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Asignatura: fundamentos de critica literaria, Profesor: Ana Maria, Carrera: Estudios Ingleses, Universidad: UMA
Tipo: Apuntes
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Capítulo 3: Teoría de la recepción
A partir del teoría de la relatividad de Einstein, surge la duda sobre la creencia de que el conocimiento objetivo no era más que una progresiva y continuada acumulación de hechos. La teoría de esta época defiende que el observador interviene activamente en el acto de la percepción. Como en el caso del dibujo del conejo-pato, depende de como se mire, se ve un conejo o un pato. Jakobson creía que el discurso literario estaba orientado hacia el mensaje, es decir, un poema trata de el mismo, pero si rechazamos el formalismo y adoptamos el punto de vista del público, un poema no tiene existencia real hasta que es leído y su sentido sólo puede ser discutido por sus lectores. Desde la óptica de la teoría de la recepción, el lector es un agente activo que participa en la elaboración del sentido final. Todas las respuestas no provienen directamente de los textos. A veces el lector debe actuar sobre ese material textual para producir el sentido. Wolfgang Iser sostiene que los textos literarios siempre contienen “huecos” que el lector debe completar. Prince habla del termino “narratario”, la persona a la que el narrador se dirige. El narrador puede especificar un narratario en términos de sexo, clase social, lugar, raza, edad etc. Los lectores reales a veces coinciden con la persona a la que se dirige el texto y otras no. El narratario se distingue también del “lector virtual” (el lector que el autor tiene en mente a la hora de escribir la narración), y del “lector ideal” (el que entiende cada paso del escritor). Para aprender a identificar el narratario hay muchas señales, directas e indirectas, que nos ayudan a descubrir cosas sobre él. La elaborada teoría de Prince contribuye a la teoría de la recepción al resaltar los modos en que las narraciones producen sus propios lectores u oyentes.
Fenomenología. Husserl, Heidegger, Gadamer Es una corriente filosófica moderna que defiende que el receptor tiene el papel central a la hora de determinar el sentido. La fenomenología también pretende mostrarnos la naturaleza escondida en la conciencia humana y en los fenómenos. Intenta resucitar la idea romántica de que la mente humana es el centro y origen de todo sentido y además intenta penetrar en el mundo de las obras del escritor y llegar a una comprensión de la naturaleza oculta o esencia de los escritos. El acto de interpretación es posible porque los textos permiten al lector acceder a la conciencia del autor. Nunca podremos adoptar una postura de contemplación objetiva y mirar el mundo como si lo hiciéramos desde la cumbre de una montaña, puesto que estamos irremediablemente inmersos en el objeto mismo de nuestra conciencia. Además, el sentido depende de la situación histórica del intérprete.
Hans Robert Jauss y Wolfgang Iser Jauss es un importante exponente de la estética de la recepción, y consigue un compromiso entre el formalismo ruso y las teorías sociales. Además coge prestada la expresión “paradigma” de un filósofo para referirse al marco conceptual y las suposiciones vigentes en un período determinado.
Jauss utiliza la expresión “horizonte y expectativas” para describir los criterios utilizados por los lectores para juzgar textos literarios en cualquier período dado. El horizonte de expectativas solo nos dice cómo fue una obra interpretada y valorada en su momento, pero no establece definitivamente su sentido.
fijado para siempre o que todas las obras están abiertas a lectores de cualquier época. Una obra literaria no es un objeto que se mantenga por sí solo y que ofrezca siempre lo mismo a los lectores de todas las épocas. Nunca seremos capaces de examinar los sucesivos horizontes desde el momento de la aparición de la obra hasta nuestros días para llegar a un sentido definitivo. Así surgen preguntas como ¿qué autoridad debemos aceptar? ¿la de los primeros lectores o la de los lectores de todos los tiempos? Las respuestas las halla Jauss a partir de la “hermenéutica de Gadamer. Este sostiene que todas las interpretaciones de la literatura del pasado surgen del dialogo entre pasado y presente, y que nuestros intentos de comprender una obra dependerán de las preguntas que nuestro contexto cultural nos permita plantear. Jaus plantea que la “fusión de los horizontes” no es la unión total de todos los puntos de vista que puedan haber surgido, sino la de aquellos que, para el sentido hermenéutico del crítico, aparecen como totalidad de sentidos que conforma la verdadera unidad del texto. Otro gran exponente de la teoría de la recepción es Iser, que a diferencia de Jaus descontextualiza y deshistoriza el texto y lector. Presenta el texto es una estructura potencial que es “concretada” por el lector en relación a las normas, valores y experiencia extraliterarios. Según él, la tarea del crítico no es examinar el texto como objeto, sino examinar sus efectos sobre el lector. El texto permite muchas posibles lecturas. Está el “lector implícito” y el “lector real”. El primero se crea por el mismo texto. El lector real recibe imágenes mentales durante la lectura, según su experiencia, y esta experiencia de la lectura variará según las experiencias vividas. El lenguaje de la ficción nos ayuda a construir en nuestra mente objetos imaginarios. Una obra literaria no representa objetos, se refiere al mundo extraliterario seleccionando ciertas normas o “concepciones del mundo” Estas normas son conceptos de realidad que ayudan a los seres humanos a extraer algún sentido del caos de su experiencia.
El método de Iser consiste en comprobar la actividad del lector, ajustando su punto de vista y luego rellenando el “hueco”, ya que en el texto hay lagunas que el lector debe rellenar. Siempre podremos aprender algo leyendo, la lectura nos da la oportunidad de formular lo informulado.
Fish, Riffaterre, Bleich Stanley Fish, crítico norteamericano, desarrolló una teoría llamada “estilística afectiva”. Como Iser, se concentra en los ajustes de expectativas las que los lectores deben realizar a medida que leen el texto. Niega que el lenguaje literario tenga una posición especial, afirmando que interpretamos de misma manera textos literarios y textos no literarios. Su atención se dirige a las respuestas que desarrolla el lector en relación con las palabras de las frases tal como se suceden en el tiempo. Culler lo apoyó en general, pero lo criticó por no haber proporcionado una formulación teórica apropiada, es decir, no contestar a la pregunta “¿Qué convenciones siguen os lectores cuando leen?”. Fish cree que que el lector es alguien que posee una competencia linguistica, que ha interiorizado el conocimiento sintáctico y semántico necesario para la lectura. Y que el lector informado de textos literarios tiene una competencia literaria. Fish ignora el vacío entre la experiencia y la comprensión de una experiencia.
Fish intenta persuadir a los lectores para que, cuando lean, hiciesen o mismo que él. Riffaterre coincide con los formalistas rusos al considerar la poesía como un uso especial del lenguaje. El lenguaje normal es practico y se usa para referirse a una “realidad”, el poético se entra en el mensaje como un fin en sí mismo.
quiera por un lector informado. Este autor desarrolla su teoría, donde sostiene que los lectores competentes van más allá de lo superficial, pues al prestar atención unicamente al “sentido” del poema, lo reducimos. Para comprender su “sentido” solo se necesita la competencia lingüística normal, para hacer frene a las frecuentes “agramaticalidades” que se encuentran en la lectura de un poema, el lector deberá poseer una competencia literaria. Otro autor que ha derivado planteamientos de la teoría de la recepción de es Bleich, cuya obra constituye un razonamiento en favor del cambio de un paradigma objetivo por uno subjetivo en teoría crítica. Cuando decimos que la “ciencia” ha sustituido a la “superstición”, no estamos describiendo el paso de las tinieblas a la luz, sino un cambio de paradigma. La “crítica subjetiva” se basa en el supuesto de que “la motivación más urgente de cada persona es comprenderse a sí misma”. Cualquiera que sea el sistema de pensamiento empleado, las interpretaciones de los textos particulares reflejarán la individualidad subjetiva de una “respuesta” personal. La teoría de la recepción no tiene punto de partida filosófico único o predominante. Los autores pertenecen a diferentes tendencias. A partir de ahora, no se podrá hablar del sentido de un texto sin considerar la contribución del lector.