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capitulo 6 selden, Apuntes de Crítica Literaria

Asignatura: fundamentos de critica literaria, Profesor: , Carrera: Estudios Ingleses, Universidad: UMA

Tipo: Apuntes

2017/2018

Subido el 01/02/2018

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Capítulo 6: TEORÍAS FEMINISTAS.
Escritoras y lectoras siempre lo han tenido difícil. Aristóteles afirmó que “la mujer lo es
debido a una falta cualidades” y santo Tomás de Aquino creía que la mujer era “un
hombre imperfecto”. A lo largo de la historia, el feminismo (la palabra no será de uso
común en el inglés hasta la década de 1890) ha pretendido alterar la cultura patriarcal,
afianzar su creencia en la igualdad sexual y erradicar la dominación sexista en una
sociedad cambiante. La crítica feminista, en todas sus manifestaciones, también ha
tratado de liberarse de los conceptos patriarcales naturalizados de lo literario y lo
crítico-literario. El feminismo y la crítica feminista pueden designarse mejor como una
política cultural que como una “teoría” o “teorías”.
Gran parte de la crítica feminista se siente, en su deseo por escapar de las “fijaciones y
determinaciones” de la teoría y desarrollar un discurso femenino ha hallado apoyo
teórico en el pensamiento postestructuralista y posmodernista quizás por su rechazo
ante la noción de una autoridad o verdad masculina.
Muchas feministas están enzarzadas en debates con otras teorías críticas –marxismo,
postestructuralismo, posmodernismo- porque no hay ninguna postura “libre” “fuera” de
la teoría.
Durante los últimos 25 años o así, la teoría feminista ha significado contradicción,
intercambio, debate; se basa en una serie de oposiciones creativas, de críticas y
contracríticas y está en un constante e innovador cambio.
Esto representa a la vez la dinámica “abierta” y creativa de las teorías críticas feministas
modernas. Encontramos una “primera ola” de críticas de los primero años de 1960 hasta
la “segunda ola” a partir de mediados-finales de 1960.
PRIMERA OLA DE CRÍTICA FEMINISTA: WOOLF Y DE BEAUVOIR.
Se dieron principalmente en EE.UU y Gran Bretaña. Los movimientos de los derechos
de la mujer y del sufragio de la mujer fueron determinantes en la formación de esta
etapa, la crítica feminista del primer período es más un reflejo de las preocupaciones de
la “primera ola” que un discurso teórico. Podemos señalar dos figuras significativas:
Virginia Woolf “la madre fundadora del debate contemporáneo” y Simone De Beauvoir
con cuya obra El segundo sexo 1949 se puede decir que concluye la “primera ola”.
La fama de Virginia Woolf reside en su propia obra creativa como mujer, también
escribió dos textos claves que constituyen su principal contribución a la teoría feminista
Una habitación propia y Tres guineas, la principal preocupación de Woolf son las
desventajas materiales de las mujeres en comparación con los hombres, en ambas obras
ofrece una amplio abanico de proyectos feministas, desde una petición de subsidios para
las madres y una reforma de las leyes del divorcio, hasta propuestas para una
universidad femenina y un periódico de mujeres. Una habitación propia constituye una
temprana declaración y exploración de la posibilidad de una tradición distintiva de las
obras escritas por mujeres. Woolf creía que las mujeres siempre habían encontrado
obstáculos sociales y económicos antes sus ambiciones literarias. Moi afirma que Woolf
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Capítulo 6: TEORÍAS FEMINISTAS.

Escritoras y lectoras siempre lo han tenido difícil. Aristóteles afirmó que “la mujer lo es debido a una falta cualidades” y santo Tomás de Aquino creía que la mujer era “un hombre imperfecto”. A lo largo de la historia, el feminismo (la palabra no será de uso común en el inglés hasta la década de 1890) ha pretendido alterar la cultura patriarcal, afianzar su creencia en la igualdad sexual y erradicar la dominación sexista en una sociedad cambiante. La crítica feminista, en todas sus manifestaciones, también ha tratado de liberarse de los conceptos patriarcales naturalizados de lo literario y lo crítico-literario. El feminismo y la crítica feminista pueden designarse mejor como una política cultural que como una “teoría” o “teorías”.

Gran parte de la crítica feminista se siente, en su deseo por escapar de las “fijaciones y determinaciones” de la teoría y desarrollar un discurso femenino ha hallado apoyo teórico en el pensamiento postestructuralista y posmodernista quizás por su rechazo ante la noción de una autoridad o verdad masculina.

Muchas feministas están enzarzadas en debates con otras teorías críticas –marxismo, postestructuralismo, posmodernismo- porque no hay ninguna postura “libre” “fuera” de la teoría.

Durante los últimos 25 años o así, la teoría feminista ha significado contradicción, intercambio, debate; se basa en una serie de oposiciones creativas, de críticas y contracríticas y está en un constante e innovador cambio.

Esto representa a la vez la dinámica “abierta” y creativa de las teorías críticas feministas modernas. Encontramos una “primera ola” de críticas de los primero años de 1960 hasta la “segunda ola” a partir de mediados-finales de 1960.

PRIMERA OLA DE CRÍTICA FEMINISTA: WOOLF Y DE BEAUVOIR.

Se dieron principalmente en EE.UU y Gran Bretaña. Los movimientos de los derechos de la mujer y del sufragio de la mujer fueron determinantes en la formación de esta etapa, la crítica feminista del primer período es más un reflejo de las preocupaciones de la “primera ola” que un discurso teórico. Podemos señalar dos figuras significativas: Virginia Woolf “la madre fundadora del debate contemporáneo” y Simone De Beauvoir con cuya obra El segundo sexo 1949 se puede decir que concluye la “primera ola”.

La fama de Virginia Woolf reside en su propia obra creativa como mujer, también escribió dos textos claves que constituyen su principal contribución a la teoría feminista Una habitación propia y Tres guineas , la principal preocupación de Woolf son las desventajas materiales de las mujeres en comparación con los hombres, en ambas obras ofrece una amplio abanico de proyectos feministas, desde una petición de subsidios para las madres y una reforma de las leyes del divorcio, hasta propuestas para una universidad femenina y un periódico de mujeres. Una habitación propia constituye una temprana declaración y exploración de la posibilidad de una tradición distintiva de las obras escritas por mujeres. Woolf creía que las mujeres siempre habían encontrado obstáculos sociales y económicos antes sus ambiciones literarias. Moi afirma que Woolf

no está interesada en un “equilibrio” entre tipos masculinos y femeninos, sino en un desplazamiento completo de las identidades de género establecidas y que desmantela las nociones esencialistas de género.

El ensayo más interesante de Woolf es Professions for Women en que consideraba que su propia carrera estaba obstaculizada de dos modos. En primer lugar, se encontraba prisionera en la ideología de la condición femenina y en segundo lugar el tabú de la expresión de la pasión femenina le impidió “contar la verdad sobre experiencias propias en tanto cuerpo”, pensaban que las mujeres escribían de modo diferente porque su experiencia social era distinta, no porque fueran psicológicamente diferentes de los hombres. Estaba convencida de que cuando las mujeres consiguieran por fin la igualdad económica y social con los hombres nada les impediría desarrollar libremente sus talentos artísticos.

Simone De Beavoir francesa, su obra El segundo sexo denota una clara preocupación por el “materialismo” de la primer ola, hace diferencias entre los interese de ambos sexos. La obra establece con claridad meridiana las cuestiones fundamentales del feminismo moderno. Beauvoir distingue entre sexo y género “uno no nace mujer sino que se convierte en ella” es la civilización la que produce esta criatura. Beauvoir propone la destrucción del patriarcado solo si las mujeres escapan de su objetización. Quiere la libertad de la diferencia biológica.

LA SEGUNDA OLA DE CRÍTICA FEMINISTA.

Aunque la segunda ola aun comparte con de la primera ola la lucha por los derechos de la mujer, su preocupación principal es hacia la política de la reproducción, a la “experiencia” de la mujer, “diferencia” sexual y a la “sexualidad”.

En la mayoría de las discusiones sobre la diferencia sexual destacamos cinco aspectos principales: la biología, experiencia, discurso, el inconsciente, condiciones económicas y sociales. Las mujeres no ven las cosas del mismo modo que los hombres y poseen diferentes ideas y sentimientos acerca de lo que es importante y lo que no lo es. El tercer punto, el discurso, ha recibido mucha atención por parte de las feministas, consideran que hay un lenguaje dominado por el hombre que ha oprimido fundamentalmente a las mujeres.

El punto de vista contrario lo desempeña el sociolingüista Robin Lakoff quien cree que le lenguaje femenino es realmente inferior ya que contiene modelos de “debilidad” e “incertidumbre”.

Las feministas más radicales afirman que las mujeres han sido sometidas a un lavado de cerebro por este tipo de ideología patriarcal que produce los estereotipos del hombre fuerte y la mujer débil.

El cuarto punto de atención: el proceso del inconsciente. La sexualidad femenina es revolucionaria, subversiva, heterogénea y “abierta”. Virginia Woolf fue la primera crítica que incluyó una dimensión sociológica en su análisis de la literatura.

Judith Newton y Deborah Rosenfelt critican o que consideran el limitado carácter literario, no obstante el feminismo marxista actual carece de los más altos perfiles a causa de la “condición” política de la posmodernidad, también el efecto agotador de “debate” entre los feminismos angloamericanos y franceses.

III. Elaine Showalter: ginocrítica.

Para Moi, la crítica angloamericana es teóricamente ingenua o bien se resiste a teorizar ella misma; la francesa, es teóricamente tímida y sofisticada. Ambos constituyen a definir importantes formas de discurso crítico feminista.

Las principales críticas angloamericanas son americanas. Aparecieron diversas obras que fomentaban el estudio de las mujeres escritoras como del discurso crítico feminista con el fin de discutirlos. La obra más importante es la monumental The Madwoman in the Attic de Sandra Gilbert y Susan Gubar. Los estereotipos femeninos de “ángel” y “monstruo” tienden a limitar la libertad de los escritores construyéndolas como “víctimas excepcionalmente articuladas de una trama patriarcalmente engendrada”.

La crítica americana más influyente de la segunda ola es Elaine Showalter y su obra Aliterature of their own fomenta tanto una crítica feminista como una “ginocrítica”. Divide tres fases: la primera, la “fase femenina” (1840-1880) las escritoras imitan e interiorizan los modelos estéticos masculinos dominantes. La fase “feminista” (1880-1920) las feministas radicales de este período abogaban por utopías separatistas al estilo de las amazonas y por hermandades sufragistas. La tercera fase, la “de las amazonas” (a partir de 1920) desarrolló la idea de una escritura y una experiencia específicamente de mujeres. A principios de los año 1970 se produce un desplazamiento hacia tonos más airados. El título de Showalter indica su deuda para con Virginia Woolf y sus proyectos están marcados de forma similar. Showalter critica a Woolf por su “retirada” a la androginia (negando su feminidad).

IV. El feminismo francés: Kristeva, Cixous, Irigaray.

Esta otra corriente clave de la “segunda ola” se originó en Francia. Las teóricas del feminismo francés en su búsqueda de la destrucción de los estereotipos convencionales de las diferencias sexuales construidos por los hombres, se han centrado en el lenguaje como en ámbito en el que se estructuran estos estereotipos.

El psicoanálisis y a reelaboración de Lacan de las teorías de Freud han influido profundamente en el feminismo francés. A partir de Lacan las feministas francesas han superado la hostilidad hacia Freud compartida por la mayoría de las feministas. Debido a su teoría “falocéntrica” por la que Freud decía que la envidia del pene es universal en las mujeres y es la responsable del “complejo de castración”. De modo inevitable, las feministas han reaccionado cáusticamente contra la visión de la mujer como un ser “pasivo, narcisista, masoquista y con envidia del pene”. La palara falo también se emplea en literatura como referencia al significado simbólico del órgano: poder.

Para Lacan, la cuestión del falocentrismo es inseparable de la estructura del signo. El significante, el falo, representa la presencia plena y el poder.

La obra de Kristeva muestra la poesía como un “lugar privilegiado”, que es cerrado y abierto porque se encuentra suspendida entre los dos sistemas. Ella reivindica en nombre de las mujeres este flujo no reprimido ni represor de energía liberadora. En la literatura, el encuentro de lo semiótico y lo simbólico, donde el primero es liberado en el segundo, resulta en un “juego lingüístico”. Cierto número de feministas francesas han sostenido que la sexualidad femenina es una entidad subterránea y desconocida.

Así mientras Virginia Woolf abandonó la lucha de hablar del cuerpo femenino, Cixous escribe sobre el hormigueante inconsciente femenino. Puesto que la literatura es el lugar donde el pensamiento debe germinar, es vergonzoso que la tradición falocénctrica haya conseguid impedir que las mujeres se expresen. El núcleo de la teoría de Cixous es el rechazo de la teoría: la literatura feminista “siempre superará el discurso que regula el sistema falocéntrico”. Se opone a la bisexualidad abrazada por Virginia Woolf y se niega a anular las diferencias y demás las fomenta.

Por último destacamos a Luce Irigaray con su obra Spéculum de l’autre femme cuyas ideas recuerdan a Cixous. El concepto de la “envidia del pene” se basa en la consideración del hombre con respecto a la mujer como su “otro” que carece del pene que él posee. Irigaray fomenta la “otredad” del erotismo de las mujeres y su representación disruptiva del lenguaje.

Este tipo de críticas tienden a reconocer que la “mujer” no es un ser físico, sino un “efecto de las obras”. Además fomenta el juego libre textual más allá del control autorial o crítico.