreta solo en Docsity!

Cap´ıtulo 2

Las t´ecnicas b´asicas de la

Combinatoria

Contar es una t´ecnica... y un arte. Averiguar cu´antos objetos existen que se ajustan a determinadas caracter´ısticas puede no ser f´acil^1. En el caso de una colecci´on f´ısica, concreta, de objetos se trata simplemente de enumerarlos, es decir, de decir qui´en es el primero, qui´en el segundo, etc. Pero si, como es habitual, lo que tenemos es una colecci´on definida abstrac- tamente (como por ejemplo, los pasos de un algoritmo cuando los datos de entrada son de un determinado tama˜no), el procedimiento tiene que ser otro. Con frecuencia, la ´unica alterna- tiva es indirecta y consiste en comparar la colecci´on dada con otra colecci´on de objetos (cuyo n´umero conocemos) y comprobar, si fuera el caso, que tienen el mismo n´umero de objetos. En este cap´ıtulo discutiremos t´ecnicas ´utiles para llevar a cabo ese tipo de comprobaciones; pero c´omo seleccionar la colecci´on adecuada con la que se compara es m´as una cuesti´on de experiencia, y de prueba y error; todo un arte. Las colecciones de objetos que nos interesar´an vienen a veces ordenadas de forma natural y otras veces el orden resulta irrelevante. En ocasiones las colecciones se forman atendiendo a ciertos principios de exclusi´on que impiden repeticiones, y en otras no. Estos dos condicio- nantes, orden y repetici´on, aparecen siempre en cualesquiera cuestiones de Combinatoria. Y siempre, en cada caso particular, habr´a que precisarlos.

Un conjunto es una colecci´on (no ordenada) de objetos, que llamaremos sus elementos. Un conjunto muy especial es el conjunto vac´ıo, Ø, aqu´el que no tiene elemento alguno. Gen- eralmente, representaremos un conjunto escribiendo sus elementos entre llaves. Si permitimos que el conjunto contenga elementos repetidos, utilizaremos un nombre especial, multicon- juntos. Nos interesar´a, fundamentalmente, contar el n´umero de elementos de que consta un conjunto, lo que llamaremos su tama˜no o cardinal. En un momento precisaremos esta idea. En muchas ocasiones convendr´a considerar listas, colecciones ordenadas de objetos, en las que deberemos distinguir si se permite o no la aparici´on repetida de elementos (hablaremos de listas con y sin repetici´on permitida). Las representaremos generalmente escribiendo sus elementos entre par´entesis. El n´umero de elementos de que consta una lista ser´a su longitud. A una lista de longitud k nos referiremos en ocasiones, por abreviar, como una k-lista. (^1) Es bien sabido que hay tres tipos de matem´aticos: los que saben contar y los que no.

52 Cap´ıtulo 2. Las t´ecnicas b´asicas de la Combinatoria

Todas estas ideas ser´an convenientemente desarrolladas en las p´aginas siguientes, donde nos entrenaremos en la tarea de decidir qu´e tipo de objetos son los adecuados para describir cada problema particular.

A veces tendremos que mezclarlos y considerar, por ejemplo, conjuntos cuyos elementos son listas, o listas cuyos t´erminos son conjuntos. Supongamos, por ejemplo, que tenemos los objetos a, b y c. Podemos, por ejemplo, considerar los conjuntos de tama˜no 2 que podemos formar con estos objetos, {a, b}, {a, c}, {b, c} ,

o quiz´as las listas sin repetici´on de longitud 2,

(a, b), (b, a), (a, c), (c, a), (b, c), (c, b).

Si permiti´eramos repetici´on de elementos, deber´ıamos a˜nadir, en el primer caso, los conjuntos {a, a}, {b, b} y {c, c}; y, en el segundo, las listas (a, a), (b, b) y (c, c). Obs´ervese el uso que hemos hecho de la notaci´on de las llaves y los par´entesis en esta enumeraci´on. Por ejemplo, el conjunto {a, b} es el mismo que {b, a}, mientras que la lista (a, b) es distinta de la lista (b, a).

2.1. Aprendiendo a contar

Se dice que un conjunto A tiene cardinal n si existe una funci´on biyectiva f del conjunto { 1 ,... , n} en el conjunto A. Por convenio se asigna cardinal cero al conjunto vac´ıo. Un momento de reflexi´on lleva a concluir que el cardinal no es m´as que el n´umero de elementos de un conjunto. A este cardinal lo llamaremos tambi´en, al menos cuando sea finito, tama˜no del conjunto. Para un conjunto A escribiremos, indistintamente,

tama˜no de A = |A| = #A

As´ı que, aunque pudiera sonar pedante, “contar” consiste en establecer una biyecci´on en- tre los elementos del conjunto y un conjunto de n´umeros naturales. Algo que en realidad hacemos continuamente, aunque no seamos conscientes del aparato formal que subyace en el procedimiento: si quisi´eramos contar el n´umero de alumnos que hay en el aula, empezar´ıamos por uno de ellos y le asignar´ıamos el 1 (quiz´as se˜nal´andolo y diciendo “uno” en alto), luego ir´ıamos al siguiente y le asignar´ıamos el 2, etc. El resultado final, por supuesto, no depende del orden en que hayamos hecho la asignaci´on (es decir, de la biyecci´on elegida), sino s´olo de la cantidad de n´umeros naturales 1, 2 ,... que hayamos utilizado.

Podemos ir un poco m´as all´a con esta idea. Una consecuencia directa de nuestra definici´on de cardinal es la siguiente:

si A y B son dos conjuntos y existe una aplicaci´on biyectiva de A sobre B, entonces |A| = |B|.

Es decir, dos conjuntos tienen el mismo cardinal si existe una biyecci´on entre ellos. Diremos que un conjunto es infinito si no se puede establecer una biyecci´on con { 1 ,... , n}, para ning´un n. En la subsecci´on 2.1.3 nos ocuparemos de la delicada cuesti´on de ampliar la noci´on de cardinal a conjuntos infinitos.

54 Cap´ıtulo 2. Las t´ecnicas b´asicas de la Combinatoria

2.1.1. El doble conteo

La t´ecnica de contar usando biyecciones se puede entender como un caso particular de una t´ecnica m´as general. Empecemos considerando el siguiente ejemplo:

Ejemplo 2.1.3 Divisores positivos y negativos.

Vamos a considerar los conjuntos

A = {n ∈ N : n es divisor de 60000} y C = {n ∈ Z : n es divisor de 60000}.

A cada divisor n positivo de 60000 le corresponden dos divisores en Z, n y −n. As´ı que podemos construir una aplicaci´on f : C −→ A de manera que a cada elemento n ∈ C se le asocia un elemento de A mediante la receta f (n) = |n|.

Es una aplicaci´on sobreyectiva, pues cada elemento de A tiene al menos una preimagen, un elemento de C con el que est´a relacionado a trav´es de la aplicaci´on f. Sin embargo, no es biyectiva, porque hay elementos de C cuyas im´agenes coinciden (n y −n van ambos a |n|). De hecho, cada elemento de A tiene exactamente dos preim´agenes. As´ı que C tiene el doble de elementos que A. ♣

Obs´ervese que para obtener la conclusi´on del ejemplo anterior ha sido necesario que la aplicaci´on fuera sobreyectiva (que no se “saltara” ning´un elemento de A). Consideremos entonces dos conjuntos X e Y, entre los que se ha establecido una aplicaci´on sobreyectiva

X f −→ Y. si cada elemento de Y tiene una ´unica preimagen, esto es, si la aplicaci´on es adem´as inyectiva (y por tanto biyectiva), entonces, como bien sabemos, |X | = |Y|. Pero si cada elemento de Y tiene exactamente dos preim´agenes, lo que escribiremos generalmente como #{f −^1 (y)} = 2 para todo y ∈ Y, entonces |X | = 2 |Y|. A este tipo de aplicaciones se les llama muchas veces, por razones evidentes, aplicaciones 2 a 1. O m´as generalmente: si la aplicaci´on f cumple que #{f −^1 (y)} = k para todo y ∈ Y, esto es, si es una aplicaci´on k a 1, entonces |X | = k |Y|. Hay una manera muy gr´afica de entender estos resultados (y algunos m´as generales que veremos a continuaci´on). Se trata de una t´ecnica simple, pero eficaz, que se recoge en el lema del doble conteo^2. Consiste en la siguiente idea: dada una matriz, si sumamos los valores de todas sus entradas, el resultado no depender´a de si primero sumamos cada fila y luego los resultados obtenidos, lo que llamaremos sumar por filas; o de si primero sumamos cada columna y luego los resultados (sumar por columnas). Es algo sobre lo que ya reflexionamos en la p´agina 38, cuando explic´abamos las manipulaciones con sumas dobles. (^2) Lamentar´ıamos que nuestro entusiasmo por el doble conteo pudiera inducir al lector a amalgamar dentro de este t´ermino a la doble contabilidad. El doble conteo es un truco, la doble contabilidad es una trampa. Nota de Nota: No debe confundirse tampoco la doble contabilidad con la contabilidad de doble entrada. En 1494, Fray Luca Pacioli, del que hablaremos en la secci´on 4.4, quien es considerado el padre de la Con- tabilidad moderna, public´o su libro Summa de Arithmetica, 36 de cuyos cap´ıtulos estaban dedicados a explicar la partida doble, o Contabilidad de doble entrada, como mecanismo contable. Johann Wolfgang von Goethe, quiz´a el escritor m´as influyente de finales del siglo XVIII, describir´ıa el sistema de Pacioli como “algo de perenne belleza y simplicidad y uno de los mayores logros del intelecto humano”.

2.1. Aprendiendo a contar 55

Apliquemos esta idea a nuestro caso. Tenemos una apli- caci´on sobreyectiva

y 1 y 2 y 3 · · · ym x 1 1 0 0 · · · 0 x 2 0 0 1 · · · 0 x 3 0 0 0 · · · 1 .. .

.. .

.. .

.. .

... .. . xn 1 0 0 · · · 0

X

f −→ Y

y construimos la siguiente matriz: en verticales colocamos los elementos de X = {x 1 ,... , xn} y en horizontales, los de Y = {y 1 ,... , ym}. En otros t´erminos, etiquetamos las filas con los elementos de X y las columnas con los de Y. Las entradas de la matriz ser´an ceros o unos. Colocaremos un 1 en la posici´on (i, j) si f (xi) = yj , y un 0 en caso contrario. Obtenemos as´ı matrices como la que aparece a la derecha. El que sea una aplicaci´on nos garantiza que en cada fila aparece exactamente un 1, pues cada elemento de X tiene una ´unica imagen. As´ı que la suma en cada fila da 1, y en total habr´a |X | unos en la matriz. La sobreyectividad garantiza, por su parte, que no haya columnas s´olo con ceros. Si, adem´as, la aplicaci´on f es biyectiva, (sobreyectiva e inyectiva, ´o 1 a 1), entonces en cada columna s´olo aparece un 1. Sumando en todas las columnas, obtenemos |Y| unos. Y como el resultado no ha de depender de si sumamos por filas o por columnas, deducimos que |X | = |Y|, como ya sab´ıamos.

Si la aplicaci´on es 2 a 1, entonces en cada columna hay dos unos, y en total obtenemos 2 |Y| unos, de manera que tendr´ıamos |X | = 2 |Y|. En general, si la aplicaci´on es k a 1, tendremos que |X | = k |Y|. Observe el lector que, en estos argumentos y resultados, es fundamental la hip´otesis de sobreyectividad.

Intentemos ahora escribir una relaci´on general, v´alida para aplicaciones f cualesquiera de X a Y. En la matriz correspondiente la suma por filas sigue dando |X |, por ser f una aplicaci´on. Y en la columna etiquetada con yi obtenemos tantos unos como preim´agenes tenga yi, es decir, #{f −^1 (yi)} unos. En total,

|X | =

y∈Y

#{f −^1 (y)}.

Ahora ya no es necesario que la aplicaci´on sea sobreyectiva, porque si f se “salta” un cierto elemento yi ∈ Y, entonces #{f −^1 (yi)} = 0, y el valor de la suma de arriba no cambia. Una expresi´on alternativa, que resulta ´util en diversas circunstancias, es la que se obtiene “agrupando” en la suma anterior los elementos de Y en funci´on del n´umero de preim´agenes que tengan. Llamemos ak = #

y ∈ Y : #{f −^1 (y)} = k

Esto es, ak es el n´umero de elementos de Y que tienen exactamente k preim´agenes. Entonces

|X | =

k

k ak.

Quiz´as el lector encuentre excesivo, a estas alturas, introducir toda esta maquinaria del doble conteo. Confiamos en que se convenza de su utilidad m´as adelante, cuando descubra c´omo su aplicaci´on permite codificar de manera transparente resultados dif´ıciles de probar por otros m´etodos (en el principio de inclusi´on/exclusi´on, en grafos, en el lema de Hall, etc.). El siguiente ejemplo es simp´atico, y nos lo volveremos a encontrar en diversos contextos.

2.1. Aprendiendo a contar 57

Ejemplo 2.1.5 ¿Cu´antos n´umeros entre 1 y 60000 no dividen al propio 60000?

El conjunto de inter´es es C = {n ∈ N , 1 ≤ n ≤ 60000 : n no divide a 60000}, que est´a inclui- do en X = { 1 , 2 ,... , 6000 }. Obs´ervese que |X| = 60000. Ya consideramos, en el ejemplo 2.1.1, el conjunto A = {n ∈ N : n divide a 60000}. Observe el lector que A tambi´en est´a incluido en X (pues los divisores de 60000 deber´an ser ≤ 60000). Pero m´as a´un, A resulta ser, justa y afortunadamente, X \ C. As´ı que

|C| = |X| − |X \ C| = 6000 − |A|.

Tenga a´un un poco de paciencia el lector, hasta que lleguemos al ejemplo 2.2.1, con el que podremos completar todos estos c´alculos. ♣

2.1.3. El infinito

Figura 2.1: Hilbert

¿Qu´e es un conjunto infinito? Siguiendo la definici´on dada unas p´aginas atr´as, cualquier conjunto que no pueda ser puesto en biyec- ci´on con { 1 ,... , n}, sea cual sea n. Desde luego, el propio conjunto de los n´umeros naturales, N, es un conjunto infinito. Tambi´en son infinitos el conjunto de los n´umeros enteros Z, el de los racionales Q, el de los reales R, etc. Ahora bien, casi cualquier pregunta que nos hagamos al respecto, como por ejemplo: ¿hay infinitos “m´as grandes” que otros?; ¿hay alguna manera de compararlos?, requiere un an´ali- sis cuidadoso y delicado, que es el que pretendemos hacer en esta subsecci´on. Porque el concepto del infinito^5 es elusivo y desaf´ıa en muchas ocasiones nuestra intuici´on. En palabras de Hilbert^6 ,

¡El infinito! Ninguna otra cuesti´on ha conmovido nunca tan profundamente el esp´ıritu humano; ninguna otra idea ha estim- ulado tan fruct´ıferamente su intelecto; y ning´un otro concepto tiene tanta necesidad de ser clarificado. Dej´emonos guiar por el caso finito. Recordemos que si A y B son dos conjuntos finitos y existe una funci´on biyectiva entre ellos, entonces decimos que A y B tienen el mismo tama˜no o cardinal. Decidimos entonces ampliar el rango de aplicaci´on de esta definici´on: dos conjuntos cualesquiera A y B tienen el mismo cardinal si existe una biyecci´on entre ambos. (^5) Aqu´ı convendr´ıa se˜nalar que el concepto de infinito al que nos estamos refiriendo es al de un infinito actual, una entidad, un objeto dado. Desde Arist´oteles (que lo prohib´ıa expresamente en el Libro III de su F´ısica) hasta Gauss s´olo se manejaba un concepto de infinito potencial, como la posibilidad de considerar procesos ad infinitum. (^6) David Hilbert (1862-1943) fue uno de los matem´aticos m´as influyentes de finales del siglo XIX y prin- cipios del XX. Realiz´o important´ısimas aportaciones a diversas ramas de las matem´aticas, como la Teor´ıa Algebraica de N´umeros, la Geometr´ıa, los Fundamentos de las Matem´aticas, el An´alisis Funcional, la F´ısica matem´atica... Los ahora llamados espacios de Hilbert son la base de la formulaci´on de la Mec´anica cu´antica, que ha conseguido describir satisfactoriamente los fen´omenos subat´omicos. En 1900, en el segundo Congreso Internacional de Matem´aticos celebrado en Par´ıs, propuso una lista de 23 problemas que ´el consider´o como los m´as relevantes en las Matem´aticas de aquel momento; algunos de ellos todav´ıa no se han resuelto comple- tamente, como es el caso de la hip´otesis de Riemann. Quiz´as sirva como ilustraci´on de su esp´ıritu una de sus frases favoritas: Wir m¨ussen wissen, wir werden wissen. Esto es, “Debemos saber, sabremos”.

58 Cap´ıtulo 2. Las t´ecnicas b´asicas de la Combinatoria

Esta definici´on depara inmediatamente sorpresas. Consideremos, por ejemplo, dos con- juntos infinitos, como el de los n´umeros naturales N y el conjunto P de todos los n´umeros naturales pares. A´un siendo ambos infinitos, la intuici´on nos dice que “hay m´as” n´umeros naturales que n´umeros naturales pares. Al fin y al cabo, P ⊂ N. Pero consideremos la funci´on f : N → P dada por f (n) = 2 n para cada n ∈ N. Es f´acil comprobar que esta funci´on es una biyecci´on entre los dos conjuntos, as´ı que, seg´un nuestra definici´on, tienen el mismo cardinal. Lo mismo ocurre con N y los n´umeros naturales impares (tomando, por ejemplo, la funci´on f (n) = 2n − 1). Sorpr´endase el lector: los naturales pares (o los impares) son un subconjunto de N (y no son todo N), y sin embargo ambos conjuntos tienen el mismo cardinal.

Oigamos a Antonio Machado con el siguiente Ejercicio de Sof´ıstica de Juan de Mairena: La serie de los n´umeros pares es justamente la mitad de la serie total de n´umeros. La serie de los n´umeros impares es justamente la otra mitad. La serie de los pares y la serie de los impares son —ambas— infinitas. La serie total de los n´umeros es tambi´en infinita. ¿Ser´a entonces doblemente infinita que la serie de los n´umeros pares y que la serie de los impares? Ser´ıa absurdo pensarlo, porque el concepto de infinito no admite ni m´as ni menos. Entonces, las partes —la serie par y la impar—, ¿ser´an iguales al todo?

  • Atenme esta mosca por el rabo y d´´ ıganme en qu´e consiste lo sof´ıstico de este argumento. Juan de Mairena gustaba de hacer razonar en prosa a sus alumnos, para que no razonasen en verso.

Figura 2.2: Galileo

Tambi´en el conjunto Q = { 1 , 4 , 9 , 16 , 25 ,... } de los n´umeros natu- rales que son cuadrados es un conjunto infinito que puede ser puesto en biyecci´on con N. Sobre esto reflexionaba, algo atribulado, Galileo^7 : No veo otra decisi´on sino admitir que el conjunto de los n´umeros [naturales] es infinito; los cuadrados son infinitos, y ni la cantidad de cuadrados es menor que la cantidad de naturales, ni al rev´es. Los atributos de igualdad, de mayor o menor no tienen cabida al tratar cantidades infinitas, sino s´olo en cantidades finitas. Como veremos pronto, Machado y Galileo s´olo ten´ıan raz´on en parte: en realidad, el concepto de infinito s´ı admite “m´as y menos”. El que una parte tenga igual cardinal que el todo no puede ocurrir, por supuesto, para conjuntos finitos. Un buen ejemplo de esta paradoja (^7) Galileo Galilei (1564-1642), astr´onomo, fil´osofo, matem´atico, es bien conocido por sus trabajos sobre la ca´ıda de los cuerpos, su uso del telescopio o su desarrollo del m´etodo experimental (o cient´ıfico), as´ı como por los problemas que tuvo con la Inquisici´on por apoyar la teor´ıa helioc´entrica de Cop´ernico. Es legendaria la frase (quiz´as ap´ocrifa) de eppur si muove (“y, sin embargo, se mueve”) que pronunci´o cuando fue obligado a abjurar de sus planteamientos helioc´entricos. En el siguiente extracto de su obra de 1623 El ensayador (Aguilar, Buenos Aires, 1981), Galileo defiende con pasi´on la necesidad de manejar el lenguaje de las Matem´aticas para entender el “libro de la Naturaleza”: La Filosof´ıa est´a escrita en ese grand´ısimo libro que tenemos abierto ante los ojos, quiero decir, el Universo, pero no se puede entender si antes no se aprende a entender la lengua, a conocer los caracteres en los que est´a escrito. Est´a escrito en lengua matem´atica y sus caracteres son tri´angulos, c´ırculos y otras figuras geom´etricas, sin las cuales es imposible entender ni una palabra; sin ellos es como girar vanamente en un oscuro laberinto.

60 Cap´ıtulo 2. Las t´ecnicas b´asicas de la Combinatoria

B. Conjuntos numerables y no numerables Provistos de esta nueva tecnolog´ıa, nos disponemos a analizar otros conjuntos infinitos. Para nombrar el cardinal de N, nuestro conjunto infinito preferido (por ahora), utilizamos la primera letra del alfabeto hebreo, ℵ 0 (l´ease “alef sub cero”). La biyecci´on f que construimos un par de p´aginas atr´as entre N y el conjunto P de los naturales pares nos confirma que ambos conjuntos tienen el mismo cardinal. Y adem´as nos permite listar los elementos de P ; as´ı, 2 es el “primer” elemento (pues es la imagen de 1), 4 es el “segundo” (imagen de 2), etc. Esto es algo general: sea A un conjunto para el que existe una biyecci´on f : N → A. Para cada n ∈ N, llamemos an al elemento de A que es imagen de n mediante f , f (n) = an. Entonces podemos listar los elementos del conjunto A: (a 1 , a 2 , a 3 ,... ). Cualquier conjunto que pueda ser puesto en biyecci´on con N se dice que es numerable^10 , y su cardinal ser´a el mismo que el de N, esto es, ℵ 0. El propio N es, claro, numerable, y tambi´en lo son, como hemos visto, los conjuntos de los naturales pares, impares o cuadrados. De hecho, cualquier subconjunto infinito de N es numerable (v´ease el ejercicio 2.1.5). Resulta natural preguntarse si hay conjuntos numerables de los que N sea una parte. Por ejemplo, ¿es acaso numerable el conjunto de los enteros, Z? S´ı, lo es, pues la aplicaci´on f : N → Z dada por f (n) = n 2 si^ n^ es par y^ f^ (n) =^1 − 2 nsi^ n^ es impar, es una biyecci´on, que se corresponde con la siguiente enumeraci´on ordenada de los enteros: (0, 1 , − 1 , 2 , − 2 ,... ). Seguimos adelante y, ambiciosos, nos preguntamos si el conjunto Q de los n´umeros racionales es numerable o no. La respuesta ya no es tan obvia: ¿c´omo los enumeramos?, no podemos ordenarlos en forma creciente, pues, para empezar, no hay un racional “m´as peque˜no”. Pero s´ı, Q tambi´en es numerable. El siguiente argumento nos muestra la numer- abilidad de Q+, esto es, de los racionales positivos (la extensi´on a todo Q ser´a inmediata). Todo lo que tenemos que hacer es listarlos adecuada- mente, con la ayuda de la tabla (infinita) que aparece a la izquierda.

3 3

2 3

4 3

1 2

1 3

2 2

3 2

3 1

2 1

4 1

1 1







4 2 





1 5

2 5

3 5

3 4

2 4

4 4

1 4

4 5















Los racionales de denominador 1 est´an en la primera fila, los de denominador 2 en la segunda, etc., as´ı que la tabla incluye a todos los racionales positivos. Ahora los recorremos siguiendo el itinerario zigzagueante que marcan las flechas del dibujo. Observe el lector que en el recorrido visitamos todos los elementos de Q+. Y aunque se repiten (por ejemplo, pasamos por 1/1, 2/2, 3 /3, etc., que son el 1), el procedimiento da lugar a una aplicaci´on sobreyectiva f : N → Q+^ que permite de- ducir la numerabilidad de Q+^ (v´ease el ejercicio 2.1.6). Una vez enumerados los racionales positivos, hacer lo mismo con todos los racionales es tarea sencilla (ejerci- cio 2.1.8). El mismo argumento permite comprobar que el conjunto N×N, los pares de n´umeros naturales, es numerable. De hecho, cualquier producto cartesiano de un n´umero finito de copias de N es numerable (v´ease el ejercicio 2.1.9). (^10) Hay quien entiende que numerable incluye tambi´en el caso en que el conjunto es finito. A veces se utiliza la palabra contable, como aqu´el que se puede contar o enumerar.

2.1. Aprendiendo a contar 61

Figura 2.3: Cantor

¿Pero es que todos los conjuntos infinitos son numerables?, se pre- guntar´a el lector, algo decepcionado por la posibilidad de que, despu´es de todo, el concepto de infinito no sea tan rico como empezaba a supon- er. Por ejemplo, ¿qu´e ocurre con R, es numerable o no?

Teorema 2.1 (Cantor) El conjunto de los n´umeros reales R no es numerable.

Demostraci´on. El argumento que sigue, conocido como el argumen- to diagonal de Cantor^11 es de una belleza e ingenio desbordantes. Antes de entrar a describirlo, observemos que queremos probar un re- sultado de imposibilidad: a saber, que no es posible poner en biyecci´on N y R. En realidad, haremos s´olo el argumento que demuestra que el intervalo (0, 1) no puede ser puesto en biyecci´on con N (el que (0, 1) y R s´ı que pueden ser relacionados mediante una biyecci´on es sencillo de comprobar, v´ease el ejercicio 2.1.11). Procederemos por reducci´on al absurdo: supongamos que (0, 1) es nu- merable. Sabemos que entonces podremos listar en orden todos sus elementos; llam´emosles (x 1 , x 2 , x 3 ,... ) y enumer´emoslos exhibiendo sus expresiones decimales.

x 1 = 0 , a^11 a^12 a^13 a^14... x 2 = 0 , a^21 a^22 a^23 a^24... x 3 = 0 , a^31 a^32 a^33 a^34... x 4 = 0 , a^41 a^42 a^43 a^44... .. .

En la lista de la izquierda, aji significa el entero (entre 0 y 9) que ocupa la posici´on i-´esima del desarrollo decimal del n´umero real xj , que ocupa la posici´on j en esta ordenaci´on. Ahora construimos un n´umero real (en el intervalo (0, 1)) y = 0, b 1 b 2 b 3 b 4...

de la siguiente manera: si a^11 = 1, entonces b 1 = 2, y si a^11 = 1, entonces b 1 = 1. La segunda cifra decimal, b 2 , ser´a 1 si a^22 = 1 y ser´a 2 si a^22 = 1. En general,

bn =

1 , si ann = 1, 2 , si ann = 1.

La expresi´on decimal del n´umero y as´ı construido consta de una lista de unos y doses tras la cifra decimal; como es un n´umero de nuestro intervalo, ha de aparecer en nuestra lista, en alguna posici´on, digamos en la posici´on k. As´ı que y = xk. Pero esto no puede ocurrir, porque bk, la k-´esima cifra del desarrollo decimal de y es, por construcci´on, diferente de akk, la k-´esima del desarrollo de xk (y el desarrollo decimal de y no termina en una lista infinita de ceros o nueves, lo que podr´ıa dar lugar a ambig¨uedad, v´ease la p´agina 208). Hemos llegado as´ı a una contradicci´on. 

El cardinal de R (y el de los conjuntos que se pueden poner en biyecci´on con ´el^12 ) se nombra con la letra c; se dice que tiene el cardinal del continuo. (^11) Georg Cantor (1845-1918) es considerado como el padre de la moderna Teor´ıa de Conjuntos. Sus trabajos en este campo, sus estudios sobre el infinito, hicieron que Hilbert llegara a decir que “nadie nos expulsar´a del para´ıso que Cantor ha creado para nosotros”. Tambi´en contribuy´o a definir conceptos como la dimensi´on o la medida. Su biograf´ıa est´a salpicada de relaciones tempestuosas con matem´aticos de la ´epoca, como Kronecker o Mittag-Leffler. Sufri´o numerosas crisis depresivas y, de hecho, muri´o internado en un sanatorio psiqui´atrico. (^12) Como un intervalo de la recta real, o algunos otros tan extra˜nos como el conjunto ternario de Cantor de todos los n´umeros reales entre 0 y 1 cuyo desarrollo en base 3 no contiene ning´un uno.

2.1. Aprendiendo a contar 63

Algo descolocados por la casi incre´ıble conclusi´on anterior, nos centramos en la segunda cuesti´on, para la que, como veremos, s´ı que tenemos una respuesta (afirmativa): hay m´as infinitos, adem´as de los dos que hemos hallado hasta ahora. De hecho, toda una jerarqu´ıa de infinitos distintos.

Para verlo, consideremos un conjunto cualquiera X, y llamemos P(X) a la colecci´on de todos los subconjuntos de X (este conjunto se nombra como partes de X). Ya hemos visto, en el caso finito (v´ease el ejemplo 2.1.2), una biyecci´on de P(X) en el conjunto de las listas de ceros y unos de longitud n que nos permitir´a deducir m´as adelante (ejemplo 2.2.2) que, si |X| = n, entonces P(X) tiene tama˜no 2n. Pero el resultado que aqu´ı nos interesa es el siguiente:

Teorema 2.2 (Cantor) Dado un conjunto X, no puede existir una biyecci´on de X so- bre P(X).

Demostraci´on. Supongamos, por el contrario, que hubiera una biyecci´on f : X → P(X). Esta aplicaci´on asocia a cada elemento x ∈ X una imagen f (x) que es un cierto subconjunto de X, esto es, un elemento de P(X). En el otro sentido, cualquier subconjunto de X (cualquier elemento de P(X)) es la imagen, f (y), de un cierto y ∈ X.

Ahora consideremos el conjunto A = {x ∈ X : x /∈ f (x)} ,

que, en palabras, es el conjunto de los elementos de x ∈ X que no est´an incluidos en el subconjunto f (x) que les asocia la biyecci´on. Por supuesto, A es un subconjunto de X, es decir, A ∈ P(X), as´ı que existir´a cierto y ∈ X para el que A = f (y).

Concluimos la demostraci´on analizando las dos posibilidades que existen, dependiendo de si ese elemento y est´a o no en A. La conclusi´on en ambos casos es expeditiva, y har´a bien el lector en meditar detenidamente sobre ellas:

Si y ∈ A, entonces, por la definici´on de A, y /∈ f (y). Pero esto es una contradicci´on, porque A = f (y). Si y /∈ A, entonces y ∈ f (y). Pero entonces y deber´ıa estar en A = f (y), de nuevo una contradicci´on.

En ambos casos llegamos a una contradicci´on, as´ı que la supuesta biyecci´on f : X → P(X) no puede existir en realidad. 

Obs´ervese que, sin embargo, es sencillo establecer una aplicaci´on inyectiva de X en P(X), asignando, por ejemplo, a cada x ∈ X, el conjunto formado ´unicamente por ´el mismo, esto es, {x}. As´ı que cardinal(X) ≤ cardinal(P(X)). Pero como el Teorema 2.2 nos dice que los conjuntos no tienen el mismo cardinal, deducimos finalmente que el cardinal de X es, con seguridad, menor que el de P(X).

En particular, el cardinal de N es menor que el cardinal de P(N) (que es, por cierto, el del continuo, v´ease el ejercicio 2.1.13). Repitiendo el argumento, primero para P(N) y P(P(N)), luego para... llegamos a descubrir toda una cadena de cardinales infinitos:

cardinal(N) < cardinal(P(N)) < cardinal(P(P(N))) < · · ·

64 Cap´ıtulo 2. Las t´ecnicas b´asicas de la Combinatoria

EJERCICIOS DE LA SECCI ON 2.1´

2.1.1 Se forman todas las listas de longitud n con los n´umeros { 1 ,... , 6 } y con repetici´on permitida. Una tal lista se dice impar si la suma de los n´umeros que la forman es impar, y par en caso contrario. (a) Demu´estrese que la mitad de las listas son pares. (b) ¿Ocurrir´ıa lo mismos si las listas estuvieran formadas con los n´umeros { 1 , 2 ,... , 7 }?

2.1.2 Sobre el hotel de Hilbert. Durante una hora ocurre lo siguiente: al empezar, el hotel est´a vac´ıo; a lo largo de la primera media hora llegan dos hu´espedes, y se va uno; a lo largo del siguiente cuarto de hora llegan otros dos hu´espedes y se va uno (de los tres que habr´ıa en ese in- stante); a lo largo del siguiente octavo de hora llegan otros dos, y se va uno (de los cuatro que habr´ıa entonces); y as´ı sucesivamente. Obs´ervese que al final del n-´esimo per´ıodo de tiempo tenemos siempre n habitaciones ocupadas. (a) Compru´ebese, sin embargo, que si en cada per´ıodo de tiempo el hu´esped que se marcha es el m´as antiguo en ese momento, al final de la hora el hotel queda vac´ıo. (b) Por el contrario, si quien se marcha es el hu´esped m´as reciente, el hotel tendr´a infinitas habita- ciones ocupadas al final de la hora. (c) ¿Cu´antos hu´espedes quedan en el hotel si, en cada periodo, quien se marcha es el segundo hu´esped m´as antiguo?

2.1.3 Sean A y B dos conjuntos. Compru´ebese que si tenemos una aplicaci´on inyectiva A → B, entonces hay tambi´en una aplicaci´on sobreyectiva B → A (y viceversa).

2.1.4 En este ejercicio detallamos los pasos de una demostraci´on del teorema de Bernstein- Schr¨oder, que afirma que si existen sendas aplicaciones inyectivas f : A → B y g : B → A, entonces existe una aplicaci´on biyectiva h : A → B (y, por tanto, A y B tienen el mismo cardinal). Observemos primero que si g(B) = A, entonces g es sobreyectiva y, por tanto, biyectiva. Supong- amos entonces que g(B) = A y llamemos C 0 = A \ g(B). (a) Consideremos ahora el conjunto C 1 = (g ◦ f )(C 0 ). Compru´ebese que C 1 ⊂ A y que C 1 ∩ C 0 = Ø. (b) Definimos, de manera recursiva, los siguientes conjuntos:

Cn = (g ◦ f )n(C 0 ) para cada n ≥ 1.

Pru´ebese por inducci´on que todos ellos son subconjuntos de A y que Cn ∩ Cm = Ø si n = m. (c) Finalmente, consideramos el conjunto

C =

⋃^ ∞

n=

Cn.

Ya estamos en disposici´on de definir la aplicaci´on h : A → B dada por

h(x) =

{ f (x) si x ∈ C; g−^1 (x) si x /∈ C.

Compru´ebese que h est´a bien definida. (d) Compru´ebese que h es una biyecci´on de A en B.

2.1.5 Pru´ebese que cualquier subconjunto infinito de N es numerable.

2.1.6 Sea S un conjunto infinito.

66 Cap´ıtulo 2. Las t´ecnicas b´asicas de la Combinatoria

2.2. La regla del producto

Empecemos con un ejemplo sencillo, como es el de contar el n´umero de “palabras” que podemos formar con una letra y un n´umero (en este orden), suponiendo que tenemos a nuestra disposici´on 23 letras {a,... , z} y 10 n´umeros, { 0 , 1 ,... , 9 }. Las palabras a las que nos referimos son listas de dos posiciones, en las que situamos dos s´ımbolos, una letra seguida de un n´umero, como por ejemplo (b3) ´o (c9).

Para formar una de estas palabras, se- guramente el lector escoger´a, sucesivamente y en este orden, primero la letra y luego el n´umero. Las posibilidades que tenemos en este procedimiento de construcci´on de “izquierda a derecha” se exhiben, gr´afica- mente, en el esquema de la derecha.

a (^) b c (^) d · · · y^ z

0 1 · · · 9 0 1 · · · 9

En el primer “piso” del “´arbol” situamos las 23 posibles elecciones de letra. Y luego, para cada posible elecci´on de letra, tenemos 10 posibilidades para el n´umero. Cada una de las ramas del “´arbol” dibujado nos conduce a un resultado distinto. No le resultar´a sorprendente al lector la conclusi´on de que hay 23 × 10 palabras distintas, pues por cada elecci´on de letra hay 10 elecciones posibles de n´umeros; y hay 23 elecciones iniciales de letra distintas.

La generalizaci´on de este argumento nos lleva a enunciar una primera versi´on de la regla del producto: supongamos que un cierto proceso se puede separar en una primera y una segunda etapas y que tenemos m y n posibles resultados para las etapas, respectivamente. Entonces, el proceso total se puede realizar, en el orden designado, de m × n maneras.

M´as generalmente, supongamos que nos dan n conjuntos A 1 ,... , An y que formamos n-listas en las que el primer elemento pertenece al conjunto A 1 , el segundo a A 2 , etc.:

1 2 j n − 1 n



Aqu´ı, un elemento de A 1 Aqu´ı, un elemento de^ Aj



¿Cu´antas listas de este tipo distintas habr´a? Habr´a |A 1 | posibles elecciones para la primera posici´on, |A 2 | para la segunda, etc.:

     |A 1 | posibilidades |A 2 | |A 3 | |An− 1 ||An|

As´ı que el n´umero total es |A 1 | · |A 2 | · · · |An|.

No siempre es posible aplicar de manera directa esta regla. Imagine el lector que queremos contar el n´umero de 2-listas con ceros y unos que no tienen dos ceros. Hay dos posibilidades para la primera posici´on, pero, para la segunda, el n´umero de posibilidades depende del s´ımbo- lo utilizado en la primera (habr´a una si hemos colocado un 0, y dos si hemos ubicado un 1). Veremos pronto otras reglas y procedimientos que nos permiten abordar casos como ´este.

2.2. La regla del producto 67

Con la regla del producto podemos completar algunos ejemplos que ten´ıamos pendientes.

Ejemplo 2.2.1 El n´umero de divisores positivos de 6000, segunda parte.

Recordando los argumentos del ejemplo 2.1.1, nos bastar´a con contar el n´umero de 3-listas (α, β, γ) donde 0 ≤ α ≤ 5, 0 ≤ β ≤ 1 y 0 ≤ γ ≤ 4. Ser´an listas del tipo:

 (^)   6 posibilidades 2 posibilidades 5 posibilidades { 0 , 1 , 2 , 3 , 4 , 5 } { 0 , 1 } { 0 , 1 , 2 , 3 , 4 }

As´ı que en total tendremos 6 × 2 × 5 = 60 listas. Por tanto, 60 es el n´umero de divisores positivos de 60000. ♣

Ejemplo 2.2.2 El n´umero de subconjuntos distintos que podemos extraer de un conjunto con n elementos, segunda parte.

Sea el conjunto X = { 1 , 2 ,... , n}; ya establecimos, en el ejemplo 2.1.2, la biyecci´on

A = {subconjuntos de X} ←→ B =

n-listas con repetici´on permitida formadas con los elementos del conjunto { 0 , 1 }

Para determinar el tama˜no del conjunto B (y con ello, tambi´en el de A) basta aplicar la regla del producto: para la primera posici´on tendremos dos posibilidades, para la segunda otras dos, etc. As´ı que

|B| = 2n^ =⇒ #{subconjuntos de un conjunto de tama˜no n} = 2n^. (^) ♣

Ejemplo 2.2.3 El sistema de matriculaci´on de veh´ıculos en Espa˜na.

En el sistema antiguo, una matr´ıcula, digamos en la provincia de Madrid, era de la forma

M 1397 TF

es decir, una lista de siete posiciones: la letra que identifica la provincia, cuatro n´umeros y otras dos letras (entre las que no se cuentan ni la N ni la Q). Dado que la primera letra es˜ siempre una M, podemos olvidarnos de ella y limitarnos a contar el resto. Aplicando la regla del producto, obtenemos que el n´umero de matr´ıculas madrile˜nas distintas posibles es

104 × 252 = 6250000.

A finales del a˜no 2000, este sistema estaba a punto de agotarse. Tras numerosas discusiones, se decidi´o adoptar un nuevo tipo de matr´ıculas (sin distintivos provinciales): una lista de cuatro n´umeros, seguida de tres letras (se excluyen las vocales y las consonantes N y Q):˜

0000 BBB

Tenemos as´ı un total de 10^4 × 203 posibilidades, esto es, 80 millones matr´ıculas distintas para toda Espa˜na^16. ♣ (^16) El ritmo anual de matriculaciones en Espa˜na es, en estos albores del siglo XXI, de aproximadamente dos millones de veh´ıculos. Eval´ue el lector el periodo de vigencia de este nuevo sistema si se mantuviera este ritmo. ¿Y si creciera un 10 % anual?

2.2. La regla del producto 69

la regla del producto: obs´ervese que el problema es contar el n´umero de listas de longitud k en los que en cada posici´on situamos s´ımbolos de unos ciertos conjuntos A 1 , A 2 ,... , Ak. Podemos suponer que A 1 = A, pero a partir de ah´ı ya no conocemos el resto de los Aj : por ejemplo, si en la primera posici´on situamos el s´ımbolo 3, ´este s´ımbolo ya no puede estar en ninguno de los restantes conjuntos. Mientras que si empez´aramos por el s´ımbolo 5, ser´ıa ´este el que no pertenecer´ıa a ninguno de los restantes Aj.

Pero la observaci´on que nos permite obtener una respuesta es que, aunque no conozcamos los conjuntos Aj , s´ı conocemos sus tama˜nos. Porque para la primera posici´on tenemos n posibilidades, mientras que para la segunda ya s´olo tenemos n − 1 posibilidades (el s´ımbolo utilizado en la primera posici´on ya no est´a a nuestra disposici´on). Esto se cumple sea cual sea la elecci´on de primer s´ımbolo: basta con saber que hay n − 1 s´ımbolos disponibles, no importa cu´ales. Para la tercera tendr´ıamos n − 2 posibilidades, y as´ı sucesivamente,

1 2 3 · · · k − 1 k

 · · ·

n 

n− 1 

n− 2 

n−k+ 

n−k+

de manera que^18

k-listas sin repetici´on formadas con { 1 ,... , n}

= n(n − 1) · · · (n − k + 1) =

n! (n − k)!

Por supuesto, este resultado es v´alido cuando k ≤ n, porque si k > n, no tendremos ninguna k-lista con esos n s´ımbolos. Recordemos que la notaci´on n! (el factorial de n, ´o n factorial) resume el producto n(n − 1) · · · 3 · 2 · 1 (por convenio, se asigna el valor 0! = 1).

Un caso especial, que merece atenci´on y nombre propio, es aqu´el en el que formamos n- listas sin repetici´on con n s´ımbolos. Estas listas se denominan permutaciones, y de ellas hay

#{permutaciones de n elementos} = n!

Si el conjunto de s´ımbolos que consideramos es el { 1 ,... , n}, una lista sin repetici´on de n posiciones formada con ellos es simplemente una reordenaci´on de estos s´ımbolos. Veremos en la secci´on 3.2 que estas permutaciones tienen una estructura muy rica. Analicemos ahora un ejemplo sorprendente:

Ejemplo 2.2.4 ¿Cu´al es la probabilidad p de que, de entre 50 personas escogidas al azar, al menos dos de ellas tengan la misma fecha de cumplea˜nos^19?

Antes de entrar en los detalles, atr´evase el lector a adelantar una respuesta aproximada: ¿una probabilidad alta, baja? Hay 365 posibles fechas de cumplea˜nos, y s´olo 50 personas en la muestra. Parece dif´ıcil que haya coincidencias... Pero, como veremos, y como ocurre en muchas otras cuestiones probabil´ısticas, esta intuici´on inicial falla estrepitosamente. Y es que... ¡la intuici´on se educa! En nuestro an´alisis s´olo haremos uso del habitual concepto de “probabilidad” como cociente entre los casos favorables y los casos posibles, de manera que se trata de una cuesti´on puramente combinatoria.

(^18) En algunos textos se llaman variaciones con repetici´on, VRnk, a las primeras y variaciones sin repetici´on, en s´ımbolo, V (^) nk , a las segundas. No usaremos aqu´ı esta terminolog´ıa. (^19) Es ´este un problema de corte probabil´ıstico muy conocido, el llamado problema de los cumplea˜nos, que a su vez es el caso m´as sencillo de toda una serie de cuestiones a las que nos referiremos gen´ericamente como el problema de las coincidencias cuando lo analicemos en detalle en el cap´ıtulo 19.

70 Cap´ıtulo 2. Las t´ecnicas b´asicas de la Combinatoria

El paso esencial consiste en identificar los objetos que manejaremos en nuestro an´alisis. 1 j

d´ıa de nacimiento de la persona j

50

Obs´ervese que una “muestra” de fechas de cumplea˜nos no es m´as que una lista de 50 posiciones (cada una de las cuales corresponde a una persona de la muestra), en cuyas posiciones colocamos el d´ıa del a˜no que corresponde a cada persona (supondremos que hay 366 posibles, para incluir los a˜nos bisiestos^20 ). Contemos primero los casos posibles:

casos posibles = # {50-listas con repetici´on permitida extra´ıdas de { 1 ,... , 366 }} = 366^50.

Ahora, en lugar de contar los casos favorables, y haciendo uso del paso al complementario, contaremos los “desfavorables”, lo que resulta mucho m´as sencillo. Nos interesamos, pues, por las listas de 50 posiciones en las que no hay dos s´ımbolos iguales; esto es, sin repetici´on:

casos desfavorables

50-listas sin repetici´on extra´ıdas de { 1 ,... , 366 }

= 366 × 365 × · · · × 317.

Por lo tanto,

casos favorables

casos posibles

casos posibles − # casos desfavorables

casos posibles

=

36650 − 366 × 365 × · · · × 317

¡As´ı que con una probabilidad en torno al 97 % ocurrir´a lo que se recoge en el enunciado! Esto es, con una alt´ısima certeza el experimento que describimos en la nota al pie de la p´agina anterior “funcionar´a”, y descubriremos a dos personas con la misma fecha de cumplea˜nos.

0

1

20 40 60 80 100 120 140 160 180 200 220 240 260 280 300 320 340 360 n

En un grupo de n personas, ¿cu´al es la probabilidad de que haya al menos dos cuya fecha de cumplea˜nos coincida? Como hay 366 posibles fechas de cumplea˜nos, si n ≥ 367 habr´a con seguridad dos personas con igual fecha de cumplea˜nos (como ya vimos, aplicando el principio del palomar, en el ejemplo 1.2.7), as´ı que la probabili- dad ser´a 1. Pero mientras que n sea menor que 367, cabe la posibilidad de que no se repitan. Con la ayuda del ordenador hemos obtenido la gr´afica de la izquierda. En ella, el valor de n va en abcisas, y el ordenadas represen- tamos la probabilidad de que haya al menos dos personas con la misma fecha de cumplea˜nos. Obs´ervese c´omo esta probabilidad se acerca muy r´apidamente a uno; para una muestra de 23 personas es un poco mayor que 0,5, mientras que para 60 personas ya es pr´acticamente 1.♣ (^20) Esto supone una cierta inexactitud, porque el 29 de febrero aparece, m´as o menos, la cuarta parte de veces que las dem´as fechas. En realidad, como bien se sabe, no es realista considerar que todas las fechas son igualmente probables. As´ı que, en un modelo m´as ajustado, no todas las listas de 50 posiciones habr´ıan de ser igualmente probables, de manera que el an´alisis del problema ha de ir m´as all´a de la simple enumeraci´on de casos favorables y posibles. Pero, como veremos en el cap´ıtulo 19, el caso de la equiprobabilidad es en el que con m´as dificultad tendremos coincidencias.