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Asignatura: Economia de l'Empresa I, Profesor: vicente ortun, Carrera: Administració i Direcció d'Empreses, Universidad: UPF
Tipo: Apuntes
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En este capítulo nos proponemos mostrar la estructura del problema básico que encara toda economía y las soluciones organizativas que se emplean para resolverlo. Pondremos especial énfasis en una faceta de este problema económico, la relacionada con las dificultades que existen para especializar los recursos productivos. Se comentarán a continuación las dos soluciones principales del problema, el mercado y la política. Éstas proporcionan sendas referencias para entender el papel que representan las organizaciones de ámbito más reducido, de entre las cuales prestaremos atención preferente a las empresas. Veremos, en primer lugar, cómo la organización de la actividad económica permite, sobre todo, acceder a las ventajas de eficiencia que proporciona la especialización productiva. Para lograrlo, las soluciones organizativas han de atenuar los graves problemas que dicha especialización plantea. Estos problemas son consecuencia, principalmente, del carácter costoso de los intercambios o transacciones cuando éstas tienen lugar entre individuos con intereses propios y la información está distribuida entre ellos de forma asimétrica.
Aplicación 2.1. Robinson Crusoe y Viernes
Para poner de relieve el problema central de la economía recordemos la historia del náufrago Robinson Crusoe y el indígena Viernes. Tratándose de personajes con formación y cultura tan diferentes, es lógico pensar que especializándose puedan aumentar su productividad. Por ejemplo, Robinson puede ser más productivo dedicándose a la manufactura y construcción, en la medida en que pueda aplicar algunos de los conocimientos alcanzados en su país de origen. Por su parte, parece razonable imaginar que Viernes es más productivo si se dedica a extraer recursos naturales y a cazar, recolectar y cultivar alimentos. Las ventajas de especialización, están, por tanto, claras. Los costes de intercambio son también obvios. Entre los costes de coordinación, el primero se manifiesta en términos de búsqueda: antes de que ambos personajes se encuentren, transcurre un tiempo en el que la especialización es imposible porque, simplemente, ni siquiera saben de su existencia. No es éste un problema que afecte sólo a náufragos e indígenas. En nuestra economía, constantemente dedicamos gran cantidad de recursos para facilitar el encuentro de demanda y oferta, sobre todo cuando la especialización es elevada. Mucha publicidad (“Compro piso en esta zona”, “Se busca economista experto en control interno”) y un buen número de intermediarios (agentes inmobiliarios, cazatalentos) cumplen, al menos en parte, funciones informativas que intentan resolver este problema. En segundo lugar, una vez se han encontrado, Robinson y Viernes han de ser capaces de comunicarse mutuamente sus necesidades y disponibilidades en todas las dimensiones que sean relevantes para el éxito del intercambio, como contenido, tiempo o lugar. Los problemas también son considerables en este sentido, tanto para este ejemplo como en nuestras transacciones cotidianas. Piense, como un ejemplo sencillo, en el tiempo que dedicamos en las tiendas a informar a los vendedores de cuáles son exactamente nuestras preferencias. Igualmente, si la compra se refiere a viviendas, es corriente que el agente inmobiliario haya de mostrar al cliente unas cuantas antes de que pueda hacerse una idea de lo que realmente desea adquirir. Para terminar con la coordinación, hemos de tener en cuenta que ésta se torna más difícil cuando, como parece conveniente, Robinson y Viernes emplean como insumos en sus respectivos procesos productivos el producto obtenido por el otro. Por ejemplo, puede ser eficiente que Robinson construya las cabañas con la madera y otros elementos naturales que Viernes le procura. Una de las manifestaciones más típicas de los problemas de coordinación de oferta y demanda, tanto respecto a productos finales como intermedios es la necesidad de mantener existencias en inventario, con el consiguiente coste de oportunidad que su financiación conlleva. De la magnitud de este coste da idea el énfasis que las empresas modernas ponen en reducirlo. Para ello, aprovechan los nuevos medios de comunicación y transporte, y desarrollando, por ejemplo, las técnicas just in time de gestión de procesos fabriles, de la que fueron pioneras las grandes empresas japonesas, y que tienen como uno
Las ventajas de la especialización
Por un lado, la especialización de los recursos y de las unidades económicas incrementa su productividad al aprovechar, crear y desarrollar sus ventajas comparativas, convirtiéndose así en el motor fundamental del desarrollo económico. Un portento como Miguel Induráin era un gran ciclista no sólo por sus dotes naturales, sino porque se había especializado en serlo, dejando de realizar otras muchas actividades. Es más: su especialización en ganar el Tour de Francia parecía restringir su participación en otras carreras y disminuir sus posibilidades de superar la plusmarca “de la hora”.
El precio de la especialización
Por otro lado, la especialización adolece, sin embargo, de un grave problema que a menudo limita gravemente sus posibilidades. Puesto que nuestras necesidades son múltiples, la especialización carece de sentido sin intercambio. Retomando el ejemplo del párrafo anterior, ¿de qué le hubiera servido a Induráin haberse especializado, si no hubiera podido alquilar sus servicios como ciclista, o si tampoco hubiese podido adquirir todos los bienes y servicios que consume, y que son producidos por otros especialistas? La especialización origina así costes sustanciales, asociados a los intercambios entre personas o unidades especializadas, costes que en este libro denominaremos generalmente como “costes de intercambio” y, ocasionalmente, “costes de transacción” cuando hacerlo así resulte más acorde al contexto^2.
Muchos de estos costes de transacción se relacionan con la necesidad de coordinar las actividades llevadas a cabo por los especialistas. No obstante, los costes más problemáticos (y posiblemente también los más fundamentales) de la especialización productiva son los de “motivación” o incentivos, relacionados con la posibilidad de que los protagonistas de los intercambios o transacciones se comporten de forma oportunista unos con los otros. Ocurre así cuando intentan aprovechar el intercambio, no para posibilitar la especialización, sino para capturar o expropiar lo aportado o producido por los demás. Como tendremos ocasión de examinar en estas páginas, la estructura de la organización económica, su configuración en múltiples formas y niveles, es en gran medida el resultado de tales costes y, en especial, de la necesidad de contenerlos. Más en particular, la empresa, que es nuestro principal objeto de estudio, es una de las formas principales que los seres humanos hemos encontrado para atenuarlos.
Cuantía de los costes de transacción
Conviene señalar que los costes de transacción son cuantiosos. Se ha estimado que representaban aproximadamente el 25 por 100 del producto nacional bruto de la economía estadounidense en 1870 y el 45 por 100 en 1970 (Wallis y North, 1986). Sin embargo, ni su existencia ni su volumen son signos de ineficiencia. Es cierto que los controles y garantías en que se manifiestan gran parte de tales costes de transacción consumen recursos sin aumentar por sí mismos la producción. No obstante, si no existieran, y a menos que se modificase la naturaleza humana, la especialización y la producción disminuirían aún más. Por este motivo, interesa a todas las partes de un contrato que se dediquen recursos a actividades de salvaguardia. Resulta completamente irrelevante que en un mundo ideal fuera preferible dedicarlos a usos más directamente productivos.
La ambigüedad de los fines de la especialización
La especialización puede tener dos objetivos: Los recursos y unidades económicas pueden lograr con ella una función productiva de riqueza o bien meramente expropiatoria de la riqueza ajena. En principio, parece fácil atribuir cada una de ambas funciones a la especialización, tanto de individuos (pintores y atracadores),
(^2) El motivo para usar los dos términos reside en que muchos autores prefieren reservar el término “costes de transacción” para los intercambios que suceden en el mercado, lo que excluiría las transacciones internas a la empresa.
como de máquinas (acería y ganzúa), empresas (Fagor y Forum Filatélico) u otras organizaciones (Cruz Roja y Mafia). Sin embargo, estas atribuciones son débiles, pues no sólo una especialización aparentemente productiva puede camuflar actividades expropiatorias (por ejemplo, un pintor que engañase a sus clientes sistemáticamente), sino que los bienes de capital suelen valer para ambos fines y, por ende, la función real de las organizaciones suele ser discutible. En todo caso es probable que, con respeto a sus fines o funciones últimas, los recursos se especialicen eficientemente: “las instituciones se desarrollan por muchas razones, pero sea cual sea su propósito, incluyendo la ‘explotación’ de grupos débiles, logran sus objetivos eficientemente; esto es, minimizan ‘costes de transacción’” (Becker, 1992, p. 68).
Especialización como atributo de las relaciones contractuales
Cabe también pensar que la especialización no es un atributo de las unidades productivas o empresas, sino de cada una de sus relaciones contractuales (en lugar de sus recursos). Con vistas al análisis de éstas, cabe considerar la especialización como el grado de asunción de actividades por parte de quien ha de efectuar la prestación o suministrar el bien objeto de la transacción (el “agente”, en los términos que se desarrollan en el capítulo #3). Desde este punto de vista, General Motors solía estar más especializada que Honda porque era mayor su grado de separación entre accionistas y directivos.
2.2. Costes de transformación y costes de intercambio o transacción
El coste de producir un bien o servicio cualquiera puede, pues, descomponerse en coste de transformación y coste de intercambio. Todos aquellos costes causados directa o indirectamente por la necesidad de coordinar los recursos especializados y motivar a sus propietarios integran el coste de intercambio o transacción. Por exclusión, forman parte del coste de transformación todos los demás costes necesarios para obtener el producto.
Si tomamos como ejemplo la relación entre un cliente que desea pintar su casa y un pintor como primera aproximación, podemos considerar la pintura como un coste de transformación. Sea cual sea la organización o forma contractual utilizada, tanto si el cliente contrata a un pintor como si, por ejemplo, se pinta él mismo su casa, se lo encarga a su hijo o crea una empresa dedicada a esa tarea, ha de emplearse al menos una cierta cantidad de pintura así como un cierto número de horas de trabajo o determinadas herramientas. En cambio, el tiempo que el cliente pueda pasar vigilando si el pintor usa la pintura correcta sería un coste de intercambio, lo mismo que las actividades que sean necesarias para coordinar sus actuaciones. En puridad, este coste de intercambio sólo es cero cuando es el propio individuo quien pinta su casa. No sería cero, en cambio, si se lo encargase a su hijo. En esa situación no especializada, es probable, sin embargo, que el coste de transformación sea elevado porque. A medida que se especializan los recursos, el coste de transformación se reduce y aumenta el coste de intercambio.
Como el ejemplo pone de relieve si lo examinamos más a fondo, la distinción se refiere a la causa de los costes y no a su manifestación física y, por esta razón, es más fácil distinguir ambos costes en el plano teórico que el plano empírico. Por ejemplo, a igualdad de especialización, si se contrata al pintor en régimen “de administración”, el cliente comprará por sí mismo la pintura. En este caso, algunos pintores tal vez pinten más de prisa, para ganar tiempo, y, como consecuencia, derrocharán pintura. Si así ocurre, el coste de sus prisas se manifiesta físicamente como pintura derrochada, pero ello no le resta carácter de intercambio al coste, pues está asociado a la motivación de los participantes, y su cuantía suele variar al hacerlo las condiciones contractuales y los incentivos que definen.
2.3. Promesas como objeto del intercambio
Los intercambios que estamos acostumbrados a suponer en las introducciones al estudio de la Microeconomía tienen características muy simples: se producen dos prestaciones simultáneas e instantáneas, por las que una parte cede la propiedad de un bien o presta un
a ) En cuanto a la coordinación , es obvio que todos los participantes en el proceso de especialización necesitan conocer en qué condiciones de, por ejemplo, cantidad, calidad, lugar o tiempo, se demandan y ofrecen los distintos bienes y recursos. Esa información les permitirá ajustar sus propias ofertas y demandas, de tal modo que maximicen su utilidad personal ajustando su consumo y reasignando sus recursos productivos. Es preciso, pues, reunir y transmitir datos sobre en qué producción ha de especializarse cada recurso y a quién se han de transmitir los bienes producidos. Ello incluye, por ejemplo, los costes necesarios para localizar a productores y compradores o para conocer sus disponibilidades y preferencias. Para llevar a cabo esta tarea informativa, los distintos sistemas biológicos y organizativos, que basan su actividad productiva en la especialización de recursos, emplean métodos diferentes. Entre estos métodos se incluyen desde los comunicadores biológicos en los animales (Tullock, 1992), a la tradición en las tribus primitivas o los planes quinquenales soviéticos. En el ámbito empresarial, numerosas técnicas y sistemas desempeñan esta tarea. Es el caso de los sistemas de planificación y control interno, los modelos de dirección estratégica o, en un terreno más notorio, las “investigaciones de mercado” (entendidas como el conjunto de técnicas de marketing cuyo objetivo es averiguar cuáles son las preferencias de los consumidores). Desde este punto de vista, resultan incompletas las presentaciones del problema económico que afronta toda sociedad como si éste consistiera sólo en hacer un buen uso de un conjunto limitado de recursos para satisfacer unas necesidades dadas. No se trata de un problema de mero cálculo u optimización, en el que, dado un enunciado, se ha de obtener una solución. Al contrario, en este caso, no se conoce el enunciado. La solución del problema real depende así de una tarea previa y más esencial que la mera optimización: hacer el uso más completo posible del conocimiento particular, limitado e imperfecto que se encuentra disperso entre los miembros de la sociedad en un entorno que cambia con rapidez (Hayek, 1945). La mayor dificultad reside en producir y hacer llegar esa masa ingente de información “específica”, difícilmente agregable y a menudo intransferible, a los decisores pertinentes. Una buena parte de la solución consiste, además, no tanto en transmitir información, tomando los derechos de propiedad y decisión como un dato fijo, sino también en redistribuir estos derechos, atribuyéndolos a las personas mejor informadas (transfiriendo la propiedad de los recursos o delegando derechos de decisión) y reduciendo así el volumen de información que es preciso transmitir (Jensen y Meckling, 1992, pp. 253-256).
b ) La segunda dificultad que plantea el intercambio es la posible conducta oportunista de las distintas partes. Este problema genera toda una variedad de costes de motivación o incentivos, dirigidos en el fondo a ajustar los intereses de todos los participantes en el intercambio. Estos problemas de motivación u oportunismo se plantean siempre que, como suele ocurrir, los individuos tendamos a anteponer nuestro propio interés al ajeno y el intercambio sea de tal naturaleza que los participantes podamos aprovecharlo para obtener ventajas a costa de los demás. Ante semejante situación, es necesario compatibilizar los intereses de los participantes para que el intercambio sea provechoso. De lo contrario, la posibilidad de que existan conductas oportunistas puede llevarles a abstenerse de contratar y especializarse. Por ejemplo, la desconfianza respecto a la calidad de los servicios del pintor puede llevar al cliente a vigilarle estrechamente, lo cual es costoso. Puede incluso ocurrir que sea imposible asegurar una calidad aceptable y entonces el intercambio ni siquiera llegará a producirse. Como consecuencia, si esta imposibilidad se generalizara, nadie tendría interés en especializarse en tareas de pintura.
El capítulo #3a describirá el papel esencial que representan las asimetrías informativas (el que uno de los participantes en el intercambio sepa más que el otro) en el origen del problema de motivación y cómo la ubicación temporal de esas asimetrías antes o después del acuerdo definen diferentes tipos de problemas (respectivamente, de selección adversa y riesgo moral). Asimismo, el capítulo #3b analizará las diversas soluciones que se disponen para resolver los problemas de coordinación y motivación, de modo que los participantes en el intercambio definan óptimamente su contenido y cumplan los acuerdos alcanzados. Se pueden separar ambos tipos de costes, de coordinación y de motivación, considerando los de coordinación como residuales: son así costes de coordinación todos aquellos en los que se habría de incurrir incluso si los intereses de las partes fueran coincidentes. Un ejemplo extremo al respecto, en el que no parecen existir costes de motivación, es el proporcionado por ciertas sociedades animales, como la de las abejas. No parece que hayan de dedicar muchos recursos a compatibilizar sus intereses. Por el contrario, sí los dedican a comunicarse, pues buena parte de su actividad y su diseño biológico tienen la finalidad de facilitar la comunicación entre ellas. Por ejemplo, realizan una especie de baile para señalarse unas a otras la ruta donde han encontrado alimentos. En realidad, todos los insectos sociales suelen tener glándulas especializadas (unas 30 en las termitas) en la producción de feromonas, unas sustancias hormonales que la mayor parte de los animales usa para comunicarse.
Aplicación 2.2. Contract Manufacturing
Cada vez son más las empresas cuyos productos no han sido tocados nunca físicamente por ninguno de sus trabajadores. Con los avances en microelectrónica y el desarrollo de nuevas fórmulas contractuales, muchas empresas industriales (como Sony o Phillips) prácticamente han dejado de fabricar para centrarse en investigar, diseñar y vender el producto, dejando la fabricación en manos de una nueva estirpe de especialistas: los “fabricantes subcontratados” o contract manufacturers. Este fenómeno que, en su versión moderna comenzó con los primeros PC de IBM, ya en 1981, se extendió rápido en los años 1990 a productos de electrónica; y alcanzó pronto a productos de consumo, como juguetes, prendas de vestir, zapatos o cerveza, e incluso automóviles, como mostró la fabricación del BMW X3 por Magna. En el siglo XXI se está generalizando. Su difusión tiene que ver con el doble juego de unas mayores ventajas de especialización y unos menores costes de intercambio. Ventajas de especialización
Por un la parte, especializarse en fabricar proporciona tres tipos de ventajas. Primero, la creciente robotización de las fábricas exige acometer cuantiosas inversiones y asumir la mayor complejidad técnica de su funcionamiento, dos condiciones que sólo cumplen las empresas especializadas en fabricar, gracias a su mayor volumen de producción y su experiencia. En el sector de la electrónica, por ejemplo, la miniaturización de los componentes implicó el desarrollo de la llamada surface mount technology , una tecnología extremadamente cara para pequeños fabricantes. Este es el motivo por el que empresas como Flextronics ensambla en su centro de Guadalajara (México) un dispositivo Philips para conectar televisores a Internet, al mismo tiempo que en la línea contigua produce un artilugio similar para Sony. Sólo los grandes productores pueden amortizar estas inversiones.
En segundo lugar, los fabricantes subcontratados logran ingentes economías de escala en sus compras, inalcanzables para quien fabrica solo su propia marca. Es más fácil para Sanmina-SCI, por ejemplo, reducir sus costes de aprovisionamiento que para IBM, pues no sólo ensambla la mayoría de los PCs de IBM sino también muchos de los de HP y las placas base de otros fabricantes.
Finalmente, al contratar la fabricación se reducen las barreras de entrada y se facilita que los retadores del líder puedan mejorar su posición. Así, IBM no sólo ha conseguido precios similares a Dell (por mucho tiempo líder del sector), al beneficiarse de los costes de escala mínima eficiente de un gran productor (Sanmina-SCI), sino que además logra diferenciarse en el mercado ofreciendo mejor ingeniería y servicios de valor añadido.
Menores costes de intercambio Por otra parte, contratar la fabricación es hoy posible gracias a varios cambios tecnológicos que permiten reducir las dificultades de coordinación y evitar los conflictos que hubieran aparecido en el pasado. La estandarización de criterios y normas productivas y gerenciales, favorecida por organizaciones como la ISO, ha facilitado la coordinación técnica entre fabricantes contratados y grandes marcas, por lo que ha sido posible separar con nitidez las actividades de innovación de las
labores de coordinación. Además, el empleo de la información relevante para coordinar las tareas se encarece como consecuencia de que la especialización da lugar a que dicha información sea probablemente más difícil de transmitir, más “específica”, en el sentido puesto de manifiesto por Hayek en 1945 y que ya fue tratado anteriormente^6. En segundo lugar, con la especialización suele aumentar también la asimetría o desigualdad de información entre los participantes, pues la especialización suele llevar aparejada una mayor acumulación de conocimientos por parte del proveedor de los servicios, lo que complica el problema motivacional. Por ejemplo, se requieren más conocimientos para juzgar la calidad de un estucado que de una pintura normal y por ello el pintor especialista podrá estar más tentado a reducir su calidad. Una prueba de este punto es el hecho de que para controlar especialistas se utilicen estructuras de autocontrol o bien se emplee a otros especialistas, con frecuencia, en este último caso, en un régimen de control mutuo. Un ejemplo típico de este problema es el trabajo de los profesionales, como médicos o abogados, que sólo puede ser supervisado eficazmente por colegas y aun así con muchas dificultades. Es lógico entonces que se requieran estructuras de salvaguardia más costosas cuanto mayor es la especialización. Tenemos, en suma, que el mayor número de intercambios se une a que cada uno de ellos es más difícil de contratar, por lo que los costes de intercambio son crecientes con la especialización. Supondremos, pues, que a medida que se especializan los recursos se reduce el coste de transformación hasta un cierto nivel mínimo y se eleva el de intercambio.
Figura 2.1. Los costes unitarios de transformación e intercambio en función de la especialización de los recursos Nota: En ambas funciones se trata de costes mínimos: tanto la función de costes de transformación como la de costes de intercambio recogen los mínimos costes de cada tipo asociados a cada nivel de especialización.
Óptimo con costes de intercambio
Costes
Coste total
Especialización
Coste de intercambio Coste de transformación
Óptimo sin costes de intercambio
O
A
B
C
V W
Y
X
Z
U
T
S
El impacto del intercambio en los costes
En estas condiciones, el mínimo de los costes totales se alcanza en un nivel de especialización inferior al mínimo de los costes de transformación, como refleja la Figura 2.1. La Figura permite comparar sendas situaciones, que cabe etiquetar como “ideal” y “real”, en las que los costes de intercambio son respectivamente nulos o crecientes con el grado de especialización de los recursos productivos.
(^6) Véanse también Becker y Murphy (1992), quienes subrayan también el papel del volumen de conocimiento disponible como limitación a la especialización, y Garicano (2000), quien destaca la capacidad de solución de problemas.
a) Situación ideal. Si los intercambios entre seres humanos no fuesen costosos (si pudiéramos comunicarnos todas nuestras disponibilidades y necesidades, y, sobre todo, formular y hacer cumplir siempre nuestras promesas sin coste alguno), sólo tendríamos que preocuparnos por los costes de transformación. Cabe suponer entonces la existencia de un nivel óptimo de especialización, tal como OW , que proporcionaría un coste mínimo WX , igual a OA. (En aras de la simplicidad, se presupone que la cantidad a producir permanece fija). b) Situación real. Desgraciadamente, la situación real no es ésta. Por el contrario, la especialización ideal OW resulta prohibitivamente costosa en términos de intercambio. Para lograr el nivel de especialización OW que permite minimizar el coste de transformación, alcanzando éste un importe WX , el coste de intercambio habría de ser WS , tan elevado que por sí solo ya excede el coste total óptimo, VY = OC. Observamos así que el incremento del coste total debido a la existencia de costes de intercambio (AC) tiene dos componentes: (1) Por un lado, las actividades de coordinación y compatibilización de incentivos que facilitan las transacciones generan directamente un coste de intercambio de importe VZ^7. (2) Por otro lado, la propia presencia de estos costes de intercambio provoca un menor grado de especialización y, como consecuencia, se incrementa el coste de transformación, en una cuantía TU (= VU - WX) , igual a la diferencia entre el coste de transformación real (VU = OB) e ideal (WX = OA) e igual también a AB (= OB - OA). Pese a manifestarse como mayor coste de transformación, se trata también, debido a su origen, de un coste de intercambio, aunque de carácter indirecto e implícito. Su naturaleza es la de un coste de oportunidad del tipo que desde la teoría positiva de agencia se ha dado en denominar “pérdida residual” 8. Por tratarse de un coste de oportunidad, suele ser poco visible y, como consecuencia, tiende a ser infravalorado en el análisis de todo tipo de problemas.
2.6. Costes de intercambio bajo distintas formas organizativas
El coste de intercambio es creciente con la especialización, pero su cuantía depende de qué tipo de organización se utilice. Entre estos tipos organizativos se incluyen desde abstracciones generales, como la empresa o el mercado, a fórmulas o contratos concretos, como pueden ser el empleo vitalicio y el salario a destajo en el ámbito laboral, el arrendamiento de activos o leasing y el crédito en el terreno financiero, o la distribución exclusiva y las marcas de distribuidor en el campo comercial. En la Figura 2.2 se supone que sólo existen dos posibilidades organizativas, que llamamos “empresa” y “mercado”, según las cuales, por ejemplo, una pieza o un componente de un producto final serían fabricados internamente (en la solución empresa) o bien adquiridos a un proveedor externo (solución mercado). Suponemos también en esta Figura que para niveles bajos de especialización de los recursos el coste del intercambio en el seno de la empresa es menor que el coste del intercambio en el mercado (a la izquierda del punto de indiferencia). De hecho, es este supuesto y no una lógica generalizable lo que determina la posición relativa de ambas curvas de costes.
(^7) Este importe VZ es igual tanto a UY como a BC , pues, como el coste total es la suma de los costes de transformación e intercambio, la diferencia entre coste total (VY = OC) y de transformación (VU = OB) nos da el coste de intercambio (VY – VU = UY = BC). (^8) Sobre todo a raíz de Jensen y Meckling (1976). A este respecto, véase, para más detalle, la sección #2 del capítulo #3.
Figura 2.3. Un cambio exógeno en la función de costes de transformación, que aumentan en mayor medida para recursos poco especializados, da lugar a una nueva solución óptima en la que se utilizan recursos más especializados, pasando además a contratarlos a través del mercado Nota: Se presenta sólo la función de coste mínimo de intercambio.
Costes (^) Coste total
Especialización Grado óptimo de especialización
Costes de
Costes de intercambio
transformación
Ambos costes, de transformación y de intercambio, vienen dados por las tecnologías disponibles, tanto de orden físico como organizativo-contractual. Estas tecnologías quedan reflejadas en las funciones de costes o de producción^9 , las cuales resumen el empleo óptimo de los recursos. Para cada nivel de especialización de los recursos, la función de producción nos dice así en su vertiente física cuál es el nivel óptimo en que se han de emplear los distintos recursos (la intensidad de capital, por ejemplo) y en su vertiente contractual bajo qué pautas organizativas (intercambio en el mercado; en la empresa; si es en la empresa, mediante una organización funcional, o con una divisionalización “M-form”; etc.).
Este análisis proporciona una perspectiva sobre cómo diversas disciplinas centran su atención en partes diferentes del problema económico. (a) La Microeconomía toma la función de costes totales como un dato “exógeno” o proveniente de fuera de su campo de estudio, que se relaciona más bien con el estudio de cómo se asignan los recursos, cómo se adapta el uso óptimo de los recursos al producirse cambios en sus precios. (b) En cambio, el estudio económico de las organizaciones se interesa sobre todo por la minimización de los costes de intercambio. Lo hace, no tanto para situar a la empresa en el nivel óptimo de una determinada función de costes, como para apurar las posibilidades productivas, alcanzando o bien desplazando hacia abajo las funciones de costes representadas en las figuras. (c) Los costes de transformación son objeto más bien de la ingeniería y de algunas técnicas de dirección y gestión de empresas. Para hacer un buen uso del instrumental económico es importante entender, en todo caso, que las tareas fundamentales de la dirección de empresas u otras organizaciones consisten en gran parte en alcanzar o modificar la restricción tecnológica (tanto de la tecnología física como de la contractual) que la microeconomía supone alcanzada o inalterable.
La obtención de las funciones de coste
Si bien parece fuera de duda cómo varían los costes de transformación e intercambio con la especialización, no cabe decir lo mismo de sus componentes. No existen soluciones óptimas generales a la hora de reunir recursos, tanto en la vertiente productiva como en la del intercambio. Así, en esta última, no es posible postular una relación única entre el grado de especialización y la forma organizativa óptima. En particular, no podemos asegurar con carácter general cuál es el signo de la diferencia entre los costes de intercambio a través de la empresa y mediante el mercado. Este resultado no es extraño, pues, de un modo bastante similar, tampoco podemos relacionar directamente una mayor especialización con una tecnología física óptima, en términos de, por ejemplo, la intensidad de capital, tanto físico como humano.
(^9) Para una formulación similar, véase Jensen y Meckling (1979).
Con el fin de resolver los problemas de coordinación e incentivos que plantea el intercambio, de producir y procesar la información que para ello se requiere, los seres vivos hemos ido creando distintas soluciones: los mensajeros biológicos que realizan funciones coordinadoras de la actividad de muchos animales; los derechos de propiedad, el sistema de precios y los contratos entre las instituciones en que se asientan los intercambios de mercado; o las elecciones, los partidos, el parlamento y la monarquía como muestras de soluciones políticas. En las sociedades humanas modernas, las dos soluciones más generales del problema económico corresponden a dos tipos ideales, que asociaremos a las abstracciones de “mercado” y “política” 10. Ambas sufren costes de intercambio, al igual que las organizaciones empresariales a las que prestaremos una atención preferente en este libro. Veremos más adelante que las fronteras entre estos tipos resultan difusas. Es más, existen fórmulas intermedias entre las transacciones organizadas en el mercado y las que lo son mediante sistemas políticos. Incluso más fundamental es el que los mercados difícilmente pueden prosperar sin instituciones (sobre todo, derechos de propiedad) cuya creación y subsistencia dependen en gran medida de decisiones políticas. Asimismo, conceptos empleados para analizar los mercados son útiles para analizar la política. Por un lado, las decisiones políticas pueden contemplarse como resultado de un mercado muy especial, en el que se intercambian votos o promesas más o menos explícitas. Por otro lado, pueden equipararse ambos sistemas considerando el sistema político como el resultado de una contratación colectiva previa de todos los miembros de la sociedad (Rawls, 1971). Con todo, el manejo de tipos ideales es conveniente al menos para iniciar el tratamiento del problema.
3.1. La solución del problema económico en el mercado
Una de las soluciones básicas del problema económico es el que denominamos “mercado”. Su principal característica es la descentralización de las decisiones económicas, que se toman además en un régimen de libertad individual. Estas decisiones pertenecen a tres categorías básicas: todas las sociedades necesitan determinar qué bienes producir, cómo producirlos y para quién producirlos. En las economías de mercado estas preguntas básicas suelen responderse del modo siguiente:
a) Qué producir. La decisión de los consumidores al comprar acaba determinando los beneficios que obtienen los productores y orientando así la asignación de los recursos. En un sistema de mercado, la decisión de comprar un artículo cualquiera transmite órdenes a los distribuidores y fabricantes, pues de la satisfacción del cliente dependen los beneficios y, en última instancia, la supervivencia de las empresas. b) Cómo producir. La competencia entre empresas es la encargada de asegurar que la eficiencia termine por imponerse, pues las empresas y, en general, todo tipo de productores ineficientes tienden a ser expulsados del mercado. c) Para quién producir. El mercado de factores productivos establece los salarios y demás rentas, en función de la escasez y productividad de los factores. Al hacerlo,
(^10) Se utilizará el término “política” para hacer referencia a todos aquellos sistemas de asignación de recursos que son ajenos a la lógica de intercambio libre y descentralizado que es propia del mercado. Se incluyen, pues, como “política” tanto la planificación económica socialista como la regulación de la actividad privada en las economías capitalistas y el funcionamiento de las administraciones y empresas públicas.
incentivos 11. Sin embargo, en la actividad económica no basta con coordinar, puesto que en principio los intereses de los participantes no son coincidentes. El sistema de precios funciona eficazmente sólo porque se asienta sobre un conjunto de derechos de propiedad enajenables. Se entiende aquí como derecho de propiedad sobre un bien, activo o recurso el derecho que tiene su titular de disponer libremente de dicho bien en beneficio propio, lo que incluye el consumo, pero también la posibilidad de venderlo o donarlo. Los derechos de propiedad enajenables proporcionan una motivación automática para el empleo eficiente de los recursos, ya que las consecuencias de las decisiones que toma el decisor sobre los bienes de los que es titular afectan directamente a su retribución.
En particular, los derechos de propiedad incentivan automáticamente la búsqueda, producción y utilización de la información relevante, ya que las consecuencias de las decisiones tomadas por cada individuo recaen sobre sí mismo y, por lo tanto, para no resultar perjudicado, cada individuo tratará de actuar lo mejor posible. En ausencia de derechos de propiedad, los sujetos económicos no responden en la misma medida a las variaciones de precios y éstos dejan de funcionar como señales eficaces. Es imposible reproducir artificialmente la potencia y precisión de los incentivos que alcanza la actuación conjunta del sistema de precios y los derechos de propiedad. En las organizaciones que lo intentan, los incentivos suelen ser demasiado suaves y, como consecuencia, los precios se convierten en meros instrumentos contables; o bien son potentes y originan, en cambio, situaciones imprevistas e incontrolables^12.
3.2. Los fallos del mercado
3.2.1. Optimización social en el mercado
La clave esencial en el funcionamiento de una economía de mercado, implícita en el análisis precedente, reside en que los participantes (compradores y vendedores) actúan de forma libre e independiente. Cada uno de ellos interactúa con los demás persiguiendo su propio interés y satisfaciendo sus propios deseos. No obstante, pese a estar guiados por el interés individual, los participantes en el mercado también producen un bien colectivo, pues resuelven el problema económico en todas las vertientes que comentamos en las secciones precedentes: asignan recursos escasos entre fines alternativos, proporcionan información sintética en forma de precios y especializan óptimamente los recursos. El gran descubrimiento de Adam Smith en La riqueza de las naciones (1776) fue precisamente que esta actuación independiente de individuos interesados en su propio bienestar contribuye al bienestar de todos ellos. Tenemos, en resumen, la secuencia lógica que representa la Figura 2.4.
(^11) En el propio artículo original de Hayek (1945) los incentivos representaban un papel marginal, estando más implícitos que explícitos. (^12) Es el caso de los precios artificiales o de transferencia que rigen dentro de algunas organizaciones, como la antigua economía soviética, el National Health Service británico tras la creación de su célebre “mercado interno” o algunas empresas multidivisionales (se vuelve sobre este asunto en el capítulo 7#).
Figura 2.4. El funcionamiento del mercado
Racionalidad
Bienestar
Bienestar colectivo
Esta secuencia lógica puede romperse en cualquiera de sus dos pasos, rupturas que, como representa la Figura 2.5, definen dos grandes conjuntos de situaciones en las que el mercado no llega a alcanzar el máximo teórico de bienestar colectivo. Sucede así (1) cuando los participantes no son capaces de identificar su óptimo individual; o bien (2) cuando, al alcanzar el óptimo individual, ocasionan daños a otros individuos, de cuantía tal que reducen el bienestar colectivo.
Figura 2.5. Los dos tipos de fallo en el funcionamiento del mercado
Racionalidad
Bienestar
Bienestar colectivo (1) Déficit de racionalidad e información
(2) Daños ocasionados a otros individuos
Reflexión: El párrafo precedente habla de “máximo teórico de bienestar colectivo”. Cabe entenderlo como el alcanzable hipotéticamente si se dieran ciertas condiciones de información perfecta o conducta altruista por parte de los individuos. Estas condiciones son irreales cualquiera que sea la forma de organización social, con o sin mercado. Por ello, ¿debemos catalogar como “ineficiente” una situación en la que el mercado no alcance el bienestar colectivo? ¿Debemos preguntarnos con respecto a qué otra situación es ineficiente? Para definir esta otra situación, ¿tiene sentido tomar como referencia una situación hipotética o ideal? ¿O debe ser dicha situación, al menos, alcanzable? En la práctica, el enfatizar referencias hipotéticas, ¿puede distraernos de la búsqueda de mejores soluciones reales?
Aplicación 2.3. El informe de Jovellanos sobre la Ley agraria
“No concluye de aquí la Sociedad que las leyes no deban refrenar los excesos del interés privado, antes reconoce que éste será siempre su más santo y saludable oficio, éste uno de los primeros objetos de su protección. Concluye solamente que protegiendo la libre acción del interés privado mientras se contenga en los límites señalados por la justicia, sólo debe salirle al paso cuando empiece a traspasarlos. En una palabra, Señor, el grande y general principio de las leyes respecto de la agricultura se debe cifrar en remover los estorbos que se oponen a la libre acción del interés de sus agentes dentro de la esfera señalada por la justicia ” (Jovellanos, Informe sobre la Ley agraria , 1795, énfasis añadido).
3.2.2. Efectos dañinos y “externalidades”
El análisis económico convencional de los efectos dañinos de la actividad de un sujeto económico sobre los demás suele hacerse en términos de lo que se suele conocer como externalidades o efectos externos , incurriendo así en un cierto sesgo^13. En esta visión clásica del asunto, debida a Arthur C. Pigou, al adjetivar el fenómeno como “externos” se enfatiza la unilateralidad de los efectos: una externalidad es todo insumo o producto que,
(^13) Véase al respecto, en especial, Coase (1988, pp. 26-27). No parece haber sido en modo alguno casual su uso del término “efectos dañinos” en vez de “efectos externos”.
casos, tanto el número de colmenas como el de frutales tenderán a ser inferiores al óptimo, al existir externalidades positivas: contribuciones gratuitas al producto de la otra parte. Sin embargo, a partir de cierto volumen de pérdidas, los propietarios de frutales y los apicultores negocian la ubicación de las colmenas, y lo hacen a precios variables, que dependen de la relación existente entre los beneficios esperados por ambas partes: Cuando el rendimiento de las colmenas es elevado en relación al de los frutales, el apicultor paga un alquiler al propietario de los frutales a cambio del derecho a colocar sus colmenas entre los árboles; y, viceversa, el propietario de los frutales es quien paga los servicios de polinización cuando el rendimiento frutícola es relativamente superior al apícola. En esta actividad existe incluso comercio interestatal: las colmenas del estado de Washington viajan anualmente para polinizar los almendros de California (Cheung, 1973). Véase también Muth et al. (2003).
Cuadro 2.1. Ejemplo de contratación de externalidades con dos posibilidades en cuanto a la asignación inicial de los derechos entre un bar ruidoso y sus vecinos (costes y beneficios están expresados en valores actuales, en miles de €) Asignación inicial del derecho
Beneficio bruto para el bar
Daño causado a los vecinos
Decisión del bar Compensa-ción, C
Asignación final del derecho Primera posibilidad: Beneficio para el bar menor que el daño a los vecinos Vecinos 40 60 Cierra para no pagar una compensación de 60 > 40
0 Vecinos
Bar 40 60 Cierra porque le pagan una compensación mayor que 40
40 < C < 60 Vecinos
Segunda posibilidad: Beneficio para el bar mayor que el daño a los vecinos Vecinos 60 40 Sigue, tras pagar compensación entre 40 y 60
40 < C < 60 Bar
Bar 60 40 Sigue, sin pagar compensación alguna
0 Bar
En muchas situaciones, sin embargo, la contratación puede ser difícil. El Cuadro 2. representa una situación en la que se supone que el bar podría eliminar el ruido por 20.000€ pero los costes de transacción (entendidos como los que es necesario incurrir para alcanzar y hacer cumplir un acuerdo entre el bar y los vecinos) son de 25.000€. En esas condiciones, sería óptimo asignar el derecho a quien más lo valora, cargando con responsabilidad a quién mejor puede reducir el daño. Cuando el derecho se asigna a los vecinos, el bar tiene varias opciones: cerrar, con beneficio nulo; instalar el dispositivo reductor de ruido, ganando 60.
En general, una vez consideramos la presencia de costes de transacción, la contratación es costosa y la asignación inicial de los derechos afecta de forma importante el funcionamiento del mercado. La tarea fundamental entonces es escoger la configuración social más apropiada para tratar los efectos dañinos. Es preciso tener en cuenta que todas las soluciones son costosas y que, en principio, no hay razones para suponer que, cuando fallan el mercado o la empresa, la regulación va a mejorar las cosas. Lo que debemos estudiar es cómo las soluciones reales del mercado, la empresa y la política manejan en la práctica cada problema de efectos dañinos, atendiendo siempre a sus resultados reales (Coase, 1960, p. 18).
Cuadro 2.2. Relevancia de la asignación inicial si los costes de transacción son prohibitivos (se supone que el bar puede eliminar el ruido por 20 mil € y los costes de transacción son de 25 mil €) Asignación inicial del derecho
Beneficio para el bar
Pérdida para los vecinos
Bar instala reductor de ruido
Excedente social obtenido Vecinos 60 40 Sí 60 - 20 - 0 = 40 Bar 60 40 No 60 - 0 - 40 = 20
3.2.3. La importancia del análisis coaseano
El valor del análisis de Coase proviene, por un lado, de señalar el origen de las externalidades: la indefinición de los derechos de propiedad sobre algunos recursos —aire— o productos —polinización—, y los factores que dificultan la contratación privada. En los ejemplos anteriores, tales factores incluyen el número y carácter “abierto” de los afectados por humos y ruidos. Algunos problemas cuyo tratamiento mediante controles convencionales había resultado infructuoso, se han aliviado gracias a la redefinición o refuerzo de los derechos de propiedad. Un ejemplo es la extensión a 200 millas de la franja costera definida como zona económica exclusiva, que ha tenido una influencia positiva sobre la utilización de los recursos pesqueros en aquellos países que han sido capaces de asignar derechos de pesca bien definidos.
De modo similar, el análisis coaseano ha extendido el abanico de opciones disponible para resolver el problema. De entrada, nos recuerda que la contratación privada es la solución primordial para posibles fallos de mercado. En este sentido, conviene tener presente que, desde el punto de vista empresarial, todo fallo del mercado es una oportunidad de beneficio para quien invente cómo contratar eficazmente su solución, como pone bien de relieve el ejemplo de las abejas tratado en la Aplicación 2.4. Sucede algo similar en el terreno político y regulatorio. Por ejemplo, si un país quiere reducir la contaminación a la mitad, puede hacerlo obligando a todas sus fábricas a reducir sus respectivas emisiones. El análisis coaseano destaca, como alternativa, que también puede establecer el objetivo para el conjunto del país y crear un mercado de permisos de contaminación. De este modo, no sólo limitará el volumen total de contaminación a la mitad sino que lo podrá conseguir de un modo más eficiente. En lugar de someter todas las fábricas al mismo estándar, será ahora posible, por ejemplo, que el esfuerzo reductor de la contaminación se concentre en las fábricas nuevas, las cuales venderán permisos a las viejas.
Asimismo, el análisis coaseano también pone de relieve que son esenciales las instituciones y su organización para reducir los costes de transacción, fundamentalmente la disponibilidad de leyes y jueces, como analizaremos en el capítulo #3. Por ejemplo, en un caso como el que estamos usando de ejemplo, el derecho proporciona múltiples soluciones mediante mecanismos de regulación (como las licencias de apertura) y de responsabilidad civil. La eficacia de estas instituciones depende de su organización. Por ejemplo, la regulación de licencias de apertura puede fallar al incurrir en arbitrariedad y corrupción, que se manifiesta con cierta frecuencia en el cobro de sobornos como condición para conceder licencias. Asimismo, los sistemas judiciales también pueden fallar por todo tipo de motivos, desde la corrupción y el error hasta el frecuente retraso que comporta su congestión.
Por otro lado, el análisis de Coase se aparta del planteamiento unilateral de las externalidades (un sujeto daña a otro) para enfatizar que todo problema de este tipo es recíproco: hay al menos dos partes afectadas —por ejemplo, una fábrica y sus vecinos—, dependiendo la dirección del efecto de la estructura de derechos de propiedad vigente —ya sea el derecho de la fábrica a contaminar o el de los vecinos a prohibir la contaminación; del